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sábado, marzo 25, 2017

¿Qué relación hay entre las emociones negativas y el dolor crónico?

Parece difícil no relacionar el dolor con sentirnos mal a nivel emocional, ¿verdad? ¿A quién no le ha pasado que se dé un golpe en la rodilla y se haya “cabreado” con la mesa por estar en medio? A parte del enfado, también nos podemos sentir tristes o ansiosos.



Ahora imaginad que ese dolor no es pasajero, sino que está ahí la mayor parte del tiempo… No es difícil suponer el malestar emocional asociado, ¿verdad? El caso es que hay numerosos estudios sobre la influencia de los factores psicológicos en el dolor crónico. Entonces… ¿el malestar emocional viene provocado por el dolor crónico o es al revés?

“El mayor dolor del mundo no es el que mata de un golpe, sino aquel que, gota a gota, horada el alma y la rompe”
-Francisco Villaespesa-

El dolor crónico y la tristeza

El caso es que, aunque sepamos que el dolor crónico y las emociones negativas están vinculados, es complejo delimitar de manera concreta cuál es esta relación. No sabemos de forma exacta cómo influyen las emociones en la aparición o el aumento del dolor, de la misma forma que tampoco conocemos el papel que juega el dolor en que sintamos emociones negativas.

Por otro lado, el dolor crónico conlleva niveles elevados de incapacidad. Así, quienes lo padecen, ven su vida muy afectada. Esto también se relaciona con ese malestar emocional que suele aparecer en estas personas. De hecho, esta pérdida de la capacidad funcional puede conllevar altos niveles de tristeza.

“El dolor que no se desahoga con lágrimas puede hacer que sean otros órganos los que lloren”
-Francis J. Braceland-

En efecto, se ha encontrado que la incidencia de la depresión es mayor en los pacientes con dolor crónico en comparación con la población sin general. Pero no solo eso, la tristeza predice también aumentos en el dolor. De forma concreta, se ha mostrado que esta emoción es el predictor más fuerte del dolor en la artritis reumatoide.

La ansiedad y el dolor crónico

El dolor crónico no sólo está asociado a la tristeza o la depresión. También tiene relación con la ansiedad y la ira. Respecto a la ansiedad, se ha visto que las personas con dolor crónico son más ansiosas. Además, la prevalencia de los trastornos de ansiedad es mayor en esta población que en aquella sin dolor.

Al igual que con la tristeza, se ha encontrado que sentir ansiedad influye en la experiencia del dolor crónico. En concreto, niveles altos de ansiedad mantenidos en el tiempo predisponen a episodios frecuentes de dolor. Pero… no solo eso, también empeoran el dolor que ya estaba ahí. Así, el dolor es más pronunciado y sostenido en los pacientes con niveles más altos de ansiedad.

La sensibilidad a la ansiedad también juega su papel. Esto es el miedo a los síntomas de ansiedad, asociado a la creencia de que estos van a tener consecuencias perjudiciales para nosotros. Este factor influye tanto en el inicio como en el mantenimiento del dolor crónico.

“Dad palabra al dolor: el dolor que no habla gime en el corazón hasta que lo rompe”
-William Shakespeare-

El dolor crónico y la ira

El papel de la emoción de la ira en la salud física ya se ha estudiado en numerosas ocasiones. De hecho, se ha encontrado evidencia de que su experiencia y expresión contribuyen al inicio y a la evolución de diversas enfermedades psicosomáticas, como por ejemplo, enfermedades cardíacas o el cáncer.

Respecto al dolor crónico, los resultados indican que las personas que lo padecen muestran mayores niveles de ira y hostilidad que la población general. También se ha visto que la expresión interna de la ira es más alta que en el resto de las personas. Esto quiere decir que experimentan enfados que no expresan al exterior, sino que se manifiestan en su diálogo interno mediante pensamientos negativos a los que no dejan de darles vueltas.

Además, se ha visto que los pacientes con dolor crónico que tienden a expresar su ira de esta forma, en lugar de hacerlo hacia fuera (ira externa) o manejándola de forma más adecuada (control de ira), presentan niveles más altos de dolor. Pero también es perjudicial expresar la ira hacia afuera, ya que aquellos que lo hagan así van a ver sus relaciones interpersonales afectadas por lo que van a ver disminuido su apoyo social, el cual es clave.

Por todo ello, es sumamente relevante intervenir desde el plano psicológico en los pacientes con dolor crónico. Un control adecuado de la ira, así como estrategias de manejo de la ansiedad y la tristeza no solo van a fomentar un mayor bienestar psicológico, sino que también les va a ayudar a que la experiencia de dolor disminuya.

Laura Reguera Carretero

viernes, marzo 24, 2017

3 creencias comunes que nos bloquean

El ser humano es una especie vulnerable. Lo somos a nivel físico desde que nacemos y también lo somos a nivel mental. Somos vulnerables al entorno, a cómo procesamos nuestras experiencias en la infancia y adolescencia y al modelo de crianza que nos rodea. Con todo eso se van formando nuestros esquemas y creencias fundamentales. Sobre ellos girarán nuestros razonamientos, emociones y comportamientos.



¿Qué son las creencias?

Según Rokeach (1960), el “sistema de creencias representa el conjunto de expectativas, hipótesis o creencias, conscientes e inconscientes, que una persona acepta como explicación verdadera del mundo en que vive”. Las creencias nos ayudan para explicar parte de la realidad que percibimos. En muchos casos, nos arrastran a situaciones contradictorias dado que al estar tan arraigadas en nuestro mapa mental es difícil ponerlas en duda.

“Parece que los hombres prefieren creer antes que conocer”.
-Wilson- 

¿Cómo las construimos? Hay varios caminos por los que llegamos a formar estas pequeñas guías de pensamiento. Comienzan con la experiencia de la niñez de forma directa o indirecta. Por una parte tenemos en cuenta las asociaciones que realizamos y damos por válidas, y por otra las “creencias informativas”.

Estas que son aquellas que nos transmite un grupo de personas (cultural, político, religioso o social). Las creencias generalmente son tozudas, pero aliadas. Nos ayudan a movernos por el mundo y relacionarnos con los demás. Nos suelen proteger en momentos de incertidumbre, guían y contribuyen a darnos estabilidad y coherencia interna.

Sin embargo, existe el riesgo de que la creencia que hayamos heredado o construido respecto de un determinado elemento (amor, justicia, responsabilidad, sociedad) juegue en nuestra contra. de ahí la importancia de conocer su influencia, delimitarla y reducirla o eliminarla en los casos en los que pensemos que constituyen un a influencia negativa.

¿Existen creencias enemigas?

Años de investigación de psicólogos dedicados a las teorías de pensamiento han puesto sobre la mesa una serie de ideas irracionales y creencias contraproducentes que son comunes a nuestra especie. Aparecen de forma repetitiva en distintas personas y culturas (principalmente occidentales). En este caso, dejaremos de lado a las “ideas irracionales” para centrarnos en lo que se conoce como creencias contraproducentes comunes.

Existen creencias enemigas que nos bloquean. Concretamente se llaman “Creencias Contraproducentes Comunes”. No debemos sentirnos culpables por tenerlas y vivir bajo sus mandatos. La palabra “común” nos dice que esta forma de pensar se repite en muchas personas, tanto de nuestra cultura como de otras culturas. Lo importante es detectar esas creencias que se reflejen en nuestro comportamiento y trabajar para transformarlas en otras que nos ayuden.

“La creencia es involuntaria; nada involuntario es meritorio o condenable. Un hombre no puede ser considerado mejor o peor por su creencia”.
– Percy Bysshe Shelley –

Es importante recordar que este tipo de “instrucciones” son difíciles de cambiar dado que están integradas en nuestras costumbres e incluso pueden estar en la base de otras creencias. Así, cuestionar una puede suponer cuestionar otras muchas que se justificábamos partiendo de ella. Cuando una idea está en la base de nuestro sistema de creencias va a costar más extirparla.
Detectando creencias que nos bloquean

Vamos a detenernos en tres de estas creencias:

Emotofobia

Nunca debo sentirme triste, angustiado, inadecuado, celoso ni vulnerable. Debo esconder mis sentimientos bajo la alfombra y no trastornar a nadie.

Actualmente, muchos mensajes van dirigidos a quedarnos siempre con lo bueno de cualquier experiencia. En la mayoría de ocasiones se confunde el extraer un aprendizaje de una situación negativa con no permitirnos sentir y procesar lo malo. Huir de las emociones negativas no es beneficioso. El cuerpo y la mente necesitan equilibrarse y permitirse sentir emociones “malas”. Esto es importante para dar equilibrio al pensamiento y dar sentido a hechos o experiencias negativas.

Miedo al rechazo

Si me rechazas, eso demuestra que hay algo malo en mí. Si estoy solo, tiendo a sentirme desgraciado y sin valía.

Seguramente todos hayamos sentido el puñal del rechazo en alguna ocasión. La pregunta que nos hacemos es inmediata: ¿por qué? La respuesta que razonamos es peligrosa si viene desde la creencia equivocada. Es algo que se convierte en doloroso cuando desfiguramos las explicaciones y asumimos la culpa asociada a nuestra valía personal. Incluso en muchas ocasiones no nos valen los argumentos honestos de los demás. Nos centramos en disparamos directamente en el centro de nuestra diana emocional.

