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miércoles, agosto 23, 2017

7 estrategias que desactivan los pensamientos negativos

Es fácil caer presa de una dinámica de pensamientos negativos, especialmente cuando hemos acumulado varios y hemos generado una inercia que afecta sobre todo a los filtros que utilizamos para procesar la información. Los pensamientos de los que hablamos pueden encadenarse de la misma forma que engorda una pequeña bola de nieve que dejamos rodar pendiente abajo. Así, un pequeño e inocente pensamiento, liberado sin consciencia ni intención, puede terminar convirtiéndose en un gran coloso que contamine todas nuestras emociones, conductas y al resto de pensamientos.



Como la fuerza de la bola que cae sin control, cada vez más grande, cada vez más rápida,los pensamientos negativos nos drenan de energía y nos arrebatan la fuerza. Y cuanto más te entregas a esos pensamientos negativos, más fuertes se vuelven. Es más, de la misma manera que es más difícil de detener esa pequeña bola de nieve cuando ya ha rodado varios metros sobre el valle y ha ganado en tamaño, también lo es detener una bola de pensamientos negativos que ya ha comenzado a rodar.
Así, intervenir a tiempo para parar el rodar de la esfera puede ser una gran estrategia para después no tener que hacer un gran esfuerzo para lograr el mismo objetivo.

¿Qué hacer con los pensamientos negativos?

La vida nos presenta desafíos, muchas veces sin darnos una tregua y sin tener en cuenta los recursos con los que contamos. Tener pensamientos negativos o derrotistas ante este panorama es normal. Sin embargo, alimentarlos, retenerlos o incluso perseguirlos disminuye la calidad de vida y envenena la imagen que tenemos de nosotros mismos. ¿Qué necesidad tenemos de atacar de esa manera nuestra autoestima?
Los pensamientos negativos forman las paredes de tu propia cárcel, una cárcel que creas para ti mismo. Liberarte de tu prisión es tan simple como cambiar tu manera de pensar.

El pensamiento negativo en ocasiones duele y en muchas otras condiciona nuestras conductas. Puede hacernos actuar de manera desesperada cuando no hay necesidad o incluso incentivar la posibilidad de tirar la toalla cuando por recursos y habilidades todavía tendríamos mucho que decir. En definitiva, los pensamientos negativos suelen condicionar nuestras decisiones y no precisamente para bien.

Entonces, ¿por qué alimentamos el pensamiento negativo cuando sabemos que nos hace daño? El problema empieza cuando nos saltan los primeros pensamientos negativos y no los tratamos bien. En definitiva, cuando la bola es pequeña y no ha contaminado a todo lo que toca. Por ejemplo, hay personas que tratan a los pensamientos negativos, o mejor dicho, a la ansiedad que producen “atracando” la nevera. Una estrategia que suele generar todavía más pensamientos negativos, en este caso respecto a nuestra capacidad de auto-control y a nuestro cuerpo.

Con este tipo de pensamientos se da otro fenómeno curioso: incluso aunque seas consciente de que tienes que olvidar ese pensamiento, es muy difícil desactivarlo. Cuanto más piensas en olvidarlo más presente lo tienes. Y ahí te quedas, rumiando una idea que no solo te hace pasar un mal rato, sino que puede llevarte a comprometer gravemente tu salud mental.

Cómo desactivar el pensamiento negativo

Entonces, ¿cómo eliminamos este pensamiento negativo? En realidad, no se puede evitar el pensamiento negativo por completo. A veces los pensamientos negativos solo son una chispa en nuestra mente. Cuando esto sucede, debemos ser conscientes, para que inmediatamente podamos reconocerlos y de ese modo saber cuándo estamos pensando negativamente.
Solo siendo conscientes de nuestros pensamientos negativos podemos tomar medidas para desactivarlos.

Las siguientes estrategias te permitirán desactivar el pensamiento negativo y te facilitarán la tarea de pensar en positivo.

1.- Observa tu pensamiento: los pensamientos negativos son generalmente producto de distorsiones cognitivas, o patrones de pensamiento irracional. Obsérvalos como si fueras un espectador. Si no dejas que se apoderen de tu mente simplemente se disiparán. Visualízalos como si fueran troncos que viajan río abajo. Tarde o temprano los perderás de vista. Acepta tus pensamientos negativos y déjalos marchar.

2.- Replantea cualquier cuestión que estés rumiando: las rumiaciones son patrones de pensamiento excesivo. Cuando rumiamos una idea lo hacemos convencidos de que podremos solucionar algo solo por pensar más en ello. Algo que, por lo general, es inútil. Debes despejar lo que hay de verdad en tus pensamientos y desechar lo que has creado tú en tu mente antes de empezar buscar una solución. No te extrañes si después de eliminar la fantasía te encuentras que no hay ningún problema, más allá del que has creado tú mismo.

3.- Muévete y actúa físicamente sobre tu pensamiento: cuando te encuentres atrapado en un pensamiento negativo ponte en movimiento. Cambiar el chip para despertar pensamientos positivos no es tan fácil cuando tu mente está ocupada buscando la manera de sufrir. Es un gran momento para salir a dar un paseo, salir a correr, bailar o practicar yoga. No te pares a pensar -tienes la mente muy ocupada-, simplemente dejar que tu cuerpo tome las riendas y lleve a tu mente a otra parte.

4.- Evita los disparadores de pensamientos negativos: una canción, una imagen, una lectura, lo que ves en la televisión, la compañía de ciertas personas… En cuando descubras qué estímulos desencadenas tus pensamientos negativos, evítalos. Y, en la medida que puedas, sustitúyelos por otros que despierten en ti sensaciones agradables. No te martirices ni te lo pongas más difícil.

5.- Rodéate de gente positiva y experiencias agradables: si lo que ves, lo que escuchas y lo que lees es positivo, si la gente que te rodea es positiva, será más fácil mantener el pensamiento negativo lejos. Cualquier disparador de pensamiento negativo será más fácil de desactivar si el optimismo te rodea.

6.- Repite afirmaciones negativas donde antes pensabas en negativo: el pensamiento negativo suele ser un hábito aprendido. Así que, en vez de dejarte invadir por cualquier pensamiento negativo habitual, adquiere el hábito de pensar en positivo en esas circunstancias. Para recordarlo o reforzarlo, puedes tenerlo presente, escrito en un papel, en tu ropa, en el fondo de pantalla de tu ordenador o de tu móvil, o incluso en tu propia piel.

7.- Recuerda que nadie es perfecto y sigue adelante: es fácil detenerte en sus errores. Pero lo único que puedes hacer es aprender de ellos y seguir adelante. Nada va a cambiar por mucho que rumies. Y si lo que despierta tus pensamientos negativos es una debilidad o una limitación, céntrate en tus fortalezas y en tus virtudes. Si no puedes cambiar lo que hay, sácale el máximo partido a lo que tienes.

Los pensamientos no durarán para siempre

Los pensamientos negativos son fugaces y temporales, salvo que nosotros hagamos por lo contrario. No tienen poder real propio, pero pueden hacer mucho daño si les damos la oportunidad para crecer. Un pensamiento no tiene otro poder que el que tú le das. Los pensamientos negativos ganan impulso cuando se activan. Desactivarlos después es una tarea difícil: ya no es un pensamiento, hablamos de una dinámica.

Cada uno es responsable de la manera que tiene de gestionar sus propios pensamientos. Da igual por qué ese pensamiento surgió: lo importante es que puedes apagarlo y que puedes generar un entorno adecuado para que ese tiempo de pensamientos se reduzcan. La clave pasa por detectar esos pensamientos negativos antes de que tengan tiempo de atrincherarse en tu cabeza y conquistar aliados.

Eva Maria Rodríguez

martes, agosto 22, 2017

Tus críticas son el espejo de tus limitaciones

Las limitaciones y ataduras que nos encontramos en nuestro camino muchas veces son autoimpuestas. La frustración que esto nos provoca y el hecho de no querer darnos cuenta de la cruda realidad se manifiesta en forma de críticas hacia los demás.



Pero, ¿por qué íbamos a querer frenarnos a nosotros mismos? Por los miedos, pero sobre todo por todas las creencias a las que estamos muy aferrados y que jamás hemos querido ni sabido cuestionar. Sin embargo, todo esto se hace eco en nuestra vida en forma de problemas. La solución de todos ellos se encuentra en nosotros.
Cada vez que critiques a alguien, pregúntate: ¿eso que veo en él lo tengo yo también?

La parábola de los dos monjes

A continuación, vamos a ver esas limitaciones que nosotros mismos nos ponemos con la parábola de los dos monjes. Esta parábola encierra una enseñanza muy profunda y nos permite ver todas aquellas críticas que les dedicamos a los demás de otra manera.

