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miércoles, julio 26, 2017

Si piensas que tienes un problema, entonces tienes un problema

La vida puede dar muchas vueltas y de hecho las da. Las cosas no siempre salen como nos gustaría, afortunadamente. Los problemas surgen por todas partes… ¿o no? ¿Qué es realmente un problema? ¿Tenemos tantos problemas como pensamos o simplemente nos complicamos la vida pensando en lo que creemos que nos falta? 



En realidad, es nuestra actitud la que determina si tenemos realmente un problema y su magnitud. Piensa que es nuestra valoración de los hechos lo que verdaderamente nos hace convertir las circunstancias en problemas, también es nuestra valoración la que trasforma un reto en una amenaza. 
En este sentido, aceptar las circunstancias nos permite aprovecharlas como una oportunidad para aprender y crecer. La aceptación es una forma de darle una solución a las situación adversas, para adaptarnos y renovarnos, cuando no hay ninguna otra posibilidad de intervención o para cuando elegir otra posibilidad de intervención exige que paguemos un precio demasiado alto.

La adversidad como oportunidad

Queramos o no, nos guste o no, estemos preparados o no, la adversidad se cruzará en nuestro camino. Muchas preguntas surgirán entonces, pero la más importante de todas es qué vamos a hacer, cómo vamos a incorporar eso de aquí en adelante. En otras palabras, ¿vas a dejar que la adversidad se convierta en un problema o vas convertir la nueva circunstancia en una oportunidad para aprender y crecer? 

El dolor y la preocupación iniciales son algo normal y natural. Es incluso saludable darle tiempo al dolor para que haga su trabajo. Resistirse solo es una forma de prolongar la agonía. El dolor es un sentimiento natural al que hay que dejar espacio. Es cuando pasa el dolor emocional cuando hay que enfrentarse realmente a la nueva situación.

A pesar de lo mucho que se nos puede complicar la vida, las adversidades pueden convertirse en una gran oportunidad para conocernos mejor, para valorar lo que tenemos, para valorarnos a nosotros mismos. El enfoque no cambia lo que ha pasado, no nos traerá una solución, pero nos dará la oportunidad de descubrir. Una actividad que ya es maravillosa en sí misma.

“La adversidad tiene el don de despertar talento que en la prosperidad hubieran permanecido durmiendo”.
-Horacio-

Aceptación y adaptación al cambio frente al problema

Aprender a adaptarse a las nuevas circunstancias, por adversas que estas sean, es el secreto para vivir una vida plena y feliz. Parece difícil, pero es posible. Sin embargo, solo la adaptación no es suficiente: también tenemos que ser capaces de aceptar lo que nos toca. En todas las ocasiones, esta aceptación es el inicio del cambio, ya sea sobre el nuestro interior o en nuestro entorno.

Adaptarse no significa vencer a la adversidad, solo ayuda a tomar parte del control, el control de uno mismo. Al fin y al cabo, ya lo decía Bernabé Tierno, se puede afrontar todo, pero no se puede vencer todo. Solo la aceptación nos permitirá realizar una adaptación real y sacarle jugo hasta el último segundo de nuestra vida.

“La vida de toda persona, y en especial nuestra vida, debe ser de aceptación, adaptación y renovación constantes”.
-Bernabé Tierno-

Aprende a soportar lo que no puedes cambiar

Feliz es el que aprende a soportar lo que no puede cambiar, dijo Fiedrich Schiller. Ciertamente, por muy duro que sea el cambio, por grande que sea la adversidad, aprender a lidiar con ella, aceptarla y adaptarse a la nueva circunstancia en muchos casos es la única manera de seguir adelante. Para optar por el resto de alternativas tendríamos que pagar un precio que en este momento no podemos asumir o directamente no hay más alternativas.

Mientras aprendemos a aceptar el cambio y a adaptarnos a las nuevas circunstancias, nos enfrentaremos a otros cambios, porque la vida es así: dinámica pura. En estos casos, nuestra primera reacción puede ser huir o luchar, que son instintos innatos de supervivencia que adquieren mucha fuerza como motivadores de nuestras acciones cuando nos sentimos amenazados.

Pero cuando somos capaces de adaptaros mentalmente a una situación, por dura que esta sea, entonces estamos en posición de buscar el modo de ajustarnos a la nueva situación. Una persona que puede aceptar el cambio y adaptarse a su nueva situación es la que es capaz de enfocar la mente en nuevas direcciones y tomar decisiones en base a su nueva realidad y sus nuevos objetivos.

En vez de sufrir por lo que no tienes, disfruta de lo que posees

Tienes un verdadero problema si te dejas superar por la adversidad, si te dejas superar por la pena por lo que perdiste o de lo que ya no puedes hacer. Habrás convertido la adversidad en un verdadero problema, en una pesada losa que no te dejará avanzar.

Una realidad complicada no tiene por qué convertirse en una situación agotadora y decepcionante, no tiene por qué poner punto y final a sueños y esperanzas. Con coraje y optimismo se pueden encontrar y aprovechar las nuevas oportunidades que a todos se nos presentan. Nuestros límites no están en nuestras limitaciones. Por delante nos queda mucho camino, aunque nuestros soportes se quedaran atrás.

Quedarse en el fondo del pozo, cuando existen dificultades, puede llegar a ser toda una tentación. Ese es el camino fácil. Puedes lamentar la pérdida, el fracaso o la enfermedad, pero no hagas de ese el lugar tu morada. Todavía te quedan por delante muchas oportunidades para tener una vida plena. Sin embargo, para lograrlo tienes que aceptar el cambio que se ha producido y hacerlo como el punto de partida para adaptarte a las nuevas circunstancias.

Eva Maria Rodríguez

martes, julio 25, 2017

El cerebro espiritual: esto es lo que nos cuenta la neurociencia

Autores como Daniel Goleman o Howard Gardner tienen un concepto de lo espiritual que va más allá de lo religioso e incluso de lo cognitivo. Hablamos de esa necesidad por alcanzar un conocimiento más profundo y sensible de nuestra realidad, ahí donde vernos a nosotros mismos como parte de un todo, donde alcanzar un bienestar más elevado y alejado del ego, de la fijación por lo material.



Desde tiempo inmemoriales la humanidad ha buscado siempre trascender a todo lo que nos es cotidiano y ordinario. No hablamos solo de esa clásica necesidad por tener contacto con lo divino, de esas prácticas religiosas con las que pedir la lluvia a cambio de una ofrenda, de clamar ser sanados, perdonados o bendecidos con la suerte o la fortuna. Hablamos ante todo de esa necesidad del ser humano por alcanzar una “segunda realidad” con la que evadirse, con la que hallar la calma, la auto-realización o incluso por qué no, la sabiduría.

“El secreto de la salud física y mental no es llorar por el pasado, preocuparse por el futuro o anticipar problemas, sino vivir el momento presente con sabiduría y seriedad”
-Buddha-

Los neurólogos llaman a esta necesidad consciencia egoica o consciencia límbica. Porque, más allá de lo místico, hablamos de una serie de emociones y de procesos mentales muy concretos de los que nuestro nuestro cerebro es el responsable. No queremos restar con esto valor alguno a la religiosidad o a la espiritualidad como tal. Hablamos sobre todo de una realidad que está ahí, en nuestro cerebro y en una serie de estructuras que al ser estimuladas generan cambios puntuales en nuestra percepción, en el modo de sentirnos y de percibir nuestro entorno.

Tanto es así, que neurocientíficos como Andrew Newberg, autor del libro “Principles of Neurotheology” han demostrado que el cerebro de los monjes budistas, acostumbrados durante años a practicar la meditación, muestran un menor envejecimiento neuronal, mayor capacidad de memoria y retención e incluso una mejor resistencia a la sensación del dolor.

El llamado “cerebro espiritual” es en la actualidad origen de múltiples investigaciones. No se trata de “buscar a Dios” en el cerebro, no se trata tampoco de avalar o criticar la práctica de cualquier tipo de religión o doctrina. Lo que se pretende con esta ciencia es entender cómo impacta la espiritualidad como tal en nuestra mente y en nuestra salud física y emocional.

La inteligencia espiritual

Resulta curioso que dentro de la hipótesis de las inteligencias múltiples enunciada en 1983 por Howard Gardner, profesor de la Universidad de Harvard, se valore ya introducir una “novena inteligencia”, la llamada inteligencia “existencial”, íntimamente vinculada al concepto de lo espiritual y que quedaría definida por los siguientes principios:

  • La capacidad de pensar en temas abstractos.
  • Poder reflexionar sobre uno mismo (metareflexión).
  • Ver el mundo desde otras perspectivas.
  • Adquirir una idea del universo y de nuestra situación en él.