Adicción al amor

No puedo sentirme feliz y realizado sin ser querido. Si no me quieren, no vale la pena vivir.

Esta creencia es importante por la fuerza que tiene y lo aplastante que puede llegar a ser. Asociar la valía como ser humano a la dependencia de otras personas es dejar en manos ajenas lo más importante para nosotros. Sentirse realizado en base a los “te quiero” que recibamos conlleva muchos riesgos y trampas mentales. Cuando funcionamos buscando enfermizamente el amor en vez de enamorarnos de la persona que tenemos delante caminamos al borde un abismo donde es difícil distinguir el valor propio, que lo situamos en el fondo de ese acantilado.

Estas 3 creencias solo son un ejemplo de cómo nuestro contenido mental puede incidir en nuestros comportamientos. Comportamientos que al mismo tiempo, mediante el mecanismo de la profecía autocumplida, supondrán un refuerzo para estas creencias, logrando de esta forma que se asienten y sea más difícil que en un momento dado lleguemos a cuestionarlas.

Paula Murillo

jueves, marzo 23, 2017

Las emociones graban los recuerdos en piedra

Hay recuerdos que son más nítidos que otros, de manera que no todos se rememoran con la misma claridad ni intensidad. Así, podemos preguntarnos, ¿por qué unos recuerdos se codifican con más intensidad que otros? En este sentido, igual que en otros, las emociones parecen ser cruciales.



Podemos decir de manera exacta el día que hacía el día de nuestra boda, a qué olía nuestro ramo de flores, incluso la ropa que llevaban nuestros invitados. Es un día especial que nunca olvidaremos en el que surgieron muchas emociones, las mismas que facilitan que hoy nos acordemos de todos estos detalles.

El recuerdo del acontecimiento también dependerá de si la carga emocional era negativa o positiva. Porque en el caso de acontecimientos traumáticos, se puede revivir el acontecimiento una y otra vez sin poder pararlo voluntariamente, aunque como consecuencia del trauma se pueden distorsionar algunos detalles. Un fenómeno que por ejemplos se ha podido observar en el testimonio de algunos testigos de un crimen.

“Flashbulbs memories” o memorias de impacto

Las “flashbulb memories” se definen como recuerdos vívidos, detallados y consistentes y con una fuerte carga subjetiva de veracidad. Son memorias sobre sucesos altamente impactantes por la repercusión individual y/o social que implican. Por ejemplo, todos recordamos el día del 11-M, sobre todo, las personas que viven en Madrid o que tienen algún familiar allí.

Esos sucesos se quedan grabados, pero no solo los hechos, sino lo que hicimos durante ese día o dónde nos encontrábamos en el momento en el que recibimos la noticia del atentado. La alta implicación emocional y la sorpresa hace que registremos la información de todo aquello que ocurrió entorno al acontecimiento que marcaría un antes y un después.

Se recuerdan mejor los elementos centrales de la información como a quién llamamos cuando nos enteramos, dónde fuimos o con quién estábamos, que los pequeños detalles. Aunque los recuerdos no siempre son tan veraces como pensamos. No parecen ser más exactos que otros, aunque sí tenemos la sensación de acordarnos con mayor claridad. La información no tiene por qué ser precisa, pero sí intensa.

La emoción facilita el recuerdo

Según Wagenaar, el recuerdo autobiográfico está relacionado con la saliencia de los sucesos, es decir su importancia. También influyen lo agradable del suceso y el nivel de implicación emocional que tengamos. Aún pasando mucho tiempo, la sensación de recordarlo como si fuera ayer es grande. El nacimiento de nuestro hijo o la muerte de un familiar quedan grabados para siempre.

Está claro que la emoción que nos despierta un acontecimiento, cuanto más intensa, más intenso será el recuerdo. No es tan importante si despierta en nosotros una emoción positiva o negativa. Además, cuanta mayor implicación tengamos, la memoria se volverá más completa y organizada. Recordaremos mejor una fiesta de cumpleaños que ayudamos a organizar que aquella a la que llegamos a última hora.

La accesibilidad a los recuerdos también se ve influenciada por el estado emocional en el que nos encontramos en ese momento. Un día en el que estamos alegres, pensamos en momentos alegres, en sintonía con nuestro estado emocional actual. Se denominan memorias dependientes de estado, y en personas que sufren una depresión contribuirían a perpetuar la tristeza, rememorando sucesos negativos.

Impacto emocional de los eventos traumáticos

Se ha intentado determinar si se recuerdan mejor los sucesos con carga emocional positiva o negativa, y según Rubin y Bersten, nos acordamos mejor de los suceso positivos. Si el recuerdo es negativo, la ansiedad o el miedo que provocó el suceso puede interferir en el relato de lo que pasó exactamente. Aunque la intensidad de las emociones negativas sea mayor y el estado emocional al que preceden más prolongado.

Hay sucesos como agresiones sexuales, catástrofes naturales, batallas de guerra o atentados terroristas que dejan una huella imborrable en la personas. Muchas de las personas que sufren un episodio traumático en su vida acaba desarrollando trastorno de estrés postraumático. Uno de los síntomas de este trastorno es la re-experimentación del suceso, de manera que lo que se revive es los que sentimos en aquel momento.

El impacto de un suceso traumático es muy grande, aunque no significa que lo que se recuerda sea del todo exacto. La posibilidad de sufrir un shock dificulta el recuerdo. Las sensaciones vividas sí que son exactas y se reviven una y otra vez, pero los hechos pueden confundirse. No hay que olvidar que son momentos en los que mantenerse con vida es el objetivo principal.

De una manera o de otra, lo que está claro es que las emociones inciden en el funcionamiento de nuestra memoria. Inciden en la codificación de hechos y también en la recuperación. Por ejemplo, es más probable que nos acordemos de un hecho que codificamos en un estado de ánimo positivo cuando volvemos a estar en un estado similar. Con los estados de ánimo negativos sucede exactamente lo mismo, de manera que la alegría suele atraer recuerdos alegres y la tristeza recuerdos tristes.

Carolina López De Luis

miércoles, marzo 22, 2017

La obsesión por tener la vida perfecta

La vida rara vez genera en nosotros una sensación de satisfacción completa. Al menos con el concepto de completa que solemos albergar. En un mundo bastante artificial y plagado de falsas necesidades como es el nuestro, sentirnos personas a las que les falta una pieza o dos o las que sean puede cegar la dicha que podían generar las piezas con las que sí contamos. Es como si ese trocito que llena el hueco vacío que sentimos tener fuese la clave última e imprescindible para nuestra felicidad.



“Si trabajase en lo que me gusta, sería más feliz. Si tuviese una pareja estable y pudiese formar una familia con ella, seguro que al fin sería feliz”. 

Estos pensamientos, que todos hemos tenido alguna vez, son un obstáculo persistente en la senda de nuestro bienestar. Gran parte de ellos son el producto de nuestra cultura y de nuestra educación: se nos ha enseñado que cuanto más poseamos, mas dichosos seremos.
Vivimos con la presión y la autoexigencia de tener que hacer el quesito de Trivial entero y esta manera de enfocar la vida, evidentemente nos llena de ansiedades, frustraciones y tristeza. 

Cuando conseguimos alguna de nuestras metas (especialmente si son materiales), vamos enseguida a intentar alcanzar la que le sigue y después de esta, nos ponemos otra meta más y otra y otra, así hasta que acabamos exhaustos.

Tener deseos y metas vitales es legítimo y saludable. ¿Qué sentido tendría la vida si no tuviésemos objetivos e ilusiones? Pero distinto de esto es pensar que necesitamos todo lo que sanamente deseamos. Hacer una buena distinción es la clave para no dejarnos perturbar de forma exagerada por la derrota de no conseguir lo que planeamos.

La vida perfecta no da la felicidad

Que se lo digan a todas esas personas que han llegado a cumplir todos sus sueños y aun así, no se han sentido completos. Millones de personas en el mundo, desde fuera, parecen tener una vida envidiable. Si nos fijamos en ellas, podemos sentir incluso celos y pensar que han encontrado la manera de ser felices y estar tranquilos, pero es mentira.
Si esas personas son felices desde luego que no se debe a todo lo que poseen o han obtenido, si no a que saben mirar la vida de una manera especial. 

Al ser humano le cuesta mucho encontrar la calma con lo que ya tiene. Siempre tiene la sensación de que puede hacer algo más, de que puede ser mejor o de que puede obtener más cantidad de lo que sea. Está vacío, incompleto, imperfecto, verde…

Mediante esfuerzos descomunales, acabamos cosechando todos los logros, todas las pertenencias y todo aquello que hará que nuestra vida sea dichosa y acabamos agotados y con el cuerpo resentido. Una vez adquirido todo esto, esa dicha no se da y seguimos necesitando dar un paso más.

