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viernes, marzo 31, 2017

Las 6 dimensiones del bienestar psicológico

Cuando piensas que alguien “tiene salud” o “está bien de salud” es posible que te venga a la cabeza que se encuentra bien físicamente. Pero, el concepto de salud engloba: la salud física, pero también a la salud mental y emocional, incluyendo dimensiones como la autoaceptación, las habilidades sociales o la percepción de control sobre lo que sucede a nuestro alrededor.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud mental como: “Un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.



Así, el bienestar psicológico engloba a un conjunto de sensaciones que hacen referencia a cómo juzgamos nuestra vida a nivel global. Además no está necesariamente relacionado con experimentar situaciones placenteras o con satisfacer nuestros deseos personales, porque esto sería algo pasajero, sino con un conjunto de dimensiones más amplias.

“El que vive en armonía consigo mismo vive en armonía con el universo”. 
– Marco Aurelio –

La psicóloga Carol Ryff se ha dedicado a estudiar qué factores o dimensiones tienen una contribución significativa en nuestra calidad de vida. La investigadora ha desarrollado un cuestionario para medir el bienestar psicológico de las personas, y ha extraído seis criterios que son esenciales para alcanzar la auto-realización y el potencial propio de las personas. Los estudios que realizó esta psicóloga, usando el cuestionario de bienestar emocional, muestran que el bienestar psicológico está relacionado con la edad, sexo, estatus socio-económico y etnia (Ryff y Singer 2008).

Las 6 dimensiones del bienestar psicológico

Las seis dimensiones que nos muestran este bienestar psicológico son:

1. Auto-aceptación

Esta dimensión habla de la aceptación de todos los aspectos de uno mismo y del pasado tal como fue, sin caer en las garras de la impotencia por querer modificar o intervenir sobre aquello que ya sucedió.  
Piensa que si aceptas tu cuerpo, tus emociones y tus pensamientos, vas tener una visión más positiva de ti mismo. En cambio, si tienes una baja autoestima y te cuesta aceptar quién eres, es posible que por esta insatisfacción te sientas tan abrumado que no sepas por dónde empezar a cambiar aquellos aspectos sobre los que sí puedes intervenir.

2. Dominio del entorno

Esta dimensión se refiere a la habilidad para manejarse en un entorno difícil, teniendo la capacidad para adaptarse a las circunstancias adversas.

Si tienes una alta percepción de dominio sobre lo que te rodea, te sentirás capaz de influir en el entorno y de manejar situaciones complicadas. En cambio, si tienes un bajo dominio del entorno, según el cuestionario de bienestar psicológico, vas a tener más dificultades para superar las adversidades que vayan surgiendo en tu día a día.

“La vida es un viaje y se te enamoras del viaje estarás enamorado para siempre”. 
– Peter Hagerty –

3. Relaciones positivas con los demás

Esta dimensión mide la capacidad que tienen las personas para relacionarse con los demás de una manera abierta y sincera.

Si eres capaz de tener relaciones satisfactorias con los demás, vas a fomentar vínculos que van a reportarte una mayor calidad emocional. Esto implica tener más capacidad de empatía y apertura hacia las personas. Si tienes una puntuación menor en esta escala, es posible que te cueste relacionarte, tengas dificultades para abrirte y confiar, además de dificultades para mantener las relaciones.

4. Autonomía

Esta dimensión evalúa la independencia de las personas en diferentes aspectos de su vida. La sensación de poder elegir y poder tomar sus propias decisiones, de mantener un criterio propio y una independencia personal y emocional aunque los demás no estén de acuerdo.

Un grado de autonomía alto implica de que eres capaz de desplegar una fuerza mayor para resistir a la presión social y a tus propios impulsos. Si en cambio, tienes una baja autonomía, puede ser que te dejes guiar más por las opiniones de los demás, estés pendiente de lo que los demás dicen o piensan de ti y te dejes llevar más por la presión de grupo.

5. Crecimiento personal

Esta dimensión mide la capacidad que tienen las personas para aprender de sí mismas, estando abiertos a experiencias nuevas y desafiantes.

Si fomentas tu crecimiento personal, es posible que sientas que estás en continuo aprendizaje, tengas la capacidad de aprender de lo que vas recibiendo y sepas que tienes los recursos para ir mejorando. Si esto del crecimiento personal no va contigo, puede que te sientas estancado, aburrido y desmotivado. Con pocas ganas o incapaz de desarrollar nuevos aprendizajes y nuevas conductas de crecimiento.

6. Propósito de vida

Mide la necesidad de las personas de encontrar un propósito que de sentido a su vida. Las personas necesitan marcarse metas claras y asumibles, además de objetivos realistas. Piensa que de realizar bien esta tarea va a depender que obtengamos o no la mayor parte de nuestros refuerzos

Si puntúas alto en esta dimensión significa que encuentras un significado a tu vida, le das sentido y significado a tu pasado, presente y futuro. Si en cambio no encuentras un propósito claro, es posible que sientas que te falta dirección o te sientas desorientado.

¿Cómo influye la inteligencia emocional en el bienestar psicológico de las personas?

Las personas emocionalmente inteligentes, son más optimistas, tienen más autoestima y tienen más capacidad de empatía, lo que contribuye a mejorar nuestro bienestar psicológico. Las personas que saben identificar sus emociones se sienten más satisfechas consigo mismas y por tanto, sienten mayor bienestar a nivel general.
“Si fomentas tu crecimiento personal, es posible que sientas que estás en continuo aprendizaje, tengas la capacidad de aprender de lo que vas recibiendo, y sepas que tienes los recursos para ir mejorando”.


¿Cómo puedes mejorar tu bienestar psicológico y tener una vida plena?

Encuentra tu pasión

Puede ser en el trabajo, ya que aquí es posible que pases muchas horas, y mejor pasarlas con algo que nos motive. Pero también puedes encontrar aquello que te gusta en una afición que te llene. Por ejemplo, la música, un deporte o una manualidad.

No intentes cambiarte

Acéptate en aquellas dimensiones que no puedes cambiar. Intentar cambiarte te va a generar malestar y rechazo. Ganarás en bienestar si le das una oportunidad a tu naturalidad. De esta manera, todo lo positivo que consigas servirá para mejorar tu autoestima porque lo sentirás como propio; lo mismo ocurrirá con lo negativo para aprender.

Rodéate de gente con buena energía

Las relaciones positivas, el estar con gente que te apetece y te llena va a ser un factor importante que influye directamente en tu bienestar físico y emocional. Las personas tóxicas te quitan bienestar psicológico y añaden estrés a tu vida vida.

Aprende de tus errores

No todo en la vida sale como habías planeado. Saber adaptarse a las circunstancias y manejar tu frustración va a ser esencial para tener una vida más feliz y con menos expectativas alejadas de la realidad. Ten en cuenta que eres imperfecto igual que el resto de personas y no lo vas a poder cambiar: en tus manos está explotar todo el lado positivo que tiene tu propia imperfección.

Arriésgate a hacer cosas nuevas

Salir de tu zona de comodidad y explorar zonas desconocidas va a mantenerte activo y motivado. No importa la edad que tengas, siempre hay nuevos lugares a visitar, personas a conocer, y cosas que aprender. Por ejemplo, probar nuevas actividades, conocer gente nueva, hacer nuevas rutas para ir al trabajo, etc.

Cree en tu potencial

Tienes un potencial increíble por explorar, muchos recursos internos y una maravillosa oportunidad para crecer como persona. Cree en ti, y en tus posibilidades. Visualiza tus objetivos y empieza a dar pequeños pasos para realizarlos. 

El bienestar psicológico, por tanto, te puede aportar mayor madurez, estabilidad y capacidad de autoconocimiento. Solo se trata de empezar con alguna pequeña acción. Piensa que nunca es tarde para empezar a cultivar tu bienestar físico, psicológico, emocional y social.

Adriana Reyes Zendrera

jueves, marzo 30, 2017

Busco y no encuentro… ¿Por qué no tengo pareja?

Google, el gigante de la información en el mundo, indicó que la pregunta más frecuente que le hacen a su buscador en todo el planeta, es: “¿Por qué no tengo pareja?”. Diariamente se hacen millones de búsquedas tratando de encontrar esa respuesta. Aparecen millones de entradas que aparentemente te la contestan. Pero aún así, al día siguiente, vuelve a ser el interrogante más consultado.



Pese a la revolución en las telecomunicaciones y a que ahora es más fácil que nunca conectarte con los demás, todo parece indicar que muchos seres humanos, en especial jóvenes, están teniendo grandes dificultades para encontrar una persona a la que puedan llamar pareja.

“Cuando un hombre encuentra a su pareja, comienza la sociedad”.
-Ralph Waldo Emerson-

Pululan las páginas de encuentros. Digitas tus datos y en unos segundos aparecen miles de opciones de pareja, teniendo en cuenta tus rasgos y tus gustos. Sin embargo, parece que toda esa tecnología no tiene a largo plazo el resultado esperado. Las personas se sienten solas, ya que no logran establecer vínculos trascendentes y gratificantes de pareja. ¿Qué pasa?

