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lunes, abril 10, 2017

¿Qué podemos aprender de las experiencias dolorosas?

Ya de por sí el título de este artículo inspira una suerte de calma y alivio… Que vayan unidas las experiencias dolorosas y las lecciones aprendidas es algo que nos aporta cierta tranquilidad. Hay vida después del dolor para darle aplicación a lo aprendido.



En muchas ocasiones te habrás visto sufriendo por algo que crees que no terminará, que existirá para siempre. Un dolor que lejos de extinguirse se enquistará en lo más hondo de tu ser y hará que tu existencia vaya un poco más cuesta arriba. Haciendo el camino cada vez más complicado.

Te ves sumergido en una especie de espiral de dolor, que “nunca” termina. Prevés el futuro. Podrías adivinar cómo va a ser tu vida en lo que queda de esta. Pero si pudiéramos desaparecer de ese lugar oscuro y gris donde estamos y vernos desde fuera… veríamos que estamos debajo de una nube negra.

Detrás de las experiencias dolorosas están las lecciones que aprendemos

Una nube negra que pronto empieza a verter gotas de agua. Llueve y llueve, y nos empapa. Estamos a la intemperie. Tenemos frío y miedo de morir congelados en este día invernal donde nuestra piel está desprovista de abrigo. Estamos en carne viva. Sufrimos las consecuencias de estar desnudos y vulnerables bajo una nube negra que no hace más que descargar toda su ira sobre nosotros.

Bueno, de alguna manera esa nube negra somos nosotros mismos. Haciéndonos daño, haciendo gigantes las batallas que estamos luchando. Tiñendo de colores aún más oscuros y saturados nuestra realidad actual. ¿Te has visto así alguna vez? Diciéndote con suma crueldad y convicción que no vas a salir de esta. Que no podrás recuperarte de semejante dolor del alma…

Créeme, lo harás. Te recuperarás. Las experiencias dolorosas que vives (rupturas de pareja, duelos, decepciones…) se van filtrando en tu persona. Es como si tuviéramos dentro nuestro una especie de colador de las lecciones que al final deberemos aprender. Un colador en el que se van filtrando los aprendizajes.

Aunque estés pasándolo mal ahora, ten por seguro que aprenderás de ello

Las diminutas lecciones que sacamos de cada experiencia. Aunque no te des cuenta, aunque creas que este proceso no se está llevando a cabo. Se está llevando a cabo. Con total certeza. Todas y cada una de las experiencias dolorosas que vivimos tienen un sentido al final.

Y su sentido es mostrarnos una realidad que debemos aprender para continuar nuestro camino más ligeros de peso y con los límites de nuestro camino mejor definidos. Cuando estos límites no están definidos vamos dando cabezazos de un lado para otro. En cambio, cuando nos construimos como personas y buscamos aquello que nos enriquece, hacemos a nuestras mentes más lúcidas y a nuestros caminos más fértiles.

Por ello las experiencias dolorosas están intímimamente ligadas con la oportunidad de aprender las lecciones que estas nos quieren mostrar. Detrás de cada mala experiencia hay un potencial de aprendizaje que no se nos habrá de escapar. Hay situaciones en la vida que se repiten una y otra vez hasta que conseguimos aprender de ellas.

Sufrir es humano, al igual que aprender de las experiencias también lo es

Así que aunque ahora te veas en esa nube gris, oscura, llena de rabia y desolación… ten por seguro que detrás de ella se esconde un sol maravilloso que está lleno de ganas de iluminar tu camino. Pero como es lógico, cuando uno está debajo de esa nube, uno no es capaz de percibir esto. Y no hay problema, porque todo tiene su tiempo. Es normal sufrir y es humano.

Al igual que es normal salir de este sufrimiento y aprender de él. A veces nos costará más esfuerzo y otras veces menos. En cualquier caso, no te olvides de tu propia experiencia y de las veces que también pensaste que estabas en un barco que no volvería a salir a flote. Quizás pienses que ahora estás peor que entonces o que nunca te había pasado en ese apartado de tu vida, pero créeme cuando te digo que las reglas son parecidas… que todo lo que baja también tiende a subir y que cuando esto pase agradecerás no haber tirado la toalla.

Alicia Garrido Martín