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lunes, junio 25, 2018

El miedo nunca va a desaparecer mientras crezcas

La afirmación el miedo nunca va a desaparecer puede provocar que nuestro corazón empiece a latir más deprisa y que notemos cierto grado de ansiedad. Es algo natural o, más bien, comprensible. La sociedad en la que hemos crecido nos ha enseñado a escapar del miedo y no afrontarlo. Pero, sobre todo, nos ha educado para prevenirlo aún cuando ignoramos si va a manifestarse o no.

 
 
Esta emoción que solemos etiquetar como “mala” siempre está con nosotros. Por mucho que deseemos e intentemos evitarla, es imposible prescindir de ella, ya que tiene una función vital para nuestra supervivencia. Gracias al miedo, nos ponemos en alerta para enfrentarnos a un problema.

Hace milenios, esto era de gran ayuda si nos enfrentábamos a un peligro real. En la actualidad, llevamos vidas muy tranquilas, y nuestros miedos han cambiado. Pero lo han hecho de tal manera que ya no son adaptativos. Es decir, rara vez aparecen ante una situación en la que nos encontremos de verdad en riesgo.

¿Está nuestra vida corriendo un peligro real cuando tenemos que exponer algo en público? ¿Nos vamos a morir si nuestra pareja nos abandona? Los miedos que surgen en estas situaciones son desadaptativos. No son temores reales. No estamos en riesgo. Por lo tanto, esta emoción deja entonces de ayudarnos y pasa a limitarnos.

Nuestros miedos han cambiado, pero hay algo que continua igual. Siempre nos instan a la acción, a no quedarnos quietos y a cambiar de rumbo. Sin embargo, hoy día, permitimos que el miedo nos paralice. Eso, milenios atrás, nos hubiera llevado a la muerte.
 
Los cambios nos permiten crecer

El miedo nunca va a desaparecer porque siempre habrá cambios en nuestra vida, sean estos buscados o no. Por ejemplo, cuando intentemos abrir nuestra propia empresa, sentiremos miedo a no tener éxito, a no obtener resultados, a fracasar o a que los demás se rían de nuestros errores. Pero esto es bueno porque pase lo que pase estaremos progresando y creciendo.

El gran problema llega cuando nos refugiamos tras el miedo y no queremos enfrentarnos a él. Es entonces cuando nos mantenemos en nuestra zona de confort, sin arriesgarnos y sin atrevernos a nada que no nos aporte seguridad. Esto, con el tiempo, provocará que nos sintamos estancados, carentes de metas. Suponemos lo que puede suceder, aunque en realidad no sabemos si ocurrirá. Preocupados por estos pensamientos nos quedamos quietos, sin hacer nada, mientras pasan las horas, los días y los años.

La zona de confort, reconozcámoslo, es muy segura y se está muy bien en ella. Pero a la vez, es sumamente incapacitante. Tanto que, si fuera un jardín, nada crecería en ella. El motivo por el que nos resulta tan tentadora es porque tiene el poder de hacernos sentir bien y mal a la vez. En ella estamos seguros y tranquilos. No obstante, al mismo tiempo, notamos como si estuviéramos malgastando las horas y dejando escapar muchas oportunidades.

Las personas que sienten pánico hacia los cambios, suelen envidiar a aquellas que sí se arriesgan y salen de su zona de confort constantemente. Algo en su interior grita entonces “¡haz algo!” o “tú también tienes sueños y deseos, ¡llévalos a cabo!”. Por un momento, puede que sientan cierto empuje y fantaseen con tomar acción. Pero cuando se quieren dar cuenta, continúan sentadas sin hacer nada.
 
Usar el miedo a nuestro favor

Aunque intentemos huir, el miedo nunca va a desaparecer. Siempre habrá una situación que nos sorprenda y que trastoque por completo nuestra rutina. Es entonces cuando nuestra zona de confort se verá sacudida; y esto es una oportunidad para tomar una decisión. Ya que el miedo nunca va a desaparecer, ¿qué mejor ventaja que utilizarlo a nuestro favor?
Cuando estés bloqueado por tus miedos piensa que todo lo que quieres está al otro lado de ellos. ¿Vas a renunciar a tus sueños?

Para conseguir esto, vamos a dar dos pequeños consejos. Aunque parezcan fáciles, en el momento de la verdad no solemos ponerlos en práctica. No obstante, si deseamos terminar con esos temores tan limitantes, utilizarlos en el momento que aparezcan puede darnos un resultado diferente al que estamos acostumbrados.
  • Si el miedo te limita, no pienses, actúa. Cuando esta emoción te limita, por ejemplo, para hablar en público, es necesario que dejes de rumiar sobre ella. Tu mente es muy poderosa. Bloquea esos pensamientos y, simplemente, actúa, sin pensar. Una vez lo hagas te darás cuenta de que cómo el miedo se va.
  • Utiliza el miedo como fuente de superación. Si algo te da miedo, utiliza esa emoción para impulsarte a conseguirlo. Si tienes miedo a montar tu propia empresa, usa el miedo para intentar formarte más y moverte en búsqueda de oportunidades que te hagan sentir seguro. Por ejemplo, hablar con personas que te puedan ayudar, conseguir socios…

El miedo nunca va a desaparecer, por lo tanto es mejor que lo tomemos como un aliado. Incluso en los momentos más difíciles, esta emoción puede venirnos muy bien para cambiar de rumbo y darnos cuenta de que existen múltiples opciones. Recordemos que si avanzamos y crecemos, el miedo estará ahí. Sin embargo, podemos empezar a usarlo no para detenernos, sino para seguir.

Raquel Lemos Rodríguez