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domingo, diciembre 17, 2017

3 consejos que te ayudarán a alcanzar la felicidad

Al mal tiempo buena cara es un dicho muy común. Resulta ser, además, una actitud muy verídica a la hora de afrontar los problemas que puedan suscitarse en nuestras vidas. Actualmente, existen múltiples razones para padecer de ciertas enfermedades anímicas como la ansiedad y la depresión. Los conflictos, preocupaciones y situaciones que se presentan parecieran tornarse cada vez más complicadas. 
 


En ocasiones da la impresión de que a pesar de los avances de la ciencia y la tecnología, que se supone simplifican nuestras vidas. Cada vez tenemos más problemas. ¿Por qué? Cada día necesitamos más y cada vez resulta más complicado obtener las cosas nuevas que vamos necesitando. De esta manera, alcanzar la felicidad puede verse comprometida. Sin embargo, sí existe una poderosa clave para alcanzar el bienestar…

Recordemos que un hombre es tan rico como necesidades tenga. Es decir, una persona que tiene muchas necesidades y el dinero para satisfacerlas es rico. También, lo es aquel que no necesita nada así no tenga dinero.

La revista Time ha compartido un listado de consejos sobre cómo ser más feliz. Los mismos, están basados en estudios relacionados. A continuación, Phrònesis te cuenta más sobre este interesante tema… 

La influencia negativa de las redes sociales…

Mucho se ha dicho sobre la influencia negativa de las redes sociales sobre la salud mental y psicológica de las personas. El pasar mucho tiempo en estas ha dado como resultado un incremento en la ansiedad de las personas. Vivir a través de estos canales de comunicación viendo la vida supuestamente perfecta de otros genera depresión.

En las redes sociales la mayoría de las personas publica solo los aspectos positivos de su vida. Es por ello que se crea una falsa felicidad en torno al uso de estos medios de comunicación. Muchas de estas se ven en la obligación de mentir sobre sus verdaderas vidas para no quedarse atrás de los demás. Fingir a través de fotos que todo es perfecto. Al final solo puede traer consecuencias negativas. Sobre todo en los jóvenes y adolescentes.

Los problemas de autoestima son de los más comunes. El uso de filtros y programas que alteran las fotografías solo empeora la situación. A través de las redes nos mostramos al mundo como queremos ser más no como realmente somos.

Consejo 1:

Es por ello que, la revista Time nos deja un primer consejo para alcanzar la felicidad plena: “Explora la vida que existe más allá de las redes sociales”. Vive la realidad a través de tus vivencias y no de las redes o medios digitales. El contacto con las personas cara a cara es necesario para poder ser nosotros mismos.

El buen uso del dinero…

El dinero no da la felicidad, aunque ayuda a obtener tranquilidad. Nadie está exento de pasar por problemas económicos. Y cuando nos encontramos envueltos en circunstancias financieras negativas, la tranquilidad se esfuma. Lamentablemente vivimos en un mundo material. En el cual el dinero es necesario. Sin embargo, está comprobado que el dinero no da una auténtica felicidad. Si este fuera el caso no sería una realidad el suicidio de famosos y artistas millonarios.

Resulta que el vacío existencial que sienten algunos no logra llenarse con dinero. Lo auténtico en la vida no tiene precio y no puede comprarse. Por eso, la importancia de hacer un buen uso del dinero. Este más allá de permitir comprar cosas materiales que ocupan espacio puede ser la llave para vivir experiencias maravillosas que alimenten el espíritu.
 
Consejo 2:

La revista Time, aconseja: “Utiliza el dinero para invertirlo en ti. Compra tiempo libre”. Viajar, conocer personas nuevas y descansar. Son solo algunas de las cosas que el dinero nos permite lograr. Usa el dinero para comprar experiencias y buenos momentos que te permitan de alguna manera vivir. 

El perdón es la llave que abre la puerta a la felicidad…

El perdón libera. Es más fácil y sano soltar las cargas que te atan espiritualmente. Perdonar y dejar ir es la mejor medicina para el alma. Si te quedas con el rencor y resentimiento, será casi imposible que alcances la felicidad. Aquellos que hacen uso del don de perdonar son las personas que llevan una vida más tranquila y feliz. La negatividad trae consecuencias muy serias para la salud.

El perdón es sinónimo de fuerza. Se necesita más decisión y determinación para perdonar que para guardar odio en el corazón. El odio es una barrera que causa infelicidad. Mientras cultives esa clase de sentimientos en ti jamás lograrás estar en paz y por ende nunca podrás vivir tranquilo. La felicidad significa llevar una vida equilibrada y llena de gozo. El perdón es la mejor manera de lograrlo.
 
Consejo 3:

Según la revista Time una de las claves para ser feliz en la vida es seguir este consejo: “No dejes que el rencor y el resentimiento ganen. Aprende a perdonar”. En este aspecto entran en juego diferentes técnicas que ayudan a lograr dicho cometido. La meditación y la oración son las más comunes.

Phrònesis

sábado, diciembre 16, 2017

¿Cómo afrontar las situaciones de estrés?

Como se ha definido en anteriores columnas, el estrés consiste en una activación fisiológica y psicológica que nos perturba y nos afecta en la posibilidad de afrontar determinadas situaciones que son percibidas como amenazantes o que superan nuestros propios recursos. Sin embargo, la psicología ha demostrado que más que el potencial amenazante de una situación, es la percepción que tenemos de esa situación la que nos genera respuestas de estrés que afectan de manera decidida la posibilidad de superar un asunto demandante en nuestra vida.


Si es así, el manejo del estrés no se remite solo a evitar o controlar las situaciones que percibimos como desbordantes de nuestros propios recursos de afrontamiento, sino también al desarrollo de habilidades personales que bloqueen las respuestas de estrés y por ende incidan positivamente en nuestro desempeño y bienestar emocional.
Según Buendía (1993), las estrategias de afrontamiento cumplen dos funciones básicas para el manejo del estrés:
  • Modificar la situación o el acontecimiento estresante: Se pretende modificar la relación descompensada entre el sujeto y su entorno mediante la modificación de las características del hecho amenazante, buscando así disminuir la perturbación generada. El cambio esperado es externo a la persona.
  • Regular los estados emocionales provocados por las situaciones o acontecimientos estresantes. La pretensión es producir cambios en la persona (y no en el acontecimiento) para neutralizar las respuestas de estrés. Se hace una revisión interna de las estrategias de afrontamiento, buscando neutralizar las reacciones de estrés.
De lo anterior se desprende que las estrategias de afrontamiento tienen una funcionalidad referida al manejo eficaz de las demandas percibidas como estresantes, para anticiparse, neutralizar o disminuir las respuestas de estrés. Si la estrategia cumple con su cometido, es reforzada y tiende a mantenerse y fortalecerse en el repertorio de respuestas del sujeto. Sin embargo, si no cumple con su objetivo, de manera defensiva el sujeto intentará nuevos recursos que, en caso de persistir las manifestaciones de estrés, podrán llevar a la persona a hacerse más vulnerable ante las situaciones problemáticas, estableciéndose un proceso en espiral que redundará en un deterioro del funcionamiento psicológico, personal y social, y por ende del desempeño general de la persona.
Ahora bien, el mantenimiento de las estrategias de afrontamiento no está definido solo por la eficacia de la estrategia frente a la disminución efectiva del estrés, sino además por la percepción que la persona tenga de éstas. Por ejemplo, el consumo de cigarrillos es visto por el fumador como una estrategia para la neutralización de las respuestas de ansiedad, pero en realidad es un mantenedor de las mismas en tanto se convierte en un estímulo externo de dependencia para sentirse mejor, lo cual genera mayor ansiedad por la necesidad de adquirirlo.
A continuación se propone un listado de las estrategias de afrontamiento más comunes para hacer frente al estrés, y que pueden resultar positivas o negativas según el efecto que produzcan de disminuir o perpetuar el mismo en las personas.
Dentro de las estrategias que pueden considerarse como negativas frente al estrés, se encuentran:
  • Negación: No aceptación de un problema o dificultad real por parte del sujeto, poniendo en escena estrategias de evitación frente al mismo. Es una estrategia negativa en tanto la persona ignora la situación problemática, lo que le lleva a no poner en ejecución acciones reparadoras o de superación de los obstáculos.
  • Conformismo: Pasividad derivada de la percepción de no controlabilidad del hecho, por lo que la persona opta por esperar el desenlace de la situación. Es negativa en tanto lleva a asumir una actitud de espera pasiva, en la que la situación debe resolverse por sí misma, ante la percepción de incapacidad o baja autoeficacia de la persona.
  • Refrenamiento del afrontamiento: Aplazamiento de todo tipo de afrontamiento hasta tanto no se considere que se tiene información suficiente o a que llegue el momento considerado oportuno para actuar frente al hecho. Es lo que se denomina como procrastinación, en donde se “deja para mañana lo que podemos hacer hoy”.
  • Respuesta paliativa: Se buscan estrategias paliativas que disminuyan la carga emocional del estrés, como fumar, beber, comer en exceso, etc. Que pueden producir una sensación de alivio inmediato, pero que son mantenedoras o reforzadoras de las respuestas de estrés por no atacar en sí las raíces del problema.
  • Impulsividad: Emisión de respuestas impulsivas frente a las situaciones generadoras de estrés. Es como “actuar sin pensar”, dejándose llevar por las primeras reacciones. Puede conllevar a conductas como agresividad, pérdida del control sobre sí, problemas en la relación con otros, dificultades de desempeño y equivocaciones al decidir las formas de solución de los problemas.

