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viernes, abril 21, 2017

Futuros inciertos no son razones para arruinar presentes de oportunidades

Cuando tu mirada se centra en la vida que te rodea y no en futuros inciertos sellas una apuesta por el presente. Puedes sentir cosas que de otra manera no podrías. Incluso tú mismo generas la oportunidad de valorar aquello que te rodea y que se merece un “GRACIAS” en mayúsculas.



Todo es transitorio. Tenemos una vida entre manos. Una VIDA. Un tiempo finito en un espacio inmenso y fértil, lleno de diferentes posibilidades y oportunidades. La vida nos rodea con su enormidad. Está ahí para nosotros, esperando a que despertemos y la sostengamos fuerte con nuestras manos. Sin dudar, sin flaquear.

Pasamos mucho tiempo de nuestra existencia deseando que lleguen situaciones que son inciertas, que cambien personas, o incluso esperamos a que cambiemos nosotros mismos. Entramos en una especie de visión de túnel que nos impide ver lo que hay a nuestro alrededor. Nos impide advertir la luz de nuestra vida. Sus matices. Sus claros y oscuros.

La vida no acontece en los futuros inciertos

La vida grita por ser vista, por ser escuchada. Te quiere acontecer y te quiere pertenecer. Pero estamos tan ocupados planeando futuros inciertos, escenarios en nuestra mente, prediciendo y (pre)viviendo catástrofes futuras que se nos escapa de las manos. Como se cuela el agua entre nuestros dedos.

“Coged las rosas mientras podáis veloz el tiempo vuela. La misma flor que hoy admiráis, mañana estará muerta…”
-Walt Whitman- 

¿Cuánto tiempo más quieres dejar pasar esperando a que llegue esa persona o a que el viento vuelva a soplar favorable para devolverte a la senda correcta? Como si tuvieras que retirarte a otra dimensión y la única solución fuera sentarte a esperar. Sin mover ni un dedo para explorar lo que tienes a tu alrededor, sin darle a aquello con lo que ya cuentas.

Perdiendo la oportunidad de alimentar nuestros sentidos, de disfrutar de lo pequeño y de lo diminuto que es tan grande a veces… Estar presentes aquí y ahora, en este preciso instante, con cada poro de nuestra piel alerta… es un pasaje a la vida. Un pasaje al disfrute, a la calma, a la conexión con uno mismo.

Existir es centrar nuestra mirada en el presente

Conexión que perdemos cuando nos acurrucamos temerosos de futuros inciertos. La espera sin “estar vivos” es como estar muertos en vida. Estamos insensibilizados. Creemos que nuestra historia puede esperar a que lleguen los momentos en los que el caprichoso azar nos brinde aquello que pensamos merecer.

Desconfiamos al ofrecer por temor a ser esos “tontos” engañados. Esperamos ganar si arriesgar cuando posponer el presente y su potencial es condenarse a la insensibilidad. Es taparse los ojos y continuar caminando. Si me tropiezo ya culparé a la vida de ser tan injusta.

Cuando focalizamos nuestra atención en lo que la vida “nos tiene” que dar, y no en lo que nosotros podemos hacer mientras estamos en ella, la impotencia y la frustración se harán compañeras permanentes de este viaje. En cambio cuando centramos nuestra existencia en lo que podemos obtener de la vida, en el intercambio que podemos hacer con ella… La mirada interior cambia.

La importancia de vivir con los ojos del alma bien abiertos

Cuando tenemos los ojos abiertos y el alma puesta en esa apertura de miras, vemos aquello que no podríamos ver de otra manera. Podemos ser capaces de percibir matices que pasarían desapercibidos si los ojos de nuestro ser permanecieran cerrados. Y es ahí, donde podemos ser capaces de disfrutar la vida.

No estamos hablando de grandes acontecimientos con repercusiones que todo el mundo perciba. Estamos hablando de algo mucho más íntimo y sensorial. Hablamos de alimentar nuestro ser con la cotidianeidad de estar vivos. De aprender de la naturaleza y todo lo que ella nos brinda con tanta generosidad.

Busca tu sentido de vida y saborea tu existencia. No la dejes pasar, porque esta vida es finita y busca encontrarse con tu despertar a cada segundo que pasa.

Alicia Garrido Martín