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domingo, abril 10, 2016

Cuando haces del pasado un impostor

Cuando alguien se hace pasar por un impostor es porque pretende conseguir ventajas con esa simulación de algo real y válido. Un impostor toma la identidad de algo o alguien que pueda darle beneficios aunque esto suponga mentir o distorsionar. Aún así, a esa persona le vale la pena.



Lo mismo ocurre con una persona que hace de su pasado un impostor. Dota a su pasado de una identidad y características inexistentes, porque aunque esté lleno de mentiras y auto-engaños a esa persona le vale la pena establecer ese engaño. Aunque conozca la realidad y la verdad, trata de imponer en su mente un pasado impostor que esconde un único fin: proteger su autoestima.
A veces, los recuerdos son tan duros que necesitamos edulcorarlos. Todo engaño trae consigo un menor dolor a corto plazo. En cambio, engañarnos hoy puede significar volver a cometer los errores de ayer.

¿La felicidad consiste en tener mala memoria?

Muchos dicen que la felicidad consiste en tener mala memoria. Que el ser humano siempre pasa por desgracias y que todo depende del prisma con el que las miremos y la rapidez con la que las olvidemos. Sin embargo, uno puede preguntarse: ¿hasta dónde resulta positivo perder la memoria?

A veces, es bueno soportar un agravio por parte de alguien. De repente, tener un enemigo claro puede simplificar tu vida. Saber qué es lo que te gusta y lo que detestas, simplemente saberlo; acorta tus caminos y los llena de significado.


Saber en qué fallamos, en qué nos equivocamos y qué nos hizo llorar nos permite conocernos, a nosotros y al mundo. Nadie imagina la evolución de las especies si cada ejemplar hubiese perdido continuamente su memoria reciente y su memoria a largo plazo. Por tanto, la evolución de las especies y del ser humano tiene que ver con el buen aprendizaje y eso siempre implica tener memoria.

Se trata de cómo utilizar la memoria: recuerda aquello que sea relevante y cuando pueda resultar relevante. Un chimpancé puede utilizar mejor estrategia al coger un plátano si al día anterior se le cayeron varios cocos al hacerlo. Pero no se regodeará en ello, no se sentirá eternamente culpable por ello, humillado o ridículo.

¿Por qué hacemos del pasado un impostor?

Si no podemos soportar algo de nuestro pasado, ¿es positivo auto-engañarnos? A veces no solo hacemos de nuestro pasado un impostor por los recuerdos tristes, sino también por los recuerdos felices, ya sea para exagerarlos, para “alargarlos” o para rellenar espacios vacíos o negativos.
Nunca olvides del todo tus malos momentos. De no haberlos recordado, quizás no te encontraras hoy donde estás.


Intentar contar la mejor versión de tu pasado no es patológico, no está mal. Al igual que intentar dar buena imagen, lo que se conoce como “deseabilidad social”. El problema es no saber establecer el límite entre lo que es real y lo que no. El problema de hacer de nuestro pasado una historia adulterada es que nuestra mente puede llegar a no discernir la mentira que dice sin parar y la verdad que recuerda: ahí entrará la confusión, el auto-engaño y el sufrimiento.


“–Excúseme, soy un hombre de muy poca memoria. Si me lo permite, cada vez que regrese le diré mi nombre: el señor Delouit, y entonces usted me repetirá el número de mi habitación.

–Muy bien, señor.

A poco, el hombre vuelve, abre la puerta de la oficina:

–El señor Delouit.

–Es el número 35.

–Gracias.

Un minuto después, un hombre extraordinariamente agitado, con el traje cubierto de barro, ensangrentado y casi sin aspecto humano entra en la administración del hotel y dice al empleado:


–El señor Delouit.

–¿Cómo? ¿El señor Delouit? A otro con ese cuento. El señor Delouit acaba de subir.

–Perdón, soy yo… Acabo de caer por la ventana. ¿Quiere hacerme el favor de decirme el número de mi habitación?”

-André Bretón-

Utiliza la memoria para hacer de tu vida algo auténtico

Como en la pequeña historia señalada más arriba, si reniegas de tu memoria conseguirás que los demás y tú mismo no reconozcáis tu identidad. Recuerda las cosas tal como fueron, aunque sean tremendamente dolorosas. Recuerda también quién te hizo un daño y aún hoy no lo ha reparado. Recuerda también tus acciones equivocadas, las veces que has actuado con ira y rabia, las veces que has pensado en los demás antes que en ti y las veces que no has actuado con sinceridad.
No más imposturas ni máscaras. Si quieres conseguir lo que quieres de verdad para tu vida, debes aceptar lo que ha supuesto tu verdadera historia. Solo así conseguirás de forma genuina el sentido de tu existencia.

No puedes temer recordar e integrar porque esa será tu evolución: en unos casos esa evolución implica una ruptura total, en otras supone cambios bruscos pero no definitivos y en otros no cambiará nada en la forma pero sí en el fondo. No recordar implica negar el valor de todo lo que has vivido y recordar de forma no verídica te niega la posibilidad de evolucionar hacia lo que siempre has querido.

Cristina Roda Rivera