Las estrategias que resultan positivas frente al manejo del estrés y que por lo general conllevan a una mayor agilidad en la resolución de los problemas, son:
  • Planificación: Se incluyen esfuerzos para modificar la situación mediante un análisis racional que lleva a un plan de acción frente a las demandas de la situación. Consiste en definir paso a paso las acciones necesarias para superar el problema.
  • Control emocional: Su finalidad es regular y canalizar los sentimientos negativos derivados de la reacción de estrés. La persona desarrolla estrategias de regulación emocional como relajación, control de respuestas, manejo de los impulsos, entre otras.
  • Búsqueda de apoyo social: Tendencia a buscar a otros para obtener ayuda, apoyo o consejo para hacer frente al problema. Consiste en acudir a personas cercanas, como familiares, amigos o compañeros, con quienes se tenga la suficiente confianza para compartir los problemas. En casos más complejos, se recomienda buscar apoyo profesional, con personas capacitadas y calificadas para atender estas situaciones.
  • Reevaluación positiva: Se busca crear un nuevo significado del problema, destacando los aspectos positivos del mismo. Se busca cambiar el foco de atención en la situación, referido solo a lo negativo, y buscar los aspectos positivos que pueden obtenerse del hecho. Recordar que cada experiencia, por negativa que sea, es un motivo de aprendizaje.
  • Hobbies y desarrollo de actividades placenteras: Cada persona debe reconocer actividades que le generen satisfacción personal y sirvan de distanciamiento frente a las respuestas de estrés. Acá se pueden incluir actividades deportivas, recreativas, sociales, artísticas, ambientalistas, de autocuidado, de ocio y de uso del tiempo libre en general.
Para favorecer el manejo adecuado del estrés, cada persona debe reflexionar en torno a las tendencias de acción que le caracterizan al enfrentar situaciones demandantes o amenazantes de su equilibrio y bienestar personal y preguntarse sobre las consecuencias que estas acciones traen para su vida.
Lo primero es reconocer que algunas de las formas tradicionales que tenemos para hacer frente a los problemas no resultan eficaces o positivas para nuestra vida, y que por el contrario, se convierten en factores de mantenimiento y fortalecimiento de nuestras respuestas de estrés. Por otro lado, hay estrategias que ayudan a disminuir las reacciones de estrés y sus efectos negativos en nuestras vidas, lo que nos debe llevar a buscar cómo fortalecerlas y convertirlas en hábitos cotidianos que nos permiten llevar una existencia más calmada, más relajada y con mayores probabilidades de éxito para superar las dificultades.
Y lo más interesante, debemos entender que estas estrategias, positivas y negativas, están bajo nuestro control, antes que sea el estrés el que controle nuestra vida

 Dr. Rodrigo Mazo Zea

viernes, diciembre 15, 2017

Nuestro lenguaje interior

El lenguaje no es solamente la comunicación verbal, son una serie de símbolos que el cerebro interpreta y regula no solo para establecer un nexo con otros sino con nosotros mismos. Normalmente con los demás usamos palabras, gestos, actitudes, expresiones faciales y corporales que le dan énfasis a ese lenguaje verbal. 
 


¿Entonces cómo hace el cerebro para darle sentido a lo que pensamos?

El cerebro desde luego que usa las palabras como un medio para conectarnos con lo que expresan los demás, pero nosotros no pensamos con palabras, se integran contenidos completos que permiten condensar el pensamiento, en forma global y no literal.

Existen muchas formas de lenguaje: verbal, escrito, simbólico, convencional, abstracto, háptico, musical, matemático, de señas. Y en cada una de sus expresiones existe un fondo de comunicación y de sentido que nos entrelaza o nos aísla.

El lenguaje verbal tiene contenido, significado, expresión, comprensión, ritmo, medida, entonación, prosodia, musicalidad, representación y afecto.

Si se aprende tardíamente una segunda lengua, la decodificación se hace lenta y las pausas aparecen, para confirmar lo que queremos decir, llevar a palabras nuestros pensamientos. La fluidez mental no necesariamente implica una velocidad de expresión o locuacidad. 

¿En dónde se encuentra el lenguaje en nosotros?

El cerebro tiene áreas especializadas para manejar ciertas funciones, como el movimiento de los labios, el manejo del aíre cuando hablamos, la movilidad de la lengua, activar nuestras cuerdas vocales, y para relajar algunos músculos y activar otros. Y otras áreas para comprensión, manejo del tono de la voz, sentido de las palabras, comprensión no solo de lenguaje verbal sino todo tipo de expresión y ambas se combinan para la lectura y la escritura.

Pero no son solamente esas dos zonas –áreas de Broca y de Wernicke-, se conectan con nuestro cerebro emocional para darle sentido sino también entendimiento. Además hay conexiones visuales para la lectura y táctiles para descifrar con la piel o la sensibilidad de los dedos un texto escrito en Braille—lenguaje de los ciegos-, o si nos escriben en la espalda o en la mano.

También se necesita voluntad para expresar lo que queremos, esa zona está en nuestro lóbulo frontal. Para decir adecuadamente, con elegancia, o medir los impulsos cuando estamos enojados, el cerebro emocional tiene un control en la parte más anterior de ese lóbulo frontal—la corteza prefrontal-, de esta manera controlamos lo que no quisimos decir en un momento de rabia o de ofensa.

Otra cosa es la memoria, que puede ser verbal, escrita, visual, sensorial y ejerce funciones en el desarrollo de las habilidades del lenguaje para escoger sustantivos, sinónimos, antónimos, y elegir las mejores palabras para darle magnificencia al lenguaje en todas sus modalidades.
 
¿Cómo se sabe que no pensamos con palabras?

Sabemos que no pensamos con palabras porque cuando ocurre un accidente que compromete el cerebro o una enfermedad cerebrovascular (Ictus), las personas pierden la expresión del lenguaje sin perder las capacidades dentro de su cerebro para comprender, idear, innovar y reconocer otros tipos de formas del mismo, como las señas o los símbolos, incluyendo otros tipos de lenguaje como el musical. 

¿Entonces cómo así que no pensamos con palabras?

Un ejemplo de la comprensión global o Gestalt sería “caperucita roja”, la persona que se sabe el cuento integra todo como un contenido. No necesitamos escuchar el relato de nuevo para generar toda la información que llevamos del mismo. Cuando pensamos lo hacemos mediante estos contenidos globales. No repetimos verbalmente: “voy a ir al banco a realizar una transacción”, a menos que estemos dando una explicación de lo que pensamos realizar.
 
¿Cómo se configura nuestro lenguaje interior?

Bajo estas premisas tenemos todo tipo de información del lenguaje interior. Analizamos, ideamos, programamos y solamente nos referimos a palabras cuando vamos a utilizarlas en una argumentación como cuando nos preparamos para decirle al jefe que merecemos un aumento de sueldo. Aquí el ensayo mental se tiene que producir mediante palabras.

El lenguaje interior se contamina porque dejamos que entren contenidos de todo tipo. Cuando vamos a salir en el vehículo, nos adelantamos a la ruta, generamos al mismo tiempo la llegada a la oficina, o interpretamos el leve dolor de cabeza. En ese transcurso pasamos de un tema a otro de acuerdo a las prioridades.

¿Cómo se organiza el lenguaje interior?

Un pensamiento organizado, coherente, impecable, es aquel que se usa de acuerdo a la necesidad apremiante de realizar una actividad productiva o también lúdica. Nuestro cerebro deja que llegue información irrelevante que nos desconecta del medio.
 
¿Se puede aprender a pensar?

Desde luego que sí. Tenemos que hacer uso de nuestra corteza prefrontal—aquella parte de nuestro cerebro que sirve para funcionar adecuadamente, es decir nuestro cerebro analítico-. Mediante la resolución de problemas vamos desechando el “pensamiento basura”, el cual no resuelve nada. Si pensamos en que nuestro hijo presenta un catarro, estando nosotros en la oficina, es mejor llamarlo para saber cómo está que demorar la acción pensando en las complicaciones posibles de una infección respiratoria.
 
¿Se pueden seleccionar los pensamientos?

La selección adecuada de los mismos se llama pensamiento crítico, y consiste en el análisis rápido de ellos para encontrarles utilidad y que no se devuelvan después de resueltos. Como cuando nos desvelamos, que llenamos la cabeza de posibilidades y eventos, que se vuelven una telaraña de decisiones sin una coherencia adecuada.
 
¿Puedo aprender pensamiento crítico?

Desde luego, la rutina en un evento mental para volverse eficiente, necesita primero que todo identificar la utilidad y coherencia del pensamiento. Se deben resolver uno a uno los elementos, problemas o cuellos de botella, y ponerlos en su prioridad. Si cuando me estoy bañando para ir al trabajo, estoy resolviendo la ruta para llegar al mismo, es mejor desecharlo y hacerlo cuando estemos sentados en el auto.
 
¿Qué puedo hacer si se me vienen pensamientos no trascendentales?

Si tiene preocupaciones estas son la primera causa para evadir el pensamiento. Resuelva inmediatamente y siga para adelante. Si tiene dudas sobre si su hijo llegó o no llegó en la noche, no se quede pensando, levántese y verifique; si no está en su cama, llámelo y resuelva la situación. Pocos problemas se resuelven pensando en ellos.
Hágase usted mismo estas preguntas
  • ¿Por qué estoy pensando en este tema?
  • ¿Son de utilidad inmediata mi pensamiento o mis dudas?
  • ¿Ya había resuelto esta duda?, no voy a pensar en ella otra vez.
  • ¿Y si resuelvo esto más tarde? Mejor me dedico a lo importante.
  • ¿Qué soluciono pensando en esto?
  • ¿Es un problema que puedo solucionar yo o depende de otros?
  • ¿Tiene realmente solución el problema? Pasemos a otra cosa.
  • ¿Es necesario resolver lo que estoy pensando o lo dejo para más tarde?
  • ¿Para qué? Es una pregunta eficiente, para qué piensa en algo que no le va a reportar utilidad o que simplemente no es de su competencia. Además genera una ansiedad que se vuelve creciente cuando el pensamiento da vueltas y vueltas sin encontrar soluciones que, a su vez, las tiene que tomar otra persona.

Pasamos la vida de preocupación en preocupación, pensando en eventos pasados y futuros que no hacen parte ya de la realidad resolutoria. Dejarnos llevar por las cosas fuera de nuestro alcance hacen el presente irrelevante, porque caminamos sin mirar, oímos sin prestar atención y deambulamos sin un rumbo definido.

El lenguaje interior y el pensamiento crítico son dos pilares de desarrollo del cerebro inteligente que promueve el Neuromanagement-aplicativo. La utilización a nivel empresarial es esencial en los procesos de formación e implementación de la resolución de problemas.

Dr. Rodrigo Isaza Bermúdez

jueves, diciembre 14, 2017

10 claves para vivir sin estrés

Seguramente, tras leer el título, te estés imaginando en una playa paradisíaca alejada de cualquier tipo de bullicio o ruido de la ciudad. Hamacas, arena, agua cristalina, frutas deliciosas… 

 
Para vivir sin estrés no hace falta irse tan lejos, ni soñar con imposibles. En este artículo te damos 10 claves básicas para que aprendas a disfrutar y a ser feliz con lo que tienes.

“Algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora”.
-John Lennon- 

Simplifica: menos es más

A veces, cuando tenemos un problema que no sabemos resolver, le damos vueltas y vueltas en nuestra cabeza. Si no nos atrevemos a enfrentar nuestras dificultades, normalmente buscamos excusas y explicaciones enrevesadas para huir de ellas.

La solución es coger el toro por los cuernos y actuar. Normalmente, la manera más sencilla de solventarlo es yendo al grano. 

Practica el optimismo

Ser optimista es ver el lado positivo de las cosas, a pesar de ser consciente de que las desgracias, las injusticias y los contratiempos ocurren. Hay acontecimientos que no podemos cambiar, que simplemente vienen así y hay que aceptarlos. Pero lo que sí está en nuestra mano es la manera en la que nos los tomamos y la actitud con la que enfrentamos lo sucedido. En definitiva, lo que nos aportan y enseñan.

