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sábado, julio 22, 2017

La única forma de cambiar tu realidad es entender cómo la creas

Nuestros pensamientos condicionan en gran medida nuestro estado de salud mental. La práctica de ciertos hábitos de pensamiento y la resistencia al cambio originan nuestra realidad. Existe una realidad fuera de nosotros, y en realidad nosotros no interactuamos con ella. La única realidad con la que convivimos de verdad es una simulación creada por nuestro cerebro mediante nuestros pensamientos, que se puede acercar más o menos a la realidad exterior.



En teoría, cuanto menos sesgados estén nuestros pensamientos más nos acercaremos a la certeza. El problema viene cuando hemos sido educados en generalizaciones, prejuicios y dicotomías que nos hacen alejarnos de lo real. Pensar es como respirar, lo hacemos sin darnos cuenta, pero no podemos creernos todo lo que pensamos. Se estima que solo alrededor del 20% de nuestros pensamientos llegan a hacerse realidad.

Los seres humanos, tenemos pensamientos que no corresponden con la realidad del momento o de la situación; estos pensamientos se llaman pensamientos deformados o irracionales. Son ideas que nos vienen a la cabeza y que nos impiden ver la realidad última de las cosas; suelen llevarnos a error y eso influye en gran medida y directamente sobre nuestro estado emocional.

Las interpretaciones sobre la realidad son las que nos llevan a ser personas estables o inestables a nivel emocional, más que la realidad misma. Lo que pensamos de nosotros mismos y de nuestra experiencia, es lo que realmente nos crea los problemas deansiedad y/o depresión, tan prevalentes en el primer mundo, y no la situación en sí. Dos personas ante una misma situación pueden experimentarla y entenderla de manera diferente, evidenciando que la realidad en última instancia la crea nuestros pensamientos.

La realidad es aquello que, cuando uno deja de creer en ello, no desaparece.

Si quieres cambiar, cambia tus pensamientos

La psicología basa parte de sus terapias en la sustitución de pensamientos irracionales por otros que se ajusten mejor a los hechos reales. Aprender cómo transformar los pensamientos irracionales en pensamientos racionales es el eje principal del pensamiento ajustado a la realidad. Las personas que son capaces de modificar estos pensamientos pueden tener un gran control sobre sus emociones y ser capaces de tomar decisiones más acertadas.

Una de las técnicas más usadas en clínica para cambiar los pensamientos desajustados es el debate, donde se le enseña al paciente a modificar sus creencias a través de preguntas formuladas por parámetros racionales, hasta que éste es capaz de ir generando un pensamiento alternativo mucho más adaptativo. El objetivo es que al final el paciente sea capaz de sustituir o limar sus pensamientos de una manera autónoma.

Aunque las circunstancias sean complejas, como las que pueden darse alrededor de un despido o de una ruptura de pareja, estas situaciones no van a mejorar por mucho que las pensemos. En muchas situaciones difíciles, nuestro margen de actuación pasa más por intervenir sobre nuestros pensamientos que sobre la propia realidad.
“Conocimientos puede tenerlos cualquiera, pero el arte de pensar es el regalo más escaso de la naturaleza”

¿Cómo pensar de manera sana y racional?

Los acontecimientos no causan los problemas emocionales y de conducta, sino que estos son causados por las creencias que subyacen a las interpretaciones de estos problemas. Uno de los aspectos básicos a destacar es la distinción entre creencias racionales y creencias irracionales.

Pensar de manera racional, es pensar relativizando, expresándose en términos de deseos y gustos (me gustaría, preferiría, desearía…). Cuando las personas piensan de manera sana, incluso cuando no consiguen lo que desean, los sentimientos negativos que estas situaciones generan no impiden el logro de nuevos objetivos o propósitos.

Por el contrario, pensar de manera dogmática y absolutista hace que nos expresemos en términos de obligación, necesidad o exigencia (tengo que, debo de, estoy obligado). Su no consecución provoca emociones negativas inapropiadas (depresión, culpa, ira, ansiedad, miedo) que interfieren en la consecución de los objetivos y genera alteraciones de la conducta como el aislamiento, la conducta de evitación o de escape y el abuso de sustancias tóxicas.

Fátima Servián Franco

viernes, julio 21, 2017

Autosabotaje: cuando el enemigo está dentro de ti

El autosabotaje o autoboicot es la tendencia a ponerse trabas, límites y complicaciones a uno mismo durante el camino hacia metas u objetivos. Si echas la vista atrás es posible que encuentres varios ejemplos de situaciones en las que, sin saber por qué ni cómo, has fracasado en el camino hacia tu meta. Una de las posibles explicaciones de este fracaso es el autosabotaje.



El autosabotaje representa al enemigo dentro de uno mismo. Quizás nos proteja en alguna medida del fracaso a corto plazo, pero también del éxito. La persona que se boicotea a sí misma se pone trabas o frenos, e inconscientemente, dice “no voy a poder” cuando tiene que hacer frente a momentos difíciles. A continuación veremos los 4 tipos de autosabotaje más frecuentes.

¿Qué tipos de autosabotaje existen?

1. Negarse necesidades a uno mismo: “No me hace falta, no lo quiero”

El primer tipo de autosabotaje, y uno de los más frecuentes, es el negarse a sí mismo necesidades o deseos. El autosabotaje se enmascara bajo frases como: “no me importa”, “no me apetece”, “no lo quiero” o “no me interesa”. De esta manera, la persona se protege a sí misma de experimentar un fracaso (y aceptar que tiene que trabajar para mejorar sus capacidades) o de experimentar el éxito (y aceptar que puede aspirar a más y se merece el reconocimiento).

En este caso, el autosabotaje se realiza cuando la persona se niega a sí misma que quiera alcanzar un objetivo o se niega a si misma una necesidad personal de manera inconsciente. Es muy importante detectar cuándo realmente no nos interesa un objetivo o una meta y cuándo es el miedo a no estar a la altura, el que que nos hace el boicot. Porque con esta diferenciación comenzamos a crear un escudo personal contra el autosabotaje.

“Confiar en ti mismo no garantiza el éxito, pero no hacerlo garantiza el fracaso”
-Albert Bandura-

2. Procrastinar: posponer y posponer …y dejar para mañana lo que puedes hacer hoy

Una de las maneras más eficaces de fracasar, tanto a nivel personal y como profesional es procrastinar: “tengo que hacer algo pero lo haré luego”. Procrastinar es un hábito tóxico, ya que provoca la falsa percepción de que “estamos en ello” cuando en realidad lo que estamos haciendo es postergar indefinidamente la realización de una tarea.

Procrastinar funciona como un escudo ante la sensación de incapacidad. Es un mecanismo de defensa porque nos protege impide que nos pongamos a prueba y nos hace sentir que estamos en el camino hacia nuestra meta. Cuando… nada más alejado de la realidad.

3. No ser constante: comenzar la carrera, pero abandonar ante las primeras dificultades

La falta de constancia es una de las máscaras más frecuentes del autosabotaje. La constancia es una capacidad que se ha de entrenar cada día y poco a poco. Empezar un proyecto y abandonarlo en el camino nos asegura el fracaso y es un hábito que nos limita a nosotros mismos.

La función del autosabotaje cuando dejamos las cosas a medias es muy clara: si no acabas la tarea no tendrás que valorar si lo has hecho bien o no. Existe la posibilidad de que lo hagamos bien y de que no sepamos como gestionar el éxito. Dicho de otro modo, el autosabotaje también protege del éxito a las personas que creen que no se merecen un triunfo personal y por ello, se boicotean a sí mismas.

4. Poner excusas a la hora de tomar decisiones: “no sé que hacer”

Tomar decisiones nos otorga un grado de responsabilidad, el cual varía en función de la importancia de la decisión. El autosabotaje nos protege de sentirnos con cualquier grado de responsabilidad, y así, nos aparta de tomar posiciones importantes y de poder.

Por ello, evitar tomar decisiones es otra máscara más tras la cual se oculta el autosabotaje. Impidiéndonos tomar las riendas de nuestra vida, alzar la voz y decir con claridad cuál es nuestra decisión. Además, este tipo de autosabotaje nos mantiene en el papel de espectador (y no de actor) de nuestra vida. El peligro de ser espectadores de nuestra vida es que esta actitud, refuerza la idea de que no ser suficientemente buenos como para aspirar a más.

¿Cuáles son las posibles causas del autosabotaje?

Estilo de personalidad evitativo

Los animales humanos, frente a una dificultad tenemos tres opciones de respuesta: afrontar, evitar o postergar. Es decir, podemos buscar una solución a lo que nos ocurre (afrontar), intentar convenceros de que eso no nos afecta o no nos molesta y mirar para otro lado (evitar) o esperar a ver qué pasa o cómo se desarrollan las cosas sin un período de tiempo definido (postergar). Si bien es cierto que tomarnos un tiempo y no hacer nada es una estrategia eficaz para encontrar soluciones, postergar indefinidamente es un hábito que empobrece nuestra autoestima.

Si durante nuestra etapa de adolescencia y juventud temprana escogemos evitar repetidas veces, lo que hacemos es desaprovechar situaciones que nos permitirían adquirir nuevas habilidades. Tanto si evitamos afrontar lo que nos ocurre, como si dejamos pasar las oportunidades de crecimiento que se nos presentan, desarrollamos un patrón de personalidad evitativo.

El patrón de personalidad evitativo se relaciona directamente con el autosabotaje. Como la costumbre es evitar, la persona se convence de que “no puede” o de que algo “no se le da bien”. Ello se debe a que no tiene habilidades, pero no a que no tenga la capacidad necesaria para superar la situación o crecer a nivel personal.