“Había una vez dos monjes zen, Tanzan y Ekido, que regresaban a su monasterio después de un largo viaje. El día antes había llovido, por lo que el camino estaba lleno de lodo. Cuando pasaron cerca de un pequeño pueblo, encontraron a una joven que vestía un espléndido kimono dorado.

Para proseguir su camino, la joven debía atravesar un enorme charco de agua. Ante aquel obstáculo se quedó paralizada pensado que, si mojaba su kimono lo arruinaría y su madre la reprendería duramente. Sin dudar un segundo, Tanzan se acercó a la joven y le brindó su ayuda: la cargó sobre su espalda hacia el otro lado del charco. Luego ambos monjes prosiguieron su camino.

Cuando llegaron al monasterio, Ekido, quien se había mostrado incómodo durante el resto del viaje, le reprochó con tono áspero a su compañero:

– ¿Por qué has tomado a esa joven en brazos? ¡Sabes que nuestros votos lo prohíben!

Tanzan no se turbó, miró a su compañero de viaje y le respondió con una sonrisa:

– Yo cargué a aquella joven hace algunas horas, pero tú aún la llevas sobre tu espalda”.


“Justifica tus limitaciones y te quedarás en ellas”
-Richard Bach-

Gracias a esta parábola nos damos cuenta de que a pesar de que Tanzan había hecho una buena obra, el sentido del deber y todo aquello que le habían dicho que no debía hacer pesaba más en su compañero Ekido. Sin embargo, como podemos observar, no le dijo lo que le pasaba hasta pasadas unas horas.

Esto nos permite reflexionar sobre lo relacionado que está todo esto con los pensamientos rumiantes. Esos a los que les damos vueltas en nuestra mente y que, en realidad, no nos aportan nada productivo. La crítica de Ekido manifestaba un conflicto que había en su mente en la que él mismo se estaba autolimitando para hacer lo que en primera instancia seguro que también pensó: ayudar a la joven.

Grandes lecciones para deshacerse de las limitaciones

¿Has criticado alguna vez a alguien por no vestirse de manera adecuada? Entonces seguro que una parte de ti desearía también no haberlo hecho porque, tal vez, no te sientes cómodo con la ropa que llevas puesta. A veces, no nos damos cuenta de que nuestras críticas reflejan una limitación que nos hemos impuesto. Porque a pesar de las normas, de lo “aceptable”, nosotros siempre tenemos la última palabra.

Para deshacernos de las limitaciones y, por ende, empezar a ver las críticas como una manera de ver partes de nosotros que no somos capaces de percibir en un primer momento, es importante que pensemos en el presente. Si deseamos hacer algo o actuar de una determinada manera, no pensemos en si estará bien, en si me mirarán mal u otras dudas similares.

Hagámoslo y, después, soltemos esa situación, al igual que hizo Tanzan. Porque si nos paramos a escuchar nuestras propias limitaciones, al final estaremos cargando con un peso innecesario. Además, no nos podemos olvidar de que ese peso se irá incrementando a medida que sucedan situaciones similares.

También es importante aprender a cuestionarnos nuestras creencias. Pues pensamos que estas nos hacen mejores personas si las seguimos al pie de la letra. Sin embargo, pesan más las acciones. Tener creencias muy rígidas evitará que seamos libres para actuar tal y como demande el momento. Crearemos barreras, nos autolimitaremos y, como consecuencia, no nos sentiremos nada bien.
Deja de hacerte preguntas como: “¿debo hacerlo o puedo hacerlo?”. Empieza a darle prioridad a la pregunta: “¿quiero hacerlo?”.

Las creencias están para ser cuestionadas, las críticas están para ayudarnos a ver en los demás partes de nosotros mismos que desconocemos. Todo esto, no es una oportunidad para negar lo que no queremos aceptar, sino para aprender y madurar. Todos tenemos limitaciones, pero muchas de ellas nos las hemos impuesto nosotros. Nos quedamos muchas más veces en nuestros pensamientos, en vez de actuar tal y como queremos hacerlo en el momento.

Raquel Lemos Rodríguez

lunes, agosto 21, 2017

¿Sabes en qué consiste la técnica del frasco de la felicidad?

Curiosamente, una de las frases más bonitas y recurrentes de la genial reina del suspense Agatha Christie nada tiene que ver con el misterio. La escritora consideraba que “una de las cosas más afortunadas que te pueden suceder en la vida es tener una infancia feliz”. Por eso hoy vamos a ver cómo la técnica del frasco de la felicidad puede ayudar a pequeños y mayores a alcanzar tal logro.



No siempre es fácil pensar en positivo, especialmente para los adultos que lo hacemos mucho. En este sentido, parece que los niños lo hacen de una manera más natural, todavía inocentes, con ganas de jugar, de reír, de divertirse… De ahí que cualquier técnica para que disfruten y disfrutemos un poco más, facilitando el crecimiento pleno, merezca la pena.

La técnica del frasco de la felicidad

Los estudios demuestran una y otra vez que una actitud positiva es un arma poderosa para superar todo tipo de obstáculos. De ahí que reforzar el hecho de que los niños desarrollen una actitud que tienda a la positividad sea tan importante. Es básico de cara a su presente y esperanzador para su futuro

“Los niños son el recurso más importante del mundo y la mejor esperanza para el futuro”
-John Fitzgerald Kennedy-

Así pues, la técnica del frasco de la felicidad podemos describirla como “un juego” que trata de ayudar a los tutores reforzar esa actitud que positiva que muchos niños presentan de manera natural y a generarla en los casos que no sea así. Porque no todos los niños son siempre tan desinhibidos como el estereotipo que la mayoría tenemos en mente, lo que no impide que puedan encara los conflictos o problemas con una disposición positiva.

Así pues, esta técnica trata de mostrar cómo enfrentar problemas desde un punto de vista optimista. Y así fue como la famosa filósofa Elsa Punset ideó este pequeño juego:
  • Un juego para realizar en familia o grupo. Así pues, entre todos los miembros se ha de escoger un tarro de cristal de buen tamaño, que será el frasco de la felicidad.Para ello, lo escribiremos en un papel pegado al bote, de manera que se lea la etiqueta, y lo dejaremos en un lugar reconocible del hogar.
  • Así pues, cada día, padres, hijos, educadores, monitores, es decir, los participantes, tienen que escribir en un papel qué es lo mejor que les ha pasado durante las últimas 24 horas. Hablamos de cosas sencillas, como una buena nota en un examen, una comida rica, algo que salió mejor de lo que se pensaba, conocer a alguien majo, etc. Luego, este papelito se ha de doblar e introducir en el bote. Aunque parezca sorprendente, estas pequeñas frases se graban en el cerebro casi sin querer.
  • Cada seis meses, se abre el frasco, que para entonces estará bastante lleno, y se leen todos los mensajes positivos de cuanto ha sucedido al grupo y familia durante los últimos tiempos.

El objetivo de la técnica del frasco de la felicidad

Pero…, ¿para qué sirve la técnica del frasco de la felicidad?. En realidad, no es una ocurrencia ni en el fondo hay un capricho. Se ha demostrado que el cerebro humano aprende mucho y bien mediante el clásico método de ensayo y error. Esta es quizás una técnica muy básica, pero nos acompaña toda la vida, desde que nos sientan en la silla cuando somos pequeños y empezamos a dejar caer objetos al suelo.

También es de sobra conocido que una actitud positiva sirve para transformar situaciones adversas en favorables. No quiere decir que sea sencillo, pero ofrece la posibilidad de convertir problemas en oportunidades. Por ello, esta técnica permite:
  • Que los niños aprendan a reflexionar sobre todo lo bueno que les sucede al cabo del día. A veces pueden ser muy impulsivos e impacientes, y creen que todo es horrible, por lo que esta técnica les demuestra que esa sensación no es real.
  • Aprenden a apreciar los pequeños detalles. Un beso, una caricia, un comentario agradable… A todos nos suceden cosas buenas en todo momento, pero no siempre tenemos la actitud y predisposición para identificarlas, sentirlas y disfrutarlas. Pero al fijarlas en el cerebro una vez escritas, nuestra actitud cambiará casi sin darnos cuenta.
  • Todos los miembros aprenderán a diferenciar los grandes problemas de las minucias, especialmente los niños.
  • Es una técnica muy útil también para que todos los miembros del grupo, especialmente los más pequeños, aprendan a ser agradecidos.
  • También es un fantástico modelo para mejorar la comunicación familiar y del grupo.

Así que no te lo pienses y pon en práctica la técnica del frasco de la felicidad con los grupos de los que formas parte. Son pequeños pasos para para cada uno, pero un gran paso para todos, ya que implementándola estaremos creando un mundo más positivo.

