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domingo, julio 10, 2016

A veces para poder ver hay que cerrar los ojos

A veces, para poder ver, hay que cerrar los ojos y encender el corazón. Es entonces cuando seremos capaces de descubrir lo que es importante, lo que cuenta, lo que no es falso. Porque solo cuando se abre nuestra visión interior y nuestra alma se complace, se ensancha el horizonte y surgen nuevas posibilidades.



Según nos explican los neurólogos, al día llegamos generar unos 50.000 pensamientos. No obstante, la mayoría de ellos son mecánicos y repetitivos. Algo a tener en cuenta también es que debido a la “hiperinformación”, a las nuevas tecnologías o las exigencias de nuestros entornos, sufrimos cada vez más de cansancio mental. Estamos tan volcados al exterior que hemos descuidado por completo el interior.

“He aquí mi secreto, el cual, no puede ser más simple: solo se puede ver bien con el corazón, porque lo esencial es invisible para los ojos”
-El principito- (Antoine de Saint-Exupéry)

En ocasiones, nos dejamos llevar por ese tren de pensamientos obsesivos y debilitantes hasta el punto de desvincularnos de nuestras prioridades. Ya no sabemos escucharnos a nosotros mismos. Hemos focalizado de forma tan intensa nuestros ojos hacia el exterior, que ahora, nos sentimos casi como miopes emocionales en busca de las gafas de la felicidad.

Cuando los ojos se cansan de mirar y aparece el ruido mental

Nuestra mente, lo creamos o no, es muy tendente a los conflictos internos. La razón de ello se debe a que el cerebro tiene como necesidad vital el adaptarse continuamente a los contextos y a cada estímulo que recibimos. La presión del trabajo, los problemas familiares, nuestras aspiraciones, nuestras relaciones sociales… Siempre hay dudas que resolver, ansiedades que calmar, vacíos que llenar e “incendios” que apagar.

El ruido mental puede llegar a ser incesante e inclemente. Es entonces cuando aparece la impronta del estrés en el cerebro y nuestros ojos, sencillamente, pierden el rumbo y el norte. Se olvidan de descansar en el libro interno de nuestras necesidades, en las líneas de nuestra conciencia e introspección para ver lo que es realmente importante.

Algo curioso que señala que si experimentamos largos periodos dominados por el estrés y la ansiedad, la amígdala, esa zona del cerebro asociada al miedo y la emoción, se encoge. Este cambio en su estructura afectará directamente a la corteza prefrontal, asociada a su vez a funciones cerebrales superiores como la conciencia, la concentración o la toma de decisiones.

Ello explica que cuando atravesamos esos complejos momentos dominados por la preocupación, el estrés o el molesto ruido mental, nos sea tan complicado conectar con nosotros mismos. Hemos roto ese lazo invisible con nuestra conciencia debido a un pequeño cambio en nuestra estructura cerebral.

Ahora bien, no podemos olvidar el poder de la neuroplasticidad y de nuestra sutil capacidad para reestructurar esas arquitecturas internas de nuestra conciencia. Gracias a ejercicios como la meditación, el mindfulness u otras estrategias que ahora te revelamos podemos reorientar los ojos hacia nuestro interior.


Una mente agradecida, es una mente descansada

Una mente agradecida es una mente descansada que nos permitirá ver lo que es verdaderamente importante. Es posible que esta frase te suene algo poética o fuera de contexto, porque… ¿Cómo puedo agradecer algo si en estos momentos me siento tan insatisfecho/a, tan desolado/a o triste? El primer paso será, evidentemente, liberarnos de todo conflicto interno.

Una vez apaguemos todas las batallas emocionales, emergerá esa energía serena que nos permitirá quedar libres de condicionamientos externos. Te explicamos cómo conseguirlo.

Todos quieren felicidad sin dolor, calma cuando hay tormenta o bienestar cuando solo hay rencores. Ahora bien, hay que entender algo esencial: jamás podremos tener un arco iris sin un poco de lluvia.

Vamos a cerrar los ojos para poder ver

Un primer paso que deberíamos aprender a controlar es nuestro pensamiento. No podemos olvidar que un pensamiento es un facilitador directo de una emoción y esta, a su vez, es un escultora que nos hará percibir la realidad de un modo u otro. Así pues, ten en cuenta lo siguiente:
Cierra tus ojos y toma conciencia de que a partir de ahora, en tus pensamientos no va aparecer más los tiempos verbales en condicional: “si yo hubiera estado ahí”, “si hubiera hecho aquello” o “cuando él me diga que me quiere seré feliz”, “cuando yo tenga aquello me sentiré mejor”, etc.
Con los ojos aún cerrados, prométete que vas a empezar a comunicarte contigo mismo en tiempo presente. “Yo quiero”, “Yo puedo”, “Yo voy a…” 
Para cerrar los ojos y poder ver lo que es importante en tu vida, no debes dejar la mente en blanco. Además de imposible, no es útil. Hay que “fertilizar” nuestra mente con pensamientos positivos, inspiradores y beneficiosos.
Delibera y reflexiona en positivo. No creas que por pensar de este modo cerramos los ojos a la realidad o a la verdad, se trata, simplemente, de revitalizar la mente y nuestra alma para propiciar la autoconfianza, rompiendo así el rumor de los pensamientos negativos o limitantes.

Atrévete a hacerlo. Atrévete a cerrar los ojos para poder ver, para encender la luz de tu corazón y atender esas necesidades que a veces descuidamos como si fueran juguetes viejos.

Valeria Sabater