Los estudios sobre la ausencia de pareja

Algunas investigaciones arrojan datos que podrían considerarse preocupantes. Por ejemplo, un estudio demográfico realizado en Japón. Los encargados querían conocer en detalle cómo era el comportamiento sexual de la gente en su país.

Fue así como lograron saber que el 40% de los hombres menores de 34 años jamás había tenido relaciones sexuales en su vida. Pero no solo esto. También se determinó que siete de cada diez hombres menores de 34 años nunca había tenido una relación de pareja.

Podría pensarse que los japoneses son diferentes al resto del mundo, pero no es así. En los Estados Unidos se llevó a cabo una investigación similar y los resultados fueron concordantes. En esa investigación, dirigida por los psicólogos Jean Twenge, Ryne Sherman y Brooke Wells, se estableció que solo un 7% de los jóvenes entre 20 y 30 años tiene varias relaciones sexuales a la semana.

La comunicación y la imposibilidad de conseguir pareja

La gran paradoja de nuestro tiempo es que comunicarnos nunca fue tan fácil, pero tampoco tan imposible. Tenemos a nuestro alcance unos dispositivos tecnológicos extraordinarios. Podemos hablar con gente de cualquier país, a cualquier hora, como si vivieran en la casa de enfrente. Pero lo que se ha ido perdiendo son las capacidades comunicativas.

Las personas parecen cada vez más incapaces de comunicar lo que sienten o piensan. Tener habilidades comunicativas significa ser capaz de expresar lo que hay en el mundo interno, pero también estar en condiciones de escuchar lo que el otro tiene para decir. Y parece que actualmente ambas habilidades han disminuido.

Se ha impuesto en el mundo la idea de que debes pensar solo en ti mismo. Que los demás piensen en ellos mismos a su vez. Que cada uno defienda lo suyo y no se meta en lo de los demás. Tales ideas, que se promueven con excesiva frecuencia, han dado por resultado un mundo compuesto por una multitud de islas. En esas condiciones, no hay lugar para el amor.

Lo contradictorio es que también se anhela tener una pareja. Pero la pareja ya no es vista como alguien con quien puedes construir intimidad en el sentido amplio del término. Más bien se percibe, a primera vista, como un ítem a completar. Una satisfacción de la que no te puedes perder. Un plus al que no debes renunciar.

“Comunicarnos nunca fue tan fácil, pero tampoco tan imposible” 
No involucrarte demasiado: no amar

Otra de las ideas que viene haciendo carrera es la de que el amor, como tal, es equivalente a una cierta debilidad. Pareciera como si muchos pensaran que amor y pareja no son dos conceptos que deben ir de la mano. Se tiene una pareja “para salir”, o para tener relaciones sexuales, o para contar con un acompañante social, pero no para construir un gran amor.

Por todo ello, las relaciones se hacen y deshacen con una facilidad abrumadora. Las parejas no son fruto de la conversación, la empatía y el tiempo, sino de la angustia, la necesidad y el impulso. Por eso los lazos que se construyen son frágiles. También son vínculos egoístas, en el que cada uno quiere sacar el mejor provecho del otro.

Ahora las personas le preguntan a Google por su soledad. Encuentran millones de respuestas, pero ninguna de ellas les contesta de verdad. Ante la pregunta “¿por qué no consigo pareja?” una usuaria de una red social dio una respuesta sintética y magistral. Tal usuaria dijo: “Con la pregunta, usted mismo se responde. Es por sus pobres herramientas sociales y, como resultado de eso, su baja confianza en sí mismo”.

Edith Sánchez

miércoles, marzo 29, 2017

Las heridas emocionales se propagan a través de los lazos familiares

Las heridas emocionales se extienden a través de los lazos familiares de forma casi implacable. Son como una sombra que se camufla en las palabras, en el modelo educacional, en los silencios, en las miradas y en los vacíos. Hasta que alguien maduro y consciente detiene el proceso para decir basta y escapar de esa tela de araña.



Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos lanzado una piedra a la superficie de un lago o un río. Al instante, cuando esta cae y se sumerge, se produce una perturbación. Las partículas de agua varían de su posición inicial y se dibuja en la superficie lo que se conoce como frentes de onda.
Cada uno tiene su historia, cada uno sabe cuánto le pesan sus heridas, sus vacíos, sus rincones rotos… 

Si el impacto ha sido muy fuerte se producirán muchas más ondas. Son como el eco de un grito silenciado, como la propia metáfora de una herida emocional; la misma que impacta sobre el miembro de una familia para después, escamparse al resto de generaciones con mayor o menor intensidad.

Fue Oscar Wilde quien dijo una vez que pocas esferas eran más misteriosas y herméticas que las familias. Encerrados en el aislamiento de los propios hogares, casi nadie sabe a ciencia cierta qué acontece entre esas cuatro paredes donde una o dos generaciones de personas comparten un espacio en común y unos mismos códigos.

Las heridas de unos impactan sobre los demás como ondas invisibles, como hilos que mueven marionetas y como olas cargadas de rabia que erosionan las rocas de las playas. Así, hoy queremos hablarte de algo complejo, doloroso y a instantes descarnado.

La íntima arquitectura de las heridas emocionales

Cuando hablamos del origen de esas heridas emocionales que se transmiten a lo largo de los lazos familiares es común pensar en hechos como abusos sexuales, violencia física o la pérdida traumática de un ser querido. Asimismo, tampoco podemos descuidar los conflictos bélicos y el impacto que, por ejemplo, vivirán todos los niños refugiados que la sociedad está descuidando en los límites de nuestras fronteras.

Sin embargo, más allá de estas dimensiones sobradamente conocidas por todos, se abren también esas “laceraciones” emocionales ocasionadas por otras dinámicas, por otros procesos quizá mucho más comunes que las señaladas con anterioridad.
Haber crecido bajo una crianza basada en el el apego inseguro o en un contexto basado en la contención emocional genera sin duda múltiples heridas e incluso posibles trastornos emocionales.
Formar parte de una familia donde la ira siempre está presente es otro desencadenante. Son contextos donde abundan los gritos, los reproches entre sus miembros, la toxicidad emocional, los desprecios y la infravaloración continua.
Otro aspecto que puede ocasionar un gran impacto en el seno de una familia es el hecho de que la madre o el padre viva sumido en una depresión crónica y no tratada. La indefensión, los códigos de comunicación y las dinámicas establecidas entre padres e hijos dejan huellas imborrables.
“Las heridas emocionales son el precio que todos tenemos que pagar para ser independientes”
-Haruki Murakami- 

Los traumas y la epigenética

Conrad Hal Waddington fue un biólogo del desarrollo, genetista y embriólogo que acuñó un término tan interesante como impactante a la vez. Hablamos de la epigenética, la ciencia que se encarga de estudiar el conjunto de procesos químicos que modifican el ADN, sin alterar su secuencia y donde los traumas, tienen sin duda una gran importancia. Por ejemplo:
Se sabe que cuando un niño se encuentra rodeado de confusión, caos emocional y vulnerabilidad, experimenta unos niveles desorbitantes de estrés.
Al instante, sus mecanismos cerebrales, endocrinos e inmunitarios reaccionarán para hallar un necesitado equilibrio, pero al no lograrlo, se saturarán hasta desarrollar serios efectos secundarios implacables: aumento del cortisol en sangre, taquicardias, migrañas, dermatitis e incluso asma.
Se sabe, por ejemplo, que la expresión del genoma –es decir, el fenotipo– cambiará según las experiencias establecidas con el medio ambiente (nutrición, hábitos, estrés, depresiones, miedos…)

De este modo, todos estos cambios epigenéticos se reflejarán también en las nuevas generaciones, hasta el punto de que un trauma puntual en una persona, puede afectar hasta las 4 generaciones posteriores.

Las heridas emocionales y su abordaje

Todos hemos oído aquello de que el dolor forma parte de la vida, que el sufrimiento nos enseña y que es necesario perdonar para avanzar. Bien, en realidad todas estas ideas tienen importantes matices que es necesario detallar e incluso reinterpretar.

Veamos algunos aspectos en detalle.

No es necesario sufrir para aprender, de hecho, el auténtico aprendizaje nos lo ofrece la verdadera felicidad. Es ella quien coloca los cimientos de un adecuado equilibrio emocional, y es ella también quien nos pone en contacto con lo que de verdad nos es significativo. Eso por lo que vale la pena luchar.

No dejes que tus heridas te transformen en algo que NO ERES 

Por otro lado, perdonar es una opción, pero nunca una obligación. La reconciliación más importante que tendremos que llevar a cabo es con nosotros mismos. Una herida emocional nos convierte en algo que no nos agrada: en alguien que sufre, que se autopercibe como frágil, poco hábil, en alguien lleno de ira y rencor y que aún es prisionero de quien le hizo daño. Aprendamos a sanarnos, a reconciliarnos con nuestro ser herido para fortalecerlo, mimarlo, atenderlo…

Por último, y no menos importante, es necesario disponer de adecuadas estrategias y protocolos para detectar de forma temprana las heridas emocionales de los niños. Desde los centros escolares deberían facilitarse mecanismos hábiles para detectar lo antes posible esos hermetismos o esas conductas desafiantes que a menudo esconden dinámicas familiares problemáticas o disfuncionales.

