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viernes, diciembre 15, 2017

Nuestro lenguaje interior

El lenguaje no es solamente la comunicación verbal, son una serie de símbolos que el cerebro interpreta y regula no solo para establecer un nexo con otros sino con nosotros mismos. Normalmente con los demás usamos palabras, gestos, actitudes, expresiones faciales y corporales que le dan énfasis a ese lenguaje verbal. 
 


¿Entonces cómo hace el cerebro para darle sentido a lo que pensamos?

El cerebro desde luego que usa las palabras como un medio para conectarnos con lo que expresan los demás, pero nosotros no pensamos con palabras, se integran contenidos completos que permiten condensar el pensamiento, en forma global y no literal.

Existen muchas formas de lenguaje: verbal, escrito, simbólico, convencional, abstracto, háptico, musical, matemático, de señas. Y en cada una de sus expresiones existe un fondo de comunicación y de sentido que nos entrelaza o nos aísla.

El lenguaje verbal tiene contenido, significado, expresión, comprensión, ritmo, medida, entonación, prosodia, musicalidad, representación y afecto.

Si se aprende tardíamente una segunda lengua, la decodificación se hace lenta y las pausas aparecen, para confirmar lo que queremos decir, llevar a palabras nuestros pensamientos. La fluidez mental no necesariamente implica una velocidad de expresión o locuacidad. 

¿En dónde se encuentra el lenguaje en nosotros?

El cerebro tiene áreas especializadas para manejar ciertas funciones, como el movimiento de los labios, el manejo del aíre cuando hablamos, la movilidad de la lengua, activar nuestras cuerdas vocales, y para relajar algunos músculos y activar otros. Y otras áreas para comprensión, manejo del tono de la voz, sentido de las palabras, comprensión no solo de lenguaje verbal sino todo tipo de expresión y ambas se combinan para la lectura y la escritura.

Pero no son solamente esas dos zonas –áreas de Broca y de Wernicke-, se conectan con nuestro cerebro emocional para darle sentido sino también entendimiento. Además hay conexiones visuales para la lectura y táctiles para descifrar con la piel o la sensibilidad de los dedos un texto escrito en Braille—lenguaje de los ciegos-, o si nos escriben en la espalda o en la mano.

También se necesita voluntad para expresar lo que queremos, esa zona está en nuestro lóbulo frontal. Para decir adecuadamente, con elegancia, o medir los impulsos cuando estamos enojados, el cerebro emocional tiene un control en la parte más anterior de ese lóbulo frontal—la corteza prefrontal-, de esta manera controlamos lo que no quisimos decir en un momento de rabia o de ofensa.

Otra cosa es la memoria, que puede ser verbal, escrita, visual, sensorial y ejerce funciones en el desarrollo de las habilidades del lenguaje para escoger sustantivos, sinónimos, antónimos, y elegir las mejores palabras para darle magnificencia al lenguaje en todas sus modalidades.
 
¿Cómo se sabe que no pensamos con palabras?

Sabemos que no pensamos con palabras porque cuando ocurre un accidente que compromete el cerebro o una enfermedad cerebrovascular (Ictus), las personas pierden la expresión del lenguaje sin perder las capacidades dentro de su cerebro para comprender, idear, innovar y reconocer otros tipos de formas del mismo, como las señas o los símbolos, incluyendo otros tipos de lenguaje como el musical. 

¿Entonces cómo así que no pensamos con palabras?

Un ejemplo de la comprensión global o Gestalt sería “caperucita roja”, la persona que se sabe el cuento integra todo como un contenido. No necesitamos escuchar el relato de nuevo para generar toda la información que llevamos del mismo. Cuando pensamos lo hacemos mediante estos contenidos globales. No repetimos verbalmente: “voy a ir al banco a realizar una transacción”, a menos que estemos dando una explicación de lo que pensamos realizar.
 
¿Cómo se configura nuestro lenguaje interior?

Bajo estas premisas tenemos todo tipo de información del lenguaje interior. Analizamos, ideamos, programamos y solamente nos referimos a palabras cuando vamos a utilizarlas en una argumentación como cuando nos preparamos para decirle al jefe que merecemos un aumento de sueldo. Aquí el ensayo mental se tiene que producir mediante palabras.

