Logo

Logo

jueves, junio 22, 2017

El poder de una sonrisa

Sonrío y me siento bien, hago sonreír y me hace feliz. Cuando sonrío es posible que me sienta menos estresada. Cuando sonrío también siento que si tenía algo de dolor, lo puedo soportar ahora mejor. Una sonrisa me hace sentir relajada y distraída.



¿Será entonces verdad eso que dicen que reír alarga la vida? Sí, algo de verdad hay en ello… ¿Y sabes por qué? Porque si mi cerebro ríe, libera endorfinas. La liberación de endorfinas está presente en todos los estados de ánimo positivo y una de las responsables más importantes de la sensación de placer o de que el cerebro nos anestesie con rapidez cuando sufrimos un daño.

Además, cuando nos reímos reducimos la liberación de cortisol, la hormona del estrés; para compensarlo, el cerebro libera dopamina, una sustancia que se asocia con emociones positivas. Con la risa logramos también liberar energía negativa del cuerpo, tal y como nos contó Freud.

Quiero seguir convenciéndote para que no pierdas la sonrisa, así que te contaré que cuando activas los músculos faciales encargados de la risa tu cerebro comienzo a liberar inmediatamente dopamina y endorfinas, aunque la sonrisa no sea espontánea. Este último matiz es muy importante, ya que implica que cambiando nuestra gestualización de manera consciente podemos también cambiar nuestro estado de ánimo.

Por otro lado, ¿qué ocurrirá entonces si me hacen reír? Pues que tu cerebro se oxigenará y tu sistema límbico se activará y con ello facilitará las funciones de retención de memoria. Así, no olvides hacer reír antes de contar algo que quieras que alguien recuerde. Su cerebro estará más preparado para codificar, retener y recuperar esa información.
“Una sonrisa cuesta poco pero vale mucho. Quien la da es feliz y quien la recibe la agradece. Dura solo un instante y su recuerdo, a veces, perdura toda una vida”
-Mariano Aguirre-

Efectos sociales de la risa

Después de haber visto cómo funciona mi cerebro cuando me estoy riendo, vamos a ver qué ocurre en los demás cuando les obsequio con mi sonrisa. Lo cierto es que la sonrisa nos hace más atractivos; alguien sonriente siempre va a ofrecer una compañía más deseable que alguien que no sonría o que frunza el ceño nada más conocer a otra persona.

La risa proyecta una imagen de mí mismo de seguridad y estima, genera más confianza e invita a que los demás se acerquen a ti. Así, cuando sonrío me siento más optimista y puedo generar una mejor versión de mí, una versión que luego trasladaré -y contagiaré- al exterior.

La sonrisa tiene el poder de generar sonrisas en los demás gracias a nuestras “neuronas espejo“. Estas neuronas se encargan de imitar de forma innata aquello que vemos del exterior. Por eso a veces cuando oímos o vemos a alguien con un ataque de risa, nos ponemos a hacer lo mismo sin saber porque, nos contagiamos de su energía positiva.

El humor y la risa pueden darnos un nuevo enfoque sobre las situaciones en las que nos encontramos, ya que activan nuestra corteza prefrontal. Este área se encarga de las funciones humanas más desarrolladas, como la creatividad, la perseverancia, el pensamiento más flexible y la organización. Así lo demuestra un estudio realizado en 2010 sobre la risa y el cerebro.

Rodéate de personas que te hagan reír

Conociendo ahora todos los beneficios de la risa buscaré a personas que me hagan reír, buscaré gente optimista y con la sonrisa en la cara. Voy a rodearme de gente que me transmita energía y buen humor. Voy a buscar gente que sepa reírse de sus problemas, que vea un lado cómico a las situaciones y sobre todo que sepa reírse de sí misma. Quiero gente que desprenda sonrisas y que las contagie.

Me comprometo yo también a transmitir todo esto, a hacer reír, a repartir dopamina, a reducir el cortisol, a aumentar las endorfinas y a activar tus neuronas espejo. Me comprometo porque quiero verte reír, porque el humor ayuda a superar las adversidades y ver un poco más de luz al final de cualquier túnel. Quiero que sea así, porque quizás cuando ya no me quede nada más por aportar, te daré una buena sesión de risas… y si con ello puedo ayudarte, ten por seguro que lo haré.

Adriana Díez

miércoles, junio 21, 2017

5 razones para quererte tal y como eres

¿Cuándo fue la última vez que te comparaste con alguien? Seguro que no hace mucho. Vivimos en una sociedad que nos invita a compararnos con los demás, pero no solo eso, también nos invita a depender de la aprobación externa para sentirnos bien con lo que hacemos o decidimos. Sin embargo, todo esto está minando poco a poco nuestra autoestima.



Querernos tal y como somos no implica que renunciemos a mejorar, más bien entraña que entendamos y sintamos que tenemos un valor ahora, en el presente, por encima de nuestras potencialidades. La comparación en este sentido nos puede dar información, incluso motivación, pero se convierte en negativa cuando la practicamos con demasiada frecuencia, se transforma en una fuente de insatisfacción permanente o alimenta la envidia.
“Hay que saber quererse, quererse bien, y más, cada día un poco más”
-Noche de letras-

1.Utilicemos nuestros propios recursos para alcanzar lo que queremos

Resulta irónico que siempre nos quedemos con la boca abierta ante esas personas que tienen una fuerte personalidad, que son muy originales, que destacan porque no se esconden ni pretenden convertirse en quienes no son. Curiosamente admiramos esa cualidad en ellas, sin embargo no reparamos en que nuestras cualidades quizás son otras y que solo aplicándolas de una manera distinta podemos conseguir el efecto que deseamos. No puedes ser natural como lo es otro.

Observemos a los demás como una fuente de inspiración. Nos pueden dar ideas, incluso podemos imitar parte del camino, pero con nuestra manera de caminar y parando en función de nuestras necesidades. No eres como los demás y eso ¡es positivo! Deja de esconder todo lo que te hace diferente por miedo, vergüenza e inseguridades varias y prueba a quererte tal y como eres. Conviértete en ti mismo.

2. Por mucho que nos comparemos, nunca lograremos ser otra persona

Por muchas comparaciones que hagamos y que nos inviten a sufrir constantemente, si lo pensamos nunca podremos convertirnos en otra persona. Tú tienes otra vida, gozas de otras experiencias y eres muy diferente en muchos aspectos. Aunque finjas, tu personalidad no podrá ser la misma que la de los demás.

Dejemos de ver tus deseos frustrados, de golpearnos una y otra vez contra esa pared que nunca se va a mover. Es difícil porque a nuestro alrededor muchas personas nos estarán comparando con otras, pero ¡es que nosotros no somos ellas!

Cuando tengamos claro que por mucho que nos comparemos no lograremos lo que tanto anhelamos, volvamos al punto anterior y empecemos a dar nuestros primeros pasos para querernos tal y como somos. Somos especiales, únicos. ¿Por qué querríamos perder todo esto? No tiene sentido…

3. Aceptemos las luces y también las sombras

Nadie es perfecto y nosotros tampoco. Sin embargo, a veces creemos percibir de forma errónea que los demás sí lo son, cuando no es así. pensemos en las veces que hemos aguantado las lágrimas hasta que hemos estado solos, por no mostrarnos vulnerables. Así, los demás pueden tener la sensación de que estamos bien, cuando en realidad nos derrumbamos constantemente y será mucho más complicado que nos brinden su ayuda.
“El ojo siempre es atraído por la luz, pero las sombras tienen mucho más que contar”
-Gregory Maguire-

Esto es lo mismo que les puede pasar a todos aquellos que vemos. Porque cada persona tiene sus luces, pero también sus sombras. Quererte tal y como eres te enseñará a aceptarte, a no recriminarte por no ser una persona perfecta, a permitirte cometer errores. Quererte tal y como eres te libera.

4. Incorpora tus propios valores

Cuando eres pequeño adoptas los valores de las personas más cercanas a ti, por ejemplo tus padres. No obstante, estos no son tuyos aunque los hayas adoptado como tales. ¿Cómo te puedes dar cuenta? Cuando se contradicen a lo que haces en tu vida.

Por ejemplo, puedes ser muy impuntual, sin embargo tienes el valor de la puntualidad. También puede que sigas viviendo en casa de tus padres con 30 años, pero tienes unos grandes deseos de independizarte. Cuando sientes que dos fuerzas opuestas tiran de ti, hay valores en ti que no son tuyos.

Tomar conciencia de esto te permitirá incorporar tus propios valores y desprenderte de aquellos que no te pertenecen sin sentirte mal. Porque no todos tenemos los mismos. Así empezarás a hacer lo que tú quieres y no lo que los demás quieren que hagas. No es necesario ser igual a nadie, ni siquiera a los miembros de tu familia. Eres diferente, no lo olvides.

5. Querernos nos dará la oportunidad de querer a los demás

Si no te quieres tal y como eres ¿podrás hacer lo propio con los demás? Este es un gran engaño, al igual que cuando pensamos que podemos amar, valorar o ser sinceros con alguien si no lo somos con nosotros mismos.

Para poder ofrecer algo a los demás, primero tenemos que empezar por nosotros. Así, por ejemplo, si nos queremos tal y como somos, seremos mucho más tolerantes con la forma de ser y de pensar que van a tener los demás, algo muy positivo y que será devuelto nuestro a favor.
“Cuanto menos nos aceptamos, más necesitamos la aceptación de los demás”
-Alfredo Hoffman-

¿Quieres aportar alguna otra razón para quererte tal y como eres? Como puedes comprobar, hacerlo nos liberará de mucho sufrimiento, un sufrimiento que no hemos escogido y que de alguna manera hemos alimentado. Tratándonos con dureza, castigándonos de manera severa por nuestros fallos y omitiendo la buena costumbre de compensarnos por nuestros aciertos.

