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sábado, agosto 29, 2015

Consejos para dejar de ser tan orgulloso

Ser demasiado orgulloso puede ser un obstáculo para tu bienestar y tus relaciones interpersonales, pues de no dominar el orgullo puede convertirse en un problema para la comunicación natural y la expresión de tus sentimientos. Además, ser muy orgulloso no te permite que reconozcas tus errores y hace que culpes a los demás por tus fallos.
Ya que ser demasiado orgulloso puede hacerte daño a ti y a los que te rodean, a continuación te presentamos algunos consejos para que puedas dejar de ser tan orgulloso y puedas empezar a vivir de otra manera.

1. No te ofendas tan fácilmente

Si buscas razones para sentirte ofendido, encontrarás las que quieras. Esta manera de pensar te hace más débil, ya que provoca que estés continuamente a la defensiva y malgastando tu energía mental con confrontaciones innecesarias.
Adopta otra forma de pensar y acepta tanto a los demás como a ti mismo, pues sentirte ofendido por todo lo que sucede a tu alrededor sólo va a dificultar la convivencia con los demás. Sé humilde, sé compasivo y sigue adelante con la vida.

2. Identifícalo, reconócelo y deja de pensar en lo que piensen de ti

Ser demasiado orgulloso puede ser difícil de detectar en muchas ocasiones, pues no es fácil reflexionar sobre lo que no hacemos bien. La inseguridad, el miedo al fracaso o el miedo a ser juzgados, muchas veces están detrás de este comportamiento. Respecto a esto, esta manera de actuar tiene sentido si nos preocupamos por lo que los demás piensen de nosotros. 
Por tanto, el primer paso es identificar que somos muy orgullosos, y reconocer que existen situaciones en las que eso puede jugar en nuestra contra. Solo de esta manera podremos comportarnos de manera distinta. Conseguir la paz interior y no dejar que te afecte lo que los demás piensen de ti puede ayudarte a ser más humilde y a mejorar las relaciones interpersonales.

3. Quítate de encima la necesidad de tener la razón siempre

La necesidad constante de querer tener siempre la razón puede provocar que dejes de ser objetivo. En muchas ocasiones, queremos defender nuestro punto de vista sin reflexionar sobre el punto de vista de los demás. Recuerda que no todo el mundo piensa igual que tú, y que pueden existir diferentes verdades según el punto de vista desde el que se mire.
Además, aunque no compartas el pensamiento de otra persona puedes aceptarla igualmente,pues la gente también tiene derecho a equivocarse. Vivir en un estado de competición continua contra los demás puede ser muy agotador y muy perjudicial para ti. Mostrarte abierto a las opiniones de los demás y escucharles va a beneficiar enormemente a tus relaciones interpersonales.

4. Supera la necesidad de sentirte superior a los demás

Mejorar constantemente no tiene nada que ver con querer ser superior a los demás. El desarrollo personal nace desde los deseos y los gustos internos de cada uno, no de la aprobación de los demás.
Querer juzgar a todo el mundo por su apariencia, sus posesiones o sus logros, tiene mucho sentido para alimentar el ego, pero es perjudicial desde el punto de vista del bienestar mental. Dividir a la gente entre ganadores y perdedores, sinceramente es bastante triste. Esta forma de pensar lleva a la hostilidad, al resentimiento y la confrontación, y la larga, esta mentalidad te distanciará de otros sujetos en vez de acercarte a ellos, pues siempre los verás como rivales.
Esta necesidad de sentirte superior a los demás provocará que seas inflexible, así que puedes empezar por ser humilde y dejar de querer sentirte superior al resto. Antes de nada, acéptate tal y como eres: con tus virtudes y tus defectos.

5. Dale un toque de humor a la vida

Poner sentido del humor a los conflictos va a mejorar las relaciones interpersonales. Intenta ser compasivo con los demás y ríete de los problemas. No hay nada mejor que tomarse las cosas con humor para desestresarse y mirar la vida con menos angustia. Si conviertes tu vida en un drama, nadie va a querer acercarse a ti.

Jonathan García Allen