Pedro González Núñez

domingo, agosto 20, 2017

Conoce los 4 pasos fundamentales para empezar a meditar

La atención consciente, meditación, atención plena, mindfulness o Sati, como se la designa en pali, es una práctica en la que tomamos conciencia de las distintas facetas de nuestra experiencia en el presente. En este sentido empezar a meditar es una oportunidad para ser conscientes de cómo nos movemos, cómo nos sentimos (tanto física como emocionalmente) y cómo respondemos o reaccionamos ante cada situación. Esta cualidad de conciencia, por ejemplo es la base de toda vida creativa: nos permite ser honestos, pragmáticos, despiertos, valientes y tener iniciativa.



En muchos momentos del día, quizás demasiados, pasamos de prestar atención a lo que ocurre a nuestro alrededor para dedicar la mayor parte de nuestros recursos mentales a trabajar con nuestros pensamientos, ya sean problemas o ilusiones. De alguna manera ponemos el piloto automático y desconectamos. Nos vestimos, nos duchamos o desayunamos pensando lo primero que haremos cuando lleguemos al trabajo, de esta manera nuestra jornada laboral comienza mucho antes de que nos sentemos frente al ordenador o cojamos las herramientas.

¿Cómo podemos empezar a meditar?

Para empezar a meditar y llegar a un estado en el que todo fluye y nuestra atención está centrada plenamente en lo que ocurre ahora, tanto dentro como fuera de nosotros, hay muchos caminos. Uno de los más conocidos y practicados en es el mindfulness, que se puede desarrollar en cuatro pasos básicos:
  • Atención plena: se trata de centrar la atención (sin juzgar, definir o interpretar) en aquello que ocurre a nuestro alrededor en un momento concreto: los sonidos, los objetos que vemos, el tacto que recibimos, etc. Simplemente, observar.
  • Relacionándonos con nuestros pensamientos y emociones: en ese momento en que nos concentramos en lo que ocurre a nuestro alrededor aparecerán pensamientos y emociones, las cuales dejaremos que fluyan tomando conciencia y aceptándolos sin más.
  • Viviendo el aquí y el ahora: el presente se vive atendiéndolo, realizando las actividades del día a día con plena conciencia.
  • Desarrollando la compasión: la compasión empieza por quererse a uno mismo, aplicando este cariño a conocidos queridos y al resto del mundo, simples conocidos o hasta enemigos.
La técnica de mindfulness un proceso de preparación muy similar al de otros procedimientos en los que se logra la meditación. Esto es así porque en todos se busca una situación muy peculiar: un despertar de la atención y un estado de relajación corporal. Si os parece, vamos con las ideas centrales de este proceso que nos ayudarán a empezar a meditar.

Body scan

La primera idea es la de relajar el cuerpo, para lo cual podemos aplicar la respiración consciente y una técnica que se denomina “body scan” o repaso del cuerpo. El body scan consiste en explorar y notar el propio cuerpo. Se comienza por los pies y se van repasando las diferentes zonas.

Observamos con curiosidad las sensaciones que vamos recibiendo de cada una de las zonas en las que centramos la atención. El body scan se puede extender de 5 a 20 minutos. Una vez se ha realizado ese barrido corporal, se pasa a centrar el proceso meditativo en el ahora, dejando que surja de nuestra mente aquello que esta necesite trabajar. Adquiriremos esa posición de observador.

Centrarse en el ahora

Esta focalización en el presente se puede hacer mediante ejercicios de atención a un objeto (con un objeto cualquiera, simplemente observándolo). También a sonidos(escuchando todos los sonidos que seguramente no percibimos cuando no entramos en ese estado de fijación). Por último, a sensaciones físicas (lo que podamos sentir en nuestro cuerpo), entre otros.

Evitar juzgar e interpretar

La atención a mente y emociones desde la perspectiva de observador supone recibir aquello que nuestro mundo interno quiera mostrarnos. En este punto, se trata de evitar interpretar y juzgar. Todo lo que ocurra en nuestro interior es normal y supone un aprendizaje acerca de nosotros mismos.

Estas prácticas se desarrollan hacia el tonglen y el metta. Tonglen y metta hacen referencia a la compasión, hacia nosotros mismos y hacia otros. De esta forma, nos dirigimos hacia el perdón, la gratificación, la valoración y la compasión con lo que tenemos y con los otros.

Ejercicios prácticos para empezar a meditar

Para empezar a meditar es necesario prestar atención a diferentes variables. Son las siguientes: respiración, sentidos, cuerpo, mente y actividades de la vida diaria. Los ejercicios a desarrollar a partir del mindfulness se pueden clasificar en cinco grupos:
  • Observación de experiencias presentes: vivir la vida como si se mirara un cuadro, observando los detalles específicos de la misma, con una sonrisa si puede ser.
  • Manejo de pensamientos: se trata de dar la bienvenida a todos los visitantes de nuestra mente.
  • Actos de plena conciencia: hacer las actividades que debamos hacer de una en una y concentrados en aquello que estamos haciendo, ralentizando las actividades, por ejemplo.
  • Aceptación y desapego: asumimos que todo está en un proceso continuo de cambio y transformación, que nada es inmutable.
  • Compasión y autocompasión: nos tratamos como si fuéramos la madre compasiva de un niño, mentalizándonos de que todo pasará.

Observación de experiencias presentes

Uno de los ejercicios más famosos es el de la uva pasa. Con una uva pasa en la mano observaremos su forma, textura, color, olor, etc. Una vez la hemos explorado, la comemos despacio recogiendo también impresiones mientras la tenemos en la boca. Así vamos centrando la atención en la experiencia presente de observar y comer una uva pasa.

Otro de los ejercicios que podemos utilizar para meditar son los de STOP y RAIL, que corresponden a los siguientes acrónimos:
  • S / Stop, ¡párate!
  • T / Toma conciencia de la respiración.
  • O / Observa lo que piensas, sientes y haces.
  • P / Participa y actúa de forma consciente.
  • R / Reconoce la experiencia
  • A / Acéptala
  • I / Investiga la experiencia
  • L / Libérate, no te identifiques
Manejo de pensamientos

Para el manejo de los pensamientos podemos realizar los siguientes ejercicios:
Etiquetado de pensamientos: se trata de poner nombre a las ideas que vayan surgiendo durante el proceso.
Hora del centrifugado: hace referencia a ceder un tiempo determinado y pactado a nuestros pensamientos, por ejemplo, una hora por la mañana.
Mi discusión con Sócrates: consiste en poner en duda todo aquello que aceptamos, identificando de esta manera todos aquellos pensamientos que hemos adoptado sin reflexionar sobre ellos.

Actos de plena conciencia

Se trata de registrar en un folio la actividad que estamos realizando, el grado de presencia efectiva en esa actividad (0-100) y qué otras actividades hacíamos mientras tanto. Así tomaremos conciencia de la atención que prestamos a lo que estaba ocurriendo o a lo que estábamos haciendo en ese momento.

Aceptación y desapego

Se puede desarrollar mediante el desafío de las 100 cosas, de David Bruno (2010). Consiste en deshacerse de las cosas, pues es más útil coleccionar momentos que cosas. De esta forma, practicaremos el desapego a las posesiones, pero también a las relaciones que puedan ser perjudiciales.

Compasión y autocompasión

La práctica de la compasión se puede llevar a cabo de la siguiente manera:
  • Ritual de la mañana: al despertar, nos repetiremos lo siguiente: “Hoy me siento afortunado por haber despertado, estoy vivo y tengo una preciosa vida humana, y no voy a desperdiciarla. Voy a utilizar todas mis energías para desarrollarme, para expandir mi corazón hacia los demás, para alcanzar la iluminación en beneficio de todos los seres. Voy a tener buenos pensamientos hacia los demás, no me voy a enojar o pensar mal de los demás. Beneficiaré a los demás tanto como sea posible.”
  • Similitudes con los demás: consiste en no centrarse en las diferencias -que es lo que solemos hacer- y encontrar las similitudes, que las tenemos. Pensemos que todos buscamos lo mismo: felicidad, evitar el sufrimiento, la tristeza, la soledad y la desesperación. También buscamos cumplir las necesidades personales y aprender de la vida y, desde ese punto, tratemos de aproximarnos.
Estos son los ejercicios básicos que pueden servir de referencia para cualquier persona que quiera empezar a meditar. Como ves son muy sencillos, especialmente si los comparamos con todo el bienestar que nos puede llegar a reportar su puesta en práctica.

Referencias Bibliográficas

Kabat-Zinn, J. (2013), Mindfulness para principiantes, Kairós, Barcelona.

