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jueves, enero 31, 2019

Palabras que no ayudan a una persona en duelo

¿Cuántas veces te ha pasado que intentas desahogarte con alguien y acabas consolando al otro? ¿Alguna vez has sentido que necesitabas simplemente ser escuchado y no que te dieran consejos? ¿Has vivido en tu propia piel la falta de atención real cuando la has necesitado? Así, para que no seas tú quien cometa este fallos con otros, en esos momentos en los que uno no sabe qué decir y dice palabras que no ayudan, vamos a ayudarte con algunas estrategias. 
 


Escucha, empatía y amor por el otro. Estos son las referencias más importantes cuando queremos ayudar a alguien que está pasando por un proceso de duelo. Puede ser una muerte, una pérdida o un abandono, el problema principal es que ahora existe un vacío donde antes otra persona lo llenaba. ¿Cómo podemos ayudar a alguien en esta situación?

Palabras. Las palabras pueden ser hojas de doble filo, pueden dañar o pueden sanar. Pueden aliviar o pueden generar un peso a quien las usa o las escucha. Las palabras liberan pero también las palabras pueden volverse contra el que las pronuncia o el que las escucha. Las palabras pueden generar oportunidades o condenarnos; salvar o hundir.

“Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras”.
-William Shakespeare-

Las palabras no se las lleva el viento

Igual que existen palabras que ayudan al otro, existen palabras que dejan un poso que envenena, es decir, palabras que no ayudan. Alba Payás, experta en situaciones de duelo y pérdidas, comenta en su libro El mensaje de las lágrimas algunas de las frases que no ayudan a una persona en duelo, como por ejemplo:
Ahora tienes que ser fuerte.
Intenta distraerte.
Ya verás como el tiempo lo cura todo.
Ahora ya no sufre.
Ahora podrás ayudar a otros padres, hermanos, hijos etc.
Eres joven !seguro que te recuperas! Puedes volver a casarte, a tener hijos…
Tienes que recordar las cosas buenas.
Eso te hará mejor persona.
Los niños son pequeños, o se acordarán de nada.
Sé cómo te sientes…mi…murió hace…
Y eso que ahora tus hijos son mayores; imagínate si…
Suerte que tienes más hijos, los padres que solo tienen uno…
Piensa en tus otros hijos…
¿De qué ha muerto?
¿Cuántos años tenía?


La persona que sufre no sabe de fuerza en este momento, simplemente necesita recogerse sobre sí misma y sanar la herida, integrando la pérdida. No puede distraerse, su mente se asienta sobre los recuerdos, pero también sobre la propia ausencia. La imposibilidad de compañía, el adiós, la despedida, la incertidumbre,… en muchos casos también el miedo, porque quien se ha ido era un gran apoyo. ¿Y ahora qué?

¿Cómo pueden seguir funcionando los autobuses o el metro cuando todo se ha detenido? La persona en duelo negocia con una fractura en muchos casos en un mundo que es indiferente a ella (o que simula otra actitud, pero en el fondo también está la indiferencia). No sabemos si la persona que se ha marchado sufre o ha sufrido, pero lo que sí podemos ver, sentir, es el sufrimiento de los que se quedan.

Es curioso, pero quizás lo que más se agradece en ese momento es el respeto. No distorsionar el silencio que, en forma de vacío, sentimos cuando el otro se marcha. La compañía, el estoy aquí para cuando quieras. El cuenta conmigo y realmente contar. El parar igual que el otro para, más allá del velatorio y el funeral. Quedarnos en la puerta cuando los indiferentes se han marchado. Porque entonces empieza lo duro: la reconstrucción.

El sufrimiento de cada uno es personal, es su camino y son sus lágrimas. Las palabras que no ayudan, con frecuencia te alejan de esa persona -en estas ocasiones existe poca comunicación neutra-. A veces un gesto de cariño o un silencio acogedor es lo más consuelo genera.

Las palabras que no ayudan crean distancias e incluso, puede llegar a generar sufrimiento.


El poder de las lágrimas


“-Deja que se vayan, Lucía- dijo la abuela desde algún lugar.

-¿Quiénes?

-¡Las lágrimas! A veces parece que son tantas que sientes que te vas a ahogar en ellas, pero no es así.

-¿Crees que un día dejarán de salir?

-¡Claro! -respondió la abuela con una sonrisa dulce- las lágrimas no se quedan demasiado tiempo, cumplen su trabajo y luego siguen su camino.

-¿Y qué trabajo cumplen?

-¡Son agua, Lucía! Limpian, aclaran… como la lluvia. Todo se ve distinto después de la lluvia”

-“La lluvia sabe por qué”.

-María Fernanda Heredia-

Las lágrimas nos liberan, nos dejan fluir, nos limpian por dentro. Permitir que el otro llore es también un trabajo personal, igual que lo es permitir la tristeza o el silencio; la paciencia para que, lo que tiene que salir, salga. Así, si quizás no contamos con el poder para el consuelo con el discurso, si lo tenemos con la escucha. Por muy grande que sea la pérdida, llegará un momento en el que el otro, aunque sea por un instante, mire a su alrededor, y le hará mucho bien vernos.

Adriana Díez

miércoles, enero 30, 2019

Interpretar las emociones de otros, una cuestión de confianza

¿Sabemos interpretar las emociones de los demás con acierto? A diario, vemos decenas o incluso cientos de expresiones faciales en otras personas. Estas expresiones nos hacen reaccionar de una u otra forma en función de cómo interpretamos dichas expresiones. 

 Pero, ¿realmente interpretamos correctamente las expresiones faciales de los otros? ¿En qué medida confiamos en nuestro propio juicio para confiar en los demás? ¿Hasta qué punto nuestra confianza en el reconocimiento de la expresión de la emoción depende de la información perceptiva u otra información no perceptiva?

No cabe duda de que esta confianza es esencial para evitar situaciones potencialmente peligrosas. Sin embargo, en muchas ocasiones las apariencias engañan, para bien y para mal.

Un equipo de la Universidad de Ginebra, en Suiza, ha probado en qué medida nos sentimos confiados al juzgar las emociones de otras personas y qué áreas del cerebro se activan en este proceso. Sus resultados demuestran que las creencias de nuestra propia interpretación emocional provienen directamente de las experiencias almacenadas en nuestra memoria, y que dicha experiencia, a veces, nos confunde -el pasado no es un perfecto predictor del futuro-. Los resultados del estudio se publicaron a finales de diciembre de 2018 en la revista Social, Cognitive and Afective Neuroscience.
 
Interpretar las emociones de los demás

Todos los días tomamos decenas, cientos de decisiones. Todas ellas implican un cierto grado de confianza en alguien o en algo. Sin embargo, dicha confianza no siempre honra la decisión tomada. A veces nos equivocamos, incluso cuando estamos totalmente seguros de haber tomado la decisión correcta. Eso pasa en todos los aspectos de nuestra vida.

En lo que se refiere a las interacciones sociales, constantemente estamos interpretando las expresiones en las caras de quienes nos rodean. En este sentido, ser conscientes de la subjetividad es primordial a la hora de interpretar las emociones de los demás. En este sentido, los investigadores estaban interesados ​​en probar el nivel de confianza que tenemos en nuestras interpretaciones respecto al comportamiento emocional de otros y en descubrir qué áreas del cerebro se activan durante estas interpretaciones.

Los científicos decidieron medir el comportamiento relacionado con la confianza, pidiéndoles a 34 participantes que juzgaran varios rostros que mostraban una mezcla de emociones positivas y negativas. Cada cara estaba enmarcada por dos barras horizontales de diferentes grosores. Algunas de las caras aparecían con muecas claras de alegría o enfado, mientras que otras eran muy ambiguas.
 
Los participantes primero tenían que definir qué emoción se representaba en cada una de las 128 caras. Entonces, los participantes tenían que elegir cuál de las dos barras era más gruesa. Finalmente, para cada decisión que tomaron, tenían que indicar su nivel de confianza en su elección en una escala que iba del 1 (no muy seguro) al 6 (cierto). Las barras se usaron para evaluar su confianza en la percepción visual, que este caso sirvió como un mecanismo de control.

Los resultados de las pruebas sorprendieron a los investigadores. Según los investigadores, el nivel promedio de confianza en el reconocimiento emocional fue mayor que en la percepción visual, aunque los participantes cometieron más errores en el reconocimiento emocional que con las líneas.

De hecho, explican, aprender el reconocimiento emocional no es tan fácil como el juicio perceptivo. Los interlocutores pueden ser irónicos, mentir o evitar que expresen sus emociones faciales debido a las convenciones sociales. De esto se deduce que es más difícil calibrar correctamente nuestra confianza al reconocer las emociones de otras personas en ausencia de cualquier comentario.

Además, tenemos que interpretar una expresión muy rápidamente, ya que esta es fugaz. Por lo tanto, sentimos que nuestra primera impresión es la correcta, y confiamos en nuestro juicio sobre un rostro de enfado. Por otro lado, juzgar la percepción es un proceso más largo y es sensible a los comentarios directos sobre su precisión. Si hay duda, la confianza es menor que para las emociones, porque somos conscientes de nuestra falibilidad. 

Nuestra memoria influye en la confianza

Los investigadores, mediante resonancia magnética funcional, examinaron los mecanismos neuronales durante este proceso de confianza en el reconocimiento emocional. Explican que cuando los participantes juzgaron las líneas, se activaron las zonas de percepción (áreas visuales) y de atención (áreas frontales).

