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lunes, agosto 28, 2017

¿Es posible cambiar el patrón de apego que aprendimos en nuestra infancia?

Podríamos definir el apego como un vínculo que se crea entre dos personas, el cual les hace querer permanecer juntas en el espacio y a través del tiempo. Esta unión se crea en los primeros meses de vida con el cuidador principal y hace que el tipo de relación que creamos (patrón de apego) nos vaya guiando en las siguientes relaciones con implicación emocional que establecemos.



El psicoanalista Jonh Bowlby se dedicó al estudio del apego y estableció que el proceso comienza muy poco después del nacimiento, pero que no es hasta los 8 meses aproximadamente cuando podemos considerar que se crea el primer vínculo de apego entre el bebé y el cuidador principal.

Más adelante la psicóloga Mary Ainsworth identificó y clasificó el apego en tres tipos:
  • Apego seguro: el niño se siente cómodo en la relación, sabe que si llora sus padres acudirán, puede explorar el entorno sabiendo que tiene una base de seguridad a la que volver, si siente ansiedad buscará la figura de apego.
  • Apego inseguro evitativo: el bebé ha aprendido que el poder que tiene para producir reacciones en las personas que le rodean es muy limitado. De esta manera, lo más común es que no sea demasiado expresivo.
  • Apego inseguro ambivalente-resistente: el niño ha tenido episodios de lloro en el que se le ha consolado y otros en el que no. No tiene claro su estereotipo de figura de apego, a veces sí a veces no, lo que le crea incertidumbre a la hora de enfrentarse al mundo. Siente que tiene poder para producir efecto en los demás, pero también “entiende” que ese efecto es impredecible.

” Consideramos esencial para la salud mental que el bebé y el niño pequeño experimenten una relación cálida, íntima y continuada con el cuidador principal en la que hallen satisfacción y goce”
– J. Bowlby-

El apego nos hace crear una primera imagen de lo que nos rodea, la cual interiorizamos a mucha profundidad. Salvo que después aprendamos otros patrones, entenderemos que esa es la manera de relacionarnos con las personas a las que queremos.

¿Podremos cambiar el patrón de apego?

Una vez establecidos los vínculos, como hemos dicho anteriormente, salvo otro aprendizaje intentaremos reproducir este patrón. Por otro lado, este modelo será muy poderoso, lo que no significa que estemos determinados o condenados por él o que no podamos aprender otro.

El apego primario es muy importante, por ello se trabaja para que en la medida de lo posible se creen unos vínculos seguros y se promueva con ello el buen desarrollo, tanto físico como socio-emocional del bebé. Hay casos en los que el apego no se ha desarrollado en la línea adecuada y tendrá que ser en el futuro, con las primeras relaciones con los iguales, en el colegio o con las primeras parejas, cuando se cambie la imagen que tenemos de relación y de unión y se pueda crear un nuevo modelo.

Por ello, sí es posible cambiar el tipo de apego. Para hacerlo necesitaremos involucrarnos en nuevas relaciones que nos demuestren que el vínculo, la confianza o la relación con el otro es distinta a lo que esperábamos o anticipábamos.

Importancia del apego a lo largo de la vida

Interiorizar un patrón de apego que refuerce nuestras relaciones y nos dé seguridad nos ayudará a establecer relaciones en las que nos sintamos seguros. Personas cercanas a las que nos podremos abrir, con las que generaremos confianza y podrán ayudarnos a un nivel más profundo, porque nuestra comunicación también lo será.

Es importante este primer modelo porque si no es positivo, después cambiarlo es una tarea complicada. De hecho, si queremos ayudar a que el patrón de apego de alguien vamos a tener que armarnos de paciencia y si queremos cambiar el nuestro de voluntad, además de dedicar tiempo y recursos ha adquirir herramientas que nos ayuden.

En este sentido, como reforzador de un estilo de apego, una vez generado, actúa la profecía autocumplida. Es decir, si tenemos la sensación de que nos movemos en un mundo inseguro filtraremos antes las pruebas que confirmen esta hipótesis, necesitaremos menos pruebas para reafirmarnos en ella y además mostraremos una actitud desconfiada que hará que efectivamente los demás desconfíen de nosotros o nos identifiquen como una víctima fácil y nos ataquen más.

Los padres o cuidadores principales tienen la responsabilidad de crear estos vínculos primarios y en la medida de lo posible crear este modelo descrito de apego seguro, pero luego somos cada uno de nosotros los responsables de las relaciones que establecemos, del análisis que hacemos de ellas y de dirigir los cambios que queramos que se produzcan. Cambios que siempre son posibles, por difíciles que parezcan en un principio.

Adriana Díez