Cabe señalar, tal y como afirma el filósofo Francesc Torralba, que “la inteligencia espiritual no es la consciencia religiosa”. Se trata más bien de ver la espiritualidad como una herramienta con la que poder trascender a nuestra propia realidad, partiendo siempre desde el propio auto-conocimiento y teniendo presentes el resto de saberes.

No es fácil, queda claro, porque para desarrollar esa inteligencia existencial de la que nos habla Howard Gardner es necesario en muchos momentos, ya no solo tolerar, sino querer la soledad. También sería recomendable utilizar otros recursos a nuestro alcance, como la filosofía, el diálogo socrático con uno mismo, la meditación y el complejo arte de vivir de forma consciente, apreciando el “aquí y ahora”.

El cerebro espiritual y la neurociencia

Existen estructuras en el cerebro, que al ser estimuladas, pueden generar en nuestra mente experiencias místicas. Este es un dato que conocemos desde hace tiempo y que tiene mucho que ver con los estadios alterados de consciencia y con algunas alteraciones del lóbulo temporal, el hipocampo o la amígdala. En ocasiones, basta con estimular eléctricamente estas zonas para tener visiones, para experimentar determinadas sensaciones y experiencias similares a las que pueden sentirse al tomar LSD.

“El viaje espiritual es individual, personal. No puede ser organizado o regulado. No es cierto que todos deben seguir un camino. Escucha tu propia verdad”
-Ram Dass-

Ahora bien, en el interesante libro del fisiólogo Francisco Mora, “Neurocultura, una cultura basada en el cerebro” nos explica algo que sin duda va un poco más allá. Según él la espiritualidad está muy ligada a la cultura, a nuestro acercamiento hacia lo que un tipo de práctica, de principios filosóficos y religiosos pueda ofrecernos para conocernos mejor, para ejercer un cambio, para adquirir una serie de conocimientos más trascendentales y enriquecedores en un momento dado de nuestra vida.

La espiritualidad y su práctica tiene mucho que ver con nuestra curiosidad natural, con nuestra motivación, con la necesidad de canalizar emociones como el miedo, la ansiedad, la sensación de soledad, el estrés y, por qué no, el vacío existencial. El ser humano busca no solo bienestar interno, calma mental y sanación emocional, sino también significados a un mundo que por lo general tiene más preguntas que respuestas.

La neurociencia, claro está, no acepta la existencia de entidades sobrenaturales. Busca ante todo entender nuestras motivaciones para practicar actividades que producen calma y bienestar, como es el yoga o la meditación. Actividades que liberan dopamina en nuestro organismo, aumentan la conectividad de la corteza prefrontal o potencian nuestra plasticidad cerebral.

Las “tecnologías espirituales”, como así las llaman los expertos, están en auge. Se está abriendo por tanto un camino muy interesante entre lo científico y lo espiritual para entender sus beneficios, para comprender esos procesos internos que sin duda van más allá de cualquier doctrina o religión.

Lo que se pretende con esta idea de la espiritualidad o de lo existencial, como lo define Howard Gardner, es alcanzar un sentido de la propia identidad más profundo. El objetivo no es otro que el de iniciar un viaje de auto-descubrimientos en busca de la felicidad, de la plenitud personal.

Valeria Sabater

lunes, julio 24, 2017

Empatía, la difícil y enriquecedora tarea de ponernos en los zapatos de los demás

Estamos conectados con nuestro interior, pero también con el exterior, y en los dos tipos de conexiones la empatía juega un papel muy importante. Además, gracias a los adelantos tecnológicos, el mundo exterior con el que podemos interactuar e interaccionar es cada vez más amplio.



Al ser más amplio y los canales de comunicación más extensos pero con menor información, la empatía se vuelve más difícil. Piensa, por ejemplo, lo complicado que puede resultar ser empático con una persona con la que te comunicas mediante mensajes de texto y lo fácil que puede ser conseguir esta empatía con alguien con el que te comunicas cara a cara.

¿Qué es la empatía?

Podemos definir la empatía como la capacidad para entender el estado emocional (emociones y sentimientos) y cognitivo (ideas o pensamientos) de otras personas o de nosotros mismos. Además, este entendimiento es consecuencia de habernos puesto en las circunstancias del otro.

No es un ejercicio fácil ni sencillo y en ocasiones para lograrlo es necesario dejar a un lado los estereotipos o los heurísticos a los que nuestras mentes son tan aficionadas. Además, se trata de un ejercicio complejo, porque el mundo de otra persona o el propio lo es, y requiere una buena parte de nuestros recursos atencionales.

Por otro lado, hay personas y circunstancias que tienen el poder de provocar más empatía que otras. Así, por ejemplo, será más fácil que seamos empáticos con personas que son similares a nosotros o con personas que demanden nuestra ayuda, en el primer caso porque será más fácil ser empáticos y en el segundo caso porque tendremos un buen motivo para hacerlo si que evaluamos su petición como sincera.

Enemigos de la empatía

Los seres humanos somos en parte el producto de las situaciones que nos moldean desde que nacemos. La indiferencia puede deberse a diferentes factores, entre los cuales podemos enumerar:
  • El egocentrismo.
  • La desconfianza.
  • La pérdida de valores.
  • La competencia individual por llegar lo más alto posible, a cualquier precio.
  • Las divisiones raciales, educativas y de estrato social.

Por otro lado, podemos decir que la falta de empatía pasa factura. Nos aleja de los abrazos cálidos y sinceros, el regalo desinteresado, de la sonrisa amiga, de la mano que se extiende sin pedir nada a cambio. La ley del más fuerte impide entender las necesidades de otros, llámese cónyuge, familia, vecino, compañero, amigo. Los psicólogos atienden diariamente miles de casos cuyo pronóstico mejoraría simplemente con un ejercicio de escucha activa y normalización, para el cual es imprescindible la empatía.

“Mi libertad termina donde empieza la de los demás”

¿Qué puede hacer la empatía por nosotros y por los demás?

Vamos a intentar contestar a esta pregunta haciendo un viaje por diferentes situaciones:
  • Aumentaremos la probabilidad de que nuestra relación de pareja funcione si de vez en cuando nos cambiamos los zapatos. Así comprenderemos la necesidad de afecto del otro, cómo funcionan sus cuerpos y el origen del alguna de sus emociones. Aceptar el historial de vivencias negativas y positivas mutuas les ayudará a vivir, no solo a sobrevivir.
  • Si el empleado entiende la necesidad de que la empresa aumente el rendimiento y el jefe provee lo necesario, la relación obrero-patronal sería muy satisfactoria.
  • Ser empático nos hace más sensibles y respetuosos a las limitaciones de los demás. Por ejemplo, a través de la empatía seremos capaces de entender la frustración que pueden sentir en determinados momentos los padres de niños con autismo ante la imposibilidad de comunicarse con ellos.
  • ¿Y, por qué debemos ser empáticos con nosotros mismos? Revisar con honestidad nuestras fortalezas y debilidades impedirá que nos perdamos y al mismo tiempo facilitará oportunidades para encontrarnos con los demás.
  • La profesora verá incrementado su poder de influencia si es empática con sus alumnos. Por ejemplo, la empatía le permitirá descubrir que el niño abusador y violento solo está copiando la conducta de su entorno familiar. Entender la timidez, la hiperactividad, la extroversión y la tristeza de sus alumnos hará que su función sea más valiosa y a la vez más sencilla.

“Un docente que no sea empático, no podrá solucionar de forma eficaz los conflictos de su clase”

  • Si los padres recordaran que fueron niños y adolescentes, habría más comprensión y disminuirá la brecha generacional. Al fin y al cabo, ser padres, con una pila de años más, no ha borrado de manera radical todos sus recuerdos y en muchas ocasiones solo es necesaria una clave para recordarlos.
  • Potenciar la empatía en niños y adolescentes, apelando a sus sentimientos, es un excelente recurso para prevenir posibles comportamientos sociales indeseables, como el acoso o la pasividad ante el acoso. Por ejemplo, el método KIVA, aplicado en Noruega, se dirige al espectador del abuso facilitando la empatía por la víctima; facilitando la labor de que los niños-espectadores sean empáticos con el sufrimiento del niño que es acosado, de manera que lo impidan y lo prevengan.

Como hemos visto, la empatía es una habilidad relacional que sirve precisamente para mejorar relaciones, estrechar lazos y acercar corazones. Además, es muy útil para prevenir una buena parte del sufrimiento moderno, marcado profundamente por la sensación de vacío y soledad que se ha instalado en muchas personas, que gritan pero no se sienten escuchadas, reconocidas y finalmente queridas.

Lady Ann Umaña Segura

domingo, julio 23, 2017

Detrás del miedo se esconden oportunidades para crecer

A veces nuestro miedo se disfraza de lógica para no dejarnos ver la verdadera razón por la que evitamos situaciones de desafío: el temor a lo desconocido. De modo que la sensación de incertidumbre y las expectativas previas pueden llegar a paralizarnos. Incluso nos llevarán a evitar situaciones que son necesarias para crecer. Pero solo exponiéndonos a ellas conseguiremos desenterrar las oportunidades que se encuentran al otro lado del miedo.



