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lunes, junio 27, 2016

Pequeñas cosas que sí dan la felicidad y que no sabías

La felicidad quizás sea eso que no sabemos definir muy bien, pero que todos buscamos ansiadamente. En ocasiones hasta producirnos un malestar tremendo por las propias exigencias que nos imponemos para encontrarla, de ser feliz, caiga quien caiga, pase lo que pase.



Si preguntas a alguien dónde se encuentra la felicidad, normalmente encontrarás respuestas que hacen referencia a lo externo, a lo que se desvanece, a lo que está más fuera de nuestro control que bajo el mismo.

<> o eso dice la conocida canción.

Pero la realidad es que no es así, ni la salud, ni el dinero ni el amor dan la felicidad y creer que tu estado de ánimo depende de que estas áreas de tu vida funcionen es un gran error, que al final te llevará a ser más infeliz.

¿Dónde solemos buscar la felicidad?

Las personas desgraciadamente nos hemos inventado multitud de creencias irracionales. Son exigencias y necesidades que solo están en nuestra mente, pero que pensamos son verdades absolutas. Sentencias inquebrantables que tienen que marcar nuestro camino, sí o sí. De hecho, cuestionarlas puede causarnos el mismo vértigo que asomarnos a un acantilado escarpado.
Nos las tomamos como un mandato, nos guiamos por ellas, las hacemos nuestras e incluso las defendemos aunque nos generen sufrimiento.

Creemos, erróneamente, que si tenemos cubiertas estas necesidades y exigencias, hallaremos la felicidad y, por el contrario, si se produce una grieta y no alcanzamos nuestras expectativas, tendremos que sentirnos desgraciados. Cargas con las que no podrá nadie, tampoco nosotros.

Normalmente estas creencias hacen referencia a la aprobación de los demás, al desempeño perfecto de uno mismo en alguna tarea de relevancia, al dinero, a la salud, a tener una pareja estable y que funcione perfectamente, a ser madre, a ser alguien interesante y carismático…etc, etc, etc.
Realmente, hay muchos tipos de creencias y cada persona tendrá las suyas propias, pero básicamente tienen que ver con lo que acabamos de enumerar. “El trabajo dignifica”, “Se te va a pasar el arroz”, “El dinero da la felicidad”, “La salud es lo más importante que existe”…

Por lo tanto, es ahí donde las personas solemos buscar nuestra felicidad, lo que provoca que nos impongamos expectativas poco realistas y al final seamos muy infelices. De hecho, los estudios confirman que cada vez tenemos más necesidades cubiertas y somos más infelices que antaño, y además, va en aumento.

Lo que sí da la felicidad

Si cada vez poseemos más y vivimos más cómodamente, con más abundancia, ¿por qué somos más infelices? ¿qué está fallando?

Lo que falla es creernos que lo externo nos hará felices. Es cierto que conseguir el trabajo de tus sueños, encontrar una pareja que te quiera y te trate bien o tener dinero da cierto placer, pero en realidad es algo muy a corto plazo. Y es placer, que no felicidad.
El ser humano se habitúa rápidamente a lo que tiene y cada vez va necesitando más y más, por lo que no tiene techo, no se conforma, con todo lo que ello conlleva.

¿Quién no conoce gente multimillonaria que ha robado? ¿No tenían suficiente? ¿Quién no sabe de alguien que se mata trabajando a pesar de que, para vivir, podría trabajar la mitad?

Cuando las personas nos damos cuenta de que no somos felices a pesar de tenerlo todo, creemos que la solución es más de eso que ya tenemos: trabajar más horas, intentar ser más guapo, hacer más dinero, viajar más, buscar pareja desesperadamente…con lo que la caída aun duele más.

Lo que no saben estas personas, es que la felicidad está en ellos mismos, en su actitud, en cómo deciden disfrutar de la vida y en cómo funciona su escala de valores.

La felicidad está en cómo aprecias y te diviertes con lo que posees, sea mucho o poco. Existen personas que tienen muy poco y son mucho más felices que aquellos que poseen mansiones y grandes fortunas.

No existen pocos ejemplos de personas que lo tienen todo y acaban suicidándose, después de llevar una vida entera tomando todo tipo de psicofármacos.
Si quieres ser feliz empieza a apreciar todo lo que existe a tu alrededor y a dejar de quejarte por lo que te falta. Es casi imposible que todas las áreas de tu vida estén completas, pero eso no quiere decir que no puedas ser feliz con lo que tienes entre manos.

El olor a café por las mañanas, la risa de tu hija pequeña, bailar una canción bonita con tu pareja en mitad del salón, correr con tus perros detrás de las mariposas, ver las estrellas, una buena conversación en la playa mientras la brisa te da en la cara, abrir una botella de vino con un baño caliente… Estas son las pequeñas cosas que sí dan la felicidad, ¿lo sabías?

Alicia Escaño Hidalgo