No podemos olvidar que, a pesar de que ninguno de nosotros podemos elegir a nuestros padres o la familia de quien procedemos, todos tenemos pleno derecho a ser felices, a llevar una vida digna y con un adecuado equilibrio psicológico y emocional. Luchemos por ello.

Valeria Sabater

martes, marzo 28, 2017

Cómo aliviar los efectos de una culpa que no te deja avanzar

Vivimos en un medio cultural que intenta imponer ciertas pautas de comportamiento. Se nos dice que hay premios y castigos por nuestros actos. Y cuando cometemos un error o hacemos algo contrario a ese “deber ser” o simplemente dejamos de hacerlo, aparece el sentimiento de culpa. Comienzan entonces nuestros problemas.



En cualquier espacio encontramos esa clase de normas. En la familia, el trabajo, la escuela, la cotidianidad. En todo momento nuestras decisiones pasan por esa especie de código de comportamiento encargado de diferenciar lo correcto de lo incorrecto. Una moral que nos acompaña a medida que nos convertimos en sujetos sociales.

“Yo no tengo la culpa de que la vida se nutra de la virtud y del pecado, de lo hermoso y de lo feo”.
-Benito Pérez Galdós-

Inclusive a veces las cosas parecieran ir más allá. Por ejemplo, en algunas religiones como la Católica, los creyentes nacen con una deuda llamada “pecado original”, que solo puede ser borrada a través del sacramento del bautizo. Nos declaran culpables antes de venir al mundo y no sabemos cuál es la razón para que se nos señale de esa manera.

Lo ideal es no dejarnos paralizar por el sentimiento de culpa. Es bueno reconocer los errores, hacer una reflexión, aprender. Pero no es sano cargar esa culpa toda la vida. Así nadie sería capaz de crecer personalmente y alcanzar sus metas. Si hay algo peligroso es un sentimiento de culpa tan fuerte que termine gobernando nuestras vidas.

No te juzgues tan severamente, ni permitas que los demás sean tus verdugos

Siempre estamos pendientes de la aprobación social. Muchas veces no somos capaces de dar un solo paso sin tener en cuenta lo que digan los demás. Y nuestra existencia, en vez de ser un tesoro, se transforma en un lugar frío, oscuro, sin esperanza. Nos aislamos, no nos atrevemos a dar ninguna clase de opinión y hacemos todo lo posible para volvernos invisibles.

La situación se complica cuando defraudamos a alguien o a nosotros mismos. Sin importar quién tiene la razón, lo primero que se nos impone es asumir una culpa que nos lleva a juzgarnos de una manera, a veces, cruel y despiadada. Así, la confianza en nosotros y la autoestima reciben un golpe brutal.

Puede suceder también que sean los otros quienes se encarguen de decirnos que nuestra conducta no es la adecuada y nos impongan una sanción injusta, arbitraria y desproporcionada. Inevitablemente, los únicos lastimados seremos nosotros. Piensa que merecemos el respeto que damos porque esa es una de las garantías para la convivencia.

Nadie tiene derecho a negarte una segunda oportunidad; ni siquiera tú mismo. Asumir las equivocaciones es un acto noble y que te enriquece espiritualmente. Todos estamos en igualdad de condiciones. Para que una culpa no se te convierta en obstáculo es necesario que te perdones, sepas perdonar y entiendas que tus semejantes no tienen poder sobre ti.

Deja que la culpa se quede en el pasado y ponte a caminar en el presente

Muchos confunden la frase “quien olvida su historia está condenado a repetirla” (atribuida al poeta español Jorge Agustín Nicolás Ruiz). Encuentran en ella un motivo para permanecer en el pasado. Si bien es necesario recordar para no cometer las mismas equivocaciones, también es cierto que nadie puede crecer arrastrando ese lastre de lo que pudo haber sido y no fue.

Tal vez uno de los errores más frecuentes es quedarnos anclados en el pasado. Comportamos igual que un reo condenado a cadena perpetua. Hasta ahí llegamos y nada ni nadie puede sacarnos de esa parálisis física y espiritual. En adelante, esa culpa dominará cada una de nuestras actuaciones hasta volvernos personas frustradas.

Somos una construcción en el tiempo y en el espacio. Nuestra vida es muy corta comparada con las distancias que hay en el universo. Aquí medimos el paso del tiempo en segundos, minutos y horas. Luego en días en noches. Y terminamos con ciclos de semanas, meses y años. La tierra no es más que un pálido punto azul en un infinito de tiempo, como lo describió Carl Sagan.

Si miramos el pasado de manera constructiva, el sentimiento de culpa desaparecerá y lograremos salir del estancamiento. Es la única forma de madurar. Si por el contrario dejamos que ese pasado nos acorrale y se imponga en nuestro presente, no tendremos posibilidades de avanzar. Somos artífices de nuestro destino porque el futuro está en nuestras manos.

Edith Sánchez

lunes, marzo 27, 2017

Quién no entiende su miedo no conoce a su oponente

Los temores, a menudo infundados, sobre lo que puede salirnos mal o causarnos algún perjuicio en el futuro, son una de las principales causas de nuestra insatisfacción vital. Todas las personas escondemos algunos miedos que nos llevan a comportarnos de forma evitativa en algunas situaciones cruciales de nuestra vida. Así, no existe mayor oponente que uno mismo.



Los temores nacen de experiencias pasadas. En el proceso de socialización desde la infancia hasta la madurez vamos adquiriendo los miedos de las personas más cercanas e influyentes, aunque sea de manera inconsciente. Si estas personas son referentes para nosotros, sus miedos nos señalan peligros y situaciones desagradables a evitar.

Si arrastramos los miedos durante mucho tiempo y les permitimos crecer y ocupar un amplio espacio en nuestro día a día, les estamos dando pie para que se conviertan en un filtro recurrente, entre los muchos que utilizamos para procesar la realidad. Para que esto no suceda, es positivo conocer de dónde vienen estos miedos y actuar. Ante el miedo: acción y compromiso.

“El reto es con uno mismo, el oponente está dentro” 

Cuando la motivación es el miedo

El miedo es una emoción primitiva que ha dado lugar a la supervivencia de la raza humana. Como toda emoción, ajustada tiene su valor funcional, pero desajustada es una de las emociones más dañinas. Si el miedo toma el control de nuestra vida esta será dirigida por la evitación, por la ansiedad y por comportamientos irracionales, pudiendo desembocar en trastornos de depresión mayor.

Cuando actuamos movidos por miedo, no disfrutamos, solo buscamos sofocar el malestar que produce, frenar su crecimiento. Hay muchas clases de miedos. Un individuo puede tener miedo hacia elementos específicos como fantasmas, perros, agua, palomas etc, pero también hay otros miedos más difusos, como el miedo a hablar con extraños, comenzar algo nuevo, hablar en público, volar.

La lista de miedos puede ser infinita y un miedo puede tener diferentes significados y manifestaciones para cada individuo, aunque las estrategias que se utilizan en consulta para superarlos sean similares o incidan en la parte común de todos los miedos. Para confrontar nuestros miedos, necesitamos relajarnos, calmarnos y observar objetivamente, contrastando con los hechos que, si han ocurrido, para que nuestra reacción sea apropiada y positiva. Si no puedes matar a los monstruos, adiéstralos.

“El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son”
-Tito Livio-

Identifica tu miedo y conocerás a tu oponente

El primer paso para superar nuestros miedos es entender su origen. La meditación y autoevaluación marcan el camino para entendernos y conocer a nuestro verdadero oponente.

¿De dónde vienen nuestros miedos? El miedo puede venir de algo que nos han dicho, de algo que hemos observado o de experiencias previas. Una vez que sepamos la causa, podemos comenzar a trabajar para superarlo. Para identificarlo, es bueno que examinemos las creencias que lo soportan. 

Las creencias que nos llevan al miedo, son pensamientos excesivos que se activan sin que haya una amenaza real. En estas situaciones se produce una distorsión en el sistema del miedo. Hay una distorsión en nuestra emoción provocada por nuestras creencias.

Nuestros miedos son los enemigos que nos paralizan, aquellos que solo están en nuestra mente y que nos impiden realizar conductas necesarias en nuestro día a día sin que desde fuera estos motivos sean en realidad incapacitantes. Identificarlos y confrontarlos nos harán ver que la mayoría de esos miedos son excesivos y solo están tapando nuestras inseguridades.