A veces es difícil tomar una nueva perspectiva de las cosas, especialmente cuando todo nuestro entorno sigue anclado en esa visión tanto nos dolía, que tanto minó nuestra autoestima. Sin embargo, cuando nos aceptemos, nos daremos cuenta de lo fuerte que somos y de que habrá muy pocas circunstancias que puedan quebrar nuestra voluntad. Quererte tal y como eres es un gran paso para sentirte libre y lleno de un gran bienestar. ¿A qué estás esperando?

Raquel Lemos Rodríguez

martes, junio 20, 2017

5 “hábitos” de las personas con ansiedad

Existen partes de tu personalidad que realmente no lo son, son actitudes o “hábitos” que aparecen y se mantienen como consecuencia de la ansiedad y que tienden a mezclarse con tu verdadera personalidad. Esta mezcla puede ser peligrosa e incluso puede hacerte parecer raro o descortés, haciéndote la vida más difícil cuando otras personas te juzgan basándose en esas acciones, sin llegar verdaderamente a conocer lo que esta dentro de tu cabeza.



A continuación te propongo un análisis de estos hábitos. Lo hago porque conocerlos puede ayudarnos a manejar mejor nuestra ansiedad y nuestras emociones, a sacar lo mejor de nosotros y a mostrar nuestra verdadera personalidad.

“El temor agudiza los sentidos, la ansiedad los paraliza”
-Kurt Goldstein-

1.- Disculparse por todo

Las personas con ansiedad tienen la sensación de que siempre están incomodando a los demás o que por el contrario tienen que satisfacer a los demás constantemente y por ello se disculpan por todo. Se disculpan por todo y por nada, constantemente y parece que es un habito que no pueden controlar.

La verdadera incomodidad de las otras personas viene de este habito, que como muchos hábitos, son poco sanos y molestos. Es incomodo no saber que contestar a una persona que se disculpa por algo sin importancia, incluso, por situaciones cotidianas que salen de su control.

2.- Tomárselo todo de manera muy personal

Este habito va bastante ligado al anterior. Cuando se les dice algo o se les señala cualquier cosa, le dan muchas vueltas. Pueden pensar en ello durante todo un día y a todas horas, expandiéndolo tanto que, por más pequeño que sea, termina por ser intrusivo y molesto… cuando solo era un comentario inocente. Nada más allá.

Esto tiende a degenerar en un circulo vicioso. Están ansiosos y nerviosos por ese comentario y darle vueltas solo contribuye a que esa ansiedad se mantenga en el tiempo. Para espantar a estos pensamientos pueden optar un engalanamiento de conductas, como el agradecimiento o la disculpa. Algo, que a su vez, puede hacerles sentir ridículos y más ansiosos.

“La preocupación no elimina el dolor del mañana, sino que elimina la fuerza del hoy”.
-Corrie ten Boom-

3.- Abandonar sitios o dejar conversaciones a la mitad

Muchas veces la ansiedad puede con lo mejor de las personas y genera en ellas un habito evitación o huida cuando sienten una amenaza, que la situación les sobrepase. Otra de las consecuencias de la ansiedad es que produce que la persona se centre en ella y en aquello que le causa esa ansiedad, abstrayéndose por completo del resto de estímulos de su entorno, como puede ser una conversación.

No es que las personas no aprecien la compañía. Es solo que la ansiedad las sobrepasa y la mejor solución que encuentran es la de abandonar el sitio o pensar en otra cosa, aunque esto proyecte la imagen de que son personas maleducadas.

4.- Fantasear y pensar en el peor escenario posible

Este es un habito que más ansiedad. Aunque en determinados momentos de nuestras vidas o en determinadas situaciones todos hemos pensado en el peor escenario posible, las personas con ansiedad tienen el habito de sobreestimar la probabilidad de los peores escenarios posibles. Estar situados constantemente en lo peor puede acarrear consecuencias físicas y psíquicas, cansancio crónico y cuando se trata de las personas dificultar mucho las relaciones.

Creen que anticipándose al futuro los protege y previene la ansiedad, pero es al revés, genera mas miedo, incertidumbre y potencia la ansiedad porque se centran solo en lo malo, no disfrutan de nada y aquel escenario malo termina, muchas veces, haciéndose realidad.

Podemos mirar las situaciones con cautela y evaluarlas lo máximo posible, pero tenemos que tener claro que no podemos predecir el futuro ni saber que va a pasar y que evitar las situaciones no nos protege de ellas solo nos limita para disfrutar de las cosas, las personas y la vida.

“Cada mañana tiene dos asas, podemos tomar el día por el asa de la ansiedad o por el asa de la fe”.
-Henry Ward Beecher-

5.- Tardar mucho tiempo en tomar decisiones

Las personas con ansiedad tienden a analizar las situaciones hasta el más mínimo detalle, lo que hace casi imposible que tomen una decisión. Esto incluso si es una decisión simple y donde no hay decisiones buenas o malas, como por ejemplo, que ponerse ese día o que comer. Este “habito” no solo puede afectar a estas personas, puede afectarlos en sus trabajos, en su pareja o con sus hijos.

Tomar decisiones puede generar ansiedad a cualquiera, todos tenemos miedo a equivocarnos, pero, el habito de sobre-analizar las cosas al mínimo detalle y evitar tomar decisiones tiende a generar mas ansiedad que decidir, tal vez equivocarse y rectificar.

No podemos escapar ni delegar muchas de las decisiones que afrontamos. Decidir es así un acto cotidiano cuyo resultado va a estar mediado por diferentes variables. Algunas de ellas no las controlaremos, como la suerte, pero habrá otras que sí, como la actitud, y es en ellas en las que tenemos que enfocar nuestro trabajo.

Los malos hábitos generan y alimentan la ansiedad

Lo que he pretendido mostrar con este artículo es que, en ocasiones, los malos hábitos de las personas ansiosas pueden generarles más ansiedad. Así, igual que conocer las situaciones es el primer paso para poder evitarlas, también puede servir hablar abiertamente de esta ansiedad cuando nos aborde, de manera que los demás nos puedan ayudar.

Así, otro elemento importante ante estas situaciones y hábitos es que no es necesario que se afronten en soledad. Las personas con ansiedad, como muchas otras personas, creen que nadie les puede ayudar con sus problemas o les causa apuro pedir ayuda. Nada más lejos de la realidad, compartiendo como nos sentimos evitaremos que los demás hagan hipótesis equivocadas sobre lo que nos ocurre y facilitaremos que se muestren comprensivos.

Anet Diner Gutverg

lunes, junio 19, 2017

¿Conoces el sorprendente origen del Mindfulness?

¿Te has preguntado alguna vez cuál es el origen del Mindfulness? Hablamos de una herramienta o un conjunto de herramientas que están de actualidad por lo sencillas que son de comprender, por el relato que hacen las personas que las utilizan y porque tienen un elemento práctico muy poderoso. Así, es raro que pases por un librería y no encuentres la palabra “Mindfulness” en alguno de los libros del escaparate.


Sin embargo, esta técnica que promueve la consciencia plena de cuanto estamos haciendo dista mucho de ser moderna por mucho que le hayamos dado una capa de evolución que la actualiza a las particularidades de nuestros tiempos. Para conocer sus orígenes viajaremos varios siglos atrás en el tiempo.

El origen del Mindfulness

Dicen que todas las modas vuelven. Aun así, no se puede decir que el Mindfulness sea una moda, pero sí es curioso lo mucho que se ha hablado en los últimos tiempos de una técnica casi trimilenaria. Peculiar, ¿no crees?

Se considera que el Mindfulness tiene su origen en Kapilavastu, lugar que hoy día es frontera entre la India y Nepal. Allí, donde tantas enseñanzas orientales sobre el hombre y la consciencia han tomado forma para después propagarse por todo el planeta, parece que surgió esta práctica.

Pero lo más curioso es que el Mindfulness nació del ambiente palaciego de hace unos 2500 años. En este lugar un hombre, descendiente de Suddhodana, rey de los Sakya, llamado Siddharta Gautama, constituye la primera referencia histórica con la que hoy contamos.

Primeros pasos de Siddharta durante el origen del Mindfulness

Siddharta terminó por ser un hombre hastiado de su vida acomodada y rutinaria. Así pues, también acabó por sentirse cansado del sufrimiento que le rodeaba. De este modo, decidió entregar su existencia a un ascetismo realmente riguroso.

Siddharta comenzó una vida de intensa meditación, pero no encontró en ella el aliento que necesitaba. La búsqueda de vías de escape para el estado emocional en el que se encontraba le llevó una noche a sentarse bajo la higuera sagrada en Uruvela, en la orilla de un río afluente del Ganges. Y ahí fue donde se prometió que no se movería hasta encontrar el conocimiento verdadero.

Pero curiosamente, esa misma noche recibió una revelación. Para alcanzarla tuvo que superar las tentaciones enviadas por el dios Mara, que trató de embaucarle de todas las formas posibles para que desistiera de su propósito. Así es como pasó a ser conocido como Buda, es decir, el Iluminado.

