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viernes, mayo 27, 2016

Da mejores resultados construir puentes que levantar muros

Existe la idea errónea de que alzar muros cuando nos han hecho daño es lo mejor para salvaguardarnos de un nuevo dolor, sobre todo porque construir puentes que favorezcan el inicio de otras relaciones parece demasiado arriesgado. “Ya he sufrido bastante”, nos decimos, y nos ponemos todo un ejército de defensa en las puertas del corazón.



“También el ejército derrotado respira cuando ha acabado la batalla”
-Dino Buzzati-

Es cierto que actualmente ir por la vida con un escudo y lanza no es solo más sencillo que mostrarnos vulnerables, sino que además es bastante más práctico: evitas confianzas decepcionantes, caídas innecesarias y puñaladas poco o nada merecidas. Sin embargo, ¿de verdad no crees que va siendo hora de aparcar el rencor, las reservas y los miedos?

Quizá me digas que no, que ya se han reído de ti lo suficiente y, a pesar de solidarizarme con eso, te diré que sí: no seríamos plenamente seres vivos si no nos diéramos a conocer a gente nueva, experiencias diferentes, ciclos que se inician y llegan para cerrar esos finales de solo un punto.

Relájate, suelta el aire: no todos son tiburones

Si nos han fallado y nos han dolido la primera reacción que viene tras el proceso de aceptación es una de autodefensa. Cerramos la historia con esa persona y con ella ponemos el candado a cualquier posible emoción que tenga intención de revolver el alma: “no va a ver más rotos porque no le daré la oportunidad a nadie de que los cause”.

Evidentemente, creemos que este sistema de defensa es perfecto porque nada ni nadie podrá asaltarlo. Y entonces nos vestimos con una dura armadura, sin darnos cuenta que estamos privando a nuestra piel del contacto con el aire. Sin ser conscientes de que en realidad lo que podemos lograr es que nuestras heridas se infecten.

“Un día de estos tendrás que ir bajando la guardia,
las cosas que otros te hicieron son cosas que ya no te pasan”
-Marwan-

En otras palabras, que no te engañen: el daño sigue siendo unidireccional. La sobreprotección nos impide disfrutar y nos conduce a un estado de alerta constante que nos niega la posibilidad de dejarnos llevar. Levantar muros se vuelve así una cruz invisible que nos sigue y nos persigue, haciéndonos pensar que todo lo que hay en el mar son tiburones.

A la valentía de pedir perdón, la virtud de perdonar

Por mucho que te empeñes en creer que levantando todo un castillo preparado continuamente para la guerra es mejor para ti, te equivocas: no seríamos nadie si no nos permitiéramos contactos emocionales con los demás. Nos perderíamos mucho si no fuéramos capaces de tirar puentes o, lo que es lo mismo, de aceptar el perdón y tener la virtud de perdonar. No por nadie, sino por alguien especial: por ti. Piénsalo, ¿de qué sirve no perdonar?, ¿te beneficia?

Tú te mereces otorgar el perdón a los errores que otros han cometido contigo, pues así conseguirás quitarte lastres que ya no deberían significar nada para ti: tienes nuevas metas, nuevos retos, gente que quiere conocerte, experiencias que te esperan. ¿Por qué no las dejas suceder?

En cierta medida podríamos decir que el corazón tiene sus propios espacios y estos hay que administrarlos bien: al trastero lo que impide a la luz quedarse en los pasillo principales. Si consigues hacerlo encontrarás la paz interior que tanto ansías y, sin saberlo, le sacarás el jugo al tiempo y exprimirás lo que llegue, sin fantasmas del pasado.

Tirar puentes es más difícil, pero también más vital

Nuestro título decía que da mejores construir puentes que levantar muros, pero aún no nos hemos parado a explicar qué significa eso de construir un puente. Por si existen las dudas, durante la Edad Media algunas fortalezas se servían de diferentes “ayudas tecnológicas”, como los puentes levadizos, que daban permitían elementos de defensa tan eficaces como los fosos: por un lado, elevarlos permitía proteger el sitio del acceso de los enemigos; por otro lado, favorecía el tráfico marítimo y la entrada al castillo.

“Si levantas un muro, piensa en lo que queda fuera”
-Italo Calvino-

Si aplicamos la metáfora a la vida entendemos que es muy complicado lanzar ese puente para permitir la entrada a lo desconocido cuando recientemente nos ha costado tanto echar del corazón al enemigo. No obstante, no hacerlo por mucho tiempo nos aislará del exterior, nos sumergirá en inseguridades y nos irá apagando la vitalidad.

Como con todo, lo que es más difícil de lograr parece que nos llena más y nos genera la adrenalina suficiente. Así que si crees que lo que necesitas es pasar página, construir otros recuerdos o sentir que de verdad lo que dolía a cicatrizado; ¿por qué no dejas de levantar muros y te animas a construir puentes?

Cristina Medina Gomez