Sin embargo, al evaluar la confianza en el reconocimiento de las emociones, se iluminaron las áreas vinculadas a la memoria autobiográfica y contextual, como el giro parahipocampal y el giro cingulado.

Esto demuestra que los sistemas cerebrales que almacenan recuerdos personales y contextuales están directamente involucrados en las creencias sobre el reconocimiento emocional, y que determinan la precisión de la interpretación de las expresiones faciales y la confianza depositada en esta interpretación, según explican los investigadores.

Eva Maria Rodríguez

martes, enero 29, 2019

¿Te apegas o te despegas en tus relaciones?

Como su nombre lo indica, en términos sencillos, el apego tiene que ver con qué tanto nos “pegamos” o nos “despegamos” en nuestros vínculos. El apego se forma durante los dos primeros años de vida y moldea nuestras relaciones para el resto de la vida. Conocer los patrones de apego nos permite reconocerlos en nosotros y en los demás. De este modo podríamos tener mayor comprensión y control sobre nuestra conducta en el mundo de las relaciones.


Patrones de apego infantil

El apego se logra mediante la relación entre el niño y al menos un cuidador, lo cual le permitirá tener un desarrollo social y emocional normales. De acuerdo al modo en que los padres o cuidadores respondan a las necesidades físicas y emocionales del niño, se formarán distintos patrones de apego. Echemos un vistazo:

• Apego seguro: Es la situación ideal, en la que el niño es cuidado por un adulto sensible que satisface sus necesidades, ya sean de alimento, afecto, dolor, etc. A partir de los dos años de edad, aproximadamente, el adulto pasa a ser una base segura para explorar el mundo y hacerse más independiente.

• Apego evitativo: Si el niño es cuidado por adultos insensibles a sus necesidades físicas y emocionales, aprende a no esperar cuidado ni atención. Por lo tanto, se transforma en un adulto precoz, poco expresivo de sus emociones y que debe cuidarse a sí mismo.


• Apego ambivalente/ansioso: Algunos adultos son inconsistentes en la forma en que responden a las necesidades del niño. A veces son sensibles y cariñosos, y otras veces son insensibles y hasta abusivos. Esto genera inseguridad y confusión en el niño, quien no sabe qué esperar de sus cuidadores y oscila entre la desconfianza y la dependencia excesiva.

• Apego desorganizado o desorientado: Ocurre cuando los padres o cuidadores son física y/o emocionalmente abusivos. Este lamentable escenario genera una relación amor-odio, donde la fuente de seguridad es a la vez una amenaza. En este caso, los niños se disocian de su realidad y de sus emociones, para tratar de sobrevivir en un ambiente tan hostil.

Estos patrones de apego dejan una huella muy profunda en la psique, por lo cual, el patrón de apego prevalente durante la infancia determinará la calidad de las relaciones en la adultez.

Patrones de apego adulto

• Personalidad segura: Quienes han tenido un apego seguro durante su infancia crecen sintiéndose seguros de sí mismos y desarrollan relaciones profundas y saludables. Se sienten bien, tanto solos como acompañados.

• Personalidad ausente: Corresponde al tipo de apego infantil evitativo. Estas personas suelen ser solitarias y tienden a darle poca importancia a las relaciones y a las emociones. Además, reprimen sus emociones y son muy racionales. Frente al estrés y al conflicto reaccionan alejándose de la situación.

• Personalidad preocupada: Ésta se desarrolla a partir del tipo de apego infantil ambivalente/ansioso. Como adultos, son auto-críticos e inseguros y buscan constantemente la aprobación y la validación de los demás, comportándose de forma dependiente con sus parejas.

• Personalidad evitativa/miedosa: Esta tiene sus raíces en el apego infantil desorganizado. Desde muy pequeños aprendieron a disociarse como mecanismo de defensa contra el trauma. De adultos, desean establecer relaciones, pero una vez que éstas se vuelven íntimas, reviven el trauma que sufrieron y temen la intimidad por temor a ser heridos.

Los primeros años de la infancia representan una etapa fundamental, en la cual se sientan las bases que determinarán la felicidad o la infelicidad para el resto de la vida. Así que, a fin de cuentas, más allá de frases hechas, no es la educación, ni la riqueza, la inteligencia ni la belleza, lo que realmente cuenta, sino el amor que hemos recibido y seamos capaces de dar, según cuál sea nuestro estilo de apego. Y para concluir podríamos afirmar que, en definitiva, no ser demasiado “pegajosos”, ni demasiado “despegados” es la clave de las relaciones sanas.

Paula Aroca

lunes, enero 28, 2019

Qué Son los Chakras en Realidad y Cómo Conectar con Ellos

¿Qué son los chakras realmente?
Este es un término que se usa muy habitualmente y que suele estar envuelto de una cierta aura de misterio.
Pero como muchas cosas que parecen esotéricas, los chakras son más simples y comprensibles de lo que parece de entrada.
Por esta razón, hoy hablaremos de qué son realmente.
Son partes muy importantes de nosotros y de nuestro cuerpo.
Y podemos conectar con ellos para comprendernos y conectar mejor con nosotros mismos.

Qué Son los Chakras Realmente

El primer paso para entender bien qué son los chakras, es tomar conciencia de que nuestro cuerpo está organizado en partes relativamente diferenciadas entre ellas, donde cada una tiene su propia función.
A nivel físico, esto se ve bastante claro: las manos son diferentes de los pies, por ejemplo, y tienen una función diferente; el corazón es diferente del riñón, y tiene una función diferente, y así con todos los elementos del cuerpo.
Nuestro cuerpo físico está organizado en diferentes elementos que tienen funciones distintas.
Pues bien, esto que se cumple a nivel físico, también se cumple a nivel más sutil.
Todos somos más o menos conscientes de que más allá de nuestra parte física, también tenemos una parte más sutil. No somos solo un cuerpo físico y ya está. Hay algo más. Y esta parte más sutil también está organizada en diferentes zonas donde cada una tiene una función propia.
Y esto son los chakras a nivel general.
Cada chakra es una zona de nuestro “cuerpo sutil” que tiene una función y una energía propia.
(Hay personas que a veces se sienten incómodas con algunas palabras “metafísicas”. Si es tu caso, puedes cambiar la palabra “chakra” por cualquier otra que quieras. Simplemente ten en cuenta que un chakra –o como lo quieras nombrar– es una zona del cuerpo que tiene una energía propia.)

La Energía de cada Zona del Cuerpo

Una vez ya hemos definido de forma general qué son los chakras, podemos profundizar un poco más ellos.
Y una manera de hacerlo es realizar un pequeño ejercicio que permite empezar a sentir su energía.
Este ejercicio consiste en ir poniendo la atención en diferentes partes del cuerpo y ver lo que sentimos en ellas.
Puedes poner primero tu atención en una zona de tu cara, por ejemplo, luego en un pie, luego en el abdomen, luego en el pecho, luego en una mano…
Este proceso lo puedes hacer únicamente con la mente, o tocando también cada zona suavemente con un dedo. A veces tocar una parte del cuerpo ayuda a conectar con ella. Y si decides tocar cada punto para sentirlo más, lo puedes hacer tú mismo o pedírselo a otra persona con quien te sientas cómodo. Esto suele hacer que se movilice más energía.
En cualquier caso, lo importante es ir poniendo tu atención en diferentes partes de tu cuerpo y, en cada caso, mirar lo que sientes en ellas.
Si lo haces, verás que la sensación es distinta en cada punto.
No es lo mismo poner tu atención (o tocar) la planta del pie, que ponerla en el pecho, en la espalda o en cualquier otra zona.
En este momento del ejercicio, no es necesario identificar con claridad qué sientes exactamente en cada punto, lo más importante es simplemente ver que cada uno es diferente.
Y también ver que las diferencias son puramente energéticas. No estamos haciendo prácticamente nada físico; solamente poniendo la atención mental en diferentes zonas del cuerpo (y, como mucho, tocándolas suavemente).
Pues bien, antes hemos comentado que los chakras son zonas de nuestro cuerpo que tienen una energía propia. Y ahora, con este sencillo ejercicio, hemos visto que cada punto del cuerpo tiene una energía propia.
Así que la conclusión es sencilla: cada punto del cuerpo es un chakra.

