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viernes, marzo 03, 2017

La preocupación sin control no sirve de nada

Algunas personas viven instaladas en la habitación de la preocupación. Imaginan el futuro como un gran campo lleno de minas, de peligros, y esa actitud les impide vivir tranquilos. Temen que un carrusel de desgracias se precipite de un momento a otro sobre ellos.



Estas personas están seguras de que su hijo suspenderá el examen de la semana que viene. Creen que les va a dar un infarto en cuanto sienten un pinchazo en el pecho. Se asustan pensando que tienen cáncer si les aparece una verruga. Tienen el temor de que su hija vaya a sufrir un accidente cada vez que coge el coche, etc.

“Durante mi vida he sufrido muchas desgracias que nunca llegaron a ocurrir”
-Mark Twain-

Las profecías autocumplidas, un curioso efecto psicológico

Resulta llamativo que los acontecimientos negativos que anticipan esas personas tengan una probabilidad mucho más baja de ocurrir que la que le atribuye el afectado, eso cuando la probabilidad no es cero. Además, lo más curioso es que a veces ellos mismos hacen que sus predicciones se cumplan, dando lugar a profecías autocumplidas, como las llamamos los psicólogos. Esta forma de pensar les lleva a sentir y actuar en la dirección de sus temores.

Veamos un ejemplo de profecía autocumplida: un conductor tiene mucho miedo cuando coge el coche porque piensa que va a tener un accidente. Cuando coge el coche, lo hace en un estado de ansiedad tal que le impide conducir con seguridad, con lo que se incrementa el riesgo de que sufra el accidente que tanto teme.

“Procura vivir al día, espera a que las cosas ocurran antes de sufrir por ellas”
-Carmen Serrat-Valera-

En definitiva, algunas personas pasan la vida sufriendo por cosas que nunca llegan a ocurrir. Así, evitan experiencias que incluso podrían llegar a ser positivas por miedo a los posibles peligros y disgustos que puedan acarrear. Su preocupación patológica hace que esperen y sufran por catástrofes que nunca se harán realidad.

4 características de las personas con preocupación patológica

  • Inseguridad

La persona insegura realmente busca la certeza, no la verdad. Así, no se da cuenta de que la verdad se busca hacia delante, arriesgándose al error, a la aventura, renunciando de algún modo a las seguridades.

La persona insegura, entonces, buscará siempre pruebas de que aquello que teme no va a ocurrir nunca, aumentando la intensidad de la preocupación.

  • Baja autoestima

La baja autoestima puede contribuir al componente de preocupación excesiva de la personalidad. Además se asocia muchas veces a la inseguridad. La persona con baja autoestima tiende a pensar en lo que se espera de ella más que en lo que realmente quiere hacer.

Cuando pensamos en lo que se espera de nosotros perdemos nuestra esencia y nos convertimos en marionetas. Querer agradar a todo el mundo hace que aumente nuestra preocupación de un forma exponencial.

  • Dependencia emocional

Las personas con mayor dependencia emocional, cuando tienen cerca a la persona de la que dependen, temen que se pueda producir la separación. De esta manera tienen que convivir con la tensión de no hacer nada que pueda provocar que la otra persona le deje.

Esto también es un importante foco de preocupación, pues vivimos en sociedad y rodeados de personas que son valiosas para nosotros. Si somos dependientes emocionalmente, cualquier indicio de pérdida o ruptura reafirmarán la necesidad de la hipervigilancia.

  • Tendencia a la evitación

La persona que tiende a utilizar la evitación como una forma de enfrentar sus temores tendrá temores cada vez más intensos e incapacitantes. Incluso, al no existir el contraste con la realidad, dentro de esos miedos se aglutinarán tanto datos como fantasías; ilusiones que sobreviven precisamente gracias a que nunca son contrastadas.

La evitación experiencial es un problema muy común hoy en día. Vivimos más centrados en el futuro o pasado que en el momento presente. Esto hace que estemos permanentemente preocupados por lo que pueda pasar o lo que pasó y que no vivamos plenamente del ahora.

“Recuerda, hoy es el mañana acerca del cual te preocupabas ayer”
-Dale Carnegie-

¿Qué puedo hacer para dejar de preocuparme por todo constantemente?

Espantar preocupaciones para quien está acostumbrado a generarlas no es una tarea sencilla. Sin embargo, a continuación os dejo algunas ideas que pueden ser útiles:
Intenta definir claramente aquello que te preocupa. Pregúntate: “¿De qué me preocupo?”. Piensa en cada preocupación y escríbela. Trata de escribir las preocupaciones con la mayor claridad posible.
Decide si se puede hacer algo al respecto. Si la respuesta es no, no importa cuánto te preocupes: nada va a cambiar. Asúmelo e intenta distraer tu atención. Si la respuesta es sí, dirígete al paso tercero.
Elabora una lista de cosas que podrías hacer para resolver tu preocupación o problema. Piensa, ¿hay algo que podría hacer ahora? Si es así, hazlo de inmediato. Si no, elabora un plan especificando cuándo, dónde y cómo lo vas a hacer.
Aprende a distraerte. Solo se puede prestar plena atención a una sola cosa, así que si te mantienes ocupado no podrás seguir con tu preocupación.

¿Cómo puedo distraerme si todo me preocupa?

Presta atención plena a lo que hay a tu alrededor. Puedes memorizar números de matrículas de coches. Puedes adivinar lo que hace la gente para ganarse la vida. También podrías sumar precios de artículos de una tienda, escuchar a los pájaros cantar, etc. Haz rompecabezas, crucigramas, sudokus, tararea una canción, cuenta hacia atrás desde cien, lee algo interesante, etc. Realizar ejercicio físico y mantenerse físicamente activo es una buena forma de prevenir enfermedades de todo tipo y un magnífico antídoto contra la preocupación patológica.

Sin embargo, es bueno que recuerdes algo muy importante: no utilices las técnicas de distracción como una forma de evitar hacer frente a tus preocupaciones. Realiza el análisis de tus preocupaciones antes de recurrir a las técnicas de distracción.

¿Qué hago si las preocupaciones no me dejan dormir?

Normalmente nos preocupamos más durante la noche. Cuando estamos en la cama, intentando quedarnos dormidos, la estimulación ambiental se reduce drásticamente y tendemos a centrarnos en nuestros propios pensamientos y sensaciones corporales.

Parece claro que no es buena idea irse a la cama con la cabeza libre de preocupaciones. Para ello, bastará con que anotes en una libreta todo aquello que te preocupa y sus posibles soluciones, dejando aparcada la preocupación para el día siguiente. Te sentirás más seguro y dormirás mejor.

Otra técnica que da buenos resultados es la del “tiempo basura”. Consiste en dedicar unos 20 minutos diarios exclusivamente a preocuparse. Debes tener previsto cuándo será tu “tiempo basura” y durante esos minutos solo podrás pensar en tus preocupaciones, en nada más. Y cuando digo en nada más, es realmente en nada más. El resto del día estarás tranquilo porque sabes que existen esos 20 minutos para preocuparte todo lo que desees, así que solo tendrás que esperar a que llegue ese momento. Por supuesto, está prohibido preocuparse durante el resto del día.

Como siempre me gusta decir, estos consejos no pretenden sustituir la ayuda especializada de un psicólogo competente. Cuando se padece un trastorno de ansiedad generalizada (preocupación excesiva patológica) lo ideal es acudir a un especialista cuanto antes.

Francisco Pérez