Si he conseguido ser una persona con licenciatura, ahora debo tener el doctorado y luego debo tener pareja estable, después intentaré hablar idiomas, viajar, tener hijos… Y lo peor de todo, si por el motivo que sea no lo consigo, entonces seré un desgraciado.
Este pensamiento es la semilla que siembra la desgracia en nuestra vida. Como la perfección no es más que un concepto irreal y es a ella donde queremos llegar, algo que es completamente imposible, siempre tendremos la sensación de que somos unos miserables. 

Y entonces, ¿dónde está la clave?

Lo primero que tenemos que aprender es que nada externo tiene tanto poder como para hacer que nuestro estado emocional sea uno u otro. Nadie es más feliz que antes por tener más cosas, al menos a largo plazo no funciona así.

Cuando los niños descubren los juguetes que les han traído los Reyes Magos parecen más felices, pero esa felicidad solo dura unos días. Tras este placer efímero, estos niños querrán cambiar de juguetes y estos que acaban de recibir, los dejarán de lado.

Esto mismo nos pasa a los adultos. Las cosas acaban perdiendo valor a lo largo del tiempo y lo que obtengamos en el futuro, también perderá valor. El ser humano acaba adaptándose y la habitación hace que termine viviendo como normal cualquier cosa.
¿Por qué Michael Jackson, con una mansión que además era parque de atracciones, era más infeliz que Pepe Mújica, que vive en una chacra? 

Lo segundo que tenemos que tener en cuenta es que la felicidad, la dicha, el bienestar o como queramos llamarlo está dentro de nosotros y consiste en una forma de ver la vida que aprecia y ama lo que posee ahora sin necesitar nada más. Es lo que el psicólogo Rafael Santandreu denomina “bastantidad”: esa capacidad de darnos cuenta de que lo que poseemos ya es suficiente y de que realmente no necesitamos nada más para estar a gusto.

Por último, un buen ejercicio es renunciar conscientemente a casi todo y estar dispuestos a vivir sin ello. Puedo intentar cumplir mis deseos, pero aceptando que quizás nunca los consiga y eso no tiene por qué repercutir en mi bienestar personal.
La aceptación de la vida tal y como va sucediendo, es una de las claves más importantes para sentirnos libres. 

Puede que pienses que es conformismo, pero no es así. Lo que promulgamos es que tengas deseos, motivaciones y objetivos. Que intentes alcanzarlos, pero siempre con la idea aplastantemente real de que nada de eso hará que seas más feliz, y que si en algún caso no lograras alcanzar la meta que te marcaste, tampoco lo necesitabas.

Alicia Escaño Hidalgo

martes, marzo 21, 2017

Cómo Controlar la Energía Sexual y Transformarla en Energía Pura, Creativa y Luminosa

Hoy quería hablar de cómo controlar la energía sexual.

Hablaremos principalmente de la energía sexual masculina, aunque espero que este artículo también te resulte interesarte si eres mujer.

Nos centraremos en cómo controlar le energía sexual masculina por dos motivos. En primer lugar, porque yo soy un hombre y solo puedo hablar por experiencia propia de la energía masculina.

Y en segundo lugar, porque en general las mujeres no tienen demasiados problemas para controlar su energía sexual. Somos los hombres los que tenemos dificultades en este aspecto.

Tenemos muchas dificultades.

Y es algo a lo que debemos prestarle atención y ponerle solución.

La Gran Carga que Supone la Energía Sexual Masculina

En este artículo explicaremos tres ejercicios concretos para controlar la energía sexual.

Pero antes de esto, me gustaría hablar de un tema del que no se habla casi nunca, por no decir nunca: el enorme peso que llevamos encima los hombres.

Es muy difícil ser hombre; mucho más de lo que parece. Los hombres llevamos una enorme carga sobre nuestros hombros.

Y ni siquiera nos damos cuenta; ni nosotros mismos, ni la humanidad en general.

Supongo que te habrás fijado, pero las mujeres, en general, están mucho más interesadas por temas espirituales. Si vas a cualquier curso de espiritualidad o de crecimiento personal, el 70-90% de los asistentes son mujeres. Están mucho más conectadas con sus emociones y su mundo interno, y esto las impulsa a crecer a nivel profundo.

Creo que es Eckhart Tolle quien, en el famoso libro “El Poder del Ahora”, afirma que la mujer está mucho más cerca de la iluminación que el hombre. Y también se lo escuché decir a Kryon hace no mucho.

Muchas veces se habla del “sexo débil” para referirse a las mujeres, y ciertamente en general tienen menos fuerza física. Pero a nivel espiritual, el sexo débil es el hombre.

Pero no es que sea débil en el sentido de que tiene poca fuerza; lo que pasa es que lleva un gran peso encima. Y una parte de este peso es la energía sexual.

La energía sexual masculina es como un torbellino. Nos nubla el entendimiento y nos dificulta mucho mantenernos centrados.

Es muy difícil de dominar y de convivir con ella.

Personalmente, como hombre, siempre me he sentido muy incómodo con mi energía sexual.

Es una de las energías más difíciles de controlar que hay en esta Tierra.

Tenemos que Aprender a Controlar la Energía Sexual

Una de las principales razones que me han impulsado a escribir este artículo es sacar este tema a relucir. Es un tema delicado y me preocupa que se pueda malinterpretar, pero aún así creo que es positivo hablar de ello.

Si eres una mujer, es posible que te cueste un poco entenderlo; de la misma manera que a los hombres nos cuesta entender los procesos femeninos.

Pero hay algo que los hombres necesitamos oír, y en el fondo las mujeres también. Es algo que la humanidad en general necesita oír.

No estamos tan obsesionados con el sexo como parece. En el fondo de nuestra alma, el sexo no nos interesa lo más mínimo. Lo que pasa es que tenemos un león hambriento en nuestro interior. Viene de serie con el traje humano que llevamos; forma parte de la experiencia de ser hombre. Pero no forma parte de lo que realmente somos.

Nosotros no somos el león.

Ahora bien, que no seamos el león no significa que podamos desentendernos de él. Forma parte de nuestra vida y tenemos que aprender a controlarlo. Nos lo debemos a nosotros mismos, y se lo debemos a la humanidad en general.

Un porcentaje muy elevado de los problemas de la humanidad han sido causados por el león. La gran mayoría de la violencia de la Tierra es causa del león.

Y es nuestra responsabilidad domarlo.

Cómo Controlar la Energía Sexual Masculina

Así pues, por un lado hay que tener claro que la energía sexual masculina es muy difícil de controlar y que no debemos sentirnos culpables ni avergonzados por ello. Pero por otro, tenemos que asumir que es nuestra responsabilidad dominarla.

La energía sexual es una energía maravillosa, pues en el fondo es energía creativa. Es una energía que crea vida, y si aprendemos a controlarla podremos hacer grandes cosas.

Un hombre que controla su energía sexual es un hombre muy poderoso y luminoso. Es un hombre compasivo y amoroso, y con una gran capacidad creativa.

La gran pregunta es: ¿cómo podemos conseguirlo? ¿Cómo podemos dominar nuestra energía sexual?

Pues la respuesta es muy simple, aunque muy difícil de llevar a la práctica: tenemos que dejar de eyacular.

Para siempre.

Si eres hombre, es muy probable que esta idea te parezca descabellada no, lo siguiente de descabellada. Imposible. Totalmente imposible.

Pero fíjate bien en que no he dicho que tengamos que dejar de eyacular ya mismo. No tienes que hacerlo hoy, ni mañana, ni pasado mañana. De hecho, ni siquiera tienes que hacerlo en esta vida. Puedes tomártelo con toda la calma que quieras.

Pero sí deberías meditar sobre ello y empezar a asumirlo. En algún momento de tu existencia, sea en esta vida o en otra más adelante, dejarás de eyacular.

El sexo es algo transitorio de la naturaleza humana. No es algo que vayamos a necesitar a largo plazo.

Y se está acercando el momento de empezarlo a soltar.

Método 1 para Controlar la Energía Sexual

Una vez tenemos claro que tenemos que aprender a controlar nuestra energía sexual, el siguiente paso es ponernos a trabajar en ello.

Un primer método que podemos utilizar es el de hacer circular la energía por todo nuestro cuerpo. Este es un método muy conocido y que hace mucho que se utiliza.

Cuando sentimos deseo sexual, una gran cantidad de energía se concentra en los genitales. Y cuando sucede esto, los hombres sentimos un fuerte impulso a expulsar esta energía hacia el exterior.

Esto no es negativo en absoluto. La esencia de la energía sexual es la creatividad, así que es totalmente natural que quiera manifestarse y salir al exterior. Lo que pasa es que, a no ser que queramos crear una nueva vida, expulsarla a través de la eyaculación es un gran desperdicio. Perdemos una gran cantidad de energía sin hacer prácticamente nada con ella.

Una manera de evitarlo es alejar la energía de los genitales y llevarla a otra parte del cuerpo donde nos sea más fácil manejarla y expresarla de forma constructiva.