Cuando estemos en un momento que no sea de nuestro agrado y queramos huir, lo mejor que podemos hacer es actuar. Para conseguirlo, hagamos un viaje a nuestro interior, sin perder de vista las referencias externas. Primero, analicemos si nuestros miedos son reales o imaginarios. En el caso de que sean reales, una buena iniciativa consiste en observar la situación en la que nos encontramos, generar alternativas de actuación y tomar una decisión. En el aso de que sean imaginarios, ¡puedes utilizar lo que hemos dicho a lo largo del artículo!

Fátima Servián Franco

domingo, marzo 26, 2017

Es increíble cómo cambia tu vida cuando cambias un pensamiento

Cada nuevo pensamiento es como una pequeña tormenta eléctrica recorriendo nuestro cerebro. Nadie los ha visto nunca, pero su poder es infinito: son ellos los que moldean la forma en que vemos el mundo, ellos los que en un momento dado nos alientan con una emoción renovadora, lista para transformar nuestra realidad.



A día de hoy siguen abundando, casi en exceso, todos esos títulos que nos animan a aumentar el poder de nuestra mente o a “volvernos más inteligentes” haciendo uso de una línea más bien esotérica y poco científica. Se les olvida, quizá, que la neurociencia ya nos ofrece maravillosas respuestas y nuevas perspectivas para comprender mucho mejor esos singulares mecanismos que rigen nuestro cerebro.

“La realidad es solo una percepción, aunque muy persistente”
-Albert Einstein- 

Términos como la neurogénesis o la neuroplasticidad han supuesto un gran avance frente a esos años en los que se pensaba que el cerebro adulto dejaba de generar nuevas células nerviosas llegada una edad. Nuestros pensamientos son un arma de poder incuestionable, son ellos los que crean nuevos puentes, ellos quienes generan nuevas conexiones reorientando el mapa de nuestras emociones o la moviola que pone en marcha la maravillosa película de nuestras vidas…

El pensamiento que “fabrica” tu propia realidad

Gracias al continuo avance en las técnicas de diagnóstico como las tomografías computerizadas, se han hecho grandes avances en la comprensión del funcionamiento cerebral. Uno de los más interesantes es saber por fin cómo se gestan los pensamientos. Pongamos un ejemplo: cuando miramos una pelota de color rojo y nuestra retina capta cada característica, la información viaja por estructuras como el núcleo geniculado, la corteza preestriada, etc.

“Todos nacemos siendo originales y acabamos siendo copias” 

Bien, si cerramos ahora los ojos y alguien nos ordena que pensemos en una pelota de color rojo, por asombroso que parezca nuestro cerebro activará exactamente las mismas estructuras. Es decir, el cerebro refleja la misma actividad cuando ve que cuando siente. Esta información tan asombrosa obliga a toda la comunidad científica y a nosotros mismos a hacernos la misma pregunta: si para el cerebro no hay diferencia entre lo que ve y lo que imagina… ¿cuál es nuestra auténtica realidad?

Aquí entraría sin duda todo el campo relativo al concepto de la mente cuántica, pero vamos a sortear este tema para quedarnos con aspectos más útiles, más concretos. Nuestra realidad esta conformada por algo tan simple como poderoso: nuestras emociones, ahí donde los pensamientos son los auténticos catalizadores. Para comprenderlo mejor vamos a profundizar en una serie de aspectos básicos.

¿Qué son realmente los pensamientos?

Un pensamiento es simplemente una fórmula química determinada acompañada de un impulso eléctrico. Tan triste como eso, pero a la vez fascinante. Cada vez que pensamos algo nuestras células nerviosas se conectan a través de las fisuras sinápticas descargando un tipo de bioquímica determinada.
Sabemos que los pensamientos son generadores de emociones. Cuando ellos mandan un mensaje es nuestro hipocampo, quien se encarga de traducirlos descargando una serie de neuropéptidos a través de la glándula pituitaria. Más tarde, estos neuropétidos se liberan en la sangre desencadenando una serie de reacciones.
Poco a poco puede ocurrir lo siguiente: si nuestro cerebro se habitúa a recibir un tipo de patrón emocional determinado, puede acabar creando hábitos de pensamiento. Es lo que ocurre por ejemplo con el estrés: a veces, quedamos tan supeditados a una emoción determinada (el miedo) que perdemos el control, avanzando día a día por un tipo de realidad en la que no nos sentimos identificados.

¿Qué tipo de realidad prefieres?

No se trata de ser “más inteligentes”, de aspirar a tener un mayor coeficiente intelectual de la noche a la mañana. Se trata, simplemente, de ser capaces de crear una realidad que se ajuste a nuestras necesidades, a nuestras características particulares y a nuestro pleno derecho a ser más felices.

“La realidad siempre está ahí, lo que cuenta es tu percepción”
-Diego Dillenberg- 

Para lograrlo, debemos tomar conciencia primero de un aspecto: nuestra realidad está sesgada por nuestros estados de ánimo, el peso de nuestros recuerdos, nuestras interpretaciones y pensamientos. Existirán personas que caminen por el mundo con una visión de túnel, ahí donde su realidad es tan estrecha que son incapaces de intuir todas las maravillosas posibilidades que les envuelven.

Aprendamos a ver el mundo en panorámica y en tecnicolor, creemos una realidad más amplia. Te explicamos cómo.

Nuestros pensamientos y la neurogénesis

La neurogénesis hace referencia a nuestra capacidad natural por generar nuevas células nerviosas. Si en 1928 Santiago Ramón y Cajal afirmó aquello de que “todo puede morir, nada puede regenerarse”, a día de hoy su enunciado se viene a bajo si nos centramos en nuestro cerebro, en ese fabuloso arquitecto de nuestra realidad.
  • Es necesario recordar en primer lugar que el mayor enemigo para nuestro cerebro es el estrés. Tanto es así, que cambiar su estructura interna, reducir la conectividad neuronal e incluso el volumen del hipocampo.
  • Debemos ser gestores de nuestro mundo emocional y recordar que son los pensamientos quienes están obligados regirlo. Un modo de conseguirlo a través de las siguientes preguntas: ¿Cómo quiero sentirme?/¿Cómo me siento ahora?/¿Qué me preocupa?/¿Qué puedo hacer para resolverlo?
  • Un diálogo interno firme, valiente y optimista puede ayudarnos a canalizar muchas de esos sentimientos negativos.
  • Recuerda también que el ejercicio físico es un modo sensacional de favorecer la neurogénesis. No solo oxigena el cerebro, sino que además, gracias a las endorfinas se aplaca el estrés y se generan nuevas células nerviosas.
  • Otro modo de generar nuevos pensamientos es cambiando hábitos. Romper rutinas, adentrarnos en nuevos escenarios, practicar nuevas aficiones o conocer gente estimulante es algo muy reconfortante para nuestro cerebro y nuestro estado de ánimo.
Por último, no podemos olvidar los grandes efectos de la meditación para nuestro cerebro. Esta práctica de armonización entre la mente y el cuerpo tiene grandes efectos en nuestro mundo emocional, favoreciendo incluso ondas Alfa y Gamma, las cuales, originan una mayor conectividad neuronal.

Seamos arquitectos de nuestra realidad, recordemos que no existen pensamientos neutros, todos son capaces de crear algo determinado. De nosotros depende que sea maravilloso.

Valeria Sabater

sábado, marzo 25, 2017

¿Qué relación hay entre las emociones negativas y el dolor crónico?

Parece difícil no relacionar el dolor con sentirnos mal a nivel emocional, ¿verdad? ¿A quién no le ha pasado que se dé un golpe en la rodilla y se haya “cabreado” con la mesa por estar en medio? A parte del enfado, también nos podemos sentir tristes o ansiosos.



Ahora imaginad que ese dolor no es pasajero, sino que está ahí la mayor parte del tiempo… No es difícil suponer el malestar emocional asociado, ¿verdad? El caso es que hay numerosos estudios sobre la influencia de los factores psicológicos en el dolor crónico. Entonces… ¿el malestar emocional viene provocado por el dolor crónico o es al revés?

“El mayor dolor del mundo no es el que mata de un golpe, sino aquel que, gota a gota, horada el alma y la rompe”
-Francisco Villaespesa-

El dolor crónico y la tristeza

El caso es que, aunque sepamos que el dolor crónico y las emociones negativas están vinculados, es complejo delimitar de manera concreta cuál es esta relación. No sabemos de forma exacta cómo influyen las emociones en la aparición o el aumento del dolor, de la misma forma que tampoco conocemos el papel que juega el dolor en que sintamos emociones negativas.

Por otro lado, el dolor crónico conlleva niveles elevados de incapacidad. Así, quienes lo padecen, ven su vida muy afectada. Esto también se relaciona con ese malestar emocional que suele aparecer en estas personas. De hecho, esta pérdida de la capacidad funcional puede conllevar altos niveles de tristeza.

“El dolor que no se desahoga con lágrimas puede hacer que sean otros órganos los que lloren”
-Francis J. Braceland-

En efecto, se ha encontrado que la incidencia de la depresión es mayor en los pacientes con dolor crónico en comparación con la población sin general. Pero no solo eso, la tristeza predice también aumentos en el dolor. De forma concreta, se ha mostrado que esta emoción es el predictor más fuerte del dolor en la artritis reumatoide.