“Camina como si estuvieras besando la tierra con tus pies”
-Thich Nhat Hanh-

¿Es real el origen del Mindfulness?

En realidad, esta historia puede tener más de novela que de realidad. De hecho, Siddharta, o Buda, como le queramos llamar, no dejó documento alguno escrito. Sin embargo, la esencia de su pensamiento y filosofía sobrevivió y se trasmitió de boca en boca y ha llegado hasta nuestros días.

Este personaje, al que acompaña un relato tan curioso, enfatizando en la experiencia propia como fuente de conocimiento encontró una serie de fundamentos que se pueden considerar como sólidos. Dichos fundamentos han dado paso al Mindfulness y se articularían en los siguientes puntos:
  • Durante cada momento de nuestra vida hemos de ser plenamente conscientes y vivir la estancia en el presente.
  • Acoger cuanto surja de la experiencia propia, ya sea negativo o positivo, con amor y sin entrar en juicios.
  • Mantener el corazón abierto para ser nuestros mejores amigos y dejar que surja la compasión por cuanto nos rodea.
Estos tres puntos constituirían la base y el origen del Mindfulness, además de la esencia del caminar por nuestra existencia. Darían paso a una forma renovada de conectar a nuestros sentidos con nuestras emociones, de estar y ser plenamente conscientes y de actuar conforme al lugar y las circunstancias en las que nos encontremos en cada momento. Posteriormente, un maestro budista tibetano, Chogyäm Trunga Rinpoche, huido de la invasión y represión china, se dedicó a estudiar las miradas que el ser humano occidental tenía sobre el mundo.

“La peor agresión a nosotros mismos, la peor de todas, es permanecer ignorante por no tener el valor y el respeto tratarnos a nosotros mismos con honestidad y ternura”
-Pema Chödrön-

De esta forma, Rinpoche vaticinó que el budismo llegaría a Occidente en forma de psicología. Más tarde sería el doctor Jon Kabat-Zinn, durante los años 60, recogió el guante y usó la técnica del Mindfulness para mejorar la vida de los pacientes que pasaban por la Clínica de Reducción del Estrés del Centro Médico de la Universidad de Massachusetts.

Así que de estos ancestrales orígenes nos llega hoy con más fuerza que nunca la práctica del Mindfulness. Pura filosofía budista adaptada al mundo occidental que poco a poco, y por una demanda social, se está consolidando como una de las herramientas con más aceptación para mejorar nuestra actividad mental.

Pedro González Núñez

domingo, junio 18, 2017

Hay quien discute por todo y quien te hace reír con todo

Hay quien tiene el arte de desenredar el nudo de toda dificultad y de hacerte reír hasta que te duela el estómago. Lo hacen porque sí, porque la vida para esa persona tiene música, tiene rima y es sencilla. En cambio, otros discuten por nada y se ofuscan por todo, solo ven muros donde otros vemos puentes, traen tormentas en días de calma y enfados sin sentido que gestan distancias.



¿Por qué son tan complejas las relaciones humanas? Podríamos decir aquello tan manido de que en nuestro día a día, siempre será mejor evitar a quienes gustan de alterar nuestro equilibrio psicológico para quedarnos solo con quienes nos regalan alegrías. Sin embargo, este principio de salud elemental no siempre puede cumplirse, porque para convivir hay que saber entender perspectivas ajenas y ante todo, hay que aprender a sobrevivir en todo escenario, esté habitado por seres nobles o dragones iracundos.

“La vida hay que tomarla con amor y con humor. Con amor para comprenderla y con humor para soportarla”

En ocasiones, quienes discuten por todo pueden estar atravesando un proceso depresivo. Otras veces, quienes se ríen de todo aplican en realidad un humor agresivo o incluso auto-destructivo. Todo estilo comportamental tiene sus extremos y tiene por encima de todo sus significados. Debemos entenderlos, debemos ser sabios lectores y traductores de esos mundos ajenos que orbitan a nuestro alrededor influyéndonos con sus eclipses y sus mareas…

Los que nos hacen reír por todo…. ¿son siempre personas felices?

Peter McGraw es un psicólogo de la Universidad de Colorado, famoso por haber creado el “laboratorio del humor”. En este departamento se estudia, por ejemplo, el impacto del humor como terapia y el uso de la risa como “fármaco” para mejorar la calidad de vida de enfermos crónicos o enfermos de cáncer. La ciencia apoya estas iniciativas, aunque se ha demostrado eso sí, que más que la risa, lo que mejora el día a día de estos pacientes es su actitud, su optimismo y su fuerza interna.

Asimismo, el doctor McGraw ha establecido en su teoría la diferenciación de 4 tipos de humor. Porque en ocasiones, muchas de esas personas que nos hacen reír por todo, no siempre son felices, no siempre son el reflejo de un adecuado bienestar interior. Vale la pena ahondar en estas categorías para comprender mejor este tipo de dinámicas que vemos en nuestro día a día.
  • Humor agresivo. Esta práctica es muy común en quienes nos hacen reír a través de la ironía y del sarcasmo más cínico, ahí donde se cosifica o ridiculiza a terceras personas.
  • Humor como auto-mejora. Este tipo de humor es de los más saludables puesto que resulta muy útil a la hora de gestionar el estrés. Es cuando alguien es capaz de reírse de sí mismo para relativizar un mal día, un error cometido, para ironizar con un defecto que no logra mejorar o incluso para quitar tensión a un momento dado.
  • Humor auto-agresivo. Sería sin duda la otra cara de la moneda del humor que busca mejorarse. En este caso, se utiliza la agresividad contra uno mismo, bien por una notable baja autoestima, por la impronta de una depresión o porque uno busca victimizarse y llamar la atención de quienes le envuelven.
  • Humor afiliativo. Por último, tenemos la expresividad del humor más vivificante, útil y maravilloso, es ese que procede de alguien que nos hace reír con el fin de unir más el vínculo entre nosotros, para construir una complicidad, para aportar felicidad, conexión y un bienestar real.
Así, y vista la clasificación anterior, nos queda claro que cuando decimos que alguien tiene un “gran sentido del humor” necesitamos saber realmente qué tipo de humor practica y de qué manera impacta en los demás. Todos hemos experimentado ese instante en que alguien nos hace reír, pero la sensación que nos impregna es extraña e incómoda, como si advirtiésemos al instante una sombra malintencionada.

Los que discuten por todo… ¿disfrutan tanto complicando la vida a los demás?

Tal Ben-Shahar, profesor de Psicología positiva en Harvard es conocido por ser el “gurú de la felicidad”. Sus numerosas publicaciones sobre las emociones y los estados de ánimo son siempre una interesante referencia a la hora de comprender mejor determinados comportamientos, como por ejemplo, ¿qué hay detrás de esas personas que discuten por todo y que parecen disfrutar tanto complicándose y complicando la vida a los demás?

“El mal humor nos hace muy pequeños”.
-Doménico Cieri Estrada-

La respuesta es sencilla: infelicidad. Ahora bien, tras esta desoladora palabra -nadie merece experimentar tal abismo- se halla todo un caleidoscopio de dinámicas mal gestionadas, mal afrontadas, mal resueltas. Por ejemplo: escasa capacidad para tolerar la frustración, pobres estrategias para resolver los problemas, expectativas poco realistas, visión de túnel, falta de pensamiento reflexivo, baja autoestima, una inteligencia emocional bajo mínimos…

Todos podemos pasar por un momento así, complejos instantes vitales donde uno o varios detonantes acaban debilitándonos para empezar a ver problemas a cada instante, para bajar las persianas de nuestra positividad y trasformar cualquier conversación en una discusión. Todos podemos caer en las lagunas del desánimo y en las tuberías del malestar, es respetable y comprensible. Sin embargo, lo que es obligatorio es emerger de estas aguas tóxicas para ser nosotros mismos de nuevo.

Para lograrlo necesitamos voluntad y autocontrol. No hay que caer en el victimismo, se trata solo de recoger los pedazos rotos y como si fuera una precisa artesanía, reparar cada rincón con el pegamento de la autoestima y el barniz de la motivación. De este modo, comprenderemos también que no todos los que se ríen son felices ni los que discuten por todo son causas perdidas. Todos podemos sanarnos, todos podemos hallar el equilibrio y la felicidad.

Valeria Sabater

sábado, junio 17, 2017

Es tan simple ser feliz y tan difícil ser simple…

A veces nos conformamos con aquello que no nos hace feliz: por costumbre, por indecisión, por miedo. El corazón se oxida y la mente queda cautiva de las alambradas de la zona de confort. Se nos olvida, quizá, que ser feliz puede ser muy fácil, lo complicado es saber dilucidar qué es lo importante, lo más nutritivo y mágico para nosotros y entonces luchar por ello.



Tal y como suele decir esa expresión popular:“es tan sencillo ser feliz pero tan difícil ser sencillo…” Pocas frases pueden encerrar una verdad tan evidente. Para entenderlo, pensemos en algo durante un momento. A la mayoría nos han educado en la idea de que debemos conseguir determinadas cosas para definirnos, para alcanzar un estatus, para poder tener unas cualidades y unas habilidades adecuadas para un fin.

“La felicidad no reside en las posesiones, ni en el oro, la felicidad habita en el alma”
-Demócrito-

Estudiamos y obtenemos títulos para tener un trabajo. Tenemos un trabajo para alcanzar un supuesto bienestar y conseguimos una serie de recursos, materiales, bienes y establecemos una serie de relaciones sociales y afectivas que, supuestamente deberían colmarnos de felicidad. Sin embargo, esta fórmula no siempre es correcta, los factores no armonizan con el producto.