Además, saber gestionar nuestro temor nos genera en cierto modo placer y reduce las probabilidades de tener trastornos asociados a la ansiedad. Porque a nadie le gusta pasar miedo, pero si llegamos a comprenderlo y controlarlo experimentaremos una sensación de alivio tras la tensión sufrida, evitaremos que afecte a nuestra salud y descubriremos una nueva forma de seguir creciendo personalmente.

No olvidemos que muchas de las situaciones que nos paralizaban en el pasado, ahora las enfrentamos sin pestañear. Exámenes, hablar en público, relacionarnos con los demás, etc. Detrás de cada una de ella, siempre ha habido un motivo que nos llevó a realizarlas a pesar de los pensamientos evitativos y paralizantes que surgían ante las situaciones novedosas o estresantes: nuestra capacidad de evolución y crecimiento personal. Profundicemos sobre ello.

“El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son”
-Tito Livio-

Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar

¿Por qué experimentamos emociones desajustadas al enfrentarnos a nuevas situaciones? La razón se encuentra en que nuestro cuerpo en esos momentos trata de defenderse y ante las sensaciones de incertidumbre y temor su respuesta es prepararnos para la huida inmediata a modo de salvamento. Así, a nivel físico se produce una ausencia de flujo sanguíneo en la parte superior del cuerpo para que la sangre se dirija a las extremidades inferiores con el objetivo de facilitar una huida rápida. Por eso, nuestra primera reacción ante este tipo de situaciones es la evitación o la huida.

De modo que aunque la primera reacción natural sea esquivar este tipo de situaciones, la capacidad que tenemos sobre nosotros mismos y sobre nuestros pensamientos nos da un margen superior para tomar decisiones más racionales y menos intuitivas. Y es en ese margen donde encontramos las oportunidades que se esconden detrás del temor y en definitiva, de las nuevas situaciones.

Así, el temor a fracasar ante nuevos retos es algo intuitivo, que nos viene dado por una herencia filogenética de nuestros antepasados. Pero las ganas de conseguir nuestros objetivos son algo más personal que se esconden en cada uno de nuestros pensamientos y emociones. Por lo que esa lucha entre la genética y lo que pensamos es lo que conducirá a nuestras decisiones al éxito o al fracaso y en definitiva, a conseguir o no nuestros sueños.

No temas ni a la prisión, ni a la pobreza, ni a la muerte. Teme al miedo

Las cosas que nos asustan son las que terminan haciéndonos más felices

Nos dicen que si queremos algo tenemos que hacer que ocurra, pero ¿por qué nos asustan las cosas que más deseamos? A veces, simplemente nos echamos para atrás porque preferimos quedarnos en unas expectativas inalcanzables para seguir fantaseando con que pasaría si llegáramos a conseguir lo que realmente anhelamos. Otras, el recelo y el esfuerzo que implica perseguir nuestra felicidad puede más que nuestros sueños y preferimos vivir en un estado invariante con nosotros mismos, sin grande sobresaltos…

La clave está en saber que cuanto más hacemos, más podemos hacer. Ese es el circulo donde debemos entrar si queremos superar al miedo una y otra vez para conseguir las cosas que realmente queremos. El miedo solo es una emoción que una vez entendida, nos lleva a comprender que es útil en un abanico de situaciones muy limitadas y que experimentaremos muy pocas veces en la vida.

La mayoría de los temores que vivimos son preocupaciones y pensamientos irracionales que cuanto antes empecemos a identificar y a sobrellevar, antes empezaremos a disfrutar de las cosas que realmente merecen la pena. Porque detrás detrás de nuestros miedos siempre hay oportunidades que conocer para seguir creciendo y superando nuestras barreras mentales.

Fátima Servián Franco

sábado, julio 22, 2017

La única forma de cambiar tu realidad es entender cómo la creas

Nuestros pensamientos condicionan en gran medida nuestro estado de salud mental. La práctica de ciertos hábitos de pensamiento y la resistencia al cambio originan nuestra realidad. Existe una realidad fuera de nosotros, y en realidad nosotros no interactuamos con ella. La única realidad con la que convivimos de verdad es una simulación creada por nuestro cerebro mediante nuestros pensamientos, que se puede acercar más o menos a la realidad exterior.



En teoría, cuanto menos sesgados estén nuestros pensamientos más nos acercaremos a la certeza. El problema viene cuando hemos sido educados en generalizaciones, prejuicios y dicotomías que nos hacen alejarnos de lo real. Pensar es como respirar, lo hacemos sin darnos cuenta, pero no podemos creernos todo lo que pensamos. Se estima que solo alrededor del 20% de nuestros pensamientos llegan a hacerse realidad.

Los seres humanos, tenemos pensamientos que no corresponden con la realidad del momento o de la situación; estos pensamientos se llaman pensamientos deformados o irracionales. Son ideas que nos vienen a la cabeza y que nos impiden ver la realidad última de las cosas; suelen llevarnos a error y eso influye en gran medida y directamente sobre nuestro estado emocional.

Las interpretaciones sobre la realidad son las que nos llevan a ser personas estables o inestables a nivel emocional, más que la realidad misma. Lo que pensamos de nosotros mismos y de nuestra experiencia, es lo que realmente nos crea los problemas deansiedad y/o depresión, tan prevalentes en el primer mundo, y no la situación en sí. Dos personas ante una misma situación pueden experimentarla y entenderla de manera diferente, evidenciando que la realidad en última instancia la crea nuestros pensamientos.

La realidad es aquello que, cuando uno deja de creer en ello, no desaparece.

Si quieres cambiar, cambia tus pensamientos

La psicología basa parte de sus terapias en la sustitución de pensamientos irracionales por otros que se ajusten mejor a los hechos reales. Aprender cómo transformar los pensamientos irracionales en pensamientos racionales es el eje principal del pensamiento ajustado a la realidad. Las personas que son capaces de modificar estos pensamientos pueden tener un gran control sobre sus emociones y ser capaces de tomar decisiones más acertadas.

Una de las técnicas más usadas en clínica para cambiar los pensamientos desajustados es el debate, donde se le enseña al paciente a modificar sus creencias a través de preguntas formuladas por parámetros racionales, hasta que éste es capaz de ir generando un pensamiento alternativo mucho más adaptativo. El objetivo es que al final el paciente sea capaz de sustituir o limar sus pensamientos de una manera autónoma.

Aunque las circunstancias sean complejas, como las que pueden darse alrededor de un despido o de una ruptura de pareja, estas situaciones no van a mejorar por mucho que las pensemos. En muchas situaciones difíciles, nuestro margen de actuación pasa más por intervenir sobre nuestros pensamientos que sobre la propia realidad.
“Conocimientos puede tenerlos cualquiera, pero el arte de pensar es el regalo más escaso de la naturaleza”

¿Cómo pensar de manera sana y racional?

Los acontecimientos no causan los problemas emocionales y de conducta, sino que estos son causados por las creencias que subyacen a las interpretaciones de estos problemas. Uno de los aspectos básicos a destacar es la distinción entre creencias racionales y creencias irracionales.

Pensar de manera racional, es pensar relativizando, expresándose en términos de deseos y gustos (me gustaría, preferiría, desearía…). Cuando las personas piensan de manera sana, incluso cuando no consiguen lo que desean, los sentimientos negativos que estas situaciones generan no impiden el logro de nuevos objetivos o propósitos.

Por el contrario, pensar de manera dogmática y absolutista hace que nos expresemos en términos de obligación, necesidad o exigencia (tengo que, debo de, estoy obligado). Su no consecución provoca emociones negativas inapropiadas (depresión, culpa, ira, ansiedad, miedo) que interfieren en la consecución de los objetivos y genera alteraciones de la conducta como el aislamiento, la conducta de evitación o de escape y el abuso de sustancias tóxicas.

Fátima Servián Franco

viernes, julio 21, 2017

Autosabotaje: cuando el enemigo está dentro de ti

El autosabotaje o autoboicot es la tendencia a ponerse trabas, límites y complicaciones a uno mismo durante el camino hacia metas u objetivos. Si echas la vista atrás es posible que encuentres varios ejemplos de situaciones en las que, sin saber por qué ni cómo, has fracasado en el camino hacia tu meta. Una de las posibles explicaciones de este fracaso es el autosabotaje.



El autosabotaje representa al enemigo dentro de uno mismo. Quizás nos proteja en alguna medida del fracaso a corto plazo, pero también del éxito. La persona que se boicotea a sí misma se pone trabas o frenos, e inconscientemente, dice “no voy a poder” cuando tiene que hacer frente a momentos difíciles. A continuación veremos los 4 tipos de autosabotaje más frecuentes.

