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sábado, junio 03, 2017

7 graves efectos del exceso de trabajo

La idea central para muchos empresarios es la de reducir los costes y aumentar la productividad. Por otro lado, muchos trabajadores desean tener mayores ingresos, invirtiendo menos tiempo o sufriendo un menor desgaste. Unos y otros pueden caer en el engaño de creer que el exceso de trabajo es un medio eficaz para que cada cual logre su objetivo. Nada más falso.



Está plenamente demostrado que el exceso de trabajo -la carga de trabajo a partir de un cierto punto- reduce la productividad y aumenta los costes a largo plazo. Es así porque un trabajador fatigado rinde menos y no es raro que a medio o largo plazo enferme. Así, el empleador deberá asumir todo o una parte del coste de esta ausencia remunerada. A su vez, desde la perspectiva del trabajador, las horas extras pueden generar más ingresos, pero perjudicarán su eficiencia y su calidad de vida.

“Sólo un exceso es recomendable en el mundo: el exceso de gratitud”.
-Jean de la Bruyere-

Cada vez hay más voces que insisten en que el exceso de trabajo no trae nada bueno. Sin embargo, es muy difícil modificar los prejuicios. La resistencia al cambio es enorme. A todos les parece, falsamente, que van a perder mucho. No por eso hay que dejar de insistir en el tema y de mostrar los graves efectos de trabajar de más, como los que os presentamos a continuación.

Depresión, un grave riesgo del exceso de trabajo

Sobre la depresión siguen existiendo muchas ideas equivocadas. Hay quienes creen que alguien deprimido necesariamente llora constantemente o vive en una tristeza de oscuridad continua. Aunque esto ocurre en algunos casos, la depresión también se manifiesta a través de otros síntomas como irritabilidad, apatía y gran desmotivación.

Una persona que trabaja mecánicamente, dejándose llevar por la inercia, puede estar deprimida. Una persona que se enfada constantemente puede estar deprimida. El exceso de trabajo contribuye a esto. El sistema nervioso se resiente ante la falta de descanso y la falta de variedad. Aparece imperceptiblemente una sensación de estar atrapado. Se siente más soledad y mayor abatimiento.

Pérdida de memoria

Una jornada de trabajo extenuante es una jornada que ha agotado nuestras energías. Te fijas objetivos a cumplir y tienes que empelar una buena cantidad de recursos para alcanzarlos. En esas condiciones, la angustia se convierte en una sensación constante.

Bajo esas circunstancias hay mayor producción de cortisol, la hormona del estrés. Se ha comprobado que esta sustancia afecta a zonas cerebrales relacionadas con la memoria y el aprendizaje. La sobrecarga laboral hace entonces que se reduzca tu capacidad para recordar y para almacenar nuevos recuerdos.

Dificultades para dormir

El exceso de trabajo y la falta de sueño son una combinación muy peligrosa. Desgraciadamente suelen aparecer combinadas. La sobrecarga laboral te mantiene en un estado de tensión constante. Tanta, que a veces no logras apagar el botón y desconectarte para dormir.

La falta de sueño incrementa todas las dificultades emocionales y físicas que genera el exceso de trabajo. Te deprime más, te estresa más y aumenta el riesgo de contraer enfermedades y de contar con menos recursos para superarlas si se presentan.

Dolores musculares

Prologar una actividad por más horas de las contratadas tiene también consecuencias serias para el sistema músculo-esquelético. Las actividades físicas repetitivas dañan los cartílagos y las articulaciones. Esto es mucho más notorio después de los 40 años.

En el caso de quienes trabajan en una oficina, frente a un escritorio, los efectos son igual de graves o a veces peores. Según la Fundación Americana del dolor, si alguien permanece más de 20 minutos sentado en la misma posición, se produce daño muscular. Y el sedentarismo es un factor que favorece o agrava muchas más enfermedades.

Problemas digestivos

El sistema digestivo es muy sensible a los componentes emocionales. Se resiente con gran facilidad a los estados de estrés o depresión. De hecho, está involucrado en los mismos. Cuando hay mucha angustia, puede comenzar una segregación caótica de jugos gástricos. Además, la tensión emocional se refleja también en el intestino.

Así, no es raro que la consecuencia de una época con exceso de trabajo derive en problemas digestivos. Aun más si la sobrecarga laboral induce a comer cuando se pueda o lo que se pueda. Aparecen problemas de estreñimiento, gastritis, etc. A largo plazo, esas molestias pasajeras o ese ardor puede trasformarse en un problema más serio.

Irritabilidad crónica

La dinámica de un trabajo en exceso puede volverse completamente invasiva. Llega un punto en el que ni siquiera te das cuenta de que eso no es normal. Te concentras en cumplir tu rutina, pero para hacerlo debes vivir al límite de tus fuerzas y terminando cada jornada con una pérdida mayor de energía de la que vas a poder recuperar.

Aunque no lo notes, algo en tu interior te dice constantemente que esto no está bien. Te hartas con frecuencia y te cuesta mantener el buen humor. Te vuelves irritable, aunque lo llames “perfeccionismo” o “responsabilidad”. En el fondo es un grito que te dice: “Es suficiente. Hay que descansar”.

Incremento de riesgo de diabetes

La diabetes es una enfermedad muy grave, desgraciadamente con el poder de cambiar la vida de cualquier persona. A su vez, la diabetes de tipo B está estrechamente relacionada el funcionamiento del reloj biológico. Así, los horarios caóticos se convierten en un importante factor de riesgo para contraerla.

¿En realidad vale la pena el dinero que estás ganando de más? ¿Cambia demasiado tu calidad de vida si comienzas a trabajar en un horario normal? Son estas las preguntas a las que te voy a pedir que contestes. A su vez, los empresarios deberían pensar si vale la pena permitir que sus trabajadores se expongan a semejantes peligros. Jefes y empleados se sorprenderían de lo que pueden lograr si en lugar de promover el trabajo en exceso se preocuparan por encontrar un equilibrio que no produjera saturación. 

Edith Sánchez