Los Siete Chakras Principales

Tradicionalmente, suele decirse que hay siete chakras.
Pero esto no es del todo correcto. Como acabamos de ver, cada punto del cuerpo tiene su propia energía, así que el número de chakras es prácticamente infinito. El dedo pequeño del pie es un chakra, el nudillo del índice de la mano izquierda es un chakra, el lóbulo de la oreja es un chakra… Cada milímetro del cuerpo es un chakra.
Entonces, ¿por qué se habla habitualmente de siete chakras?
El motivo es que hay siete zonas del cuerpo que tienen una energía más intensa y se perciben con más claridad.
Para empezar, los siete chakras principales están en el eje de cuerpo. Esta es la parte central del organismo y la que sentimos más directamente.
Y dentro del eje central, agrupamos los puntos de zonas cercanas y los interpretamos como un solo chakra. Y de esta agrupación salen los siete chakras que habitualmente se tienen en cuenta:
  1. Perineo y zona genital.
  2. Debajo del ombligo.
  3. Encima del ombligo.
  4. Pecho.
  5. Garganta
  6. Entrecejo
  7. Coronilla
Si pones tu atención en cada una de estas zonas de tu cuerpo, al igual que hemos hecho en el ejercicio anterior, verás que esta agrupación tiene sentido, porque realmente se sienten como zonas con una energía propia. Dentro de cada zona –el pecho, la garganta, etc.– la energía es parecida y, si no nos fijamos mucho, no cambia mucho un milímetro arriba o un milímetro a bajo.
En cambio, si comparamos las diferentes zonas, entonces sí hay cambios más claros. La energía de la zona genital es claramente distinta a la de la zona de debajo del ombligo, y  la energía del pecho es claramente distinta a la del cuello, por ejemplo.
Y de aquí surge la percepción de que tenemos estos siete chakras principales. Con nuestro nivel de conciencia actual, percibimos más claramente y diferenciadamente estas siete zonas.
Pero no es que haya solo siete. En realidad hay más:
Los siete chakrasEs muy parecido a lo que sucede con los colores. Si nos preguntamos cuántos colores hay, la respuesta rápida y sencilla es que los principales son siete, los colores del arco iris: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y violeta.
Pero en realidad, no hay solo siete colores, hay infinitos. Entre cada color de esta lista hay infinitos grados, y cada grado es un color diferente. Nosotros los percibimos parecidos, y por esto los agrupamos y les ponemos el mismo nombre, pero son colores diferentes:Los coloresY lo mismo pasa con las notas musicales. Generalmente decimos que hay siete notas: do, re, mi, fa, sol, la y si. Pero esto es una simplificación. Entre cada una de estas notas hay infinitas vibraciones distintas, y por lo tanto, infinitos sonidos distintos.
Así que en general decimos que hay siete chakras, pero no porque realmente haya siete, sino porque son los que percibimos más fácilmente.

La Energía de Cada Chakra

A partir de todo lo que hemos explicado, podemos iniciar un trabajo de exploración y conexión con los chakras, que en el fondo es un trabajo de conexión con nuestro cuerpo y nosotros mismos.
Personalmente, creo que es muy importante hacerlo por uno mismo. En muchos lugares se puede encontrar información sobre la energía de cada chakra, y esta información puede ser muy útil como guía para conectar mejor con ellos. Pero lo realmente valioso es verlo por uno mismo. No se trata de que alguien externo nos diga cómo es cada chakra y creérnoslo, sino de verlo por nosotros mismos.
Para ello, podemos repetir el mismo ejercicio que te he comentado al principio, pero ahora prestando más atención en cada zona.
En primer lugar, puedes ir poniendo tu atención en cada uno de los siete chakras principales: primero en la zona genital, luego en la zona que hay debajo del ombligo, y así con los siete chakras. En cada uno de ellos, detente un tiempo y fíjate bien en lo que sientes.
¿Qué se mueve en ti cuando pones tu atención en cada zona?
¿Qué emociones sientes?
¿Qué pensamientos te vienen a la mente?
En muchos casos, hacer bien este ejercicio requiere tiempo y paciencia; incluso probarlo varios días diferentes. Pero si vas escuchando cada zona de tu cuerpo con cariño y perseverancia, irás notando qué energía tiene.
Una vez ya hayas conectado con la energía de los siete chakras más conocidos, puedes ir más allá y explorar otras zonas de tu cuerpo. Como hemos comentado, no hay solo siete chakras; cada punto de tu cuerpo es un chakra. Y también puedes conectar con ellos.
Puedes ir poniendo tu atención en todas las zonas de tu cuerpo e ir viendo lo que sientes en ellas: las manos, los dedos, las piernas, las rodillas, la espalda, etc. Y puedes hacerlo con el nivel de detalle que quieras: puedes fijarte en zonas más amplias, o hacerlo milímetro a milímetro.
Si lo haces, verás que cada zona de tu cuerpo tiene su propia energía, y que está deseando compartirla contigo.
Una de las funciones principales de los chakras es la comunicación.
Tu cuerpo quiere comunicarse contigo.
Y si lo escuchas, descubrirás muchas cosas maravillosas.
Un fuerte abrazo,
Jan

www.jananguita.es

domingo, enero 27, 2019

10 cosas propias de las personas determinadas

Existen múltiples maneras de gastar el tiempo. Sin embargo, la diferencia entre las personas determinadas y las que no lo son recae en la forma en la que estas lo usan. Debemos tener claro que, son muy pocas las opciones que se pueden considerar como valederas a la hora de invertir el tiempo y obtener beneficios. Por lo tanto, saber discernir entre ellas es una de las principales características de las personas determinadas e individuos emocionalmente inteligentes. En las siguientes líneas te ayudamos a saber reconocer a esta clase de personas e inclusive a convertirte en una de ellas. ¿Sabes que es la determinación? Todo acerca de esta cualidad ¡Sigue leyendo!



Primero: Las personas determinadas crean relaciones duraderas

Los humanos quieras o no son animales sociales por naturaleza. El poder conocer personas y potenciar las relaciones ya establecidas determinan la calidad de vida de las personas determinadas, puesto que, son actividades que terminarán por ayudarnos a ser individuos más felices. Las personas exitosas tienen claro la importancia que denota el forjar lazos duraderos; por ende, constantemente buscan ampliar su círculo social. Encontrar personas que nos abran las puertas a un crecimiento laboral y personal es muy importante. De igual forma en las relaciones amorosas demuestran equilibrio y seguridad.

Segundo: Les encanta aprender cosas nuevas

El aprender cosas nuevas representa un gran beneficio y buen reto. Las personas determinadas se miden siempre a sí mismos. De allí que, aprender algo nuevo les resulta fascinante, incluso, cuando no se tiene la necesidad de adquirir ese nuevo conocimiento. El mantener la mente ejercitada en aprender cosas nuevas contribuye a que esta sea más activa y ágil, puesto que, aviva la curiosidad que todos llevamos por dentro.

Las personas determinadas buscan aprender cosas nuevas que puedan aplicar en sus vidas. Siempre buscan sacarle provecho a todo a través de los aspectos positivos de ello. Un claro ejemplo de esto, es el creador y fundador de la plataforma de redes sociales más usadas en internet: el Facebook. Hablamos ni más ni menos que de Mark Zuckeberg, el cual, en su tiempo libre se dedica a aprender nuevos idiomas, si bien no le hacen falta, le ayudan a mantener sana su mente. Además, conocer diversos idiomas puede hacer más amenas esas conversaciones o pláticas con las personas.

Tercero: Hacen ejercicio físico constantemente

El realizar ejercicios trae consigo muchos beneficios, tanto para la salud como para lamente. Además, permite llevar una vida saludable. Así como poder desconectar nuestra mente de todo tipo de preocupaciones y pensamientos negativos. Las personas exitosas, saben que para poder disfrutar plenamente de sus logros, deben contar con una excelente salud física; por lo que su prioridad es mantener en todo momento una buena alimentación y una rutina de ejercitación que les ayude a beneficiar a su cuerpo.

Cuarto: Las personas determinadas saben desconectarse del trabajo

Es una realidad que el trabajo es importante para nuestras vidas, pues representa el ingreso económico que necesitamos para sobrevivir el día a día. Además, permite que podamos darnos esos pequeños lujos que permiten estar más tranquilos y felices. Sin embargo, para las personas exitosas el poder separar el trabajo del tiempo libre es fundamental, ya que de esta forma se evitan el desgaste y elimina todo indicio de estrés y ansiedad.

Quinto: Les gusta vivir experiencias nuevas

Mientras más experiencias se vivan y mientras más variados sean nuestros días, más nos sentimos enriquecidos. Si no caemos en la rutina, tendremos una mejor forma de envejecer; ya que al mirar atrás sobre nuestras acciones pasadas, sabremos que hemos dejado huella. Ese es el estilo de vida de las personas determinadas, buscan improvisar cada día, viviendo el presente al máximo. Además, buscan que cada día sea distinto al resto, para, así construir un futuro sólido e idealizado.

Sexto: Poseen un excelente hábito de lectura

Leer es una fuente inagotable de conocimiento. Además, ayuda a que nuestro cerebro esté prevenido a todo tipo de enfermedades neuro degenerativas como el Alzheimer. Las personas determinadas mantienen este hábito casi todos los días, otorgándoles un aporte cultural extra y una mayor comprensión sobre las cosas que lo rodean.

Séptimo: El emprendimiento es su piedra angular

Las personas determinadas son emprendedoras en todos aspectos de sus vidas. Desde negocios, pasando por la familia, pasatiempos hasta el planteamiento de futuros proyectos. El tener una actitud emprendedora amplía las posibilidades de éxito, manteniendo siempre al individuo activo y alimentándose de nuevas experiencias. Esto, es el mayor detonante de superación a lo largo de la vida.

Octavo: Viajar es un placer para las personas determinadas

Viajar es una actividad más que necesaria. Por lo tanto, tiene que desarrollarse todo el tiempo en la medida que sea posible. Es una opción de poder conocer nuevas culturas, personas y poder empatizar con las mismas. Las personas exitosas invierten mucho en sus viajes, sobre todo, al saber que son actividades enriquecedoras a sus planes de vida.

Noveno: Disfrutar de la familia es primordial

La familia está por encima de todo. Una familia unida nunca va a fallar. Es por ello que, muchas personas determinadas buscan apoyo en sus respectivas familias para sobrellevar todo tipo de dificultades, desde aminorar la carga del trabajo hasta responsabilidades a las que se ven expuestos. Sin olvidar esas actividades que solo pueden ser realizadas en familia, siendo éstas las más reconfortantes de nuestras vidas.