¿Qué tipos de autosabotaje existen?

1. Negarse necesidades a uno mismo: “No me hace falta, no lo quiero”

El primer tipo de autosabotaje, y uno de los más frecuentes, es el negarse a sí mismo necesidades o deseos. El autosabotaje se enmascara bajo frases como: “no me importa”, “no me apetece”, “no lo quiero” o “no me interesa”. De esta manera, la persona se protege a sí misma de experimentar un fracaso (y aceptar que tiene que trabajar para mejorar sus capacidades) o de experimentar el éxito (y aceptar que puede aspirar a más y se merece el reconocimiento).

En este caso, el autosabotaje se realiza cuando la persona se niega a sí misma que quiera alcanzar un objetivo o se niega a si misma una necesidad personal de manera inconsciente. Es muy importante detectar cuándo realmente no nos interesa un objetivo o una meta y cuándo es el miedo a no estar a la altura, el que que nos hace el boicot. Porque con esta diferenciación comenzamos a crear un escudo personal contra el autosabotaje.

“Confiar en ti mismo no garantiza el éxito, pero no hacerlo garantiza el fracaso”
-Albert Bandura-

2. Procrastinar: posponer y posponer …y dejar para mañana lo que puedes hacer hoy

Una de las maneras más eficaces de fracasar, tanto a nivel personal y como profesional es procrastinar: “tengo que hacer algo pero lo haré luego”. Procrastinar es un hábito tóxico, ya que provoca la falsa percepción de que “estamos en ello” cuando en realidad lo que estamos haciendo es postergar indefinidamente la realización de una tarea.

Procrastinar funciona como un escudo ante la sensación de incapacidad. Es un mecanismo de defensa porque nos protege impide que nos pongamos a prueba y nos hace sentir que estamos en el camino hacia nuestra meta. Cuando… nada más alejado de la realidad.

3. No ser constante: comenzar la carrera, pero abandonar ante las primeras dificultades

La falta de constancia es una de las máscaras más frecuentes del autosabotaje. La constancia es una capacidad que se ha de entrenar cada día y poco a poco. Empezar un proyecto y abandonarlo en el camino nos asegura el fracaso y es un hábito que nos limita a nosotros mismos.

La función del autosabotaje cuando dejamos las cosas a medias es muy clara: si no acabas la tarea no tendrás que valorar si lo has hecho bien o no. Existe la posibilidad de que lo hagamos bien y de que no sepamos como gestionar el éxito. Dicho de otro modo, el autosabotaje también protege del éxito a las personas que creen que no se merecen un triunfo personal y por ello, se boicotean a sí mismas.

4. Poner excusas a la hora de tomar decisiones: “no sé que hacer”

Tomar decisiones nos otorga un grado de responsabilidad, el cual varía en función de la importancia de la decisión. El autosabotaje nos protege de sentirnos con cualquier grado de responsabilidad, y así, nos aparta de tomar posiciones importantes y de poder.

Por ello, evitar tomar decisiones es otra máscara más tras la cual se oculta el autosabotaje. Impidiéndonos tomar las riendas de nuestra vida, alzar la voz y decir con claridad cuál es nuestra decisión. Además, este tipo de autosabotaje nos mantiene en el papel de espectador (y no de actor) de nuestra vida. El peligro de ser espectadores de nuestra vida es que esta actitud, refuerza la idea de que no ser suficientemente buenos como para aspirar a más.

¿Cuáles son las posibles causas del autosabotaje?

Estilo de personalidad evitativo

Los animales humanos, frente a una dificultad tenemos tres opciones de respuesta: afrontar, evitar o postergar. Es decir, podemos buscar una solución a lo que nos ocurre (afrontar), intentar convenceros de que eso no nos afecta o no nos molesta y mirar para otro lado (evitar) o esperar a ver qué pasa o cómo se desarrollan las cosas sin un período de tiempo definido (postergar). Si bien es cierto que tomarnos un tiempo y no hacer nada es una estrategia eficaz para encontrar soluciones, postergar indefinidamente es un hábito que empobrece nuestra autoestima.

Si durante nuestra etapa de adolescencia y juventud temprana escogemos evitar repetidas veces, lo que hacemos es desaprovechar situaciones que nos permitirían adquirir nuevas habilidades. Tanto si evitamos afrontar lo que nos ocurre, como si dejamos pasar las oportunidades de crecimiento que se nos presentan, desarrollamos un patrón de personalidad evitativo.

El patrón de personalidad evitativo se relaciona directamente con el autosabotaje. Como la costumbre es evitar, la persona se convence de que “no puede” o de que algo “no se le da bien”. Ello se debe a que no tiene habilidades, pero no a que no tenga la capacidad necesaria para superar la situación o crecer a nivel personal.

Una persona con patrón de personalidad evitativo siente que no es capaz de superar retos y se remarca a sí misma esta limitación. El error principal se encuentra en que: no tener habilidades no es igual a no ser capaz. Es necesario dejar de evitar aquello que nos hace dudar de nuestras capacidades y darse una oportunidad para poder crecer como persona. Recuerda: sin desafío no hay crecimiento.
Baja autoestima

Tener una baja apreciación de nuestras características personales hace que nos queramos poco. Si nos queremos poco, tendemos a desconfiar de nuestras capacidades, de ahí la relación entre autosabotaje y baja autoestima.

Una persona con baja autoestima no se permite la oportunidad de crecer, ni de exigirse un poco para salir de su zona de confort. Porque, tiene grabado en lo más profundo de su corazón que: no se merece una oportunidad, no va a ser capaz de dar la talla o siente que no es lo suficientemente valiosa para aspirar a un objetivo. Por todo esto, la baja autoestima puede ser una de las causas del autosabotaje.

“La tarea que debemos establecer para nosotros mismos no es estar seguros, sino ser capaces de tolerar la inseguridad”
-Erich Fromm-

Entorno familiar hiper-protector

Crecer en un entorno familiar que nos proteja excesivamente de los “peligros” del mundo, nos hace incorporar en nuestras características psicológicas dos mensajes respecto a nosotros mismos y nuestras capacidades. El primer mensaje es: “mi familia me quiere, me protege y no estoy solo/a” y el segundo es “me tienen que proteger y ayudar porque no puedo solo/a y no soy lo suficientemente fuerte”.

De este modo, cuando una familia es muy protectora, emite estos dos mensajes que son inseparables y es el segundo de ellos el que favorece al autosabotaje. Porque la excesiva protección familiar nos hace depender de los demás para sentirnos seguros y capaces de afrontar retos.

Así, una vez llegados a la etapa adulta, como a nivel social se nos exige ganar en independencia de nuestra familia, aparece el autosabotaje a modo de protección. La protección de la familia es cada vez menor, mientras que el sabotaje se hace cada vez más presente.

¿Cuáles son los efectos del autosabotaje?

El autosabotaje funciona como un pez que se muerde la cola, como no me doy la oportunidad, no me desafío a mi mismo y por tanto, no gano en desarrollo personal. Así, pierdo la oportunidad de ganar nuevas capacidades y mejorar aquellas que ya poseo. Y por ello, sigo pensando que “no puedo”, “no lo quiero” o “no se me da bien”.

Piensa que muchas personas (por no decir todas) tenemos un “pequeño boicoteador” dentro y hemos de aprender a vivir con él. Este pequeño boicoteador siempre va a decirnos que no somos capaces de alcanzar lo que nos proponemos. Nos hará dudar hasta el infinito y nos mantendrá dentro de nuestra zona de confort. Porque solo de esta forma, este pequeño gran enemigo se mantiene tranquilo y cómodo. El truco está en aprender a escuchar sus dudas sin entrar en su juego. Sí, efectivamente, hablamos de una labor de precisión que a menudo requiere una buena dosis de paciencia.

Por todas estas razones que hemos descrito, el autosabotaje genera una sensación constante de incertidumbre. Es un sistema que se perpetúa a si mismo y por ello es necesario que detectemos su presencia y rompamos cuanto antes el círculo vicioso que lo alimenta.

Para superar el autosabotaje puedes trabajar para mejorar tu autoestima, detectar tus puntos fuertes para ampliarlos e identificar también tus puntos débiles para mejorarlos. Pero, sobre todo, vamos a darnos una oportunidad, esta es la clave principal para vencer el autosabotaje.

Julia Marquez Arrico

jueves, julio 20, 2017

3 formas sencillas de practicar mindfulness en tu día a día

Iniciarse en la práctica del Mindfulness es dar el paso hacia una mejor calidad de vida. Ahora bien, lograrlo no siempre es fácil ya que necesitamos adaptar esta filosofía de raíces ancestrales a estos tiempos modernos. Para conseguirlo disponemos de múltiples caminos y estrategias: solo debemos hallar la que más se ajuste a nuestras necesidades, a nuestro día a día.



