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miércoles, mayo 31, 2017

5 lecciones que aprendí cuando me deshice de todo lo innecesario

Siempre me consideré una persona minimalista que apreciaba y valoraba lo poco que tenía, o al menos que lo intentaba. Pero mi armario lleno de ropa, así como la gran cantidad de libros que se amontonaban en mis estanterías e invadían otros muebles indicaban todo lo contrario. Poseía demasiados objetos decorativos, diseñados con otro propósito. Así fue como empecé a deshacerme de todo lo innecesario. Fue entonces cuando surgieron 5 lecciones que aprendí y que modificaron por completo mi vida.



1. Ahora sí uso lo que tengo

Una de las primeras lecciones que aprendí es que más objetos no implica más opciones. De hecho, tardé mucho en darme cuenta de que a pesar de toda la ropa que tenía en mi armario siempre terminaba poniéndome lo mismo. Algunas prendas las consideraba solo para momentos especiales, otras eran demasiado nuevas como para ponérmelas en mi día a día. Al final quedaban relegadas al fondo del armario, donde las únicas prendas útiles eran tres o cuatro contadas.
Libros que nunca vas a leer, objetos que solo ocupan espacio, después de deshacerte de lo innecesario tu vida dará un giro de 180 grados.

Así que lo que hice fue “hacer limpieza”. Me deshice de todo aquello a lo que no le daba uso y también empecé a utilizar lo que tanto me gustaba: dejé de imaginar cómo sería un estreno y me puse a estrenar. De hecho, hasta descubrí prendas que no sabía que tenía y que me encantaban. ¿Cómo podía haberlas dejado relegadas a un segundo lugar?

2. Me lo pienso dos veces antes de comprar algo

Sin duda alguna, el paso anterior fue esencial para llegar a esta otra lección. Cuando fui consciente de la ropa que tenía, pero de la que no me había dado cuenta, ya no tenía necesidad de comprar esas prendas que quería.

Lo mismo me ocurrió con objetos, libros y otros enseres. Sé que la publicidad intenta vender y nos hace creer que necesitamos algo que en realidad no es así. Un nuevo ordenador, un nuevo chocolate, la mejor de las plantillas para los pies… En fin, demasiados elementos que al final terminan sin ser utilizados o ingeridos.

En cuestión de alimentos, ¿qué probabilidad hay de que los tome antes de que caduquen? Esta es una pregunta que siempre me hago, sobre todo cuando paso por la parte de los lácteos. Comprar alimentos para que se estropeen no tiene sentido, así como comprar cosas para que tan solo ocupen espacio. ¡Este es muy valioso!

3. Menos cosas, menos tiempo

Lo mejor de tener menos es que las actividades de limpieza se reducirán de forma considerable. Personalmente, me llevaba un tiempo atroz limpiar todo el baño porque entre la ropa sucia, los productos para cabello y cuerpo, revistas, demasiadas toallas… Era un verdadero caos. Qué decir de la habitación, repleta de libros que jamás iba a leer. Al final terminaba pasando más tiempo trasladando los objetos de un lugar a otro que en limpiar.

“La simplicidad es la máxima satisfacción”
-Leonardo da Vinci- 

Por eso, al tener solo lo justo y necesario, lo que realmente voy a usar, puedo aprovechar mejor mi tiempo y eso siempre es algo que se tiene que agradecer. El tiempo es muy valioso y cuanto menos lo perdamos invirtiéndolo en acciones innecesarias mucho mejor. Así que menos cosas me permitían limpiar y ordenarlo todo mucho más rápido.

4. Empecé a centrarme en el presente

Una de las penúltimas lecciones que aprendí fue que todo ese desorden que me rodeaba estaba muy relacionado con mi pasado y mi presente. Había elementos de los que no me quería deshacer porque me recordaban a un momento en especial o eran un regalo. Sin embargo, no les iba a dar uso, ya sea porque no me gustaban o porque estaban estropeados e inutilizados.

Otros, como ya mencioné al principio, se acumulaban por el miedo a poder necesitarlas en un futuro. Hasta que fui consciente de que si en algún momento quería algo podría comprarlo, sin necesidad de guardarlo hasta ese momento. Porque, tal vez, quizás ese momento jamás surgiría y, entonces, la acción no tendría sentido alguno.

Por eso, empecé a centrarme más en el presente, valorando lo que tenía, desechando lo que sobraba, liberándome de esos “y si…”, olvidándome de esos “es que me recuerda a…”. El coleccionismo con una justificación previsora se terminó. 

5. Yo no soy mis cosas

Esta es una de las últimas lecciones que aprendí y que me resultaron verdaderamente útiles. Muchas veces pensamos que somos lo que poseemos, quizás porque lo dotamos de un gran valor. Pero, al final son todo objetos, así que me hice una pregunta, ¿qué ocurriría si se me quemase el coche, por ejemplo? Me sentiría mal, sí, pero se puede reemplazar.

Recuerdo una noticia en un pueblo de Alicante, hace unos meses, que relataba como un hombre había muerto por intentar evitar que una gran riada arrastrase su coche. ¿La consecuencia? Murió ahogado. ¿De verdad vale la pena dar la vida por lo material?

“Tira, recoge y organiza, nada te toma más energía que un espacio desordenado y lleno de cosas del pasado que ya no necesitas”
-Dalai Lama-

Deshacerme de lo que sobraba en mi vida me abrió los ojos ante nuevas perspectivas. Las lecciones que aprendí me enseñaron que puedo querer lo que tengo, darle valor, pero jamás convertirme en una esclava de estos objetos ni permitir que ellos sean los que definan mi vida. Porque lo material no da la felicidad y, aunque sí aprecie algunos objetos. Así, ¿cuánto dinero he perdido en aquellos que nunca tendrán una verdadera utilidad? ¿Cuánto nuevo no ha entrado a mi vida por no tener espacio para ello?

Raquel Lemos Rodríguez