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sábado, septiembre 24, 2016

Quiero ser feliz a mi manera

Todos queremos sentirnos bien, es un principio difícilmente discutible. Si preguntas a los demás qué quieren conseguir en sus vidas, rara vez te contestarán que quieren ser desdichados, estar tristes o sentirse fracasados. Las personas quieren sentir lo que es ser feliz y se esfuerzan por encontrar la manera de conseguirlo.



Sin embargo, pese a que todos quieren estar contentos y satisfechos con su vida muchos no saben cómo conseguirlo. Definir la felicidad hoy en día es algo complicado, vivimos con la paradoja de que cualquier objeto puede acercarte a ella pero a la vez nada parece ser suficiente para alcanzarla.

Más que ante un estado subjetivo de felicidad, corremos tras un concepto que hemos transformado en un ideal. Hoy en día la felicidad se ha convertido en un mito plasmado en objetos que enriquecen a unos pocos a costa de la insatisfacción de otros.

La búsqueda interminable del “ser feliz”

Una simple búsqueda en Internet es suficiente para ilustrar la obsesión actual por encontrar la felicidad. Millones de artículos que hablan sobre qué hacer o no hacer para ser felices, sobre qué dicen los científicos sobre la felicidad, los pasos que hay que dar hasta alcanzarla o cuáles son los escalones exactos que hay que subir para conseguir lograrla.

No solo estamos obsesionados con alcanzarla, sino que también la queremos conseguir en todas las áreas de nuestra vida: en el trabajo, solos, en pareja, con la familia, cada día, en la vida. Buscamos en cada rincón posible las pequeñas claves que nos ayuden a sentirnos más afortunados.

Esta búsqueda es una tarea interminable puesto que, tal y como está planteada, se ha convertido en un ideal vacío imposible de alcanzar. La definición actual que se hace de la felicidad está más cercana a la del amor romántico de las películas o a la búsqueda epopéyica del santo grial que a la de su significado verdadero.

El negocio de la felicidad

Las empresas y el mundo de la publicidad nunca han sido ajenas a las necesidades de sus actuales y potenciales clientes. Ambas son buscadoras de necesidades insatisfechas y, en caso de que no las haya, se encargan de crearlas o de buscar otras nuevas para introducir un producto o servicio que las cubra.

La felicidad engancha, vende, y todo el mundo quiere ser feliz. Las empresas lo saben y buscan, mediante estrategias planificadas, la fidelidad y satisfacción de los clientes. Juegan con las emociones para conseguir la felicidad por medio del consumo.

“La felicidad se ha convertido en otro elemento más de consumo, como si fuese un producto que puedas adquirir en un supermercado pagando una cantidad”
-Ángela Vallvey-

No es casualidad que la crisis económica haya coincidido con la ferviente venta de la felicidad. En tiempos de crisis, la felicidad es dinero.

La dictadura de la felicidad

No solo la felicidad se ha convertido en un objeto de consumo sino que además nos la han impuesto como norma inamovible. Hemos pasado del quiero al DEBO ser feliz y por el camino hemos aceptado mensajes del tipo: “querer es poder”.

Este tipo de enunciados son una moneda de doble cara. Por un lado emanan el positivismo y la motivación del “no hay nada imposible” o “voy a sonreír más y quejarme menos”, mientras que por el otro asoma el “debería estar alegre” o el “quise y no pude, luego algo hice mal”.

En el contexto de una sociedad en crisis, donde la venta de la felicidad es una estrategia de ventas para muchas empresas, siempre es una buena idea recordar que a veces, por mucho que queramos, no siempre podemos; sin olvidar que la responsabilidad de no alcanzar nuestras metas no siempre es nuestra.

La felicidad no vive sola

La felicidad es un sentimiento subjetivo al igual que lo son muchos otros, uno más entre la multitud. La vida interna de cada uno está compuesta de emociones y sentimientos que van desde la alegría y la felicidad hasta la tristeza o el enfado.

Cada emoción tiene su utilidad y todas y cada una de ellas es necesaria y cumple una función. Las emociones nos ayudan a dotar de significado a nuestras experiencias, por lo que es necesario vivirlas y experimentarlas todas.

“Ha tenido que venir Disney a enseñarnos que la rabia y la pena son necesarias, que nos hacen lo que somos. En Inside Out la verdadera heroína es la tristeza, y el derribo de la Isla de la Payasada del cerebro de la niña, la mejor metáfora de lo que debemos pasar”
-Quique Peinado-

Y tú, ¿qué necesitas para ser feliz?

La felicidad no tiene plantillas predefinidas ni entiende de productos genéricos con fórmulas mágicas. Cada persona tiene sus peculiaridades, gustos y preferencias. Lo que a una persona le puede hacer feliz a otra podría causarle una gran desdicha.

La felicidad no va de comprar la camiseta con el mensaje más positivo, de seguir los planes de otro o de fingir sonrisas para salir bien en una foto. Es mucho más simple que todo eso, se trata de hacerse las preguntas adecuadas y de buscar las respuestas lejos de textos estandarizados o productos vacíos.

“Sí, hoy en día todo el mundo es feliz. Eso es lo que ya les decimos a los niños a los cinco años. Pero ¿no te gustaría tener la libertad de ser feliz… de otra manera? A tu modo, por ejemplo; no a la manera de todos”
-Aldous Huxley. Un mundo feliz-


Andrea Pérez