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lunes, abril 25, 2016

He llegado a un punto en que hago lo que siento y no me arrepiento

La libertad personal es una dimensión que no todo el mundo llega a conseguir en su vida.

El “hacer lo que siento” sin cargas de conciencia y en plenitud debería ser, sin duda, algo que llevar a cabo siempre, con respeto, con inteligencia, tacto y también con valor.


No obstante, sabemos que no es nada fácil. En ocasiones, nuestras responsabilidades poco a poco se convierten en nuestras ataduras y, lejos de llevarlas con satisfacción, las sobrellevamos con gran dificultad.

De ahí que sea necesario establecer prioridades. No debemos ser responsables de personas que nos hacen daño o que vetan nuestra libertad. Las cargas que pesan y que ponen cadenas a nuestros pies producen también grandes heridas a nuestro crecimiento personal.

Te invitamos a reflexionar sobre ello.


Lo que siento es la voz de mi corazón

A lo largo de nuestra vida llegamos a esconder muchas cosas, y lo hacemos pensando que, con ello, mantenemos el equilibrio en nuestro entorno.
Callamos nuestros deseos y necesidades porque pensamos que no van a encajar con los de nuestra familia o nuestra pareja.
Nos guardamos muchas palabras porque no deseamos hacer daño a los demás.
Nos contenemos las ganas de hacer muchas cosas porque nos decimos a nosotros mismos aquello de que “no es el momento”, que “es ya demasiado tarde”, o que “haré el ridículo”.

Podríamos decir que, de algún modo, vivimos más centrados en el exterior que en el interior. De ahí que debamos tener en cuenta unos sencillos aspectos sobre los cuales pensar durante unos minutos.

Mis necesidades pueden y deben armonizarse con las de los demás

Nadie es egoísta por tener en cuenta sus necesidades y actuar con libertad de acuerdo a sus esencias, a su personalidad. El hacer lo que quiero debería poderse llevar a cabo dentro de los límites del respeto y el equilibrio.
Si deseamos tomarnos un fin de semana de descanso en soledad o con alguna amiga, ni nuestra familia ni nuestra pareja deberían tomárselo a mal. La base de la felicidad está en la confianza y en el respeto.

La libertad es una necesidad y una aspiración esencial para el ser humano. Es pues necesario conseguirla dentro de nuestras posibilidades.
Debemos tener libertad para elegir qué queremos y qué no queremos en cada momento.
Es necesario disponer de esa libertad para elegir qué camino personal y profesional deseamos.
La libertad a la hora de comunicar es primordial, puesto que con ella lograremos ser congruentes con lo que sentimos, pensamos y lo que hacemos.

Si existen disonancias entre estos tres aspectos a lo largo de mucho tiempo acabaremos con la autoestima muy debilitada.

Si hacemos aquello que deseamos sabiendo dónde están los límites y cuáles son nuestras prioridades, nada debe frenarnos ni aún menos limitarnos.

Haz lo que sientes con respeto e inteligencia y no tengas en cuenta las críticas

Sabes que tus hijos –si los tienes– son lo primero, sabes que tienes obligaciones laborales y familiares. Sin embargo, estos aspectos no deben ponen muros a la hora de preocuparte por tu crecimiento personal.
Se trata de saber encontrar el equilibrio, ahí donde nada ni nadie puede tener el control absoluto sobre nosotros. Se trata de hacer cada cosa con pasión y placer, sabiendo que todo esfuerzo vale la pena.

Claves para poner en práctica la libertad personal

1. Valora tus prioridades

Te lo señalábamos en el punto anterior. Las prioridades son esos aspectos a los que no podemos ni queremos renunciar. No obstante, hay que tener en cuenta unos aspectos importantes:
Las prioridades no pueden dominar por completo nuestra vida. La vida no es solo trabajo. La vida no es girar en exclusiva alrededor de nuestras parejas ni vivir centrados las 24 horas en nuestros hijos si ya son mayores (también debemos fomentar su independencia y libertad personal).

Tus prioridades no deben ser demasiadas; lo más común es que no sean más de tres: prioridad familiar, laboral y de crecimiento personal (es decir, la que nos atañe a nosotros).

2. Concienciación: pensar en mí no es ser egoísta

Lo creamos o no, este es un punto muy difícil de llevar a cabo: ¿Cómo voy a pensar en mí si son los demás los que me necesitan?
Este enfoque no es correcto. El pensamiento más sanador es el siguiente: debo cuidarme y mirar por mí para poder ser feliz y así, conseguir también dar lo mejor de mí mismo a los demás.

Es posible que tu familia se sorprenda de tu cambio inesperado. ¿Cómo es que ahora te has apuntado a ese curso? ¿Cómo es que ahora te vas de viaje? ¿Cómo es que has dejado a tu pareja después de tanto tiempo?

3. Relativiza las críticas que puedas recibir
Lo que piensen los demás no tiene importancia, y las explicaciones las daremos solo una vez. Cada uno es artífice de su propia felicidad y, para ser feliz, es necesario estar en equilibrio entre lo que desea, piensa, necesita y lo que hace.

Siempre llega un momento en nuestra vida en que acabaremos diciendo eso de “hago lo que siento y no me arrepiento”. Es el peldaño de la madurez y la libertad personal, ahí donde actuamos con respeto hacia los demás, pero también hacia nosotros mismos.

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