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sábado, julio 14, 2018

¿De qué se arrepiente la mayoría de la gente?

Son varias las investigaciones que se han realizado para dar respuesta a la pregunta: ¿de qué se arrepiente la mayoría de la gente? Una de ellas es muy famosa. Se llevó a cabo con personas que estaban cerca de la muerte, bien fuera porque tenían enfermedades terminales, o bien por su avanzada edad.

Bronnie Ware, una enfermera australiana experta en cuidados paliativos con pacientes terminales, decidió preguntarlo directamente. Sabía que las personas son mucho más honestas y maduras cuando sienten que la vida está llegando a su fin. Frente a la pregunta de qué se arrepienten, la respuesta de la mayoría de las personas fue casi siempre la misma: no haber vivido lo suficiente.
“Para qué sirve el arrepentimiento, si eso no borra nada de lo que ha pasado. El arrepentimiento mejor es, sencillamente, cambiar”.
-José Saramago-

Ware sintió que todas esas respuestas eran una gran revelación para ella y decidió escribir un libro en el que recopiló lo que dijeron sus pacientes. Encontró que había cinco hechos particulares de los que la gente se arrepiente. Desde entonces, su vida cambió.
La gente se arrepiente de…

Cuando Bronnie Ware les preguntaba a sus pacientes, casi todas las respuestas incluían la palabra “ojalá hubiera hecho…”. En otras palabras, en su mayoría la gente se arrepiente de lo que no hizo, en lugar de aquello que hizo.

Las cinco respuestas más frecuentes indican que los principales arrepentimientos son:
  • No haber tenido el coraje suficiente para hacer lo que realmente quería, sino lo que le imponían sus obligaciones.
  • Un segundo gran arrepentimiento es el de haber dedicado tanto tiempo al trabajo. Muchos de los pacientes de Ware decían que los años más valiosos de sus vidas se habían ido entre las cuatro paredes de una oficina.
  • La tercera razón por la que la gente se arrepiente con más frecuencia es por no haber expresado sus sentimientos. Por haber callado, cuando debía hablar. Esto se refiere tanto a sentimientos positivos como negativos.
  • Otro gran arrepentimiento tiene que ver con no haber buscado a sus viejos amigos para conversar acerca de sus vidas. Los amigos de infancia, o los más entrañables, muchas veces se dejan de lado.
  • Finalmente, un buen porcentaje de las personas entrevistadas por Ware se arrepiente de no haber luchado por ser más feliz.

Como vemos, la mayoría de los arrepentimientos tienen que ver con lo que se dejó de hacer. En la lista no aparecen arrepentimientos por lo que se hizo mal, o por los errores cometidos, sino por lo que no se hizo.
El yo ideal y el deber ser

En la Universidad de Cornell se llevó a cabo un estudio más estructurado, sobre el sentimiento de arrepentimiento de las personas y sus motivos. Tal como ocurrió con las entrevistas informales de Bronnie Ware, la mayoría de la gente respondió que se lamentaba por no haber hecho algo. En este caso, los investigadores fueron más allá y analizaron las razones por las que esto sucedía.

Según Thomas Gilovich y Shai Davidai, quienes dirigieron la investigación, todo tiene que ver con el concepto del “deber ser” y con el “yo ideal”. El deber ser, como el nombre lo señala, está relacionado con aquello que cada persona piensa que es correcto y moralmente deseable. Es la esfera del deber ético, de acuerdo con las creencias y valores de cada persona.

Por su parte, el yo ideal corresponde a lo que uno desea ser, sin importar si coincide o no con el deber ser. En el yo ideal están los sueños, las ilusiones y, por supuesto, los ideales. Es el modelo para llegar a ser. Aquello en lo que desearíamos convertirnos.
La gente se arrepiente por razones concretas

Con base en los conceptos del “deber ser” y del “yo ideal”, los investigadores de Cornell lograron llegar a una conclusión interesante. Cuando se traiciona el deber ser, hay una especie de “cargo de conciencia” inmediato. Por eso las personas buscan reparar o tramitar ese arrepentimiento, a través de medidas concretas.

Veamos esto con un ejemplo. Alguien no fue a visitar a un tío moribundo, a pesar de que sabía que necesitaba su ayuda. Cuando muere, siente un profundo arrepentimiento por no haber sido consecuente con su deber ser. Sin embargo, hace una reflexión. Examina los motivos por los que no lo hizo y, quizás, llora en el funeral, o simbólicamente pide perdón por lo que dejó de hacer.

Con el “yo ideal” no ocurre esto. La gente no hace un ritual para perdonarse por no haber sido el astronauta más famoso, o por no haberse decidido a partir en un barco que iba para la Antártida. Eso se queda en su conciencia simplemente como una ilusión que no tomó forma. Al final de la vida se arrepiente de no haberla hecho realidad, porque tal arrepentimiento es una manera de tramitar eso que ya no fue y nunca será.

Edith Sánchez