Hemos de admitirlo: a la mayoría nos atrae el Mindfulness, y no porque esté de moda, no porque nos hayan hablado de sus prácticas ni porque encontremos esta palabra casi en cada libro, en cada revista o artículo de autoayuda. Nos interesa y nos seduce porque nos invita a concebir nuestra mente como un espejo desde el que apreciar el mundo de una forma más amplia, cercana y vívida. Es algo revulsivo y ante todo, útil.

“Los sentimientos van y vienen como las nubes en un cielo ventoso. La respiración consciente es mi ancla”.
-Thich Nhat Hanh-

Sin embargo, nuestra cotidianidad nos arrastra con sus obligaciones, con sus férreos horarios y nuestra mirada siempre ocupada. No podemos sacar más horas al día para ir a un centro donde aprender, no podemos quitar tiempo de donde no tenemos y por ello, nos decimos a nosotros mismos que eso de la meditación, definitivamente, no va con nosotros.

Es un error. El Mindfulness está ahora más cerca de nosotros que nunca y de las más diversas formas. Hay quien se inicia en su propia casa, siguiendo las orientaciones de un libro o incluso de un curso vía on-line. Aún más, hay quien no concibe el quedarse inmóvil, quien no logra integrarse en la dinámica de un aula junto a más gente. Para ello, tiene a su alcance la opción de meditar mientras se hace deporte, mientras caminamos.

Como vemos, el Mindfulness siempre está ahí, al alcance de nuestra mente…

El Mindfulness en tiempos modernos, en tiempos de movimiento

Los tiempos cambian pero las raíces de nuestra filosofía, de nuestra espiritualidad y de ese legado excepcional aportado por el Mindfulness no solo permanecen, sino que nos son más necesarios que nunca. Ahora bien, dada la actual complejidad de nuestro tren de vida… ¿Cómo y de qué manera podemos aprender a desarrollar una conciencia plena? ¿Cómo aprender a meditar, a respirar y a tomar contacto con el “aquí y ahora”?
Rohan Gunatillake es un creativo que está revolucionando el campo del Mindfulness por un aspecto muy concreto: concebir la meditación de un modo dinámico, activo gracias a las nuevas tecnologías o incluso mediante el deporte.
Este autor nos explica cómo y de qué manera hemos cambiado. Nuestras necesidades ahora son más intensas, nuestros mundos caóticos pero nuestros canales de aprendizaje son más amplios: Internet y las nuevas tecnologías nos acercan más que nunca al campo del crecimiento personal y nos inician incluso en el mundo de la meditación.
Rohan Gunatillake lo llama “meditación urbana”. Porque aunque nos sorprenda, el medio urbano y nuestra cultura laboral y digital es lo que nos define en la actualidad a muchos de nosotros. ¿Qué necesidad hay de escapar a un retiro natural durante 10 días para aprender a meditar? Si no hay posibilidad, tenemos nuestra propia casa, el trabajo y esas maravillosas tecnologías capaces de enseñarnos a conectar mucho más con nuestra realidad…

“Si quieres dominar la ansiedad de la vida, vive el momento, vive en la respiración”.
-Amit Ray-

En este mundo dinámico todos formamos parte del movimiento. Sin embargo, no debemos equivocarnos, porque el Mindfulness también es una práctica móvil: nos convertirnos en magníficos receptores del momento presente, de cada uno de sus maravilloso matices, de sus oscilaciones, sus cambios, sus olores, sabores, sensaciones….

Formas en que podemos iniciarnos en el Mindfulness

Ya lo dijo Daniel Goleman en su momento, la atención es un músculo que debemos trabajar a diario para ser más receptivos a lo que nos envuelve así como a lo que acontece en nuestro interior. Sin embargo… ¿cómo lograrlo si apenas tenemos tiempo? ¿Podemos aprender a meditar de verdad una vez a la semana acudiendo a una clase de 18 a 19 de la tarde?

Bien, habrá personas que sin duda lo conseguirán pero son muchos los que van a estas clases por curiosidad y las acaban abandonando a los pocos días porque no les funciona, porque no logran controlar su mente errática y hallar ese punto perfecto de equilibrio con uno mismo donde todo lo demás, quede en un segundo plano.

Ahora bien, si esta práctica de origen budista con más de 2.500 años de antigüedad ha llegado a Occidente no es por casualidad, es porque científicos como el doctor Kabat-Zin -entre otros- saben y entienden que nuestra sociedad demandante y exigente nos acelera, y necesitamos por tanto de la ayuda y beneficios del Mindfulness. Para iniciarnos en esta práctica tenemos múltiples opciones, maneras y caminos.

“La vida es un baile. El mindfulness es presenciar ese baile”.
-Amit Ray-

Mindfulness en el trabajo

Empresas como Apple, Google, Nike o eBay ya aplican el Mindfulness en sus trabajos en el día a día. Queda claro, no obstante, que para que esta técnica sea efectiva necesitaríamos sin duda de un entorno y una política laboral que facilite su integración, pero en realidad, no es tan complicada de llevar a cabo. Estas serían las pautas:
  • Llega al trabajo sin prisas ( puede que no lo logres la primera semana, pero poco a poco será posible)
  • Dedica 5 minutos para situarte, para estructurar la jornada, para tomar conciencia de lo que vas a hacer, de cómo te sientes.
  • Respira de manera profunda y toma conciencia el aquí y ahora, de tu cuerpo, de tus posturas y de las posibles tensiones.
  • Tómate un descanso de 5 minutos cada 40 minutos para meditar, para respirar, para conectarte de nuevo con tu propio ser.
Meditar mientras caminas

Lo ideal es que cada día nos “regalemos” media hora de paseo, media hora de caminata donde a paso rápido y con ropa cómoda, entrenemos no solo nuestro cuerpo, sino también nuestra mente en los principios básicos del Mindfulness. Estas serían las principales pautas:
  • Empieza a caminar a paso normal. Poco a poco debes encontrar el ritmo que sea más relajante, más catártico y liberador para ti. Hay quien camina a paso lento y quien decide iniciar una marcha más rápida.
  • Es momento de centrar tu atención en algún aspecto. Visualiza tu mente como si fuera una linterna que orienta su luz sobre un aspecto concreto y luego a otro: primero tu respiración, luego la sensación de tus pies cuando tocan el suelo, más tarde el viento que acaricia tu piel… Focaliza tu atención en esos aspectos de modo cíclico, primero uno y luego otro.
  • Poco a poco te darás cuenta de que ya no necesitas centrar tu atención en cada uno de esos aspectos de tu cuerpo. Al cabo de los días el foco de tu linterna será tan amplio que lo percibirás todo de una vez.

Mindfulness en casa

Si eres una de esas personas que no se encuentra cómoda en un aula o siguiendo las pautas de un facilitador presencial, o incluso que carece de tiempo para acudir a un curso presencial, no olvides que siempre tenemos a nuestro alcance libros y cursos on-line.Gracias a ellos podemos aprender las bases del Mindfulness en casa.

Para ello, nunca está de más seguir estas orientaciones:
  • Elige un espacio, un lugar y un momento del día que más se ajuste a tus necesidades para practicar la meditación. Recuerda que debes comprometerte a ello con firmeza y voluntad, porque debe ser un trabajo continuado.
  • Empieza con 10 o 15 minutos. Poco a poco, a medida que cojas soltura puedes dedicarle más tiempo.
  • Elige la técnica que más se ajuste a tus necesidades.
  • Ten paciencia y no esperes resultados inmediatos. El Mindfulness requiere tiempo y compromiso.

Los tiempos cambian y a pesar de nuestras vidas tan dinámicas y exigentes siempre vamos a tener esta práctica tan interesante y beneficiosa a nuestro alcance. Solo necesitamos encontrar el camino que mejor se ajuste a nosotros, el que nos sea más cómodo, más cercano. Ampliemos nuestras experiencias y demos el paso al conocimiento que nos proporciona el Mindfulness.

Valeria Sabater

miércoles, julio 19, 2017

Estos 5 gestos perjudican la imagen que proyectas a los demás

Todos sabemos que los gestos y posturas revelan mucho acerca de la personalidad, la actitud o el estado de ánimo de alguien. Sin darnos cuenta cada uno de nosotros va adoptando formas de mirar, de caminar, de plantarse frente a los demás. Las incorporamos y terminan siendo parte de un estilo propio, que a veces “nos delata” y muestra aquello que no queremos dejar ver.



Hay situaciones sociales en las que el trato es fugaz y efímero. Los demás se forman una idea de nosotros que en parte es consciente y en parte no. Crean una opinión a partir de lo que decimos, pero también otra a partir de lo que expresamos a través de nuestros gestos y posturas.

