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domingo, marzo 18, 2018

Disminuye el estrés para mejorar la autoestima

La autoestima es uno de los temas más abordados en los últimos años en la literatura científica, al considerarse que una sana autoestima favorece el bienestar de la persona en general, mejorando la relación que establece consigo misma, con los demás y con el entorno. En este sentido, una buena autoestima, ligada a la estabilidad emocional y a la búsqueda del fortalecimiento interior, implica un manejo adecuado de las demandas cotidianas de nuestra vida y por ende un sano manejo del estrés.

 
 
Nathaniel Branden (2001), famoso psicólogo norteamericano, plantea que la autoestima es la confianza en sí mismo, en la propia capacidad de pensar, en la capacidad de enfrentarnos a los desafíos básicos de la vida, en el derecho a triunfar y a ser felices, en el sentimiento de ser respetables, dignos, en el derecho a afirmar nuestras necesidades, a alcanzar nuestros principios morales y a gozar del fruto de nuestros esfuerzos.

La buena noticia es que la autoestima se puede afianzar en cada persona, con actitudes positivas que le permitan afrontar la realidad con optimismo y con el desarrollo de estrategias adecuadas para manejar las dificultades que se le presenten.

Por su lado, el estrés se presenta como un factor que obstaculiza las posibilidades de respuesta antes los problemas o conflictos que afrontamos. Reacciones de estrés nos bloquean ante las demandas del entorno, pues por anticiparnos negativamente a los resultados de una acción. O por focalizarnos en el potencialmente amenazante de una situación, nuestro sistema de respuestas se bloquea y nos impide tomar decisiones razonadas para superar las dificultades.

Una persona con alta autoestima desarrolla habilidades que le permiten, de manera racional y realista, reconocer las posibilidades de acción que puede tener para responder de manera pertinente a las situaciones, con la confianza de obtener lo que desea. En caso de no ser así, cuando los resultados no se compadecen con el esfuerzo realizado, asume el hecho con una actitud de aprendizaje y se prepara de mejor manera para nuevas oportunidades.
 
Estrés y baja autoestima, peligrosa combinación

Las personas que tienen una baja autoestima, tienden a subvalorarse y a minimizar la percepción de sus capacidades frente a las situaciones que viven en su cotidianidad. Por lo general, tiene anticipaciones negativas de los hechos y se consideran inferiores que las demás personas, lo que les lleva a una sensación permanente de desasosiego y sensación de minusvalía.

Si unido a esto, se presentan altos niveles de estrés, aparece un cuadro mixto en el que a la disminución del estado de ánimo por la baja autoestima se une un cuadro de ansiedad caracterizado por una preocupación permanente sobre el futuro, con predicciones negativas ante las tareas que se emprenden. La persona entonces sufre, no solo por percibirse inferior, sino por anticiparse a que en las tareas que emprende va a tener resultados negativos.

Un nivel de baja autoestima junto a un estrés elevado, forman un peligroso coctel para el bienestar psíquico”, Tania Juanes (2008).

El problema es, que generalmente la baja autoestima y el estrés no solo se presentan simultáneamente, sino que se retroalimentan entre sí, lo que conlleva a la persona a un círculo vicioso del cual es difícil salir.

La pobre percepción de sí mismo, asociada a una baja autoestima, hace que las percepciones de logro sean negativas, lo que genera estrés. Esta anticipación pesimista suele redundar en logros igualmente negativos, lo que repercutirá en disminuir aún más la percepción de valía personal, y se afecta la autoestima.

La pregunta es ¿Dónde y cómo interrumpir el círculo? El objetivo fundamental para superar esta situación es lograr un fortalecimiento en el sujeto acompañado del desarrollo de destrezas personales para el manejo del estrés. La persona debe aprender a reconocerse en potencialidades, fortalezas y virtudes, creer en sí misma, en sus capacidades y limitaciones, y actuar de acuerdo con esto. En caso de sentir que una situación supera sus posibilidades de afrontamiento, es preferible buscar la ayuda necesaria en el entorno, para hacerle frente.

