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jueves, septiembre 07, 2017

Personalidad resistente: los 4 componentes que la definen

Tras una personalidad resistente hay algo más que simple fortaleza. Al fin y al cabo, la auténtica fuerza no proviene en absoluto de la capacidad física, sino de una voluntad indomable. Así, la persona resistente es el reflejo más prístino de esa actitud que no entiende de rendiciones, que es capaz de caer ocho veces y levantarse diez, de permitirse fallar y seguir mirando al mañana con esperanza.



A pesar de que todos hemos oído hablar en algún momento sobre este tipo de perfil de personalidad, es interesante saber que su conceptualización surgió en los años 80 en el campo de la psicología social. Algo que le interesaba a Suzanne C. Kobasa, psicóloga de la Universidad de Chicago era entender qué tenían de “especial” ciertas personas capaces no solo de tolerar mejor el estrés, sino que además, aprendían de las circunstancias más adversas, de las situaciones más demandantes.

“El hombre que se levanta es aún más fuerte aquel que no ha caído”.
-Viktor Frankl-

La personalidad resistente se definió en aquel momento como una sutil combinación entre ciertos componentes biológicos y el aprendizaje que algunos perfiles hacen de sus experiencias en la sociedad. Ahora bien, desde entonces hasta la actualidad, el enfoque ha variado un poco. Podríamos decir que ha florecido hasta el punto de ver esta serie de capacidades como un potencial indiscutible que todos deberíamos desarrollar.

De hecho, si hay algo que las grandes empresas han empezado a valorar más allá de un buen currículum es el “Mental Toughness” o lo que podría traducirse como tenacidad mental sumada a la personalidad resistente. Porque en una sociedad tan compleja y competitiva como la actual, ya no basta con ser brillante y tener talento. Hay que poner todos nuestros propios recursos en acción para salir siempre adelante en cualquier ámbito, en cualquier escenario y en cualquier circunstancia.

Los cuatro componentes de la personalidad resistente

Peter Clough, profesor de Psicología Aplicada en la Universidad Metropolitana de Manchester, es una de las máximas referencias en el estudio de la personalidad resistente y la tenacidad mental. En libros como “Developing Mental Toughness” nos ofrece distintas herramientas y pruebas psicométricas para evaluar las cuatro dimensiones que conforman este tipo de capacidad.

Asimismo, un aspecto que debemos tener muy claro sobre el tema, es que nadie nace con una personalidad resistente. Ninguno de estos enfoques mentales y fortalezas internas vienen de fábrica, sino que son el excepcional resultado de una serie de pensamientos, atribuciones y actitudes que uno mismo debe ir asumiendo a partir de sus experiencias, de sus éxitos y por supuesto, de sus fracasos.

1. Confianza, la capacidad de creer en uno mismo

Admitámoslo, no hay peor enemigo que el que habita en nuestro propio interior. Nuestra representación interna es la que determina al fin y al cabo nuestros comportamientos. De este modo, si uno se ve a sí mismo empequeñecido, frágil, herido y atrapado en las enredaderas de la indecisión, rara vez alcanzará algo bueno, algo que le satisfaga. Rara vez será capaz también de afrontar un desafío, un reto, una dificultad.
Ya lo dijo Ralph Waldo Emerson una vez, la confianza en uno mismo y no otra cosa, es el primer escalón hacia el éxito y el bienestar. Algo que sin duda podríamos traducir de otro modo: nuestra vida es nuestra autoestima.

Para confiar en nosotros mismos y en nuestra autoestima, no queda otra opción más que la de aunar coraje para afrontar los miedos, alimentar la propia autoestima y dejar a un lado muchas de esas atribuciones heredadas que limitan nuestro auténtico potencial.

2. Capacidad de control, entre la calma y la positividad

La personalidad resistente no se caracteriza en absoluto por una alta capacidad de auto-control. Esta faceta se halla más bien en ese punto intermedio donde uno es plenamente consciente de que no se puede controlar todo lo que le llega, todo lo que sucede a su alrededor o incluso todo aquello que el destino puede guardarse en el futuro.

El perfil resistente sabe que parte de la vida está regida por la incertidumbre. Sin embargo, ante la falta de certeza prevalece la no rendición, la correcta conexión con las propias emociones para encarar con valentía lo aquello que pueda venir. Asimismo, en medio de toda dificultad, siempre será posible alcanzar nuevos logros, nuevos aprendizajes y valiosos objetivos.

3. Afrontar los retos sin miedo

Ya lo dijo Mihaly Csikszentmihalyi una vez: los cambios son parte de la vida, asumirlos del mejor modo puede suponer un incentivo para nuestro crecimiento personal. Sin embargo, si hay algo que todos sabemos es que los desafíos, los retos y cualquier tipo de variación en nuestra cotidianidad, traen consigo a la guardia del miedo y los centinelas del estrés y el desasosiego.

La personalidad resistente se caracteriza ante todo por una clara flexibilidad cognitiva y por una buena tolerancia a la ambigüedad. Su visión interna, sosegada y madura le permite ver todo reto no como una amenaza, sino como un momento donde aunar recursos internos para poner en marcha un afrontamiento positivo y efectivo.

4. Compromiso conmigo mismo y con quienes me rodeen

El compromiso en la personalidad resistente va más allá de uno mismo o de su propio beneficio. Un rasgo que los define es su compromiso social auténtico, su sentido de comunidad o de corporación. Ese deseo tan profundo de altruismo y de apoyo social hace muchas veces que sean para otros motivo de inspiración. Aún más, a menudo, su mera presencia y actitud centrada y relajada, hace que el impacto del estrés se reduzca de forma considerable en determinados escenarios.
Para los psicólogos existencialistas la personalidad resistente es el reflejo de alguien auténtico, alguien que mira al futuro con seguridad, vacía de egoísmos y movida por un deseo expreso de bien social.

Para concluir, tal y como hemos visto este perfil de personalidad aglutina una serie de enfoques, rasgos y procesos internos donde no falta ni la resilencia ni esas prácticas efectivas que promueven el equilibrio social y la armonía, tanto externa como interna. No dudemos por tanto en trabajar en nuestro día a día estas dimensiones aquí reflejadas.

Si las personas no podemos elegir nuestras circunstancias vitales, intentemos al menos trabajar en nuestros pensamientos y actitudes para mejorar un poco más la realidad que nos envuelve.

Valeria Sabater