Décimo: Descansar y dormir bien es fundamental

El descansar y cumplir con las horas del sueño reglamentarias es fundamental. El cuerpo puede recuperarse en un 100% a través del sueño. Por lo tanto, este es un aspecto que nunca debe descuidarse. Las personas determinadas procuran dormir al menos unas 8 horas. Siendo un momento ideal en el que podamos descansar plenamente. Unas merecidas vacaciones después de cumplir un periodo complicado de trabajo, es una recompensa más que merecida. Ya que, una vez recuperadas todas esas energías perdidas, se podrá cumplir con cualquier actividad del día.

Phrònesis

sábado, enero 26, 2019

Conoce la razón por la que las personas pierden interés en ti

Sucede con bastante frecuencia que, cuando conocemos a alguien nuevo y las cosas marchan bien de pronto todo termina y luego de este corto tiempo te preguntas qué fue lo que salió mal. Pudiste notar que, el interés en ti por parte de esa persona murió; poco a poco se fue mermando, apenas sin darte cuenta. ¿Qué paso? No logras entenderlo. En las siguientes líneas te proporcionaremos algunas de las posibles razones que han suscitado la muerte súbita de una relación. También, te daremos algunas sugerencias para evitar que esto vuelva a sucederte. ¡No te lo pierdas!



Muchos términos se han acuñado para explicar de lo que se trata esta experiencia. Cuando se pierde el interés en ti, puede llegar a ser un golpe bajo para el ego, sin embargo, más allá de esto es importante conocer lo que está sucediendo con nosotros para propiciar esta clase de reacciones en los demás.

Poca confianza y baja autoestima:

Esta termina siendo una de las razones más comunes que propician la pérdida de interés en ti. Quizás, la persona con la que estés saliendo no soporta las inseguridades y las muestras de una autoestima pobre. Si reflejamos miedo y nos presentamos inseguros ante los demás, seguramente terminarán rechazándonos o aprovechándose de nosotros. A su vez, esto origina que no seamos dignos de confianza por parte del otro: la confianza cuenta mucho al considerar a una persona como interesante. Todos conocemos a una persona que si bien no destaca en su atractivo, presenta muchas opciones para citas. La razón de ello es que, es una persona que atrae con la confianza que emana y su encanto personal.

Las inseguridades pueden no ser obvias al principio, sin embargo, entre dos personas que empiezan a salir y a conocerse, después de varias citas, puede que una de ellas cambie de opinión y termine irremediablemente, perdiendo el interés en ti.

Una manera de prevenir que una persona pierda el interés en ti por falta de confianza, es presentando un perfil de seguridad, en el cual hagas relucir tu alta autoestima. La idea es sentirse cómodo consigo mismo y sobresalir de acuerdo a las virtudes que tengas. Si la inseguridad es física, entonces, tienes que llevarlo a la aceptación; ejercitarse para mejorar lo que más se pueda el aspecto y el cambio de look siempre ayuda. Si la inseguridad se basa en el trabajo, solo queda cultivarse profesionalmente hasta obtener el nivel deseado. Hay que mantener siempre un objetivo en mente y jamás dispersarse.

Mostrar demasiado interés en el otro o parecer desesperado:

Algunas personas buscan de forma desesperada una relación. Son infelices por sí mismos y anhelan que alguien pueda pasar la vida con ellos. Aquellos que puedan percibir esa característica en ti, perderán rápidamente el interés alejándose irremediablemente. En cambio, una persona plena no necesitará de alguien para sentirse completa, esto será parte de su encanto y atraerá a los demás como un imán.

En caso de que te encuentres en esta situación, debes aceptar la idea de permanecer soltero el resto de tu vida. Cuando aceptamos la soledad, perdemos el miedo a estar solos. Disfrutamos de nuestra propia compañía y justo en ese momento, estamos preparados para compartir con otra persona. Una vez te sientas cómodo/a con la idea, podrás estar listo para socializar con alguien de una manera más saludable. Al principio, puede resultar bastante difícil aceptar esa posibilidad, sin embargo, te llevará a una reflexión sobre lo que realmente representas como individuo y por ende a un crecimiento personal. Entonces, cuando llegue el momento indicado esa persona especial entrará en tu vida y podrás mostrarle sin miedo lo que eres: sin miedo a que pueda perder el interés en ti.

Por lo general, las personas que se muestran muy desesperados y carentes de cariño no tienen relaciones duraderas, sus expectativas en relación al otro son muy altas; por lo cual terminan desencantándose muy rápidamente. De igual forma, si estás comenzando una relación y muestras demasiado interés en la otra persona, puede que la acoses. Esto terminará por hacer que la otra parte pierda ese interés en ti y que había dado luz verde para continuar.

A veces simplemente no es el momento indicado:

Si ninguna de las dos razones anteriores es aplicable, entonces, significa que esa persona perdió interés en ti porque sencillamente no era el momento adecuado o no eras la persona correcta para ella. No hay una manera exacta de saber qué es lo que está pasando en la vida de alguien más. Puede ser que se encuentre en una relación difícil o está en proceso de superar a un viejo amor, entre otras cosas. La famosa frase: “no eres tú, soy yo”, muchas veces se aplica perfectamente en estas situaciones.

Se puede tener mucha confianza y ser completamente feliz por tu cuenta, además de estar disponible para esa persona, pero, en el caso de que no estén en el mismo camino nada de eso terminará importando y tarde o temprano perderá el interés en ti.

Está bien que no lo entiendas. A veces, no se puede entender todo, ya que muchas cosas de la vida terminan siendo un misterio. Hay que tener fe de que la relación que puedas tener con una persona esté destinada a consolidarse. Pensar que funcionará cuando el momento sea el adecuado para ambos es sano; mientras tanto, puedes invertir el tiempo en ti. Realiza cosas que te hagan una mejor persona: come bien, practica deporte, pasa tiempo con amigos. Son solo algunas de las cosas buenas de la vida que están al alcance de tu mano, sin importar que esa persona no tenga interés en ti. Hay muchas experiencias positivas que te depara la vida.

¿Cómo saber si es muy pronto?

A veces puede que tú y la otra persona estén en un buen momento y estén plenamente listos para comenzar una relación. Sin embargo, luego de un comienzo fuerte e intenso la chispa se puede esfumar y empiezas a notar que esa persona comienza a perder el interés en ti. Este tipo de situaciones ocurren cuando una relación va demasiado rápido, al no tener un rumbo fijo empieza a derrumbarse; muchas veces, el precipitarse puede ser el inicio del fin.

En muchas ocasiones, la atracción física es tan intensa que la pareja siempre quiere permanecer junta y al momento en que están separados, empiezan a mantener una comunicación constante, que puede ser expresada en mensajes de texto constantes o llamadas. Cuando esto sucede se puede caer en una conducta nociva, por no decir obsesiva, ya que, la falta de espacio en una pareja puede terminar en una ruptura, pues ambas partes se agobian y se cansan. Si mantienes ese patrón, corres el riesgo de que pierdan el interés en ti más pronto de lo que crees. Saber discernir si es muy pronto para entregarse completamente es la clave del éxito de una relación; es mejor ir sin prisa, pero sin pausa.

Recuerda…

Hay que ser cuidadosos sobre la progresión de una relación, incluso, cuando apenas se está empezando una nueva. Aunque, las cosas marchen bien, siempre hay que tener presente que el equilibrio es importante. No hay que descuidar a amigos y familiares, pues ellos son una parte importante de tu vida. De igual forma, otros aspectos de tu vida no deben olvidarse mientras estés en una relación amorosa con alguien. Para que no haya pérdida de interés en ti, debes fomentar la amistad con esa persona; las relaciones más duraderas son aquellas que se fundamentan en la amistad, distribuir bien la pasión y la compañía es necesario. Hay que asegurarse de que haya cosas en común entre ambos, más allá de una mera atracción física y pasional.

Si sigues los consejos que te hemos presentado en estas líneas, no tendrás de qué preocuparte. Como se dijo con anterioridad, las personas tienen muchas cosas en su mente, las cuales, tal vez nunca podrás comprender. Recuerda que, cada individuo es un mundo. Una persona que no te da la misma prioridad que tú a él o a ella no vale la pena. Si no hay interés en ti, invierte ese esfuerzo y tiempo en algo mejor. Existen señales que indican que tu pareja no te valora y jamás lo hará.

Phrònesis

viernes, enero 25, 2019

Esta es la razón por la que permaneces en una relación tóxica

Muchas veces has pensado en la opción de terminar con tu relación por varios motivos, pero al final, te arrepientes. Es que, la lógica de una relación en pareja es construir felicidad mutua y crecer en conjunto por el bienestar de ambos. Pero, esto no siempre pasa, las relaciones no son 100 % perfectas y las personas actúan en función de cuánto reciben, inevitablemente. A pesar de, generalmente, comenzar felizmente una relación, la costumbre y demás acciones la transforman.



Un punto de partida a considerar antes de terminar una relación, es aplicar la fórmula de la psicóloga Caryl Rusbut. La también docente de la Universidad de Kentucky ideó un ejercicio matemático, que halla el determinante para continuar o acabar una unión. Luego de analizar los resultados arrojados por un cuestionario aplicado a varias parejas, especificó tres elementos clave. El objetivo de aplicarlo es encontrar por qué las personas permanecen en relaciones tóxicas.