Por eso, si eres una persona negativa, puedes probar a forzarte un día a ver todo lo bueno que tienes alrededor. Tu familia, tus cualidades, potencialidades, lo que has conseguido… Aunque te parezca absurdo y ridículo al principio, con regularidad y constancia, terminarás acostumbrando a tu cerebro a que se plantee la vida de otra manera.

Mejora tu autoestima

¿Estás contento con tu relación contigo mismo? ¿Te tratas bien? ¿Te cuidas? Es difícil estar en armonía con el resto de personas de tu alrededor, si no lo estás contigo. Deja de ser tan exigente y de autosabotearte.

Ámate, quiérete por cómo eres y por quién eres. Si tu autoestima está fuerte, el optimismo saldrá solo y tu calidad de vida mejorará enormemente.

“Confía en ti mismo. Sabes más de lo que crees que sabes”.
-Benjamin Spock- 

Hábitos saludables

Para vivir sin estrés es necesario cuidar mente y cuerpo. Ya sabemos que ciertos hábitos como comer a deshoras o el consumo de alcohol y drogas perjudican nuestra salud. Prueba a comer más moderadamente, a eliminar ciertos productos con demasiadas grasas o azúcares, a hacer deporte regularmente y a dormir bien. 

Planificación y enfoque

Cuando estamos sometidos a un estrés habitual, parece que nos faltan horas al día para hacer todas nuestras obligaciones. Puede que sea así. Por eso, es mejor organizarse, y hacer una planificación funcional y práctica que nos permita ver qué prioridad tiene cada cosa y qué puede ser pospuesto.

Lo mismo pasa cuando te piden en el trabajo que realices cinco tareas diferentes inmediatamente. Lo mejor es que te centres y enfoques en aquello que es verdaderamente relevante. Escoge aquella tarea que sea más urgente. Usa tu criterio y concéntrate al máximo. Así, podrás dar tu 100% y créeme, la acabarás antes. 

Sé más listo que él

Si notas que tu estrés está aumentando peligrosamente las últimas semanas, párate y piensa. Tu inteligencia emocional es la que te ayuda a darte cuenta de que tu cuerpo está realizando un sobreesfuerzo, de que te estás angustiando. Reconocerlo y tratar de encontrar de nuevo la calma es una habilidad esencial para vivir sin estrés.

Pero no se consigue de la noche a la mañana. Requiere práctica y conocimiento de uno mismo. A base de tropezar con la misma piedra nos damos cuenta de qué nos afecta más y cómo podemos ayudarnos a obviar los sentimientos dañinos. Cuando te sientas estresado, trata de imaginar alguna sensación que te encante. Un aroma, una canción, un sitio…

Pide ayuda

Muy relacionado con lo anterior, se encuentra el paso de buscar ayuda. Muchas veces no acudimos al psicólogo o a terapia por el dinero. Creemos que la salud mental es algo superfluo, pero no. Con dolor de rodilla podemos vivir, mejor o peor, pero con un estrés paralizante, no.

Si no te sientes a gusto con el apoyo profesional, al menos deja que las personas más allegadas a ti te ayuden. Cuéntales lo que te pasa y seguro que encuentran la manera de cargarte de energía. 

Cuida tu dinero

Por supuesto que el dinero causa estrés. Y más cuando no se tiene. Si lamentablemente tu situación económica no es boyante, puedes poner en práctica cuatro habilidades básicas para administrarte mejor.
  • Reducir tus gastos
  • Aumentar ingresos
  • Invertir para crecer o simplificar tu vida.
  • ¡Simplificar! 

Desconecta y baja el ritmo

Hay personas que cuando llegan a su casa tras una jornada laboral, apagan el móvil y se olvidan hasta el día siguiente del trabajo. Hay otras que, por distintas razones, no pueden. Bien porque se ha quedado con un e-mail pendiente de mandar, porque está esperando una llamada o, simplemente, porque están estresadas.

En este último caso, es necesario que bajes el ritmo. Marca tus límites y dedica tiempo a tu vida personal. Si no lo haces tú, nadie podrá hacerlo por ti.


Entorno social saludable

Dime con quién andas, y te diré quién eres. Aplicado a vivir sin estrés significa tratar de rodearse de personas alegres, empáticas y sanas. Seguro que algo se te pegará. La manera de pensar, la forma de vivir y de afrontar el mundo depende en gran medida de cómo hayas sido educado.

Pero puede cambiar, la experiencia te permite elegir cuál es tu filosofía de vida. Por eso, los amigos y el entorno social en el que te muevas, te ayudarán o perjudicarán en ese proyecto de vida que tienes.

Vivir sin estrés es ser más feliz, más armónico, más alegre, estar más pleno. Esto se puede lograr en gran medida mediante ciertos cambios de actitud y hábitos. ¿Estáis dispuestos a disfrutar más y mejor?

Sara Clemente

miércoles, diciembre 13, 2017

El karma: acción, reacción, repercusión

El karma, para los que creen en su existencia, es el encargado de que el mundo sea un poquito más justo. Es acción, reacción y repercusión; también entendido como una relación causa-efecto. En otras palabras, sembrar y recoger, dar y recibir. 
 

Religiones, como el hinduismo y el budismo, entienden el karma como una energía trascendente que se genera a partir de los actos de las personas. Aunque existan diferencias en el significado, su interpretación posee una base común. La energía se transforma y tenemos la oportunidad de aprender a canalizarla. Por otro lado, el nudo infinito es uno de los símbolos más representativos del karma y simboliza la interconexión entre las causas y los efectos, un ciclo que no tiene fin.

La ley cósmica de causa-efecto: el karma

La ley de retribución o causa-efecto entiende que una acción es lo que causa el comienzo del ciclo. Continuamente ponemos en marcha este proceso, por lo que es normal que algunas repercusiones tarden años en manifestarse. El karma es por tanto es un proceso continuo, donde existe la posibilidad de cambio.

Algunas religiones asocian el karma y la reencarnación. Conciben el karma como aquello que tienes pendiente y no completaste en alguna vida pasada. En el siglo XXI, quizás cueste entender este concepto pero el mensaje de trasfondo es clave: a lo largo de tu vida persigue la satisfacción a través de tus propios actos, ama lo que haces, intenta no dejar nada por hacer, y encontrarás la paz.
“Lo único que permanece es el cambio”

Las 7 leyes del karma

El karma no debe ser entendido como una venganza del universo, sino como un reflejo de tus acciones, una consecuencia natural y al mismo tiempo una oportunidad de para tomar conciencia. Existen 7 principios básicos que recogen la esencia principal del karma:
  • Gran ley o ley de causa-efecto.
  • Ley de la responsabilidad.
  • Ley de la conexión.
  • Ley del cambio.
  • Ley del enfoque.
  • Ley de la humildad.
  • Ley del crecimiento.
Las implicaciones del karma

Nuestras expectativas, experiencias, palabras… marcan nuestras acciones. El hinduismo y budismo consideran que hay tres factores que generan reacciones:
  • Acción física, por ejemplo los gestos.
  • Acción verbal, por ejemplo las palabras.
  • Acción mental, por ejemplo las expectativas.
Es cierto que nuestra conducta está guiada por nuestro cerebro. Los distintos tipos de acciones pueden variar en su producción, a veces pueden ser impulsivas, inconscientes, desacertadas… Nuestras emociones también influyen en nuestras acciones ya demás lo hacen de manera notable incluso en aquellas que creemos más racionales, como las económicas. Vivir es cambiar, por lo que tenemos en nuestras manos cartas invisibles con las que jugar el destino, la repercusión. 

“No descuides las acciones negativas porque sean pequeñas; una chispa puede incendiar un pajar tan grande como una montaña. No descuides las pequeñas y buenas acciones creyendo que no aportan ningún beneficio; incluso las menores gotas de agua acaban llenando un recipiente enorme”.
-Buda-


Aprender de la sabiduría de la naturaleza

Adquiramos consciencia sobre el poder que tenemos cuando manejamos el timón de nuestras vidas. Por supuesto, hay factores que no controlamos, como una tormenta encendida en aguas abiertas. En este sentido se trata de manejar con inteligencia la influencia de la que dispongamos y de no entregarla también al azar por estimar que es mínima o insuficiente. Por ejemplo, minimizar las pérdidas puede ser lo que marque la diferencia para conseguir llegar al puerto más cercano y reparar el barco. Entre una escala y naufragar, como hubiera ocurrido si hubiéramos tirado la toalla.

De hecho, algunos expertos aseguran que las crisis son necesarias para crecer. Tiene mucho sentido. Si somos conscientes del valor de nuestros actos y no atribuimos las experiencias negativas solo a factores externos, tenemos delante una oportunidad para crecer. La clave está en encontrar un equilibrio entre lo que damos y lo que recibimos, atribuyendo causas realistas y aprovechando nuestras valiosas capacidades adaptativas.

Hay estaciones del año donde las tormentas y lluvias son más frecuentes. Al igual que en nuestra vida, hay momentos más difíciles. Los desastres naturales son inevitables. Muchos huertos y cultivos se destrozan cuando las inundaciones abundan. Nosotros somos seres naturales que también sentimos como algunas vivencias nos inundan. En esas ocasiones, se trata de darnos la vuelta y apelar a nuestro ingenio para sobrevivir, de al menos no perder cuando no se puede ganar.

Al igual que esos huertos y campos pueden recuperarse gracias a un mayor esfuerzo y cuidado, con nuestra vida ocurre lo mismo. Siempre queda la posibilidad de cambiar el ciclo del karma a través de nuestras acciones. No olvidemos que cualquier acción que hagamos siempre tiene consecuencias -mayores o menores- sobre nosotros, como actores y responsables.

Beatriz Caballero

martes, diciembre 12, 2017

Todas las emociones son aceptables, todos los comportamientos no

Todos tenemos derecho a sentir cualquier tipo de emoción, todos tenemos experiencias que nos hacen vivir en nuestro cuerpo y nuestra mente sentimientos diferentes. En este sentido, todas las emociones que vivimos son aceptables, pero lo que no podemos aceptar es cualquier tipo de expresión o canalización de los comportamientos que puedan emerger de esas emociones. 


 
Nuestro trabajo se encuentra en identificar las emociones, en reconocerlas antes de que nos dominen y que no podamos imponerles nuestro control. A partir de ahí, saber darles una salida que no perjudique a nadie y que nos permita expresar, controlar y canalizar aquello que sentimos.

