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sábado, abril 08, 2017

El extremo del perfeccionismo: el trastorno obsesivo

El perfeccionismo es un concepto que usamos mucho en psicología. Viene a ser la convicción que tienen multitud de personas de que se puede, y además se debe, alcanzar la perfección. Es decir, el extremo del buen hacer, sin errores, sin equivocaciones, de forma que el resultado obtenido agrade a todo el mundo.



Pero, ¿es esto posible? Evidentemente la respuesta es no. El perfeccionismo es una actitud irrealista y puede llevar al sufrimiento más letal. Aunque… por otro lado no deja de ser cierto que la actitud perfeccionista tiene una cara positiva: los artistas que continúan su obra hasta conseguir el lienzo que imaginaban en su cabeza o el cirujano que no cierra la intervención hasta no estar convencido al cien por cien de que ha terminado de extraer totalmente el tumor.

Esta actitud, sí es beneficiosa pero hay que tener claro que estas personas, a pesar de ser perfeccionistas consigo mismas, no creen en un perfeccionismo absoluto. Se arriesgan y se esfuerzan, queriendo hacerlo lo mejor posible, pero a sabiendas de que van a tener que permitirse el error que todas sus acciones y resultados van a tener.
Esta es la gran diferencia con el perfeccionismo paralizante, ese que genera que la persona, por miedo a fallar, dude constantemente, repita las cosas mil y una vez y finalmente acabe desistiendo y abandonando el proyecto. Son personas que juegan a todo o nada.

Estas personas caen en la obsesión por evitar lo negativo, el error, lo que no toleran que ocurra y esto acaba paralizándoles hasta el punto de limitar casi toda su vida. Hablamos, en este sentido de una de las salidas más habituales de este tipo de perfeccionismo, el trastorno obsesivo compulsivo.

El trastorno obsesivo y el perfeccionismo

La asociación es clara: las personas obsesivas se caracterizan por haber tenido una educación exigente en lo que a logros se refiere. Es cierto que la cultura en la que vivimos ya nos incita y nos presiona para ser siempre mejores de lo que somos y además es muy dura en las condenas de redención que le impone al fracaso. Se nos transfiere desde niños el miedo a lo desconocido, a equivocarnos, a tomar una decisión desafortunada, etc.
Esto hace que la persona empiece a obsesionarse con la perfección y adquiera la costumbre de evitar todo aquello que estime arriesgado o potencialmente dañino. El temor a fallar es tan grande que dejan de hacer cosas o abandonan objetivos y proyectos importantes para no tener que enfrentarse al fallo si se produce.

Los pensamientos giran en torno al miedo, a la posibilidad de que ocurra algo que “no pueden” tolerar: hacer daño a otros o a sí mismos, enfermar o contaminarse, acabar en la indigencia más profunda… Son cogniciones tremendamente negativas y con un nivel de ficción asombroso.

No tienen pruebas de que lo que temen realmente vaya a suceder, pero aun así piensan que es muy probable que ocurra. Este miedo, hace que diseñen estrategias que a corto plazo les relajan. Estas estrategias son las llamadas compulsiones, que lo que intentan es evitar esa posible catástrofe inventada y conseguir la calma.
Puede que a corto plazo funcione, pero no a la larga. Las compulsiones mantienen a las obsesiones, son su alimento y gracias a ellas, crecen aun más. Siempre que compulsionamos, le estamos dando la razón a nuestros pensamientos, que carecen totalmente de realidad.

Abandonar la perfección y curar la obsesión

Hasta la fecha, el tratamiento psicológico que ha recibido mayor aval empírico ha sido la “Exposición con prevención de respuesta“. Consiste en bloquear o retrasar la compulsión, mientras en paralelo se desarrollan otro tipo de estrategias para tolerar y disminuir la ansiedad que esto genera. Se hace de forma gradual, para que el propio proceso de adaptación ayude.

Fisiológicamente, la ansiedad irá descendiendo por un proceso de habituación y además, la obsesión perderá credibilidad al observar que lo que tanto tememos finalmente no ocurre. Simplemente es una película que hemos originado en nuestra cabeza y las películas, como tal, son ficción y no realidades.

Existe otra forma de librarnos de las obsesiones relacionadas con la perfección y es obligarnos a nosotros mismos a intentar alcanzarla. Es decir, para no obsesionarnos con la perfección, debemos no desear encontrarla e incluso rechazarla. De esta forma, estaremos dispuestos a todo lo que tenga que suceder.
Si mi obsesión es encontrar el trabajo de mis sueños, que me complemente, que esté bien pagado y que además me sea agradable de ejercer a todos los niveles, debo renunciar a esta idea y no desear tanta perfección, si no algo normal.

Puedo empezar a trabajar en un trabajo que no sea el de mis sueños, pero que más o menos se me de bien y esté bien remunerado. De esta forma iré dándole la espalda a la perfección y tolerando que muchas veces tengo que tomar la mejor opción que puedo permitirme y no la mejor opción absoluta. Posteriormente y poco a poco, puedo buscar algo mejor, pero siempre desde el deseo y no desde el miedo. Esto corta la compulsión: si no tengo nada que perder y le quito valor a la perfección, ¿qué sentido tiene que compulsione?

Por lo tanto, para librarme de las temidas obsesiones, voy a exponerme a aquello que temo, de forma tranquila y sin obsesionarme por curarme rápidamente. Por otro lado, voy a no querer ser perfecto, sino un ser humano normal y corriente que falla, que se equivoca, que no siempre está de buen humor y al que no siempre le va a salir todo bien. También toleraré que la gente de mi entorno no es perfecta y no pretenderé que lo sean.

De esta manera, mi nivel de afectación y temor ante los posibles vaivenes de la vida descenderá. Piensa que por muy duros que puedan ser los caprichos del destino, más duras y corrosivas pueden llegar a ser esas voces que continuamente me obligan a buscar la perfección.

Alicia Escaño Hidalgo