Una persona con patrón de personalidad evitativo siente que no es capaz de superar retos y se remarca a sí misma esta limitación. El error principal se encuentra en que: no tener habilidades no es igual a no ser capaz. Es necesario dejar de evitar aquello que nos hace dudar de nuestras capacidades y darse una oportunidad para poder crecer como persona. Recuerda: sin desafío no hay crecimiento.
Baja autoestima

Tener una baja apreciación de nuestras características personales hace que nos queramos poco. Si nos queremos poco, tendemos a desconfiar de nuestras capacidades, de ahí la relación entre autosabotaje y baja autoestima.

Una persona con baja autoestima no se permite la oportunidad de crecer, ni de exigirse un poco para salir de su zona de confort. Porque, tiene grabado en lo más profundo de su corazón que: no se merece una oportunidad, no va a ser capaz de dar la talla o siente que no es lo suficientemente valiosa para aspirar a un objetivo. Por todo esto, la baja autoestima puede ser una de las causas del autosabotaje.

“La tarea que debemos establecer para nosotros mismos no es estar seguros, sino ser capaces de tolerar la inseguridad”
-Erich Fromm-

Entorno familiar hiper-protector

Crecer en un entorno familiar que nos proteja excesivamente de los “peligros” del mundo, nos hace incorporar en nuestras características psicológicas dos mensajes respecto a nosotros mismos y nuestras capacidades. El primer mensaje es: “mi familia me quiere, me protege y no estoy solo/a” y el segundo es “me tienen que proteger y ayudar porque no puedo solo/a y no soy lo suficientemente fuerte”.

De este modo, cuando una familia es muy protectora, emite estos dos mensajes que son inseparables y es el segundo de ellos el que favorece al autosabotaje. Porque la excesiva protección familiar nos hace depender de los demás para sentirnos seguros y capaces de afrontar retos.

Así, una vez llegados a la etapa adulta, como a nivel social se nos exige ganar en independencia de nuestra familia, aparece el autosabotaje a modo de protección. La protección de la familia es cada vez menor, mientras que el sabotaje se hace cada vez más presente.

¿Cuáles son los efectos del autosabotaje?

El autosabotaje funciona como un pez que se muerde la cola, como no me doy la oportunidad, no me desafío a mi mismo y por tanto, no gano en desarrollo personal. Así, pierdo la oportunidad de ganar nuevas capacidades y mejorar aquellas que ya poseo. Y por ello, sigo pensando que “no puedo”, “no lo quiero” o “no se me da bien”.

Piensa que muchas personas (por no decir todas) tenemos un “pequeño boicoteador” dentro y hemos de aprender a vivir con él. Este pequeño boicoteador siempre va a decirnos que no somos capaces de alcanzar lo que nos proponemos. Nos hará dudar hasta el infinito y nos mantendrá dentro de nuestra zona de confort. Porque solo de esta forma, este pequeño gran enemigo se mantiene tranquilo y cómodo. El truco está en aprender a escuchar sus dudas sin entrar en su juego. Sí, efectivamente, hablamos de una labor de precisión que a menudo requiere una buena dosis de paciencia.

Por todas estas razones que hemos descrito, el autosabotaje genera una sensación constante de incertidumbre. Es un sistema que se perpetúa a si mismo y por ello es necesario que detectemos su presencia y rompamos cuanto antes el círculo vicioso que lo alimenta.

Para superar el autosabotaje puedes trabajar para mejorar tu autoestima, detectar tus puntos fuertes para ampliarlos e identificar también tus puntos débiles para mejorarlos. Pero, sobre todo, vamos a darnos una oportunidad, esta es la clave principal para vencer el autosabotaje.

Julia Marquez Arrico

jueves, julio 20, 2017

3 formas sencillas de practicar mindfulness en tu día a día

Iniciarse en la práctica del Mindfulness es dar el paso hacia una mejor calidad de vida. Ahora bien, lograrlo no siempre es fácil ya que necesitamos adaptar esta filosofía de raíces ancestrales a estos tiempos modernos. Para conseguirlo disponemos de múltiples caminos y estrategias: solo debemos hallar la que más se ajuste a nuestras necesidades, a nuestro día a día.



Hemos de admitirlo: a la mayoría nos atrae el Mindfulness, y no porque esté de moda, no porque nos hayan hablado de sus prácticas ni porque encontremos esta palabra casi en cada libro, en cada revista o artículo de autoayuda. Nos interesa y nos seduce porque nos invita a concebir nuestra mente como un espejo desde el que apreciar el mundo de una forma más amplia, cercana y vívida. Es algo revulsivo y ante todo, útil.

“Los sentimientos van y vienen como las nubes en un cielo ventoso. La respiración consciente es mi ancla”.
-Thich Nhat Hanh-

Sin embargo, nuestra cotidianidad nos arrastra con sus obligaciones, con sus férreos horarios y nuestra mirada siempre ocupada. No podemos sacar más horas al día para ir a un centro donde aprender, no podemos quitar tiempo de donde no tenemos y por ello, nos decimos a nosotros mismos que eso de la meditación, definitivamente, no va con nosotros.

Es un error. El Mindfulness está ahora más cerca de nosotros que nunca y de las más diversas formas. Hay quien se inicia en su propia casa, siguiendo las orientaciones de un libro o incluso de un curso vía on-line. Aún más, hay quien no concibe el quedarse inmóvil, quien no logra integrarse en la dinámica de un aula junto a más gente. Para ello, tiene a su alcance la opción de meditar mientras se hace deporte, mientras caminamos.

Como vemos, el Mindfulness siempre está ahí, al alcance de nuestra mente…

El Mindfulness en tiempos modernos, en tiempos de movimiento

Los tiempos cambian pero las raíces de nuestra filosofía, de nuestra espiritualidad y de ese legado excepcional aportado por el Mindfulness no solo permanecen, sino que nos son más necesarios que nunca. Ahora bien, dada la actual complejidad de nuestro tren de vida… ¿Cómo y de qué manera podemos aprender a desarrollar una conciencia plena? ¿Cómo aprender a meditar, a respirar y a tomar contacto con el “aquí y ahora”?
Rohan Gunatillake es un creativo que está revolucionando el campo del Mindfulness por un aspecto muy concreto: concebir la meditación de un modo dinámico, activo gracias a las nuevas tecnologías o incluso mediante el deporte.
Este autor nos explica cómo y de qué manera hemos cambiado. Nuestras necesidades ahora son más intensas, nuestros mundos caóticos pero nuestros canales de aprendizaje son más amplios: Internet y las nuevas tecnologías nos acercan más que nunca al campo del crecimiento personal y nos inician incluso en el mundo de la meditación.
Rohan Gunatillake lo llama “meditación urbana”. Porque aunque nos sorprenda, el medio urbano y nuestra cultura laboral y digital es lo que nos define en la actualidad a muchos de nosotros. ¿Qué necesidad hay de escapar a un retiro natural durante 10 días para aprender a meditar? Si no hay posibilidad, tenemos nuestra propia casa, el trabajo y esas maravillosas tecnologías capaces de enseñarnos a conectar mucho más con nuestra realidad…

“Si quieres dominar la ansiedad de la vida, vive el momento, vive en la respiración”.
-Amit Ray-

En este mundo dinámico todos formamos parte del movimiento. Sin embargo, no debemos equivocarnos, porque el Mindfulness también es una práctica móvil: nos convertirnos en magníficos receptores del momento presente, de cada uno de sus maravilloso matices, de sus oscilaciones, sus cambios, sus olores, sabores, sensaciones….

Formas en que podemos iniciarnos en el Mindfulness

Ya lo dijo Daniel Goleman en su momento, la atención es un músculo que debemos trabajar a diario para ser más receptivos a lo que nos envuelve así como a lo que acontece en nuestro interior. Sin embargo… ¿cómo lograrlo si apenas tenemos tiempo? ¿Podemos aprender a meditar de verdad una vez a la semana acudiendo a una clase de 18 a 19 de la tarde?

Bien, habrá personas que sin duda lo conseguirán pero son muchos los que van a estas clases por curiosidad y las acaban abandonando a los pocos días porque no les funciona, porque no logran controlar su mente errática y hallar ese punto perfecto de equilibrio con uno mismo donde todo lo demás, quede en un segundo plano.

Ahora bien, si esta práctica de origen budista con más de 2.500 años de antigüedad ha llegado a Occidente no es por casualidad, es porque científicos como el doctor Kabat-Zin -entre otros- saben y entienden que nuestra sociedad demandante y exigente nos acelera, y necesitamos por tanto de la ayuda y beneficios del Mindfulness. Para iniciarnos en esta práctica tenemos múltiples opciones, maneras y caminos.

