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sábado, abril 30, 2016

Cuando la boca calla, el cuerpo habla

A veces las personas no encontramos las palabras para expresar nuestro dolor y a cambio lo hace nuestro cuerpo. No sabemos nombrar con exactitud qué nos ocurre para que el resto logre entendernos. Esta incapacidad para hacer coincidir nuestras palabras con las emociones se conoce en el campo de la psicología como alexitima.


Habitualmente esta incapacidad tiene su origen en un sistema de comunicación familiar inexistentente o deficitiario. Muchas de las enfermedades de tipo psicosomático actuales nos dan una pista sobre las necesidades no cubiertas de la población: escucha, empatía, cariño.

Somatizar significa transformar un dolor emocional en otro físico, quizás por la incapacidad de expresar correctamente el primero. Una incapacidad que debe ser entendida y tratada como el origen de un problema que cumple una función: comunicar con el cuerpo lo que nuestra mente quiere expresar y nuestra voz no es capaz de reproducir.

Origen psicológico, síntomas físicos reales en nuestro cuerpo

Que los trastornos psicosomáticos tengan un origen psicológico no quiere decir que no se manifiesten en síntomas físicos reales. Síntomas que duelen, molestan y que en definitiva interfieren con la vida de una persona y su desarrollo satisfactorio.

No es de extrañar que en trastornos del estado de ánimo como la depresión, se observen estados vegetativos, un cambio en el patrón de sueño habitual y muchas quejas somáticas: se está somatizando la tristeza.

Hay muchos tipos de depresiones, algunas se caracterizan porque el paciente adopta una actitud agresiva y otras porque se adopta una actitud pasiva. En ambas, no se comunica lo que se siente o no se comunica adecuadamente y esta sensación se transforma en malestar psicológico y físico.


El precio de ser fuerte a toda costa conduce a somatizar

Cuando no nos comunicamos, implícitamente asumimos que no seremos escuchados, que no contamos con las estrategias sociales para hacernos entender o que directamente seremos rechazados. En un mundo en el que se nos dice que ser fuerte es la cualidad de oro, nadie quiere llevar barrotes de hierro en sus pies.

Muchas de las personas no expresan su malestar porque no encuentran las palabras para ello o simplemente se les ha enseñado que de hacerlo “quedarán expuestos”. No culparemos de esto solo a padres o tutores, sino a la sociedad en general . Se nos enseña todo tipo de asignaturas pero la asignatura de conocernos emocionalmente, queda pendiente.
De repente, un día nos sentimos paralizados. Nos preguntamos de dónde surge tanto dolor y porque mi cuerpo no da motivos claros que lo expliquen. Los motivos, están en la mente; pero están anestesiados.

El resultado de esta idea es bastante evidente: evitamos expresar cómo nos sentimos y cuando queremos darnos cuenta, ya no sabemos por qué nos sentimos mal.Tenemos una amnesia retrógrada que nos impide poder llegar a la verdadera raíz del problema, por qué duele tanto y de dónde surgió esto.

El trato a los pacientes que somatizan por parte de los profesionales sanitarios

La atención integral de la persona que viene a consulta con un trastorno de somatización es bastante deficitiaria en ocasiones. Estas personas necesitan una atención médica y psicológica.

En ocasiones son acusadas de histriónicas, simuladoras o facticias cuando no tiene nada que ver con eso. A diferencia de las personas hipocondríacas, aquí la persona no está convencida de que tiene una enfermedad, sino que no sabe qué es lo que le ocurre.

Quizás si sea cierto que tengan un sistema amplificador de los síntomas y una focalización muy centrada en éstos. Por ejemplo, una persona con altos grados de neuroticismo puede presentar este patrón de búsqueda y comprobación excesiva de síntomas.

Por tanto, esa persona quizás esté más centrada en sus síntomas y por ello su estilo ansioso los esté encrudeciendo. Pero los síntomas están ahí, son reales: dolores de cabeza, malestar gastrointestinal, fatiga crónica persistente, etc.

El paciente debe ser atendido de forma INTEGRAL, teniendo en cuenta las características psicológicas que pueden estar influyendo en sus síntomas físicos y evaluar también cómo sus síntomas físicos empeoran el cuadro psicológico.

En muchas ocasiones, cuando una enfermedad somática no es tratada correctamente, se cronifica y puede aparecer una consecuencia lógica y terrible para la persona que la padece. La enfermedad, ya cronificada, hace que la persona evite toda actividad social o que altere su rutina, creyendo que evita así el malestar y que sus síntomas estarán más controlados en su rutina diaria. Poco a poco, la persona va dejando de lado su vida por sus síntomas.

Las enfermedades psicosomáticas son reales y necesitan un tratamiento específico y ajustado a las características del paciente. Una vez descartadas las patologías orgánicas los profesionales deben lograr entender qué está queriendo decir el cuerpo porque la boca calla sin otorgar la razón a ninguna causa específica.

Cristina Roda Rivera