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jueves, diciembre 25, 2014

20 maneras para aumentar tu energía espiritual

1) Conecta con tu propósito.
Me acabo de levantar, recuerdo que anoche me propuse madrugar y aprovechar las primeras horas de la mañana, por poco no lo consigo. Por suerte recordé el último instante antes de caer dormid@, ¿para qué voy a madrugar?, las respuestas conectadas a mi propósito brotaron en mi mente, al deseo de completar mi objetos, a los motivos para impulsarme y ponerme en pie; mi energía se elevó.
Si tu propósito está conectado a tu pasión tienes una poderosa fórmula energética en ti. Cuando haces aquello que te apasiona o entusiasma tu energía fluye y retroalimenta con tus acciones; cuanto más te aproximes a tu pasión más energía experimentarás.
¿Qué te apasiona? ¿Qué te mueve? ¿Para qué elevar tu energía?
2) Enfócate en el resultado a conseguir.
No saber tu rumbo te desgasta. La acción y dirección sin propósito es pérdida de energía. Todo comienza con tener clara la visión del resultado a lograr. Las personas de éxito tienen un hábito en común: orientan su actuar en función de resultados. Siempre tienen una respuesta clara en relación a qué quieren lograr. Esta visión les da el enfoque necesario para concentrar su tiempo y acciones en el logro de sus metas. Cuando te orientas hacia tus metas y sientes que tu día a día te acerca a ellas, tu energía crece. Te sientes en control de tu vida y tu auto-estima se fortalece.
¿Qué quieres lograr? ¿Cuáles son tus metas? ¿Cuál es tu visión?
3) Encuentra tus “yo puedo”.
Siempre puedes. Es posible que no puedas hacer lo que quieres en el momento que lo estás deseando. Pero siempre puedes hacer algo.
Si bien puede que no tengamos la capacidad de cambiar rápidamente en dónde nos encontramos, siempre podemos modificar nuestra dirección. Es sencillo: nuestra dirección es determinada, en primera instancia, por nuestros pensamientos. Lo que pensamos precede a las acciones y éstas a los resultados. Cambia tus pensamientos y poco a poco comenzarás a obtener nuevos resultados. Y esto es algo que siempre podemos hacer: elegir nuevos pensamientos. Con este solo y simple hecho, tienes el poder para iniciar el cambio que quieres ver en tu vida.”
Si no puedes hacer grandes cambios en este momento, ¿qué pequeñas transformaciones sí están en tu poder?. 
Variaciones que te permitan ir variando el rumbo para apuntar hacia el destino deseado.
Dirigir tu vida hacia la visión que en el fondo deseas puede requerir gran energía. Pero al igual que mover todo un buque de cientos de toneladas, todo comienza por un pequeño cambio. 
No te concentres en tus “yo no puedo”. 
Todos los tenemos. 
Sin embargo, es en nuestros “yo puedo”, por pequeños que sean, en donde está nuestro poder de redirigir nuestra vida.”
Recuerda: tu enfoque determina tu nivel de energía.
¿En qué te enfocas usualmente? ¿En lo que no puedes o en lo que sí puedes? Conéctate con tus “yo puedo” y estarás alimentando tu energía.
4) Encuentra la fe en ti.
La fe es junto a la pasión, quizá, una de las más poderosas fuerzas a las que el ser humano puede conectarse. Es un recurso interior que te permite ir más allá. Es al conectarte con la fe cuando puedes construir lo que hoy es desconocido. La fe es la gasolina suprema. Conéctate con ella, decide creer en algo más allá de lo visible y sentirás una energía que te acompañará hasta el logro de tu visión.