¿Es quizá la felicidad un fraude? En absoluto. El engaño auténtico es el modo en que nos han hecho creer que podemos alcanzarla. Porque quien se empeñe en buscar ese estado de gracia fracasará una y otra vez. La búsqueda de la felicidad nunca termina bien por una razón muy sencilla: es un estado del ser. No se busca, se crea, no se encuentra, se trabaja. Y aún más, hay algo que no podemos descuidar: no ha todo el mundo le sirven las mismas estrategias. Cada uno de nosotros debemos llevar a cabo esa labor a nuestra manera.

Del Hygge a Lagom: el curioso mundo de las utopías nórdicas

Desde el 2015 hasta la actualidad hay una palabra que nos cruzamos en cualquier librería: Hygge. El milagro danés para ser felices ha tenido un éxito rotundo y arrollador al menos a nivel editorial. Se nos invita a alcanzar ese bienestar pleno y auténtico a través de la sencillez más pura, más elemental y que persigue descargar de conflictos la convivencia con las personas que amamos.

Bien, por curioso que nos parezca a día de hoy el término Hygge empieza a diluirse para dar paso a vientos nuevos, enfoques en sí mismos complementarios y recogidos a través de una nueva palabra: Lagom. Los escandinavos nos traen una vez más otra tendencia que como siempre, viene decorada con agradables fotografías que resumen un concepto que busca difundirse al segundo entre los instagramers. “Lagom” se ha retuiteado miles de veces en este último mes y Vogue, Elle o incluso la empresa Ikea se está encargando de popularizarla.

Lagom se puede traducir como “en la justa medida”. Se nos insta, por ejemplo a rodearnos de lo básico y esencial, a comprar solo lo necesario, a cuidar del medio ambiente, a decorar la casa con lo más elemental, a comer lo justo y necesario, sin excesos. Por último, nos recuerda también la necesidad de que el trabajo no se apodere nunca de nuestra vida. Tal y como podemos ver, una vez más se repite la idea de que “menos es más” y de que la felicidad, está cómo no, en la sencillez.

Ahora bien, a pesar de que todos estos mensajes son en sí mismos positivos y reconfortantes, no podemos dejar a un lado todo el marketing que hay tras estas tendencias. La fiebre nórdica, con sus excelentes novelas policíacas, con su estilo de vida o su sociedad del bienestar tan puntera nos sigue atrayendo, no hay duda.

Sin embargo, lo que existe también es algo de amarga utopía. Esto mismo es lo que nos explica un ensayo tan premiado como polémico titulado “Gente casi perfecta” del británico Michael Booth, donde intenta ofrecer una visión realista de la aparente felicidad nórdica, algo que en cierto modo, ya podíamos intuir en los libros de Henning Mankell.

Uno de los aspectos que más nos llama la atención es el hecho de que los países nórdicos, aparentemente de los más felices del mundo, encabecen la tasa más elevada de suicidios. Hay algo que al parecer, esta fallando…

Crea tu propia receta para ser feliz

Todos estos libros sobre cómo aprender a ser felices siempre son interesantes y recomendables. Nos ofrecen nuevas perspectivas, nos hacen darnos cuenta de cosas que tal vez, no percibíamos, nos invitan a reflexionar y a hacer sin duda algún que otro cambio. No obstante, debemos tener claro que no son manuales de instrucciones ni biblias, que no a todo el mundo le funcionan sencillamente, porque en ocasiones, vivimos realidades muy distintas.

La felicidad no depende de condiciones externas, esta gobernada por nuestra actitud mental.
-Dale Carnegie-

Que nos digan que el trabajo no debe apoderarse de nuestra vida no tiene sentido cuando, por ejemplo, carecemos de un empleo. Tampoco podemos “vivir con lo mínimo” cuando lo que ya tenemos es básico. Con todo ello queremos dejar en evidencia un dato: la felicidad se construye a nuestra medida, debe calzar nuestra talla y armonizar con nuestras realidades particulares.

Algo así requiere esfuerzos voluntad y entender que ser feliz puede ser muy fácil, no hay duda, pero lo complicado es tener claras nuestras prioridades, las cuales, pueden ser completamente opuestas a las de los demás… Y algo así requiere valentía, no una foto de Instagram donde una mujer lee un libro con calcetines de lana, gafas de pasta y un café al lado.

A veces, para ser feliz hay que dejarlo todo y reiniciarse, empezar de cero. Otras veces, requiere tener que hacer un laborioso trabajo interior, ahí donde sanar heridas, resolver frustraciones y hallar nuevas motivaciones. Seamos capaces de hacer fácil lo difícil, pero también de crear nuestra propia receta para ser feliz.

Valeria Sabater

viernes, junio 16, 2017

¿Conoces las diferencias entre ansiedad y estrés?

Aunque la ansiedad y el estrés son dos condiciones muy similares, también presentan varias diferencias. Lo usual es que ambos términos se manejen como si fueran sinónimos, pero no lo son. Saber identificar la una o el otro no es un simple ejercicio teórico. En la práctica, nos ayuda a definir con mayor precisión cuál puede ser la intensidad o gravedad de este tipo de malestares.



A la dificultad de establecer las diferencias también se suma el hecho de que existen varios tipos de estrés y de ansiedad. Algunas veces la clasificación se hace a partir de la intensidad de los síntomas. Por ejemplo, se habla de estrés crónico o de ansiedad generalizada. Otras veces se establecen las categorías a partir de la fuente o factor que las causa. Por ejemplo, estrés laboral o ansiedad de abandono.

“La verdad científica se puede resumir: comer moderadamente. tener una dieta variada y no preocuparse”
-Robert Hutchison-

Sin embargo, hay elementos que son comunes a todas las formas de estrés, como los hay que aparecen en todas las formas de ansiedad. Para aclarar todo esto, veamos puntualmente cuáles son las principales diferencias entre estrés y ansiedad.

El origen del estrés y la ansiedad es diferente

En el caso del estrés, la causa es fácilmente identificable. Se origina cuando hay una situación que debe enfrentarse y la persona no tiene, o no cree tener, los recursos para hacerlo. Lo mismo ocurre con una tarea que se debe realizar, o con cualquier actividad que se tenga que sacar adelante.

La ansiedad, en cambio, tiene un origen más difuso. La amenaza o el peligro muchas veces no son identificables. De hecho, en muchos casos, no hay una razón objetiva para que se presente el estado de inquietud, pero aún así se experimenta. Por otro lado, la ansiedad es muy sensible al condicionamiento y a la anticipación y puede ser una consecuencia del estrés (presión).

Las emociones que predominan

Otro de los elementos que diferencian al estrés y la ansiedad son las emociones o sensaciones que predominan. En el estrés hay, sobre todo, preocupación. Esta puede definirse como un estado en el que se mezclan el nerviosismo y la frustración. Esto puede incluir irritabilidad y, a veces, tristeza también.

En la ansiedad, por su parte, lo que predomina es el miedo. Se trata de una sensación de peligro inminente que tiende a crecer como una bola de nieve. Es una emoción invasiva que se extiende y se mantiene, generando un gran malestar en el estado de ánimo. El miedo conduce a la perplejidad y, en casos graves, al bloqueo o la parálisis.

Los factores que desencadenan el uno o el otro

En términos generales, el estrés surge a partir de factores externos, mientras que la ansiedad aparece por factores internos. No siempre es tan fácil distinguir los unos de los otros. Lo que marca la diferencia es la presencia de un estímulo ajeno al individuo o no, en cada caso.

El estrés se desencadena frente a hechos o situaciones específicos, que están en el entorno. Puede ser el trabajo, o una tarea en especial, o el desplazamiento por determinado territorio, etc. En cambio, en la ansiedad muchas veces es el mismo individuo el que se encarga de desatarla. Crea y alimenta pensamientos catastróficos y sensaciones angustiosas, independientemente de lo que haya en el entorno.

La percepción del tiempo

Dicen que el estrés es un exceso de presente, mientras que la ansiedad es un exceso de futuro. Para quien está estresado, el presente es infinito. No cree que pueda salir de una situación en la que se siente atrapado. No ve la forma como podría cambiar lo que le preocupa. Siente como si estuviera condenado eternamente a sufrir el impacto de determinado estímulo.

En la ansiedad lo que le ocurre a la persona es que siente temor por algo que podría pasar, pero que no ha ocurrido; también pude haber ocurrido, pero no puede intervenir sobre ello. Muchas veces ni siquiera sabe qué es ese algo. Simplemente se anticipa a todo lo negativo o catastrófico que podría suceder. El ansioso no logra evaluar con objetividad su presente, porque vive en función de algo “terrible” que viene en camino o que ya pasó y fantasea con sus posibles consecuencias sin que pueda mediar en ellas.

La desaparición de los síntomas

Si lo que le causa estrés a una persona es tener que ir al dentista, una vez lo haga desaparecerá la inquietud. Ese es un rasgo distintivo del estrés: desaparece cuando el estímulo es eliminado, o se supera la situación conflictiva, o se resuelve la dificultad.

Por su parte, la ansiedad tiende a perpetuarse. Retomando el ejemplo anterior, si una persona con ansiedad va al dentista, su inquietud no termina cuando sale de la consulta. Quizás imagine que podría perder toda la dentadura, o que esto es solo el síntoma de una enfermedad peor que apenas comienza a manifestarse. La ansiedad se alimenta de una imaginación exacerbada y negativa.