En primer lugar, determinar: a) Cuánto inviertes en una relación (qué sacrificas/qué implica terminarla). Determinar: b) Lo que obtienes de la relación (beneficios). Determinar: c) Qué más alternativas atractivas hay (ganancias por terminar). Luego de esto, determinar: Compromiso = Satisfacción [= Recompensas – Costos] – Alternativas atractivas + Inversión. Con respecto a inversión se refiere a factores que van más allá de la relación amorosa y comprometen sustancialmente a la pareja. Estos pueden ser: falta de apoyo, problemas psicológicos, independencia financiera, hijos, entre otros.

Si las recompensas se elevan, se eleva también la satisfacción, sin variar los costos de la relación de forma significativa. Entre tanto, si la satisfacción se eleva, decaen las alternativas atractivas, elevando la inversión en la relación, así como el compromiso también lo hace. Se trata de jugar con las variables, a consciencia, y determinar si es necesarios continuar, proponer mejoras o terminar la relación. Es improbable dar una cantidad, a ciencia cierta, a cada aporte a la unión, pero sí es probable medir las situaciones.

Claramente, la satisfacción y el compromiso son arrojados por lo que se hace o deja de hacer individualmente y por la pareja. Todo radica en la capacidad de aportar y valorar la aportación del otro, en pro de la unidad o, por el contrario, solo se logrará distanciamiento. Se debe ser consciente que llegar a idealizar a la pareja, por lo general, traerá el efecto contrario. Por lo tanto, sé y deja ser, aplicando parámetros que den bienestar a los dos y no por individual. ¿Hay algo que no te gusta?: ¡debes decirlo!, pero primero analiza si has premiado, si has felicitado, si has reconocido lo bueno.

Otro factor clave es cómo creciste en medio de la relación de tus padres y en qué medida estás aplicando lo mismo en la tuya. ¿De quién estás tomando el modelo?, ¿estás haciendo exactamente lo mismo?, ¿cómo querrías que hubiera sido? Después de estas preguntas, aplícalo en tu relación basándote en aquello que quisiste haber vivido y verás la gran diferencia. También, previo a dar por terminada la relación, acudan presencialmente a terapias de pareja, tanto individual como en conjunto. Un especialista que conozca el caso de ambos les dirá en qué está fallando cada uno y cómo puede solucionarlo. Sal de tu idea, la relación no la viviste individualmente, ábrete a encontrar no solo tu bien sino también el de tu pareja.

Phrònesis

jueves, enero 24, 2019

3 claves para recuperar el ánimo después de un trance difícil

Todos pasamos por experiencias que, sin llegar a ser traumáticas, nos descomponen. Una discusión acalorada, ser objeto de alguna injusticia o situaciones similares. Estas dejan un eco que se extiende a veces durante horas y otras veces durante días y semanas. De ahí que sea importante saber cómo recuperar el ánimo después de una experiencia que nos lo ha dejado tocado.



Lo malo es que esos trances complicados, a veces, nos dejan tan abatidos o tan irritados, que el propio estado de ánimo se convierte en fuente de nuevas dificultades. Al mismo tiempo, nos incapacitan para apreciar lo positivo que hay a nuestro alrededor o nos llevan a crear nuevos conflictos para deshacernos de ese exceso de animosidad que queda en nuestro interior.

También sucede que hay personas con conductas tóxicas que nos dejan como envenenados cuando tenemos contacto con ellas. Nos suscitan un estado de ánimo pesado o nos dejan con un sabor muy negativo en el alma. Hay que salir de esos estados tan pronto como sea posible. Para recuperar el ánimo, aquí van tres claves eficaces.

“Mis pies son mi único vehículo, tengo que seguir dándole para adelante, pero mientras me voy, quiero decirte: Todo va a estar bien”.
Bob Marley-

1. Aislar lo negativo, una clave para recuperar el ánimo

Una situación o una persona que nos transmiten algo muy negativo, nos dejan como contagiados de pesimismo y mal humor. Sin que lo notemos se apodera de nosotros una sensación de que todo está mal. Nos ponemos irritables y complicados. Sentimos el malestar, pero no logramos descifrarlo del todo.

Lo primero que hay que hacer para recuperar el ánimo es identificar eso que nos hizo sentir mal. ¿Qué fue exactamente lo que más nos molestó de ese trance difícil? ¿Qué es lo que nos hace sentir tan molestos e irritados? ¿Por qué eso nos atormenta?

Hacer el ejercicio de responder a esas preguntas es muy importante por dos razones. La primera, porque nos permite identificar de manera más precisa las causas de nuestro malestar. La segunda, porque al precisarlas, podemos aislarlas. Ya no sentimos que “todo está mal”, sino que podemos visualizar el área en donde está el problema. Esto nos da tranquilidad y nos equilibra.

2. Identificar los ecos de angustia

A veces sucede que aparentemente logramos recuperar el ánimo después de uno de esos trances difíciles. Dejamos supuestamente de pensar en ello y fijamos nuestra atención en otra cosa. De este modo, apartamos de nuestra mente eso que nos genera malestar. Quizás experimentemos alguna molestia o de tensión; sin embargo, si no le dedicamos nuestros pensamientos, pronto disminuirá en intensidad y nos habituaremos… hasta que finalmente desaparezca.

Sin embargo, es posible que días o incluso semanas después, comencemos a experimentar un sentimiento de angustia. Según el psicoanálisis, “la angustia es un síntoma que no engaña”. Quiere decir que no aparece porque sí y que cuando surge es señal de que hay situaciones que integrar en nuestra historia. Sentimientos y emociones que no han logrado procesarse.

Por lo tanto, la emergencia de esa angustia debe asumirse como un llamado. Una alarma que nos recuerda que tenemos una tarea pendiente. Esos ecos de angustia están ahí para preguntarnos si quizás, en verdad, no pasamos por alto ese trance difícil.

3. Recupera el equilibrio

La mejor manera de recuperar el ánimo es haciendo algo que nos guste y retornando a lo nuestro, después de haber logrado aislar los sentimientos y emociones negativas que nos dejó como poso un trance difícil. Nada ni nadie tiene por qué arruinarnos el día. Es inevitable pasar por esas situaciones molestas que le dañan el buen humor a cualquiera, pero no podemos permitir que estas experiencias hagan carrera.

Por eso, una vez ordenadas las ideas sobre lo ocurrido, vamos a dedicarnos a un menester que nos haga sentir bien. Caben en este cajón muchas y variadas opciones: desde ir a comer un delicioso helado, hasta dar un paseo, tener una conversación con alguien que nos agrade o cualquier cosa que sea estimulante y positiva para nosotros. Es una manera de recuperar el equilibrio y vencer esos restos de malestar que hacen eco.

Sin embargo, mirar hacia otra parte o dejar que nos invada la molestia, por muy tentador que sea, no son caminos que suelan restaurar el equilibrio del que hablamos. El camino más saludable es el de tomarnos un momento para precisar y aislar lo que nos atormenta. Luego, hacer algo que nos guste y después volver a nuestra vida normal, pasando página sobre lo ocurrido.

Edith Sánchez

miércoles, enero 23, 2019

Los grandes beneficios del contacto físico

Existen innumerables estudios sobre los beneficios del contacto físico y casi todos llegan a la misma conclusión: el tacto encierra varios secretos relacionados con el bienestar. No es casualidad que sea el sentido que tenemos más desarrollado al nacer.



Desafortunadamente, nos encontramos en una sociedad, sobre todo, en las grandes ciudades, que nos invita a todo lo contrario: a no tocarnos. Cualquier roce se vuelve sospechoso o molesto. Queremos conectarnos con los demás a través de un aparato, a distancia. Poco a poco, perdemos los valiosos beneficios del contacto físico y, aún así, nos preguntamos por qué hay tanto malestar psicológico en el mundo.

“La caricia adormece, y a una región conduce más cercana a la tierra, a su silencio y sueño, bien tendidos, dichosos”.
-Jorge Guillén-

La piel es, literalmente hablando, una extensión del sistema nervioso. Por eso, las percepciones táctiles se traducen casi automáticamente en estados fisiológicos del cerebro. El contacto piel con piel incide en nuestro bienestar y es una valiosa fuente de salud mental. Profundicemos.

La buena salud, uno de los beneficios del contacto físico

La ciencia ha comprobado que un toque amistoso hace que la piel emita una señal al cerebro. El principal efecto de esto es una reducción en la producción de cortisol, la hormona del estrés. Esto, a su vez, desinhibe la producción de linfocitos, que son la primera línea de defensa del sistema inmune.

Así mismo, se comprobó que otro de los beneficios del contacto físico es que incrementa la producción de serotonina, dopamina y oxitocina. Todas esas hormonas tienen un importante papel en la sensación de bienestar.

Por ejemplo, hay un estudio con mujeres que sufrían frecuentemente migrañas. A algunas de ellas se les proporcionó un masaje simple. Todas las que tuvieron acceso a ese contacto físico, experimentaron que su dolor disminuía. En otra investigación, se aplicó una descarga eléctrica a algunas voluntarias. Las que tomaron de la mano a su marido sintieron con menor rigor la descarga.

El contacto físico incide en la persuasión

El doctor Nicolás Gueguen, de la Université de Bretagne-Sud, ha estudiado en detalle los beneficios del contacto físico. Mediante sus experimentos, pudo comprobar que dar un toque sutil, en la parte superior del brazo, incrementa notablemente las posibilidades de que una persona acepte las peticiones de otra.

