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viernes, febrero 06, 2015

¿Cómo es eso que no tienes tiempo para la espiritualidad?

Los ejercicios espirituales no son gran cosa por sí mismos. Sólo son verdaderamente eficaces y benéficos si son ejecutados a la luz de una enseñanza que dé conocimientos sobre el mundo invisible, los diferentes seres que lo habitan, las leyes que lo rigen y las fuerzas que circulan en él. Y más importante todavía, una enseñanza espiritual que revele cómo está construido el ser humano, cuáles son en él los órganos, los centros sutiles gracias a los cuales puede entrar en relación con las regiones luminosas del espacio. Pero ni siquiera esto es suficiente. El que ha recibido este saber, debe decidirse a cambiar su manera de vivir, a sacrificar las actividades y costumbres que contradigan los objetivos de la Ciencia iniciática.
Ahí tenéis lo esencial, tomadlo en consideración. No os limitéis a una comprensión intelectual de la espiritualidad, sino procurad adquirir la comprensión verdadera, esta comprensión que invade el cuerpo entero hasta la más mínima célula. Cada ejercicio tomará entonces para vosotros un verdadero sentido, os iluminará y os reforzará.
¡Que los humanos modifiquen su opinión sobre la naturaleza y modificarán su destino! Si piensan que está viva y es inteligente, que las piedras, las plantas, los animales, las estrellas, están vivos y son inteligentes, ellos mismos se volverán más vivos y más inteligentes. La naturaleza es el cuerpo del Creador. Por eso, no sólo deben mostrarse atentos y respetuosos con ella, sino que deben acercarse a ella con un sentimiento sagrado.
En realidad, sea cual fuere la manera en que los humanos se comporten, esto no cambiará gran cosa para la naturaleza: todas las agresiones que le infringen sólo son pequeñas pérdidas, pequeñas heridas en este inmenso cuerpo cuyos límites ni siquiera conocemos; pero son ellos, los humanos, quienes se destruirán primero. En cuanto a la naturaleza, una vez liberada de estos insensatos, se restablecerá: ¡la naturaleza tiene recursos! Es pues por las consecuencias que su actitud tendrá sobre ellos mismos que los humanos deben mostrarse respetuosos con los animales, con las plantas, con las piedras. Su conciencia ganará en profundidad y se enriquecerán con toda esta vida que respira y vibra a su alrededor.
Pensad en todas las entidades que pueblan el universo, desde las profundidades de la tierra hasta las estrellas, y esforzaos por comulgar cada día con ellas. Sólo con el amor podéis llegar a esta comunión. Si amáis la naturaleza, la oís hablar dentro de vosotros, vivir en vosotros porque vosotros sois también una parte de la naturaleza.

¡Cuántos dicen que no tienen tiempo para dedicar a los ejercicios espirituales! Por la mañana deben ir a trabajar, antes incluso de salir de casa ya tienen muchas cosas que hacer, y cuando vuelven por la noche sucede lo mismo… Pues bien, puesto que no tienen ni siquiera unos minutos cada día para estar en la armonía y la luz, seguro que los tendrán para vivir en las turbulencias, los desórdenes y las tinieblas.
Si hay algo que con toda seguridad ocurre en la vida, es que a veces estemos tristes, decaídos y desanimados; y lo que no es tan seguro es que estemos felices, fuertes y serenos. ¿Por qué? Debido a esta frase que todos tienen en la boca: «¡No tengo tiempo!» He ahí una forma cómoda de justificar la pereza y la inercia. Ni un minuto para recogerse, ni un minuto para decir al menos una oración o hacer un ejercicio con el fin de volverse más resistente, más iluminado… ¿Qué destino se preparan de esta manera? En realidad, cuántas veces pierden su tiempo. ¡Qué aprendan a ganarlo! Y lo ganarán precisamente cuando comprendan que si consagran cada día unos momentos en contactar con la luz, ello les evitará cometer errores que, para repararlos, necesitarían mucho tiempo.
Pensáis que es imposible aportar la luz y la paz a todos los humanos de la tierra, ¡son tan numerosos! Si presentáis la cuestión de esta manera, tenéis razón, desde luego. Pero cuando se conocen ciertos métodos, esto es posible.
Intentad, por ejemplo, de imaginar a la humanidad como un solo ser. Sí, imaginad al mundo entero como un ser que está ahí, cerca de vosotros, y que le tendéis la mano dándole mucho amor… Las pequeñas partículas que se escapan entonces de vuestra alma, se van en todas direcciones por el espacio y se derraman sobre todos los humanos, inspirándoles pensamientos y sentimientos más generosos, más fraternales. Lo que hacéis para este ser que os imagináis, va a llegar, de esta manera, a los hombres y a las mujeres de toda la tierra. Si fuésemos cientos, miles haciendo este ejercicio, un soplo nuevo, un soplo divino pasaría a través de todas las criaturas y, un día, ellas también se sentirían transportadas por un ideal de luz y de paz.
Omraam Mikhaël Aïvanhov