A veces las emociones surgen sin que pueda mediar una anticipación. Casi de forma automática sentimos rabia, sentimos ira, sentimos venganza y no es que no debamos sentir esto. Otra cosa es permitirles que tomen el timón. Sentir significa que estamos vivos, vivenciarlo en nosotros es sentir que algo nos importa; es natural, pero en el momento en el que las emociones toman el control de nosotros y nos hacen hablar sin haber podido pararnos a pensar y calmarnos, pierden todo su poder positivo, y con él, pierde valor cualquiera de nuestros actos que deriven de ella. 

“En el conocimiento de nuestros miedos y patrones emocionales inconscientes está la clave de nuestra libertad”.
-Elsa Punset-

¿Se pueden controlar las emociones?

Existen emociones que surgen sin darnos cuenta, casi de forma automática, que aparecen casi al instante de que ocurra la acción. Por ejemplo, vemos a una persona que nos sigue en un callejón oscuro y aparece el miedo, nos hacen un regalo y nos ponemos felices.

La manera en la que nos hablamos, es decir, la manera en que pensamos, nos hace potenciar lo que sentimos, nos hace analizar la situación y es la que también contribuye a que aparezcan unas emociones u otras. Por ejemplo si seguimos caminando por ese callejón y vemos a alguien detrás, podemos calmar nuestro miedo si pensamos o nos decimos a nosotros mismos que es alguien que vive en el edificio de la izquierda, al contrario que si pienso que camina justo detrás de mí y lleva un arma para atacarme.

Por ello, puede que a veces nuestras emociones aparezcan al instante, pero nuestra forma de reaccionar estará mediada por nuestros pensamientos y nuestra intervención interior y aquí es donde está nuestro margen para actuar. Tomarnos nuestro tiempo para analizar qué siento, y por qué, dar el espacio a la emoción y mediar con nuestro pensamiento para que se cree un enlace directo entre la emoción y la acción. Sino que nuestro poder se encuentre en recapacitar y tomarnos un tiempo antes de actuar. 

No todos los comportamientos son justificables

Quizás el error esté en pensar que por sentir algo tenemos derecho a actuar como nos nazca y no es así, la libertad de mis actos acaba cuando empieza la de los demás y por ello una determinada emoción nunca puede justificar una violación de los derechos de los demás. El poder de mi libertad también reside en el control sobre mis actos.

Puedo sentir rabia, y es aceptable, puedo sentir rencor y es aceptable, puedo sentir odio y también será aceptable, pero nunca lo será hacer daño a los demás a causa de mi enfado o de mi rabia si no es estrictamente en defensa propia. Toda emoción es justificable pero no todos los comportamientos.

De esta manera, es nuestra obligación aprender a canalizar todas las emociones que nos hacen daño, a darles una salida que sea beneficiosa para todos, una salida que me alivie y me permita expresar lo que siento. Todo nuestro poder está en nosotros y en la gestión que hacemos de lo que ocurre en nuestro interior. Somos libres de sentir, e incluso de recrearnos en cualquier tipo de emoción, pero somos también responsables de los actos que emprendamos motivados por ellas.

Adriana Díez

lunes, diciembre 11, 2017

5 sencillas claves para desarrollar la intuición

Algunas personas tienen una capacidad innata para percibir su entorno. Suelen tomar decisiones acertadas y les sonríe la suerte. Son aquellas que han sabido ejercitar y desarrollar la intuición de tal manera que la han incorporado como un hábito más en sus vidas. ¿Quieres aprender a hacerlo?

 
 
Según numerosas teorías psicológicas, la intuición es un conocimiento que no puede ser explicado o verbalizado, porque no se alcanza racionalmente. No nos estamos refiriendo a la concepción esotérica de la intuición; sino a una habilidad para percibir y comprender la realidad sin hacer uso de la razón. Es innata, no sobrenatural.

Te proponemos una serie de técnicas que te permitirán aprender a guiarte más certeramente contigo mismo, a tomar decisiones correctas y a ampliar tu visión sobre la vida. Si quieres desarrollar tu intuición, ¡ten en cuenta estos ejercicios! 

Confía en tus corazonadas

Estás a punto de aceptar un nuevo puesto de trabajo. Es una multinacional de mucho prestigioso que, sin duda, va a suponer el impulso que estabas esperando a tu carrera. Ahora tienes un empleo algo más modesto, que te permite vivir, pero con el que no has conseguido despuntar aún. Te dan dos días para tomar la decisión.

Racionalmente, sabes que la multinacional es una oportunidad única, un tren que a lo mejor no vuelve a pasar más. Pero algo te dice en tu interior que no lo aceptes. Hay una cosa dentro de ti que no te da buena espina. Aprende a dar importancia a esos pálpitos que tienes, porque son una señal que te está enviado tu cuerpo para que vayas con precaución.

Dales el sitio que merecen. Si te dejas guiar por tu intuición, no podrás reprocharte nada en un futuro. Actuaste según lo que creías que iba a ser mejor para ti. Puedes estar en lo cierto o no, pero al menos, vas a dejar salir esa habilidad que tenías escondida. Generalmente, si alguien o algo te generan una emoción negativa, estás ante una intuición. 

Practica tu observación

La relación que existe entre la percepción y la intuición es manifiesta. Las personas más intuitivas son más observadoras.

Observar es curiosear, poner atención y detenimiento en lo que te rodea. Es tratar de obtener datos o adquirir conocimientos sobre las cosas que te resultan novedosas, sorprendentes o destacables.

Este ejercicio de atención plena te hará ir encontrando similitudes, coincidencias y relaciones entre objetos y personas de tu entorno, que en un primer momento te parecían completamente inconexas. 

La meditación te ayudará a desarrollar la intuición

Quizá no sepas si eres intuitivo o no, porque no tengas el suficiente autoconocimiento como para creerlo. En este sentido, las prácticas de meditación pueden ayudarte a despertar esta habilidad y a ir desarrollándola poco a poco.

Sus beneficios son claros: disminuyen la ansiedad y el estrés, te permiten entenderte, liberar emociones negativas y mantener un estado de equilibrio emocional.

Practicar la meditación te ayuda a prestar atención a estímulos de tu alrededor que antes pasaban desapercibidos. Así, además de desarrollar la intuición, notarás cambios en tus habilidades creativas y te sentirás más despierto y conectado. ¡Pruébalo!

Visualización de paisajes

Otra práctica muy ligada a la meditación y que contribuye a desarrollar la intuición es la visualización. Una herramienta muy útil que te permite tener un mayor control de la mente, las emociones y el cuerpo. Consiste en aprender a relajarse imaginando distintas situaciones de forma realista.

Por ello, debes cerrar los ojos y concentrarte en tu respiración. Trata de visualizar un sitio que te transmita buenas vibraciones. Por ejemplo, un campo verde lleno de tulipanes o lo alto de una montaña nevada desde donde se ve toda una cordillera.

Fíjate en cada detalle de ese paisaje. La intensidad del verde de la hierba, el sonido del viento que roza tu piel, ese pequeño pétalo que está apunto de desprenderse… Guarda en tu memoria todos estos pequeños detalles. Respira profundamente y abre los ojos.

Seguramente te notarás más tranquilo y relajado, como si hubieras estado por unos instantes en ese sitio tan agradable. Con ello, habrás mejorado tu intuición, pero también te servirá como una técnica de relajación frente a picos de ansiedad o de estrés que experimentes en tu rutina diaria.
 
Tómate tiempo para estar solo

La soledad asusta. Es una sensación que, cuando pensamos en ella en un futuro, nos aterra y paraliza. Esto no quiere decir que no podamos estar solos con nosotros mismos de vez en cuando. ¡Claro que podemos! E incluso, debemos.

En ocasiones, tenemos que aislarnos de todo lo que está pasando a nuestro alrededor, tomar perspectiva y saber escuchar a nuestro corazón y a nuestro inconsciente. “Si hago esto, me voy a sentir bien, ¿o mal?”; “No confío mucho en mi nuevo compañero de trabajo, voy a andarme con prudencia”. “Creo que en este colegio mi hijo va a estar mejor que en este otro”.

Prueba a relajarte, da un paseo y libera tu mente del agotamiento laboral diario. Aléjate de la tecnología, solo reúnete con tu yo más profundo y deja que te guíe.

Muchas veces, debemos tomar decisiones que son verdaderamente transcendentales. Por eso, desarrollar la intuición se convierte en un ejercicio que nos reporta grandes ventajas a la hora de enfrentarnos a ella. ¿Estás preparado?

Sara Clemente

domingo, diciembre 10, 2017

Las 6 emociones básicas: características y funciones

Tenemos la vieja costumbre, heredada de la filosofía, de enfrentar siempre a la razón y a las emociones, como si estas últimas alteraran el raciocinio. Atribuimos a la emoción ese carácter hedónico, transcendental e irracional que nos hace pensar que las emociones carecen de utilidad. Pero eso es un grave error, las emociones cumplen un papel muy importante, nos ayudan a dirigir nuestra conducta y a actuar rápidamente. Entre ellas las más relevantes son las emociones básicas: sorpresa, asco, miedo, alegría, tristeza e ira.

 
 
Estas emociones básicas aparecen durante el desarrollo natural de cualquier persona con independencia del contexto en el que se desarrolle. En general, estas son procesos relacionados con la evolución y la adaptación, los cuales tienen un sustrato neural innato, universal y un estado afectivo, que podríamos llamar sentimiento, asociado característico.
 
La sorpresa

La sorpresa se puede definir como una reacción causada por algo imprevisto, novedoso o extraño. Es decir, cuando aparece un estímulo que el sujeto no contemplaba en sus previsiones o esquemas. La vivencia subjetiva que la acompaña es una sensación de incertidumbre junto a un estado en el que la persona tiene la sensación de tener la mente en blanco.

Respecto a las reacciones fisiológicas, nos encontramos con una desaceleración de la frecuencia cardíaca y un aumento del tono muscular y la amplitud respiratoria. Además aparece un tono de voz alto, junto a vocalizaciones espontáneas.

La función de la sorpresa es vaciar la memoria de trabajo de toda actividad residual para hacer frente al estímulo imprevisto. Por lo tanto, este estado activa los procesos atencionales, junto con la conducta de exploración y la curiosidad. Esta emoción es frecuentemente seguida por otra emoción que va a depender de la cualidad del estímulo imprevisto, mostrando así su positividad (alegría) o negatividad (ira). 

El asco

El asco es una de las emociones básicas que se conocen desde los trabajos de Darwin acerca de la emoción animal. Esta se caracteriza por una sensación de repulsión o evitación ante la posibilidad, real o imaginaria, de ingerir una sustancia nociva, que tenga propiedades contaminantes. La sensación subjetiva es un gran desagrado y de una marcada aversión al estímulo elicitador.

Los efectos fisiológicos centrales son la aparición de diversos malestares gastrointestinales acompañados de náuseas. Además, observamos un aumento general de la activación; visible a través del aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria, conductancia de la piel y tensión muscular.