Se pudo verificar que, por ejemplo, las camareras reciben una mejor propina en los restaurantes, si establecen ese contacto físico con los clientes. A esto se le llamó “el toque de Midas”. Así mismo, en otro estudio se comprobó que la gente estaba más dispuesta a obsequiar un cigarrillo a quienes se lo solicitaban, si habían recibido ese toque suave en la parte superior del brazo.

En otro estudio, se propuso una encuesta callejera falsa. Los resultados indicaron que solo el 40% de los transeúntes mostraba disposición a responder, cuando no había contacto físico. En cambio, cuando se introducía un sutil toque, el porcentaje subía hasta el 70%.

El vínculo con los demás se vuelve más estrecho

En otras de las investigaciones, se comprobó que el contacto físico activaba la zona de córtex cerebral. Esta región tiene que ver con los sentimientos de conformidad y confianza. A partir de estos resultados, se concluyó que quienes se relacionan con los demás usando el tacto, son percibidos como personas más honestas y confiables.

Uno de los experimentos puso a prueba el valor del contacto físico de otra manera. Deliberadamente, dejaron montones de basura regados en la calle. Alguien pedía a quienes transitaban por allí que le ayudaran a recoger los desperdicios. El 63% aceptó prestar la ayuda. Ahora bien, cuando se introdujo un gesto de contacto, la proporción subió hasta el 93%.

Las personas sienten más simpatía por quienes establecen contacto físico con ellas. En Francia, los usuarios calificaron mucho mejor a los vendedores que les daban la mano, o una palmadita en el hombro, que a quienes no lo hicieron. Eso sí, las variables culturales pueden hacer que estos resultados varíen.

El contacto físico con uno mismo

El sexólogo Javier Sánchez ha estudiado el tema del contacto físico con uno mismo. Llegó a la conclusión de que hay fuertes prohibiciones, sobre todo en las niñas, para que toquen sus genitales. Esto tiene un efecto en la vida adulta: muchas sienten como si su propia sexualidad no les perteneciera.

En el caso de los hombres, las familias suelen reprimir y hasta castigar las expresiones táctiles de afecto. Muchas veces, se les insta a que “sean duros”, que no sientan lo que toca su piel. De lo contrario, se les cataloga de frágiles y poco masculinos. Esta es la razón por la que muchos hombres tienen dificultades para acariciar.

Como hemos visto, los beneficios del contacto físico son tantos, que incluso acariciarse a uno mismo tiene efectos positivos. Los primates, que tienen un cerebro menos evolucionado que el nuestro, invierten el 20% de su tiempo en tocarse mutuamente. Por eso cabe la pregunta: ¿sabemos comunicarnos con el tacto?

Edith Sánchez

martes, enero 22, 2019

7 lecciones para saber amar

Saber amar es un verdadero arte que exige trabajo sobre uno mismo, experiencia y buena voluntad. Porque, a veces, aunque haya amor, la calidad de este no siempre es la misma. Hay amores de amores. Algunos logran transformar nuestra vida de forma positiva y para siempre. Otros son un tormento, pasajero o duradero. Algunos más se mantienen solo por costumbre y, básicamente ni quitan, ni ponen a nuestra vida.



Un amor evolucionado y maduro es saludable, en el amplio sentido de la palabra. Enriquece significativamente la vida de los involucrados y contribuye al desarrollo y la expansión de cada uno de ellos.

“Sólo hay un remedio para el amor: amar más”.
-Henry D. Thoreau-

Saber amar implica reconocer los límites de una relación y haber alcanzado cierto nivel de equilibrio individual. También aprender a renunciar a deseos imposibles y fantasías románticas.

A continuación profundizaremos en siete claves que se deben tomar en cuenta para saber amor. Profundicemos.

1. La misma experiencia, diferentes miradas

La primera de las lecciones para saber amar es comprender que cada persona es un universo único. En el amor, especialmente el de pareja, a veces, hay un afán desmesurado por construir una identificación mutua extremadamente fuerte.

Sin embargo, aunque dos personas compartan la misma experiencia, cada una de ellas la ve y asimila de manera diferente. Esa diversidad hace visible que los dos no son como si fueran uno, sino que continúan siendo individuos separados. Esto no es malo, sino positivo y normal.

2. Las personas cambian, una de las lecciones para saber amar

Las personas tenemos una estructura de personalidad básica, que suele permanecer en esencia, desde la infancia hasta la vejez. Pese a esto, también somos seres que cambian constantemente. Nos cambia el tiempo, las experiencias, los aprendizajes, etc.

Saber amar es entender esto; es decir, aceptar que varias vas a tener que volver a aprender a amar a la misma persona. El padre lo hace con el hijo que antes era niño y luego adolescente. En las parejas, el ser idealizado se transforma en una persona real y es necesario reenamorarse. Así funciona.

3. Cuidar de ti es una forma de pensar en los otros

El primer amor que se debe fortalecer es el que uno se debe a sí mismo. Para saber amar a otros, primero es necesario que estemos en relativa paz y equilibrio con nosotros mismos. Que seamos conscientes de quiénes somos, qué queremos y qué merecemos.

Todo lo que hagamos por nosotros lo estamos haciendo también por los demás. Si estamos en paz, podremos dar paz. Si nos sentimos bien con quienes somos, podemos aceptar más fácilmente a los otros. Si nos cuidamos, cuidamos los vínculos con los demás.

4. Proteger la intimidad

Actualmente, hay un deseo colectivo de exposición. Muchas personas quieren mostrar su vida personal a un gran público y sienten que es válido hacerlo. También hay demasiada prisa, especialmente, en las relaciones de pareja, por intimar con el otro.

Esos aspectos muy privados o vulnerables de nuestra vida deberían protegerse un poco más. Saber amar es también tener un poco de paciencia. Darle tiempo al tiempo para que los lazos se vayan estrechando y el campo de la intimidad se vaya ampliando.

5. Cada quien tiene sus propias batallas

Dicen que cada persona “carga su propia cruz”. Aunque puede ser una forma un poco dramática de verlo, lo cierto es que en esencia es verdad. Nunca llegamos a comprender del todo las luchas que una persona libra diariamente.

Lo que sí podemos hacer es tomar esto en cuenta para comprender que cada quien tiene sus propias dificultades y que esto le genera tensiones y conflictos. No es necesario que el otro nos esté explicando sus malestares y vacíos para comprenderlo, cuando no sea todo lo agradable que podría ser.

6. En las relaciones no hay igualdad total

Las relaciones humanas no son contratos comerciales que impliquen una equidad total en cualquier circunstancia. Todo lo contrario. La nota predominante es la asimetría, la inequidad. La correspondencia total jamás se logra.

Hay momentos en que uno da más que el otro y luego ocurre lo contrario. Por eso, no podemos llevar una contabilidad y exigir que nos correspondan en la misma proporción, cuando damos algo. Saber amar es dar lo mejor y aceptar lo que el otro puede y quiere darnos.

7. Es necesario aprender a decir adiós

Toda relación de amor termina en algún momento. La presencia de otras personas en nuestra vida siempre es transitoria. Más tarde o más temprano, y por diversas razones, habrá un momento en que ya no contemos más con su compañía.

De ahí que sea importante aprender a decir adiós a lo amado. El dolor que esto implica no se resuelve evitando los vínculos de amor, ni tratando de perpetuarlos más allá de lo razonable. Perder a los que amamos es una realidad de la que nadie escapa y que es importante aprender a aceptar.

Estas lecciones para saber amar son pautas que no llegan a realizarse del todo. Se deben tomar como pautas o guías y no como normas. Basta con intentar seguirlas, aunque no lo logremos en un cien por ciento. Amar es también eso: trabajar por ser mejores y hacer mejores a quienes nos rodean.

Edith Sánchez

lunes, enero 21, 2019

Un diario de gratitud para ser más feliz

En el último reencuentro con las amigas de siempre, estas Navidades, quise regalarles algo. Les dediqué unas letras tras una foto nuestra, dentro de un bonito diario. La idea es que cada una recoja en su diario lo que quiera. Aunque les sugerí llevar a cabo un diario emocional, o un diario de gratitud.



A nivel racional enseguida surgen las preguntas ¿Por qué un diario? ¿Para qué registrar lo vivido como si fuéramos adolescentes? ¿Por qué emocional o de gratitud? ¿Para qué expresar nuestro agradecimiento? ¿Si escribimos nos vamos a sentir mejor? ¿Nos servirá para expresar nuestras emociones? En realidad, reflexionar y escribir sobre nuestro sentir día a día puede servirnos para reconocer, valorar y agradecer todo lo que tenemos y a quien tenemos.
Un diario emocional para sentirnos mejor

Escribir un diario emocional es una opción sencilla y eficaz para conseguir un mejor bienestar psicoemocional. Conocerse a uno mismo, descubrirse y reconocerse es un primer paso para ser feliz. Ser consciente de cómo manejamos nuestras emociones y conflictos diarios es una vía del autoconocimiento y supone un viaje vertiginoso y aventurero que bien merece la alegría de vivir.

Si registramos en un diario nuestras vivencias y situaciones, pensamientos previos, emociones sentidas y reacciones, podemos hacer consciente nuestra forma de actuar. Así, al cabo de unos días o semanas podremos valorar con más facilidad esa forma propia de actuar, pensar y sentir que caracteriza nuestra personalidad. Si algo no va bien, podemos intentar cambiarlo.