Se debe aprender que la ansiedad anticipatoria es disfuncional en tanto nos nubla ante las posibilidades de afrontar una situación, al bloquear nuestros pensamientos, nuestra atención, lo que nos nubla la posibilidad de encontrar opciones de solución a los problemas que enfrentamos.
 
Los seis pilares de la autoestima

La autoestima tiene una relación directa con la percepción que tenemos de nosotros mismos, en tanto configura una especie de endovisión que nos define en autopercepción. A partir de la manera en que nos vemos a nosotros mismos, vamos a configurar la realidad de nuestro entorno. Si te ves como una persona vulnerable, entonces verás al mundo como peligroso y a los demás como amenazantes… a partir de los pensamientos de autorreferencia, se configura la realidad.

Por eso es importante que desde pequeños enseñemos a nuestros niños a ser seguros, responsables, autónomos, con confianza en sí mismos y con capacidad para resolver por ellos mismos, las situaciones que les son conflictivas.

Nathaniel Branden propone seis pilares que definen una sana autoestima:
 
Autoconocimiento

Implica tomar conciencia de sí mismo, de las potencialidades, posibilidades y limitaciones. Es reconocer los propósitos vitales de cada uno y saber qué orientación se le quiere dar a la propia existencia.
 
Autoaceptación

Se debe partir de la premisa de que el hecho de ser nosotros es suficiente para valorarnos como personas y aceptarnos como tales. La valoración personal no debe depender de la aceptación de los demás, sino de la de nosotros mismos.
 
Autorresponsabilidad

Pensar que somos responsables de nosotros mismos es asumir las riendas de nuestra vida. Yo soy dueño de mis circunstancias, y eso me debe llevar a asumir que soy responsable de asumir todo cuanto me ocurre con actitudes de aprendizaje en cada momento de la vida.
 
Autoafirmación

Es la necesidad de reconocimiento personal, de asumirse como persona en derecho y en capacidad de relacionarse de manera armónica consigo, con los demás y con el mundo. Es la percepción de mis potencialidades y capacidades para influir de manera decidida en los entornos en los que nos movemos.
 
Autopropósito

Definir propósitos personales es una forma de darle sentido a la vida. Las metas deben ser nortes que orienten nuestra vida hacia logros esperados que nos permitan crecer como personas. Las metas, como aparece en la columna del mes de enero de este año, deben ser factibles, gratificantes y generadoras de crecimiento personal.
 
Autointegridad

Se relaciona con la concordancia existente entre los principios, valores y convicciones fundamentales con los comportamientos y acciones de la persona. Ser íntegro es actuar de acuerdo con la propia filosofía de vida y pregonar sólo aquello que se atinente a la moral de la persona.
 
Algunas orientaciones al respecto

El estrés se presenta como un fenómeno que afecta la autoestima, al dificultar la asunción de estrategias adaptativas de afrontamiento frente a las dificultades cotidianas que se nos presentan. Así mismo, una baja autoestima puede conllevar a altos niveles de estrés por la baja autoconfianza de la persona, que le lleva a sensaciones de fracaso e inadecuación.

Para superar este doble problema, cada persona debe empezar con un proceso de reconocimiento de sí, donde realmente se percate de sus potencialidades, limitaciones y condiciones, y actuar de manera realista con ello. Por lo general, tenemos anticipaciones negativas frente a hechos que percibimos como amenazantes y cuando al fin los enfrentamos, nos damos cuenta que era mayor el miedo que nuestras potencialidades y que sí disponíamos de herramientas para superar el hecho.

Es posible que en ocasiones tengamos que hacer frente a situaciones que parecen desbordar nuestras capacidades, o que nos demos cuenta que solos no podremos sortear una situación. Cuando esto sucede, es conveniente recurrir a otros y apoyarnos para aliviar nuestras cargas, sin caer en dependencias negativas que afecten nuestra autonomía.

Somos seres abocados a enfrentar a diario situaciones conflictivas. Intentar evitar los problemas que hacen parte de nuestra cotidianidad es un factor de mantenimiento de los mismos. Es cuestión de fe y de decisión…

Dr. Rodrigo Mazo Zea