Para ello, podemos centrar nuestra atención en la zona de los genitales y mover mentalmente la energía hacia atrás; hacia la base de la columna vertebral. Así:Luego podemos hacer subir la energía por la columna hasta la coronilla, y después hacerla bajar por la parte anterior del cuerpo hasta la zona que hay debajo del ombligo. A la hora de hacer bajar la energía por la boca, es recomendable llevar la punta de la lengua hasta el paladar para que pueda pasar mejor.Si haces este ejercicio verás que, cuando la energía está en la zona de debajo del ombligo, no sientes el impulso de expulsarla. Al contrario, sentirás el impulso de guardártela dentro de ti y de expresarla de otras maneras creativas.

Es un ejercicio muy simple, pero tiene dos dificultades importantes. La primera es que cuesta mucho apartar la atención completamente de los genitales; y enseguida que volvemos a centrarnos en ellos, vuelve el impulso de eyacular. Pero con un poco de práctica y de voluntad se va haciendo cada vez más fácil.

Y la segunda dificultad es que, al no expulsar la energía sexual, tendremos una gran cantidad de energía extra en nuestro interior. Y tenemos que hacer algo con ella.

Si eres una persona con proyectos, ideas y ganas de hacer cosas, no tendrás demasiadas dificultades. Simplemente se trata de utilizar esta nueva energía en tus proyectos.

Pero hay muchas personas que se sienten bastante vacías y faltas de ilusión. Y en estos casos, tener energía extra suele ser incómodo. Tener energía sin saber qué hacer con ella no es agradable. Y es muy fácil tener ganas de descargarla para poder descansar.

Esto tiene una parte difícil, pero también es una muy buena oportunidad para plantearse una de las preguntas más importantes de nuestra vida: ¿qué es lo que realmente quieres hacer aquí?

¿Qué es lo que realmente quieres crear en tu vida?

Es muy importante buscar esta respuesta.

Y cuando la encuentres, en lugar de descargar tu energía sexual a la ligera, úsala para hacerlo realidad.

Método 2 para Controlar la Energía Sexual

Otro método que podemos utilizar para controlar la energía sexual es conectar mentalmente con alguna persona o ser que para nosotros sea un ejemplo de madurez espiritual. Puede ser Jesús, Buda, algún ángel o arcángel, etc.

La persona o ser concreto que elijamos es indiferente. Lo único que importa es que a nosotros nos inspire paz y pureza espiritual. Yo personalmente lo hago con los Pleyadianos, de quienes te hablé hace poco.

La base de este ejercicio es simple: cuando piensas en Buda o Jesús, o en cualquier otro ser elevado espiritualmente, ¿te los imaginas perdiendo el control de su energía sexual?

No, ¿verdad?

Por este motivo, el simple hecho de pensar en ellos tiene un gran efecto calmante.

Y, además de esto, también puedes pedirles ayuda. En función de las creencias que tengas, esto puede resultarte muy extraño, o incluso ridículo. Pero es algo que puedes probar, y es muy efectivo.

Cómo Controlar la Energía Sexual con Tapping

Y por último, un tercer método que podemos usar es el tapping. El tapping sirve para todo, y también lo podemos utilizar para controlar nuestra energía sexual.

Por si no lo conoces, el tapping es una terapia muy sencilla y efectiva que consiste en describir lo que queremos tratar con una frase y luego darnos unos golpes muy suaves en unos determinados puntos del cuerpo. 

La manera de usarlo para controlar la energía sexual es buscar frases que describan todos los bloqueos y dificultades que tengamos respecto a este tema, y hacer tapping con ellas. Por ejemplo:
Siento un deseo sexual muy grande y no lo puedo controlar.
Me cuesta mucho apartar la atención de los genitales.
Si no descargo la energía sexual, me siento muy incómodo.
Creo que no lo podré controlar nunca.
Me parece imposible lograrlo.
Me siento muy frustrado y culpable cuando no lo consigo.
Etc.

Aquí he puesto unos cuantos ejemplos bastante genéricos, pero a la hora de aplicarlo es importante que las frases sean lo más específicas posible. Cuanto mejor describan lo que sientes, mejor.

De esta manera, poco a poco podemos ir controlando nuestra energía sexual y aprendiendo a utilizarla de forma constructiva.

Esta es una de las transformaciones más grandes que puede vivir un hombre.

La gran mayoría de hombres vivimos dominados por nuestra propia energía sexual. Y por el camino hacemos sufrir a las mujeres.

Es hora de empezar a tomar las riendas.

El mundo nos está esperando.

www.jananguita.es

lunes, marzo 20, 2017

Aprende a resolver los 7 tipos de conflicto más comunes

Resolver conflictos habituales es una de las habilidades que más quebraderos de cabeza nos puede evitar. Allí donde haya dos seres humanos, hay al menos un conflicto. Esto no se debe a que la gente sea mala o tenga intención de crear problemas. Sencillamente, se produce porque dos personas nunca piensan exactamente igual.


Las relaciones sanas no son aquellas que carecen de conflictos. De lo que se trata no es de evitar las contradicciones, sino de saberlas resolver. Allí está el verdadero secreto de la buena convivencia. Y no es tan difícil, si te lo propones. Es suficiente con que tener voluntad, paciencia, capacidad de comprensión y estar dispuesto a no estancarte en las diferencias, de manera que no las rumies.

“Primero, escuche. Dele a su oponente la oportunidad de hablar. Déjelo terminar. No se resista, defienda ni discuta. Esto sólo levanta barreras. Trate de construir puentes de comprensión”.
-Dale Carnegie-

Algunos conflictos son más frecuentes que otros. Enseguida hacemos un inventario de esos problemas habituales y que vale la pena aprender a resolver para tener una vida más tranquila y unas relaciones más sanas y fluidas.

1. Resolver conflictos por malos entendidos o percepciones erróneas

Son uno de los tipos de conflicto más comunes. Se presentan cuando hay una falla en la comunicación. Los involucrados no cuentan con toda la información acerca de algo, o tienen una información tergiversada, o la interpretan de manera errónea. Esto da lugar a prevenciones, molestias o rencores.

Para resolver este tipo de situaciones lo mejor es el diálogo franco y directo. Si notas que alguien se muestra hostil de repente y no sabes por qué, lo mejor es preguntarle de manera directa. Y lo mismo vale para el caso contrario. Si tienes una molestia, lo mejor es que la expreses abierta y respetuosamente. Muchos grandes problemas se evitan con una comunicación asertiva.

2. Por una falta de acuerdo que no se trata

A veces la hostilidad entre dos personas es constante e insidiosa. Puede ser que una le critique a la otra todo lo que hace o dice. O puede ser que siempre se muestre inconforme o molesta. De manera que ambos tienen la percepción de que hay un malestar constante.

Lo más probable es que en esos casos haya un conflicto de fondo que no se ha reconocido. Y ese gran problema se traduce en pequeños roces cotidianos y constantes. Si quieres resolver una situación así, lo primero es identificar lo que hay detrás de todo. Luego, es necesario afrontar esa dificultad con el otro son olvidar la sinceridad y el respeto.

3. Por intereses contrapuestos

Es lo que se llama comúnmente un “conflicto de intereses”. Se da cuando las necesidades de una persona se contraponen a las necesidades de otra. Por ejemplo, cuando se debe hacer una tarea doméstica y los potenciales responsables quieren descansar, en lugar de hacerla.

En esos casos, el problema solo se puede resolver si se abre paso una negociación justa. Esto quiere decir que ambos deben ceder. Pero también que ambos deben obtener un beneficio. No es tan difícil lograrlo si los involucrados aceptan que “es mejor un mal arreglo, que un buen pleito”.

4. Por valores o creencias diferentes

Este tipo de conflictos también están en el grupo de los más usuales. En realidad, no aparecen porque dos personas piensen diferente. Solo se convierten en problema cuando una, o ambas, pretenden imponer sus creencias al otro y/o descalificar lo que piensa.

Por lo general esto ocurre con las creencias religiosas o políticas. En ambos casos suele haber un afán de proselitismo, es decir, un interés por “reclutar” al otro para el propio bando o grupo. Para resolver este tipo de conflicto, basta con admitir que el respeto a la libre conciencia del otro es una garantía de que los demás también respeten lo que pienso.

5. Resolver conflictos por poder

El poder es una fuente de conflicto permanente. Quien lo detenta es foco de toda suerte de críticas, unas bienintencionadas y otras no. El que no lo detenta recibe sus efectos y muchas veces siente que está siendo afectado negativamente por este. En el marco del poder siempre hay tensión.

Para resolver los conflictos de poder lo más adecuado es proponer mecanismos que lo hagan horizontal. Esto quiere decir, generar espacios para escuchar y atender a quienes no lo detentan. Esto vale no solo para quienes ejercer grandes cuotas de poder, sino también para quienes ejercen poder en la familia, la escuela, el trabajo, etc.

6. Por dificultades intrapersonales

Las dificultades intrapersonales hacen referencia a los conflictos que tienen lugar en la mente de un individuo. Esto quiere decir que en realidad no hay un problema externo. Es la persona quien lo ve así. Sucede cuando, por ejemplo, alguien ansioso no tolera que otros hagan algo lentamente.

Quienes rodean a una persona afectada por un conflicto intrapersonal deben, amablemente, hacerle caer en la cuenta de la situación. La mayoría de las veces no son conscientes de ella. A veces solo se trata de hacerle ver que no hay conflicto. Si se hace esto de forma serena y respetuosa, probablemente surta un magnífico efecto.