Simón, Vicente. (2014), Aprender a practicar mindfulness, Sello editorial, Barcelona.

Teasdale, J., Williams, M., y Segal, Z. (2013), El camino del mindfulness. Paidós.



Francisco Pérez

sábado, agosto 19, 2017

Cuando la soledad se vuelve insoportable hay que actuar

A menudo, cuando reflexionamos sobre la soledad tenemos pensamientos negativos acerca de ella. La mayoría están influenciados por experiencias desagradables y creencias irracionales sobre la posibilidad de “quedarnos solos”. La cuestión es que si no ponemos solución a esto, podemos llegar a percibir la soledad como insoportable.



Así, en el momento en el que nos sintamos solos o apreciemos que la soledad va a ser nuestra compañera de vida el malestar nos invadirá. De manera que nos sentiremos presionados y comenzaremos a experimentar cierta sensación de asfixia que nos hará tomar decisiones menos afortunadas. Para evitarlo, la mejor solución es actuar.

“Un día me abrazó tanto la soledad que le tomé cariño, lloré como un niño y le conté mil historias, charlamos por largas horas como dos grandes amigos, después nos despedimos y cada quien siguió su camino. Sin embargo, nos vemos de vez en cuando y me alegra su visita, ella sigue siendo la misma, siempre sabia, siempre honesta, siempre lista”
-Kelbin Torres-

Identificar lo que sentimos

¿Qué sentimos con la soledad?, ¿rabia o tal vez, tristeza? Identificar cuáles son nuestras emociones y sentimientos cuando nos sentimos solos es muy importante para liberarlos e impedir que nos hagan daño. Ya que si los ignoramos, no desaparecerán sino que se depositarán en nuestro interior, volviéndose tóxicos y creando un vacío en nosotros mucho mayor.

Para identificar qué y como nos sentimos en estos momentos podemos realizar un diario emocional, en el que apuntemos las sensaciones, sentimientos y emociones que experimentamos cuando estamos solos. Otra opción es escribir una carta a alguien describiendo cómo nos sentimos e incluso, dibujarlo, hablarlo con alguien de confianza o simplemente, pidiendo ayuda profesional.

En un primer momento pondremos la excusa del “no tengo tiempo” porque mirar lo que nos duele cuesta y por eso lo evitamos. Sin embargo, esto será lo que nos permita soltar eso que tan mal nos hace sentir y, por fin, aceptarlo. Un paso muy importante, por no decir crucial.

“Y cuando en las mañanas nadie te despierta, y cuando en las noches nadie te espera, y cuando puedes hacer lo que quieras, ¿cómo le llamas a eso, libertad o soledad..?”
-Anónimo-

Una vez hemos identificado lo que nos hace sentir la soledad es necesario detener todas aquellas actitudes que la están retroalimentando. Por ejemplo, puede que nos apartemos de nuestra familia y amigos más cercanos, que nos aislemos fruto de ese malestar que sentimos… Porque una cosa es estar solos y otra muy distintas, contribuir a que la soledad no se despegue de nosotros.
La soledad no es mala, pero a grandes dosis puede limitar nuestra vida.

Tenemos que hacer un esfuerzo por abrirnos a nuevas amistades, por dejar aquellas relaciones que acrecientan ese sentimiento de soledad y por decir “sí” a aquellas invitaciones a las que nos negamos por no sentirnos del todo felices. Por eso, preguntémonos: “¿Si no me sintiera así iría?”. Si la respuesta es “sí”, hagamos un esfuerzo.

Cambiemos nuestras creencias sobre la soledad

¿Qué creencias están actuando en nosotros que favorecen a que ese sentimiento de soledad se haya vuelto insoportable? Quizás creamos que estar sin pareja es un fracaso, que se nos va a pasar el arroz, que no somos capaces de retener a nadie a nuestro lado, que hacer cosas solos es una vergüenza…

La única manera que tenemos para combatirlo es aceptarlo y luego, hacer todo lo contrario. ¿Creemos que es una vergüenza ir a tomar un café o al cine solos? Hagámoslo. Descubriremos que no somos las únicas personas que lo hacemos y además, nos daremos cuenta de que podemos sentirnos muy bien.

¿Por qué no empezar también a tener otras ocupaciones? Quizás trabajamos 8 horas y creamos que estamos suficientemente ocupados, pero cuando llegamos a casa y nos encontramos solos y sin planes, nos pueden atormentar los molestos pensamientos rumiantes en torno a la soledad. Por eso, introduzcámonos en ese hobby que siempre hemos querido hacer o apuntémonos al gimnasio para ir a una sesión de zumba tras salir de trabajar.

Hacer cosas nos ayudará a realizarnos y crecer como personas. Además, también nos permitirá conocer a gente nueva y darnos cuenta de que, en realidad, ¡no estamos tan solos como creemos! Tenemos que activarnos para así hacerle frente a la tristeza y darnos cuenta de que no dependemos de nadie para ser felices.

“¿Por qué, en general, se rehuye la soledad? Porque son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos”
-Carlo Dossi-

Empecemos a cuestionarnos nuestras creencias, no nos comparemos con lo que hacen los demás y hagamos lo que queramos sin depender de si otras personas pueden o no participar en nuestros planes. Es nuestro disfrute y nuestra felicidad lo que está en juego. Nos merecemos lo mejor, nos merecemos sentirnos bien y felices con nosotros mismos,no solo cuando hay gente a nuestro alrededor o tenemos una pareja.

Raquel Lemos Rodríguez

viernes, agosto 18, 2017

Soy feliz con lo que tengo, lo que no impide que siga aspirando a más

Solemos esperar a algo más, creemos que cuando tengamos un trabajo mejor, nos mudemos a otra casa, viajemos con más frecuencia o cobremos más a final de mes sabremos lo que es ser feliz, y no. Si no lo eres ya, probablemente no lo seas cuando todo esto ocurra (si es que ocurre) porque quien no sabe disfrutar de lo que ya tiene, está condenado a ser esclavo de su ambición.



Esta reflexión nos muestra un problema muy frecuente, tanto en personas como en situaciones. Hemos aprendido a ser ambiciosos, a querer más, a no conformarnos con lo que nos dan e ir a por algo mayor, pero ¿qué se nos olvida? Que la meta no es la cumbre, que llegar arriba no sirve de nada si no hemos disfrutado de las vistas al subir, que ser feliz se trata de ser ahora. Porque arriba, lo que es arriba, se está muy poquito tiempo…

“Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serás”
-Erich Fromm-

Cuando logro visualizar todo aquello que me falta desde el punto en el que me encuentro ahora, pero lo hago con energía por todo el camino que llevo recorrido, por todo lo que conseguí, para ver lo que voy a hacer con ganas y entusiasmo me acerco a la felicidad. Esa que no está arriba ni abajo, sino con nosotros.

No hablo de conformismo o de limitarme a mi zona de confort, quiero más y sé que puedo conseguirlo, pero afrontaré el reto con una gran sonrisa inspiradora para aportar más a todo lo que ya tengo. Si logro sentirme pleno con lo que poseo y aun así tengo ganas de más, habré conseguido dar con la clave secreta del éxito, de mi éxito.

“La ilusión no está en el cuando, sino en el mientras”
-Carlos Andreu-

Ser feliz y entrenar la visualización positiva

En 1967, el psicólogo australiano Alan Richardson realizó un interesante experimento con el que puso de relieve el poder de la visualización. En la primera fase de la investigación, les propuso a las personas que formaban parte de la muestra de su estudio que tiraran tiros libres, registrando la cantidad de canastas que encestaban. Posteriormente, dividio a este grupo de personas en tres subgrupos: la idea era estudiar cómo había cambiado su técnica de tiro durante los siguientes veinte días.

El primer grupo dedicó veinte minutos diarios a entrenarse en el lanzamiento de tiros libres, el segundo grupo no practicó nada y el tercer grupo tampoco practicó, pero sus miembros dedicaron veinte minutos diarios a visualizarse a sí mismos encestando la pelota.

Pasado este tiempo, Richardson midió de nuevo la habilidad de los jugadores y se encontró que el primer grupo había mejorado su rendimiento en tiros un 24%, el segundo no mejoró absolutamente nada y el tercer grupo, los que habían practicado la visualización, mejoró en un 23%.

Otro experimento realizado por Daniel Gilbert, profesor de la universidad de Harvard, aseguró que podíamos exprimir el doble las situaciones que nos hacían felices. En su experimento un grupo de personas fue invitado a cenar gratis a un buen restaurante. Cada uno podía elegir el día en el que cenarían. Las personas que retrasaron más tiempo la cena fueron las que reportaron una mayor felicidad como consecuencia de la experiencia: no solo disfrutaron de la velada, sino que además disfrutaron pensando lo bien que lo iban a pasar cenando.

