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sábado, marzo 11, 2017

Que el reloj de tu vida marque sus prioridades

¿Tenemos claras nuestras prioridades? En la actualidad parece que la realidad impone que tenemos que vivir inmersos en un medio de un gran montón de tareas. Muchas de ellas vienen dadas y además en no pocas ocasiones enlazamos y compaginamos unas con otras. Construimos nuestras 24 horas alrededor de ellas. También sabemos que unas tienen más peso y sin embargo permitimos que se queden rezagadas. Lo que al principio del día parecía una prioridad a veces queda aplastado por la inercia imparable de la rutina.



Es complicado saber cómo ordenar nuestro tiempo cuando algo se sale de lo establecido. Dejando a un lado los temas de planificación de tareas, el objetivo al final del día es encontrar la satisfacción de haber seguido tu propio plan. Tus propios objetivos. Que nuestras prioridades, ya sea a primera hora o a última hayan sido atendidas de una forma satisfactoria.

“El futuro es algo que cada cual alcanza a un ritmo de sesenta minutos por hora, haga lo que haga y sea quien sea” 
– Clive Staples Lewis –

La propuesta es ir un poco más allá de lo que son 24 o 72 horas. Al final, las prioridades cotidianas están claras. Salvo excepciones, las más recurrentes son las que están relacionadas con nuestras necesidades básicas (alimentación, objetivos laborales, actividad social, etc). Pero ¿qué ocurre si analizamos nuestra escala de prioridades en un espacio más amplio de tiempo: una semana, un mes o un año? ¿Qué sucede si echamos la vista atrás y vemos cuáles de nuestras prioridades vitales hemos alcanzado y cuáles parece que se han perdido por el camino?.

El reloj de la vida

El tiempo es valioso y es limitado. Esto no quiere decir que debamos agobiarnos por cómo lo empleamos o en qué. Simplemente es algo que a veces se nos olvida y en ese olvido acabamos por maltratar nuestro tiempo. De hecho muchas veces sentimos rabia cuando nos damos cuenta de que nuestro “gasto temporal” no se nada bien a nuestros intereses.

“El tiempo es una de las pocas cosas importantes que nos quedan”
-Salvador Dalí- 

¿Sabemos a qué podemos renunciar? ¿Cuánto nos cuesta? Existe una interesante actividad dentro de la psicología positiva que funciona como un gran estimulante para la reflexión. Si tomamos un reloj como referencia ¿sabemos situar en él la hora de nuestra vida en la que estamos?. Esto nos puede ayudar a analizar qué hemos dejado atrás y así poder introducir cambios en el presente. Lo más importante es tomar conciencia del tiempo que disponemos a partir de ese justo momento.

Todo es empezar

Una vez que hemos nos hemos situado en el tiempo, es importante que reflexionemos sobre algunas cuestiones. En esa pausa podemos empezar por completar de manera personal las siguientes frases:
Es demasiado tarde para que yo….
Es demasiado pronto para que yo….
Ahora es el momento adecuado para que yo…
Necesito más tiempo para…
Espero que a las…ocurra…

A partir de aquí las ideas se aclaran y las energías, esperanzas y expectativas se reparten. Podemos aceptar los descartes y aquello para lo que es demasiado tarde. Todas las energías físicas y mentales que estamos malgastando pueden redigirse a nuevos proyectos.

Puede ser un buen momento para analizar aquello en lo que estamos atascados o para reflexionar sobre aquellos proyectos que quizás hemos comenzado demasiado pronto. A veces no solo nos precipitamos nosotros, sino que implicamos a nuestro entorno en esa dinámica, algo que puede generarnos tensiones evitables.

El último paso: amor, juego, trabajo y prioridades

Una vez que hemos tomado conciencia de todo ello, llega el momento de afrontar cuestiones importantes. Amor, ocio y trabajo son constantes en nuestra vida y podemos repasar las prioridades que fueron, las que son y las que serán. A partir de aquí comienza la reflexión sobre cuánto tiempo dedicamos a amar, cuánto tiempo dedicamos al ocio y cuánto tiempo dedicamos al trabajo, para finalmente dar el paso y tomar decisiones.

“Cuán insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente”
-Goethe- 

Hay elementos ineludibles, como el trabajo, sobre los que tenemos poco margen de cambio. Sin embargo, que este margen sea estrecho no significa que sea despreciable o que un pequeño cambio aquí tenga grandes consecuencias. ¿Realmente alargamos la jornada por cuestiones laborales? ¿Hasta qué punto hay cierto autoengaño en dedicarle más horas cuando podemos volver antes a casa? ¿Nos dan miedo las horas vacias? ¿Cuáles son nuestras prioridades y hacia dónde queremos enfocar nuestra energía? ¿Puedo cambiar mi día para reoganizarlo todo?

El amor y el ocio son partes igualmente necesarias en nuestra rutina. Dicho esto, yo os propongo que cambiemos la palabra “necesarias” por “prioritarias”. Necesidad implica obligatoriedad y dependencia. Prioridad implica elección, decisión y sensación de tomar las riendas respecto a lo que me conviene y quiero.

Y bien…¿qué hora es para ti?

Paula Murillo