La función adaptativa que cumple el asco es rechazar todos aquellos estímulos que puedan provocar una intoxicación. Las náuseas y el malestar contribuyen a evitar cualquier ingestión dañina para el cuerpo. Además, con el tiempo, esta emoción se ha tomado también un carácter social, rechazando aquellos estímulos sociales tóxicos para nosotros.
 
El miedo

Es la emoción más estudiada en los animales y en el ser humano. El miedo es un estado emocional negativo o aversivo con una activación muy elevada que incita la evitación y el escape de situaciones peligrosas. La vivencia de la misma es una sensación de gran tensión junto a una preocupación por la propia seguridad y salud.

Los correlatos fisiológicos nos muestran una elevación rápida de la activación y una preparación para la huida. La actividad cardíaca se dispara y la actividad respiratoria se acelera, produciendo una respiración superficial e irregular.

El miedo es un legado evolutivo que tiene un valor de supervivencia obvio. Esta emoción nos es útil para preparar el cuerpo y producir conductas de huida o afrontamiento ante estímulos potencialmente peligrosos. Además, facilita el aprendizaje de nuevas respuestas que apartan a la persona del peligro.

La alegría

La alegría es, de todas las emociones básicas, quizás la más positiva: está asociada de manera directa con el placer y la felicidad. Esta aparece, por ejemplo, en respuesta a la resolución de alguna meta personal o ante la atenuación de un estado de malestar. Debido a la forma que tenemos de manifestarla, puede parecer que no cumple ninguna función para nuestra supervivencia más allá de ser un mero reflejo de nuestro estado interno.

Sin embargo, la alegría es uno de los sistemas que tiene el cuerpo para incentivar la acción. Además, sirve de recompensa para aquellas conductas beneficiosas para uno mismo. Cuando realizamos una acción que satisface una meta, es cuando se dispara la alegría, y gracias a ello esa conducta se repetirá para volver a vivir esa sensación de placer. Es quizás el reforzados más natural con el que contamos.

A nivel fisiológico nos encontramos con un aumento de la tasa cardíaca y un mayor ritmo respiratorio. Además, en la química cerebral nos encontramos con una mayor liberación de endorfinas y dopamina. 

La tristeza

Dentro de las emociones básicas, la tristeza es la que encarna una mayor negatividad. Esta emoción se caracteriza por un decaimiento del estado de ánimo y una reducción significativa en su nivel de actividad cognitiva y conductual. A pesar de la mala fama que tiene esta emoción, cumple funciones igual o más importantes incluso que el resto de emociones básicas.

La función de la tristeza es actuar en situaciones donde el sujeto se encuentra impotente o no puede llevar a cabo ninguna actuación directa para solucionar aquello que le apena, como el fallecimiento de un ser querido. Por ello la tristeza baja el nivel de actividad, con el objetivo de economizar recursos y evitar que hagamos esfuerzos innecesarios.

Además, actúa de manera autoprotectora, generando un filtro perceptivo que centra la atención en uno mismo en lugar del estímulo dañino. Y lo más importante, instiga a la búsqueda de apoyo social que te facilite la huida de la situación depresora.

La ira

La ira es el sentimiento que emerge cuando la persona se ve sometida a situaciones que le producen frustración o que le resultan aversivas. La vivencia que surge de la misma se categoriza como desagradable, junto a una sensación de tensión que nos anima a actuar. Es una emoción polifacética y en muchos casos ambigua, debido que dependiendo de la situación puede verse más o menos justificada o con un objeto más o menos identificado.

A nivel fisiológico, vemos en el cuerpo un aumento excesivo de la activación y una preparación para la acción. Observamos un aumento de la actividad cardíaca, el tono muscular y la amplitud respiratoria. Además, de un aumento significativo de la adrenalina en sangre, que a su vez aumentará la tensión cognitiva.

La ira tiene una función evolutiva clara, nos dota de los recursos necesarios para hacer frente a una situación frustrante. Cuando tenemos que hacer frente a un peligro o superar un reto, ese gasto de recursos para aumentar la activación nos ayuda a lograr el éxito. Si aun así, tras la aparición de la ira no se consigue el objetivo, es cuando aparecerá la tristeza; para solventar el problema a través de otras herramientas.

Sean de valencia positiva, negativa o neutra, lo cierto es que todas las emociones cumplen con funciones que favorecen nuestra supervivencia. Por otro lado, también entrañan el peligro, por su intensidad, de hacerse con el dominio de nuestra conducta. Es en estos casos es cuando la regulación emocional es especialmente importante, ya que es ella la que puede apartar lo negativo de este secuestro emocional de nuestro timón vital.

Alejandro Sanfeliciano

sábado, diciembre 09, 2017

7 grandes verdades sobre el amor

Amar es querer sin condición y entregarte a otra persona. Es respetar, comprender, aceptar y dejarte querer. Pero detrás de toda esta teoría, existen 7 grandes verdades sobre el amor que, o nos pasan desapercibidas o las damos por hecho. 


 
¿El amor es ilimitado? ¿Tengo que exigir lo mismo que doy? ¿Existe mi príncipe azul? Estas son preguntas que todos nos hemos hecho en alguna ocasión. Pero, aun así, podemos seguir sin tenerlas claras. Te damos ciertas claves para que deduzcas tú mismo, cuánta verdad se esconde en el amor. 

Cuidado con caer en la idealización

Creer en un príncipe azul o en una princesa rosa es una visión idílica que deberíamos olvidar tras la adolescencia. Nadie está hecho a la medida de nadie, ni está predeterminado a otro. El amor a primera vista sí existe, pero este sobreestimado flechazo depende de las circunstancias. Según nuestra experiencia, el contexto en el que nos encontremos y la cultura a la que pertenezcamos así se producirá o no.

Todos tenemos cualidades positivas y negativas. Por tanto, una relación amorosa también las tendrá. Habrá puntos fuertes en los que nos mantendremos más seguros y otros más débiles que tengamos que fortalecer. Tener esto presente nos ayuda a ser conscientes del tipo de relación que tenemos y de qué aspectos podemos trabajar y cuáles avanzan de por sí, positivamente.

La riqueza del amor se obtiene al dar

Lo rico de amar al prójimo es que te estás amando a ti al mismo tiempo. Una de las grandes verdades sobre el amor es que solo se puede querer a otra persona cuando tu autoestima te permite quererte a ti. El amor es un delicado regalo que se encuentra en lo más profundo de tu ser. Por eso, solo mediante una previa aceptación de ti mismo, puedes admirar al otro.
Amar es sentir el bienestar, el dolor o la alegría ajena como propios

Si compartes tu felicidad y entrega con los demás, estas se multiplican. Sentirás que creces, te encontrarás en plenitud, rebosante de amor y alegría. ¿Por qué negar ese sentimiento e impulso que todos llevamos dentro y necesitamos demostrar? 

Con el tiempo se fortalece, no desaparece

Pensemos en el amor como en un árbol. Al principio, se planta una semilla, que está llena de fuerza y de ganas de brotar. Poco a poco, regándola con constancia, va creciendo un pequeño árbol. El primer año, aún puede estar algo endeble, pero a medida que le vamos echando más agua, su tronco se vuelve más robusto. Si lo cuidamos, con el paso de los años, se fortalece aún más.

Al principio, la ilusión por un nuevo amor es tal que todo parece ir sobre ruedas. Pero cuando llega una tormenta, si las raíces no se han enterrado bien, es posible que el arbolito se deteriore y la relación se rompa, sin más.

Es duradero, no momentáneo

Zygmunt Bauman acuñó el término amor líquido para referirse a aquellas relaciones frágiles establecidas en la sociedad social. Relaciones en las que cada miembro pide sin dar prácticamente nada a cambio. Una forma de amar egoísta, banal, superficial y fruto de un consumismo imperante. Esto provoca que cuando el otro ya no resulte útil, se le deseche y se busque a otro nuevo. El reino de la sustitución.

Una de las grandes verdades sobre el amor es que no es fugaz, ni momentáneo, ni frívolo. Es normal que existan pequeñas crisis o momentos de inflexión, pero es un estado duradero, que requiere compromiso y voluntad. 

Duradero, pero no infinito

Existe una creencia muy extendida de que por el hecho de estar enamorado de otra persona ya es suficiente para manteneros unidos para siempre. Ésta es una de las verdades sobre el amor a medias.

Es condición indispensable tener sentimientos profundos hacia el otro, pero también lo es alimentarlo a diario. Los pequeños detalles que tiene tu pareja hacen mantener viva la llama del amor y te recuerdan por qué te enamoraste de él y cuánto te merece la pena estar a su lado.
Lo fácil es enamorarse. Lo difícil es permanecer enamorados.

Por ello, es fundamental que cada año que paséis juntos, os conozcáis más. Así, pequeños gestos que para uno no suponen demasiado, pueden hacer muy feliz al otro.
 
Quien bien te quiere no te hará llorar

Muchas personas piensan que es mejor que la otra persona te diga las grandes verdades, aunque duelan y te hagan llorar. Hasta cierto punto, puede ser algo de agradecer que te abran los ojos ante la realidad. Pero, realmente, no hay mayor engaño que creer que tu pareja te hace llorar como parte de su demostración de amor.

Una persona que te ama no te hiere, te dice las cosas de una forma que sabe que no te harán daño e intenta comprenderte. Su intención no es hacerte llorar, ni ignorar tu sufrimiento sino estar contigo. Ser tu apoyo y tu hombro.

Melanie Greenberg, coach y versada en mindfulness, asegura que el amor “es una de las emociones más importantes, pero también la más incomprendida”. Es algo irracional, una capacidad que se ejercita y requiere de esfuerzo. No es automática y está sometida a la voluntad de uno mismo.

Del amor al odio hay solo un paso

Se ha demostrado que el odio y el amor romántico mantienen una íntima relación. Ambos generan actividad en las mismas áreas subcorticales del cerebro: el putamen y la ínsula.

Aunque normalmente, se considera el odio como algo tremendamente negativo, debemos reconocer que es una pasión tan interesante como el amor. No por ello, debemos dejar de tener cuidado.

El odio en las relaciones de pareja suele estar relacionado con una acumulación de pequeños episodios de desencuentro. Algo así como la gota que hace rebosar el vaso de veneno acumulado. Aunque también es cierto que puede darse de manera abrupta tras una grave ofensa.

Como vemos, las verdades sobre el amor están muy alejadas de las relaciones románticas que nos ofrecen las películas y los libros. Es un sentimiento que requiere esfuerzo, cuidado, intención y voluntad. Lo más bonito que el ser humano puede experimentar, pero también lo más efímero si no se cuida o lo más peligroso si se cruzan sus límites.

