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martes, marzo 27, 2018

¿Eres de plástico, vidrio o acero? Claves sobre la resistencia

¿Eres de plástico, vidrio o acero? La forma en que afrontamos las dificultades cotidianas determina el material del que estamos hechos. Ahora bien, las claves sobre la resistencia nos dicen que siempre estamos a tiempo de alterar esos elementos que nos conforman para revestirnos de un material más óptimo, uno a medio camino entre el bambú y el grafeno.

 
 
Si hay un aspecto decisivo a la hora de disfrutar de un adecuado bienestar mental y emocional es comprender qué tipo de mecanismo utilizamos ante los obstáculos de la vida. Así, dos de las respuestas más comunes que solemos aplicar a nuestro día a día son la evitación por un lado y la quietud o “no resistencia” por otro.
 
“La medida más segura de toda fuerza es la resistencia que vence”.
-Stephan Zweig-

Ahora bien, lejos de culpabilizarnos por no saber emitir otro tipo de alternativa cuando sufrimos estrés, cuando nos avasallan terceras personas o cuando nos vemos en un túnel sin salida es el momento de prestarle atención a un aspecto relevante en estos momentos. La necesidad de huir o de quedarnos quietos son respuestas preprogramadas en nuestro cerebro. Son mecanismos de defensa puestos de fábrica que aún no hemos actualizado, son resistencias benignamente diseñadas que en realidad nos ayudan a sobrevivir, pero rara vez contribuyen directamente a nuestra felicidad.

En este sentido, las claves de la resistencia sí constituyen un aspecto relacionado directamente con nuestro bienestar. De manera que entenderlas puede ayudarnos, y mucho.

Cerebros más y menos resistentes al estrés emocional

La mayoría nos hemos hecho esta pregunta alguna vez: ¿por qué hay personas capaces de afrontar la adversidad de un modo tan sensacional? Nos admira su templanza, su optimismo y esa mirada capaz de ver posibilidades donde otros vemos solo muros y alambradas. ¿Es que se han preparado previamente para ello? ¿Han hecho cursos, tienen quizá una sabiduría innata o es que hay algo diferente en sus cerebros?

Bien, la clave está en este último aspecto: en sus cerebros. Así, y por curioso que nos resulte hay personas con un cerebro mucho más resistente al estrés, personalidades con mayores recursos emocionales para calmar la ansiedad, para evitar discursos mentales irracionales en situaciones límites, etc. La facultad de medicina Weill Corner, en Nueva York realizó un interesante trabajo donde se determinó, por ejemplo, la relación directa entre una crianza basada en un apego saludable y una respuesta más hábil hacia el estrés y la ansiedad.

Una atención inadecuada, una educación habitada por ciertas carencias afectivas altera el desarrollo cerebral de los niños. En concreto, la estructura que más se ve afectada es la amígdala, un centro de control neurológico tan antiguo como sofisticado que se encarga precisamente de regular el miedo y nuestras emociones. De este modo, un pequeño que haya experimentado pautas de crianza deficitarias en algún aspecto, presenta mayores dificultades para gestionar sus emociones tanto en la infancia como en la madurez.
 
¿Eres de plástico, vidrio o acero?

Tal y como hemos señalado al inicio, no importa el tipo de mecanismo que utilicemos en el presente para responder a las dificultades, al estrés o a la adversidad. No importa si somos de los que huimos o de los que, como un mástil en medio de una tormenta, se quedan quietos, hasta que poco a poco se quiebran y caen. Todos podemos aprender nuevas estrategias y, si esto es así, es precisamente por nuestra plasticidad cerebral.

Entrenar/estimular al cerebro para que aplique nuevos enfoques y estrategias renovadas hace de él una maquinaria más resistente, más hábil, más sofisticada. El objetivo es lograr que nuestro cerebro no nos ayude solo a sobrevivir, lo que queremos en el fondo es que nos acompañe, que nos secunde de manera cómplice, en ese intento por ser más felices.

Veamos por tanto a continuación cuáles son los tres tipos de respuesta ante el estrés más comunes y esas claves de resistencia que suelen utilizar.
 
La respuesta del acero

El estrés “rebota” en las personas de acero. Este tipo de enfoque lejos de ser saludable tiene sus riesgos. Ser completamente impermeable al estrés hará que no podamos aprender de él. Es más, en cierto modo nadie es completamente impermeable, nadie es de acero porque nuestro revestimiento es puramente emocional.

La clave en este sentido está en entender que lejos de ser un muro ante los problemas y conseguir que estos “reboten” en nosotros, debemos dotarnos de habilidades para gestionarlos mejor, manejarlos, filtrarlos, transformarlos…
 
La respuesta del plástico

Dentro de las claves de resistencia es interesante saber que la mayoría de nosotros aplicamos esta estrategia. Sus características son las siguientes:
Tenemos diversas abolladuras, efectos del estrés y la adversidad.
Somos flexibles y disfrutamos a la vez cierta resistencia, sin embargo, muchas veces tenemos la clara sensación de que nos vamos a romper. Es como vivir en una cuerda floja.
 
La respuesta del vidrio

Tal y como podemos intuir, la respuesta del vidrio no es la más adecuada. En realidad, es la peor de todas, es la que dispone de menos recursos, esa que, después de hacer un gran esfuerzo para que ceda, para que se adapte, termina rompiéndose. De manera que, o se impone o queda totalmente destrozado.
 
Claves sobre la resistencia más saludable

Las claves sobre la resistencia más saludable nos dicen lo siguiente: hay que hallar un punto intermedio entre la fortaleza y la flexibilidad, un espacio de madurez donde saber gestionar, priorizar y transformar. Es decir, si dejamos por ejemplo que actúen nuestras defensas psicológicas innatas estaremos optando por la línea de la menor resistencia: la del vidrio.

Por otro lado, si elegimos la línea de mayor resistencia haremos uso de toda nuestra energía para oponernos a algo, para alzar un muro donde protegernos de la vida. Esta es sin duda la estrategia del acero.

Entonces, si ninguna de estas dos respuestas son las más acertadas ¿cuál es la que debemos aplicar? La clave de la resistencia más saludable está en empoderar nuestra auto-confianza para sabernos valedores de algo mejor. Por lo tanto, no dejaremos que nada nos avasalle hasta rompernos ni nos alzaremos tampoco como un mástil de acero aguardando el impacto de toda tormenta.

Construyamos un material a medio camino entre un plástico más resistente y el bambú. Un material flexible pero fuerte, ese que nos permita movernos con las dificultades para aprender de ellas, ese que aunque se doble, vuelve a su posición original habiendo asumido una enseñanza para avanzar con mayor aplomo.

Empecemos hoy mismo a trabajar en esta estrategia vital.

Valeria Sabater