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viernes, mayo 26, 2017

La vida tiene pocos premios y castigos pero sí muchas consecuencias

Nuestras acciones e incluso nuestros pensamientos generan consecuencias. Asumir este enfoque es lo que nos permite tomar las riendas de la propia vida con determinación para crear un hermoso diseño, y no para dejarnos llevar por los vaivenes caprichosos del destino. Porque en nuestro día a día no hay premios o castigos, lo que hay son consecuencias en base a nuestros actos u omisiones.



Decía John Green en el libro juvenil “Buscando Alaska” que las personas tendríamos que ser mucho más conscientes de la cadena de consecuencias que resultan de nuestras acciones más pequeñas. Apreciarlo, darse cuenta de ello, no es precisamente fácil. A muchos nos han educado bajo ese paradigma férreamente conductista, donde asumir que a veces basta con apretar el botón rojo y evitar el azul para que las cosas vayan bien, para que la vida nos recompense por sí misma.

“Si te enfadas, piensa en las consecuencias”
-Confucio- Compartir

Sin embargo, el día a día no sabe de botones rojos y azules, la vida no recompensa ni castiga. Lo que hay son matices, son finísimas cuerdas sobre las que basta dejar nuestro aliento para que todo vibre, para que todo se mueva y genere algún tipo de impacto sobre nuestra realidad. Asumir nuestra responsabilidad sobre cada palabra dicha, cada conducta, cada vacío provocado, omisión, acción o pensamiento interiorizado es lo que nos permite tener un mayor control sobre nuestra realidad.

Asumir esta perspectiva desde bien temprano nos puede ayudar sin duda a alcanzar adecuados logros y a construir relaciones mucho más significativas.

Indicios que interpretar y consecuencias que valorar

Terrence Deacon es un conocido neuroantropólogo que en la actualidad es miembro del departamento de ciencia cognitiva en la Universidad de California, Berkeley. Uno de sus libros más interesantes es “La especie simbólica”. En él, nos recuerda ese poder latente que tenemos las personas y en el cual no invertimos demasiado tiempo o esfuerzo. Nos referimos a nuestra capacidad para el análisis tranquilo, para pensar en las causas que conforman determinados hechos y anticipar las posibles consecuencias asociadas.

El profesor Deacon nos indica que nuestra cotidianidad no está hecha de estímulos ante los que reaccionar, como dirían los conductistas. Porque en la vida no siempre nos dan premios o castigos en base a lo que hagamos o dejemos de hacer. A nuestro alrededor lo que hay son “indicios” que saber interpretar para generar una respuesta adecuada. Para lograrlo, necesitamos de nuestra voluntad y de una afinada sabiduría para dar un significado lógico y acertado sobre los complejos símbolos que nos envuelven.

Por ejemplo, si al llegar al trabajo vemos a un compañero llorando en su mesa a nadie se le ocurrirá ir en busca del director para indicarle que uno de sus empleados “no será hoy muy productivo”. Lo más común es pensar primero cuál debe ser la causa de su estado emocional y después reflexionar sobre cómo podemos acercarnos de la forma más cercana para ofrecer un apoyo real, una ayuda útil.

El profesor Deacon nos recuerda también que debemos ser indagadores de la sabiduría. Para ello, es bueno asumir que somos falibles, que a veces acertaremos en nuestras respuestas y en nuestras acciones. Otras veces, en cambio, erraremos y no tendremos más remedio que asumir la responsabilidad de las consecuencias.

Porque en ocasiones la vida es como intentar tocar una pieza musical con guantes de cocina. Queremos oprimir una tecla determinada en nuestro piano para que emita ese sonido perfecto, pero sin querer oprimimos cinco teclas más a la vez y lo que se escucha es algo torpe, inadecuado y desafinado. Sin embargo, poco a poco y con la práctica cotidiana nos convertiremos en hábiles músicos capaces de evocar esa melodía que tenemos en mente. Al final, daremos con las teclas acertadas.

Aprende a dar forma a tu realidad

Pensar que todo lo que hacemos y pensamos tiene una serie de consecuencias puede asustarnos en un primer momento. Ahora bien, lejos de ver esta relación como algo determinista, como la clásica relación “causa-efecto”, debemos verlo desde un prisma mucho más amplio y más rico. Entiende que nuestra existencia es un maravilloso juego de exploración y de creación. Entiende también que en este tablero es necesario conocer las normas y las reglas que orquestan cada acto, cada acontecimiento.

“La libertad, al fin y al cabo, no es sino la capacidad de vivir con las consecuencias de las propias decisiones”
-James Mullen- 

Esas normas son fáciles de asumir y son las siguientes. Te proponemos reflexionar en ella:
  • Tienes la capacidad de mejorar tu vida, para ello, ten claro qué quieres conseguir y qué medios necesitas para lograrlo.
  • Entiende hay cosas, hechos y personas a las que no podemos cambiar: debemos aceptarlas tal y como son.
  • Aprende de tus errores, de tus fracasos y de tus pérdidas.
  • Sé receptivo a todo lo que te envuelve, sé proactivo, creativo y valiente.
  • Sé respetuoso, sé capaz de ver tu realidad como un tejido delicado donde cada cosa que haces y dices puede tener un impacto determinado que a su vez, puede afectarte a ti de algún modo.

Por último y no menos importante, entiende también que la vida no tiene un plan diseñado de antemano para ti. Somos nosotros quienes con nuestra voluntad y responsabilidad damos forma a nuestro destino, nosotros quienes al fin y al cabo, podemos ser los arquitectos de un futuro más pleno, más digno, más hermoso.

Valeria Sabater