Lo importante de conocer todas estas similitudes y diferencias es que te permite identificar mejor qué es lo que realmente te aqueja. Lo aconsejable es que pidas ayuda cuando el estrés se mantiene en el tiempo, porque significa que no logras resolver una situación conflictiva que te está haciendo daño. También es recomendable consultar a un profesional si detectas que lo tuyo es ansiedad, ese miedo impreciso que no tiene comienzo ni fin.

Edith Sánchez

jueves, junio 15, 2017

¿El vaso medio lleno o medio vacío? Tú eliges

“¡Tendrías que ver el vaso medio lleno!”, o “¡Siempre ves el vaso medio vacío!”. Sí, en este artículo vamos a sumergirnos en el fondo de la expresión popular. De esta forma, si nos colamos entre los bastidores de la frase, ganaremos una motivación y una manera de cambiar nuestro punto de vista. ¿Estaría bien no?



En este sentido, la Psicología Positiva quiere estudiar y explicar cómo el funcionamiento óptimo humano trata de favorecer el bienestar y la salud en diferentes contextos adversos. Es más al hablar de la Psicología Positiva se incluyen variables como la salud, el bienestar y la prevención de la enfermedad mental y física. Esta rama surgió a finales del siglo XX de la mano de Martin Seligman, antiguo director de la Asociación Americana de Psicólogos, junto otros profesionales.

“Cambias tus pensamientos, y cambias tu mundo”
-Norman Vicent Peale-

¡Cambia tu punto de vista! Apuesta por el vaso medio lleno

Eres tú el que más poder tiene sobre ti, eres tú el que tiene el control sobre tus comportamientos, y también y sobre todo, sobre tus pensamientos. Constituyendo esta una realidad que podemos llegar a reconocer, en ocasiones lo más sencillo es dejarse llevar por el primer pensamiento que nos viene a la cabeza y va justo en el sentido contrario.

Este tipo de pensamientos, negativos por el efecto que producen, pueden deberse al cansancio de la jornada laboral, a los problemas en casa y/o preocupaciones personales… Sin embargo, el pensamiento negativo no dejaría de ser un acontecimiento mental anecdótico si lo ignoráramos, en vez de dejar que ni guíe hasta el precipicio. Un sitios similar al cementerio de los elefantes, en el que se reproducen los que son como él.

“No pienso en todas las desgracias, sino en toda la belleza que aún permanece”
-Anne Frank-

¿Y si en vez de fijarnos en lo negativo, nos fijamos en lo positivo? ¿Y si en vez de ver el vaso medio vacío, empezamos a ver el vaso medio lleno? Situarse en el otro lado es mucho más sencillo de lo que las personas creen. Una vez que generes el primer pensamiento positivo y lo aceptes como guía, este te conducirá sin remedio a otra zona, completamente diferente a la del cementerio de los elefantes de la que hablábamos antes, en la que te encontrarás con más pensamientos de la misma naturaleza.

Estos pensamientos se alimentarán unos a otros, asegurando por propia inercia su supervivencia.
“Una persona feliz no tiene un conjunto de circunstancias, sino un conjunto de actitudes”
-Hugh Downs-

El semáforo en rojo

Por ejemplo, cierra los ojos e imagínate esta situación… siempre que vas conduciendo hacia casa el mismo semáforo está en rojo. ¡Siempre te toca en rojo, ni que alguien lo hubiese decidido así para fastidiarte! (Lo que implica que ya vas a llegar más tarde a tu casa, vas cansado de la jornada de trabajo, aún encima vas solo en el coche…).

Un día vuelves acompañado a casa por un amigo. Cuando te vas acercando al semáforo empiezas a verbalizar, “¡Otra vez el semáforo en rojo, no sé cómo lo hago pero siempre lo cojo igual!”. En este momento, tu amigo esboza una sonrisa y te dice : “¡A mí me encanta que este semáforo esté en rojo!

Tú sólo te fijas en lo que tienes en frente, el semáforo en rojo. Sin embargo, si girases un poco tu cabeza verías un mar y un atardecer precioso.” En ese momento tú mismo te das cuenta que ante un mismo camino, cada persona se puede estar fijando en elementos totalmente distintos y sobre todo, dándoles una percepción distinta. Un mismo semáforo, para una persona puede ser una fuente de estrés, agotamiento, quejas…para el otro, es una oportunidad de pararse en el camino y disfrutar unos segundos para ver el mar o el paisaje, incluso de la compañía o del programa de radio que suena de fondo.

Ahí está la persona que ve el vaso medio lleno. Simplemente viendo un poco más allá de lo que tenemos en frente, simplemente disfrutando de dónde estamos y cómo estamos, en vez de anticipar cómo el presente puede condicionar de manera negativa el futuro.

Bárbara Arenas

miércoles, junio 14, 2017

Me declaro responsable y protagonista de mi propia vida

Me declaro protagonista de mi propia vida, no de la que me imponen los demás. Me declaro responsable de lo que hago y lo que digo, no de lo que entiendan otros. Me defino por mis valores, me amo entera, sin fisuras, con cada rincón imperfecto, con cada locura disfrutada, con cada error cometido y cada sombra que abrazar de vez en cuando para sanar mis cicatrices…



La auto-aceptación es esa tarea compleja y laberíntica que muchos apuntamos con tinta invisible en nuestra lista de tareas pendientes, como quien escribe sus buenos propósitos al empezar el año. Así, y casi sin darnos cuenta, llega un día en que al mirarnos al espejo sentimos un súbito e inexplicable pinchazo. ¿De verdad somos esa persona que refleja el cristal? ¿Cómo pueden los espejos mostrarnos una imagen tan nítida, impoluta y perfecta de nosotros mismos cuando nos sentimos tan “rotos”?

“El precio de la grandeza es la responsabilidad”
-Winston Churchill-

Algo particularmente curioso que suele darse en las personas que no han trabajado su auto-aceptación o la integración de todas esas dimensiones personales y afectivas que lo definen a uno, es que suelen responsabilizar a los demás de su infelicidad, de su malestar. Lo hacen de forma automática sumidos muchas veces en una actitud tristemente derrotista.

Por ejemplo: si no encuentro una buena pareja es porque a día de hoy nadie cree en el compromiso. Si suspendo el examen es porque no le gusto al profesor. Si no tengo buenos amigos es porque todas las personas son falsas y desagradecidas. Si me he equivocado en esto es porque alguien me orientó mal. Si soy inseguro se debe a cosa de familia, porque en casa todos somos iguales…

Este tipo de actitud es como la de quien enciende un ventilador y empieza a difundir el origen de sus frustraciones a todos los que están a su alrededor. Por tanto, pocos ejercicios pueden ser más saludables, catárticos y terapéuticos como dar el paso, como declararnos protagonistas de nuestras vida, responsables de lo que somos y lo que hacemos.

Asumir la responsabilidad personal para alcanzar la felicidad

Declararse a uno mismo responsable exclusivo de lo que se es, lo que se hace y lo que se piensa marca sin duda un antes y un después. La responsabilidad personal significa por encima de todo, no culpar a otros de la propia infelicidad. Significa también poder descubrir distintas formas con las que alcanzar el equilibrio y el propio bienestar a pesar las dinámicas negativas que nos envuelvan.

Llegados a este punto, es muy probable que más de uno se pregunte aquello de ¿Quiere esto decir que se puede ser feliz sin importar las circunstancias que nos rodeen? ¿Qué pasa si ahora mismo estoy atravesando una enfermedad? ¿Qué pasa si mi relación afectiva es tormentosa e inestable?

Bien, la respuesta a estas preguntas es en sí misma sencilla: ser responsable de uno mismo es entender que hay cosas que, efectivamente, escapan a nuestro control, como es el caso de una determinada dolencia física. En este caso, además de saber aceptarlo, lo que marca la diferencia es nuestra ACTITUD. 

Por otro lado, la persona responsable y que se percibe a sí misma como protagonista de su propia vida y no como un actor de reparto en el teatro de su existencia, entiende que para ser feliz hay que tomar decisiones. Por tanto, todo aquello que enturbie, todo lo que apague autoestimas, cercene identidades o nos regale un sucedáneo de amor, es mejor dejarlo y recordar ese compromiso firmado en algún valiente momento con nosotros mismos, aquel que nos recordaba eso de “has venido a este mundo para ser feliz, no pierdas el tiempo en lo que quita la alegría”.

Aprende a ser responsable de ti mismo, declárate libre, siéntete único

William Ury es un conocido antropólogo que ha adquirido una notable fama por trabajar como mediador y como promotor del crecimiento personal, a través de libros como “El camino hacia el SÍ”. Para este autor, ser responsables de nosotros mismos radica en dos áreas básicas: la primera está en saber cuidar de nosotros mismos, siendo capaces de ver la relación entre nuestras acciones y consecuencias. La segunda, en ser capaces de respetar los compromisos que adquirimos con los demás.

“Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”
-José Saramago-

El doctor Ury nos propone además, que para alcanzar este mágico equilibrio debemos poder darnos el “SÍ” a nosotros mismos. A validarnos como personas, a auto-percibirnos como seres capaces, personas hermosas y dignas de alcanzar aquello que se propongan. Para ello, nos invita a conseguirlo a través de los siguientes pasos.