7. Por incompatibilidad de caracteres

Es la clase de conflictos en los que, sencillamente, “no hay química”. Por una u otra razón, a una persona le cuesta aceptar a otra. Es una especie de antipatía genérica que no obedece a algo en particular. En esos casos se puede caer en la tentación de expresar esa tensión a través de gestos de rechazo continuados.

Si bien es cierto que no todo el mundo tiene por qué “caernos bien”, también lo es que no tenemos ningún derecho a rechazar a alguien por ser como es. Quizás los rasgos de ese otro son complementarios a los nuestros y no lo notamos. Quizás simplemente debemos tomar una distancia prudencial y tratar al otro con la consideración que merece.

Los conflictos, en general, se pueden resolver siempre a través de una comunicación asertiva. Esto no significa una comunicación solapada o falsamente cortés. Se trata más bien de abordar directamente el problema, con tranquilidad y respetando al otro. Si sabes comunicarte adecuadamente, antes que resolver conflictos seguro logras prevenirlos.

Edith Sánchez

domingo, marzo 19, 2017

Sin cambiar de costumbres no se puede cambiar de vida

En medio del cambio, el repetir de los días está lleno de elementos constantes. Costumbres que nos libran de estar continuamente tomando decisiones de manera consciente. Sabemos que al levantarnos nos toca darnos una ducha, vestirnos, desayunar y salir pitando para coger el autobús, el metro o los semáforos en verde.



No lo pensamos, ponemos nuestro piloto automático y lo hacemos mientras preparamos mentalmente la reunión que tenemos a media mañana o terminamos de elegir los platos que les serviremos esta noche a nuestros invitados. Definitivamente descartamos el arroz cuando leemos en Internet que los carbohidratos no son lo mejor para por la noche. Ensalada, será una ensalada y unas cuantas cosas para picar. Más rápido y con más posibilidades de que todo el mundo tenga un plato que le guste.

La tecnología y nuestro ritmo de vida nos han disociado

La era de la tecnología es una era disociada, en la que cuerpo y mente pasan mucho tiempo trabajando en direcciones diferentes. El cuerpo se encarga de las costumbres y la cabeza de lo nuevo, lo complejo o lo que es importante. Esta disociación influye, por ejemplo, en la percepción del paso del tiempo o en que cometamos más errores en las tareas sencillas. Dejamos las llaves en un sitio que después no recordamos, y es que mientras las dejábamos leíamos la propaganda que no habían dejado en el buzón.
El cuerpo se encarga de lo anodino y la cabeza de lo nuevo, lo complejo o lo que es importante. 

Después, mientras dejábamos los “superprecios” encima de las llaves, empezamos a redactar el correo electrónico que íbamos a escribir a continuación. De esta disociación, del hecho de que la cabeza vaya a una velocidad diferente e al de nuestro cuerpo, también nace parte del estrés que mantiene a nuestra cantidad de pulsaciones basal o a nuestra tensión altas. Es como perseguir una zanahoria que siempre está delante de nosotros porque el palo y la cuerda que la sostienen están anclados a nuestra cabeza.

Por un momento cerramos los ojos y los volvemos a abrir, asustados por la inercia que llevamos y el traqueteo de nuestras costumbres.

Llega el momento en el que decidimos cambiar

En medio de esta inercia, muchos querríamos que nuestras vidas fuesen diferentes. Nos gustaría ser más ordenados, pasar más tiempo con nuestros amigos, no sentirnos bloqueados por nuestros problemas cuando nos llama una amiga para decirnos que su madre ha fallecido. En ese darnos cuenta de la velocidad astronómica por la que transitamos por el mundo también nos damos cuenta de que nos gustaría que una buena parte de nuestras vidas fuese diferente… un cambio que pasa por modificar nuestras costumbres.

El caso es que esto nos pasará si no nos ponemos en marcha. Nunca iremos esa ciudad que nos gusta tanto si no ahorramos, sacamos el billete de avión, preparamos el equipaje, nos abrochamos el cinturón y nos preparamos a volar. Nunca lo haremos si no empezamos a hacer actividades distintas, si no damos el paso de hacerlo.
Nos gustaría ser más ordenados, pasar más tiempo con nuestros amigos, no sentirnos bloqueados por nuestros problemas cuando nos llama una amiga para decirnos que su madre ha fallecido. 

Piensa que muchas veces la comodidad de la repetición es una especie de agujero negro que nos atrapa. en medio de este conjunto de fuerzas el cambio supone una decisión, un coste y una ejecución. Salir de nuestra mente, de los juegos imaginarios y empezar a hacer tangente a nuestra intención y a la realidad implica asumir riesgos. Riesgos que se aceleren nuestras pulsaciones, pero con otro sabor a las que produce el estrés.

Bien, ¿entonces qué podemos hacer para producir un cambio significativo en nuestras costumbres? Vamos a estructurar el proceso en tres pasos:
  • El primero sería hacer una reflexión sobre qué nos va a aportar ese cambio y cuál es nuestra motivación para ir en esa dirección. Si es un proceso muy largo establece pequeñas recompensas intermedias y momentos para a evaluación de ese cambio.
  • Empieza cuanto antes. Si has decidido dejar de fumar no esperes a que termine la semana. Piensa que el propio plan que has elaborado antes va a tener mucha más fuerza si empiezas ahora.
  • Comparte ese cambio con los demás. Con esto podrás a la presión social de tu entorno a remar a favor de este cambio. Quizás te cueste después alguna que otra bronca con ellos, pero al final será más fácil que logres ese cambio y probablemente ellos te lo perdonarán.
Seguro que has sentido alguna vez esta sensación: lo ilusionantes y fáciles que parecen algunos cambios cuando estamos en la cama a punto de dormir y lo cuesta arriba que parecen por la mañana cuando ponemos los pies en el suelo y empezamos con nuestras costumbres. Es como si pusiéramos el tren en la vía y el esfuerzo para descarrilarlo fuese mucho mayor.

Este es quizás el último punto que tenemos que gestionar cuando perseguimos un cambio: ser conscientes de que va haber momentos en los que vamos a fallar o que va a ser más difícil, no pasa nada, tenemos la oportunidad de volver a intentarlo.

Sergio De Dios González

sábado, marzo 18, 2017

No todo lo negativo que nos pasa es terrible

La vida muchas veces nos trae reveses complicados, momentos de los que es difícil levantarse y volver a la rutina motivados. Un despido del trabajo, el fallecimiento de un familiar, una infidelidad por parte de nuestra pareja… Todas estas adversidades son, evidentemente, circunstancias negativas que ninguno de nosotros queremos vivir. Aquí llega el matiz importante que refleja el título: no es lo mismo calificar algo como malo que como terrible.
Algunas personas tienen la costumbre de huir de los problemas porque tienen mucho miedo de experimentar el dolor emocional que suponen.



Cuando nos decimos a nosotros mismos que algo es terrible estamos sembrando la semilla del dolor. Nuestra interpretación de los hechos es responsable de nuestro sufrimiento y de nuestro bienestar. El cerebro no sabe distinguir, a priori, lo que es negativo, neutro o positivo. Somos nosotros los que tenemos que decírselo y, por lo tanto, está en nuestra mano ser más o menos precisos a la hora de filtrar esa información externa.

Si ponemos nuestro empeño en ello, con toda probabilidad encontraremos la manera de cambiar ese diálogo interno tan destructor y comenzaremos a limpiar los cristales sucios de nuestras gafas. El objetivo es hacer un procesado un poco más realista de la información a la que nuestra mente accede, y de este modo, llegar a aceptarla.

¿Por qué pocas situaciones son terribles?

El ser humano, de forma innata, tiene mucho miedo al cambio, a perder su estabilidad. En cuanto se produce un movimiento en su vida que interpreta como negativo, se desestabiliza emocionalmente y para recuperar esa estabilidad puede realizar acciones potencialmente dañinas para sí mismo.
Es complicado tener sentido común y ser racional cuando las desgracias te tocan, pero es muy necesario, al menos, intentarlo.


Cuando pensamos que lo que nos ha pasado es terrible, estamos en realidad diciéndonos que es lo peor que nos podría haber ocurrido, casi el fin del mundo y esa afirmación simplemente no es cierta. Todo lo que nos sucede o nos ha sucedido -absolutamente todo- puede ser aun peor de lo que es. Nada es cien por cien negativo, ni siquiera la muerte.

Morir, enfermar, que nos decepcionen, son hechos normales que la vida nos trae a todos y por el hecho de que son naturales, tenemos que hacer un esfuerzo mental por aceptarlos y no oponernos a ellos. El duelo y la tristeza que este trae consigo, sí son procesos necesarios, pero hay que vivirlos sin bautizarlos como terribles. Es bueno que desterremos a esa palabra y a sus sinónimos -horrible, espantoso, dramático…- de nuestro vocabulario coloquial.
Por lo tanto, es la naturalidad de los hechos, tanto positivos como negativos, lo que hacen que nada sea tan terrible como creemos.

