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domingo, septiembre 27, 2015

La Diferencia entre Emociones y Sentimientos, y el Poder que Esto Nos Da

emociones y sentimientos
¿Te has preguntado alguna vez cuál es la diferencia entre emociones y sentimientos?

Personalmente creo que, en esencia, no hay ninguna diferencia importante. Las dos palabras hacen referencia a nuestra capacidad de sentir, y esta capacidad es siempre la misma, independientemente de lo que sintamos en cada momento.
Pero hace unos días leí un artículo de Verónica Gran donde explica una posible diferencia entre emociones y sentimientos. Y el planteamiento me ha parecido tan interesante, que he pensado que valía la pena compartirlo.

La Diferencia entre Emociones y Sentimientos

Ante cualquier evento, todos tenemos una primera reacción emocional muy rápida e inconsciente. Por ejemplo, nos comunican que nos despiden del trabajo, y de golpe sentimos miedo. Es una reacción casi instantánea, que aparece en nosotros sin que sepamos bien de dónde ha salido.  Según algunos autores, esta primera reacción inconsciente sería una emoción.
Justo después de que esta reacción se haya producido, empezamos a analizar conscientemente lo que nos está pasando: empezamos a tener pensamientos conscientes sobre la situación. Siguiendo con el ejemplo del trabajo, podemos empezar a pensar cosas como: “¿por qué me ha tocado a mí?”, “¿Y ahora qué haré?”, etc. Y estos pensamientos que vienen después modifican la primera emoción que habíamos sentido.
Por ejemplo, si la primera reacción había sido el miedo, dependiendo de lo que pensamos después esa emoción puede cambiar hacia rabia contra la empresa, desesperación, tristeza, etc. Esta segunda reacción, modificada por nuestros pensamientos conscientes, sería un sentimiento.
Parece ser que quien propuso esta diferencia entre emociones y sentimientos es Antonio Damasio, y que ahora esta definición está bastante aceptada.

Podemos Controlar Nuestros Sentimientos

No sé si esta definición de sentimientos y emociones es correcta, si es que hay una definición correcta. Al fin y al cabo, las palabras son solo convenciones. Personalmente, yo sigo utilizando estos dos términos casi como sinónimos.
Lo que sí que me parece muy acertado es diferenciar la respuesta emocional inconsciente que tenemos ante cualquier situación, de la respuesta consciente que viene después, independientemente de las palabras que usemos para hablar de ellas. Porque, desde un punto de vista práctico, la reacción inconsciente es muy difícil de controlar, pero la consciente no.
Ante cualquier situación, es muy difícil controlar nuestra primera reacción emocional, sea cual sea. Básicamente porque es una respuesta inconsciente, y todo lo que es inconsciente se escapa un poco de nuestro control. Y también porque es muy rápida, no nos damos cuenta y la reacción ya se ha producido.
Pero una vez que la primera reacción ya se ha producido, y empezamos ser conscientes de lo que está pasando, sí podemos tomar el control. Podemos influir conscientemente en lo que pensamos, y controlar así cómo nos sentimos. Si nos despiden del trabajo, podemos decidir pensar cosas negativas (“qué desastre, “¿y ahora qué haré?”…) o cosas más positivas (“quizás la vida me está diciendo que tengo que cambiar de rumbo”, “en el fondo no estaba bien en el trabajo y esto me servirá de impulso”,…).
Al ser una respuesta consciente, podemos influir en ella, y de esta manera podemos dirigir nuestros sentimientos.

Cómo Controlar los Sentimientos

Mientras tengamos una parte de la mente escondida en el subconsciente, debemos asumir que tendremos reacciones emocionales inconscientes. Podemos trabajar para destapar todo lo que hay en nuestro subconsciente para reducir estas reacciones, pero esto requiere trabajo y tiempo. Quizás incluso más de una vida…
Así que, a corto plazo, hay una parte de nuestra vida emocional que está fuera de nuestro control. Pero estos momentos de descontrol son muy cortos, son sólo los primeros instantes después de cada situación. Una vez pasado este momento, la mente consciente entra en acción, y aquí sí que podemos tomar las riendas y dirigir nuestros pensamientos hacia donde queramos.
Es un poco como cuando vamos caminando y tropezamos. Al principio perdemos un poco el equilibrio, pero unos instantes después recuperamos el control del cuerpo y podemos intentar no caer. Ahora bien, imagina que no hiciéramos nada, caeríamos seguro, ¿verdad? Pues esto es lo que hacemos con la mente. En lugar de hacer que la mente consciente tome el control, dejamos que siga los pasos marcados por la mente inconsciente, y caemos.
Pero este es un hábito que podemos ir cambiando poco a poco. Simplemente hay que ser conscientes de que, ante cualquier situación, se puede producir un momento de descontrol emocional. Pero justo después de este primer momento, nuestra mente consciente entra en acción, y aquí podemos decidir qué tipo de pensamientos queremos tener. Podemos elegir conscientemente si queremos pensar de forma positiva o negativa.
Es una decisión que está en nuestras manos, y dependiendo de lo que elijamos, nos sentiremos de una manera u otra.
http://www.jananguita.es/