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miércoles, enero 10, 2018

¿Soy mi peor enemigo?

A veces una excesiva autocrítica te lleva a enfocarte en los errores que has cometido. Te flagelas pensando en los desaciertos y minimizas o ignoras los alcances y logros.

 
  
Si te has convertido en un juez que te persigue por tus faltas y te niegas la comprensión que regalas a otros, has entrado en el círculo vicioso de la autodescalificación: eres tú peor enemigo.

La forma como construimos y cumplimos una profecía autodestructiva tiene su origen en las creencias. 

Has cometido un error y … Lo que piensas incide en cómo te sientes…

Imaginemos una madeja de hilo que inicia en la punta con un pensamiento negativo sobre sí mismo. Ante una falta cometida, luego se alarga, entreverándose con otro y otro pensamiento del tipo: ¡no sirvo!, ¡soy un perdedor! El volumen de esos pensamientos negativos sube e incide en cómo te sientes respecto de ti.

Si te autodescalificas magnificando tus errores o haciendo foco solo en tus desaciertos, te sentirás como una persona incompetente. Sentirás culpa y vergüenza de ti mismo. Perderás autoconfianza. 

Cómo te sientes determina tus conductas…

No duermes bien. Al otro día estás cansado y sin concentración, vuelves a equivocarte, te sientes aún más torpe. Empiezas a caminar encorvado, mirando el suelo, te vuelves una persona esquiva e irascible.

Tus comportamientos generan tus resultados….

Errores, equivocaciones, baja productividad, malas relaciones con tus compañeros y otras personas cercanas. A veces descargas tu frustración y rabia contra tus seres queridos y esto deteriora tus relaciones. Es la profecía del fracaso autocumplida.

Estás entrando en una espiral viciosa que alimenta tu enemigo interno.

¡Alto! ¡Es hora de cambiar! 

Recomendaciones para derrotar a tu enemigo interno
  • Para eliminar los pensamientos negativos, primero tienes que identificarlos. Presta atención a lo que te dices en tu fuero interno porque es probable que te hayas acostumbrado a criticarte. Ataja esos pensamientos negativos y cuestiónalos, ¡los pensamientos no son hechos!
  • Separa el hacer de tu ser. En vez de pensar soy un fracaso, abarcando la persona que eres, piensa en términos de he cometido un error. Sé especificó, ¿en qué ámbito de tu vida te has equivocado? Llevarlo a conducta te permite evaluar el error en perspectiva, sin generalizar. Pregúntate ¿qué harás distinto la próxima vez?, ¿qué puedes aprender de eso?
  • Analiza qué de cierto y errado hay en esos pensamientos. Probablemente estés atrapado en la dicotomía siempre-nunca, bueno-malo, todo-nada. Si piensas que siempre te equivocas, busca situaciones que te demuestren lo contrario. Nadie es perfecto. Errar es de humanos, por tanto, si no te das permiso de equivocarte, te juzgas de una forma poco realista.
  • Sé amable contigo. Acéptate tal cual eres, con tus defectos y virtudes. ¿Realmente necesitas juzgarte de esa manera? ¿te hace bien? Piensa en cómo tratarías a alguien a quien estimas. ¿Le criticarías de esa forma? Sabes que tu respuesta es no.
  • Puedes elegir enfocarte en los logros, por pequeños que sean. Piensa en tus fortalezas, así empezarás a utilizarlas conscientemente. Es preferible pensar ¿En qué me destaco? ¿Qué hago bien? En vez de reprocharte, dedica tu esfuerzo en mejorar lo que ya haces bien, aprende a darte reconocimiento, ¡prémiate por ello!
  • Cuando te equivoques (recuerda que la perfección no existe en los humanos) pasa la página. No te quedes enganchado en el fracaso, rumiando tus penas.

Recuerda: la diferencia entre fracaso y éxito no es lo que te pasa sino qué haces tú con eso que te pasa. Los fracasos no son más que oportunidades para aprender. Si algo salió mal, comienza de nuevo, ¡con otra actitud!

Phrònesis