“Ser ‘perceptivo’ significa ser capaz de detectar las contradicciones entre las palabras de una persona y el lenguaje de su cuerpo”.
-Allan Pease-

Esto no sería problema si no fuera porque muchas de esas ocasiones efímeras también tienen gran trascendencia. Puede ser el caso de una entrevista de trabajo o de una reunión específica para establecer contactos que nos interesen. También, por qué no, esas situaciones en las que queremos agradar a alguien que nos interesa afectivamente y queremos que del episodio el otro se lleve una sensación agradable y positiva de nosotros.

Por estas tazones vale la pena aprender a reconocer nuestros gestos y descifrar lo que expresan. También es importante que logremos pulirlos para que jueguen a nuestro favor en las situaciones que lo ameritan. Para conseguirlo, veremos enseguida esos gestos que nos perjudican y que sería bueno recrear.

1. Morder el labio inferior, uno de los gestos que delatan

Al morder el labio inferior, de uno u otro modo, comunicas un grado de rechazo por lo que sale de tu boca. Sin que ni tú, ni los otros sean conscientes de ello, es uno de los gestos que va a ser interpretado como duda, o falsedad frente a lo que estás diciendo.

Este gesto también indica que hay un mensaje oculto. Usualmente la gente dice “me mordí los labios para no hablar de esto o aquello”. Es una interpretación correcta. Cuando realizas este gesto denotas que hay algo que estás callando y que contraría en algún grado lo dicho.

2. Fruncir el ceño constantemente

El ceño fruncido es una señal de enojo, de molestia o de rechazo. La verdad es que se trata de uno de los gestos que en la mayoría de los casos se adopta por simple tensión. Sin embargo, hay quienes lo hacen con tanta frecuencia que terminan esculpiéndola en su rostro.

Cuando hay temor o nerviosismo se frunce el ceño. Además, puede comunicar una falta de confianza tanto en el otro como en uno mismo. También arrugamos el entrecejo cuando queremos agudizar la observación o cuando adoptamos una posición defensiva.

3. Parpadear frecuente y rápidamente

Es uno de los gestos más difíciles de controlar, ya que se trata de una reacción casi automática frente a situaciones que originan nerviosismo. Lo normal es parpadear de 14 a 17 veces por minuto. Pero cuando estamos nerviosos ese número aumenta significativamente.

Lo peor es que cuando comenzamos a parpadear mucho y rápidamente, la atención de nuestro interlocutor se centra en este curioso gesto. Es fácil que deje de escuchar lo que estamos diciendo y se concentre más bien en esa falta de seguridad que expresamos con los ojos.

4. Ocultar las manos cuando hablas

Las manos son expresión pura. Enfatizan, evaden, puntualizan o complementan lo que dices. Por eso cuando una persona habla y mueve mucho sus manos, es percibida por los demás como más espontánea y confiable. Genera la sensación de sinceridad.

En cambio cuando alguien oculta sus manos cuando habla, comunica todo lo contrario. Es como si estuviera escondiendo algo. No es conveniente poner las manos atrás, meterlas en los bolsillos, esconderlas debajo del escritorio o cruzar los brazos. Si lo haces, estás levantando una barrera en la comunicación.

5. No sonreír o reír todo el tiempo

La sonrisa es, sin duda alguna, uno de los gestos que más corazones abre. Cuando alguien te sonríe, sin darte cuenta, te ayuda a disponerte positivamente en la conversación. Esto es un magnífico precedente para que el diálogo sea positivo, sereno y amable.

Sin embargo, cuando una persona está sonriendo o riendo todo el tiempo, el efecto puede ser adverso. En ese caso lo que se expresa es nerviosismo, falta de concentración o excesivo afán por ser aceptado. Este mensaje no es positivo, sino que se convierte en un obstáculo para que te valoren adecuadamente.

En todos estos casos de lo que se trata no es de adoptar una identidad falsa o maquillada. Todo lo contrario. A través de los gestos, una persona puede conocerse mucho a sí misma. Así, al hacerse consciente de la forma como se está comunicando con los demás, a través de su lenguaje corporal puede ajustar el mensaje que realmente quiere expresar acerca de sí mismo.

Edith Sánchez

martes, julio 18, 2017

La vida te dará todo lo que necesitas solo si confías en que lo mereces

Cuando uno asume, entiende e interioriza que merece ser feliz, la vida se abre camino, los días orquestan nuevas oportunidades, las cerraduras se abren y los enemigos se convierten en estatuas de sal que el viento se lleva tras de sí. Nada puede detenernos cuando nos percibimos como merecedores de la alegría y nadie tiene voz ya para cercar de miedos nuestras voluntades.



Decía Emily Dickinson con gran acierto en sus poemas que las personas ignoramos nuestra propia altura hasta que nos ponemos de pie. Lo más curioso de todo ello es que a menudo es la propia educación, la sociedad y las personas de nuestro entorno quienes por lo general tienden a preferirnos sentados, sumisos, callados y obedientes.

“Si haces lo que no debes, deberás sufrir lo que no mereces”
-Benjamin Franklin-

De hecho, esto mismo es lo que le ocurrió a la poetisa de Massachusetts, a quien las decepciones, los miedos y las tristezas la acabaron recluyendo en su propia habitación de la casa familiar de Amherst, convirtiéndose en poco más que en una tibia sombra, en una figura delgadísima que los vecinos veían a través de las ventanas. De sus 1800 poemas escritos, solo vio publicados en vida una docena y de las personas que conformaban su vida, solo amó a una, pero ninguno de los dos fue lo bastante valiente como para dar el paso.

Eran otros tiempos, no hay duda. Era otras mentalidades, queda claro. Sin embargo, por curioso que parezca, el complejo universo de las emociones, las inseguridades y la falta de confianza en uno mismo es un estribillo que nunca pasa de moda. Es como una moviola que nunca se detiene, que nos trae la magia de una ocasión y que la deja ir, que nos enseña qué es la felicidad y al poco se la lleva, dejándonos con las ganas, las penas, el recuerdo y el arrepentimiento.

Arrepentimiento por no habernos atrevido a “algo más”, por no haber luchado, por no sentirnos merecedores de esa oportunidad irrepetible, por no haber aunado el suficiente coraje por ese amor perdido…

Mereces una vida mejor

Ana ha empezado a ir al gimnasio porque desea llevar una vida más saludable. Va todos los días de 19 a 20, pero sin embargo, sigue fumando dos paquetes de tabaco al día. Carlos perdió su trabajo hace 9 meses. Sale todos los días a echar currículums pero al volver a casa empieza a comer de manera compulsiva, tanto, que su cambio físico es ya muy llamativo. Marta acabó hace un mes con una relación afectiva muy tormentosa, y desde entonces, se ha enganchado a las páginas de citas de Internet con la idea obsesiva de encontrar a la “pareja ideal”.

Todos estos ejemplos se pueden resumir en una idea central que a todos nos será conocida: mientras hallamos el equilibrio en un área de nuestra vida, en otra, retrocedemos de forma alarmante. Es como si no terminásemos de entender que merecemos una vida mejor, y ello nos empuja a menudo a dejar de cuidarnos de una forma más plena, más íntegra. ¿Porqué lo hacemos? ¿Por qué no terminamos de asumir un control auténtico de nuestra realidad para alcanzar así el bienestar?

La respuesta a esta pregunta debemos buscarla no solo en nuestro pasado, sino en la propia incapacidad de cuidarnos, de fomentar el bienestar psicológico y ante todo, de gestionar las propias emociones. En los tres ejemplos propuestos hemos visto que cada una de estas personas lleva a cabo algunas acciones correctas: una va al gimnasio, la otra busca trabajo a diario y la última ha puesto fin a una relación infeliz y compleja.

Sin embargo, el resto de comportamientos dan forma a esos agujeros negros tan comunes: la ansiedad, la incertidumbre, el miedo al futuro, la incapacidad para estar solos, la adicción a alguna sustancia.. Todos sabemos que merecemos una vida mejor, pero no sabemos cómo atender las auténticas necesidades, esas que residen en un estrato más íntimo, más profundo de nuestro ser…

Confía en ti, porque ser feliz no es una necesidad es un derecho

La vida nos traerá más oportunidades solo sí ponemos un pie detrás de otro y salimos a buscarlas. La felicidad llamará a nuestra puerta solo si somos receptivos, si estamos atentos, preparados y ante todo… dispuestos. Porque quien se deja llevar por la deriva de los miedos e inseguridades naufragará en la isla de las oportunidades perdidas. Porque quien se rinde ante las decepciones elegirá tarde o temprano el mismo encierro físico y mental que la propia Emily Dickinson se infligió a sí misma.

