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viernes, junio 03, 2016

Tienes derecho a tener un día gris

Como seres humanos que somos, tenemos derecho a veces a encontrarnos tristes, a no estar al cien por cien, a no estar continuamente con una sonrisa en la cara, a tener un día gris. Los libros de autoayuda nos han vendido algo bien distinto: tienes que ser feliz, tienes que ser positivo y esos “tienes” tan autoritarios y absolutistas son finalmente los que nos hacen que nos pongamos aun peor de lo que estamos.



Un día sin sonreír, es un día perdido…¿Habéis leído por ahí este tipo de cosas? Personalmente, creo que ningún día es perdido, independientemente de como nos encontremos emocionalmente.
Rías, cantes, llores o saltes, todo forma parte de tu naturaleza humana y de absolutamente todo se puede sacar un aprendizaje o un autonocimiento importante.

Es casi como decir que un día con fiebre es un día perdido y evidentemente esto no es así. Gracias a la fiebre, el ser humano ha sobrevivido porque como sabemos, la fiebre, al subirnos la temperatura corporal, ayuda a nuestras defensas a enfrentarse a los virus, lo que hace que dejemos de estar enfermos.

De la misma manera, las emociones, ya sean positivas o negativas, actúan como una poderosa arma informativa, que nos dice si lo que está ocurriendo a nuestro alrededor -en este momento- ha de ser solucionado, si queremos no enfermar a nivel emocional.

Permítete un día gris

En psicología, sabemos que la persona necesita ayuda cuando sus emociones negativas -en ocasiones incluso positivas, como la euforia- son demasiado intensas, duraderas y frecuentes.
Si un día estamos tristes por algo que nos ha pasado, podemos permitírnoslo. Es normal y saludable ya que esa tristeza nos va a ayudar a ingeniar soluciones a nuestro problema y a salir del bache.

Pero si una emoción negativa está presente en nosotros todos los días, no nos permite llevar una vida normal ni funcionar como normalmente lo hacíamos. Además notamos que es demasiado intensa ya que no dejamos de llorar, de sentirnos mal con nosotros mismos y con el mundo o que tenemos demasiados pensamientos negativos, entonces quizá si que hemos caído en las garras de la depresión y tenemos que recurrir a un profesional.
La clave reside en distinguir estos parámetros y no fustigarnos a nosotros mismos si un día estamos un poco ansiosos o tristes.

Las personas estamos continuamente buscando el perfeccionismo, en todo lo que hacemos, en lo que somos e incluso con nuestras propias emociones. Es lo que se ha venido a llamar perfeccionismo emocional, es decir, la exigencia y ya no la búsqueda emocionante de la felicidad.

Al final, el perfeccionismo emocional, lejos de ayudarnos a estar mejor, nos da un plus de malestar ya que hace que nos perturbemos por estar perturbados, haciendo mucho más difícil salir de la espiral del sufrimiento.


Ejerce tu derecho a sentir

Se nos ha educado para no molestar, complacer a los demás y no hacer demasiado ruido. Eso nos obliga muchas veces a decir sí cuando queremos decir no, a sonreír cuando nos apetece llorar, a aceptar citas por compromiso aunque no tengamos ganas.
El resultado es una falta de respeto a nuestros propios sentimientos, cuando no está escrito en ninguna parte que no tengamos derecho de sentir lo que en ese momento necesitamos sentir.

Es importante aprender a poner límites y a anteponer, aunque sea solo un poco, nuestros propios intereses a los de los demás, pues tenemos todo el derecho a sentirnos un día gris, 24 horas con la mitad de nuestras fuerzas y no se acaba el mundo por ello.

Mientras seamos capaces de sobreponernos y sacar fuerzas más adelante, no hay ningún problema. Ya volverán nuestras energías, ya tendremos ganas de sonreír, pero de momento, ten paciencia contigo mismo.

Todos, absolutamente todos, tenemos días malos, somos irracionales a veces, sentimos miedos absurdos, lloramos y no sabemos por qué. Hasta la persona más racional, es humana, también se enfada, llora, siente miedo o vive un día gris.

Bendita naturaleza humana que nos permite emocionarnos: llorar de alegría o de tristeza, que se nos erice el vello al oír nuestra canción favorita, que se nos salten las lágrimas cuando por fin llega ese abrazo que tanto esperábamos…
Por lo tanto, desde hoy, expresa cómo te sientes de forma natural, respétate a ti mismo y ámate independientemente de tu estado anímico del momento.

No alimentes a ese perfeccionismo emocional que dice que “debes” estar siempre sonriendo y saltando de alegría. Por último, compórtate de la manera que te pide el cuerpo, la mente y el corazón en este momento, cuidando de que todo esto no sea demasiado intenso, frecuente y duradero.

Recuerda: un día gris no es anormal, lo anormal es no tenerlos nunca. Tampoco es normal estar siempre con la mirada gris, quizá entonces si que necesites ayuda. Siguiendo lo que dijo un filósofo griego hace muchos años, en el punto medio está la virtud.

Alicia Escaño Hidalgo