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martes, septiembre 01, 2015

¿Por Qué Estás Aquí?




¿Por Qué Estás Aquí?

Todo empezó hace mucho tiempo. Mucho.

Yo estaba allí, contigo, mirando lo que acabábamos de crear. Era hermoso, de momento, pero sabíamos en lo que se iba a convertir. Sabíamos que la semilla de la oscuridad ya estaba plantada.

Entonces me giré hacia ti y te pregunté: ¿seguro que quieres ir? Va a estar muy oscuro allí abajo. Va a ser muy duro. ¿Seguro que quieres bajar?

Tú también te giraste, y me miraste con una seguridad aplastante. Ni siquiera abriste la boca para contestar, simplemente sonreíste. No había ni un ápice de miedo en ti. La confianza que irradiabas era absoluta.

Mi caso era un poco distinto. También me sentía seguro, y tampoco tenía miedo, pero sabía que no iba a ir. Por lo menos de momento. Tú te ibas, y yo me quedaba. Los dos lo sabíamos.

Pero aunque yo me quedaba, sabía lo que ibas a hacer, y sabía también el inmenso valor que tenía. Y el orgullo y el amor que sentí por ti fueron inmensurables.

Tú ahora no lo recuerdas, pero lo que estás haciendo es maravilloso. Es el regalo más grande que jamás nadie ha hecho. Te sumergiste en la oscuridad, por voluntad propia, y lo hiciste por el bien de todo el universo.

Esto es muy importante que lo sepas. Te mereces saberlo: lo que estás haciendo beneficia a todo el universo. Nos beneficia a todos. Tú estás haciendo el trabajo duro, pero todos recogemos los frutos. ¿Entiendes por qué te queremos tanto?

¿Entiendes lo importante que eres?

Ojalá algún día lo veas. Ojalá ese día sea hoy.

No te sacrificaste. Sacrificio no es la palabra. Tampoco asumiste ninguna responsabilidad. Esa tampoco es la palabra. La palabra es amor. Simplemente amaste con todas tus fuerzas.

Y en ese momento, amar, en tu caso, significaba bajar.

Y bajaste.

Hay una imagen que te ayudará a entender bien quién eres y qué estás haciendo aquí. Imagínate que entras en un gimnasio, y ves a dos personas haciendo pesas. Una de ellas parece muy tranquila. Tiene un par de pesas en las manos y las levanta con facilidad. La otra, en cambio, está sufriendo mucho. Está empapada de sudor, sus brazos tiemblan y contrae la cara de dolor.

En un primer momento, piensas que la primera persona es mucho más fuerte. Realmente lo parece. No da muestras de tener ninguna dificultad para levantar sus pesas. La segunda, en cambio, da un poco de pena. Incluso sientes un poco de rechazo hacia ella; tan débil, tan sucia y con la cara tan desencajada.

Pero luego te fijas un poco más, y en seguida te das cuenta de que la situación no es lo que parece. Las pesas de la primera persona son relativamente pequeñas. Te acercas para observarlas mejor, y ves que tienen un cinco escrito: 5 quilos. No está mal, pero no es nada del otro mundo.

Las de la otra persona, en cambio, son enormes. Ahora que las has visto, no entiendes cómo no te has dado cuenta antes. Son las pesas más grandes que jamás has visto. Si no lo estuvieras viendo con tus propios ojos, no creerías que algo así pudiera ser posible. Te pones a su lado para ver el número que indica el peso, y tienes que mirarlo dos veces para asegurarte. No es un cinco, ni un diez ni un cincuenta, es un mil. ¡Mil quilos! ¡En cada mano!

Y lo más increíble es que las está levantando. Está sudando, sí; está temblando, sí; y le está costando mucho. Pero las está levantando.

Pues esto es lo que tú estás haciendo. Esto es lo que tú eres.

Los que nos quedamos, los que estamos en el lugar que tu llamas “el otro lado”, no estamos haciendo lo que tú haces. Si nos miras, tenemos mejor aspecto. No sufrimos, y la luz nos rodea constantemente. Tú nos llamas ángeles, y crees que somos seres superiores.

No lo somos.

Simplemente estamos más descansados. Simplemente tenemos menos peso encima.

¿Te das cuenta de quién es realmente importante aquí? ¿Te das cuenta de quién es el fuerte?

La Razón de Todo Esto

Quizás te preguntas: ¿y todo esto para qué?

Pues por un motivo muy sencillo: para aumentar la luz del universo. Esto es lo que estás haciendo aquí. Gracias a tu trabajo, el universo entero (¡el universo entero!) se está convirtiendo en un lugar mucho más luminoso.

Fíjate en una cosa: cuando quieres desarrollar una determinada capacidad, ¿qué haces? Trabajarla a fondo, ¿verdad? Si quieres ser un buen escalador, subes montañas cada vez más altas; si quieres tener un cuerpo fuerte, levantas pesas cada vez más pesadas, etc. Para crecer, necesitamos superar retos, y necesitamos que los retos sean cada vez más grandes.

Pues con la luz sucede lo mismo: para que crezca hay que hacerla trabajar.

Este es el motivo por el que existe la oscuridad. La oscuridad no es un error. Dios no se equivocó. La oscuridad es una creación que permite que la luz crezca. ¿Crees que las pesas de un gimnasio son una equivocación? En absoluto, ¿verdad? Son una creación que permite trabajar el cuerpo. Pues la oscuridad es una creación que permite trabajar la luz. La oscuridad son las pesas que hace que el amor crezca.

Por esta razón creamos oscuridad, y lo hacemos siendo plenamente conscientes de lo que hacemos. A menudo os preguntáis: ¿por qué Dios permite que la oscuridad avance tanto? Pues por el mismo motivo que hace todas las demás cosas: por amor.

Tú creaste la Tierra, y lo hiciste por amor. Y, una vez creada, la sumergiste en la oscuridad, y también lo hiciste por amor.

Empezaste poco a poco. Al principio, la Tierra era un lugar pacífico e iluminado. No podía ser de otra manera, pues sois ángeles los que la pobláis. Pero, lentamente, empezasteis a hundirla en la oscuridad. Primero un poquito, luego un poco más, y luego aún un poco más.

¿Sabes en qué momento parasteis? En el momento en que llegasteis al nivel máximo de oscuridad que el universo había experimentado nunca. Así es como se crece, ¿verdad? Cuando alguien quiere aumentar su fuerza muscular, coge el peso máximo que puede levantar, y le suma un quilo más.

Pues esto es lo que hicisteis. Pusisteis un quilo, y luego otro, y luego otro, hasta llegar al peso máximo que el universo jamás había soportado. Y cuando llegasteis a ese punto, pusisteis un quilo más.

Y llegado este momento, entonces dijisteis: “ahora, esto lo vamos a levantar”.

Y lo hicisteis.

Nadie sabía si ibais a poder o no. Nadie lo había hecho antes. Pero lo hicisteis.

¿Empiezas a entender quién eres realmente?

Oh, aún os cuesta, sin duda. Aún estáis sudando y jadeando. Pero lo habéis hecho. Lo habéis levantado.

¿Entiendes lo valioso que eres? ¿Entiendes por qué te amamos tanto?

Ojalá lo entiendas. Te lo mereces.

Te mereces ver lo grandioso que eres.

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