“Supongo que no soy como Emily Dickinson, que mantuvo sus cosas más hermosas envueltas en una cinta en su cajón”
-Jeff Bridges-

En estos tiempos en que encontramos en Twitter y Facebook píldoras de la felicidad en forma de frases bonitas, hay algo que nunca deberemos perder de vista. Algo que nos recuerdan muy acertadamente los detractores de la psicología positiva: debemos aprender a aceptar las experiencias dolorosas, sin importar lo duras que estas sean. Un despido, una decepción o un fracaso es algo que uno debe “engullir” sí o sí… Ahora bien, una vez que hayamos buceado en ese abismo caótico que son las emociones negativas, es momento de emerger, y lo haremos siendo más fuertes. Sintiéndonos más válidos.

Aún más, en este nuestro complejo y demandante día a día debemos interiorizar que las personas no solo merecemos sentirnos bien, estar en calma, experimentar la satisfacción, la libertad, el triunfo y el sabor de las alegrías. Todas estas dimensiones en realidad son DERECHOS. Porque no importa cuál sea nuestra historia, ni de donde vengamos, ni quienes seamos… Todos tenemos pleno derecho a ser felices y a elegir la manera de serlo.

Valeria Sabater

lunes, julio 17, 2017

Aunque cierres los ojos, sentirás con el corazón

Aunque cierres los ojos sentirás con el corazón. Recuerda que aunque no hay más ciego que el que no quiere ver, esto no implica que el dolor, la tristeza o la angustia desaparezcan por arte de magia, que sea suficiente con cerrar los ojos. No es cuestión de chasquear los dedos y que todo cambie. Es empezar a aceptar que aquello que nos daña existe y aprender a enfrentarnos a ello.



Aunque esto te asuste, aunque pienses que sentirás el horror en tu vida, normalmente nada es tan malo como imaginamos que será. Uno de nuestros mayores monstruos es nuestro pensamiento catastrofista (ese que algunos alimentan porque así se supone que se protegen de las decepciones). Y contra nuestros mayores monstruos solo cabe la valentía de hacerles frente.

Pero, ¿cómo voy a enfrentarme a aquello que más temo? Paso a paso, siendo el primer paso admitir nuestra propia guerra interna, esa que niega todo lo que nos hace sufrir, esa que nos repite continuamente que no ocurre nada malo aunque estemos gritando por dentro. Entonces, una vez admitido el malestar, destaparemos a nuestros mayores miedos; desenmascarados estaremos en posición de elegir las mejores armas para enfrentarnos a ellos.
El mundo es un lugar hostil para todos, pero solo aquellos que lo afrontan sin miedo, viven plenamente su vida.

Sentirás el peso del mundo

Al principio sentirás el peso del mundo sobre tu pecho o sentirás que todo se está apagando a tu alrededor, pero entenderás que solo hay que ponerle nombre al pánico o la depresión que anidan en tu interior. Una vez que tienen un nombre se alejan los temores, porque sabes qué ocurre y puedes pedir ayuda para hacer frente a aquello que consideras una amenaza.

“Temer un nombre solo incrementa el temor de lo nombrado”
-J.K. Rowling-

Ponerle nombre a aquello que sentirás no implica reducir tu realidad a los pocos detalles que caben en una etiqueta. Tampoco será una excusa válida en la que escudarte cada vez que te equivoques ni una definición completa de ti misma. Será una parte, una pequeña parte que te integra, pero no que te define, porque tú eres mucho más.

Poner un nombre no implica olvidar el contexto en el que surge el problema, los apoyos con los que cuentas o tus propios recursos ante ellos. Se trata de una manera de acotar de forma sencilla un cúmulo de emociones, pensamientos y conductas que de otra manera resultaría más complicado de entender.

Eso sí, simplificar tampoco implica que olvidemos que detrás de cada nombre, cada miedo, cada monstruo, hay una persona con sus propias singularidades. Una persona que sufre y que también es valiente, una persona que ante todo necesitará apoyo y comprensión.

“No ames lo que eres, sino lo que puedes llegar a ser”.
-Miguel de Cervantes-

No desperdicies tu tiempo negando la realidad

Así que no desperdicies tu tiempo negando la realidad. Piensa, ¿qué es lo peor que puede pasarte si decides admitir lo que te ocurre?, ¿qué es lo peor que puede pasarte si dejas de evitar las experiencias de la vida? En el horizonte, para responder a estas preguntas aparece una posibilidad: simplemente comenzarás a vivirla con toda la intensidad.

Será entonces cuando no solo tus monstruos llenarán tus pensamientos, sino que se abrirá ante ti todo un mundo lleno de posibilidades, tanto buenas como malas. Esto hará que te conozcas a todos los niveles, que te aceptes sin condiciones. Pero lo más importante es que hará que veas que eres más fuerte de lo que alguna vez pudiste llegar a imaginar.

“El crecimiento comienza cuando comenzamos a aceptar nuestras propias debilidades”
-Jean Vanier-

Sentirás miedo, pero tendrás mil y una armas para hacerle frente. Sentirás dolor, pero también sentirás el amor y el cariño en su máxima intensidad de todos los que te rodean. Y te darás cuenta de que la dictadura en la que te sumerges cuando pretendes vivir una vida sin dolor es la que más daño te hace a ti misma… y te hace daño porque niega una parte de tu realidad. 

Recuerda no es más feliz el que menos siente, sino el que mejor reconoce y acepta sus emociones. Está en tu mano vivir o esconderte. Está en tu mano aceptar lo que sientes y hacerle frente. El resultado, siempre esperanzador. Una esperanza tuya, propia, para que la compartas y se la contagies a quién quieras.

Lorena Vara González

domingo, julio 16, 2017

5 maneras inteligentes de hacer frente a la gente tóxica

Cada uno de nosotros, individualmente, podemos cambiar, podemos hacer el esfuerzo de mejorar lo que no nos gusta. Pero no podemos cambiar a los demás. Eso es algo que no podemos olvidar cuando nos enfrentamos a la gente tóxica. Ante las personas así solo podemos hacer dos cosas: evitarlas o enfrentarnos a ellos.



Muchas personas prefieren huir de la gente tóxica, pero cuando no te queda más remedio que lidiar con alguien así, lo mejor es buscar la manera de hacerlo de manera inteligente. Al fin y al cabo, las personas tóxicas siempre encuentran el modo de desparramar su negatividad, contagiando a los demás, creando mal ambiente, arruinando el momento.

Las personas tóxicas desafían la lógica de las relaciones personales. De hecho algunos, aunque inconscientemente en la mayoría de ocasiones, son felices creando un impacto negativo en los demás. Otros obtienen satisfacción creando el caos llegando a la fibra sensible de otras personas. De cualquier manera, las personas tóxicas crean innecesariamente complejidad, conflictos y estrés.

“Las personas tóxicas se adhieren como bloques de hormigón atados a sus tobillos, y luego invitan a nadar en sus aguas envenenadas”.
-John Mark Green-

Ante la gente tóxica, inteligencia emocional

Hace ya mucho tiempo los estudios demostraron que el estrés puede tener un impacto irreversible y negativo en el cerebro. Aunque solo sea durante unos pocos días, la exposición al estrés compromete la eficacia de las neuronas en el hipocampo, un importante área del cerebro responsable del razonamiento y la memoria. Si el estrés dura varias semanas termina dañando las dendritas neuronales (los pequeños “brazos” que las células cerebrales utilizan para comunicarse entre sí). Si se prolonga varios meses, el estrés pueden destruir neuronas permanentemente.

Una investigación reciente del Departamento de Psicología Biológica y Clínica de la Universidad Friedrich Schiller de Alemania encontró que la exposición a estímulos que causan fuertes emociones negativas -el mismo tipo de exposición que se obtiene al tratar con personas tóxicas- causó que el cerebro de los sujetos tuviera una respuesta masiva al estrés.

Así, ya sea a través de la negatividad, la crueldad o el victimismo (entre otras estrategias),las personas tóxicas provocan en el cerebro de los demás un estado de estrés que requiere de una gestión emocional inteligente para desaparecer.

La clave para actuar de manera inteligente ante comportamiento tóxicos es cultivar la capacidad de manejar tus emociones y de mantener la calma bajo presión. De hecho, una de las mayores cualidades de las personas que saben gestionar el estrés es su capacidad de neutralizar a los efectos de las personas tóxicas.

“Desprecia la opinión de la gente tóxica, sé libre de los críticos y serás libre de cada una de sus palabras y de sus acciones. No idealices. No esperes nada de nadie”.
-Bernardo Stamateas-

Ignora a la gente tóxica que busca tu atención

La gente tóxica no lleva un distintivo que permita identificarla. Sin embargo, todos sabemos bien quiénes a nuestro alrededor son una fuente de conflictos y malestar. Sabemos el daño que pueden llegar a causar. También sabemos por dónde nos atacan. Sabes quién te busca, y sabes también que te encuentra. Y cuando te encuentra, ahí mismo, en ese mismo lugar sabes que estás perdido.