La ansiedad y el dolor crónico

El dolor crónico no sólo está asociado a la tristeza o la depresión. También tiene relación con la ansiedad y la ira. Respecto a la ansiedad, se ha visto que las personas con dolor crónico son más ansiosas. Además, la prevalencia de los trastornos de ansiedad es mayor en esta población que en aquella sin dolor.

Al igual que con la tristeza, se ha encontrado que sentir ansiedad influye en la experiencia del dolor crónico. En concreto, niveles altos de ansiedad mantenidos en el tiempo predisponen a episodios frecuentes de dolor. Pero… no solo eso, también empeoran el dolor que ya estaba ahí. Así, el dolor es más pronunciado y sostenido en los pacientes con niveles más altos de ansiedad.

La sensibilidad a la ansiedad también juega su papel. Esto es el miedo a los síntomas de ansiedad, asociado a la creencia de que estos van a tener consecuencias perjudiciales para nosotros. Este factor influye tanto en el inicio como en el mantenimiento del dolor crónico.

“Dad palabra al dolor: el dolor que no habla gime en el corazón hasta que lo rompe”
-William Shakespeare-

El dolor crónico y la ira

El papel de la emoción de la ira en la salud física ya se ha estudiado en numerosas ocasiones. De hecho, se ha encontrado evidencia de que su experiencia y expresión contribuyen al inicio y a la evolución de diversas enfermedades psicosomáticas, como por ejemplo, enfermedades cardíacas o el cáncer.

Respecto al dolor crónico, los resultados indican que las personas que lo padecen muestran mayores niveles de ira y hostilidad que la población general. También se ha visto que la expresión interna de la ira es más alta que en el resto de las personas. Esto quiere decir que experimentan enfados que no expresan al exterior, sino que se manifiestan en su diálogo interno mediante pensamientos negativos a los que no dejan de darles vueltas.

Además, se ha visto que los pacientes con dolor crónico que tienden a expresar su ira de esta forma, en lugar de hacerlo hacia fuera (ira externa) o manejándola de forma más adecuada (control de ira), presentan niveles más altos de dolor. Pero también es perjudicial expresar la ira hacia afuera, ya que aquellos que lo hagan así van a ver sus relaciones interpersonales afectadas por lo que van a ver disminuido su apoyo social, el cual es clave.

Por todo ello, es sumamente relevante intervenir desde el plano psicológico en los pacientes con dolor crónico. Un control adecuado de la ira, así como estrategias de manejo de la ansiedad y la tristeza no solo van a fomentar un mayor bienestar psicológico, sino que también les va a ayudar a que la experiencia de dolor disminuya.

Laura Reguera Carretero

viernes, marzo 24, 2017

3 creencias comunes que nos bloquean

El ser humano es una especie vulnerable. Lo somos a nivel físico desde que nacemos y también lo somos a nivel mental. Somos vulnerables al entorno, a cómo procesamos nuestras experiencias en la infancia y adolescencia y al modelo de crianza que nos rodea. Con todo eso se van formando nuestros esquemas y creencias fundamentales. Sobre ellos girarán nuestros razonamientos, emociones y comportamientos.



¿Qué son las creencias?

Según Rokeach (1960), el “sistema de creencias representa el conjunto de expectativas, hipótesis o creencias, conscientes e inconscientes, que una persona acepta como explicación verdadera del mundo en que vive”. Las creencias nos ayudan para explicar parte de la realidad que percibimos. En muchos casos, nos arrastran a situaciones contradictorias dado que al estar tan arraigadas en nuestro mapa mental es difícil ponerlas en duda.

“Parece que los hombres prefieren creer antes que conocer”.
-Wilson- 

¿Cómo las construimos? Hay varios caminos por los que llegamos a formar estas pequeñas guías de pensamiento. Comienzan con la experiencia de la niñez de forma directa o indirecta. Por una parte tenemos en cuenta las asociaciones que realizamos y damos por válidas, y por otra las “creencias informativas”.

Estas que son aquellas que nos transmite un grupo de personas (cultural, político, religioso o social). Las creencias generalmente son tozudas, pero aliadas. Nos ayudan a movernos por el mundo y relacionarnos con los demás. Nos suelen proteger en momentos de incertidumbre, guían y contribuyen a darnos estabilidad y coherencia interna.

Sin embargo, existe el riesgo de que la creencia que hayamos heredado o construido respecto de un determinado elemento (amor, justicia, responsabilidad, sociedad) juegue en nuestra contra. de ahí la importancia de conocer su influencia, delimitarla y reducirla o eliminarla en los casos en los que pensemos que constituyen un a influencia negativa.

¿Existen creencias enemigas?

Años de investigación de psicólogos dedicados a las teorías de pensamiento han puesto sobre la mesa una serie de ideas irracionales y creencias contraproducentes que son comunes a nuestra especie. Aparecen de forma repetitiva en distintas personas y culturas (principalmente occidentales). En este caso, dejaremos de lado a las “ideas irracionales” para centrarnos en lo que se conoce como creencias contraproducentes comunes.

Existen creencias enemigas que nos bloquean. Concretamente se llaman “Creencias Contraproducentes Comunes”. No debemos sentirnos culpables por tenerlas y vivir bajo sus mandatos. La palabra “común” nos dice que esta forma de pensar se repite en muchas personas, tanto de nuestra cultura como de otras culturas. Lo importante es detectar esas creencias que se reflejen en nuestro comportamiento y trabajar para transformarlas en otras que nos ayuden.

“La creencia es involuntaria; nada involuntario es meritorio o condenable. Un hombre no puede ser considerado mejor o peor por su creencia”.
– Percy Bysshe Shelley –

Es importante recordar que este tipo de “instrucciones” son difíciles de cambiar dado que están integradas en nuestras costumbres e incluso pueden estar en la base de otras creencias. Así, cuestionar una puede suponer cuestionar otras muchas que se justificábamos partiendo de ella. Cuando una idea está en la base de nuestro sistema de creencias va a costar más extirparla.
Detectando creencias que nos bloquean

Vamos a detenernos en tres de estas creencias:

Emotofobia

Nunca debo sentirme triste, angustiado, inadecuado, celoso ni vulnerable. Debo esconder mis sentimientos bajo la alfombra y no trastornar a nadie.

Actualmente, muchos mensajes van dirigidos a quedarnos siempre con lo bueno de cualquier experiencia. En la mayoría de ocasiones se confunde el extraer un aprendizaje de una situación negativa con no permitirnos sentir y procesar lo malo. Huir de las emociones negativas no es beneficioso. El cuerpo y la mente necesitan equilibrarse y permitirse sentir emociones “malas”. Esto es importante para dar equilibrio al pensamiento y dar sentido a hechos o experiencias negativas.

Miedo al rechazo

Si me rechazas, eso demuestra que hay algo malo en mí. Si estoy solo, tiendo a sentirme desgraciado y sin valía.

Seguramente todos hayamos sentido el puñal del rechazo en alguna ocasión. La pregunta que nos hacemos es inmediata: ¿por qué? La respuesta que razonamos es peligrosa si viene desde la creencia equivocada. Es algo que se convierte en doloroso cuando desfiguramos las explicaciones y asumimos la culpa asociada a nuestra valía personal. Incluso en muchas ocasiones no nos valen los argumentos honestos de los demás. Nos centramos en disparamos directamente en el centro de nuestra diana emocional.

Adicción al amor

No puedo sentirme feliz y realizado sin ser querido. Si no me quieren, no vale la pena vivir.

Esta creencia es importante por la fuerza que tiene y lo aplastante que puede llegar a ser. Asociar la valía como ser humano a la dependencia de otras personas es dejar en manos ajenas lo más importante para nosotros. Sentirse realizado en base a los “te quiero” que recibamos conlleva muchos riesgos y trampas mentales. Cuando funcionamos buscando enfermizamente el amor en vez de enamorarnos de la persona que tenemos delante caminamos al borde un abismo donde es difícil distinguir el valor propio, que lo situamos en el fondo de ese acantilado.

Estas 3 creencias solo son un ejemplo de cómo nuestro contenido mental puede incidir en nuestros comportamientos. Comportamientos que al mismo tiempo, mediante el mecanismo de la profecía autocumplida, supondrán un refuerzo para estas creencias, logrando de esta forma que se asienten y sea más difícil que en un momento dado lleguemos a cuestionarlas.

Paula Murillo

jueves, marzo 23, 2017

Las emociones graban los recuerdos en piedra

Hay recuerdos que son más nítidos que otros, de manera que no todos se rememoran con la misma claridad ni intensidad. Así, podemos preguntarnos, ¿por qué unos recuerdos se codifican con más intensidad que otros? En este sentido, igual que en otros, las emociones parecen ser cruciales.