Sara Clemente

viernes, diciembre 08, 2017

Ho´oponopono, la técnica de la responsabilidad emocional

Ho’oponopono es un concepto antiguo para un mundo moderno. Hace referencia a un arte hawaiano de resolución de problemas cuidando las consecuencias más emocionales de los mismos: esas que muchas veces no tenemos en cuenta. Para ello, debemos ser capaces de pedir perdón, de corregir, de enmendar y ofrecer bondad. Es al fin y al cabo una estrategia de higiene mental con la que favorecer una adecuada responsabilidad emocional.

 
 
Ho’oponopono fue una práctica muy arraigada durante siglos en varias islas de la Polinesia, y aunque para ellos tenía una connotación claramente espiritual (el propósito era conectar con la propia divinidad), no fue hasta 1976 cuando esta interesante filosofía llegó al mundo occidental de un modo tan revelador como útil.
Te amo, y si desperté en ti sentimientos hostiles lo siento y te pido perdón. Gracias!

Fue Morrnah Nalamaku Simeona, una sacerdotisa y sanadora hawaiana quien adaptó el hoʻoponopono tradicional a las realidades sociales de la actualidad. Dicen de ella que su logro fue un auténtico tesoro, un regalo para el campo del crecimiento personal y ante todo, para el mundo de la psicología positiva. Si en el pasado esta práctica se llevaba a cabo de forma grupal con todos los miembros de una familia, en la actualidad se ha individualizado para poder practicarla en todo momento y cuando lo necesitemos.

Hoʻoponopono nos permite soltar lastres, reconducir las tensiones, depurar errores y encauzar todos esos problemas enquistados que tarde o temprano, como ya sabemos, se somatizan en forma de enfermedades. Lograrlo puede ser mucho más fácil con esta técnica ancestral…

“Ho’oponopono”, una práctica donde favorecer la convinvencia

Los hawaianos creían que las personas estamos conectadas las unas con las otras mediante el “aka”. Se trata de un especie de conducto “etérico” a través del cual fluye la energía de la vida. Ahora bien, en ocasiones, ese conducto o canal invisible se debilita o se enferma debido a nuestras diferencias, a problemas que arrastramos del pasado, a las mentiras, a las palabras dichas o a las silenciadas. La energía deja de fluir con tanta armonía y entonces ocurre, surge el malestar, los problemas, los trastornos.

El ho’oponopono nos ayuda a sanar el “aka”. No solo repara el vínculo con esas personas que nos son importantes, sino que además nos permite recuperar la conexión con nosotros mismos. Porque si hay algo que define a esta filosofía es la capacidad practicar la bondad en su sentido más amplio, así como un perdón activo y envolvente que empieza en uno mismo y que sabe reconocer lo que es ético, lo que es virtuoso y noble.

Queda claro, no obstante, que no estamos ante un tipo de psicología con base científica. Sin embargo, a pesar de su tradición espiritual y no experimental, fue altamente eficaz para resolver diferentes problemas sociales: actos de delincuencia, disputas entre grupos de vecinos, familias, diferentes etnias e incluso problemas existenciales de una buena parte de la comunidad hawaiana.

Se sabe, por ejemplo, que el ho’oponopono se implementó en los programas carcelarios con gran éxito. Los ancianos guiaban a los reclusos en esta práctica para resolver tensiones y conflictos, favoreciendo con ella una adecuada catarsis emocional que mejoró la convivencia en las instituciones penitenciarias de Hawai.
Divinidad, limpia en mí todo lo que está contribuyendo a que aparezca este problema, permite que todo lo que sea perfecto y correcto para todos los involucrados se manifieste.

¿Cómo aplicar el ho’oponopono en la vida diaria?

El ho’oponopono es el código del perdón y de la responsabilidad emocional. Un hecho que ensalza este tipo de filosofía es la necesidad de que comprendamos algo muy básico: todo conflicto surge de uno mismo. No debemos buscar culpabilidades externas, no hay que volcar en los demás toda responsabilidad de lo que nos ocurre, nos molesta o nos quita la calma. Todos tenemos poder para cambiar las cosas y tornarlas a nuestro favor mediante la bondad, el sentido común y la coherencia ética y emocional.

Para lograrlo, para dar forma a esa energía curativa que conforma al ho’oponopono debemos poner en práctica las siguientes estrategias.


Los 5 pasos del ho’oponopono 

  • El primer paso es tomar conciencia de nuestras actitudes, emociones o comportamientos negativos, esos que nos separan de las personas que amamos, esos que impactan a su vez en nuestro bienestar y libertad personal.
  • Lo siguiente que haremos es responsabilizarnos de nuestras acciones, de lo dicho o no dicho, de lo realizado o evitado, de lo que no hemos intentado o de los errores cometidos y sus consecuencias.
  • Seguidamente, es momento de visualizar y sentir el amor. Debemos experimentar de forma vívida el cariño que sentimos por esa o esas personas a las que hemos descuidado. Abriremos “un canal” interior que conecte con la otra persona.
  • Ahora, es momento de dar el paso, de pedir perdón. No obstante, hay que matizar algo importante: en la cultura occidental tendemos a decir “lo siento” y creemos que con ello ya hemos terminado. Sin embargo, para completar el ciclo de forma correcta debemos recibir también el perdón de la otra persona, hay que escuchar el “yo te perdono”.

El último paso, y no menos importante, es experimentar la liberación. Los hawaianos decían que cuando el “aka” vuelve a conectarse entre nosotros al sanar el vínculo, nuestras almas vuelven a estar libres. Es una sensación maravillosa que nos permite sentirnos más plenos, ligeros y preparados para reanudar nuestros caminos con mayor seguridad y sabiduría. El ho’oponopono es, como vemos, un tipo de filosofía excepcional capaz de garantizar nuestro bienestar y la calidad de nuestras relaciones. Pongámoslo en práctica.

Valeria Sabater

jueves, diciembre 07, 2017

Procrastinación: “ya lo haré mañana”

¿Cuántas veces tenemos algo importante que hacer y lo postergamos hasta tal punto que finalmente no lo llevamos a cabo? ¿Piensas que tu dejadez está justificada? ¿Crees que no tiene solución? Te explicamos en qué consiste la procrastinación, cuáles son sus repercusiones y cómo combatirla.

 
 
 
La procrastinación es un hábito del comportamiento relacionado con el querer y la voluntad de actuar. Se refiere a la acción de retrasar o posponer situaciones o actividades que tenemos pendientes y que deben ser atendidas. Profundicemos.
 
Ya lo haré mañana… O el mes que viene

Imaginad que tienes que realizar un informe para uno de tus mejores clientes. El jefe te está metiendo mucha prisa, porque de ello depende el cierre de un acuerdo muy importante. Lo más coherente es que trates de realizarlo cuanto antes. Pero, la procrastinación te tienta a posponerlo. De hecho, realizas antes un sinfín de pequeñas tareas, superfluas y aplazables, dejando para el final de semana el gran informe.

Otro ejemplo. Te han robado el bolso y dentro llevas, entre otros enseres, el DNI, el carnet de conducir y numerosas tarjetas de crédito. Normalmente, te urge ir a poner una denuncia, cancelar tus tarjetas de crédito y pedir hora para recuperar tus carnets. No hacer esto sería además de una conducta algo negligente, una manera de procrastinar.

Consecuencias de la procrastinación

Procrastinar se suele utilizar comúnmente para referirse a la sensación de ansiedad causada por no tener fuerza de voluntad para finalizar una tarea que tenemos pendiente. ¡Es pura impotencia y frustración!

En los casos anteriores, se está aplazando indefinidamente un contratiempo, a sabiendas de que es una situación realmente urgente y que debe ser resuelta sin demora. Esa no resolución genera cierto agobio. Retrasar el deber no se traduce en una reducción de la angustia, el enfado o la preocupación que podamos sentir. Más bien todo lo contrario.

Estos malestares irán aumentando a medida que pase el tiempo y no se solucione el conflicto. La persona sabe que tiene pendiente algo importante y que si no lo afronta, va a perjudicarle. Además, si este comportamiento se produce de manera continuada, puede convertirse en un hábito muy difícil de cambiar y verdaderamente dañino.

Los procrastinadores viven durante largo tiempo en una especie de aletargamiento. Se encuentran sumidos en actividades intrascendentes, mientras que otras tareas que han de hacer, las dejan para el último momento o para nunca. 

Razones de posponer sine die

Cuando retrasamos tareas o situaciones urgentes lo hacemos por dos razones: porque la hemos sustituido por otra actividad que nos resulta más agradable o irrelevante; o, simplemente, porque preferimos no hacer nada.

Si la justificación es que nos apremia otra tarea, entonces estaremos siendo víctimas del “aquí, ya y ahora”. Existe una tendencia en la actualidad a tomar como urgente lo vigente, lo que va surgiendo en el día a día. Con ello, se retrasan grandes proyectos con recompensas o beneficios mejores a largo plazo.

Si preferimos no hacer nada, entonces estaremos convirtiéndonos en nuestros propios enemigos. Aunque es bueno descansar de vez en cuando, caer en la pereza, en el abatimiento, en la desgana o en el pasotismo juega significativamente en nuestra contra. Procrastinar es un enemigo de la productividad y no te permite aprovechar tu potencial.

Estrategias para combatir la procrastinación

Algunas sencillas pautas que pueden menguar tu nivel de procastinación pasan por hacerte un par de preguntas clave:
  • Si tarde o temprano lo voy a tener que hacer, ¿qué consigo demorándolo?
  • ¿Es algo que me afecta solamente a mí o que involucra a muchas más personas?

Una vez respondidas, probablemente hayas cambiado tu actitud. Pero igual aún necesitas más estrategias para combatirla.
  • Regla de los 2 minutos: se basa en la idea de que si tardas más de 2 minutos en planificar una acción, tienes que dejar de planificarla y hacerla.
  • Vence tu resistencia: una vez dado el primer paso, tu reticencia o miedo a hacerla desaparece.
  • Gestiona tu energía, no tanto tu tiempo: si estás cansado o enfadado, las probabilidades de abandonar la tarea o de empezarla se incrementan. Y, con ella, aumenta tu procrastinación.
  • Divide y vencerás: segmentar el trabajo en pequeñas tareas o pasos concretos ayuda a ver el final cada vez más cerca.
  • Establece recompensas: una vez alcanzado tu objetivo, es bueno que te concedas algún capricho. Haz algo que te relaje, que te calme o que te apetezca. 

Procrastinación positiva

Existen algunas teorías que hablan de procrastinación positiva para referirse a la buena intención que existe detrás de la actitud negativa de los procrastinadores. Es un planteamiento instrumental que aboga por la forma de actuar de las personas para obtener un beneficio. Por ejemplo, para evitar hacer tareas que nos resultan aburridas, tediosas o demasiado mecánicas, con el fin de no generar enfrentamientos o situaciones violentas o dolorosas.

