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miércoles, mayo 03, 2017

Los tipos de ansiedad más comunes: todos se pueden combatir

La ansiedad es uno de los grandes males de nuestro tiempo. Tan es así que ya existen múltiples tipos de ansiedad referenciados y siguen apareciendo clasificaciones cada vez más extensas. No es para menos, si se tiene en cuenta que la época en la que vivimos es a veces demasiado exigente y los equilibrios, tanto los propios como los que mantenemos con otras personas, son potencialmente dinámicos.



La ansiedad es una de las caras del miedo. Pero a diferencia del miedo propiamente dicho, aquí no hay un estímulo concreto que la provoque. El miedo es normal cuando te enfrentas a una amenaza específica y percibes que tu integridad puede estar en peligro. Pero la ansiedad es una forma de miedo que muchas veces no tiene una causa definida, de manera que no es fácil intervenir sobre el origen de esa ansiedad o sobre los factores que la hacen recurrente.

“El temor agudiza los sentidos. La ansiedad los paraliza”
-Kurt Goldstein-

Identificas que la ansiedad te ronda porque te sientes inquieto, inseguro o preocupado por “algo” impreciso o por algo preciso que no sabes cómo enfrentar. Como si estuvieras dentro de un avión en caída libre, aunque en verdad estés sentado en salón de tu casa viendo televisión. Experimentas un cosquilleo interno que no te deja en paz, que te lleva a sentir agitación, irritación, fastidio, pero no logras identificar el porqué.

Son varios los tipos de ansiedad frecuentes. Algunas personas prefieren llamarlas simplemente “estrés” o “preocupación”, pero si se miran con lupa resultan ser formas de ansiedad muy severas. Lo bueno es que cualquiera de esos tipos de ansiedad se puede superar. Para conseguirlo lo primero que vamos a hacer es intentar conocerlas un poquito más.

La ansiedad generalizada y la ansiedad social

El trastorno de ansiedad generalizada se define como un estado de preocupación constante, sin que haya una razón específica para que esto suceda. Debe tener una duración mayor a 6 meses de duración y por lo general se presenta acompañado de dificultades para dormir, irritabilidad, problemas para concentrarse y fatiga general.

La ansiedad social, por su parte, es una condición en la cual una persona experimenta miedo o angustia en todas aquellas situaciones en las que deba interactuar socialmente con los demás. Dicho de una forma muy simple, le tienen miedo al contacto con las otras personas. Gran parte de esta ansiedad es anticipatoria, es decir, se produce antes de que tenga lugar el contacto social temido.

Ambas condiciones deterioran significativamente la calidad de vida de una persona. Son estados que no se curan por sí solos con el paso del tiempo, ya que suelen retroalimentarse con distintas conductas de evitación. No son malos momentos, sino situaciones que requieren tratamiento profesional.

En la mayoría de los casos es suficiente con una terapia corta para que las emociones vuelvan a estar bajo control. En otras ocasiones se requieren intervenciones más largas, pero la probabilidad de superar esas condiciones, en todo caso, es muy alta.

Los trastornos obsesivos y el estrés postraumático

Los trastornos obsesivos son de varios tipos, pero todos tienen en común el hecho de que hay una idea persistente e intrusiva que provoca temor o angustia. Así, por más que la persona trata de sacarse esa idea de la cabeza, no lo consigue. Esas obsesiones pueden llegar a invadir la personalidad y producir una parálisis vital.

El estrés postraumático es aquel estado de angustia que sobreviene después de vivir una experiencia traumática. Se manifiesta como inquietud, dificultad para dormir y, sobre todo, con una fantasía recurrente de que lo acontecido volverá a suceder. Hace que el afectado se mantenga en estado de alerta y alimente la inseguridad y el aislamiento.

En ambos casos, y dependiendo de la severidad de los síntomas, hay diferentes formas de superar el problema. Las prácticas de algún método de relajación pueden contribuir significativamente a disminuir la ansiedad y a incrementar la capacidad de concentración. Si estos métodos no son eficaces, la terapia profesional es una excelente alternativa, con grandes posibilidades de éxito.

La agorafobia y la hipocondría

La agorafobia se convirtió en uno de los tipos de ansiedad más comunes en nuestros tiempos. Es un miedo difuso e incierto a todas aquellas situaciones en las cuales parece no haber escapatoria, o en las cuales no existe la posibilidad de recibir ayuda, si se sufre un ataque de pánico. En otras palabras, la persona piensa que podría tener un ataque de pánico y que en ciertas circunstancias no podría evadirse o recibir ayuda. En cierto modo, es una forma de miedo al miedo.

Cada día es mayor el número de consultas por agorafobia y quienes la padecen sufren mucho y sienten grandes limitaciones para llevar una vida normal. Algo similar pasa con los hipocondríacos, que interpretan de manera catastrófica cualquier señal de su cuerpo. Sospechan que tienen enfermedades graves y sienten que su condición puede empeorar en cualquier momento, sin que puedan hacer algo al respecto.

En ambos casos son recomendables las prácticas de algún tipo de relajación. Estas contribuyen a reducir o desactivar la escalada de la ansiedad y a identificar mejor las señales que nos manda nuestro cuerpo. También generan mayor autocontrol. El ejercicio físico regular también ayuda en este sentido. Como en otros casos, si esto no es suficiente, la ayuda de un profesional siempre va a ser la alternativa más fiable.

Edith Sánchez