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domingo, junio 11, 2017

3 pasos para alcanzar la sabiduría emocional

¿Qué hacemos cuando una emoción que consideramos negativa aflora en nosotros? Sentir enfado, crispación o ira provoca en nosotros una reacción instintiva de querer controlar lo que sentimos. Sin embargo, no es raro que consigamos todo lo contrario. Así, ser conscientes de este y de otros engranajes emocionales nos permitirá adentrarnos en un gozoso camino de sabiduría emocional.



Gracias a la sabiduría emocional podremos gestionar mejor nuestras emociones, evitando explotar de manera innecesaria en momentos poco adecuados e impidiendo que, en ocasiones, nos sintamos ahogados por todas esas sensaciones que pululan en nuestro interior. Cual mariposas para el que se enamora.

“La sabiduría emocional determina nuestro éxito en la vida”
-Daniel Goleman-

1. No encapsules tus emociones

¿Qué te decían cuando eras pequeño? Seguro que reconoces frases como estas: “deja de llorar”, “un niño de tu edad no tendría esos berrinches”, “mira que cara más fea tienes cuando te enfadas”… Todos estos comentarios, aparentemente inocentes por parte de los padres, han hecho que te hayas educado a ti mismo para reprimir tus emociones.

Además de todo esto, has crecido bajo diferentes influencias que te han inculcado que los hombres no lloran o que las mujeres son demasiado sensibles. Este tipo de creencias, entre muchas otras, han provocado que, sin quererlo, disocies tu expresión de las emociones que sientes.

Es importante saber cuándo dar rienda suelta a lo que sientes. Por ejemplo, si te encuentras en medio de una negociación muy importante, dar rienda suelta a tu ira o al llanto de manera descontrolada no será lo mejor para el futuro del acuerdo. Sin embargo, esto no implica que no te puedas desahogar después o que puedas expresar tu enfado sin perjudicar la negociación

“Vivimos en una sociedad que no nos educa para ser personas emocionalmente inteligentes”
-Daniel Goleman-

Puedes expresar tus emociones de forma adecuada. Si algo te resulta molesto, violento, te has enfadado o no estás de acuerdo por algo, ¡puedes decirlo! Con frases como “eso que me has dicho me ha dolido”, puedes liberar un poco de esa emoción que te ha invadido y proporcionarle una información valiosa al otro, que entenderá: “no debo ir por ese camino”.

2. No siempre mantengas el mismo control

A veces, no es solo que no expreses tus emociones con los demás, sino que tú mismo intentas controlarlas cuando no hay nada malo en que se precipiten. Es decir, ¿alguna vez has intentado contener el llanto, incluso cuando estabas solo en casa? Si es así, estás intentando frenar una emoción que estaría mejor libre.

Toda esa represión de emociones de la que hemos hablado en el punto anterior ha dado lugar a lo que se puede denominar “tragar emociones”, algo que la sabiduría emocional no concibe. Cuanto más tragas, más se van acumulando y tarde o temprano terminarán saliendo. El resultado de esa digestión, además, suele ser un gran desastre.


Seguro que conoces a alguien, quizás seas tú mismo, que en determinados momentos explota (fuera de sí) en situaciones poco adecuadas y que no merecen ese nivel de agresividad, ira o tristeza excesivas que la persona presenta. Esto ocurre porque ha estado guardando y tragando muchas emociones que ahora han desbordado el vaso.

Un solo detonante, puede causar un desbordamiento de todo esto que estabas intentando controlar en tu interior, pero que irónicamente es incontrolable. Te estás haciendo daño, sufres al convertirte en un almacenamiento de emociones que no te hacen sentir bien. Es el momento de liberarlas en el instante que requieran.

3. Por muy humanas que sean las emociones, con ellas también hay que aprender a tratar

La sabiduría emocional no solo te propone que dejes de encarcelar tus emociones, sino que pone el foco en algo que es muy importante: en aprender cómo hacerlo. Toda emoción aporta algo, una enseñanza que es necesario que la sepas interpretar bien antes de que se marche. De hecho, una vez que las hemos escuchado y nos hemos puesto en disposición de actuar, las emociones suelen deshacerse para aportar energía nuestras actuaciones.

Así, no se trata de tratarlas como enemigas ni de situarlas al otro lado del ring. Si las concebimos de esta manera lo más lógico es que jueguen este papel. Pero no porque lo tengan, sino porque se lo hemos dado nosotros. Harán, en definitiva, lo que esperemos de ellas. Si esperamos que un enfado nos arruine una fiesta, ten por seguro que lo hará.

Por otro lado, una emoción ignorada quizás baje su intensidad, pero al no haber sido resulta corremos el riesgo de que reaparezca en cualquier momento. Más fuerte, más invasiva y cuando estemos menos débiles… y lo que es más importante, sin haber aprendido nada.

“Cuando expreso lo que pienso y siento, libero la mente y sano mi cuerpo”

Cuando estamos años intentando controlar y encarcelar lo que sentimos, al final nuestro cuerpo empieza a dar señales de alerta de que algo no va bien, es decir, somatiza las emociones. No nos hagamos este daño, dejemos de sufrir y empecemos a expresar lo que sentimos cuando nuestras emociones así lo demanden. Nos sentiremos mucho mejor.

Raquel Lemos Rodríguez