“La vida es un baile. El mindfulness es presenciar ese baile”.
-Amit Ray-

Mindfulness en el trabajo

Empresas como Apple, Google, Nike o eBay ya aplican el Mindfulness en sus trabajos en el día a día. Queda claro, no obstante, que para que esta técnica sea efectiva necesitaríamos sin duda de un entorno y una política laboral que facilite su integración, pero en realidad, no es tan complicada de llevar a cabo. Estas serían las pautas:
  • Llega al trabajo sin prisas ( puede que no lo logres la primera semana, pero poco a poco será posible)
  • Dedica 5 minutos para situarte, para estructurar la jornada, para tomar conciencia de lo que vas a hacer, de cómo te sientes.
  • Respira de manera profunda y toma conciencia el aquí y ahora, de tu cuerpo, de tus posturas y de las posibles tensiones.
  • Tómate un descanso de 5 minutos cada 40 minutos para meditar, para respirar, para conectarte de nuevo con tu propio ser.
Meditar mientras caminas

Lo ideal es que cada día nos “regalemos” media hora de paseo, media hora de caminata donde a paso rápido y con ropa cómoda, entrenemos no solo nuestro cuerpo, sino también nuestra mente en los principios básicos del Mindfulness. Estas serían las principales pautas:
  • Empieza a caminar a paso normal. Poco a poco debes encontrar el ritmo que sea más relajante, más catártico y liberador para ti. Hay quien camina a paso lento y quien decide iniciar una marcha más rápida.
  • Es momento de centrar tu atención en algún aspecto. Visualiza tu mente como si fuera una linterna que orienta su luz sobre un aspecto concreto y luego a otro: primero tu respiración, luego la sensación de tus pies cuando tocan el suelo, más tarde el viento que acaricia tu piel… Focaliza tu atención en esos aspectos de modo cíclico, primero uno y luego otro.
  • Poco a poco te darás cuenta de que ya no necesitas centrar tu atención en cada uno de esos aspectos de tu cuerpo. Al cabo de los días el foco de tu linterna será tan amplio que lo percibirás todo de una vez.

Mindfulness en casa

Si eres una de esas personas que no se encuentra cómoda en un aula o siguiendo las pautas de un facilitador presencial, o incluso que carece de tiempo para acudir a un curso presencial, no olvides que siempre tenemos a nuestro alcance libros y cursos on-line.Gracias a ellos podemos aprender las bases del Mindfulness en casa.

Para ello, nunca está de más seguir estas orientaciones:
  • Elige un espacio, un lugar y un momento del día que más se ajuste a tus necesidades para practicar la meditación. Recuerda que debes comprometerte a ello con firmeza y voluntad, porque debe ser un trabajo continuado.
  • Empieza con 10 o 15 minutos. Poco a poco, a medida que cojas soltura puedes dedicarle más tiempo.
  • Elige la técnica que más se ajuste a tus necesidades.
  • Ten paciencia y no esperes resultados inmediatos. El Mindfulness requiere tiempo y compromiso.

Los tiempos cambian y a pesar de nuestras vidas tan dinámicas y exigentes siempre vamos a tener esta práctica tan interesante y beneficiosa a nuestro alcance. Solo necesitamos encontrar el camino que mejor se ajuste a nosotros, el que nos sea más cómodo, más cercano. Ampliemos nuestras experiencias y demos el paso al conocimiento que nos proporciona el Mindfulness.

Valeria Sabater

miércoles, julio 19, 2017

Estos 5 gestos perjudican la imagen que proyectas a los demás

Todos sabemos que los gestos y posturas revelan mucho acerca de la personalidad, la actitud o el estado de ánimo de alguien. Sin darnos cuenta cada uno de nosotros va adoptando formas de mirar, de caminar, de plantarse frente a los demás. Las incorporamos y terminan siendo parte de un estilo propio, que a veces “nos delata” y muestra aquello que no queremos dejar ver.



Hay situaciones sociales en las que el trato es fugaz y efímero. Los demás se forman una idea de nosotros que en parte es consciente y en parte no. Crean una opinión a partir de lo que decimos, pero también otra a partir de lo que expresamos a través de nuestros gestos y posturas.

“Ser ‘perceptivo’ significa ser capaz de detectar las contradicciones entre las palabras de una persona y el lenguaje de su cuerpo”.
-Allan Pease-

Esto no sería problema si no fuera porque muchas de esas ocasiones efímeras también tienen gran trascendencia. Puede ser el caso de una entrevista de trabajo o de una reunión específica para establecer contactos que nos interesen. También, por qué no, esas situaciones en las que queremos agradar a alguien que nos interesa afectivamente y queremos que del episodio el otro se lleve una sensación agradable y positiva de nosotros.

Por estas tazones vale la pena aprender a reconocer nuestros gestos y descifrar lo que expresan. También es importante que logremos pulirlos para que jueguen a nuestro favor en las situaciones que lo ameritan. Para conseguirlo, veremos enseguida esos gestos que nos perjudican y que sería bueno recrear.

1. Morder el labio inferior, uno de los gestos que delatan

Al morder el labio inferior, de uno u otro modo, comunicas un grado de rechazo por lo que sale de tu boca. Sin que ni tú, ni los otros sean conscientes de ello, es uno de los gestos que va a ser interpretado como duda, o falsedad frente a lo que estás diciendo.

Este gesto también indica que hay un mensaje oculto. Usualmente la gente dice “me mordí los labios para no hablar de esto o aquello”. Es una interpretación correcta. Cuando realizas este gesto denotas que hay algo que estás callando y que contraría en algún grado lo dicho.

2. Fruncir el ceño constantemente

El ceño fruncido es una señal de enojo, de molestia o de rechazo. La verdad es que se trata de uno de los gestos que en la mayoría de los casos se adopta por simple tensión. Sin embargo, hay quienes lo hacen con tanta frecuencia que terminan esculpiéndola en su rostro.

Cuando hay temor o nerviosismo se frunce el ceño. Además, puede comunicar una falta de confianza tanto en el otro como en uno mismo. También arrugamos el entrecejo cuando queremos agudizar la observación o cuando adoptamos una posición defensiva.

3. Parpadear frecuente y rápidamente

Es uno de los gestos más difíciles de controlar, ya que se trata de una reacción casi automática frente a situaciones que originan nerviosismo. Lo normal es parpadear de 14 a 17 veces por minuto. Pero cuando estamos nerviosos ese número aumenta significativamente.

Lo peor es que cuando comenzamos a parpadear mucho y rápidamente, la atención de nuestro interlocutor se centra en este curioso gesto. Es fácil que deje de escuchar lo que estamos diciendo y se concentre más bien en esa falta de seguridad que expresamos con los ojos.

4. Ocultar las manos cuando hablas

Las manos son expresión pura. Enfatizan, evaden, puntualizan o complementan lo que dices. Por eso cuando una persona habla y mueve mucho sus manos, es percibida por los demás como más espontánea y confiable. Genera la sensación de sinceridad.

En cambio cuando alguien oculta sus manos cuando habla, comunica todo lo contrario. Es como si estuviera escondiendo algo. No es conveniente poner las manos atrás, meterlas en los bolsillos, esconderlas debajo del escritorio o cruzar los brazos. Si lo haces, estás levantando una barrera en la comunicación.

5. No sonreír o reír todo el tiempo

La sonrisa es, sin duda alguna, uno de los gestos que más corazones abre. Cuando alguien te sonríe, sin darte cuenta, te ayuda a disponerte positivamente en la conversación. Esto es un magnífico precedente para que el diálogo sea positivo, sereno y amable.

Sin embargo, cuando una persona está sonriendo o riendo todo el tiempo, el efecto puede ser adverso. En ese caso lo que se expresa es nerviosismo, falta de concentración o excesivo afán por ser aceptado. Este mensaje no es positivo, sino que se convierte en un obstáculo para que te valoren adecuadamente.

En todos estos casos de lo que se trata no es de adoptar una identidad falsa o maquillada. Todo lo contrario. A través de los gestos, una persona puede conocerse mucho a sí misma. Así, al hacerse consciente de la forma como se está comunicando con los demás, a través de su lenguaje corporal puede ajustar el mensaje que realmente quiere expresar acerca de sí mismo.

Edith Sánchez

martes, julio 18, 2017

La vida te dará todo lo que necesitas solo si confías en que lo mereces

Cuando uno asume, entiende e interioriza que merece ser feliz, la vida se abre camino, los días orquestan nuevas oportunidades, las cerraduras se abren y los enemigos se convierten en estatuas de sal que el viento se lleva tras de sí. Nada puede detenernos cuando nos percibimos como merecedores de la alegría y nadie tiene voz ya para cercar de miedos nuestras voluntades.



Decía Emily Dickinson con gran acierto en sus poemas que las personas ignoramos nuestra propia altura hasta que nos ponemos de pie. Lo más curioso de todo ello es que a menudo es la propia educación, la sociedad y las personas de nuestro entorno quienes por lo general tienden a preferirnos sentados, sumisos, callados y obedientes.

“Si haces lo que no debes, deberás sufrir lo que no mereces”
-Benjamin Franklin-

De hecho, esto mismo es lo que le ocurrió a la poetisa de Massachusetts, a quien las decepciones, los miedos y las tristezas la acabaron recluyendo en su propia habitación de la casa familiar de Amherst, convirtiéndose en poco más que en una tibia sombra, en una figura delgadísima que los vecinos veían a través de las ventanas. De sus 1800 poemas escritos, solo vio publicados en vida una docena y de las personas que conformaban su vida, solo amó a una, pero ninguno de los dos fue lo bastante valiente como para dar el paso.

Eran otros tiempos, no hay duda. Era otras mentalidades, queda claro. Sin embargo, por curioso que parezca, el complejo universo de las emociones, las inseguridades y la falta de confianza en uno mismo es un estribillo que nunca pasa de moda. Es como una moviola que nunca se detiene, que nos trae la magia de una ocasión y que la deja ir, que nos enseña qué es la felicidad y al poco se la lleva, dejándonos con las ganas, las penas, el recuerdo y el arrepentimiento.

Arrepentimiento por no habernos atrevido a “algo más”, por no haber luchado, por no sentirnos merecedores de esa oportunidad irrepetible, por no haber aunado el suficiente coraje por ese amor perdido…

Mereces una vida mejor

Ana ha empezado a ir al gimnasio porque desea llevar una vida más saludable. Va todos los días de 19 a 20, pero sin embargo, sigue fumando dos paquetes de tabaco al día. Carlos perdió su trabajo hace 9 meses. Sale todos los días a echar currículums pero al volver a casa empieza a comer de manera compulsiva, tanto, que su cambio físico es ya muy llamativo. Marta acabó hace un mes con una relación afectiva muy tormentosa, y desde entonces, se ha enganchado a las páginas de citas de Internet con la idea obsesiva de encontrar a la “pareja ideal”.