Olvidarse del perfeccionismo, de como deberían ser las cosas, de lo que tendría o no tendría que pasar, es clave para dejar de terribilizar y así poder afrontar la vida con más optimismo, pero sobre todo, con mayor aceptación. Abrazar las cosas tal y como van viniendo, eso sí, sin rendirnos ni resignarnos a ellas, es un poderoso amortiguador del sufrimiento.

Aprender a medir los hechos

Si ya hemos entendido que nada es tan horroroso como muchas veces nos decimos, ahora es preciso que aprendamos a llamar a las cosas por su nombre. Para ello, una estrategia usada en psicología que puede resultarnos muy útil es la evaluación racional de las circunstancias.

Cuando te enfrentes a un problema vital, coge papel y lápiz y traza una linea recta. En el extremo izquierdo de esa línea, que nos servirá como regla de medir, anotarás la palabra maravilloso y en el lado opuesto escribirás terrible. Como es de esperar, en el centro de tu regla, pondrás normal.

Pues bien, entre lo que es maravilloso, normal y terrible, pueden existir multitud de evaluaciones, al igual que ocurre en cualquier regla de medir. Por un lado, podemos encontrarnos con que algo es un poco malo, muy malo, bueno, un poco bueno, etc…
Ahora anota en el papel lo que te ha ocurrido, pero sin exagerar ni juzgarlo ni evaluarlo. Has de escribir de forma objetiva, como si lo hubiese filmado una cámara, lo que te ha pasado.

Por ejemplo, si te han despedido de tu trabajo después de diez años trabajando en él, lo que tienes que anotar es: Despido laboral. No lo alimentes con evaluaciones subjetivas como: “Tras tanto tiempo esforzándome para esta empresa, van y me despiden y yo no me merezco esto”.

El hecho objetivo es que te han despedido del trabajo. Una vez lo hayas escrito en tu papel, mídelo y sitúalo en un lugar de la regla. Con mucha probabilidad lo pondrás en terrible. A continuación, esfuérzate en pensar qué otras circunstancias de la vida, te hayan ocurrido a ti o no, pueden ser más negativas que la que te está pasando. Es decir, se trata de comparar.
Aunque a veces la comparación nos haga estar a la defensiva, tenemos que alejar a nuestro ego y darnos cuenta de que la realidad es que siempre existe alguien en peores situaciones que nosotros.

¿Tienes para comer a pesar de que te hayan despedido? ¿Hay gente que no puede disfrutar de un plato caliente? Las respuestas a estas preguntas son: sí. ¿Cómo evaluarías el que alguien no pueda comer de forma diaria tal y como lo haces tú? Si vuelves a evaluarlo como terrible, has de mover tu anterior evaluación del despido: tendrás que pasarla de terrible a mala e ir afinando.

Y así, ve haciéndolo, hasta que tú mismo te des cuenta de que has exagerado en tu evaluación. Si comienzas a sentirte emocionalmente más tranquilo, habrás hecho correctamente el ejercicio.

Alicia Escaño Hidalgo

viernes, marzo 17, 2017

Una sencilla técnica japonesa para eliminar el estrés

El “Jin Shin Jyutsu” es un arte japonés y un tipo de filosofía de vida que nos enseña a desbloquear el estrés y amortiguar el peso de las presiones cotidianas utilizando únicamente las manos. Se trata de una interesante técnica de autosanación que busca re-equilibrar el bienestar físico y mental a través de los dedos y lo que cada uno de ellos representa.



Estamos ante un enfoque poco conocido para el mundo occidental y que posiblemente a más de uno le parezca extraño o poco creíble. Ahora bien, a la hora de gestionar muchos de los padecimientos más comunes en nuestra sociedad, como pueden ser el estrés, la ansiedad o la depresión, necesitamos diferentes estrategias. Por otro lado, para conocer cuál es la que mejor se adapta a nuestras necesidades personales lo mejor es que conozcamos varias y experimentemos con ellas.

“El estrés se origina por estar aquí y querer estar allí”
-Ekhart Tolle-

Para tratar una dolencia cualquiera no basta con un fármaco, y en lo que se refiere a la tensión física, al cansancio mental o a esos desequilibrios hormonales y neuroquímicos que se asocian al estrés, nos pueden ir muy este tipo de técnicas ancestrales. Son fáciles de llevar a cabo, no requieren entrenamiento y en un momento puntual de sobracarga son capaces de traernos un gran bienestar en poco tiempo.

El estrés, ese enemigo implacable

Uno de los planos que más solía utilizar Alfred Hitchcock en sus películas era ese donde la cámara se colocaba en la posición de un dios para darnos una panorámica inmensa a vista de pájaro. De ese modo, el protagonista quedaba empequeñecido ante la inmensidad, demostrando así su infinita fragilidad.

Lo mismo nos ocurre a nosotros. En medio de esta vasta y compleja sociedad envuelta en frenéticas dinámicas, nos hemos vuelto pequeños. La vida a veces nos sobrepasa y el cerebro no hace más que detectar potenciales peligros, ocasionando así un desequilibrio en nuestro sistema nervioso autónomo que impacta en muchas de nuestras funciones básicas (respiración, digestión, circulación sanguínea…)

Algo que no podemos olvidar es que el estrés, por sí mismo, siempre será positivo si es justificado (la amenaza existe), moderado en intensidad y no muy largo en el tiempo. Es un modo de conseguir energía, de pensar más rápido y de activarnos. Ahora bien, el auténtico problema acontece cuando esta especie de epidemia moderna se vuelve crónica. Nuestro cuerpo no está preparado para una acumulación excesiva de adrenalina y cortisol, y los efectos son implacables.

A continuación, te explicamos una sencilla técnica que puede ayudarte de diferentes momentos. ¿Quieres conocerla?

La técnica japonesa para eliminar el estrés

Es muy posible que ya hayas oído hablar alguna vez de esta técnica. De hecho, es común que se diga de ella que puede eliminar el estrés en solo 5 minutos. Bien, conviene ser cautos en este aspecto. El estrés, en los casos más serios, requiere también de nuevos enfoques mentales y de una revisión de nuestro estilo de vida. Esta técnica es solo un punto de partida, un alivio momentáneo donde permitirnos estar más presentes y reequilibrar muchas de esas tensiones que nos atenazan.

En qué se basa la técnica del Jin Shin Jitsu

Según el arte del Jin Shin Jitsu cada dedo está alineado con dos órganos del cuerpo humano. Este sistema es similar al de la reflexología, donde el toque manual es suficiente para activar las conexiones entre los puntos de energía de la propia extremidad con el órgano correspondiente.

Esta técnica, a su vez, puede permitir que la persona acceda a determinadas emociones gracias a esa interacción con ciertos órganos. No podemos olvidar que según la cultura nipona, cada órgano está relacionado con un determinado universo emocional.

Cómo llevar a cabo el método japonés para aliviar el estrés

Para poder llevar a cabo este mecanismo, solo tienes que cerrar tu puño izquierdo cogiendo en su interior un dedo determinado de la mano derecha. El dedo que deberemos coger y presionar durante 30 segundos es aquel que más se relacione con nuestra dolencia o nuestro problema en concreto.

Estas son las orientaciones en las que deberemos basarnos:
Pulgar: preocupaciones, nervios y estrés.
Índice: miedos.
Mayor: ira, enojo y cólera.
Anular: depresión, tristeza y falta de decisión.
Meñique: pesimismo, falta de energía y ansiedad.

Una vez hayas identificado la dimensión emocional que te caracteriza, envuelve y presiona ese dedo en series de 30 segundos (presión-descanso-presión-descanso) a lo largo de cinco minutos.

La mano y sus puntos de presión: solución rápida a momentos de tensión

Quizás hayas oído hablar alguna vez de la acupresión, una técnica tradicional de oriente que consiste en hacer presión en determinados puntos del cuerpo, tales como la planta del pie, el pabellón auricular, la boca del estómago… El método basado en el arte del Jin Shin Jitsu que acabamos de explicarte, está basado en ella, y más allá de lo que muchos puedan creer, también tiene su base biológica y su propósito.

“El que vive en armonía consigo mismo vive en armonía con el universo”
-Marco Aurelio-

Bajo nuestra piel se extiende una compleja ramificación de nervios llamado fibras C. Estas fibras se encargan de transmitir información sensorial a través de un tipo de células muy concretas: las células de Merkel. Gracias a este tipo de presiones localizadas, podemos aliviar tensiones, sobrecargas e incluso molestias físicas. 

Todos tenemos claro, no obstante, que estás técnicas no curan enfermedades, y que por sí mismas no dan una respuesta integradora a ese veneno implacable que supone el estrés crónico. Sin embargo, son una herramienta maravillosa para encontrar alivio en un momento puntual cuando estamos en el trabajo o cuando llegamos a casa con las tensiones del día anudadas a nuestra espalda.

A veces, solo con presionar durante unos segundos el centro de nuestra mano nos sume en un estado de relajación tan placentero como liberador. Son pequeñas estrategias que no cuestan nada y de las que se puede conseguir mucho. 

¿Te animas a descubrir esta técnica japonesa para aliviar el estrés?