Podemos decir de manera exacta el día que hacía el día de nuestra boda, a qué olía nuestro ramo de flores, incluso la ropa que llevaban nuestros invitados. Es un día especial que nunca olvidaremos en el que surgieron muchas emociones, las mismas que facilitan que hoy nos acordemos de todos estos detalles.

El recuerdo del acontecimiento también dependerá de si la carga emocional era negativa o positiva. Porque en el caso de acontecimientos traumáticos, se puede revivir el acontecimiento una y otra vez sin poder pararlo voluntariamente, aunque como consecuencia del trauma se pueden distorsionar algunos detalles. Un fenómeno que por ejemplos se ha podido observar en el testimonio de algunos testigos de un crimen.

“Flashbulbs memories” o memorias de impacto

Las “flashbulb memories” se definen como recuerdos vívidos, detallados y consistentes y con una fuerte carga subjetiva de veracidad. Son memorias sobre sucesos altamente impactantes por la repercusión individual y/o social que implican. Por ejemplo, todos recordamos el día del 11-M, sobre todo, las personas que viven en Madrid o que tienen algún familiar allí.

Esos sucesos se quedan grabados, pero no solo los hechos, sino lo que hicimos durante ese día o dónde nos encontrábamos en el momento en el que recibimos la noticia del atentado. La alta implicación emocional y la sorpresa hace que registremos la información de todo aquello que ocurrió entorno al acontecimiento que marcaría un antes y un después.

Se recuerdan mejor los elementos centrales de la información como a quién llamamos cuando nos enteramos, dónde fuimos o con quién estábamos, que los pequeños detalles. Aunque los recuerdos no siempre son tan veraces como pensamos. No parecen ser más exactos que otros, aunque sí tenemos la sensación de acordarnos con mayor claridad. La información no tiene por qué ser precisa, pero sí intensa.

La emoción facilita el recuerdo

Según Wagenaar, el recuerdo autobiográfico está relacionado con la saliencia de los sucesos, es decir su importancia. También influyen lo agradable del suceso y el nivel de implicación emocional que tengamos. Aún pasando mucho tiempo, la sensación de recordarlo como si fuera ayer es grande. El nacimiento de nuestro hijo o la muerte de un familiar quedan grabados para siempre.

Está claro que la emoción que nos despierta un acontecimiento, cuanto más intensa, más intenso será el recuerdo. No es tan importante si despierta en nosotros una emoción positiva o negativa. Además, cuanta mayor implicación tengamos, la memoria se volverá más completa y organizada. Recordaremos mejor una fiesta de cumpleaños que ayudamos a organizar que aquella a la que llegamos a última hora.

La accesibilidad a los recuerdos también se ve influenciada por el estado emocional en el que nos encontramos en ese momento. Un día en el que estamos alegres, pensamos en momentos alegres, en sintonía con nuestro estado emocional actual. Se denominan memorias dependientes de estado, y en personas que sufren una depresión contribuirían a perpetuar la tristeza, rememorando sucesos negativos.

Impacto emocional de los eventos traumáticos

Se ha intentado determinar si se recuerdan mejor los sucesos con carga emocional positiva o negativa, y según Rubin y Bersten, nos acordamos mejor de los suceso positivos. Si el recuerdo es negativo, la ansiedad o el miedo que provocó el suceso puede interferir en el relato de lo que pasó exactamente. Aunque la intensidad de las emociones negativas sea mayor y el estado emocional al que preceden más prolongado.

Hay sucesos como agresiones sexuales, catástrofes naturales, batallas de guerra o atentados terroristas que dejan una huella imborrable en la personas. Muchas de las personas que sufren un episodio traumático en su vida acaba desarrollando trastorno de estrés postraumático. Uno de los síntomas de este trastorno es la re-experimentación del suceso, de manera que lo que se revive es los que sentimos en aquel momento.

El impacto de un suceso traumático es muy grande, aunque no significa que lo que se recuerda sea del todo exacto. La posibilidad de sufrir un shock dificulta el recuerdo. Las sensaciones vividas sí que son exactas y se reviven una y otra vez, pero los hechos pueden confundirse. No hay que olvidar que son momentos en los que mantenerse con vida es el objetivo principal.

De una manera o de otra, lo que está claro es que las emociones inciden en el funcionamiento de nuestra memoria. Inciden en la codificación de hechos y también en la recuperación. Por ejemplo, es más probable que nos acordemos de un hecho que codificamos en un estado de ánimo positivo cuando volvemos a estar en un estado similar. Con los estados de ánimo negativos sucede exactamente lo mismo, de manera que la alegría suele atraer recuerdos alegres y la tristeza recuerdos tristes.

Carolina López De Luis

miércoles, marzo 22, 2017

La obsesión por tener la vida perfecta

La vida rara vez genera en nosotros una sensación de satisfacción completa. Al menos con el concepto de completa que solemos albergar. En un mundo bastante artificial y plagado de falsas necesidades como es el nuestro, sentirnos personas a las que les falta una pieza o dos o las que sean puede cegar la dicha que podían generar las piezas con las que sí contamos. Es como si ese trocito que llena el hueco vacío que sentimos tener fuese la clave última e imprescindible para nuestra felicidad.



“Si trabajase en lo que me gusta, sería más feliz. Si tuviese una pareja estable y pudiese formar una familia con ella, seguro que al fin sería feliz”. 

Estos pensamientos, que todos hemos tenido alguna vez, son un obstáculo persistente en la senda de nuestro bienestar. Gran parte de ellos son el producto de nuestra cultura y de nuestra educación: se nos ha enseñado que cuanto más poseamos, mas dichosos seremos.
Vivimos con la presión y la autoexigencia de tener que hacer el quesito de Trivial entero y esta manera de enfocar la vida, evidentemente nos llena de ansiedades, frustraciones y tristeza. 

Cuando conseguimos alguna de nuestras metas (especialmente si son materiales), vamos enseguida a intentar alcanzar la que le sigue y después de esta, nos ponemos otra meta más y otra y otra, así hasta que acabamos exhaustos.

Tener deseos y metas vitales es legítimo y saludable. ¿Qué sentido tendría la vida si no tuviésemos objetivos e ilusiones? Pero distinto de esto es pensar que necesitamos todo lo que sanamente deseamos. Hacer una buena distinción es la clave para no dejarnos perturbar de forma exagerada por la derrota de no conseguir lo que planeamos.

La vida perfecta no da la felicidad

Que se lo digan a todas esas personas que han llegado a cumplir todos sus sueños y aun así, no se han sentido completos. Millones de personas en el mundo, desde fuera, parecen tener una vida envidiable. Si nos fijamos en ellas, podemos sentir incluso celos y pensar que han encontrado la manera de ser felices y estar tranquilos, pero es mentira.
Si esas personas son felices desde luego que no se debe a todo lo que poseen o han obtenido, si no a que saben mirar la vida de una manera especial. 

Al ser humano le cuesta mucho encontrar la calma con lo que ya tiene. Siempre tiene la sensación de que puede hacer algo más, de que puede ser mejor o de que puede obtener más cantidad de lo que sea. Está vacío, incompleto, imperfecto, verde…

Mediante esfuerzos descomunales, acabamos cosechando todos los logros, todas las pertenencias y todo aquello que hará que nuestra vida sea dichosa y acabamos agotados y con el cuerpo resentido. Una vez adquirido todo esto, esa dicha no se da y seguimos necesitando dar un paso más.

Si he conseguido ser una persona con licenciatura, ahora debo tener el doctorado y luego debo tener pareja estable, después intentaré hablar idiomas, viajar, tener hijos… Y lo peor de todo, si por el motivo que sea no lo consigo, entonces seré un desgraciado.
Este pensamiento es la semilla que siembra la desgracia en nuestra vida. Como la perfección no es más que un concepto irreal y es a ella donde queremos llegar, algo que es completamente imposible, siempre tendremos la sensación de que somos unos miserables. 

Y entonces, ¿dónde está la clave?

Lo primero que tenemos que aprender es que nada externo tiene tanto poder como para hacer que nuestro estado emocional sea uno u otro. Nadie es más feliz que antes por tener más cosas, al menos a largo plazo no funciona así.

Cuando los niños descubren los juguetes que les han traído los Reyes Magos parecen más felices, pero esa felicidad solo dura unos días. Tras este placer efímero, estos niños querrán cambiar de juguetes y estos que acaban de recibir, los dejarán de lado.

Esto mismo nos pasa a los adultos. Las cosas acaban perdiendo valor a lo largo del tiempo y lo que obtengamos en el futuro, también perderá valor. El ser humano acaba adaptándose y la habitación hace que termine viviendo como normal cualquier cosa.
¿Por qué Michael Jackson, con una mansión que además era parque de atracciones, era más infeliz que Pepe Mújica, que vive en una chacra? 