Los 4 pasos de la responsabilidad personal

  • Ponte en tus zapatos. Es muy posible que a lo largo de nuestra vida nos hallamos focalizado solo en los demás, en satisfacer necesidades ajenas. Es momento de escucharnos, de sintonizar de forma auténtica con nuestras emociones y nuestros valores, clarificando con firmeza qué queremos y qué no queremos.
  • Firma un compromiso contigo mismo. Si no lo hemos hecho ya, es recomendable que lo ejecutemos lo antes posible, se trata ni más ni menos que de recordar cada día y a cada instante, que estamos obligados a atender nuestras necesidades independientemente de lo que los otros hagan o dejen de hacer.
  • Aprende a fluir. Ser responsable de uno mismo significa también aprender a confiar, tanto en nuestras propias capacidades como en el propio discurrir de la vida. Asumir que hay cosas que llegan y otras que se van es integrar esa economía emocional donde dejar de aferrarnos a imposibles, a hechos que no nos dejan crecer.
  • Por último, también es interesante recordar que nuestro día a día no es un escenario de competición. No hay ninguna ley que nos diga que hay unos que siempre deban ganar y otros que irremediablemente, estén obligados a perder una y otra vez. Vivir es celebrar la vida, es dar y es recibir, es cohabitar en armonía siendo responsables de nosotros mismos, con nuestros aciertos y errores sin culpar de nuestras frustraciones a quien quede cerca.
Pongamos en práctica estos sencillos consejos y alcémonos como auténticos protagonistas de nuestra existencia.

Valeria Sabater

martes, junio 13, 2017

Ese nudo en el estómago, el agujero negro de mi ansiedad

A veces la vida se instala ahí, en el epicentro de nuestro cuerpo, como un ovillo que quita el aire, el hambre y las ganas justo en el estómago. No son mariposas, es el agujero negro de la ansiedad que todo lo atrapa y todo lo consume, como un enemigo conocido, a instantes ingobernable que acelera la vida, desdibuja las ilusiones y distorsiona nuestras prioridades.



Los expertos llevan bastante tiempo estudiando las huellas que deja la ansiedad en nuestro cuerpo. El tema, por curioso que parezca, resulta simplemente asombroso. Desde el área de psiquiatría del Johns Hopkins, por ejemplo, descubrieron que aquellos pacientes que padecían un trastorno de ansiedad generalizada acumulaban una tensión crónica en el músculo frontal -situado justo en la frente-, así como constantes sobrecargas en los músculos gastrocnemios -los gemelos de nuestras pantorrillas-.

“La ansiedad con miedo y el miedo con ansiedad contribuyen a robarle al ser humano sus cualidades más esenciales. Una de ellas es la reflexión”
-Konrad Lorenz-

Sin embargo, la sintomatología más común, la más reconocible a la vez que molesta, es aquella que se localiza justo en nuestro sistema digestivo: esófago, estómago, intestinos… El dolor gastrointestinal y la ansiedad comparten una unión biológica muy estrecha. No podemos olvidar que nuestro aparato digestivo está “tapizado” por una complejísima red de células nerviosas, y aunque esta red neuronal no emite o produce pensamiento alguno, lo que sí hace es mediar en nuestro estado de ánimo.

No podemos olvidar, por ejemplo, que ese “segundo” cerebro es el encargado de regular la producción de serotonina, la llamada hormona de la felicidad. Sin embargo, si hay algo que también hace es reaccionar de forma contundente frente al estrés. Cuando pasamos épocas marcadas por los nervios, la presión, la angustia o la inquietud, el estómago reacciona liberando adrenocorticotropa, una hormona peptídica que actúa a la vez como neurotransmisor.

Es entonces cuando aparece el dolor, la hipersensibilidad visceral, la motilidad intestinal… Ese molesto nudo el estómago donde parece concentrarse todo el laberinto de nuestros problemas.

Mariposas y agujeros negros

Marta tiene dos trabajos y muy poco tiempo libre. Solo ve a su hijo de 6 años al llegar a casa, cuando él se espera un poquito más para que su mamá le de las buenas noches y lo arrope antes de ir a dormir. Todos los días le pregunta cuándo podrán hacer algo juntos, jugar juntos, dibujar juntos, pasear juntos… Marta le responde siempre que el domingo. “El domingo haremos lo que tú quieras, ya verás…” Pero cuando llega ese día, Marta se siente tan agotada que es incapaz de salir de la cama.

Es en esos domingos de quietud y amargura cuando, enredada entre las sábanas, el cansancio y la desesperación, añora esos días en que en su estómago solo habitaban mariposas. Antes todo eran ilusiones. Ahora todo son agujeros negros, lágrimas a escondidas, miedo a no llegar a fin de mes y a que el día no tenga las suficientes horas… Su estómago es como un gran ovillo de 20 nudos que cada día la oprimen más y más….

Es muy posible que para más de uno, y vista esta pequeña historia desde fuera, piense que la solución al problema de Marta sea bien sencilla: organizarse mejor, dejar un trabajo o bien encontrar un mejor empleo que le permita tener más tiempo, tiempo de calidad con su hijo. Sin embargo, cuando se sufre ansiedad el circuito cerebral que conforma nuestra toma de decisiones no funciona de igual modo. 

Ese mecanismo neuronal falla por completo.

La toma de decisiones es un proceso cognitivo muy afinado que requiere la ponderación de los riesgos, la valoración de las recompensas y analizar la relación entre nuestras acciones y sus consecuencias. Cuando alguien padece una alta ansiedad toda esta habilidad heurística falla. Porque la ansiedad, no podemos olvidarlo, tiene un componente cognitivo y otro somático. El primero queda reducido a esos pensamientos que actúan como cepos: “esto es lo que hay, nada se puede cambiar”, “ya no sirvo para nada, todo está perdido…” 

El componente somático, por su parte, hace referencia a todos esos procesos físicos que se acompañan al estado de ansiedad: boca seca, temblores, dolor muscular, cefaleas y alteraciones digestivas. Pensar con claridad, por tanto, es algo realmente complejo en esos momentos vitales.

35 modos de hacer frente a tu ansiedad

Cuando hablamos sobre qué estrategias asumir para hacer frente a nuestra ansiedad y a esos agujeros negros que nos rodean, cabe recordar una vez más, que no hay una misma fórmula que nos sirva a todos. El enfoque es siempre multimensional, abarcando el área conductual, la cognitiva y la física.

“A lo único que debemos temer es al propio miedo”
-Franklin D. Roosevelt-

Ese nudo en el estómago que muchos arrastramos tan a menudo en nuestro día a día y que a instantes nos quita la salud y el bienestar, puede resolverse poniendo en práctica varias de las recomendaciones que a continuación, vamos a detallar. Solo hay que poner voluntad, ser constante y recordar que no conviene dejar para mañana, la molestia o la preocupación que sintamos hoy.

Estrategias para calmar la ansiedad
  • Practica la respiración lenta y profunda.
  • Habla en voz alta y para ti sobre cómo te sientes: estoy enfadado porque siento esto y ocurre aquello otro.
  • Sal a caminar todos los días durante media ahora.
  • Pinta mandalas.
  • Deja que te hagan un masaje.
  • Pasea por un bosque.
  • Pregúntate: “¿Qué es lo peor que podría pasar?” Entonces, respóndete “¿Cómo debería actuar si eso ocurriera?” 
  • Tómate un tiempo para trabajar activamente en la solución de un problema y deja que tu mente llegue a una solución en calma y sin presiones.
  • Tómate un baño relajante.
  • Perdónate a ti mismo por no prever un problema que ha vuelto a sucederse.
  • Haz limpieza en tu habitación, tira cosas que no utilices, que no te sirvan, que sean de otra etapa de tu vida.
  • Apaga el móvil, la televisión, deja que el silencio te abrace.
  • Queda con alguien con quien te sientas bien.
  • Haz hoy esa cosa que llevas tiempo posponiendo.
  • Medita.
  • Abraza a tu mascota.
  • Si has cometido un error crea un plan de acción para no se repita en el futuro.
  • Pregúntate si estás sacando conclusiones precipitadas y demasiado negativas sobre ciertas cosas.
  • Pregúntate si tu enfoque de pensamiento es algo catastrofista.
  • Haz un listado sobre las cosas que te gustan de ti.
  • Si hay alguien que te enturbia con su comportamiento, analiza por qué ocurre y qué podrías hacer al respecto.
  • Haz yoga.
  • Haz un cambio en la rutina de tu día
  • Antes de ir a la cama, lee. Deja que sea tu costumbre cotidiana en ese último momento del día.
  • Piensa en cómo te gustaría que fuera tu vida y en qué podrías hacer para lograrlo.
  • Pregúntale a un amigo qué hace él para hacer frente a su ansiedad.
  • Aprende a comer despacio, sin prisas.
  • Comprueba si está cayendo en errores de pensamiento: ¿lo personalizas todo? ¿la vida para ti es solo en blanco y negro? ¿todo lo bueno les pasa solo a los demás?
  • Hazte un regalo cada día: un paseo, una película, una hora de buena música…
  • Recuerda cómo afrontaste en el pasado un momento de dificultad.
  • Si estás imaginando un resultado negativo a algo que deseas hacer, cambia la ruta: imagina un resultado positivo.
  • Anota tres cosas que te preocupaban en el pasado y que nunca llegaron a suceder.
  • Haz algún tipo de ejercicio que no habías probado nunca: natación, zumba, tiro con arco…
No dudes en hacer tuyas gran parte de estas sencillas propuestas. El cambio que puedes experimentar en tu vida puede ser asombroso.