Valeria Sabater

jueves, marzo 16, 2017

De la preocupación inútil a la ansiedad va un sendero muy transitado (ansiedad generalizada)

Tu día a día está lleno de preocupaciones. No paras de darle vueltas a la cabeza sobre lo que ha acontecido a lo largo del día y por qué. Tratas de buscar soluciones a situaciones que ya están en el pasado y no se pueden modificar. “Y si hubiera hecho esto en vez de esto otro…” O si no es por eso, estás preocupado por lo que viene a continuación. No paras de pensar en lo que tienes que hacer después de leer este artículo.



O lo que viene cuando termines de comer. Y de lo que va a pasar mañana y pasado y al otro… ¡Y dentro de un mes! El caso es que te pasas el día dándole vueltas a la cabeza viendo amenazas en tu pasado y tu futuro, buscando soluciones a peligros que puede que ni existan… ¿Qué podemos hacer para dejar de preocuparnos? La terapia cognitivo-conductual nos da algunas ideas al respecto… ¡Sigue leyendo!

“La preocupación no elimina el dolor del mañana, sino que elimina la fuerza del hoy”
-Corrie ten Boom-

¿Qué es eso de la Ansiedad Generalizada?

La Ansiedad Generalizada se caracteriza porque la persona está constantemente inquieta o preocupada sobre áreas de la vida cotidiana. Es decir, se anticipa constantemente y lo hace pensando que en el trascurrir del día algo se va a torcer. Puede pensar, sin motivos reales para ello, que le va a ir mal económicamente, que la van a echar del trabajo o que sus hijos van a suspender.

Pero no solo eso. Los quehaceres cotidianos, como la limpieza o las reparaciones de la casa o el coche generan ansiedad, agobio y preocupación. Además, pueden darle vueltas a la cabeza sobre temores y errores pasados. Así se entra en un bucle de pensamientos negativos en los que la persona busca soluciones constantemente a los problemas, pero sin llegar a poner ninguna en marcha.

Cuando se tiene Ansiedad Generalizada, puede aparecer la inquietud o la impaciencia, así como tensión muscular. También es característica la dificultad para mantener la concentración o poner la mente en blanco. Aparecen problemas de sueño, ya sea para conciliarlo, para mantenerlo o para que sea reparador. Pero también están más fatigados e irritables.

Como os podéis imaginar, les cuesta relajarse y temen aquellas situaciones en las que creen que su ansiedad va a aumentar. ¿Entonces qué hacen? Las evitan, de forma que sus nervios se calman momentáneamente. Lo malo de eso es que a la larga van tolerando cada vez menos la ansiedad y evitando más situaciones, por lo que su vida se ve más afectada.
¿Qué pasa con mi diálogo interno en la Ansiedad Generalizada?

El caso es que estas personas perciben la mayoría de las situaciones como peligrosas. Se interpreta la realidad de forma perjudicial constantemente, sacando conclusiones negativas aunque no haya evidencias de que algo va a ser malo para nosotros.

Los sesgos cognitivos, las creencias irracionales y los pensamientos automáticos juegan un papel en todo el proceso. Estas personas tienden a atender a estímulos negativos, interpretan la información de forma negativa para ellos y valoran las situaciones actuales en base a otras pasadas que fueron malas para ellas.

“¿No puedes borrar las angustias grabadas en el cerebro y, con un dulce antídoto de olvido, arrojar de su seno oprimido las peligrosas materias que pesan sobre el corazón?”
-William Shakespeare-

Además, se tiene una serie de creencias sobre cómo debería funcionar el mundo que no se ajustan del todo a la realidad. Pero no solo eso, saltan una serie de pensamientos ante las situaciones que no nos cuestionamos y no son funcionales para nosotros.

Por ello, es necesario que aprendamos a identificarlos. Una vez que hayamos hecho, nos podremos preguntar qué evidencias tenemos a favor y en contra de ellos. Es decir, buscar la información que sea congruente o incongruente con los mismos. Así, podremos buscar interpretaciones de la realidad más realistas, de manera que alejaremos la tentación de pensar de manera catastrófica.

¡Aprende a relajarte y a tomar decisiones!

La realidad es que, esto de aprender a localizar y modificar nuestros pensamientos es un tanto complejo y requiere la ayuda de un buen psicólogo para que podamos llevarlo a cabo de forma efectiva. Pero no sólo hay que trabajar con nuestros pensamientos. Se hace necesario controlar la ansiedad desde más frentes.

“La capacidad para soportar la ansiedad es importante para la autorrealización del individuo y para su conquista del entorno. La realización de uno mismo solo se alcanza avanzando pese a los choques emocionales. Ello indica cuál es el uso constructivo de la ansiedad”

-Kurt Goldstein-

También te propongo que aprendas a relajarte, para conseguir que la tensión muscular y la activación fisiológica bajen. Una buena forma para hacerlo es practicar la respiración abdominal, que podremos utilizar en cualquier situación una vez que hayamos adquirido la habilidad. Otra técnica que puede ser interesante sería la relajación muscular progresiva.

Además, ya hemos dicho que estas personas se dedican a buscar posibles soluciones en su cabeza pero no llegan a poner en marcha ninguna. Por lo tanto, también les va a venir bien aprender a tomar decisiones y a llevar a cabo las soluciones que hayan pensado sin que pase nada porque no sea la adecuada. El caso es probar hasta dar con la idónea… ¡Equivocarse es de humanos!

Como ya hemos hablado, la evitar aquellas situaciones no es la estrategia que más nos beneficia. Por ello, es relevante que dejemos de escapar de ello. Si nos ponemos nerviosos, podemos poner en práctica las estrategias de relajación adquiridas. El camino para superar este malestar no es fácil, pero con ayuda de un profesional cualificado podremos recuperar nuestra calidad de vida… ¡A por ello!

Laura Reguera Carretero

miércoles, marzo 15, 2017

¿Por qué hay personas de las que desconfiamos sin conocerlas?

A veces sucede, desconfiamos de una persona sin conocerla en profundidad. Es como una voz interior que nos susurra “aléjate”, como un viento frío que nos empuja a ir en el sentido opuesto guiados por ese instinto que a modo de resorte biológico, nos pone en estado de alerta.



Este tipo de sensaciones que acarician la superficie de la mente, casi como un dedo gélido arañando nuestra espalda, tienen poco de sobrenatural. Tampoco son un acto de precognición, ni un “radar” de sabiduría adquirido genéticamente por parte nuestros ancestros. En realidad, son un simple mecanismo de supervivencia.
Desconfiar de todo y de todos por miedo a equivocarnos de nuevo nos impide vivir en plenitud.

Queda claro, no obstante, que a veces esta voz interior falla, que las primeras impresiones no siempre aciertan y que hay quien peca en exceso al confiar en su “supuesto” instinto. Ahora bien, si hay algo para lo que está preparado nuestro cerebro es para anticipar riesgos, y por ello, para evitarnos daños físicos o psicológicos, alza este eco sutil arraigado en nuestro subconsciente que nos dice algo tan simple como: “vete”.

Me recuerdas a alguien que me hizo daño

Elena tiene 32 años y acude con su hijo y su pareja a la consulta de un cardiólogo infantil. Su pequeño tiene 5 años y padece una dolencia cardíaca que precisa de una supervisión médica trimestral. Al entrar a la consulta, un doctor nuevo les estrecha la mano y al poco empieza a reconocer al niño.

Elena no tarda en sentir una extraña sensación mientras observa detenidamente al médico. Hay algo en él que no le agrada. Le incomoda su forma de sonreír, a modo de mueca de sibilina falsedad. No le agrada tampoco cómo bromea con su hijo, cómo se mueve, como respira y aún menos la forma en que lleva el cabello: engominado y hacia atrás.

Durante los 20 minutos que dura la visita esta madre apenas ha escuchado lo que el profesional les ha explicado: no le hace falta. Tanto es así, que al despedirse y dejar la consulta le indica a su pareja que van a cambiar de médico inmediatamente. Esa visita se repetirá pero con otra persona diferente, con otro cardiólogo.

Cuando su pareja le pregunta la razón, ella simplemente responde que “no le inspira confianza”. Él no dice nada más, le parece bien tener otra opinión y accede a buscar otro profesional. Sin embargo, Elena se guarda para ella la auténtica razón de esa desconfianza. Esta mujer esconde un pedacito de su vida que aún no se ha atrevido a revelarle…

Cuando tenía 9 años los padres de Elena se separaron, y ella se quedó a vivir con su madre y la pareja de esta. Dos meses después de iniciar la convivencia, aquel hombre de sonrisa de cera y cabello engominado hacia atrás empezó a maltratarlas. Al cabo de un año su madre dejó de salir de casa, una pesadilla oscura y con sabor a lágrimas que no quiere recordar, y que finalizó cuando ella misma dijo a sus maestros del cole todo por lo que estaba pasando.

Desconfiamos porque la amígdala sigue regulando nuestro comportamiento

Lo más probable es que el cardiólogo infantil que atendió a Elena fuera un profesional impecable y una persona excepcional. Sin embargo, el cerebro de esta mujer lo ha identificado de forma hostil a causa de una experiencia previa traumática. Lo que rechazamos, cada cosa que evitamos o que nos incomoda habla mucho de nosotros mismos: nos define.

