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domingo, diciembre 28, 2014

Sanar el pasado

El pasado tiene la misma consistencia que un sueño; es como las cartas del tarot. Son manifestaciones que no tienen una explicación racional precisa. Se pueden interpretar de maneras distintas según nuestro nivel de consciencia. Si el nivel de consciencia aumenta, el significado del pasado cambia y, como el árbol se juzga por sus frutos, si los frutos cambian, el árbol también.
Por lo tanto, podemos curar nuestro pasado, entenderlo mejor. Nuestros abuelos, bisabuelos y tatarabuelos sufren su desgracia en nuestro interior; si nosotros nos realizamos, nuestros antepasados, en nosotros, van a realizarse y se unirán a nuestro nivel de consciencia.”
Si tú no cambias, nadie te puede cambiar, si tú no te sanas a ti mism@, nadie te puede sanar. Pueden eliminarte los síntomas, pero el motivo de tu sufrimiento, de tu dolor de vivir, sólo tú puedes encontrarlo.
Te propondré:
1.- Recuerda alguna cosa del pasado, algo que hayas visto o hecho. Y el sentimiento que esto te ha producido.
2.- Recuerda ahora algo que hayas soñado.

Te darás cuenta que no hay diferencia en tu mente entre algo que has hecho y algo que has soñado: ambas cosas son recuerdos. La memoria de lo que hiciste y la memoria de lo que soñaste, tiene la misma consistencia. Sueño y realidad se han vuelto iguales. Estableces diferencias entre ellos por el impacto emocional que produjeron en ti. A ese impacto le llamas “mi pasado”.

Es decir que tu pasado es un entreteje de actos en la vigilia y en el sueño…Si te das cuenta de esto, verás que puedes cambiar ese pasado, agregando cosas a lo que recuerdas o viendo lo que experimentaste, desde otro punto de vista. (Cuando te recuerdas el sitio donde viviste cuando eras niñ@, lo ves como un universo inmenso. Pero si regresas ahí años más tarde, te das cuenta que era un sitio pequeño. En la infancia, tu barrio te parecía inmenso, ahora, ya adult@, lo recorres en cinco minutos. ¿Comprendes? El recuerdo cambia según de qué punto de vista lo evocas… El Ser esencial, personalidad real, ilimitada, es la naturaleza de cada ser humano, un tesoro maravilloso encerrado en el ego, un cofre que puede mantenerlo preso toda la vida.
Cada vez que tengas un recuerdo doloroso de tu infancia, viaja por tu memoria y, con la edad que tienes hoy, dile a tu niñ@: “Pequeñ@ mí@, no estés triste, no estás sol@ . Yo estaba contigo, acompañándote todo el tiempo. Soy tu amig@. Juega conmigo”… Y así agregas a tu infancia cosas que no tenías en tu memoria y la cambias. Puedes agregar alas invisibles a tu niñ@ y hacerl@ volar, darle belleza, darle valores, colorear las calles, llenar su casa de objetos preciosos, hacerl@ conversar con los animales y las plantas, mejorar a sus padres, etc… Y si tú, hoy estás triste, puedes invocarte a ti mism@, cuando serás un/una ancian@ sabi@ que te diga: “Querid@, soy tú con cien años más.Ya lo ves, no estás sol@, estoy junto a ti. Tengo una inmensa sabiduría y puedo aconsejarte”.
Alejandro Jodorowsky