Si, por el motivo que sea, no puedes evitar a esa persona tóxica, intenta no caer en su red. Ignórala. Sabes que va a buscar tu atención, que ta va a provocar. No te dejes enredar. Que no te encuentre. No te dejes provocar por sus interrupciones, sus comentarios o sus acciones. Sé benévolo. Sé paciente. Préstale la menor atención posible. Múerdete la lengua si hace falta para no hacer que su veneno forme parte de ti. Sé asertivo si ha llegado el momento de marcar un límite.

“Comparte solo con personas que te pueden ayudar con información y apoyo. Cuando encuentres a gente negativa, cierra la boca”.
-Israelmore Ayivo-

No asumas un comportamiento tóxico: evita el contagio

La característica principal de lo tóxico es que se contagia. Eso mismo ocurre con la gente tóxica: contagia su actitud. Si respondes con un comportamiento tóxico habrás perdido la batalla. Aunque esa persona tóxica consiga pulsar tu botón de “sentirte culpable” no está todo perdido. Mantener la serenidad ante su peor veneno, la inoculación de la culpa, es posible.

Que sea posible, no significa que sea fácil ignorar las llamadas de atención de una persona tóxica. De hecho, una estrategia habitual de la gente tóxica es ridiculizar a su objetivo en público cuando no consigue un enfrentamiento directo, si es que no ha optado por este camino primero. Por eso, mantener el control de las emociones es primordial ante una situación así.

Por otro lado, mantener una distancia emocional requiere conciencia. No siempre puedes impedir que alguien pulse tus botones sensibles. Cuando esto suceda tendrás que superar tus miedos y tus complejos y seguir adelante. En cierto modo, es mejor ignorar lo sucedido, puesto que de ese modo será más sencillo controlar tus emociones. Sin embargo, hay otra opción: defender tus límites.

“El descalificador tiene como objetivo controlar nuestra autoestima, hacernos sentir nada ante los demás, para que de esta forma él pueda brillar y ser el centro del universo”.
-Bernardo Stamateas-

Marca y defiende tus límites

Debes saber que el ataque de una persona tóxica no socava tu dignidad. De hecho, tu dignidad puede ser atacada y ridiculizada, pero nunca puedes perderla a no ser que la entregues de forma voluntaria. Por lo tanto, no tienes de defenderte de sus argumentos, sino dejar claros los límites.

No ofende quien quiere, sino quien puede. Si te pones a la defensiva le estás demostrando que puede ofenderte. Si marcas los límites le estás dejando claro que no puede atacarte.

Ante una persona tóxica no valen razonamientos ni explicaciones. Hay que dejar las cosas claras, con mano izquierda pero tacto firme, dejando clara tu autoridad en aquellas decisiones sobre las que tienes derecho y, al msimo tiempo, responsabilidad.

Ten en cuenta que para establecer un límite tendrás que hacerlo de manera consciente y proactiva. Si dejas que las cosas sucedan naturalmente, te verás obligado a encontrarte constantemente envuelto en conversaciones difíciles. Si estableces límites podrás controlar gran parte del caos provocado por una persona tóxica.

Practicar la compasión práctica

Como hemos visto, ante una persona tóxica podemos tomar una actitud de ataque, una posición defensiva o, simplemente, ignorarla. Pero no siempre es necesario hacer esto. De hecho, a veces tiene sentido ser simpático con las personas tóxicas. Tal vez estén pasando por un momento difícil, por una situación emocional que no saben gestionar con eficacia.

Por desgracia, el comportamiento tóxico es, con frecuencia, una manera de enfrentarse a una situación personal difícil. Cierto, no es justo que hagan cargar a los demás con su dolor. Tampoco hay alivio personal haciendo que los demás se sientan mal. Sin embargo, en el fondo, no siempre hay maldad, rencor o ira hacia tu persona en el comportamiento tóxico de los demás.

Eso no significa que tengas que dejarlo pasar o que tengas que aceptarlo. Al fin y al cabo, cada uno tenemos nuestros propios problemas, nuestros propios demonios. Ante una situación así, enfrenta la situación con compasión, perdonando. Sin seguirle el juego y marcando límites, por supuesto, pero sin tomar demasiado en cuenta la actitud del otro, pues no es más que el reflejo de su agitada y dolorosa vida interior.

Eva Maria Rodríguez

sábado, julio 15, 2017

El viejo samurái o cómo dar respuesta adecuada a la provocación

En las frases e historias orientales encontramos una enorme sabiduría que podríamos considerar clásica porque todavía hoy, pese a los siglos que han pasado, siguen gozando del gusto de la relevancia y la pertinencia. Por eso ahora nos centramos en otra de esas bellas historias con una gran lección de vida, la del viejo samurái.



Una de las muchas fases que se le atribuyen a Buda dice que “estamos en este mundo para convivir en armonía. Quienes lo saben no luchan entre sí”. Una sabia sentencia que tal vez sea útil para saber cómo dar respuesta adecuada a una provocación. Así pues, conozcamos ya la historia del viejo samurái, muy similar en este sentido.

El viejo samurái

Cuenta la historia hace tiempo vivía en las cercanías de Tokio un viejo samurái vencedor en muchas batallas, motivo por el que era muy respetado. Sin embargo, su tiempo como luchador había pasado.

No obstante, toda su sabiduría y experiencia era aprovechada por los jóvenes, a los que el anciano guerrero enseñaba. Aun así, una leyenda pendía en torno al samurái, y es que por muchos años que hubieran pasado, podía vencer a cualquier rival, por formidable que fuera.

Un verano en su casa apareció un guerrero célebre por ser poco caballero. Su carácter provocador creaba malestar en sus adversarios, que bajaban la guardia movidos por la ira y atacaban con ceguera. Por eso se propuso vencer al viejo samurái, para incluir su fama dentro de la leyenda propia que pretendía escribir con su actitud.

Sin embargo, este guerrero de oscuras artes poco pudo hacer para provocar al anciano. Y por más que pasaban las horas, el samurái no sacó la espada, lo que hizo que su enemigo se diera por vencido y se sintiera humillado.

Pero los alumnos del anciano se sintieron muy molestos por lo que consideraban cobardía por parte de su maestro. Así pues, reprocharon al samurái que no blandiera la espada, lo que este respondió que igual que un regalo que te hacen y no aceptas pertenece a quien lo vino a entregar, también la ira, la rabia y los insultos, al no ser aceptados, son propiedad de quien los profirió. Salvo que los aceptes y los tomes como tuyos, claro.

Qué podemos aprender de la historia del viejo samurái

Como imaginas, podemos aprender valiosas lecciones de la historia de este viejo y sabio samurái. Porque en realidad, todos cargamos con insatisfacciones, ira, frustraciones, culpa y miedo. Sin embargo, eso no significa que debamos contagiar nuestra frustración a otras personas.

“Aferrarse a la ira es como agarrarse a un carbón caliente con la intención de tirárselo a alguien; tú eres el que te quemas”.
-Buda- 

No obstante, por más cargas que portemos, siempre encontramos a otras personas mucho más tóxicas que nosotros mismos. Personas destructivas que se disfrazan con la intención de ayudar para perjudicar, generar culpa, restar valor a nuestro esfuerzo y alimentar nuestros miedos e inseguridades.

Sin embargo, si somos capaces de responder, pero no de reaccionar, podríamos mantener esa serenidad que cualquier momento requiere. Es decir, que si no entramos en sus provocaciones, en aceptar sus regalos envenenados, respondiendo de forma consciente y evitando sus presentes tóxicos, evitaremos el contagio de su veneno.

Aprendamos a responder de forma consciente

Si aprendemos a responder de forma consciente a las provocaciones en lugar de reaccionar casi como resortes, será más difícil que nos ofendan. De esta forma no estamos indefensos, pues no nos sentimos atacados por necedades. Para ello es muy útil:
  • Descubrir qué nos hace reaccionar y en qué situaciones perdemos el control. Así podemos racionalizar para evitar estos estallidos.
  • Dejar atrás el pasado. Lo hecho, hecho está, pero no podemos vivir siempre con vergüenza o miedo por lo que sucedió tiempo atrás. Aprendamos para que no se repitan errores, porque ese aprendizaje es precisamente el que nos fortalece y el que nos da seguridad, pese a no haber acertado.
  • En este caso, controlar las emociones será muy útil. Si nos dejamos llevar, es fácil perder el control. Si racionalizamos, identificamos eso que nos puede hacer daño y lo racionalizamos, estaremos preparados para evitar todo tipo de toxicidad.

“Cualquier palabra debe ser elegida con cuidado por las personas que la escucharán y serán influidas para bien o para mal”
-Buda-

Un popular refrán dice que “no daña quien quiere, sino quien puede”. Así que en nuestra mano está, igual que hizo el viejo samurái, aceptar o rechazar lo que el otro pretende que asumamos como nuestro.

Pedro González Núñez