¿Qué podemos concluir después de estos experimentos? La importancia de una buena imagen de nosotros o nuestras experiencias proyectadas en el futuro, consiguiendo objetivos, disfrutando, marcando metas y superando retos va a entrenar a nuestro cerebro para que conseguir esos retos sea más sencillo.

No se trata, como afirman algunas teorías, de que deseando algo con más fuerza estemos más cerca de conseguirlo. Lo que nos acerca al objetivo es ensayar mentalmente el procedimiento para llegar al lugar que queremos. Esto es algo que saben muy bien los atletas que corren pruebas de velocidad: en el calentamiento ensayan mentalmente la salida una y otra vez, la visualizan.
El hecho de que el ensayo mental pueda tener unos efectos parecidos al ensayo real se lo debemos a unas neuronas muy especiales: las neuronas espejo.

¿Te hace feliz lo que ya tienes?

Podemos estar toda la vida buscando la felicidad como aquel que busca metales escondidos en la arena de la playa o criba la arena en busca de pepitas de oro. Podemos solo hacer esto o intentar encontrar un equilibrio, en el que cuenten nuestros sueños pero también las emociones positivas. Esas emociones que emanan de lo positivo cuando nos detenemos a mirar qué hemos logrado.

Este equilibrio no solo hará que nos sintamos mejor en el presente, sino que facilitará que nos tomemos de otra manera nuestras aspiraciones. Facilitará que empecemos a verlas como algo deseable, pero también accesible y no imprescindible. No dejará de motivarnos en nuestros avances, pero atenuará el impacto que puedan tener los retrocesos. ¿se te ocurre algo que tenga más valor para ser feliz?

Adriana Díez

jueves, agosto 17, 2017

¿Cómo saber si estamos tomando la decisión correcta?

Suzy Welch, editora de la Harvard Business Review, ha desarrollado una técnica para tomar buenas decisiones. Esta se basa en tener en cuenta el plazo inmediato, el medio y el largo plazo. Welch propone que antes de tomar una decisión hay que filtrarla por la regla 10/10/10, preguntándonos si ¿me sentiré mal en los próximos 10 minutos?, ¿en los próximos diez meses?, ¿o me acordaré, incluso, dentro de 10 años?



Todos los días tomar decisiones, ya sea por gusto o por obligación. Si hacemos una revisión de aquello que nos agobiaban hace tiempo, nos damos cuenta que también de las “malas” decisiones pueden tener buenas consecuencias y que las “buenas” decisiones pueden traer resultados inesperados.

Por lo tanto, conviene no obcecarse tanto con cuál será la decisión correcta y analizar más las posibilidades y/o consecuencias de todo lo que puede suceder. Si nos obsesionamos por tomar la decisión correcta, estamos asumiendo que de cierta manera vamos a ser recompensados por una cosa y castigados por otra. Así, si el mundo real no funciona de esta manera, ¿por qué tenemos nosotros que enfrentarnos a esta dicotomía?

“Es en los momentos de decisión cuando se forma tu destino”
-Tony Robbins-

No te obsesiones con los dos polos: decisiones correctas o incorrectas

Para tomar decisiones, pensemos que, como mínimo, nos vamos a quedar con el aprendizaje que la propia toma de decisión nos reporte, además de aquellas enseñanzas que nos facilite la opción elegida. Por otro lado, que la opción que hayamos elegido sea mejor o peor muchas veces depende del grado de compromiso que adquiramos con ella.

Cuando afrontamos la tarea de tomar una decisión, nuestra intuición y nuestros sentimientos respecto a esa situación van a tener una influencia considerable. Si ya no en la decisión, por lo menos en cómo nos sintamos después de tomarla. Ante varias opciones, es normal que nos quedemos con la duda de que es lo correcto o no; lo único que podemos hacer en este sentido es dejar que el tiempo transcurra, ver qué sucede y corregir si fuera necesario.

Muchas decisiones ofrecen una opción enmascarada: la de no hacer nada. Enmascarada porque algunas personas piensan que optar por esta alternativa es no decidir. Nada más lejos de la realidad. Decidir no hacer nada también es decidir. Hablamos de una opción que no es mala de por sí: en muchas ocasiones es prudente e incluso posibilita que aparezcan nuevas alternativas que nos gusten más.

Sin embargo, en muchas otras ocasiones es la opción elegida porque es la que menos disonancia produce, la que menos esfuerzo requiere o la que evade la parte de responsabilidad que nos corresponde de sus consecuencias. En estos tres casos, no hacer nada no suele ser la mejor opción. Quizás a corto plazo nos alivie, pero a largo plazo es probable que esta opción solo se traduzca en ansiedad.

“Piensa 100 veces antes de tomar una decisión. Pero una vez que la decisión es tomada, mantente firme en pie”
-Muhammad Ali Jinnah-

Aprovecha al máximo cada experiencia

Una buena idea para exprimir cada experiencia es aprender a no juzgarnos o castigarnos por pensar que nos hemos equivocado, los errores requieren corrección o reparación pero no castigo. No hay decisión importante y complicada que no implique un sacrificio o una renuncia.

Aprovechar las oportunidades nos da la confianza para generarlas cuando pasamos por momentos difíciles y estas no aparecen. Por otro lado, más importante incluso que saber aprovechar una oportunidad es saber generarla, tener la voluntad y la inteligencia para movernos cuando por la estación en la que estamos no pasa ningún tren.

Además, lo peor que podemos hacer al tomar una decisión no es cometer un error, sino tratar de justificarlo, en vez de aprovecharlo como aviso para sucesivas situaciones similares. Para tomar decisiones de las que después no nos vayamos a arrepentir, estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida.

Cuando la historia se repite, puede que no sea tanto por la elección tomada como por no haber aprendido de las ocasiones anteriores. Lo bueno de las decisiones es que los trenes de la vida pasan constantemente. Puede que dejemos pasar a uno que nos hubiera llevado a un lugar estupendo, pero nunca sabremos cual puede venir detrás y restaurar nuestra esperanza.

Fátima Servián Franco

miércoles, agosto 16, 2017

Todos podemos ser nuestros héroes

Esperar a que alguien venga a salvarnos es un error porque nadie sabrá hacerlo mejor que nosotros mismos. Eso sí, quizás a veces con un poco de ayuda. El mejor salvador lleva nuestro nombre porque nosotros también podemos ser nuestros héroes. 



No es preciso que nos pongamos un traje especial ni que luchemos contra enemigos con poderes especiales. Tan solo hay que prestarse atención y cuidarse cuando lo necesitemos. De lo contrario puede que el malestar aparezca un día para quedarse.

Ser nuestros héroes nos ayudará a mejorar la autoestima, facilitará el camino hacia nuestros sueños y demostrará al resto que tenemos la capacidad para hacer aquello que deseamos. Nuestra felicidad depende de nosotros y en definitiva, de nuestra heroicidad. 

La importancia de tomar decisiones

Un héroe se define por su valentía, por su capacidad de actuar y de algún modo, por construir la felicidad y el bienestar. ¿Cómo lo hace? Tomando decisiones, eligiendo qué hacer y hacia dónde ir. Por ello, si queremos convertirnos en nuestros héroes nuestras decisiones será muy importantes.

El problema es que estamos decidiendo continuamente pero no nos damos cuenta. Desde la ropa que nos ponemos hasta lo que vamos a comer o cómo pasaremos el día. Nuestra rutina está repleta de ellas. Ahora bien, la mejor decisión es la que tiene que ver con nuestra actitud. ¿Cómo elegimos enfrentar el día o simplemente, cómo nos tomamos las cosas que van sucediendo?

A menudo, creemos que tenemos menos poder del que verdad poseemos sobre nosotros. Por ello, decidir de qué modo vamos actuar y cuál va a ser nuestra actitud ante las diferentes situaciones será fundamental. Un héroe es consciente de ello y lo cultiva. ¿Nos ponemos manos a la obra?

Dejemos de dar protagonismo a esas voces internas que no nos dejan avanzar y nos anclan a la zona de confort y decidamos salvarnos de esa “mala comodidad”.

El héroe y los enemigos

Un héroe además de por su valentía se define por su lucha contra los enemigos con el objetivo de salvar el mundo. Por lo que si queremos ejercer como nuestros héroes también tendremos que aprender a luchar contra nuestros enemigos. 

¿Quiénes son nuestros enemigos? Todos lo que nos atrapan en el malestar y nos empequeñecen como los miedos, la desconfianza, los conflictos, la toxicidad…. Pero sobre todo, nosotros mismos cada vez que nos tratamos mal, no pensamos en nosotros o se nos olvida todo el potencial que tenemos.