El lenguaje interior se contamina porque dejamos que entren contenidos de todo tipo. Cuando vamos a salir en el vehículo, nos adelantamos a la ruta, generamos al mismo tiempo la llegada a la oficina, o interpretamos el leve dolor de cabeza. En ese transcurso pasamos de un tema a otro de acuerdo a las prioridades.

¿Cómo se organiza el lenguaje interior?

Un pensamiento organizado, coherente, impecable, es aquel que se usa de acuerdo a la necesidad apremiante de realizar una actividad productiva o también lúdica. Nuestro cerebro deja que llegue información irrelevante que nos desconecta del medio.
 
¿Se puede aprender a pensar?

Desde luego que sí. Tenemos que hacer uso de nuestra corteza prefrontal—aquella parte de nuestro cerebro que sirve para funcionar adecuadamente, es decir nuestro cerebro analítico-. Mediante la resolución de problemas vamos desechando el “pensamiento basura”, el cual no resuelve nada. Si pensamos en que nuestro hijo presenta un catarro, estando nosotros en la oficina, es mejor llamarlo para saber cómo está que demorar la acción pensando en las complicaciones posibles de una infección respiratoria.
 
¿Se pueden seleccionar los pensamientos?

La selección adecuada de los mismos se llama pensamiento crítico, y consiste en el análisis rápido de ellos para encontrarles utilidad y que no se devuelvan después de resueltos. Como cuando nos desvelamos, que llenamos la cabeza de posibilidades y eventos, que se vuelven una telaraña de decisiones sin una coherencia adecuada.
 
¿Puedo aprender pensamiento crítico?

Desde luego, la rutina en un evento mental para volverse eficiente, necesita primero que todo identificar la utilidad y coherencia del pensamiento. Se deben resolver uno a uno los elementos, problemas o cuellos de botella, y ponerlos en su prioridad. Si cuando me estoy bañando para ir al trabajo, estoy resolviendo la ruta para llegar al mismo, es mejor desecharlo y hacerlo cuando estemos sentados en el auto.
 
¿Qué puedo hacer si se me vienen pensamientos no trascendentales?

Si tiene preocupaciones estas son la primera causa para evadir el pensamiento. Resuelva inmediatamente y siga para adelante. Si tiene dudas sobre si su hijo llegó o no llegó en la noche, no se quede pensando, levántese y verifique; si no está en su cama, llámelo y resuelva la situación. Pocos problemas se resuelven pensando en ellos.
Hágase usted mismo estas preguntas
  • ¿Por qué estoy pensando en este tema?
  • ¿Son de utilidad inmediata mi pensamiento o mis dudas?
  • ¿Ya había resuelto esta duda?, no voy a pensar en ella otra vez.
  • ¿Y si resuelvo esto más tarde? Mejor me dedico a lo importante.
  • ¿Qué soluciono pensando en esto?
  • ¿Es un problema que puedo solucionar yo o depende de otros?
  • ¿Tiene realmente solución el problema? Pasemos a otra cosa.
  • ¿Es necesario resolver lo que estoy pensando o lo dejo para más tarde?
  • ¿Para qué? Es una pregunta eficiente, para qué piensa en algo que no le va a reportar utilidad o que simplemente no es de su competencia. Además genera una ansiedad que se vuelve creciente cuando el pensamiento da vueltas y vueltas sin encontrar soluciones que, a su vez, las tiene que tomar otra persona.

Pasamos la vida de preocupación en preocupación, pensando en eventos pasados y futuros que no hacen parte ya de la realidad resolutoria. Dejarnos llevar por las cosas fuera de nuestro alcance hacen el presente irrelevante, porque caminamos sin mirar, oímos sin prestar atención y deambulamos sin un rumbo definido.

El lenguaje interior y el pensamiento crítico son dos pilares de desarrollo del cerebro inteligente que promueve el Neuromanagement-aplicativo. La utilización a nivel empresarial es esencial en los procesos de formación e implementación de la resolución de problemas.

Dr. Rodrigo Isaza Bermúdez