Por qué escribir un diario te aporta bienestar
Escribir un diario proporciona numerosos beneficios: te ayudará a equilibrar tu bienestar emocional y a poder empezar a conocer tu mundo interior. 

Cómo empezar nuestro diario emocional

Sencillamente, necesitas una libreta o folios y un bolígrafo o incuso el mismo ordenador sirve. No hace falta que lo hagas a diario, pero sí que elijas el momento y el lugar adecuado para estar tranquilo, y te sientes periódicamente cuando haya una probabilidad baja de que te puedan interrumpir. Piensa en lo acontecido durante el día, describe cada situación relevante y cómo te has sentido frente a ella.

Comienza por revisar las situaciones que consideras más importantes, la decisión que has tomado ante una duda, cómo te has comportado en una determinada situación, qué has sentido y qué pensabas cuando sentías esas emociones. No juzgues los hechos, piensa en cómo te han hecho sentir. Al practicar la escritura emocional, serás consciente de las emociones y pensamientos que a menudo no te paras a reconocer.

Escribir para liberar emociones
Escribir es una verdadera herramienta terapéutica. Ayuda a aclarar ideas, ahondar en nuestras emociones y eliminar pensamientos nocivos.

Después de unas semanas, puedes leer tu diario y preguntarte sobre las emociones que se repiten, las que ni aparecen, y sobre los pensamientos que tienes o lo que haces en cada una de las situaciones. Entonces podrás cambiar algunos aspectos de tus pensamientos para que las situaciones te hagan sentir de otra manera. Incluso podrás aprender a gestionar tus emociones para que no te afecten negativamente.

Diario de gratitud, razones para ser feliz

La gratitud, revisada recientemente en un estudio llevado a cabo por la Universidad de Valencia, y desde la Psicología Positiva en el ámbito de la psicología humanista y existencial, se relaciona con el bienestar, la felicidad, la salud, la resiliciencia y la prosocialidad. Así, numerosos estudios y teorías avalan la idea de practicar la virtud de la gratitud como motor de mejora de nuestro bienestar y felicidad.

“La gratitud no es sólo la mayor de las virtudes, sino la madre de todas las demás”
-Marco Tulio Cicerón-

Del latín gratitúdo, la gratitud es el sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y corresponder a él de alguna manera, según la RAE.

Como decía Santo Tomás de Aquino, la gratitud se compone de reconocimiento, agradecimiento y retribución. Ser conscientes de todo lo que la vida nos ofrece, agradecerlo y devolver esos beneficios en forma de retribución a la persona o la vida nos hace sentirnos mejor.

Para qué un diario de gratitud

Podemos aprender y practicar la gratitud para ser más felices. Un primer paso sería comenzar por anotar las cosas materiales básicas por las que estás agradecido, y cómo te hacen sentir. Continúa por ti mismo, cómo de agradecido te sientes por estar vivo, o por estar rodeado de familia y amigos. Reflexiona sobre tus habilidades, fortalezas y virtudes, y escribe sobre tus situaciones y experiencias del día a día.

Si además te enfocas en las emociones y los sentimientos que te afloran al sentirte agradecido, potenciarás muchas más de estas situaciones y las emociones de alegría, bienestar y felicidad se multilplicarán.

Cristina Tabernero Neira

sábado, enero 19, 2019

7 claves budistas para enfrentar momentos difíciles

Para enfrentar momentos difíciles se necesita algo más que buena voluntad/actitud; sin embargo, esta puede ayudar mucho llegado el caso. La vida misma no sigue un guion fácil de interpretar. La contradicción, las carencias, los deseos insatisfechos son elementos del paisaje cotidiano. Un rasgo de neurosis es pensar que uno tiene problemas, pero los demás no.



Los budistas tienen una forma diferente de ver los problemas. A diferencia de los occidentales, ellos no se empeñan en negarlos o en tratar de salir de ellos tan pronto como sea posible. Su actitud es más adaptativa y por eso cuentan con importantes claves para enfrentar momentos difíciles.

Hay situaciones y situaciones. Una cosa es lidiar con un móvil que no funciona y otra tener que abordar un divorcio, o la muerte de un ser querido. Sin embargo, los budistas nos enseñan que ambas situaciones son una oportunidad para desarrollar destrezas indispensables, esas que nos ayuden a enfrentar momentos difíciles posteriores. Esto es lo que recomiendan.

“El arte de vencer las grandes dificultades se estudia y adquiere con la costumbre de afrontar las pequeñas”.
-Cristina Trivulzio di Belgioioso-

1. No luches contra la corriente

No lo hagas, especialmente si la corriente es fuerte. Una forma inteligente de enfrentar momentos difíciles es la de no oponerse a ellos. Cuando hay circunstancias adversas, la tentación de gastar demasiada energía en tratar de evitar lo inevitable es grande.

Aceptar es uno de los grandes pasos para resolver un problema, el primero para reconocer sus límites. Admitir que las cosas son como son, por más que contraríen nuestros deseos. Esa aceptación nos ahorra esfuerzos inútiles y nos pone en una perspectiva más realista y positiva.

2. Mira hacia adentro, un principio para enfrentar momentos difíciles

Es fácil caer en la tentación de explicar las situaciones complicadas en función de factores externos. Es cierto que en muchas dificultades influyen factores que escapan a nuestro control. Sin embargo, somos nosotros y solo nosotros quienes elegimos la forma en la que vamos a responder.

En toda situación, por difícil que sea, siempre hay algo que podemos hacer, particularmente en nuestro mundo interior. Antes de buscar culpables o acusar a la fortuna de darnos la espalda, intentemos responder al interrogante de cómo abrir un espacio en nuestro interior a esas experiencias difíciles de forma que no nos contaminen.

3. Todo error o privación entraña un aprendizaje

Para poder enfrentar momentos difíciles, intentemos dejar de verlos como algo indeseable, merecedor de ser erradicado cuanto antes. Todo lo contrario. Muchas veces, la extrema facilidad o la extrema comodidad no hacen más que envanecernos.

Una situación difícil siempre es una oportunidad de aprender. Bien sea acerca de nosotros mismos o bien sobre la realidad externa. El dolor nos revela nuevas facetas de la vida, de nuestro interior o de quienes nos rodean. Es importante valorar esto.

4. Sucede lo que debe suceder

Cada cosa que ocurre es el resultado de múltiples factores que se han conjugado para que así sea. Así como ningún gran triunfo llega sin razones, tampoco una dificultad o una pérdida surgen porque sí. El mundo funciona como debe funcionar.

El ahora es una síntesis del ayer. Cada hecho y cada ser humano es fruto de todo lo que le precede. Por lo tanto, sucede lo que debe suceder, ni mejor, ni peor, solo lo que debe ser. Si logramos visualizar los hechos desde esa perspectiva, podemos aceptarlos e integrarlos mejor en nuestra historia personal.

5. Es ahora, no después

Las situaciones difíciles son en sí mismas una llamada al cambio. Hay un error, o una perspectiva equivocada, o alguna acción que han dado como resultado una situación que experimentamos como problemática.

Por lo tanto, lo más adecuado es dar lugar a cambios dentro de nosotros mismos, aquí y ahora. Lo aconsejable no es esperar a que pase la tormenta para tomar las medidas del caso. Es en plena tormenta cuando debemos movilizar nuestros recursos para sobrellevarla.

6. Busca el camino hacia la risa

El mejor antídoto contra la desesperanza y el pesimismo es la risa. Esta cobra mucho más valor en aquellos momentos en los que todas las puertas parecen cerradas, o los problemas parecen desbordar nuestra capacidad para asumirlos.

En ese tipo de situaciones, la risa equivale a una bendición. Es probable que esta no surja de manera espontánea y, por lo tanto, hay que buscarla. ¿Qué situaciones te llevan a sonreír? Son esas situaciones a las que debes encaminarte.

7. No te permitas la victimización

La victimización otorga cierto goce a quienes se valen de ella. Genera beneficios, pero estos son falsos. Supone renunciar a la aspiración de asumir el control toral, para intentar poner en marcha estrategias de afrontamiento efectivas con los recursos que contamos.

Victimizarte solo prolonga las dificultades y te resta autonomía. A la larga, no soluciona nada, sino que por el contrario contribuye a que te estanques. No es una opción razonable, ya que a largo plazo solo te traerá más y más limitaciones.

Lo más importante de estos consejos budistas para enfrentar dificultades es que constituyen criterios sanos para fomentar la paciencia, afianzar el poder que tenemos sobre nosotros mismos y tolerar los malos tiempos, sacando de ellos lo mejor.

Edith Sánchez

viernes, enero 18, 2019

Los 5 secretos del autocontrol, según el budismo tibetano

A pesar de que a todos nos gusta mantener la calma en momentos difíciles y sortear los problemas con serenidad, no siempre lo logramos. A veces ese estado de tranquilidad no acude a nuestro llamada. Otras veces, no hemos desarrollado las herramientas para detener impulsos, o quizás no conocemos las estrategias para conseguirlo. De ahí, que los secretos del autocontrol según el budismo tibetano puedan ser de gran ayuda en este tipo de circunstancias.



Nuestro instinto nos lleva a reaccionar impulsivamente cuando nos sentimos amenazados. En principio, si esperamos aproximadamente 10 minutos antes de reaccionar, multiplicamos por 10 las posibilidades de ofrecer una respuesta acertada a la situación. Este sería el primero de los secretos del autocontrol, pero es más occidental que tibetano.