¿Entonces tenemos que luchar contra nosotros mismos? No. A diferencia de los héroes de las películas, series y libros, nosotros tenemos que transformar todo lo que nos hace daño en algo que nos produzca bienestar o al menos en algo de lo que siempre podamos aprender. Nuestra lucha no es una pelea sino la comprensión y consciencia para dar la vuelta a lo que nos sucede y comenzar a cuidarnos. Esa es la clave.

¿Cómo ser nuestros héroes?

Ya hemos visto que ser consciente de nuestras decisiones y además, fomentar la actitud comprensiva para tomar consciencia de lo que sucede y transformarlo nos ayuda en la grandiosa tarea de convertirnos en nuestros héroes. Pero, ¿qué más podemos hacer?

Es importante que comencemos a analizar qué o quiénes son los que controlan nuestra vida. ¿Será nuestro jefe, nuestra familia, el empleo o los preceptos sociales? ¿En qué momento hemos dado “permiso” para que hagan lo que deseen con nosotros?

Con esto no queremos decir que cada persona que nos rodea se haya convertido en nuestro enemigo, sino que muchas veces aun con la mejor intención del mundo pueden obstaculizar nuestro crecimiento. Por ello, es importante prestar atención a nuestro alrededor para que no nos influya de manera negativa.

Ahora bien, la clave para ser nuestros propio héroes no está fuera sino en el interior de cada uno de nosotros. Es la capacidad para hacernos visibles a nuestros ojos y darnos la importancia que merecemos para ofrecernos nuestro mejor apoyo. Porque solo hay una persona que nos acompañara siempre, ya sea para bien o para mal y somos nosotros mismos. ¿Para qué desaprovechar el tiempo siendo nuestros peores críticos y enemigos?

Cuídate, quiérete y compréndete. Los verdaderos héroes no son los que luchan contra los monstruos ni vuelan por las nubes, sino aquellos capaces de salvarse a sí mismos cada día con la intención de hacer su vida más plena y llevar la felicidad a quienes lo rodean.

Yamila Papa

martes, agosto 15, 2017

Nunca pierdo: gano o aprendo

Cuando “perdemos” algo o a alguien, detrás del dolor, del desconcierto y del orgullo hay una lección que por sí sola nos sanará. La concepción de la pérdida esta ligada a las interpretaciones caprichosas de nuestro ego. Dependiendo de cómo nos relacionemos con nosotros mismos, veremos la pérdida como una mala jugada del destino o como una situación más por la que pasar y aprender. Ya lo dijo Charles Dickens, escritor y novelista inglés, aprendo de cada fracaso lo que necesitaba aprender.



Nadie está preparado para las experiencias difíciles de sobrellevar. A esto nos enseña y nos preparan las pérdidas y los fracasos. Las pérdidas nos hacen personas más completas y más enteras, enseñándonos una parte de la vida, aunque nuestro ego tenga las esperanzas puestas en otras aspiraciones.

Todas las personas vamos a sufrir pérdidas de familiares, amigos, parejas y no afrontarlo o no querer aceptarlo es el verdadero problema. Sabemos que estos hechos van a pasar y cuando pasen de todos ellos aprenderemos algo. Además, muchas lecciones serán tan valiosas como dolorosas, sin duda.
“El verdadero medio para salir ganando, consiste en no querer ganar siempre”

¿Cómo podemos salir fortalecidos de una pérdida?

El sufrimiento es un aspecto de la vida que no puede erradicarse, como no pueden apartarse la influencia del azar juguetón o la muerte. Sin ellos la vida no sería completa. Por eso, el dolor de la pérdida de familiares y personas queridas es un dolor que forma parte del proceso de la vida, sin él la vida no seria vida. En estos casos, la aceptación es la clave para que el dolor natural por estas pérdidas no pase a un sufrimiento continuo y alargado que nos haría entrar en estado desadaptativo.

En el maravillosa libro de Viktor Frankl “el hombre en busca de sentido” nos muestra la pérdida desde una perspectiva mas humanista y adaptativa. El modo en que el hombre acepta su destino y todo el sufrimiento que este conlleva, añade a su vida un sentido más profundo. Incluso bajo las circunstancias más difíciles puede conservar su valor, su dignidad, su generosidad. O bien, puede olvidar su dignidad humana y convertirse en el más destructivo de los animales.

Muchas veces es precisamente una situación externa excepcionalmente difícil, la pérdida de un familiar, una ruptura amorosa, la que da al hombre la oportunidad de crecer espiritualmente, de trascender sus límites. El que pierda la fe en el futuro está condenado, se abandonará y se convertirá en el objeto en el que se apoye la apatía física y mental.

Lo único que no podemos perder somos nosotros mismos. Eso es de lo que debemos y podemos ocuparnos al menos y en primer lugar.

“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”
-Benjamin Franklin-

Aprendo con cada pérdida algo que necesitaba aprender

No todo lo que aprendemos con las pérdidas de alguien o de algo es positivo. También tenemos que aprender de la parte negativa que la pérdida nos deja. Por ejemplo, en las rupturas emocionales, la pérdida deja una huella casi imborrable en el ego, que sigue haciendo mella incluso cuando a los sentimientos ya no le quedan llama. Por lo tanto, tenemos que aprender de lo malo que tuvo la pérdida y centrarnos en lo bueno que tenemos tras esa situación.

Aprendo con cada pérdida a pesar del dolor

Desde que nacemos aprendemos a poseer y a estar cerca de lo que amamos para encontrar seguridad. Sin embargo, pocos nos dan pistas de qué hacer o sentir en el momento de perder o separarnos de un ser querido. Las principales causas del dolor que acompaña a la pérdida de un ser querido, una relación, una ilusión o de algo material, son los apegos y los miedos que hemos adoptado o generado durante nuestra vida.

Para superar adaptativamente las pérdidas y salir fortalecidos de esta es bueno mirar a los ojos a los que esta puede haber resucitado. Además, lo más valioso que podemos identificar en ella es todo el aprendizaje que nos ofrece, con el fin de recuperar la fortaleza y las ganas de seguir adelante.

Fátima Servián Franco

lunes, agosto 14, 2017

¿Hasta dónde llega mi responsabilidad?

¿Hasta dónde puedo hacer yo? ¿Cuándo es el momento para dejar de actuar? ¿Qué fantasmas hay detrás de la responsabilidad? ¿Cuál es mi papel en los problemas ajenos? La responsabilidad, como casi todo lo que nos rodea, en su justa medida es adecuada y funcional. Sin embargo, ¿qué pasa cuando supera los límites que son tolerables para nosotros o cuando nos exige más de lo que podemos dar? Cuando esto ocurre surge en nosotros la culpa, la ansiedad, los debería, los tengo que y es aquí cuando nos toca actuar.



Yo soy responsable de lo que puedo hacer y de lo que puedo controlar. En el momento en el que intente hacer algo que no está en mi mano será cuando empiecen a aflorar estas emociones desagradables. Si me diera cuenta de que mi responsabilidad llega hasta dónde puedo abarcar no sería esclavo de la ansiedad. Si me diera cuenta de que yo soy la persona con la que voy a convivir toda la vida y es a ella a quien le tengo que ser fiel y por quien debo sentirme responsable, no me comería el demonio de la culpa.

“Quien es auténtico asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es”
-Jean Paul Sartre-

Si no todo está en mi mano, ¿por qué me afecta entonces?

En nuestra cultura la responsabilidad es muy valorada. Alguien que es comprometido, organizado, leal etc. es bien visto y casi inconscientemente premiado por la sociedad, tanto para los trabajos, para realizar labores, para amistades etc. Por ello nos sentimos mal cuando no asumimos la parte de responsabilidad que entendemos que nos corresponde. Podemos pensar que sintiéndonos responsables, a veces incluso de acciones que no son nuestras o no nos incumben, nos sentiremos mejor.

La cargas que esto conlleva nos duelen y nos hacen daño. Entonces aparece la culpa por no haber actuado antes o la ansiedad por haber dejado que se fuera solo a casa o el pensamiento de que si hubiera actuado de otra manera ahora no estaría. Así podríamos crear una lista interminable.

Somos responsables de nuestros actos y solo hasta ahí podemos y debemos hacer. Tendremos que aprender a colocar nuestros límites y a dejar que las situaciones de los demás nos afecten hasta un punto. Cuando superemos estas líneas ya no estarán dentro de los límites que marcan el espacio de nuestra responsabilidad las acciones de los demás y podremos sentirnos libres y en paz, por haber hecho hasta donde podíamos y teníamos que hacer, habremos dado todo lo que está en nuestras manos.