Lo segundo que tenemos que tener en cuenta es que la felicidad, la dicha, el bienestar o como queramos llamarlo está dentro de nosotros y consiste en una forma de ver la vida que aprecia y ama lo que posee ahora sin necesitar nada más. Es lo que el psicólogo Rafael Santandreu denomina “bastantidad”: esa capacidad de darnos cuenta de que lo que poseemos ya es suficiente y de que realmente no necesitamos nada más para estar a gusto.

Por último, un buen ejercicio es renunciar conscientemente a casi todo y estar dispuestos a vivir sin ello. Puedo intentar cumplir mis deseos, pero aceptando que quizás nunca los consiga y eso no tiene por qué repercutir en mi bienestar personal.
La aceptación de la vida tal y como va sucediendo, es una de las claves más importantes para sentirnos libres. 

Puede que pienses que es conformismo, pero no es así. Lo que promulgamos es que tengas deseos, motivaciones y objetivos. Que intentes alcanzarlos, pero siempre con la idea aplastantemente real de que nada de eso hará que seas más feliz, y que si en algún caso no lograras alcanzar la meta que te marcaste, tampoco lo necesitabas.

Alicia Escaño Hidalgo

martes, marzo 21, 2017

Cómo Controlar la Energía Sexual y Transformarla en Energía Pura, Creativa y Luminosa

Hoy quería hablar de cómo controlar la energía sexual.

Hablaremos principalmente de la energía sexual masculina, aunque espero que este artículo también te resulte interesarte si eres mujer.

Nos centraremos en cómo controlar le energía sexual masculina por dos motivos. En primer lugar, porque yo soy un hombre y solo puedo hablar por experiencia propia de la energía masculina.

Y en segundo lugar, porque en general las mujeres no tienen demasiados problemas para controlar su energía sexual. Somos los hombres los que tenemos dificultades en este aspecto.

Tenemos muchas dificultades.

Y es algo a lo que debemos prestarle atención y ponerle solución.

La Gran Carga que Supone la Energía Sexual Masculina

En este artículo explicaremos tres ejercicios concretos para controlar la energía sexual.

Pero antes de esto, me gustaría hablar de un tema del que no se habla casi nunca, por no decir nunca: el enorme peso que llevamos encima los hombres.

Es muy difícil ser hombre; mucho más de lo que parece. Los hombres llevamos una enorme carga sobre nuestros hombros.

Y ni siquiera nos damos cuenta; ni nosotros mismos, ni la humanidad en general.

Supongo que te habrás fijado, pero las mujeres, en general, están mucho más interesadas por temas espirituales. Si vas a cualquier curso de espiritualidad o de crecimiento personal, el 70-90% de los asistentes son mujeres. Están mucho más conectadas con sus emociones y su mundo interno, y esto las impulsa a crecer a nivel profundo.

Creo que es Eckhart Tolle quien, en el famoso libro “El Poder del Ahora”, afirma que la mujer está mucho más cerca de la iluminación que el hombre. Y también se lo escuché decir a Kryon hace no mucho.

Muchas veces se habla del “sexo débil” para referirse a las mujeres, y ciertamente en general tienen menos fuerza física. Pero a nivel espiritual, el sexo débil es el hombre.

Pero no es que sea débil en el sentido de que tiene poca fuerza; lo que pasa es que lleva un gran peso encima. Y una parte de este peso es la energía sexual.

La energía sexual masculina es como un torbellino. Nos nubla el entendimiento y nos dificulta mucho mantenernos centrados.

Es muy difícil de dominar y de convivir con ella.

Personalmente, como hombre, siempre me he sentido muy incómodo con mi energía sexual.

Es una de las energías más difíciles de controlar que hay en esta Tierra.

Tenemos que Aprender a Controlar la Energía Sexual

Una de las principales razones que me han impulsado a escribir este artículo es sacar este tema a relucir. Es un tema delicado y me preocupa que se pueda malinterpretar, pero aún así creo que es positivo hablar de ello.

Si eres una mujer, es posible que te cueste un poco entenderlo; de la misma manera que a los hombres nos cuesta entender los procesos femeninos.

Pero hay algo que los hombres necesitamos oír, y en el fondo las mujeres también. Es algo que la humanidad en general necesita oír.

No estamos tan obsesionados con el sexo como parece. En el fondo de nuestra alma, el sexo no nos interesa lo más mínimo. Lo que pasa es que tenemos un león hambriento en nuestro interior. Viene de serie con el traje humano que llevamos; forma parte de la experiencia de ser hombre. Pero no forma parte de lo que realmente somos.

Nosotros no somos el león.

Ahora bien, que no seamos el león no significa que podamos desentendernos de él. Forma parte de nuestra vida y tenemos que aprender a controlarlo. Nos lo debemos a nosotros mismos, y se lo debemos a la humanidad en general.

Un porcentaje muy elevado de los problemas de la humanidad han sido causados por el león. La gran mayoría de la violencia de la Tierra es causa del león.

Y es nuestra responsabilidad domarlo.

Cómo Controlar la Energía Sexual Masculina

Así pues, por un lado hay que tener claro que la energía sexual masculina es muy difícil de controlar y que no debemos sentirnos culpables ni avergonzados por ello. Pero por otro, tenemos que asumir que es nuestra responsabilidad dominarla.

La energía sexual es una energía maravillosa, pues en el fondo es energía creativa. Es una energía que crea vida, y si aprendemos a controlarla podremos hacer grandes cosas.

Un hombre que controla su energía sexual es un hombre muy poderoso y luminoso. Es un hombre compasivo y amoroso, y con una gran capacidad creativa.

La gran pregunta es: ¿cómo podemos conseguirlo? ¿Cómo podemos dominar nuestra energía sexual?

Pues la respuesta es muy simple, aunque muy difícil de llevar a la práctica: tenemos que dejar de eyacular.

Para siempre.

Si eres hombre, es muy probable que esta idea te parezca descabellada no, lo siguiente de descabellada. Imposible. Totalmente imposible.

Pero fíjate bien en que no he dicho que tengamos que dejar de eyacular ya mismo. No tienes que hacerlo hoy, ni mañana, ni pasado mañana. De hecho, ni siquiera tienes que hacerlo en esta vida. Puedes tomártelo con toda la calma que quieras.

Pero sí deberías meditar sobre ello y empezar a asumirlo. En algún momento de tu existencia, sea en esta vida o en otra más adelante, dejarás de eyacular.

El sexo es algo transitorio de la naturaleza humana. No es algo que vayamos a necesitar a largo plazo.

Y se está acercando el momento de empezarlo a soltar.

Método 1 para Controlar la Energía Sexual

Una vez tenemos claro que tenemos que aprender a controlar nuestra energía sexual, el siguiente paso es ponernos a trabajar en ello.

Un primer método que podemos utilizar es el de hacer circular la energía por todo nuestro cuerpo. Este es un método muy conocido y que hace mucho que se utiliza.

Cuando sentimos deseo sexual, una gran cantidad de energía se concentra en los genitales. Y cuando sucede esto, los hombres sentimos un fuerte impulso a expulsar esta energía hacia el exterior.

Esto no es negativo en absoluto. La esencia de la energía sexual es la creatividad, así que es totalmente natural que quiera manifestarse y salir al exterior. Lo que pasa es que, a no ser que queramos crear una nueva vida, expulsarla a través de la eyaculación es un gran desperdicio. Perdemos una gran cantidad de energía sin hacer prácticamente nada con ella.

Una manera de evitarlo es alejar la energía de los genitales y llevarla a otra parte del cuerpo donde nos sea más fácil manejarla y expresarla de forma constructiva.



Para ello, podemos centrar nuestra atención en la zona de los genitales y mover mentalmente la energía hacia atrás; hacia la base de la columna vertebral. Así:Luego podemos hacer subir la energía por la columna hasta la coronilla, y después hacerla bajar por la parte anterior del cuerpo hasta la zona que hay debajo del ombligo. A la hora de hacer bajar la energía por la boca, es recomendable llevar la punta de la lengua hasta el paladar para que pueda pasar mejor.Si haces este ejercicio verás que, cuando la energía está en la zona de debajo del ombligo, no sientes el impulso de expulsarla. Al contrario, sentirás el impulso de guardártela dentro de ti y de expresarla de otras maneras creativas.

Es un ejercicio muy simple, pero tiene dos dificultades importantes. La primera es que cuesta mucho apartar la atención completamente de los genitales; y enseguida que volvemos a centrarnos en ellos, vuelve el impulso de eyacular. Pero con un poco de práctica y de voluntad se va haciendo cada vez más fácil.

Y la segunda dificultad es que, al no expulsar la energía sexual, tendremos una gran cantidad de energía extra en nuestro interior. Y tenemos que hacer algo con ella.

Si eres una persona con proyectos, ideas y ganas de hacer cosas, no tendrás demasiadas dificultades. Simplemente se trata de utilizar esta nueva energía en tus proyectos.

Pero hay muchas personas que se sienten bastante vacías y faltas de ilusión. Y en estos casos, tener energía extra suele ser incómodo. Tener energía sin saber qué hacer con ella no es agradable. Y es muy fácil tener ganas de descargarla para poder descansar.

