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martes, junio 27, 2017

3 ejercicios para fomentar la gratitud

Desde pequeños nos han inculcado que tenemos que ser educados. Así, sería recomendable pedir las cosas de buenas maneras y mostrar gratitud cuando alguien hace algo por nosotros. ¿Cuántas veces nos dijeron nuestros mayores el “qué se dice”? ¿Y qué respondíamos nosotros automáticamente? “¡Gracias!”


Al igual que nuestros padres en su día, nosotros hacemos lo mismo con nuestros hijos. Consideramos fundamental que sean agradecidos pero, ¿lo somos nosotros en nuestro día a día? La realidad es que tenemos muchas cosas por las que sentirnos así… ¡Aprende a fomentar tu gratitud para sentirte mejor!

“La gratitud no es sólo la mayor de las virtudes. Está emparentada con todas las demás”
-Marco Tulio Cicerón-

Potenciar la gratitud para aumentar nuestro bienestar

La gratitud es un sentimiento que aparece cuando percibimos que la vida, y quienes forman parte de ella, nos sonríe en pequeños y grandes detalles. En algunas ocasiones puede darnos la sensación de que carece de importancia, pero saber utilizarla y potenciarla nos va a ayudar a que aparezcan más emociones agradables, de forma que aumente nuestro afecto positivo.

Cuando la utilizamos en su justa medida, y está equilibrada, podemos potenciarla. ¿Cómo? En primer lugar, te recomiendo que busques un momento del día para pensar sobre algo que te haya gustado, un detalle, una palabra, un acto… de la persona a la que queremos mostrar gratitud. Dicha persona puede ser nuestra pareja, un amigo, un familiar o alguien con quien convivamos.


“Olvida que has dado para recordar lo recibido”
-Mariano Aguiló-

Una vez que tengamos en mente qué es lo que le queremos agradecer, podemos escribirle un mensaje personalizado y concreto que sirva como prueba de nuestro agradecimiento, reflejando cuánto lo valoramos. Anotaremos también la fecha en la que lo hemos escrito y lo esconderemos entre sus cosas, de manera que pueda encontrarlo sin esperárselo.

Así, cuando abra su cartera o coja sus calcetines, encontrará una bonita sorpresa que hará que esa persona sienta a su vez lo mismo que tú: gratitud. Si hacemos esto una vez a la semana… ¡Imaginaos los efectos! Además, no tenemos que hacerlo necesariamente con papel y boli; teniendo en cuenta las nuevas tecnologías, las vías en las que hacerle llegar ese mensaje tan especial se multiplican.

La gratitud ni en exceso ni en defecto: ¡equilibrada!

Ahora ya sabemos cómo potenciar la gratitud cuando la usamos en su justa medida. Sin embargo, puede que la utilicemos poco o demasiado… ¿Cómo podemos equilibrarla? En el caso de que hagamos un uso escaso de ella, vamos a tratar de incrementarlo agradeciéndonos las cosas a nosotros mismos, ya que la gratitud empieza en cada uno.

“Un hombre orgulloso rara vez es agradecido, porque piensa que todo se lo merece”
-Henry Ward Beecher-

Para ello, podemos empezar el día mimándonos. Podemos levantarnos 10 minutos antes y escuchar a nuestro cuerpo, ya que nos comunica sus necesidades en todo momento, pero para percibirlas tenemos que prestarle atención. Así, chequearemos nuestra expresión facial y el estado de nuestra piel, así como del cuerpo en su conjunto.

Una vez observado qué necesita, vamos a disfrutar de un momento de cuidarnos a nosotros mismos en la ducha. Con este fin, nos podemos dar un masaje con la esponja, tomando conciencia de las sensaciones agradables que aparecen al hacerlo. Además, si nuestra piel está seca, podemos aplicarnos de la misma manera crema hidratante. Así, propiciaremos una sensación agradable en cada centímetro de nuestra piel.

¡No a una gratitud demasiado utilizada!

¿Por qué nos puede perjudicar una gratitud excesiva? Muy sencillo: puede dar la impresión de que no estamos siendo sinceros, lo que va a minar nuestras relaciones sociales. Debido a esto, es importante saber utilizarla con la persona idónea en el momento adecuado. La gratitud, así, también demanda inteligencia en su expresión.

Para conseguir esto, podemos llevar a cabo un registro durante una semana, donde apuntaremos las veces que damos las gracias, así como la reacción de los demás a nuestra gratitud. Una vez que hayan pasado los siete días, podremos ver si alguien nos ha comunicado que no era necesario que diéramos tanto las gracias.

O puede que las otras personas casi ni reaccionen cuando hemos mostrado gratitud, dada la alta frecuencia con la que lo hacemos. La alternativa puede ser buscar otras formas distintas de ser agradecidos. De esta manera, consiguiendo que el agradecimiento genere finalmente un impacto tanto en ti como en la otra persona, así como en vuestra relación… ¡Pon en marcha estos sencillos ejercicios para equilibrar y potenciar tu gratitud!

Laura Reguera Carretero