Aprender a soltar y sentirme libre con responsabilidad

Si he logrado actuar como quería, si siento que he dado lo mejor de mí, si considero que mis actos son un reflejo de lo que soy y me gusta cómo se me ve, estaré en el lugar que me permitirá saber y reconocer que más allá de esto no hay malas emociones que puedan perseguirme. Todo lo demás está de más.

No puedo culpar a nadie de lo que me ocurre o de mis fracasos, el único responsable soy yo, quien toma las decisiones y dibuja mi camino, yo soy yo, con todos mis éxitos, fracasos, tropiezos y logros y de todo ello soy el máximo responsable. En mi mano está aprender de los errores y aprovechar los aciertos, en mi mano está decidir quién quiero ser.

La paz y la calma están en mi poder. Trabajar y esforzarme por lo que quiero es lo que me hace dueño de mi tiempo y mis acciones, esto es ser responsable. Una vez terminada se termina mi obligación sobre la acción de los demás, podré poner un poquito de mí e intentar ayudar, pero más allá de esto no será mi responsabilidad; por ello soltaré y me sentiré libre de haber hecho todo lo que podía y de haber dado lo mejor de mí.

Adriana Díez

domingo, agosto 13, 2017

¿Tiempo o dinero? Las personas felices contestan

Si nos dieran a elegir entre un aumento de sueldo o una reducción de jornada, ¿qué escogeríamos? De la respuesta depende en parte nuestro estado de felicidad. Un estudio publicado por la revista Social Psychological and Personality Science revela que las personas felices suelen optar por el tiempo antes que por el dinero.



Según un estudio llevado a cabo por la Universidad de Pricenton, el dinero bien utilizado y hasta un máximo de 58.000 euros al año puede influir en nuestro el nivel de felicidad subjetiva. Pero más allá de esto, ¿podemos ser felices a base de amontonar euros o será más necesario disponer de tiempo para disfrutarlo con nuestros seres queridos y nosotros mismos? Profundicemos.

La relación entre la felicidad y el dinero tiene un límite

Daniel Kahneman, psicólogo y premio Nobel en economía en 2002 y Angus Deaton, premio Nobel en economía en 2015, analizaron más de 450.000 respuestas y encontraron que la valoración sobre la vida aumenta de forma constante en relación a los ingresos económicos.

No obstante, la opinión sobre la calidad de las experiencias emocionales diarias se estabiliza a partir de un cierto nivel de ingresos. Esto quiere decir que existe un momento en el que por mucho que ganemos más, no seremos más felices, es decir, que la relación dinero y felicidad se estanca a partir de la obtención de unos 75.000 dólares anuales (aproximadamente 58.000 euros al año).

Con estos resultados podemos afirmar que el dinero puede comprar la felicidad, pero que no es posible en todas las circunstancias porque hay un límite y cuando se traspasa, los niveles de satisfacción no aumentan, incluso podrían decrecer.

“Mi sueño es el de Picasso; tener mucho dinero para vivir tranquilo como los pobres”
-Fernando Savater-

¿El dinero da la felicidad?

Diversas investigaciones sugieren que el dinero no da la felicidad, sino subidones de euforia que duran poco tiempo. Desde la psicología esto se explica a partir del concepto de habituación. Así, en un principio ganar mucho dinero nos resulta placentero pero a la larga, esta sensación decae porque nos hemos acostumbrado y regresamos a los niveles de felicidad que teníamos al principio.

Como vemos la felicidad global no solo depende de lo que hacemos sino también de cómo lo interpretamos y en última instancia, de nuestra concepción particular sobre este concepto.

Por otro lado, el éxito está asociado a tener más de todo: más cosas, más reconocimiento, más sueldo… Y tiene sentido: ya hemos contado cómo puede ayudarnos a la felicidad el dinero bien utilizado, pero ¿y el tiempo? Al estereotipo de persona exitosa normalmente va unido el de trabajador ajetreado que apenas tiene tiempo para disfrutar de sus aficiones, de sus amistades, y de su familia.

¿De qué nos sirve tener éxito, dinero o reconocimiento si no podemos disfrutarlo? Si el objetivo en esta vida es ser personas felices, ¿por qué no dedicamos más tiempo a lo que realmente nos hace estar vivos? La respuesta quizás tenga que ver con que no lo sabemos o porque quizás, ni siquiera nos lo hemos planteado…

“De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero”
-Benjamin Franklin-

¿Sabemos utilizar nuestro tiempo para ser personas felices?

En un estudio publicado recientemente en la revista Social Psychological and Personality Science, se preguntó a casi 4.500 personas si valoraban más el dinero o el tiempo para alcanzar la felicidad. El 64% declaró que prefería tener dinero, sin embargo, la investigación también arrojó que aquellos que daban más importancia a disponer de tiempo resultaban ser más felices. Un 25% de los participantes que eligieron el dinero, cuando fueron preguntados un año después, cambiaron de idea y optaron por el tiempo.

Los resultados de esta investigación evidenciaron que si tuviéramos a dos personas en las mismas circunstancias, aquella que decidiera que el tiempo es más importante que el dinero sería más feliz que la que optara por el dinero. Pero no es el único estudio de este tipo.

Una investigación de la Universidad de British Columbia en Vancouver (Canadá) arrojó que valorar el tiempo sobre el dinero está asociado a mayores niveles de felicidad, sobre todo cuando para conseguir ese dinero son precisas amplias jornadas laborales.

Según aumenta la edad, el tiempo pasa a cobrar más importancia en la escala de prioridades de las personas. Tiene su lógica, ya que cada segundo que pasa se convierte en un bien más.

En la actualidad, los más jóvenes parecen haber tomado nota de los veteranos para llegar a ser personas felices, en concreto la generación de los millennials, nacidos entre 1980 y 1995. Según un estudio de 2013 de la consultora Price Waterhouse Coopers, esta generación prefiere disponer de más tiempo libre y poder compatibilizar su vida laboral y personal antes que tener un gran salario.
Los millennials consideran que el trabajo es un medio para tener estabilidad y bienestar, pero no el único medio.

Como vemos, si partimos de estas investigaciones el dinero ayuda a que seamos personas felices hasta un cierto punto, es decir tiene sus límites. Pero saber aprovechar el tiempo siempre tiene su importancia, sobre todo para nuestro bienestar. Por lo que más allá del dinero, no olvidemos aprovechar nuestro tiempo.

Fátima Servián Franco

sábado, agosto 12, 2017

El mundo está hecho de detalles valiosos que merecen ser apreciados

Hay quien mira pero no ve, hay quien oye pero no escucha y quien toca pero no siente.Por eso prefiero a quien sabe apreciar los detalles valiosos y las sutilezas de la vida, a quien pone voluntad en ello y sabe contemplarme hasta llegar hasta lo más hondo de mi ser sin necesidad de pasaporte. Porque quien combina la intencionalidad con la emoción sincera disfruta mucho más.



Dicen los antropólogos y los psicólogos que la observación ha sido siempre la clave de la supervivencia en el ser humano. Sin embargo, hemos llegado a un punto en nuestra evolución en que si hay algo que nos define es precisamente la distracción. Somos, cada uno a su manera, esa sociedad hiperventilada que vive pendiente de mil estímulos a la vez, que ignora a los sentidos pero a la vez no los soporta dormidos. Queremos abarcarlo todo sin percibir si quiera qué o a quién tenemos en frente.

“Pensar es más interesante que saber, pero menos interesante que mirar”
-Goethe-

Los expertos nos dicen que si en el pasado no hubiéramos sido unos buenos observadores probablemente hubiéramos desaparecido como especie. Nuestros ancestros usaban todo el potencial de sus sentidos para intuir cualquier riesgo, amenaza o estímulo del cual podían sacar algún beneficio. Afinábamos el oído, la vista y el olfato para captar cada detalle de nuestro entorno… Nada se nos escapaba.

Sin embargo, en el momento presente la mayoría nos hemos convertido en observadores perezosos, de esos para quienes ni las señales acústicas ni visuales son suficientes para hacernos alzar la vista mientras cruzamos un paso de cebra. No solo estamos dejando de percibir los peligros, sino que algunos de nosotros nos estamos perdiendo detalles valiosos e incluso esas fascinantes sutilezas que conforman nuestra realidad,

El buen observador va más allá de los simples detalles

Los detalles valiosos son como pequeñas cajas disimuladas en nuestra realidad donde se almacena una información determinada y admirable. Un gesto, una mirada, un tono de voz, un cambio de luz, un cuadro inclinado, un insecto que bebe agua en una gota de rocío… Todo ello son sutilezas que habitan en nuestro campo de visión y que no siempre apreciamos. Tal vez por falta de voluntad, tal vez por escasez de tiempo.