Todos estos ejemplos se pueden resumir en una idea central que a todos nos será conocida: mientras hallamos el equilibrio en un área de nuestra vida, en otra, retrocedemos de forma alarmante. Es como si no terminásemos de entender que merecemos una vida mejor, y ello nos empuja a menudo a dejar de cuidarnos de una forma más plena, más íntegra. ¿Porqué lo hacemos? ¿Por qué no terminamos de asumir un control auténtico de nuestra realidad para alcanzar así el bienestar?

La respuesta a esta pregunta debemos buscarla no solo en nuestro pasado, sino en la propia incapacidad de cuidarnos, de fomentar el bienestar psicológico y ante todo, de gestionar las propias emociones. En los tres ejemplos propuestos hemos visto que cada una de estas personas lleva a cabo algunas acciones correctas: una va al gimnasio, la otra busca trabajo a diario y la última ha puesto fin a una relación infeliz y compleja.

Sin embargo, el resto de comportamientos dan forma a esos agujeros negros tan comunes: la ansiedad, la incertidumbre, el miedo al futuro, la incapacidad para estar solos, la adicción a alguna sustancia.. Todos sabemos que merecemos una vida mejor, pero no sabemos cómo atender las auténticas necesidades, esas que residen en un estrato más íntimo, más profundo de nuestro ser…

Confía en ti, porque ser feliz no es una necesidad es un derecho

La vida nos traerá más oportunidades solo sí ponemos un pie detrás de otro y salimos a buscarlas. La felicidad llamará a nuestra puerta solo si somos receptivos, si estamos atentos, preparados y ante todo… dispuestos. Porque quien se deja llevar por la deriva de los miedos e inseguridades naufragará en la isla de las oportunidades perdidas. Porque quien se rinde ante las decepciones elegirá tarde o temprano el mismo encierro físico y mental que la propia Emily Dickinson se infligió a sí misma.

“Supongo que no soy como Emily Dickinson, que mantuvo sus cosas más hermosas envueltas en una cinta en su cajón”
-Jeff Bridges-

En estos tiempos en que encontramos en Twitter y Facebook píldoras de la felicidad en forma de frases bonitas, hay algo que nunca deberemos perder de vista. Algo que nos recuerdan muy acertadamente los detractores de la psicología positiva: debemos aprender a aceptar las experiencias dolorosas, sin importar lo duras que estas sean. Un despido, una decepción o un fracaso es algo que uno debe “engullir” sí o sí… Ahora bien, una vez que hayamos buceado en ese abismo caótico que son las emociones negativas, es momento de emerger, y lo haremos siendo más fuertes. Sintiéndonos más válidos.

Aún más, en este nuestro complejo y demandante día a día debemos interiorizar que las personas no solo merecemos sentirnos bien, estar en calma, experimentar la satisfacción, la libertad, el triunfo y el sabor de las alegrías. Todas estas dimensiones en realidad son DERECHOS. Porque no importa cuál sea nuestra historia, ni de donde vengamos, ni quienes seamos… Todos tenemos pleno derecho a ser felices y a elegir la manera de serlo.

Valeria Sabater

lunes, julio 17, 2017

Aunque cierres los ojos, sentirás con el corazón

Aunque cierres los ojos sentirás con el corazón. Recuerda que aunque no hay más ciego que el que no quiere ver, esto no implica que el dolor, la tristeza o la angustia desaparezcan por arte de magia, que sea suficiente con cerrar los ojos. No es cuestión de chasquear los dedos y que todo cambie. Es empezar a aceptar que aquello que nos daña existe y aprender a enfrentarnos a ello.



Aunque esto te asuste, aunque pienses que sentirás el horror en tu vida, normalmente nada es tan malo como imaginamos que será. Uno de nuestros mayores monstruos es nuestro pensamiento catastrofista (ese que algunos alimentan porque así se supone que se protegen de las decepciones). Y contra nuestros mayores monstruos solo cabe la valentía de hacerles frente.

Pero, ¿cómo voy a enfrentarme a aquello que más temo? Paso a paso, siendo el primer paso admitir nuestra propia guerra interna, esa que niega todo lo que nos hace sufrir, esa que nos repite continuamente que no ocurre nada malo aunque estemos gritando por dentro. Entonces, una vez admitido el malestar, destaparemos a nuestros mayores miedos; desenmascarados estaremos en posición de elegir las mejores armas para enfrentarnos a ellos.
El mundo es un lugar hostil para todos, pero solo aquellos que lo afrontan sin miedo, viven plenamente su vida.

Sentirás el peso del mundo

Al principio sentirás el peso del mundo sobre tu pecho o sentirás que todo se está apagando a tu alrededor, pero entenderás que solo hay que ponerle nombre al pánico o la depresión que anidan en tu interior. Una vez que tienen un nombre se alejan los temores, porque sabes qué ocurre y puedes pedir ayuda para hacer frente a aquello que consideras una amenaza.

“Temer un nombre solo incrementa el temor de lo nombrado”
-J.K. Rowling-

Ponerle nombre a aquello que sentirás no implica reducir tu realidad a los pocos detalles que caben en una etiqueta. Tampoco será una excusa válida en la que escudarte cada vez que te equivoques ni una definición completa de ti misma. Será una parte, una pequeña parte que te integra, pero no que te define, porque tú eres mucho más.

Poner un nombre no implica olvidar el contexto en el que surge el problema, los apoyos con los que cuentas o tus propios recursos ante ellos. Se trata de una manera de acotar de forma sencilla un cúmulo de emociones, pensamientos y conductas que de otra manera resultaría más complicado de entender.

Eso sí, simplificar tampoco implica que olvidemos que detrás de cada nombre, cada miedo, cada monstruo, hay una persona con sus propias singularidades. Una persona que sufre y que también es valiente, una persona que ante todo necesitará apoyo y comprensión.

“No ames lo que eres, sino lo que puedes llegar a ser”.
-Miguel de Cervantes-

No desperdicies tu tiempo negando la realidad

Así que no desperdicies tu tiempo negando la realidad. Piensa, ¿qué es lo peor que puede pasarte si decides admitir lo que te ocurre?, ¿qué es lo peor que puede pasarte si dejas de evitar las experiencias de la vida? En el horizonte, para responder a estas preguntas aparece una posibilidad: simplemente comenzarás a vivirla con toda la intensidad.

Será entonces cuando no solo tus monstruos llenarán tus pensamientos, sino que se abrirá ante ti todo un mundo lleno de posibilidades, tanto buenas como malas. Esto hará que te conozcas a todos los niveles, que te aceptes sin condiciones. Pero lo más importante es que hará que veas que eres más fuerte de lo que alguna vez pudiste llegar a imaginar.

“El crecimiento comienza cuando comenzamos a aceptar nuestras propias debilidades”
-Jean Vanier-

Sentirás miedo, pero tendrás mil y una armas para hacerle frente. Sentirás dolor, pero también sentirás el amor y el cariño en su máxima intensidad de todos los que te rodean. Y te darás cuenta de que la dictadura en la que te sumerges cuando pretendes vivir una vida sin dolor es la que más daño te hace a ti misma… y te hace daño porque niega una parte de tu realidad. 

Recuerda no es más feliz el que menos siente, sino el que mejor reconoce y acepta sus emociones. Está en tu mano vivir o esconderte. Está en tu mano aceptar lo que sientes y hacerle frente. El resultado, siempre esperanzador. Una esperanza tuya, propia, para que la compartas y se la contagies a quién quieras.

Lorena Vara González

domingo, julio 16, 2017

5 maneras inteligentes de hacer frente a la gente tóxica

Cada uno de nosotros, individualmente, podemos cambiar, podemos hacer el esfuerzo de mejorar lo que no nos gusta. Pero no podemos cambiar a los demás. Eso es algo que no podemos olvidar cuando nos enfrentamos a la gente tóxica. Ante las personas así solo podemos hacer dos cosas: evitarlas o enfrentarnos a ellos.



Muchas personas prefieren huir de la gente tóxica, pero cuando no te queda más remedio que lidiar con alguien así, lo mejor es buscar la manera de hacerlo de manera inteligente. Al fin y al cabo, las personas tóxicas siempre encuentran el modo de desparramar su negatividad, contagiando a los demás, creando mal ambiente, arruinando el momento.

Las personas tóxicas desafían la lógica de las relaciones personales. De hecho algunos, aunque inconscientemente en la mayoría de ocasiones, son felices creando un impacto negativo en los demás. Otros obtienen satisfacción creando el caos llegando a la fibra sensible de otras personas. De cualquier manera, las personas tóxicas crean innecesariamente complejidad, conflictos y estrés.

“Las personas tóxicas se adhieren como bloques de hormigón atados a sus tobillos, y luego invitan a nadar en sus aguas envenenadas”.
-John Mark Green-

Ante la gente tóxica, inteligencia emocional

Hace ya mucho tiempo los estudios demostraron que el estrés puede tener un impacto irreversible y negativo en el cerebro. Aunque solo sea durante unos pocos días, la exposición al estrés compromete la eficacia de las neuronas en el hipocampo, un importante área del cerebro responsable del razonamiento y la memoria. Si el estrés dura varias semanas termina dañando las dendritas neuronales (los pequeños “brazos” que las células cerebrales utilizan para comunicarse entre sí). Si se prolonga varios meses, el estrés pueden destruir neuronas permanentemente.

