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sábado, enero 13, 2018

La gratitud, una virtud de corazones llenos de amor

Dar las gracias es un acto procedente de corazones nobles, de aquellos que saben apreciar la sencillez y complejidad de la vida como las partes de un todo. De quienes valoran el tiempo y los actos de cada persona, pero también de sí mismos. 
 

La gratitud es uno de los bienes más preciados del ser humano. Un acto de bondad, generosidad y reconocimiento. Una forma de responder a la vida desde el amor que tiene grandes poderes regeneradores.

“La gratitud es la flor más bella que brota del alma”.
-Henry Ward Beecher- 

El don de la gratitud

La gratitud implica tomar el tiempo necesario para apreciar de manera consciente la complejidad de la vida. Una excelente forma de dejar de concentrarse en las situaciones negativas y fijar la atención en todo aquello que está bien, que apreciamos, valoramos y que incluso, simplemente lo tenemos a nuestro lado.

Es el don de quienes, a pesar de todo, son capaces de apreciar lo que reciben. No importa si tienen un día malo, si alguien les falló o si las circunstancias han ido en su contra, quienes practican la gratitud son capaces de ver la luz aún en las tormentas más oscuras. Tienen una buena percepción consciente y se alejan de todo tipo de victimismo.

Además, este tipo de personas saben dar las gracias por lo fundamental y trascendente. Diferencian así entre lo accesorio y lo necesario. Perciben que lo importante no son las cosas que poseemos sino el tiempo que gastamos y los actos que llevamos a cabo. Y de ellos, saben distinguir cuáles merecen la pena. 

Gratitud y amor

La gratitud es un aspecto esencial del amor. Lao-Tse la definía como “la memoria del corazón”. Una virtud crucial para ser felices que nos aleja de todo tipo de limitaciones y nos impulsa a crecer desde el interior.

Ahora bien, es cierto que existen dos formas de dar las gracias. Una es automática, un agradecimiento formal procedente de la normal social y que repartimos a diestro y siniestro -como cuando agradecemos la invitación a una cena o instamos a nuestro hijo a ser agradecido por recibir un regalo-. El típico “gracias” por cortesía.

La otra se corresponde con el agradecimiento que nace de la conciencia y el corazón. Ese “dar las gracias” sincero y auténtico que valora todo lo que conlleva el acto del otro y lo expresa. Una dinámica de encuentro, en esencia, entre dos personas, en la que lo más importante es el reconocimiento y la valoración de lo sucedido.

La gratitud hace posible que reconozcamos el valor de las cosas, de los demás y de nosotros mismos porque agradecer en definitiva es amar. Además, esta virtud nos permite establecer vínculos sanos y profundos.

Según una investigación llevada a cabo en la Universidad de Georgia, la gratitud es un ingrediente clave para mejorar la vida en pareja. Ted Futris, coautor del estudio afirma que sentirse apreciado y valorado por la pareja influye de forma directa en la percepción personal de la relación, el interés por ella y en la creencia de que será perdurable.

Como vemos, el poder de dar las gracias es incalculable. Al hacerlo valoramos a los demás, a las circunstancias y a todo lo que tenemos y al recibirlo, nos sentimos apreciados y reconocidos.

“Nada es más honorable que un corazón agradecido”.
-Séneca-

Dar las gracias: la clave para una vida feliz y sana

La gratitud cambia la forma de ver la vida y la consideración que tenemos de nosotros mismos. Gracias a esta virtud, situaciones difíciles que en otros momentos considerábamos insoportables se transforman. Poco a poco, se van aclarando y podemos ver las oportunidades para dar paso al cambio. De esta forma, nos sentimos mejor con nosotros mismos y con nuestras relaciones con el mundo.

La gratitud nos llena de alegría el corazón y nos permite tomar mejor nuestras decisiones, libres de apegos. Todo depende de hacia donde centremos nuestra atención. Si adoptamos una visión de pesimismo y escazez, todo nuestro mundo estará formado por carencias. Ahora bien, si elegimos observar la abundancia y todo el bien que nos rodea, nuestro mundo será otro muy diferente. En él gobernarán la generosidad, la alegría y la felicidad.

Es verdad que no podemos negar los sufrimientos y las dificultades de la vida, pero tampoco la abundancia que hay a nuestro alrededor. Se trata de aprender a ser consciente de ello y dejar de centrarnos en esa “mitad vacía”. Por ejemplo, podemos empezar por agradecer cada noche 10-20 cosas que nos hayan ocurrido a lo largo del día. No hace falta que sean espléndidas, basta con aquellas que nos hace estar vivos.

Dar las gracias es un regalo hacia los demás y hacia nosotros mismos, no lo olvidemos. Porque cuando la gratitud se convierte en una forma de vida, la felicidad se convierte en la norma… ¡Gracias!

Gema Sánchez Cuevas