Valeria Sabater

lunes, junio 12, 2017

La manera en la que te levantas, marca tu día. 5 tips

¿Alguna vez has analizado cómo te levantas de la cama cada mañana? Casi nadie le da importancia a ese momento, pero la verdad es que puede ser uno de los más cruciales del día. Así, la forma en la que empiezas la jornada tendrá un impacto significativo en su transcurrir, o al menos así lo dicen los estudios.



Hay muchas personas a las que, si les preguntáramos en el momento de levantarse, cambiarían una buena suma de dinero por cinco minutos más entre las sábanas. Dentro de este grupo, hay otro subgrupo de personas que estiran el tiempo de descanso todo lo que pueden, de manera que se condenan a empezar el día corriendo. Para muchos, salir de la cama es un momento desagradable, el primer escollo que deben afrontar en un día normal.

“Pierde un día por la mañana y estarás todo el día a su caza”.
-Richard Whately-

Sea cual sea el caso, lo cierto es que la ciencia ha descubierto que las primeras acciones del día marcan la forma en la que nos comportaremos durante toda la jornada. Por eso, aquí te damos 5 tips para que desde el momento en que te levantes adoptes una actitud positiva y puedas sacar el mejor provecho a tu faena diaria.

Obedece al despertador

Muchos usan despertadores que repiten la alarma cada 5 minutos, anticipando que no se van a levantar con el primero. Si tienes uno de esos, te animo a que elimines esa posibilidad. Un estudio de la European Sleep Research Society (ESRS) confirmó que postergar la alarma una y otra vez genera “pérdida de memoria, menor capacidad de reacción y disminución del rendimiento durante la jornada”.

Si te levantas solo después de que hayan saltado todos los despertadores que tenías programados, te invito a que utilices esta técnica que ha dado resultados muy positivos a la hora de eliminar esta costumbre. Antes de dormir, acuéstate y ajusta el despertador para que suene 5 minutos después. Tan pronto suene, levántate. Repite la misma operación unas 10 veces. Verás que tu cerebro se programa para hacer lo mismo a la mañana siguiente.

Si te levantas, agradece y motívate

Si te levantas inmediatamente, pensando solamente en qué hora es o en lo que tienes que hacer durante el día, probablemente vas a comenzar tu jornada con el ánimo bajo. No te entregues al estrés y a las preocupaciones desde el primer momento de la mañana.

No es tan difícil, basta con que te tomes 1 minuto para agradecer por un nuevo día. Piensa que eres una persona valiosa, que se esfuerza por seguir adelante y que mereces un buen día. Hasta puedes diseñar tu propio ritual, una especie de plegaria o de oración que aprendas de memoria y recites cuando te levantas. Verás cómo ese minuto te da una excelente disposición para el día que comienza.

Respira y estírate

Después de tu minuto de agradecimiento y de automotivación, lo que sigue es sentarte en la cama y estirarte. Lo más que puedas. Extiende plenamente los brazos, al tiempo que flexionas y estiras las piernas. Este simple movimiento le indicará a tus músculos que es hora de prepararse para un tiempo de actividad, pero sin tensión.

Si te levantas al sonar el despertador, agradeces y te estiras, tu cuerpo y tu mente se encontrarán en disposición de iniciar la jornada. Además, si quieres potenciar y fortalecer esa buena actitud, nada mejor que tomarte otro minuto para respirar. En la respiración están varias de las claves para mantener la buena salud física y mental. Inspira y expira profundamente para que tu cerebro se oxigene, al igual que tus músculos. Te sentirás de maravilla.

No tomes café, toma agua

Los orientales aseguran que quien toma un vaso de agua diariamente, en ayunas, evita múltiples enfermedades y prolonga la vida. Tomarte un vaso de agua te despierta y activa tu digestión de una manera suave y benéfica. También te ayuda a eliminar toxinas y termina de despertarte.

Es muy usual que cuando te levantas, para llenarte de energía, te tomes un café. Sin embargo, hay sospechas de que el café muy temprano puede inhibir la producción natural de cortisol, la hormona del estrés, que es necesaria para afrontar el día. Lo recomendable es tomar la primera taza de café hacia las 9.30 o 10 de la mañana.

Olvídate de revisar el correo electrónico o el celular

En primer lugar, no es una buena costumbre dormir con el teléfono móvil al lado de tu cama, a menos que esté completamente apagado. Hay razones para pensar que estos aparatos inciden de manera negativa sobre el descanso durante la noche. Además, si lo usas como alarma y lo mantienes lejos, tendrás que salir de la cama para apagarlo.

Según algunos expertos, quienes incurren en la práctica de revisar el correo electrónico nada más empezar el día compran papeletas para empezar la jornada con un agobio innecesario. Nada es tan importante como para que no pueda esperar hasta que te duches, te vistas y desayunes. Ese primer momento del día es para ti y solo para ti. No lo desperdicies estresándote antes de tiempo.

Lo más recomendable cuando te levantes es precisamente esta rutina de autocuidado. Si te fijas, no te llevará más de cinco minutos y, en cambio, se verá reflejada en una mejor actitud y un mejor estado de ánimo durante todo el día. También es una práctica que incrementa tu autoestima y que a la larga elevará tu calidad de vida.

Edith Sánchez

domingo, junio 11, 2017

3 pasos para alcanzar la sabiduría emocional

¿Qué hacemos cuando una emoción que consideramos negativa aflora en nosotros? Sentir enfado, crispación o ira provoca en nosotros una reacción instintiva de querer controlar lo que sentimos. Sin embargo, no es raro que consigamos todo lo contrario. Así, ser conscientes de este y de otros engranajes emocionales nos permitirá adentrarnos en un gozoso camino de sabiduría emocional.



Gracias a la sabiduría emocional podremos gestionar mejor nuestras emociones, evitando explotar de manera innecesaria en momentos poco adecuados e impidiendo que, en ocasiones, nos sintamos ahogados por todas esas sensaciones que pululan en nuestro interior. Cual mariposas para el que se enamora.

“La sabiduría emocional determina nuestro éxito en la vida”
-Daniel Goleman-

1. No encapsules tus emociones

¿Qué te decían cuando eras pequeño? Seguro que reconoces frases como estas: “deja de llorar”, “un niño de tu edad no tendría esos berrinches”, “mira que cara más fea tienes cuando te enfadas”… Todos estos comentarios, aparentemente inocentes por parte de los padres, han hecho que te hayas educado a ti mismo para reprimir tus emociones.

Además de todo esto, has crecido bajo diferentes influencias que te han inculcado que los hombres no lloran o que las mujeres son demasiado sensibles. Este tipo de creencias, entre muchas otras, han provocado que, sin quererlo, disocies tu expresión de las emociones que sientes.

Es importante saber cuándo dar rienda suelta a lo que sientes. Por ejemplo, si te encuentras en medio de una negociación muy importante, dar rienda suelta a tu ira o al llanto de manera descontrolada no será lo mejor para el futuro del acuerdo. Sin embargo, esto no implica que no te puedas desahogar después o que puedas expresar tu enfado sin perjudicar la negociación

“Vivimos en una sociedad que no nos educa para ser personas emocionalmente inteligentes”
-Daniel Goleman-

Puedes expresar tus emociones de forma adecuada. Si algo te resulta molesto, violento, te has enfadado o no estás de acuerdo por algo, ¡puedes decirlo! Con frases como “eso que me has dicho me ha dolido”, puedes liberar un poco de esa emoción que te ha invadido y proporcionarle una información valiosa al otro, que entenderá: “no debo ir por ese camino”.

2. No siempre mantengas el mismo control

A veces, no es solo que no expreses tus emociones con los demás, sino que tú mismo intentas controlarlas cuando no hay nada malo en que se precipiten. Es decir, ¿alguna vez has intentado contener el llanto, incluso cuando estabas solo en casa? Si es así, estás intentando frenar una emoción que estaría mejor libre.

Toda esa represión de emociones de la que hemos hablado en el punto anterior ha dado lugar a lo que se puede denominar “tragar emociones”, algo que la sabiduría emocional no concibe. Cuanto más tragas, más se van acumulando y tarde o temprano terminarán saliendo. El resultado de esa digestión, además, suele ser un gran desastre.


Seguro que conoces a alguien, quizás seas tú mismo, que en determinados momentos explota (fuera de sí) en situaciones poco adecuadas y que no merecen ese nivel de agresividad, ira o tristeza excesivas que la persona presenta. Esto ocurre porque ha estado guardando y tragando muchas emociones que ahora han desbordado el vaso.

Un solo detonante, puede causar un desbordamiento de todo esto que estabas intentando controlar en tu interior, pero que irónicamente es incontrolable. Te estás haciendo daño, sufres al convertirte en un almacenamiento de emociones que no te hacen sentir bien. Es el momento de liberarlas en el instante que requieran.

3. Por muy humanas que sean las emociones, con ellas también hay que aprender a tratar

La sabiduría emocional no solo te propone que dejes de encarcelar tus emociones, sino que pone el foco en algo que es muy importante: en aprender cómo hacerlo. Toda emoción aporta algo, una enseñanza que es necesario que la sepas interpretar bien antes de que se marche. De hecho, una vez que las hemos escuchado y nos hemos puesto en disposición de actuar, las emociones suelen deshacerse para aportar energía nuestras actuaciones.