Una investigación reciente del Departamento de Psicología Biológica y Clínica de la Universidad Friedrich Schiller de Alemania encontró que la exposición a estímulos que causan fuertes emociones negativas -el mismo tipo de exposición que se obtiene al tratar con personas tóxicas- causó que el cerebro de los sujetos tuviera una respuesta masiva al estrés.

Así, ya sea a través de la negatividad, la crueldad o el victimismo (entre otras estrategias),las personas tóxicas provocan en el cerebro de los demás un estado de estrés que requiere de una gestión emocional inteligente para desaparecer.

La clave para actuar de manera inteligente ante comportamiento tóxicos es cultivar la capacidad de manejar tus emociones y de mantener la calma bajo presión. De hecho, una de las mayores cualidades de las personas que saben gestionar el estrés es su capacidad de neutralizar a los efectos de las personas tóxicas.

“Desprecia la opinión de la gente tóxica, sé libre de los críticos y serás libre de cada una de sus palabras y de sus acciones. No idealices. No esperes nada de nadie”.
-Bernardo Stamateas-

Ignora a la gente tóxica que busca tu atención

La gente tóxica no lleva un distintivo que permita identificarla. Sin embargo, todos sabemos bien quiénes a nuestro alrededor son una fuente de conflictos y malestar. Sabemos el daño que pueden llegar a causar. También sabemos por dónde nos atacan. Sabes quién te busca, y sabes también que te encuentra. Y cuando te encuentra, ahí mismo, en ese mismo lugar sabes que estás perdido.

Si, por el motivo que sea, no puedes evitar a esa persona tóxica, intenta no caer en su red. Ignórala. Sabes que va a buscar tu atención, que ta va a provocar. No te dejes enredar. Que no te encuentre. No te dejes provocar por sus interrupciones, sus comentarios o sus acciones. Sé benévolo. Sé paciente. Préstale la menor atención posible. Múerdete la lengua si hace falta para no hacer que su veneno forme parte de ti. Sé asertivo si ha llegado el momento de marcar un límite.

“Comparte solo con personas que te pueden ayudar con información y apoyo. Cuando encuentres a gente negativa, cierra la boca”.
-Israelmore Ayivo-

No asumas un comportamiento tóxico: evita el contagio

La característica principal de lo tóxico es que se contagia. Eso mismo ocurre con la gente tóxica: contagia su actitud. Si respondes con un comportamiento tóxico habrás perdido la batalla. Aunque esa persona tóxica consiga pulsar tu botón de “sentirte culpable” no está todo perdido. Mantener la serenidad ante su peor veneno, la inoculación de la culpa, es posible.

Que sea posible, no significa que sea fácil ignorar las llamadas de atención de una persona tóxica. De hecho, una estrategia habitual de la gente tóxica es ridiculizar a su objetivo en público cuando no consigue un enfrentamiento directo, si es que no ha optado por este camino primero. Por eso, mantener el control de las emociones es primordial ante una situación así.

Por otro lado, mantener una distancia emocional requiere conciencia. No siempre puedes impedir que alguien pulse tus botones sensibles. Cuando esto suceda tendrás que superar tus miedos y tus complejos y seguir adelante. En cierto modo, es mejor ignorar lo sucedido, puesto que de ese modo será más sencillo controlar tus emociones. Sin embargo, hay otra opción: defender tus límites.

“El descalificador tiene como objetivo controlar nuestra autoestima, hacernos sentir nada ante los demás, para que de esta forma él pueda brillar y ser el centro del universo”.
-Bernardo Stamateas-

Marca y defiende tus límites

Debes saber que el ataque de una persona tóxica no socava tu dignidad. De hecho, tu dignidad puede ser atacada y ridiculizada, pero nunca puedes perderla a no ser que la entregues de forma voluntaria. Por lo tanto, no tienes de defenderte de sus argumentos, sino dejar claros los límites.

No ofende quien quiere, sino quien puede. Si te pones a la defensiva le estás demostrando que puede ofenderte. Si marcas los límites le estás dejando claro que no puede atacarte.

Ante una persona tóxica no valen razonamientos ni explicaciones. Hay que dejar las cosas claras, con mano izquierda pero tacto firme, dejando clara tu autoridad en aquellas decisiones sobre las que tienes derecho y, al msimo tiempo, responsabilidad.

Ten en cuenta que para establecer un límite tendrás que hacerlo de manera consciente y proactiva. Si dejas que las cosas sucedan naturalmente, te verás obligado a encontrarte constantemente envuelto en conversaciones difíciles. Si estableces límites podrás controlar gran parte del caos provocado por una persona tóxica.

Practicar la compasión práctica

Como hemos visto, ante una persona tóxica podemos tomar una actitud de ataque, una posición defensiva o, simplemente, ignorarla. Pero no siempre es necesario hacer esto. De hecho, a veces tiene sentido ser simpático con las personas tóxicas. Tal vez estén pasando por un momento difícil, por una situación emocional que no saben gestionar con eficacia.

Por desgracia, el comportamiento tóxico es, con frecuencia, una manera de enfrentarse a una situación personal difícil. Cierto, no es justo que hagan cargar a los demás con su dolor. Tampoco hay alivio personal haciendo que los demás se sientan mal. Sin embargo, en el fondo, no siempre hay maldad, rencor o ira hacia tu persona en el comportamiento tóxico de los demás.

Eso no significa que tengas que dejarlo pasar o que tengas que aceptarlo. Al fin y al cabo, cada uno tenemos nuestros propios problemas, nuestros propios demonios. Ante una situación así, enfrenta la situación con compasión, perdonando. Sin seguirle el juego y marcando límites, por supuesto, pero sin tomar demasiado en cuenta la actitud del otro, pues no es más que el reflejo de su agitada y dolorosa vida interior.

Eva Maria Rodríguez

sábado, julio 15, 2017

El viejo samurái o cómo dar respuesta adecuada a la provocación

En las frases e historias orientales encontramos una enorme sabiduría que podríamos considerar clásica porque todavía hoy, pese a los siglos que han pasado, siguen gozando del gusto de la relevancia y la pertinencia. Por eso ahora nos centramos en otra de esas bellas historias con una gran lección de vida, la del viejo samurái.



Una de las muchas fases que se le atribuyen a Buda dice que “estamos en este mundo para convivir en armonía. Quienes lo saben no luchan entre sí”. Una sabia sentencia que tal vez sea útil para saber cómo dar respuesta adecuada a una provocación. Así pues, conozcamos ya la historia del viejo samurái, muy similar en este sentido.

El viejo samurái

Cuenta la historia hace tiempo vivía en las cercanías de Tokio un viejo samurái vencedor en muchas batallas, motivo por el que era muy respetado. Sin embargo, su tiempo como luchador había pasado.

No obstante, toda su sabiduría y experiencia era aprovechada por los jóvenes, a los que el anciano guerrero enseñaba. Aun así, una leyenda pendía en torno al samurái, y es que por muchos años que hubieran pasado, podía vencer a cualquier rival, por formidable que fuera.

Un verano en su casa apareció un guerrero célebre por ser poco caballero. Su carácter provocador creaba malestar en sus adversarios, que bajaban la guardia movidos por la ira y atacaban con ceguera. Por eso se propuso vencer al viejo samurái, para incluir su fama dentro de la leyenda propia que pretendía escribir con su actitud.

Sin embargo, este guerrero de oscuras artes poco pudo hacer para provocar al anciano. Y por más que pasaban las horas, el samurái no sacó la espada, lo que hizo que su enemigo se diera por vencido y se sintiera humillado.

Pero los alumnos del anciano se sintieron muy molestos por lo que consideraban cobardía por parte de su maestro. Así pues, reprocharon al samurái que no blandiera la espada, lo que este respondió que igual que un regalo que te hacen y no aceptas pertenece a quien lo vino a entregar, también la ira, la rabia y los insultos, al no ser aceptados, son propiedad de quien los profirió. Salvo que los aceptes y los tomes como tuyos, claro.

Qué podemos aprender de la historia del viejo samurái

Como imaginas, podemos aprender valiosas lecciones de la historia de este viejo y sabio samurái. Porque en realidad, todos cargamos con insatisfacciones, ira, frustraciones, culpa y miedo. Sin embargo, eso no significa que debamos contagiar nuestra frustración a otras personas.

“Aferrarse a la ira es como agarrarse a un carbón caliente con la intención de tirárselo a alguien; tú eres el que te quemas”.
-Buda- 

No obstante, por más cargas que portemos, siempre encontramos a otras personas mucho más tóxicas que nosotros mismos. Personas destructivas que se disfrazan con la intención de ayudar para perjudicar, generar culpa, restar valor a nuestro esfuerzo y alimentar nuestros miedos e inseguridades.

Sin embargo, si somos capaces de responder, pero no de reaccionar, podríamos mantener esa serenidad que cualquier momento requiere. Es decir, que si no entramos en sus provocaciones, en aceptar sus regalos envenenados, respondiendo de forma consciente y evitando sus presentes tóxicos, evitaremos el contagio de su veneno.

Aprendamos a responder de forma consciente

Si aprendemos a responder de forma consciente a las provocaciones en lugar de reaccionar casi como resortes, será más difícil que nos ofendan. De esta forma no estamos indefensos, pues no nos sentimos atacados por necedades. Para ello es muy útil:
  • Descubrir qué nos hace reaccionar y en qué situaciones perdemos el control. Así podemos racionalizar para evitar estos estallidos.
  • Dejar atrás el pasado. Lo hecho, hecho está, pero no podemos vivir siempre con vergüenza o miedo por lo que sucedió tiempo atrás. Aprendamos para que no se repitan errores, porque ese aprendizaje es precisamente el que nos fortalece y el que nos da seguridad, pese a no haber acertado.
  • En este caso, controlar las emociones será muy útil. Si nos dejamos llevar, es fácil perder el control. Si racionalizamos, identificamos eso que nos puede hacer daño y lo racionalizamos, estaremos preparados para evitar todo tipo de toxicidad.