“Tratar de controlar nuestras propias reacciones sin conseguirlo es el guion que conduce a la esclavitud del miedo”.
-Giorgio Nardone-

El budismo tibetano tiene unos caminos muy dotados de sentido común para llegar a ese equilibrio interno. Tienen que ver con una preparación previa y con un estilo de vida que lo haga posible. A continuación, te presentamos cinco de esos secretos del autocontrol que nos han regalado los orientales.

1. Meditar

No se puede vivir de una forma azarosa y esperar que ese estilo de vida nos conduzca a la templanza. Uno de los objetivos de la meditación es precisamente ir moldeando la mente para que sea más resistente y eficaz ante los embates de las tormentas emocionales.

Para los budistas tibetanos, uno de los secretos del autocontrol se encuentra en la meditación. No tienes que convertirte en un monje, ni nada por el estilo. Basta con reservar 5 minutos al día para concentrarte en tu respiración y en tus sentidos. Esto aumenta la conciencia sobre uno mismo y quita fuerza a esos impulsos que aparecen de repente.

2. Comer, uno de los secretos del autocontrol

Seguramente muchos se mostrarán sorprendidos por el hecho de que comer sea uno de los secretos del autocontrol. Sin embargo, así es. Cuando el cerebro no tiene suficientes reservas de glucosa es más proclive a pensar con menor claridad. De igual modo, mantener el control es un ejercicio fuerte, que exige muchas reservas de glucosa.

Se ha comprobado que quienes tienen niveles de azúcar bajos en la sangre son más propensos a tener conductas compulsivas. La solución no está en comer azúcar, pues esta produce un mini-shock glucémico que puede ser contraproducente. Lo más adecuado es comer alguna proteína como carne o frutos secos y no pasar largos tiempos sin comer.

3. Cabalgar las olas

Las emociones humanas no son estáticas, sino que están cambiando continuamente. Si fuera posible graficar su dinámica, diríamos que se comportan como las olas del mar: comienzan a subir, llegan a una cúspide y luego van decreciendo, poco a poco, hasta desaparecer.

Es importante ser conscientes de esto, ya que en momentos en que se apodere de nosotros una emoción muy fuerte, probablemente lo más adecuado no es reprimirla, sino dejarla que cumpla su ciclo. Lo aconsejable son 10 minutos de quietud para que la ira, el miedo, o lo que sea, tenga tiempo de llegar a su cúspide y comenzar a decrecer.

4. Hacer ejercicio

Otro de los secretos del autocontrol es hacer ejercicio. La actividad física es positiva en todos los sentidos, ya que contribuye a mantener la buena salud del cuerpo y la mente. También nos ayuda a eliminar el estrés y favorece que experimentemos una sensación de bienestar.

El ejercicio permite que se libere un neurotransmisor llamado GABA. El efecto de este es generar una sensación de serenidad. Por eso, no es mala idea que si te sientes muy airado, o con una emoción invasiva en tu mente, salgas a dar un paseo. Lo recomendable es hacer 10 minutos diarios de ejercicio.

5. Dormir

En el acto de dormir se encuentran muchas de las claves para tener una buena salud mental. La fatiga, por sí sola, genera una sensación de irritación y de intolerancia que es difícil de obviar. Una persona que no ha dormido bien es significativamente más propensa a dejarse llevar por emociones negativas sin control.

Así mismo, no dormir reduce los niveles de glucosa a su más mínima expresión. Esa es la razón para que alguien insomne o trasnochado busque, particularmente, elementos azucarados. Aún así, nada sustituye el efecto de un sueño profundo y reparador. Se podría decir que es la base de nuestra salud mental.

Los secretos del autocontrol son tips que no sirven de nada si no se ponen en práctica. Perder el control no es sinónimo de franqueza, ni de carácter, sino todo lo contrario. Casi siempre lo único que conseguimos con ello es decir o hacer tonterías de las que luego nos arrepentimos.

Edith Sánchez

jueves, enero 17, 2019

Vivir en plenitud, una decisión importante

Vivir en plenitud es posible gracias a la valoración de lo que tenemos, con todo lo vivido y con lo que somos. Ahora bien, el arte de sentirnos plenos nos capacita también para ser emprendedores, exploradores de mejores caminos al sentirnos habilitados por la experiencia, el amor propio y la seguridad personal. Pocos estados psicológicos son tan enriquecedores como poderosos.



Decía el poeta T. S Elliot que la plenitud que ansía el corazón humano siempre está disponible. Sin embargo, no la vemos. Aún más, tampoco sabemos cómo alcanzar esa dimensión porque en muchos casos no alcanzamos a entender un aspecto clave: la plenitud fluye en nosotros solo cuando nos vaciamos.

Hablamos de dejar ir la ansiedad por no tener ciertas cosas, para darnos cuenta de que tenemos más de lo que pensamos. Apagar el miedo por perder ciertas dimensiones, personas u objetos para descubrir que a veces se está mejor sin muchas de esas realidades. La plenitud es, al fin y al cabo, un despertar y ante todo una toma de conciencia sobre quién somos para vivir con mayor equilibrio.

Suele decirse aquello de que esta dimensión llega en cierta etapa de nuestro ciclo vital, que es producto de la madurez. En los últimos años se está poniendo la atención en esa década comprendida entre los 50 y los 60 donde el ser humano, supuestamente, alcanza mayor grado de bienestar psicológico. Bien, cabe decir que en tema de edad nada es absoluto.

Cada uno llega a esa cumbre del desarrollo personal y la plenitud en su día y en su momento, más pronto o más tarde. Otros, en cambio, jamás alcanzan esa cúspide. Veamos más datos al respecto.


“Para llegar a lo que no 
eres, debes atravesar la forma en que eres”.
-T. S Elliot-

Vivir en plenitud, vivir en el equilibrio y la satisfacción personal

Vivir en plenitud no es un estado. No es llegar a ese pico de la pirámide de necesidades de Abraham Maslow, lugar donde reside la autorrealización y pensar que todo acaba ahí, que hemos conquistado la felicidad. En realidad, vivir en plenitud en realidad es un proceso: formar parte del movimiento de la vida sintiéndonos fuertes y capacitados para lo que pueda venir.

Por tanto, no estamos ante una dimensión del desarrollo personal fácil de alcanzar o conquistar. Es más, desde las ciencias sociales se vive un constante interés por comprender cómo afrontamos las personas estos devenires en épocas tan complejas. La psicología social desea comprender más que nunca, cuáles son nuestros recursos internos para alcanzar el bienestar.

Así, el psicólogo de la Universidad de Princeton Daniel Kahneman suele decir que gran parte de estas investigaciones tienen un curioso problema: las personas no sabemos definir con exactitud qué es la felicidad. Sin embargo, en un estudio que él mismo llevó a cabo y que publicó en la revista Sciencie bajo el título ¿Seríamos más felices si fuéramos ricos? demostró algo muy interesante que, al parecer, la mayoría tenemos claro.

En este trabajo el doctor Kahneman nos hizo ver que, por término medio, las personas sabemos que el dinero no da la felicidad. Y sabemos también que felicidad no es lo mismo que realización personal. En realidad, algo a lo que aspiramos gran parte de las personas es precisamente a esta última dimensión: a sentirnos plenos, realizados, en equilibrio con nosotros mismos y la propia vida.

¿Cuáles son las claves para vivir en plenitud?

Vivir en plenitud es lo opuesto a vivir en el vacío. Este último estado se experimenta cuando crece el desánimo, la angustia, el miedo y la sensación de soledad. Queda claro que, de algún modo, siempre estaremos lidiando con estas realidades psicológicas; sin embargo, la persona que trabaja a diario su plenitud está mejor habilitada para manejar esas situaciones.

Por tanto, veamos cómo alcanzar y desarrollar esta dimensión.
No eres lo que haces, eres lo que llevas en tu interior

Rara vez nos hacemos esta pregunta: “¿qué es lo que traemos en nuestro ser?” A menudo, solemos definirnos a nosotros mismos por lo que hacemos o lo que hemos vivido (yo soy enfermera, yo soy mecánico…). Ahora bien, para vivir en plenitud haríamos bien en tomar conciencia de aquello que llevamos en nuestra personalidad y que nos define:

Yo soy pasión, soy esperanza, optimismo, soy determinación, yo llevo conmigo mi compasión como enfermera, yo llevo mi amor por mi familia, llevo la satisfacción por lo que soy y he conseguido….

Siéntete presente en el aquí y ahora con todas sus posibilidades

Vivir en plenitud no es un estado, es más bien un proceso y ante todo una actitud. Es tener muy claro qué es lo que llevamos en nuestro interior y con ello, sacar el máximo partido del presente, al aquí y ahora.

Si llevamos pasión, conectemos con nuestra realidad para disfrutar de ella. Asimismo, si llevamos el afecto cuidemos de los nuestros, conectemos con nuestros seres queridos en el momento presente. Si nuestro interior se define por la curiosidad, el aprendizaje y la experiencia, aprovechemos cada segundo para seguir experimentando y sintiendo la vida.

Se trata como vemos, de alcanzar una armonía entre lo que somos y lo que hay a nuestro alrededor. Vivir en plenitud no es lamentar lo que nos falta o sufrir por lo que nos sobra. Es sentirnos capacitados para aceptar lo que no se puede cambiar, tener valor para transformar lo que sí puede cambiarse y seguir progresando sin perder ese equilibrio personal.

Valeria Sabater