Nuestro recorrido vital se integra de forma implacable en el inconsciente y en esas estructuras cerebrales asociadas a la memoria emocional, como por ejemplo, el hipocampo. Sin embargo, el ser humano dispone de una región cerebral que regula todos y cada uno de nuestros juicios rápidos: la amígdala.

Todas esas reacciones “viscerales” que experimentamos en nuestra vida y que nos impulsan a ejecutar una conducta de huida o evitación están reguladas por esta glándula localizada en las profundidades de nuestros lóbulos temporales. Las acciones que ejecutamos en base a ellas no son racionales y responden solo a una fuerza motora implacable y automática: el instinto de supervivencia.

¿Debemos hacer caso a esa voz interior que nos dice “huye” o “desconfía”?

Algo que saben bien los psicoterapeutas es que la persona que no se deja “secuestrar” por el poder de la amígdala es alguien que ha desarrollado un adecuado autocontrol para dejar de vivir con miedo. Ahora bien ¿quiere decir esto que no debemos escuchar a esa voz interior que de vez en cuando nos recomienda desconfiar de algo o de alguien?

“La única cosa realmente valiosa es la intuición”
-Albert Einstein- 

A continuación te damos unos datos sobre los que reflexionar:
  • Daniel Goleman nos explica en “El cerebro y la Inteligencia Emocional” que toda reacción natural en la que experimentemos miedo o inquietud estará regulada por la amígdala. Desoír esa emoción o silenciarla no es recomendable, al igual que tampoco lo es dejarnos llevar de forma visceral.
  • Lo adecuado es escuchar esa voz con detenimiento. Todos los estudios relativos al sexto sentido nos dicen que las personas que escuchan esas corazonadas o sensaciones emitidas directamente del inconsciente o de estructuras tan primitivas como la amígdala suelen dan respuestas más efectivas.
  • Esto es así por una razón muy concreta: porque “escuchar” no implica “obedecer” sino iniciar un adecuado proceso de análisis y de reflexión.

Si alguien no nos agrada se debe a una serie de razones concretas, y esas razones están relacionadas con nosotros mismos: quizá porque nos recuerda a alguien que conocimos en el pasado y cuyo patrón comportamental se repite, quizá porque intuimos que sus valores no armonizan con los nuestros o quizá porque nuestra experiencia nos ha permitido saber ya quien es de fiar y quien no…

Sea como sea, lo único que debemos hacer es no dejarnos avasallar por el temor y la desconfianza continua. Toda reacción inteligente tiene como maravillosos componentes la intuición y la reflexión.

¿Los ponemos en práctica?

Valeria Sabater

martes, marzo 14, 2017

Cómo Sanar el Cuerpo con la Mente y Recuperar Completamente la Salud y el Bienestar

Hoy quería compartir contigo un método muy eficaz para sanar el cuerpo con la mente.



Cuando tenemos un problema de salud, normalmente creemos que tenemos que hacer algún tipo de terapia o acción: ir al médico, tomar algún medicamento, ir a algún terapeuta, etc.

Creemos que tenemos que hacer algo para sanar.

Y no es así exactamente.

Es cierto que las terapias, los medicamentos y las acciones en general nos pueden ayudar, pero no son el elemento más importante.

El elemento más importante para sanar el cuerpo son nuestros pensamientos.

La clave de nuestra salud, y de nuestra vida en general, es nuestra mente.

Y hoy hablaremos de cómo utilizarla para sanar completamente.

Cómo Sanar el Cuerpo con la Mente

El ejercicio que te propongo para sanar el cuerpo con la mente es muy sencillo. Solo tienes que hacer lo siguiente:

En primer lugar, busca un espacio tranquilo donde puedas estar entre 5 y 15 minutos sin que nada te interrumpa. También lo puedes hacer independientemente del lugar y el momento, pero al principio va bien practicar en un entorno tranquilo.

Una vez lo tengas, dedica esos 5-15 minutos a imaginarte que tu cuerpo está sano y cómodo.

Enseguida hablaremos un poco más de esta parte, porque hay que hacerla bien para que el ejercicio sea efectivo, pero la esencia es simplemente esta: dedicar un rato a imaginar que tu cuerpo está bien.

Puedes tomártelo como un juego si quieres; como cuando te imaginas que te toca la lotería y piensas en todo lo que podrías hacer. Deja volar tus pensamientos, y por un rato imagina que estás bien.

Y hazlo de forma regular; como mínimo 3-4 veces por semana. Para que tenga efectos importantes, hay que hacerlo de forma más o menos continuada.

Hecho de forma aislada, este ejercicio tiene poca fuerza. Pero si lo haces de forma regular, cambiará completamente tu estado físico.

La Importancia de la Mente a la Hora de Sanar el Cuerpo

Es posible que, de entrada, este ejercicio parezca poca cosa. Quizás puedes pensar que no servirá de nada o que, en el mejor de los casos, puede ser una pequeña ayuda y nada más.

Y no es así en absoluto. Si lo haces bien, no hay nada mejor que puedas hacer por tu cuerpo.

Una de las grandes limitaciones de la humanidad actual es que no somos plenamente conscientes del poder de la mente. Creemos que los pensamientos no tienen ningún efecto en la realidad, y que la única manera de conseguir cosas es hacer acciones.

Pero esto no es del todo cierto. Es verdad que las acciones nos pueden ayudar a conseguir nuestros objetivos, pero no pueden hacerlo por sí solas. Las acciones no tienen ningún poder por ellas mismas.

Las acciones solo son efectivas si van acompañadas de pensamientos.

A través de nuestras acciones, podemos potenciar nuestros pensamientos y hacer que se manifiesten con más fuerza, pero nunca podemos crear nada con acciones si antes no hemos pensado en ello.

Ya lo dijo Shakespeare hace tiempo: “palabras sin pensamientos, jamás llegan al cielo.” Los actos por sí solos, si no tienen pensamientos que los sustenten, no pueden hacer nada.

Este es el motivo por el cual muchas veces trabajamos muy duro y no conseguimos lo que queremos. No se puede conseguir nada solo con trabajo duro.

Primero tenemos que pensar en ello.

La Clave para Poder Sanar el Cuerpo con la Mente

La idea principal de este ejercicio es muy simple: solo hay que dedicar unos 5-15 minutos a imaginarte que tu cuerpo está bien, y hacerlo de forma regular. Esta es una manera de hacer que nuestros pensamientos poco a poco se vayan alineando con la salud.

Pero para que realmente funcione, hay que tener presente un factor importante: los pensamientos que elijas tienen que ser creíbles para ti. Tienes que imaginarte que estás bien, y hacerlo de una forma que realmente lo disfrutes y creas en ello.

Si intentas imaginarte que estás bien, pero hay una parte de tu mente que piensa lo contrario, no funcionará.

Esta es la parte difícil del ejercicio. ¿Cómo podemos imaginar que estamos bien, y creérnoslo, cuando nos estamos sintiendo mal? ¿Si estamos sintiendo dolor, o si tenemos una enfermedad, como podemos imaginar que nuestro cuerpo está bien y confiar de verdad en ello?

En general nos cuesta mucho. Nos cuesta mucho mantener la positividad mental cuando las cosas no son como nos gustaría.

Pero hay una manera relativamente sencilla de conseguirlo.

Imagínate que tienes una semilla, y que decides plantarla. La pones en una maceta con tierra, y empiezas a regarla de forma regular.

En un caso así: ¿tienes alguna certeza de que la planta crecerá algún día? Y en el caso de que crezca, ¿sabes seguro que crecerá mucho y de forma rápida?

La respuesta es no. No sabes seguro si la planta crecerá o no. Y en el caso de que crezca, no sabes cuánto tiempo tardará ni si crecerá mucho o poco.

Pero hay una cosa que sí sabes: sabes que las plantas necesitan agua, y que si las riegas de vez en cuando las ayudas a crecer. Y también sabes que si no las riegas nunca, seguro que no crecerán.

Así que, cada vez que la riegas, tienes la absoluta seguridad de que estás contribuyendo al crecimiento de la planta. No tienes ninguna certeza respecto al resultado final, pero aún así no dudas en ningún momento del valor de cada gota de agua que le das.

Pues esta misma actitud es la que tienes que adoptar para hacer el ejercicio.

Dedica unos minutos a imaginar que tu cuerpo está bien y hazlo con el convencimiento absoluto de que lo que estás haciendo es beneficioso para tu cuerpo.

Dite a ti mismo: no tengo ni idea de si sanaré o no, ni de cuánto tiempo tardaré en hacerlo, pero sí sé que esto que acabo de hacer ha sido beneficioso para mi cuerpo. Cada vez que tengo un pensamiento positivo sobre mi salud, estoy dando un paso hacia adelante. Y si voy dando un paso detrás de otro, cada vez estaré mejor.

La vida humana es incierta. Lo que sucederá en tu futuro es incierto.

Pero hay una cosa que es totalmente segura: el amor tiene poder.

Y si riegas tu vida con amor, estarás contribuyendo a que florezca.

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