“Cualquier palabra debe ser elegida con cuidado por las personas que la escucharán y serán influidas para bien o para mal”
-Buda-

Un popular refrán dice que “no daña quien quiere, sino quien puede”. Así que en nuestra mano está, igual que hizo el viejo samurái, aceptar o rechazar lo que el otro pretende que asumamos como nuestro.

Pedro González Núñez

viernes, julio 14, 2017

Cómo cambiar de actitud y mejorar tu vida

Dependiendo de nuestra actitud, de nuestra disposición para enfrentar y manejar aconteceres adversos aprenderemos o sufriremos, una y otra vez. Los que aprenden se comportan como protagonistas, los otros solo son víctimas.



A las personas nos pasan cosas agradables y desagradables. Enfrentamos situaciones que podemos calificar de buenas o malas, eso es inevitable. La vida es así, un camino, un recorrido donde encontramos a nuestro paso acontecimientos que a veces nos gustan y otros que nos afectan.

La actitud hace la diferencia para disfrutar y mejorar nuestra vida, sobre todo cuando las cosas no resultan como esperábamos. ¿Ignorar, negar o culpar a otros? ¿Reconocer, aceptar y aprender? ¿Víctima o protagonista? Descubre la mejor manera de asumir la adversidad.

Depende de cómo asumes la vida

La vida puede ser un campo minado, pero también puede ser un jardín con múltiples flores. Por lo general puede ser ambas cosas. Depende de tu actitud y tu forma de asumir lo que te pasa.

La Real Academia Española nos dice que la actitud “es la disposición de ánimo manifestada de algún modo”.

Para la psicología, la actitud además de un estado mental también hace referencia al comportamiento acostumbrado de la persona, el cual se manifiesta en diferentes circunstancias. En general las actitudes determinan la vida anímica de cada quien.

Las actitudes aplicadas al estudio del carácter, se entienden como una predisposición, casi estable, para sentir y actuar de una forma determinada. Se infieren de nuestras reacciones usuales.

¿Víctima o protagonista?

Nos dice el modelo víctima protagonista que las personas tienen una tendencia a actuar de una o de otra manera. Como toda conducta aprendida, fue y está condicionada por el ambiente, pero depende de cada uno de nosotros cambiar de actitud si esta no nos favorece.

Aquellas personas con actitud de víctima están insatisfechas y a veces no lo saben. Andan por la vida con una infelicidad flotante, inasible pero persistente, en el cuestionado, aunque siempre asumido con algo o completa resignación, laberinto de la cotidianidad.

La víctima…

Quienes se asumen víctimas creen que cumplen con “algo” que a muchos les da por llamar deber, obligación o circunstancias de la vida. En su fuero interno se sienten infelices, se sienten impotentes y quisieran vivir una vida distinta, sin tanto agobio, pero están atados, sin saberlo, al pesimismo. La víctima no actúa para generar cambios. La víctima se queja porque le pasan cosas.

Asume su infelicidad como una herida que nunca llega a sanarse del todo, atada a la rutina; la queja se le ha hecho una práctica habitual porque, cualquier suceso que le saque un poco de su zona de confort, lo interpreta y asume como una adversidad.

La víctima casi necesita tener razón de que a él o a ella le pasan cosas terribles, de hecho con frecuencia encuentra un motivo para ser infeliz. Percibe cualquier problema en cuanto a sus efectos, pero no se ocupa de buscar soluciones. Usualmente siente que alguien comete injusticias contra él/ella.

Por otro lado, la víctima se maneja desde el deber ser y no se siente competente para generar cambios. Suele ser conformista. Evalúa el acontecer a través de la lupa del pesimismo. A veces se pregunta ¿por qué a mí?

Te invitamos a revisar tu actitud para asumir a consciencia, más actitudes de protagonista, a pesar de la adversidad o de que las cosas a veces no marchen como esperabas.

El primer paso hacia el cambio es el darse cuenta. ¿Te identificas con alguno de los ejemplos descritos? Cuidado, puede que estés en el camino de la víctima.

¿Te gustaría cambiar de ruta? ¿Quieres saber cómo actúan los protagonistas? ¿Cómo se enfocan en su círculo de influencia y de esta forma reducen el círculo de la preocupación? Sigue leyendo.

El protagonista…

Hoy puedes ser el protagonista, hoy es un día donde puedes actuar en la película y vivir más desde el querer, mirando la vida con optimismo y alegría. No es que al protagonista no le pasen “cosas malas”, sí le pasan; la diferencia es cómo se comporta ante esas “cosas malas”.

Alguien con una actitud de protagonista acepta el problema, sea o no su responsabilidad. Lo convierte en un desafío y supera los obstáculos. Se concentra en las cosas que sí puede hacer y sí puede cambiar. Y actúa en consecuencia.

El protagonista casi no se queja y si lo hace se apropia de su responsabilidad. Se pregunta: ¿Qué fue lo que hizo o dejó de hacer en relación al problema y qué puede hacer ahora?

Un protagonista, se involucra en lo que no funciona, en lo que no resultó como quería y busca la manera de solucionarlo. No espera que otro haga, el protagonista hace. Se atreve a retarse. Actúa de acuerdo a lo que le da sentido y significado a su vida. Enfrenta los desafíos, con coraje.

Ser protagonista se trata de tener un mayor número de experiencias óptimas, poniendo en práctica las fortalezas personales. ¡Vamos! Hoy puedes buscar activamente que tu vida valga la pena, sin desperdiciar el tiempo ni el potencial. Una vida desde el querer ser.

Abandonando la actitud de víctima, planteando más preguntas orientadas a encontrar significado en lo que te pasa y haciendo que las cosas sucedan porque lo deseas y te esfuerzas, sin dejarte llevar por la inercia de las circunstancias.

¿Y tú? ¿Cómo quieres seguir viviendo la vida? ¿Cómo víctima o como protagonista?

Phronesis

jueves, julio 13, 2017

Corazas emocionales

Una visión desde la Ecología Emocional

Si sacas lo que hay dentro de ti, lo que saques te salvará. Si no sacas lo que hay dentro de ti, lo que no saques, te destruirá. Con esta afirmación de uno de los evangelios gnósticos – Evangelio de Tomás – planteamos que somos personas libres, que podemos elegir y que, en función de nuestras elecciones, nuestra vida tenderá a la creatividad y a la expansión o bien al colapso y a la destrucción. Erich Fromm afirmó: Toda energía que no se dirige a crear, tenderá a destruir. Y este es el dilema inicial que recoge la Ecología Emocional: podemos elegir crear o elegir destruir, ser parte de la solución o formar parte del problema de la humanidad.



Somos sistemas interdependientes

La ley de la interdependencia afectiva de la Ecología Emocional afirma: “Todas las formas de vida dependen entre si”. Somos sistemas abiertos. Los seres humanos intercambiamos ideas, emociones y energía. No podemos vivir una buena vida si nos aislamos de los demás porque nuestro sistema puede colapsarse, replegarse y quedar totalmente bloqueado y sin energía.

La estrategia emocionalmente ecológica es el intercambio reequilibrante y la irradiación de energía positiva. Nos construimos a nosotros mismos en la medida en que nos relacionamos con los otros ya que nos nutrimos de la energía que irradian constantemente todos los seres vivos en un intercambio generoso y constante. A esto le llamamos solidaridad energética.

Relacionarse es exponerse… nos exponemos al amor y al odio, a la ternura y a la violencia, a ser acogidos o bien a ser rechazados, a la alegría y también al dolor. Nos arriesgamos a ser mal entendidos, pero también a ser comprendidos, a desequilibrarnos, pero también a hallar el sosiego. ¿Cómo seria posible percibir la confianza si no hemos lidiado con el miedo?

Sobre fabricar corazas, reprimir o autocontrolar

¿Por qué un sistema se cierra? ¿Por qué puede llegar a bloquearse? y ¿qué ocurre cuando esto sucede?

La estrategia de “retener” es poco adaptativa. Hay personas que intentan acaparar todo lo que les llega: posesiones, objetos, ideas y emociones, pero que no dan nada o muy poco. Su sistema se desequilibra porque se carga demasiado y no libera adecuadamente la energía.

Pongamos por ejemplo el aire que respiramos. Sabemos que lo necesitamos y que es bueno para nosotros inspirarlo – nos da el oxígeno que necesitamos para vivir. No obstante a nadie se le ocurriría solo inspirar y olvidarse de espirar, por bueno que sea el aire. El sistema respiratorio dejaría de funcionar. Es preciso soltar el aire después de haber extraído el oxígeno necesario. La doctora Pinkola-Estés afirma: Si vivimos como respiramos: tomando y soltando, no nos podremos equivocar. Pero sí que cometeremos un grave error si sólo tomamos y nos olvidamos de la solidaridad energética.