Así, no se trata de tratarlas como enemigas ni de situarlas al otro lado del ring. Si las concebimos de esta manera lo más lógico es que jueguen este papel. Pero no porque lo tengan, sino porque se lo hemos dado nosotros. Harán, en definitiva, lo que esperemos de ellas. Si esperamos que un enfado nos arruine una fiesta, ten por seguro que lo hará.

Por otro lado, una emoción ignorada quizás baje su intensidad, pero al no haber sido resulta corremos el riesgo de que reaparezca en cualquier momento. Más fuerte, más invasiva y cuando estemos menos débiles… y lo que es más importante, sin haber aprendido nada.

“Cuando expreso lo que pienso y siento, libero la mente y sano mi cuerpo”

Cuando estamos años intentando controlar y encarcelar lo que sentimos, al final nuestro cuerpo empieza a dar señales de alerta de que algo no va bien, es decir, somatiza las emociones. No nos hagamos este daño, dejemos de sufrir y empecemos a expresar lo que sentimos cuando nuestras emociones así lo demanden. Nos sentiremos mucho mejor.

Raquel Lemos Rodríguez

sábado, junio 10, 2017

Los pensamientos obsesivos limitan tu vida

Los pensamientos pueden ser una parte muy importante de nuestra vida porque nos permiten darnos cuenta de cómo sentimos y actuamos. Nos ayudan a reflexionar y dan sentido a nuestra experiencia diaria. El problema viene cuando estos pensamientos se convierten en obsesivos y limitan nuestras acciones. No todo lo que pensamos nos ayuda, de hecho, hay veces que los pensamientos pueden llegar a ser tóxicos.



Hay ciertos pensamientos que en vez de ayudarnos nos bloquean y producen sensaciones como pueden ser ansiedad y agobio. Por ejemplo, imagina a un chico que duda si ha cerrado la puerta del coche y no para de darle vueltas al asunto, a pesar de haberlo comprobado en el momento. Aprender a manejar los pensamientos repetitivos puede ser clave para recuperar tu bienestar emocional.

Pensar demasiado es agotador

Normalmente reflexionamos sobre nuestras preocupaciones intentando encontrar soluciones a nuestros problemas. De esta manera, llegamos a descubrir nuevos puntos de vista que nos ayudan a manejar de una forma más llevadera lo que nos sucede. Pero, este proceso natural de reflexión interna, no siempre sale cómo esperamos y en vez de proporcionarnos mayor claridad, nubla nuestro juicio, entrando en una espiral de pensamientos negativos que se repiten una y otra vez.


Los pensamientos se vuelven intrusos de nuestra mente, y si les hacemos caso, pueden acabar convirtiéndose en obsesiones que limitan nuestras actuaciones. Esta necesidad de rumiar sobre lo que nos preocupa puede ocurrir en cualquier situación. Por ejemplo, cuando estamos en el trabajo, haciendo la compra o lavándonos los dientes. Sin darnos cuenta, pueden ocupar todo nuestro espacio mental, afectando también al estado de ánimo.
¿Qué son los pensamientos obsesivos?

Los pensamientos obsesivos son ideas repetitivas, recurrentes e involuntarias normalmente centradas en preocupaciones, miedos y angustias que te impiden enfocar tu atención en el presente. La ansiedad y el estrés son la causa principal de este tipo de pensamientos, que pueden afectar también a tus comportamientos.

Imagina a una persona que no puede quitarse de la cabeza la obsesión de que está contaminada. Esta idea hará que probablemente se limpie más a menudo y evitar así ciertos lugares que considera sucios. Este tipo de pensamientos negativos pueden aparecer también en forma de imágenes mentales que se repiten una y otra vez, sin control alguno. Se crea una especie de circulo repetitivo del cual nos puede ser muy difícil salir.

Es como si quedaras atrapado en un huracán de pensamientos que da vueltas sobre sí mismo con una fuerza arrolladora. La rumiación es tan intensa que puede ser incluso adictiva: cuánto más intentamos dejar de pensar, más pensamientos obsesivos aparecen.

¿Es normal tener este tipo de pensamientos?

Un trastorno de ansiedad intenso o un período de estrés prolongado pueden provocar pensamientos invasivos que interfieran momentáneamente nuestro quehacer diario. Estar en contacto con pensamientos negativos que producen miedos y dudas es algo natural en todas las personas y en determinados momentos de la vida. Dependiendo de cómo nos relacionemos con estos pensamientos, van a acabar convirtiéndose en pensamientos obsesivos.

Un pensamiento se vuelve patológico cuando empezamos a creer en los pensamientos y no los cuestionamos. Por ejemplo, imagina a una madre que piensa que le pueden robar a su hijo. Si directamente descarta la idea, es un pensamiento intrusivo, pero no llega a ser una obsesión porque no le da importancia. Aunque todos podemos tener en algún momento dado este tipo de pensamientos, lo cierto es que normalmente se dan con mayor frecuencia en personas que padecen un Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC).

Tipos de pensamientos obsesivos

Las personas que sufren un Trastorno Obsesivo-Compulsivo o simplemente aquellas personas que están pasando por periodos de mucho ansiedad, pueden experimentar distintos tipos de pensamientos obsesivos. A continuación, vamos a ver ejemplos de los pensamientos obsesivos más comunes en personas que experimentan este tipo de preocupaciones.
  • Preocupaciones por contraer enfermedades, contaminarse, no estar suficientemente limpio.
  • Necesidad de tener las cosas organizadas de una manera determinada, obsesión por la simetría o el orden.
  • Pensamientos relacionados con miedos a dejar la puerta abierta, el gas encendido, a que entren a robar a tu casa.
  • Rumiaciones de carácter sexual que tengan que ver con, ataques, violaciones, etc.
  • Miedos y sensaciones donde peligra la integridad física propia o de los demás, relacionados con poder recibir o hacer un daño a los demás
Las consecuencias de quedarse atrapado en los pensamientos obsesivos

Este tipo de pensamientos de alimentan unos con otros y crean consecuencias negativas en la vida de las personas. Por ejemplo, si piensas en un hombre que tiene obsesión por repasar su trabajo muchas veces, es posible, que nunca esté del todo satisfecho, y por tanto, llegue muy tarde a casa cada día por culpa de su obsesión.

Algunas soluciones intentadas o consecuencias de quedarse enganchado en los pensamientos obsesivos son:
  • Evitar hacer cosas por miedo: cuando una situación nos produce miedo, podemos evitar salir de casa, evitar coger el coche, evitar tocar objetos que pensamos que están sucios, etc. Esto limita nuestro día a día e impide que hagamos nuestra vida con normalidad.
  • Comprobar muchas veces para estar seguro: esto es un tipo de compulsión muy típica en el Trastorno Obsesivo-Compulsivo. Cuando cerramos la puerta de casa o del coche y comprobamos 10 veces si está cerrada, estamos realizando una compulsión que en el momento puede calmarnos pero en realidad, sólo alimenta la ansiedad y obsesión.
  • Postergar las actividades para otro momento: el pensamiento de ya lo haré en otro momento, puede acabar provocando que no realicemos la actividad nunca más. Por ejemplo, imagina que quieres arreglar las plantas, pero tienes un miedo irracional, que te aparezca una araña entre ellas. Estás tan obsesionado con ese pensamiento que al final terminas por no realizar la actividad que quizá antes te apasionaba.
  • La necesidad de que sea perfecto: la perfección es enemigo de lo bueno, y por tanto, puede hacer que pierdas el norte intentando alcanzar lo imposible. Por ejemplo, la persona que tiene obsesión por el trabajo seguramente se perderá momentos importantes de su vida familiar por estar tan centrado en sus obligaciones laborales.

5 pasos para liberarte de tus pensamientos obsesivos

Acepta el pensamiento en vez de intentar suprimirlo de tu cabeza

Cada vez que intentas que los pensamientos obsesivos se marchen les das más fuerza para que sigan repitiéndose sin cesar. Imagina que puedes observarlos desde la distancia como si fueran coches pasando por una carretera. De esta manera, no te quedas apegado a ellos sino que puedes dejar que se marchen, a través de la aceptación.

Aplaza el pensamiento para más tarde

Aplazando el pensamiento para más adelante, estás engañando a tu cerebro, de tal manera que en realidad, después el pensamiento pierde intensidad y puede marcharse. Una frase que puedes decirte es: – Ya lo pensaré luego, lo pienso en otro momento.

Pon límites a tus obsesiones

No dejes que tus obsesiones te controlen, en vez de eso, apodérate de ellas. Para ello, cada vez que te venga una obsesión puedes decir la palabra: -¡Basta! en voz alta, de esta manera realizas una parada del pensamiento que te está estorbando.

Programa tus obsesiones

Pon un horario a tus pensamientos obsesivos, por ejemplo, voy a pensar en el miedo que me da ensuciarme de cuatro a cinco de la tarde. De esta forma estás gobernando tú la situación, en vez de dejarte desbordar por tus pensamientos negativos.

Practica una técnica de relajación

Practicar algún tipo de técnica de relajación, por ejemplo la respiración profunda o la relajación progresiva de Jakobson, cuando la ansiedad acecha, va a ser muy útil para neutralizar las obsesiones.

Por tanto, los pensamientos obsesivos pueden interferir en nuestra vida, haciendo que la controlen totalmente. Si empezamos a aceptarlos y a cuestionarlos va a ser más fácil que los podamos gestionar. Recuerda somos mucho más que nuestros pensamientos: si aprendemos a desapegarnos de ellos, seremos libres de ataduras y preocupaciones excesivas que solo nos amargan la vida.

Adriana Reyes Zendrera