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miércoles, abril 05, 2017

Impide que lo que no puedes hacer interfiera en lo que sí puedes hacer

¿Cuántas veces nos hemos perdido en espirales de pensamientos sobre situaciones que no podemos controlar? Además hemos caído en “esta tentación” en vez de utilizar ese tiempo en modificar otros aspectos sobre los que sí podíamos influir. Mucha gente vive preocupada y paralizada por situaciones y circunstancias que directamente no pueden cambiar, mirando a la estación con impotencia mientras pasan trenes para los que sí pueden comprar billete.


Cada vez hay más personas que dedican una gran parte de sus vidas a criticar o alabar a personas que ni siquiera conocen, especialmente internet. Se enfadan y dejan de realizar sus actividades diarias porque le otorgan a un tweet o a un comentario el poder de poner “patas arribas” su día. Así, cuando nos dedicamos a quejarnos sobre resultados que no están bajo nuestro control cedemos lo único que podemos controlar, nuestra mente y nuestros actos.

Intervenir allí donde sí tenemos capacidad de influencia es la mejor manera de construirse a uno mismo. Piensa que en una sociedad que está constantemente tratando de que ajustemos en un molde que tiene preparado para nosotros, ser uno mismo -con aristas y vértices propios- es el mayor logro.

“Puedes hacer cualquier cosa, pero no puedes hacerlo todo”.
-David Allen- 

Conseguirnos una vida

Existe una expresión en ingles, “get a life” que se traduce literalmente como “consíguete una vida” y que en realidad viene a decir “viva su vida”. El significado real es más profundo. Esta frase expresa la necesidad de vivir sin ir saltando de bloqueo en bloqueo, de impotencia en impotencia, desgastándonos gracias a la culpa y a la responsabilidad que alimentamos incluso frente a esos resultados que no podemos controlar.

La pregunta sería ¿cómo se vive la vida? La respuesta puede variar dependiendo de la persona que asuma el resto de contestar. Si le preguntas a un monje budista y a un cantante de rock, probablemente obtendrás dos respuestas totalmente diferentes en su forma. Además, de las dos podrás aprender algo, de manera que tú tendrás que construir una propia.

Si vivimos enfocados en lo que no podemos controlar, como el éxito o el fracaso del vecino o el viento que hace hoy y que va a dificultar nuestro trabajo, en el fondo, sin ser conscientes, estamos desviando nuestra energía en vez de invertirla en desarrollar nuestros recursos, ya sea en nuestro favor o en el de las personas a las que queremos. 

Cuando criticamos a los demás, en cierta forma, estamos tratando de vivir la vida de otro. Para vivir la nuestra necesitamos creer en nosotros mismos, algo que será mucho más fácil si nos gustamos. Nos asomaremos más a nuestro interior si cuando lo hacemos nos gusta lo que vemos. Así, cuando nos aceptamos dejamos de querer vivir la vida de otros, empezando a disfrutar plenamente de la nuestra.

Si luchas por ti puedes perder, pero si no luchas estás perdido.

Cómo dejar de preocuparnos por lo que no podemos hacer

No perder por completo ciertas referencias externas es saludable. Nos mantiene pensando en el futuro y nos ayuda a trabajar para superar los imprevistos. Sin embargo, cuando esas referencias son tan importantes que nos producen una preocupación que nos desborda, nuestra vida carga con un peso de estrés insoportable e innecesario.

Es difícil controlar estos pensamientos, incluso sabiendo que nuestra preocupación solo puede empeorar nuestro estado. Sin embargo, eso no quiere decir que no podamos hacer un esfuerzo consciente en enfocar nuestros pensamientos en otras metas, dejando que los acontecimientos sigan su curso.

La preocupación por sí sola no arregla nada, y hay metas que no conseguirás antes o que sencillamente no conseguirás por más que te preocupes. Todos no manejamos en función de diferentes variables que no controlamos: el clima, la lotería o que tengamos un padre especialmente cabezota.

Nunca se sabe lo que puede suceder en el futuro, porque las vidas sin problemas no existen. Pero aún así, no deberíamos inquietarnos por lo que aún no ha sucedido, puesto que la única forma que tiene el futuro de dañarnos es logrando que nos preocupemos.

Fátima Servián Franco