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jueves, marzo 10, 2016

No necesito que nadie me diga cómo debo ser feliz

La felicidad no se oculta tras fórmulas mágicas ni aún menos en la sabiduría de quienes creen saberlo todo, y se ven con el derecho de decirnos qué camino tomar y qué personas evitar. Ser feliz es cuidar de uno mismo para ser auténticos artífices de nuestros destinos, en libertad y en responsabilidad.



Todo lo que somos, todo lo que tenemos acontece tras una serie de elecciones personales. Escuchar o dejarse aconsejar siempre es positivo pero, si permitimos que sean siempre los demás quienes pauten todas las decisiones, nos convertiremos en actores secundarios en el teatro de nuestra propia existencia.
Yo elijo cómo ser feliz, soy yo el único responsable de esos mapas personales que dibujan mi esencia, en los que cada error cometido o logro alcanzado es el reflejo de todas mis responsabilidades.

A modo de curiosidad, te diremos que en los años 40 se llevó a cabo el estudio más conocido y prestigioso sobre la felicidad. Las conclusiones a las que llegó el “Grant Study” nos revela algo que casi todos intuimos: amar y ser amado suele ser para la mayoría, la clave de la felicidad.

Ahora bien, por nuestra parte, queremos que reflexiones en algo más: en la necesidad de querernos a nosotros mismos para ser capaces de elegir y construir nuestros propios caminos en libertad.


Ser feliz es un sutil equilibrio entre el control y la libertad

Lo que a tus padres o a tus amigos les hace feliz, no tiene por qué hacerte feliz a ti. Cada persona es un mundo y en cada mundo rigen sus leyes, sus formas sentir, de pensar y enriquecerse emocionalmente. La clave está en encontrar nuestro propio “elemento”, esa motivación cargada de significado para hacerla nuestra.
Deja fluir: no te aferres a los demás, asume que todo tiene su momento y que es mejor caminar libre que encadenado a lo que nunca puede ser: avanza tranquilo, seguro de ti mismo…

Mihály Csíkszentmihályi es un referente muy clásico en el estudio de la felicidad. Según él, más que aspirar a ser felices deberíamos centrarnos en lo que él llama la “experiencia óptima”, es decir, en ese bienestar en el que se armoniza nuestra mente y nuestras emociones teniendo pleno control de la situación y donde, sencillamente, nos dejamos llevar o fluir.

Lo analizamos en detalle.

La felicidad es control y libertad a la vez

Las experiencias óptimas son aquellas en las que disfrutamos al tener un pleno control sobre una actividad determinada. Nos sentimos competentes y guiados por una elevada motivación intrínseca.
A lo largo de esas experiencias óptimas pueden aparecer errores, imprevistos o giros inesperados, no hay duda, pero la sensación de que “somos libres” para volver a empezar nos confiere una grata sensación de autoeficacia y… felicidad.
La capacidad de dejarnos “fluir”

Csíkszentmihályi es el máximo representante del estado “flow”, fluir, un estado de conciencia emocionalmente positivo caracterizado por lo siguiente:
Fluir es un estado en el cual nos sentimos comprometidos en mente y corazón con lo que hacemos en el “aquí y ahora”.

El ego queda desactivado y gozamos de un gran equilibrio interior al realizar y sentir cosas que nos definen de verdad, que quedan armonizadas con nuestras facultades, emociones y conocimientos.
Ahora bien, esta calma se romperá de inmediato si perdemos el control y nos dejamos llevar por los mandatos u opiniones de otros. Entonces, en lugar de fluir permanecemos encallados. No hay movimiento ni equilibrio, lo que sentiremos es una total desconexión con nosotros mismos, con nuestra esencia.

Lo que NO necesitas de los demás para ser feliz

Si reducimos nuestra búsqueda de la felicidad solamente a la aspiración de amar y ser amados, desarrollaremos un apego insano en el que cualquier decepción, ausencia o desengaño, deriva en una grave crisis personal.

Una vez más, hemos de hablar de equilibrio, de establecer relaciones maduras y conscientes donde permitirnos también “fluir“, libres de férreas ataduras, dependencias y temores. Porque si hay algo que debemos tener claro es que la felicidad es ante todo, ausencia de miedo.

Puesto que la mayoría sabemos lo que buscamos en las personas para sentirnos bien, reflexionemos ahora sobre lo que NO necesitamos de los demás para ser felices.
No necesitas su aprobación, es un fuente innecesaria de sufrimiento.
No dejes que te “inoculen” miedos ajenos. Las actitudes limitantes pueden proyectarse de padres a hijos o entre parejas, de forma que llegan a hacernos creer que no somos capaces o aptos para la vida.
No pongas en tu horizonte metas que no son tuyas. Las aspiraciones de otros no te definen, no son tuyas, así que siempre será mejor encontrar tu “elemento”, tu motivación y hacer de ella el motor que da fuerza a tus sueños y esperanzass cotidianas.
Ser feliz no es un sentimiento, sino la decisión de caminar sin miedo y en armonía con los demás mientras cuidamos de nosotros mismos.

Valeria Sabater