En este sentido, para las personas que son muy perfeccionistas, la procrastinación puede ser incluso una virtud. Al no querer realizar algo con prisa y atropelladamente para que el resultado sea óptimo, deciden atrasar la tarea. Y no la empiezan hasta que no se aseguran de tener el tiempo suficiente para acabarla perfecta.

Otros autores hablan de la pereza productiva. La definen como aquella que motiva a las personas a buscar trucos, soluciones o atajos cognitivos para hacer una tarea con el mínimo esfuerzo.

Evadir la responsabilidad o refugiarse en tareas superfluas puede convertirte en un procrastinador crónico. Pon solución y trata de abandonar esta actitud. Aboga por solucionar los problemas o las tareas más complejas primero. ¡Verás cómo te sientes mejor contigo mismo!

Sara Clemente

miércoles, diciembre 06, 2017

Enamórate de ti

Enamórate de ti. Trátate con cariño, valora tus logros y reconoce que sabes hacer cosas bien. Cuídate y sobre todo, no te olvides. Tú también eres alguien importante. No te critiques o por lo menos, no te latigues. Quiérete. 

 
 
 
Una buena autoestima incrementa la sensación de bienestar y las emociones positivas. Además, te permite alcanzar mayor eficacia en las tareas y establecer un vínculo más equilibrado con los demás, haciéndote ganar autonomía e independencia. Por eso y por mucho mucho más, es necesario que te grabes este mensaje: enamórate de ti.
 
Tenemos una falta de amor propio

Desde pequeños nos enseñan conductas de cuidado personal respecto al aspecto físico: lavarnos los dientes, bañarnos, comer, vestirnos… Pero, ¿qué hay del cuidado psicológico y la higiene mental? ¿Le prestamos suficiente atención?

La cruda realidad es que la mayoría de nosotros tenemos una falta de amor hacia nosotros mismos. Una falta de amor propio que se traduce en sentimientos de desconfianza y baja autoestima, que nos impiden disfrutar de las oportunidades que la vida nos da, además de nuestras relaciones. Si no nos queremos y cuidamos, si no nos respetamos… ¿cómo van a hacerlo los demás? 

“Usted mismo, tanto como cualquier otro en el universo entero, merece su amor y afecto”.
-Buda-

¿Por qué nos boicoteamos?

El autocastigo es una de las peores formas que tenemos de tratarnos a nosotros mismos. A pesar de que lo utilicemos a diario y a veces, sin darnos cuenta. La crítica destructiva incrementa nuestro sufrimiento, nuestra dependencia y nuestra vulnerabilidad.

A veces, construimos muros y barreras que nos impiden estar bien, porque no sabemos afrontar, ni aceptar el sufrimiento. Nos escondemos de todo, incluso de nosotros mismos… La incertidumbre nos asusta y lo inesperado nos aterra.

Al autoboicotearnos, buscamos a alguien que nos salve de nosotros mismos. Un círculo vicioso en el que cuanto más tristes estamos por nuestra supuesta inutilidad, más necesitamos la atención y las alabanzas de los demás.

“La autoestima baja es como conducir por la vida con el freno de mano puesto”.
-Maxwell Maltz-

Nos equivocamos. La felicidad no se encuentra fuera, sino en nuestro interior. Solemos cometer un error al pensar que los demás nos harán felices o que comprando cosas nos quedaremos satisfechos. Lo que realmente nos hará felices es estar bien con nosotros mismos.

La importancia del autocuidado

Autocuidarse es valorarse, apreciarse y aceptarse. Un aspecto importante que señala la forma de relacionarnos con los demás y con nosotros mismos.

Ya lo decía Oscar Wilde “Amarse a uno mismo es el principio de una historia de amor eterna”. Si no nos cuidamos, ni nos priorizamos nadie más lo hará de la forma que necesitamos. De hecho, hay muchos individuos que dependen de otras personas para ser felices y, en realidad, por eso mismo están vacías.

El autocuidado es un rasgo fundamental que todo ser humano debe cultivar. Solidifica nuestra autonomía y nos ofrece herramientas para enfrentarnos sanamente a la vida y adaptarnos a ella.

Sin una higiene mental adecuada nos será difícil alcanzar nuestras metas, quedando mermada nuestra autorrealización. Además, la falta de esta es lo que nos conduce al autocastigo y la crítica destructiva. Tenemos que valorarnos, disfrutar de nuestra compañía y luchar por nosotros.

Querernos es el primer paso para cumplir con todas nuestras exceptivas, y no a la inversa, cumplir expectativas para querernos. Este pensamiento autoexigente nos lleva a la crítica destructiva que nos castiga. Solo nos creemos merecedores de nuestro afecto cuando conseguimos objetivos. Y no nos damos cuenta que sin ese afecto propio no llegaremos a conseguir nuestros propósitos.

Por eso, enamórate de ti y todo lo demás caerá en orden. Tienes que quererte a ti mismo primero, para hacer cualquier cosa en este mundo.

No lo olvides, enamórate de ti, sé tu principal acompañante. Tu sostén y tu hombro. Quererse es el camino inequívoco para la felicidad.

Fátima Servián Franco

martes, diciembre 05, 2017

Cómo Convertirte en un Cuerpo de Luz y Superar Cualquier Limitación Física

Nuestro cuerpo es una de las partes más importantes de nuestro paso por este planeta.

 
 
Nos acompaña en todo momento. Nos da un hogar donde estar. Nos permite sentir el mundo que nos rodea.

Y también, a veces, nos hace sufrir.

Pero no es culpa suya. En realidad somos nosotros los que causamos el dolor. No conocemos a nuestro propio cuerpo, y este desconocimiento impide que conectemos plenamente con él.

En realidad, nuestro cuerpo tiene un poder sin límites.

Y podemos activarlo cuando queramos y convertirlo en lo que realmente es: un cuerpo de luz.

Qué Es Tu Cuerpo

El primer paso para conectar plenamente con nuestro cuerpo es tomar conciencia de qué es exactamente.

¿Te has hecho esta pregunta alguna vez?

¿Qué es exactamente tu cuerpo? ¿De qué está hecho?

Normalmente, percibimos a nuestro cuerpo como un conjunto de elementos biológicos: piel, músculos, huesos, órganos, etc.

Pero más allá de esto, nuestro cuerpo es algo mucho más profundo: materia. Nuestro cuerpo físico está hecho de materia.

Es posible que, al ver esta afirmación, no te parezca nada sorprendente. Sí, Jan, esto ya lo sé. El cuerpo está hecho de materia, igual que todas las demás cosas físicas. No estás diciendo nada que no sea obvio.

Y tienes razón, es obvio que nuestro cuerpo está hecho de materia. Pero esto abre otra pregunta que no es obvia en absoluto.

¿Qué es la materia?

Esta es una de las preguntas que hace más tiempo que los científicos intentan responder, y aún no lo han conseguido del todo.

Resumiéndolo muy brevemente, a lo largo de los últimos años los científicos han descubierto que toda la materia está hecha de átomos. Y que los átomos, a su vez, están hechos de dos partículas fundamentales: electrones y quarks. Aún no saben qué son exactamente los electrones y los quarks, ni de qué están hechos, así que la respuesta no es definitiva, pero sin duda se ha avanzado mucho.

Una de los descubrimientos más sorprendentes fue ver que los electrones y los quarks no están pegados los unos a los otros, sino todo lo contrario. Están muy separados. Los electrones y los quarks están a una gran distancia los unos de los otros, y entremedio hay un gran espacio vació. Y esto significa que toda la materia, que a primera vista parece maciza, en realidad está llena de espacio vacío. La materia es básicamente espacio vacío, con algunas partículas diminutas de vez en cuando.

Esto cambia completamente la visión que tenemos de nuestro cuerpo. Normalmente, nos vemos a nosotros mismos más o menos así:Pensamos que somos sólidos y macizos, y que las diferentes partes de nuestro cuerpo están fuertemente unidas. Y pensamos también que todo es muy rígido: no se pueden mover las partes del cuerpo de un lugar a otro fácilmente, ni tampoco se pueden separar y luego volver a unir.

Pero en realidad somos algo así:No somos un bloque sólido de materia. Ni siquiera somos un conjunto de bloques sólidos. Somos un conjunto de partículas extremadamente diminutas que flotan en un mar de espacio vacío.

Y las partículas no se tocan nunca las unas a las otras.

Cada una de ellas es totalmente libre.
 
Cómo Se Mantienen Unidas las Partículas de Tu Cuerpo

Una duda importante que surge cuando nos damos cuenta de que nuestro cuerpo, aparentemente sólido y macizo, en realidad está hecho de partículas diminutas que no se tocan es: ¿y cómo se mantienen juntas estas partículas?

Esta es una pregunta muy importante.

Si buscamos en un libro de ciencia, leeremos que las partículas se mantienen unidas por una serie de fuerzas, y que estas fuerzas siguen unas leyes físicas aparentemente inmutables.

Pero esto no es del todo correcto.

La palabra “fuerza” no es la más apropiada para hablar de este fenómeno, porque parece indicar que hay algo físico que mantiene atrapadas a las partículas. Y esto no es cierto.

Las partículas son totalmente libres. Nada las toca y nada las retiene.

Lo que las mantiene en su lugar no es ninguna fuerza, sino información. Lo que la ciencia denomina “fuerzas” en realidad es información.

Cada partícula de tu cuerpo es totalmente libre, pero no es indiferente a su entorno. Las partículas saben que forman parte de un sistema más grande, y ponen de su parte para integrarse en él. Concretamente, están atentas a unas determinadas fuentes de información y actúan en función de lo que reciben.

Es como si hubiera una emisora de radio que está constantemente emitiendo información sobre cómo las partículas deben comportarse. Las partículas la reciben y actúan en función de ello. Pero no lo hacen porque algo las obligue a hacerlo. No hay ninguna “fuerza”. Lo hacen porque quieren.

Sin duda, este es un tema muy complejo que se merece un libro entero, pero para no alargar demasiado el artículo lo resumo un poco. Las fuentes de información que reciben las partículas son básicamente dos:
  • La primera son las demás partículas de su alrededor. Las partículas se envían mensajes entre ellas, y en función de lo que reciben hacen una cosa u otra. Esto es muy parecido a lo que hacemos las personas. También nos comunicamos entre nosotros, y en función de lo que nos decimos actuamos de una manera u otra.
  • Y la segunda fuente son las leyes físicas de la Tierra. Este es un tema muy profundo, pero las leyes físicas de la Tierra están “escritas” energéticamente en un lugar. Y las partículas reciben esta información continuamente.

