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martes, marzo 22, 2016

La soledad te puede convertir en una persona feliz

Si trazáramos un mapa de sentimientos y situaciones, nos daríamos cuenta de que para muchas personas la soledad y la tristeza están muy cerca. Esta proximidad no solamente se relaciona con la soledad en primera persona, sino que el sentimiento de pena por alguien que percibimos como aislado también es habitual.



Sin embargo, nada más lejos de la realidad. La soledad solamente puede entenderse como una carga cuando es impuesta, cuando la persona que se siente sin apoyo social desea tenerlo y no encuentra la manera de hallarlo. Esta soledad tiene mucho que ver con la necesidad de contar, de hablar y de relatar parte de nuestra historia.

Por eso es un sentimiento tan dañino en las personas mayores, ellas sienten que han acumulado una sabiduría que necesitan entregar de alguna manera y por eso son tan agradecidos cuando, sencillamente, les dedicamos tiempo. Porque la tristeza que acompaña a la soledad impuesta también tiene mucho que ver con el tiempo y con la sensación de que no somos, quizás, lo suficientemente valiosos como para que alguien nos lo dedique.

En el lado opuesto está la soledad elegida, la necesidad de poder escapar del ruido social. La inquietud por tomar una distancia que nos dé claridad, como si de cerca viéramos borroso. Este tipo de soledad es la que nos hace independientes y nos dota de recursos para poder disfrutar y sentirnos plenos, dependiendo única y exclusivamente de nosotros mismos.

“La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes.”
-Arthur Schopenhauer-

Puedes hacer lo que quieras, cuando quieras

Si eres una persona que ama la soledad y vives solo en tu casa, es probable que te hayas acostumbrado a ser la persona por la que más te preocupas. Quizás, en estos momentos incluso estás poniendo en la balanza las ventajas que supone la soledad frente a las que tendría una vida compartida.

En ella seguro que pones a un lado elegir tus planes, no dar explicaciones o poder tomar decisiones instantáneas; en el otro, la seguridad que te daría tener un apoyo incondicional, la necesidad de bienestar que emana del hecho de compartir o el hecho de poder delegar alguna de las responsabilidades domésticas.

Hay personas para las que esta soledad cotidiana será una situación transitoria y otras que la elegirán para siempre. Lo mejor, seas de un grupo u de otro, es que tú situación sea la que elijas no una a la que te tengas que amoldar porque no tienes la oportunidad de vivir de otra forma.

Podrás amarte a ti antes que a nadie

Dicen que la soledad te ayuda a crecer como persona y a conocerte. Sin embargo, ten en cuenta que esto no será así si te sumerges en la frustración de no poder deshacerte ni de ella ni del sentimiento, si empiezas a buscar de manera obsesiva la manera de escapar, como si fuera una especie de león en la Sabana.

“¿Por qué, en general, se rehuye la soledad? Porque son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos.”
-Carlo Dossi-

Si aprendes a aguantarte, a quererte, a aceptar tus virtudes y tus defectos y en definitiva, a amarte, estarás en el camino correcto para buscar la felicidad real ya que no dependerás de tener o no una relación romántica para conseguirlo. La relación perfecta debe ser la que tengas contigo mismo. No olvides que de ella partirán las que generes con los demás.

Cultiva las buenas amistades

¿Quién dice que la soledad es sinónimo de estar aislado o no tener amigos? ¡Nada más lejos de la realidad! La soledad es tu capacidad de vivir a tu manera y eso no está reñido en absoluto con tener buenos amigos que te comprendan, te quieran, respeten tu forma de vivir y te hagan feliz.

Además, cuando decides estar solo, te estás dando la oportunidad de conocer a nuevas personas gracias a que has empezado a hacer nuevas actividades sin compañía. Personas que comparten tus gustos y que sin duda van a enriquecer tu vida. Van a ser parte de ese aire nuevo que entre a ella y los que te hagan dar le paso de prescindir de algunas relaciones a las que solamente te agarrabas por el miedo a estar solo.

María Jose Roldan