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lunes, enero 04, 2016

En la vida merezco ser amado, respetado y valorado

Tengo claro que en mi vida merezco ser amado/a, valorado/a y respetado/a, y no por ello soy egoísta ni construyo castillos en el aire. Quiero que mi alma ría, y que mi corazón se sienta reconfortado por haber encontrado su lugar en el mundo.

Decirnos a nosotros mismos y en voz alta estas palabras no es ningún acto de locura ni aún menos de soberbia. Declarar y convencerse de que uno merece ser amado como lo más hermoso a ojos de otra persona, es algo enriquecedor. Y aún más, el ser respetado y valorado no es un privilegio: es un derecho que todos tenemos.
Quien merece ser amado también debe tener la capacidad de saber amar, de saber reconocer al otro como parte de sí mismo. Es un acto de libertad y de expresión personal que nos hace grandes, y que todos merecemos experimentar.

Todos nosotros merecemos ser queridos por los nuestros, empezando por una familia, pasando por nuestras amistades y llegando sin duda a una pareja que sea capaz de darnos un amor consciente, maduro y con reciprocidad.

No hay nada más digno y no hay principios más básicos para el ser humano que ser amado, valorado y respetado. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

En mi camino personal merezco luces, no tormentas



Quien te trae tormentas y días de invierno es que no sabe amar ni se aprecia a sí mismo de forma íntegra. Quien trae desconsuelo, indiferencia y carencias es un artesano de la infelicidad, y nadie merece ser tratado de este modo, ninguna persona debería experimentar el vacío de no sentirse amado, ni reconocido.
El amor que reconoce y valora al hijo, a la pareja o al amigo nos ofrece raíces para crecer y nos amarra al mundo para que poder florecer en armonía por dentro y por fuera.

En nuestro espacio te hablamos en numerosas ocasiones de la importancia de amarse a uno mismo, de esa autoestima esencial con la cual, hacer frente a adversidades, y definirnos a nosotros mismos a la vez que a ese entorno en el cual, protegernos y disfrutar siendo nosotros mismos.

El amor propio es sin duda un pilar esencial, pero puesto que vivimos en contextos sociales y necesitamos construir determinados vínculos, también es primordial recordar estas dimensiones:

El amor propio es el que te dice cómo mereces ser amado: quieres un amor sin lágrimas, con palabras sinceras y no con ironías, quieres cercanía y complicidad y no redes de manipulación ni un amor cautivo cargado de sufrimiento.
Es el amor propio quien te dice además que mereces respeto. Que nadie tiene por qué discriminar tu persona ni tus palabras, porque sabes que las palabras que ofenden y dicen mentiras duelen, por eso evitas a quien las dice, por ello te proteges y pones límites.
El amor propio es también quien te recuerda que mereces ser valorado por lo que haces, por lo que eres, y que ello, no es un acto de egoísmo. Porque quien valora tu presencia te demuestra que te quiere, porque dar valor a las personas es darles una posición en el mundo, es reconocerlas y darles voz, presencia, apreciación…



Te amo para amarte y no para ser amado

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Amar y ser amado

Puesto que sabemos qué limites hemos de poner en nuestra vida para impedir que vulneren nuestros derechos, es también importante recordar que al igual que pedimos ser amados, valorados y respetados, también nosotros debemos ser capaces de ofrecer lo mismo.
Hay dos abismos insalvables en el mundo de las emociones: el no ser amado cuando se ama con intensidad y el no saber amar cuando otros nos aman.

Hay quien en la vida, sólo sabe pedir y alzar a los demás sus exigencias: ser reconocido, se atendido, tener la prioridad en todo, ser escuchado y por su puesto… Ser amado por encima de todas las cosas, por encima incluso de la propia autoestima de quienes le rodean. Son personalidades que devoran y destruyen.
Si deseas que te amen, aprende a querer de forma humilde, sincera y consciente. Abre tu corazón pero ama con los ojos abiertos y no ciegamente, dalo todo por los demás pero espera también ser correspondido, ser reconocido.
Amar y ser amado más que una necesidad es un valor que debe caracterizar al ser humano: debemos saber amar a los nuestros y saber también recibir cariño y valorarlo.
Ningún padre debe negar una caricia a su hijo, y ninguna pareja entiende de otro modo su relación, si no es con esos gestos cotidianos que edifican el cariño, la pasión y la admiración, y que siempre son correspondidos.
Amar de forma consciente y madura es valorar a la otra persona por como es, es reconocerla como parte de nuestro proyecto vital, como una pieza que conforma nuestro puzzle emocional, vital y personal.
Y sin lugar a dudas todos lo merecemos, todos merecemos un amor que nos ofrezca alegrías y no tristezas, un cariño sincero que apriete nuestra mano y desvanezca miedos e incertidumbres.



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Valeria Sabater
lamenteesmaravillosa.com