Por ejemplo, imagínate que un electrón va por el espacio y se encuentra con otro electrón. Lo primero que hace es enviarle un mensaje que dice más o menos “hola, soy un electrón.” El otro electrón recibe su mensaje y le contesta “hola, yo también soy un electrón.” Una vez han completado este intercambio, los dos electrones consultan las leyes de la Tierra y ven que en un lugar pone “los electrones se repelen los unos a los otros.” Así que los dos electrones cumplen esta ley y se alejan el uno del otro.

Este fenómeno es el que observan los científicos. Ven que los electrones se alejan los unos de los otros y piensan: aquí debe haber una fuerza que separa los electrones. La llamaremos fuerza electromagnética.

Pero en realidad no es una fuerza. Es información. Los electrones podrían acercarse si quisieran. Pero cumplen con la información que reciben.

Las Leyes que Guían a Tu Cuerpo

Si entendemos que las partículas de nuestro cuerpo se rigen por la información que reciben, enseguida veremos que esta información es muy importante. Determina una gran parte de nuestra vida.

La pregunta es: ¿y cuál es esta información?

¿Qué les dice el universo a las partículas de la materia sobre cómo deben comportarse?

A día de hoy, es una información muy rígida. Hay unas leyes muy cerradas que dicen qué deben hacer las partículas y qué no deben hacer.

No entraremos hoy en por qué esto es así –hay un buen motivo para ello–, pero básicamente hay dos indicaciones que las partículas reciben constantemente:
  • La primera es que, si forman parte de un elemento sólido, deben intentar mantenerse cerca de las partículas de su alrededor. Si algo intenta alejarlas excesivamente de sus vecinas, deben resistirse para intentar que no suceda.
  • Y la segunda es que, si las partículas de otro objeto se acercan mucho y hacen mucha fuerza, entonces al final sí deben separarse. Y en este caso, deben quedarse separadas. No deben volver a unirse cuando el otro objeto se aparte.

Si te fijas, esto es lo que sucede con cualquier sólido. Si intentas cortar un trozo de madera con un cuchillo grande, al principio la madera se resistirá. Las partículas de la madera intentarán que el cuchillo no la atraviese. Pero si aprietas fuerte al final cederán, y quedarán dos trozos de madera separados. Las partículas de la madera no volverán a su estado anterior.

Pero es muy importante entender bien que no es que la madera y el cuchillo estén chocando ni nada parecido. En realidad es un acuerdo entre todas las partículas que forman parte del proceso. Si quisieran, las partículas del cuchillo podrían pasar tranquilamente entre las partículas de la madera sin tocarlas. O las partículas de la madera podrían separarse para que pasara el cuchillo y luego volverse a unir. Pero no lo hacen porque tienen instrucciones precisas de comportarse de otra manera.

La siguiente imagen muestra esta idea gráficamente:
 
 
 
Las partículas del cuchillo podrían pasar perfectamente entremedio de las de la madera, o las de la madera podrían apartarse y luego volverse a unir. Nada se lo impide, salvo su propia voluntad de no hacerlo.

Esta es la razón por la que, si intentas atravesar una parte de tu cuerpo con un objeto, de entrada parecerá que no puedes. Las partículas de tu piel, de tus músculos y de tus huesos intentarán mantenerse unidas, y las del objeto no pasarán.

Pero si aprietas muy fuerte, al final las partículas de tu cuerpo se apartarán y se producirá una herida grave, porque una vez separadas no volverán a su lugar. Si alguien se corta un dedo, las partículas del dedo se alejarán de las partículas del resto de la mano, y no harán nada para volver.

Pero no es que no puedan hacerlo. Es simplemente una cuestión de información: la información que les dice cómo deben actuar.

La gran pregunta es, ¿qué sucedería si la información que tuvieran fuera diferente? ¿Qué pasaría si algo les dijera a las partículas que no hace falta que se resistan tanto? ¿Qué pasaría si algo les dijera que pueden moverse libremente, con la única salvedad de que deben volver luego a su lugar para mantener la integridad del cuerpo?

Pues que las partículas lo harían.

Y entonces nuestro cuerpo cambiaría completamente.

¿Qué pasa si le clavas un cuchillo al agua? No pasa absolutamente nada, ¿verdad? Las partículas del agua se apartan para dejar pasar al cuchillo, y cuando el cuchillo se va, vuelven a su lugar. No puedes herir al agua, porque sus partículas son libres.

Pues con nuestro cuerpo pasa lo mismo. Si les diéramos la información adecuada a nuestras partículas, no habría ninguna manera de herirnos. Ante cualquier amenaza, las partículas se apartarían y luego volverían a su lugar.

Y esto es algo que podemos hacer.

Cómo Convertir Tu Cuerpo en un Cuerpo de Luz

Actualmente no tenemos un cuerpo de luz, sino un cuerpo sólido y pesado, porque nuestras partículas no se comportan como partículas libres.

Pero es solo una cuestión de información. No hay nada que “ate” realmente a las partículas, ni tampoco nada que les impida volver a su lugar cuando se separan. Podrían hacerlo perfectamente si alguien les diera las instrucciones apropiadas.

Y ese alguien eres tú.

Tú puedes comunicarte directamente con las partículas de tu cuerpo para darles instrucciones nuevas. Puedes decirles que se comporten de una manera totalmente diferente.

Lo único que hay que tener claro es que no es un proceso que se pueda hacer fácilmente en dos días. Implica un gran cambio de conciencia, y esto requiere tiempo. Pero podemos empezar a ponerlo en marcha.

La idea es muy simple. En primer lugar, toma conciencia de que tu cuerpo no es sólido, sino que está hecho de millones de partículas diminutas que flotan en el espacio. Estas partículas no se tocan las unas a las otras, ni están atadas de ninguna manera.

Cada una de las partículas de tu cuerpo es libre y actúa según su propia voluntad. Nada las obliga a hacer nada. Lo que pasa es que son plenamente conscientes de que forman parte de un sistema más grande, y lo respetan profundamente. Por esta razón, escuchan las indicaciones que el universo les envía sobre cómo deben actuar, y las cumplen.

Las indicaciones que están recibiendo a día de hoy son las que son por un buen motivo. Forman parte de la misión de la humanidad en la Tierra. Pero no tienen porqué ser así para siempre. De hecho, uno de nuestros retos es darnos cuenta de esto y cambiarlas.

La manera de hacerlo es simplemente hablar directamente con las partículas de nuestro cuerpo.

Siéntelas y habla con ellas. Puedes decirles lo que quieras y darles las instrucciones que quieras. El único requisito es que lo hagas con intenciones sinceras y puras. No hagas nada por vanidad ni por ego. Hazlo siempre con amor.

Diles que son libres. Diles que las amas. Y pídeles que hagan siempre lo más apropiado para mantener la integridad del organismo.

Las partículas de tu cuerpo tienen un potencial ilimitado. No hay nada que no puedan hacer.

Y están esperando tus indicaciones para hacerlo.

Un gran abrazo,

Jan
www.jananguita.es

lunes, diciembre 04, 2017

10 cosas que aprendes cuando eres viejo

Según la RAE, comprender se refiere a entender, alcanzar o penetrar algo. En la vejez, ese algo es la vida misma…

En Phrónesis entrevistamos a personas de la cuarta edad, abuelos de 80 años o más, para conocer cómo ha sido ese comprender de la vida. Les preguntamos por sus experiencias de aprendizaje.

A continuación, te compartimos las diez respuestas más interesantes sobre las cosas que se aprenden cuando se es viejo… 

1. A ser ejemplo

“Queremos ser ejemplos para nuestros muchachos, así uno termina esforzándose por ser mejor persona de lo que ha sido. Los viejos hasta nos inventamos experiencias con tal de poder enseñarle algo a los jóvenes, aunque no siempre se puede.” (Pedro A. 82 años). 

2. A ser humilde

“Todos necesitamos de todos. Me tardé, pero el año pasado, un mes antes de cumplir los 85 años me caí, gracias a Dios que no fue grave, pero me estuve más de un mes en cama y entre otras cosas tuve que aceptar que mi nieta me bañara… En ese mes aprendí que ya era hora de aceptar que necesitaba ayuda, ojalá lo hubiera aprendido antes.” (Adela R. 86 años).

3. Paciencia y tolerancia

“Cuando eres joven te indignas con facilidad y también te desesperas más rápido. Los años me trajeron sosiego. Con el tiempo te das cuenta de que te amargabas la vida sin necesidad… Y casi nada vale una amargura, tú no te la mereces y tus seres queridos, menos”. (José M. 84 años). 

4. Perdonar y olvidar

“Es imposible devolver el tiempo… No vale la pena malgastarlo pensando lo malo que nos pasó o nos hicieron. Yo no pasé esa página, la arranqué… Entendí lo inútil de recordar lo malo”. (Adela R. 86 años). 

5. Adaptarse

“Adaptarme a todo lo que me da la vida y aceptarlo, porque para algo me pasa y algo tengo que aprender… A llevarme bien con la gente, a convivir con el que me toque. Aprendí a vivir la vida”. (Antonia S. 90 años). 

6. A callar y ser prudente

“Con los años uno prefiere callar a decir cosas de las que luego se arrepiente, sobre todo con los hijos y con los nietos, más todavía. Uno quisiera meterles experiencias en la cabeza, pero no se puede y entonces es preferible callar y que ellos se hagan su propia idea”. (Pedro A. 82 años). 

7. Agradecer

“Cada mañana agradezco haberme despertado y si tengo un dolor lo agradezco también, porque eso quiere decir que estoy viva. Acepto lo que venga con el día y no dejo que nada me lo amargue… a veces los jóvenes se dejan vencer muy fácil por el desaliento.” (Elisa A. 85 años). 

8. Capacidad de asombro y alegría de vivir

“¡Me sorprendo cada día con esas maravillas que inventan! Me encantan las redes sociales y soy fanática de Skype, porque puedo hablar y ver a mis nietas y bisnietos. Me encanta salir a espectáculos y arreglarme, conocer gente…” (Graciela B. 92 años). 

9. Establecer prioridades y compartir con tus seres queridos

“Crecieron mis hijos y como siempre estaba ocupada, solo me acuerdo de que los perseguía para que hicieran las tareas. Me perdí y dejé de hacer muchas cosas importantes. Ahora con mis nietos solo quiero darles amor y jugar con ellos. Por fin aprendí lo importante, mis seres queridos” (María P. 80 años) 

10. Ser feliz y perdonarse

“Antes me molestaba equivocarme y no lo aceptaba, me daba como un ímpetu, una rabia, y eso me causaba problemas… Hoy en día, ya por fin lo superé. Ya no me interesa tener la razón, lo que quiero es ser feliz. Si se me cae algo o derramo el jugo, prefiero reírme a molestarme… Uno de viejo aprende a perdonarse todo.” (Elisa A. 85 años).

¿Será posible comprender la vida antes de llegar a viejos? ¿Tú que piensas?


Phrònesis