Asimismo es necesario recordar que “ver no es lo mismo que mirar”. Para entenderlo mejor fijémonos por un momento en la pintura de Edward Hopper que tenemos más arriba. Habrá quien sencillamente enfoque sus ojos en la obra durante unos segundos sin apreciar nada, sin notar nada. Otros, en cambio mirarán con intencionalidad para decidir qué ver, para captar el alma del cuadro, para leer sus detalles valiosos, y aún más, lo “contemplarán” hasta el punto de personalizarse en alguna de esas figuras.

El buen observador, el que trasciende más allá de la realidad, percibirá sin duda el sutil enigma que Hopper quiso trasmitir con esta obra. Vemos a dos mujeres en un restaurante, pero nos inquietan ante todo sus semejanzas y el gesto de la que tenemos en frente. ¿La razón? La joven que tiene ante ella es su Doppelgänger, su doble, su “otro yo”.
El acto de “ver” es el primer escalón de la conciencia, es un “yo” pequeñito que nos ayuda a discriminar cosas, objetos, personas… Sin embargo, es el acto de “mirar” quien nos permite despertar, quien nos ofrece la oportunidad de traspasar al otro para tomar contacto con su alma para captar su esencia.

Por otro lado es interesante saber que en el test del eneagrama tenemos también a la personalidad “observadora”, a quien se la define como a una persona curiosa, innovadora, capaz de tomar distancia de las cosas para emitir sus propios juicios. Son además perfiles independientes, sencillos y muy perspicaces.

El mundo está hecho de detalles valiosos que merecen ser admirados

En nuestra sociedad actual vemos pero no miramos. Deslizamos el dedo por la pantalla de nuestros móviles en un acto rutinario, mecánico, obsesivo a veces. Nos sentamos ante la televisión y a menudo, nos limitamos a ver todo lo que nos echen. Lo mismo sucede a veces con nuestra existencia, vemos y respiramos pero no vivimos, no al menos del modo en que de verdad podríamos hacerlo: con los ojos más atentos y el corazón más receptivo.

“El grado sumo del saber es contemplar el porqué”
-Sócrates-

Uno de los libros más interesantes sobre este mismo tema y que sin duda nos invita a la reflexión es “Escuchar con los ojos” de Ferrán Ramón Cortés. El argumento no puede ser más sencillo: un hombre ve de pronto cómo una de sus compañeras más valiosas de trabajo abandona el puesto. El protagonista no entiende la razón y se da cuenta de que a pesar de haber compartido 5 años de profesión con ella, no la conoce.

Tras esto decide mejorar habilidades sociales. Decide hacer fotografía y aprender a poner la mirada en el objetivo para entender mucho mejor su realidad, para captar el detalle, para trascender, para saber contemplar y llegar a las personas con autenticidad sacando una por una todas esas “capas de cebolla” que envuelven a nuestros comportamientos y a nuestros propios entornos cotidianos.

Para concluir, algo que hemos podido entender es que todos nosotros podemos elegir en nuestro día a día dos opciones: ver la vida o mirar en detalle esa realidad de la cual, ser pleno partícipe. Más aún, existe una tercera opción más enriquecedora pero que sin duda, requiere más tiempo y voluntad, hablamos sin duda de la capacidad de “contemplar” nuestra realidad, de tocar el alma de las cosas y sumergirnos en sus múltiples misterios y enigmas, como los dos cuadros de Edward Hopper que ilustran este artículo.

Valeria Sabater

viernes, agosto 11, 2017

El dolor, una oportunidad para crecer como personas

A veces, la vida duele… y a veces sacude tan fuerte que parece difícil volver a levantarse. Y es que cuando vivimos un suceso doloroso somos de alguna manera empujados a intensos procesos emocionales. Unos procesos en los que hemos entrado por la propia inercia de la realidad, pero para los que, si queremos salir de ellos, vamos a necesitar mucha fuerza. de otra forma, será la amargura y el dolor los que nos consuman.



De hecho, quedarse enquistado en el dolor es una opción personal. Y así, anclados en el sufrimiento, evitamos el viaje interior que culmina en la aceptación, en la serenidad de la comprensión y en el desarrollo personal.

“El dolor no es para hacerte sufrir. El dolor es para hacerte más consciente. Y cuando eres consciente, la desdicha desaparece”.
-Osho-

El dolor es inevitable, el sufrimiento opcional…

Tanto el dolor como el sufrimiento forman parte de la vida. Cabe señalar que muchas veces utilizamos estos dos términos como sinónimos. Sin embargo, para poder gestionarlos adecuadamente es importante entender qué los diferencia.

El dolor, en su dimensión psicológica, es una emoción que puede surgir ante determinadas situaciones o problemas. Afecta física, emocional y mentalmente y perdura hasta que la persona se puede restablecer. En este sentido, el dolor implica aceptación y estar en contacto con lo que sentimos. También hay que señalar que el tiempo que se prolongue es proporcional a la magnitud que tiene para nosotros el evento que la produjo.

“Una vez que el dolor pasa, lo solemos olvidar. De todas maneras, los avances de la ciencia, gracias a las anestesias y las analgesias, han provocado que estemos menos acostumbrados al dolor que nuestros antepasados. Este es un hecho que justifica el que cada vez le temamos más”.

Por otra parte, el sufrimiento va un paso más allá. Cuando tenemos incapacidad para aceptar la realidad y continuar con nuestra vida, es cuando surge el sufrimiento. Este estado nos llevará una y otra vez a pensamientos y emociones que nos mantendrán en desequilibrio y que nos pueden hacer enfermar. Así, el sufrimiento sería una consecuencia no necesaria del dolor.

“En mitad del inverno, finalmente aprendí que había en mí un verano invencible”
-Albert Camus-

Cabe señalar que el sufrimiento adquiere mucho más intensidad y duración que el dolor emocional, pudiendo durar indefinidamente. Por ejemplo, el dolor es inevitable con la pérdida de un ser querido. En caso de que esta herida no logre curar y cerrarse, es cuando llega el sufrimiento. Este último impide la posibilidad de aceptación y crecimiento.

El crecimiento a través del dolor

El crecimiento postraumático ocurre cuando la persona acepta lo sucedido y reconstruye sus creencias. Es un proceso parecido a cuando una persona tiene que reconstruir su casa tras un terremoto. Tras un suceso doloroso accedemos a la oportunidad de pensar en cómo deseamos reconstruir nuestra vida.

Por otro lado, estas nuevas creencias que vamos anexionando a nuestros esquemas también promueven el desarrollo de la resiliencia. De la misma manera, durante este proceso de reconstrucción, la persona suele descubrir fortalezas y características propias que antes no conocía.

“Busca un lugar dentro de tí donde haya alegría, y esa alegría borrará el dolor”
-Joseph Campbell-

Y es que en realidad, nada tiene el poder de hacernos desdichados excepto nuestra propia actitud. Según el psicoterapeuta Joan Garriga, cualquier pérdida se puede convertir en una oportunidad para crecer como personas, para aligerarnos y para soltar apegos e identificaciones.

Asimismo, el gran riesgo de los procesos dolorosos es el de no superarlos e instalarse en posiciones existenciales que alimentan el sufrimiento: la queja, el victimismo, la venganza, la rigidez, el orgullo… En este sentido, cabe señalar que el dolor es un proceso inherente a la existencia y es importante para crecer y entender aquello de lo que participamos de una manera más enriquecedora.

“He sido un hombre afortunado en la vida, nada me fue fácil”
-Sigmun Freud-

Y en el camino uno aprende…

En especial uno aprende sobre lo que es doloroso y en última instancia puede causar sufrimiento. Cuando contactamos con el dolor más desgarrador, tomamos consciencia de nuestra fragilidad al mismo tiempo que nos situamos en una posición, que nos permite como ninguna otra, conocer nuestra grandeza. Nuestro valor.

Y es en el camino donde uno aprende que todo cambia y que siempre sale el sol después de que el cielo se nuble, con la belleza y la fuerza de los nuevos amaneceres. Y es aquí cuando descubrimos la fuerza que habita en nuestro interior, superando un camino doloroso y la inercia que nos ha empujado a transitar por él.

En el sendero del dolor también se observa que del caos siempre emerge un nuevo orden. Un nuevo orden que lleva integrado un aprendizaje y una experiencia para seguir avanzando. Cada vez con más ligereza, cada vez con más sabiduría, cada vez con más serenidad y consciencia de que las épocas de dolor tienen el potencial de ser épocas de grandes transformaciones… y, por qué no, de grandes oportunidades.

Irati Novella