Reprimir algo es no darle la salida adecuada. No es lo mismo reprimir que fabricar corazas aunque ambas estrategias tienen relación. La persona que reprime, siente pero no se permite dar salida a su emoción. Capta y es sensible al medio, nota lo que le llega y es vulnerable. Siente dolor, siente miedo, siente ira, siente confusión, siente soledad o rechazo, pero no sabe como canalizar adecuadamente su sentir y lo retiene en su interior. Lo guarda por miedo o por analfabetismo emocional, quizás lo guarda porque no le han enseñado como gestionar adecuadamente sus emociones y tiene miedo a perderse y a perder a los que le rodean si se muestra demasiado. Fabricar corazas emocionales es un paso más que la represión. Aquí la persona ya no permite que lo de afuera entre en su interior ni que lo de dentro salga afuera. Seria un paso más de cierre, una paso más hacia el colapso del sistema ya que al dejar de recibir y emitir, esta persona puede entrar en lo que llamamos la desertización emocional, un territorio interior donde nada crece porque no se planta nada en él y donde lo que quiere crecer no puede porque no recibe ni el agua, ni la luz ni los nutrientes adecuados.

Las emociones han de fluir

Las emociones no deben retenerse, esto es peligroso. Son datos valiosos que la evolución ha puesto a nuestra disposición y deben ser atendidas y acogidas. El poeta Evtuixenko afirmaba en uno de sus poemas: La ternura puede ser letal si se esconde. A veces pensamos que sólo puede perjudicarnos la retención de emociones desequilibrantes (ira, rencor, resentimiento, rabia) pero defendemos que retener emociones como el amor, la alegría, la gratitud… perjudica nuestra vida y dificulta el crecimiento de nuestras relaciones. Expresarlas mejora el clima emocional global y promueve el bienestar y la salud de personas y colectivos.

Mercè Conangla y Jaume Soler

miércoles, julio 12, 2017

La poderosa clave del bienestar y la felicidad

El agradecimiento o gratitud es una emoción positiva que reconoce un beneficio o gracia que se ha recibido. No importa si creemos o no que merecíamos tal gesto. Lo relevante es que reconocemos que nos ha sido dado y de alguna manera queremos retribuirlo. La gratitud no solo se refiere a la expresión de dar gracias y esta varía en intensidad dependiendo de la persona.



Estar agradecido está más relacionado a un hecho particular, un favor recibido en específico. Ser agradecido es una actitud ante la vida. Por lo tanto, nos llena de paz y serenidad, nos da bienestar y nos hace más felices.

Para conectarnos con esta emoción positiva, podríamos comenzar por respondernos ¿De qué y con quiénes estamos agradecidos? ¿Hoy cuántas veces hemos agradecido? ¿A quién solemos agradecer y cómo? ¿Al final del día, recordamos cuántos actos generosos recibimos? ¿Ya expresaste tu agradecimiento por ese acto especial y voluntario que “alguien” hizo por ti? ¿O no lo expresaste porque lo diste por sentado?

La diferencia entre dar las gracias y sentir agradecimiento

Podríamos pensar que dar las gracias y tener o sentir gratitud son modos distintos de aceptar un favor de alguien. Sin embargo, hay una fina línea que los separa.

● Dar gracias

Agradecer se refiere a la expresión verbal de gratitud temporal, es un hecho inmediato atado a la educación y a la deseabilidad social. Varía desde el simple “muchas gracias”, hasta el “mil gracias” o “millones de gracias”, dependiendo de cuán expresivo sea quien recibe el favor o la importancia que este le atribuya.

Esta expresión, dependiendo de las diferencias culturales, es un acto de educación o buen hábito. Se trata de un intercambio momentáneo en el que muchos no agradecemos sino que simplemente decimos estas palabras mágicas.

● Estar agradecido

Cuando estamos agradecidos, queremos ir un poco más allá del intercambio social y mantener el vínculo con esa persona. Además, de alguna manera necesitamos retribuir el favor recibido. Intentamos mantener esa energía positiva que se da entre las personas cuando se manifiesta un gesto impulsado por la generosidad.

Usualmente cuando estamos agradecidos, nuestro gesto de agradecimiento tiene un destinatario. Queremos mantener ese contacto generoso con el otro, le damos nuestra amistad, queremos hacerle saber que estaremos cerca cuando nos necesite.

Los beneficios de dar gracias y sentir agradecimiento

Por un lado, el agradecimiento tiene un poder transformador y sanador. Está vinculado con la madurez y la salud mental, también con la humildad de quien se atreve a recibir. Estar agradecidos nos hace más sensibles con el necesitado y nos predispone a dar. En definitiva, nos hace más humanos.

Aunque puede tratarse de un sentimiento momentáneo o de una emoción más duradera. Es el famoso “estar en deuda con alguien” pero esta “deuda” es una obligación moral, desde el afecto y disposición de ayudar. Esa disposición de retribuir, alimenta nuestra generosidad, nos humaniza, descubre nuestro lado luminoso y genera bienestar.

Por otro lado, ser agradecidos es todavía una emoción más profunda, amplia y permanente. Se trata de una actitud, una disposición, una forma de conectarnos con el mundo, con las personas, con todo aquello que nos rodea, con la vida misma.

Cuando somos agradecidos desde nuestro ser lo expresamos en el hacer en todo momento. Quien tiene gratitud no necesita un gesto particular, un beneficio único, un favor en especial, porque valora y aprecia la vida misma. Agradecemos no solo lo que hacen por nosotros, también lo que hacen por nuestros seres queridos y allegados. Retribuimos.

Recibir favores no es una obligación

A veces en nuestro sistema de creencias está instaurada la idea de que todo lo que recibimos es nuestro derecho y nos lo merecemos, bien sea porque lo pagamos o porque creemos que nos viene dado por el simple hecho de existir y de estar relacionados con esa persona. Por tanto, nada o poco tenemos que agradecer. Es asumir que los demás hacen cosas por nosotros porque es su obligación.

No nos detenernos a pensar que hubo un esfuerzo, un tiempo dedicado, un acto voluntario de dar y de hacer por nosotros. Sin agradecimiento dejamos de valorar esos actos que nos hacen la vida más fácil y hermosa.

La gratitud es recordar lo bueno que hemos recibido de otros, es conectarnos con su generosidad. Es la emoción que nos da paz interior y guía nuestros actos voluntarios para ser bondadosos con el otro. Ser agradecidos es la emoción opuesta al resentimiento y la rabia. Cuando agradecemos nos vinculamos desde lo positivo, lo que nos da serenidad y conecta con nuestro lado más humano.

Phronesis

martes, julio 11, 2017

10 beneficios de la nostalgia

El tipo de nostalgia al que deseo referirme en esta ocasión, tiene que ver con el sentimiento o anhelo que aparece cuando evocamos momentos, contextos, personas, música, objetos, olores o sabores que habitan en nuestro pasado. Por los general cuando nos referimos a la nostalgia, añoranza o “saudade” hacemos una asociación con el otoño o el invierno, pues en estas épocas se suelen experimentar más añoranzas que en otras épocas del año.



Ya sea que la nostalgia aparezca con una fotografía, el recuerdo del primer amor, o un olor muy familiar; este sentimiento evoca un sentido muy personal de tiempo, espacio o lugar. Todos conocemos esa sensación: una añoranza por lo que ya no está, que aparece en tonalidades invariablemente sepia, en blanco y negro o teñida por la luz del ocaso.

Milan Kundera se refiere a esa emoción como algo prodigioso: “El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia”; y Gabriela Mistral nos muestra el deseo de regresar en el tiempo: “Quiero volver a tierras niñas; llévenme por favor a un blando país de aguas. En grandes pastos envejezca y haga al río fábula y fábula”.

Hace poco tiempo fui de visita a mi ciudad natal, Popayán (Colombia). Al pasear por sus calles coloniales busqué con la memoria los helados de paila y el salpicón de la heladería Baudilia; así como la droguería San Jorge, el Bar de la Topa – Tolondra y la librería Macondo. Todos esos negocios que frecuenté en mis épocas de estudiante ya no existen. Pero todavía viven dentro de mí y de mis imaginarios, al formar parte de mi historia.

La nostalgia se presenta en individuos pertenecientes a todas las culturas y de todos los grupos de edades. A pesar de darse en contextos culturales tan diversos, se encuentran ciertos rasgos que son comunes en la mayoría de las experiencias de este tipo.

Así pues, los pensamientos nostálgicos que experimentamos son acerca de personas muy cercanas afectivamente, un suceso relevante o un lugar que fue importante para nosotros. Además, casi siempre somos personajes relevantes en nuestras escenas nostálgicas, aunque por lo general estemos rodeados por otras personas.

Pero, la nostalgia al parecer cumple una función más allá del romanticismo. No es ninguna casualidad que acudamos a hechos del pasado para generarnos bienestar. Existe un interés científico detrás del fenómeno de la nostalgia, que la hace un objetivo de diversos trabajos de investigación.

¿De dónde proviene el término nostalgia?

El término nostalgia fue empleado por vez primera durante el siglo XVII, cuando el físico suizo Johannes Hofer decidió combinar las raíces de dos vocablos griegos: “nostos” que viene de nesthai (regreso, volver a casa) y de “algos” (sufrimiento), para describir la sensación de añoranza por el hogar que sentían los soldados suizos. Podría definirse entonces la nostalgia como el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. 

Pero como todas las cosas, el término nostalgia ha evolucionado hasta nuestros días, y es descrita en la actualidad como una condición psicológica que tiene un importante componente neurológico. El profesor de Neurociencias de la Universidad de Nueva York, Joseph LeDoux, sugiere que aunque no se conozca a fondo la llamada neurociencia de la nostalgia, al parecer está relacionada en la manera en que nuestros recuerdos y emociones se han almacenado en nuestro cerebro.

El Dr. Clay Routledge, docente de psicología en la Universidad de Dakota del Norte nos advierte cómo la nostalgia depende de la intensidad de nuestros recuerdos. Según sus propias palabras: “La nostalgia podría ser tomada como una parte de una historia más extensa que almacena cómo nuestras emociones se guardan dentro de los recuerdos, ni positivos ni negativos, simplemente complejos”.

