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lunes, septiembre 26, 2016

Las 5 claves de un buen contrato emocional

El buen contrato emocional se basa en un compromiso auténtico con nosotros mismos. Si no te amas a ti mismo, lo rompes. Si te alimentan con el salario de la manipulación y la toxicidad, ese contrato también queda dañado. Hemos de aprender a ser buenos gestores de nuestra vidas y del delicado universo de las emociones.


Entendemos la palabra “contrato” como un acuerdo entre dos partes que se comprometen a ofrecer algo y a recibir otro aspecto a cambio. No obstante, en el mundo emocional esta transacción es mucho más íntima a la vez que necesaria. Hablamos de esos acuerdos básicos que debemos hacer con nosotros mismos para sobrevivir, para defender nuestra dignidad y luchar por nuestra felicidad.

“Acepto mis miedos, mis altibajos emocionales y la incertidumbre. Porque estoy dispuesto a aceptar una vida fluida, perpleja y excitante”.
-Carl Rogers-

Si analizamos el tema de los contratos emocionales nos daremos cuenta de que muchos de nosotros hemos aceptado y asumido contratos basados en la desigualdad. Parte de ellos tienen su origen en nuestra infancia. Hay niños que asumieron injustamente el cumplimiento de “no ser amados”. De ahí, que en ocasiones, avancen por la madurez arrastrando el peor compromiso de todos: el de no quererse a sí mismos.

En nuestras relaciones de pareja también sellamos acuerdos implícitos donde casi sin darnos cuenta, quedamos cautivos. Asumimos un contrato afectivo donde la cláusula de la manipulación, el egoísmo y el desprecio se firma sin saber, con la inconsciencia de un amor ciego lleno de esperanzas.

Todas ellas son dimensiones dolorosas y complejas que deben ser afrontadas con un buen contrato emocional que garantizará nuestra dignidad y nuestro pleno derecho a luchar para ser felices. Te proponemos reflexionar en 5 de sus claves.

El buen contrato emocional no debe incumplirse

El buen contrato emocional requiere ante todo compromiso, valentía y la clara voluntad de empezar a ser quienes realmente somos. Puede que en apariencia estas dimensiones nos resulten fáciles de poner en práctica. Sin embargo, no lo son en absoluto: los puntos de este contrato son tan delicados como complejos.

Son los siguientes.
1. El buen contrato emocional requiere a veces romper otros contratos emocionales

La herencia de nuestro sistema familiar está lleno de compromisos no evocados que asumimos de forma inconsciente. A pesar de que veamos nuestras raíces como una unidad, como una valiosa red formada por nuestros padres, hermanos, primos y tíos, hay componentes de los que tal vez, deberíamos liberarnos.
Hemos de tener en cuenta que a día de hoy, aún seguimos obedeciendo a nuestro cerebro primitivo. Es él quien nos dice aquello de que “si salimos del clan no sobreviviremos”.
No obstante, en ocasiones es necesario romper con determinados vínculos, con determinados linajes. Si nuestro padre, nuestra madre u otro familiar estableció un contrato emocional basado en el dolor, el miedo o la imposición egoísta, es momento de romperlo.

2. Te amarás por encima de todas las cosas

La autoestima es quien nos ofrecerá esa tinta imborrable con la que sellar el mejor contrato de todos: el de la fortaleza interior, el de la autodefensa, el amor propio…
Sin embargo, son muchas las personas que avanzan por la vida rotos por dentro. Secretamente heridos. Íntimamente fragmentados.
Hemos de tener en cuenta que cuando uno no sea ama a sí mismo busca el amparo y el reconocimiento en los demás.
No lo hagas. Recuerda que en cuanto ponemos nuestra vida en bolsillos ajenos lo perdemos todo, y ese, es el peor contrato que podemos firmar en la vida.

Ámate. Quiérete por encima de todas las cosas. Solo quien se quiere a sí mismo es digno de ser amado.

3. El contrato emocional requiere pactos con quienes nos envuelven

Vivir es llegar a acuerdos, es poner límites, defender espacios y armonizar tu universo con el mío. Somos almas obligadas a convivir las unas con las otras, a construir felicidades en espacios comunes, por tanto, los pactos son necesarios.

“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”
-Voltaire-

El buen contrato emocional se lleva a cabo con asertividad. Hemos de dejar claras nuestras necesidades sabiendo respetar también pensamientos, voluntades y valores ajenos.
El buen pacto se lleva a cabo con un corazón sincero que se defiende a sí mismo y que a su vez, es lo bastante intuitivo para elegir la mejor opción.

4. Decir “SÍ” sin miedo y “NO” sin culpa

Autoafirmarnos sin agredir es un actitud y un comportamiento que deberíamos practicar cada día como quien sigue una alimentación adecuada y hace deporte. Decir “sí” sin miedo y “no” sin culpa es mucho más que un necesitado ejercicio de higiene mental y supervivencia.

Es parte de nuestro contrato emocional, es un compromiso clave que nos permitirá sin duda crear entornos más respetuosos para ser mucho más felices.

5. No serás tu propio enemigo

Sabemos reconocer a los depredadores externos, a quien nos hace daño, a quien nos vulnera. Sin embargo, no siempre tenemos la misma facilidad para detectar a alguien que puede actuar como un enemigo terrible: nosotros mismos.

El buen contrato emocional nos exige lo siguiente:
  • Te aceptarás a ti mismo, en tus grandezas, en tus defectos, en tus virtudes y en cada fallo cometido.
  • Que tus excusas no te coloquen en el estación de los sueños perdidos.
  • Eres merecedor de cada cosa que deseas.
  • Recuerda que no eres menos que nadie ni nadie es mejor que tú.
  • Deja de auto-sabotearte, eres responsable de tu vida y debes desmontar los “no puedo”, “no soy capaz”, “mejor lo dejo”, “esto no es para mí”.
Tal y como podemos ver, las cláusulas de este contrato emocional no siempre son sencillas de llevar a cabo. Sin embargo, es esencial que lo firmemos, que cumplamos el hermoso compromiso de cuidarnos y amarnos a nosotros mismos. Hacerlo no es un acto de egoísmo, es el el aliento de la dignidad y la base de la felicidad.

Valeria Sabater