Esto tiene una parte difícil, pero también es una muy buena oportunidad para plantearse una de las preguntas más importantes de nuestra vida: ¿qué es lo que realmente quieres hacer aquí?

¿Qué es lo que realmente quieres crear en tu vida?

Es muy importante buscar esta respuesta.

Y cuando la encuentres, en lugar de descargar tu energía sexual a la ligera, úsala para hacerlo realidad.

Método 2 para Controlar la Energía Sexual

Otro método que podemos utilizar para controlar la energía sexual es conectar mentalmente con alguna persona o ser que para nosotros sea un ejemplo de madurez espiritual. Puede ser Jesús, Buda, algún ángel o arcángel, etc.

La persona o ser concreto que elijamos es indiferente. Lo único que importa es que a nosotros nos inspire paz y pureza espiritual. Yo personalmente lo hago con los Pleyadianos, de quienes te hablé hace poco.

La base de este ejercicio es simple: cuando piensas en Buda o Jesús, o en cualquier otro ser elevado espiritualmente, ¿te los imaginas perdiendo el control de su energía sexual?

No, ¿verdad?

Por este motivo, el simple hecho de pensar en ellos tiene un gran efecto calmante.

Y, además de esto, también puedes pedirles ayuda. En función de las creencias que tengas, esto puede resultarte muy extraño, o incluso ridículo. Pero es algo que puedes probar, y es muy efectivo.

Cómo Controlar la Energía Sexual con Tapping

Y por último, un tercer método que podemos usar es el tapping. El tapping sirve para todo, y también lo podemos utilizar para controlar nuestra energía sexual.

Por si no lo conoces, el tapping es una terapia muy sencilla y efectiva que consiste en describir lo que queremos tratar con una frase y luego darnos unos golpes muy suaves en unos determinados puntos del cuerpo. 

La manera de usarlo para controlar la energía sexual es buscar frases que describan todos los bloqueos y dificultades que tengamos respecto a este tema, y hacer tapping con ellas. Por ejemplo:
Siento un deseo sexual muy grande y no lo puedo controlar.
Me cuesta mucho apartar la atención de los genitales.
Si no descargo la energía sexual, me siento muy incómodo.
Creo que no lo podré controlar nunca.
Me parece imposible lograrlo.
Me siento muy frustrado y culpable cuando no lo consigo.
Etc.

Aquí he puesto unos cuantos ejemplos bastante genéricos, pero a la hora de aplicarlo es importante que las frases sean lo más específicas posible. Cuanto mejor describan lo que sientes, mejor.

De esta manera, poco a poco podemos ir controlando nuestra energía sexual y aprendiendo a utilizarla de forma constructiva.

Esta es una de las transformaciones más grandes que puede vivir un hombre.

La gran mayoría de hombres vivimos dominados por nuestra propia energía sexual. Y por el camino hacemos sufrir a las mujeres.

Es hora de empezar a tomar las riendas.

El mundo nos está esperando.

www.jananguita.es

lunes, marzo 20, 2017

Aprende a resolver los 7 tipos de conflicto más comunes

Resolver conflictos habituales es una de las habilidades que más quebraderos de cabeza nos puede evitar. Allí donde haya dos seres humanos, hay al menos un conflicto. Esto no se debe a que la gente sea mala o tenga intención de crear problemas. Sencillamente, se produce porque dos personas nunca piensan exactamente igual.


Las relaciones sanas no son aquellas que carecen de conflictos. De lo que se trata no es de evitar las contradicciones, sino de saberlas resolver. Allí está el verdadero secreto de la buena convivencia. Y no es tan difícil, si te lo propones. Es suficiente con que tener voluntad, paciencia, capacidad de comprensión y estar dispuesto a no estancarte en las diferencias, de manera que no las rumies.

“Primero, escuche. Dele a su oponente la oportunidad de hablar. Déjelo terminar. No se resista, defienda ni discuta. Esto sólo levanta barreras. Trate de construir puentes de comprensión”.
-Dale Carnegie-

Algunos conflictos son más frecuentes que otros. Enseguida hacemos un inventario de esos problemas habituales y que vale la pena aprender a resolver para tener una vida más tranquila y unas relaciones más sanas y fluidas.

1. Resolver conflictos por malos entendidos o percepciones erróneas

Son uno de los tipos de conflicto más comunes. Se presentan cuando hay una falla en la comunicación. Los involucrados no cuentan con toda la información acerca de algo, o tienen una información tergiversada, o la interpretan de manera errónea. Esto da lugar a prevenciones, molestias o rencores.

Para resolver este tipo de situaciones lo mejor es el diálogo franco y directo. Si notas que alguien se muestra hostil de repente y no sabes por qué, lo mejor es preguntarle de manera directa. Y lo mismo vale para el caso contrario. Si tienes una molestia, lo mejor es que la expreses abierta y respetuosamente. Muchos grandes problemas se evitan con una comunicación asertiva.

2. Por una falta de acuerdo que no se trata

A veces la hostilidad entre dos personas es constante e insidiosa. Puede ser que una le critique a la otra todo lo que hace o dice. O puede ser que siempre se muestre inconforme o molesta. De manera que ambos tienen la percepción de que hay un malestar constante.

Lo más probable es que en esos casos haya un conflicto de fondo que no se ha reconocido. Y ese gran problema se traduce en pequeños roces cotidianos y constantes. Si quieres resolver una situación así, lo primero es identificar lo que hay detrás de todo. Luego, es necesario afrontar esa dificultad con el otro son olvidar la sinceridad y el respeto.

3. Por intereses contrapuestos

Es lo que se llama comúnmente un “conflicto de intereses”. Se da cuando las necesidades de una persona se contraponen a las necesidades de otra. Por ejemplo, cuando se debe hacer una tarea doméstica y los potenciales responsables quieren descansar, en lugar de hacerla.

En esos casos, el problema solo se puede resolver si se abre paso una negociación justa. Esto quiere decir que ambos deben ceder. Pero también que ambos deben obtener un beneficio. No es tan difícil lograrlo si los involucrados aceptan que “es mejor un mal arreglo, que un buen pleito”.

4. Por valores o creencias diferentes

Este tipo de conflictos también están en el grupo de los más usuales. En realidad, no aparecen porque dos personas piensen diferente. Solo se convierten en problema cuando una, o ambas, pretenden imponer sus creencias al otro y/o descalificar lo que piensa.

Por lo general esto ocurre con las creencias religiosas o políticas. En ambos casos suele haber un afán de proselitismo, es decir, un interés por “reclutar” al otro para el propio bando o grupo. Para resolver este tipo de conflicto, basta con admitir que el respeto a la libre conciencia del otro es una garantía de que los demás también respeten lo que pienso.

5. Resolver conflictos por poder

El poder es una fuente de conflicto permanente. Quien lo detenta es foco de toda suerte de críticas, unas bienintencionadas y otras no. El que no lo detenta recibe sus efectos y muchas veces siente que está siendo afectado negativamente por este. En el marco del poder siempre hay tensión.

Para resolver los conflictos de poder lo más adecuado es proponer mecanismos que lo hagan horizontal. Esto quiere decir, generar espacios para escuchar y atender a quienes no lo detentan. Esto vale no solo para quienes ejercer grandes cuotas de poder, sino también para quienes ejercen poder en la familia, la escuela, el trabajo, etc.

6. Por dificultades intrapersonales

Las dificultades intrapersonales hacen referencia a los conflictos que tienen lugar en la mente de un individuo. Esto quiere decir que en realidad no hay un problema externo. Es la persona quien lo ve así. Sucede cuando, por ejemplo, alguien ansioso no tolera que otros hagan algo lentamente.

Quienes rodean a una persona afectada por un conflicto intrapersonal deben, amablemente, hacerle caer en la cuenta de la situación. La mayoría de las veces no son conscientes de ella. A veces solo se trata de hacerle ver que no hay conflicto. Si se hace esto de forma serena y respetuosa, probablemente surta un magnífico efecto.

7. Por incompatibilidad de caracteres

Es la clase de conflictos en los que, sencillamente, “no hay química”. Por una u otra razón, a una persona le cuesta aceptar a otra. Es una especie de antipatía genérica que no obedece a algo en particular. En esos casos se puede caer en la tentación de expresar esa tensión a través de gestos de rechazo continuados.

Si bien es cierto que no todo el mundo tiene por qué “caernos bien”, también lo es que no tenemos ningún derecho a rechazar a alguien por ser como es. Quizás los rasgos de ese otro son complementarios a los nuestros y no lo notamos. Quizás simplemente debemos tomar una distancia prudencial y tratar al otro con la consideración que merece.

Los conflictos, en general, se pueden resolver siempre a través de una comunicación asertiva. Esto no significa una comunicación solapada o falsamente cortés. Se trata más bien de abordar directamente el problema, con tranquilidad y respetando al otro. Si sabes comunicarte adecuadamente, antes que resolver conflictos seguro logras prevenirlos.

Edith Sánchez