¿Cuáles son los tipos de nostalgia?

Nostalgia sentimental o elogio al tiempo vivido

En este caso la persona se vive lamentando por las pérdidas de la vida, se la pasan comparando. Por eso se hace recurrente el recuerdo del primer amor, sobre todo si no hemos tenido buenas experiencias después. Parece que se siente cierto sosiego al regresar a esos días felices. Aunque puede tratarse de un bonito recuerdo, este se asocia a la incapacidad de volverlo a repetir.

Con la nostalgia sentimental acumulamos experiencias muy significativas y su recuerdo inesperado nos lleva a los instantes claves de éxito, espiritualidad o enamoramiento. Podríamos afirmar que este primer tipo de nostalgia es un elogio al tiempo vivido. Y es conveniente que ese elogio se haga desde el agradecimiento, la compasión y la serenidad del espíritu.

La nostalgia sentimental debería ser un elemento de equilibrio interior. Poder ver hacia atrás, lo que se ha hecho o se ha dejado de hacer, en paz y ecuanimidad. No se trata de evitar una presencia nostálgica, sino asumirla como una parte importante de la oportunidad de haber vivido instantes tan personales que han marcado nuestra ruta en la vida, e influido en lo que somos.

El mito del eterno retorno

Algunas personas viven sin desprenderse jamás de sus momentos del pasado. Viven como en un mausoleo de recuerdos. Los recuerdos son evocados adrede, viven la vida a través de fotos o videos, no los dejan de lado en ninguna conversación (…éramos tan felices, no había mejor pareja que nosotros, ¿recuerdas el día que…?) Es una forma de quedarse atascado dentro del túnel del tiempo, evitando a toda costa enfrentar la realidad inmediata, tal vez más complicada y poco satisfactoria que el periodo de vida que se recuerda.

Obviamente, esto es una trampa mentirosa, una comparación injusta, porque probablemente aquellos días no eran tan maravillosos, ni el presente es tan horrendo. Infortunadamente ocurre, que al creer con tanta convicción en los recuerdos del pasado, todo lo bueno que pueda ocurrir en el momento presente será subvalorado para no estropear el recuerdo de felicidad que se tiene.

Cuando vivimos de tal manera que “todo era mejor en el pasado” tendremos un problema existencial. Un inconformismo, una comparación constante, una devaluación de cuánto tenemos. No habrá un equilibrio entre el pasado experimentado y el aquí y el ahora. Aquí la nostalgia genera tristeza, frustración y sensación de pérdida continua.

Una obsesión de regreso carcome por dentro e impide avanzar. Este tipo de nostalgia se puede convertir en un resguardo adictivo al que se vuelve de manera incesante a través de fotografías, cartas, objetos; y se vuelve finalmente en un confinamiento personal para llenar los vacíos personales del presente. Y eso, no es bueno. 

Como bien dice la psicóloga Valeria Sabater: “El pasado nos debe servir como trampolín para nuestra realidad y no como una ventana donde quedarnos asomados diariamente, ahí donde perdernos a nosotros mismos y con riesgo de caer finalmente en una depresión”.

El regreso a casa

Con este tipo de nostalgia la persona anda buscando de manera constante la manera de regresar a su casa como un símbolo de encuentro con la paz interior. A menudo esa paz o sosiego también se encuentra en el regreso a los contextos que nos construyeron durante la infancia y la adolescencia.

De esta manera, los lugares, sus habitantes, sus calles, sus iglesias y colegios conforman un collage de paisajes, olores, imágenes, secuencias de nuestro paso por allí anclados con fuerza a nuestro repertorio de emociones. Es por esto que muchas personas, cuando llega la hora de jubilarse, prefieren regresar a sus lugares de origen y reencontrarse con esas viejas emociones. Por otra parte se busca la serenidad y la familiaridad.

Luc Ferry, un filósofo francés, etiqueta de cosmológica este tipo de nostalgia y tiene que ver con reconciliarse con el yo que ya no existe.

Nostalgia Histórica

El anhelo de escapar en un mundo de imaginarios, un mundo idealizado de una época anterior (incluso antes de nuestro nacimiento), representa según la Dra. Krystine Batcho un tipo diferente e independiente de nostalgia denominada Nostalgia histórica.

Dicha nostalgia histórica es a menudo concurrente con una enorme insatisfacción con el tiempo presente y una preferencia por las cosas y situaciones como estaban hace mucho tiempo. A diferencia de la nostalgia personal, alguien con nostalgia histórica podría tener una perspectiva bastante cínica del mundo, marcada por el dolor, el trauma, el arrepentimiento o experiencias desagradables en la infancia.

No obstante, desde el punto de vista del tratamiento psicológico, los informes sugieren que la nostalgia personal puede ser utilizada terapéuticamente para ayudar a los individuos que se mueven más allá de un traumatismo en las secuelas de la violencia, el exilio o la pérdida. Al mismo tiempo, una persona que ha sufrido un trauma, sin el tratamiento adecuado, podría llegar a ser subsumido por una forma maligna de nostalgia que conduce a un anhelo perpetuo a volver al pasado.

¿Para qué nos puede ayudar la nostalgia?

* Puede promover nuestra salud psicológica al estimular la aparición de emociones positivas, mejorar la autoestima y tener la sensación de sentirnos amados y protegidos.

* La nostalgia contrarresta los efectos nocivos de la soledad al incrementar la percepción de apoyo social.

* Refuerza vínculos entre el pasado y el presente. Es decir, la nostalgia puede procurarnos una visión positiva del pasado y esto, a su vez, podría ofrecernos la posibilidad de desplegar un mayor sentido de continuidad y darle un mayor sentido a nuestras vidas. La nostalgia se ha visto como un recurso interesante para “generar significados en la vida”. Así que la nostalgia puede actuar como un almacén de emociones positivas en nuestra memoria, al cual tenemos la posibilidad de acceder conscientemente y recurrir de manera frecuente para fortalecer nuestras emociones y estabilizarnos por dentro. Los profundos sentimientos sobre el pasado que revivimos nos ayudarían a enfrentar mejor el futuro.

* En los ancianos, que son más vulnerables al aislamiento social, la nostalgia puede ayudarles mucho a manejar los sentimientos de soledad. Recordemos esa frase tan popular: “recordar es vivir”.

* Una serie de estudios realizados por el psicólogo Constantine Sedikides sugieren que la nostalgia puede actuar como un recurso al cual recurrimos para conectarnos con otras personas o eventos, para poder avanzar con menos miedo y objetivos más claros.

* La nostalgia nos ayuda a acordarnos de aquella persona que fuimos y poder contrastarlo con la que somos en la actualidad. El sentimiento de nostalgia o añoranza no deja de ser una pérdida por un yo que existió y que se ha transformado irremediablemente con el paso del tiempo y los acontecimientos. La añoranza se entromete a veces en nuestra cotidianidad y generalmente le damos su espacio para poder viajar con ella en el tiempo. No obstante, poco tiempo después (en la mayoría de los casos) regresamos de nuevo a lidiar con el presente, a enfrentar nuestra vida actual, que puede percibir con serenidad que la existencia es un fluir continuo.

* Los recuerdos nostálgicos tienden a centrarse en nuestras relaciones satisfactorias de antaño y esto nos puede ayudar a superar momentos difíciles. El recordar que hemos podido experimentar en algún momento el amor incondicional como niños nos puede dar seguridad en el presente, principalmente durante épocas de crisis. Estos buenos recuerdos podrían alimentar el valor para afrontar nuestros miedos, tomar algunos riesgos razonables y hacer frente a los retos. En lugar de dejarnos en un limbo del pasado, la nostalgia puede ayudarnos a liberarnos de la adversidad, promoviendo nuestro desarrollo personal. Las personas que tienen una mayor propensión a la nostalgia suelen ser más capaces de hacer frente a la adversidad y están más dispuestos a buscar apoyo emocional, asesoramiento y ayuda práctica a los demás. También tienen una mayor tendencia a evitar las distracciones que les impiden hacer frente a sus problemas y resolver dificultades.

* El revivir buenos momentos puede ser bueno para tratar determinados trastornos del estado de ánimo, promoviendo emociones positivas y anulando las negativas.

* La nostalgia puede ayudar a disminuir el impacto de los sentimientos negativos sobre la propia muerte.

* Un equipo de investigadores de la Universidad de Southampton ha demostrado que la nostalgia también nos reporta un confort a nivel físico haciéndonos sentir más tolerantes e incluso aumentando nuestra percepción de calor. La nostalgia tiene una función homeostática que le permite a nuestra mente regresar a esos momentos de alegría para producir una sensación de confort, no solo mental sino también físico. Esta idea fue “confirmada” a partir de técnicas de neuroimagen en las cuáles se ha visto que la nostalgia provoca una activación del córtex insular anterior, una zona involucrada en la representación fisiológica del cuerpo y en la conciencia emocional.

Para finalizar, es importante señalar que cuando nos centramos en nuestras propias experiencias de vida -volver a rebuscar en nuestra mochila de recuerdos- la nostalgia es una herramienta útil. Es una manera de aprovechar el pasado internamente para soportar el cambio y crear esperanza para el futuro. La nostalgia puede ayudarnos a tener presente lo que fuimos, lo que disfrutamos y lo que experimentamos, para luego obtener un buen aprendizaje de nuestros recuerdos nostálgicos. La nostalgia debe ser algo que forme parte de nuestro archivo personal, ahí donde poder volver de vez en cuando, pero no debe convertirse en nuestra razón para vivir. Los recuerdos y los instantes fluyen, intentar retenerlos además de necio, se convierte en una verdadera pérdida de tiempo.

Dra. Iris Luna