5) Muévete de forma distinta.
¿Qué fue antes: el huevo o la gallina?. 
Lo mismo podemos cuestionarnos sobre la energía y el movimiento. Obviamente necesitamos energía para producir movimiento. A la vez, el movimiento por sí mismo es un generador de energía. ¿No te quedas a veces esperando a que surja esa sensación de vitalidad para ponerte en acción?. En la práctica lo que necesitas es ponerte en movimiento, en acción física, para movilizar tu energía y hacerla subir. 
Tu nivel de energía está directamente relacionado a la manera como te mueves. 
¿Escaseas en energía? Significa que te falta movimiento. No esperes a tenerla para ponerte en acción, ¡hazlo!.
¿Quieres transformar tu energía?. Haz en este instante ese movimiento y exclama “¡¡Sí!!”. 
Explora tu cuerpo. 
Juega con tu capacidad de moverte para aumentar tu energía. No esperes a tenerla. A veces está simplemente “estancada” y esperando porque actives tu fisiología para poder fluir y expandirse.
6) Cambia tu expresión facial.
A finales de la década de 1980 se realizó un experimento muy interesante con pacientes maníaco depresivos. Fue muy sencillo: en las paredes de las salas comunes de la clínica en donde se encontraban recluidos los pacientes, colocaron numerosos espejos. 
A estas personas les fue dada una simple instrucción: “cada vez que te encuentres frente a tu reflejo, sonríe. No importa si te sientes como para hacerlo. Lo único que tienes que hacer es flexionar los músculos de tu rostro tal y como cuando uno se sonríe”.
Los resultados fueron impactantes. Al cabo de unas semanas, varios de los pacientes ya habían expresado cambios visibles en su estado de ánimo. La depresión parecía disolverse a medida que estas personas incorporaban el hábito de sonreír varias veces al día.
¿Qué pasaba, cómo era posible?. 
Los músculos de tu rostro funcionan como torniquetes, facilitando o disminuyendo el paso de la sangre hacia la zona frontal de tu cerebro. }Si tus tensiones, frustraciones o amarguras se ven reflejadas en la rigidez de tu rostro, el flujo sanguíneo y el nivel de oxígeno que le llega a tu cerebro se ve reducido. 
Al sonreír, los 32 músculos de tu cara bombean un mayor nivel de oxígeno a los lóbulos centrales. Esto estimula la secreción de endorfinas, hormonas neuronales que inducen estados de placer los cuales comienzan a contrarrestar patrones de depresión, tristeza, apatía, rabia.
Imagina…. ¡prozac gratis e inocuo..!, y con un maravilloso efecto secundario: otros te devolverán sus sonrisas al verte. 
Así que la prescripción es simple: ríete más a menudo. Incluso, puedes probar hacer morisquetas para intensificar tus dosis de endorfinas.
7) Respira distinto.
Una de las primeras respuestas fisiológicas que cambia cuando tu emocionalidad se transforma es la respiración. 
Por ejemplo, cuando comienzas a estresarte tu respirar se tensa y se hace cada vez menos profundo. Cuando te excitas… bueno, ya sabes.
Cuando necesites inyectarte energía instantánea, emplea el principio de cambiar el cuerpo para influir sobre tu emocionalidad al respirar diferente de manera deliberada.
¿Cómo respiras cuando estás lleno de energía y vitalidad? ¿Cómo respiras cuando estás en tus mejores momentos? Si inhalas y exhalas como cuando te encuentras en esos estados, comenzarás a sentir esa energía. 
Recuerda que tu energía proviene de tus células; particularmente de esas minúsculas fábricas de energía celular llamadas mitocondrias. En ellas y junto a la inyección de oxígeno suministrada por tu respiración, la glucosa es transformada en energía. 
Más oxígeno en tu organismo a través de una profunda respiración se traduce en una mayor generación de energía. 
Tu cerebro también se alimenta de oxígeno y al llenarlo de él, tu capacidad de estar alerta y despierto, aumenta. 
Oxigena tu cuerpo -respirando profundamente, ejercitándote o haciendo el amor- y llénate de vitalidad. 
No en vano para muchas filosofías y sistemas de vida oriental, la respiración es tu conexión con la energía del universo.
8) Medita.
La meditación es una excelente manera de cuidar y potenciar tu energía. La meditación nos recarga y en muchos casos ayuda a liberarnos de aquello que está bloqueando nuestra energía; existen muchos tipos de meditación. 
Una manera de hacerlo es concentrándote en tu respiración como “ancla” para tu mente. 
Simplemente cierras tus ojos y colocas tu atención en el proceso y las sensaciones de tu respirar. 
Sin buscar el cambio, sino más bien siendo testigo de tu proceso, por unos minutos te concentras suavemente en tu respirar. 
Pruébalo. 
Cierra tus ojos y respira durante 3 a 5 minutos. 
Vamos, regálate estos minutos. 
Obséquiate este mini-descanso… y comienza a tomarle el gusto a la meditación.
9) Hazte preguntas que te potencien.
¿Hay algo malo en tu vida?. No lo hagas, no lo pienses, ¡deprisa!, pon una sonrisa y saca la lengua.
¿Qué cosas te inspiran y qué hace vibrar tu alma?. ¿Qué enciende tu pasión?, ¿qué aspectos sí se encuentran bajo tu control?, ¿qué puedes hacer hoy – por pequeña que sea-, para mejorar tu vida?. ¿Cómo vas a aumentar tu capacidad para avanzar hacia tus metas?, ¿a quién amas?, ¿quién te ama?.
Seguro que experimentaste un cambio de energía entre el momento cuando leíste la primera pregunta y las restantes. 
Recuerda, es muy simple: tu preguntas frecuentes determinan tu enfoque; aquello con lo que te conectas, impacta tu energía. Diseña tus propias preguntas potenciadoras. 
Emplea conscientemente el poder que ellas tienen para dirigir tu mente hacia los pensamientos que te nutren y elevan tu vibración.
10) Conecta con emociones que te inspiren.
Algunas películas nos conmueven. Es cuando se ven expresados magistralmente por la magia de la actuación, la escenografía y la musica, momentos que disparan emociones intensas. Hay películas, libros, biografías e historias que nos muestran el poder de la fe, la determinación, el amor, la esperanza; nos inspiran a través de lo que otros seres humanos que han soñado y vencido. 
Recuerda esas escenas emotivas y utilízalas como inspiración para lo que tienes que hacer, superar y lograr.
Pasión, amor, convicción, triunfo, coraje, fe, determinación, compasión, alegría, entusiasmo… cuando nos dejamos tocar por estas emociones no nos queda otra que sentirnos inspirados por la grandeza humana. 
Esa misma que reside en ti.
11) Toma alimentos que aporten energía en vez de quitártela.
Cuando ingieres alimentos y se dispara el proceso digestivo, tu cuerpo necesita dedicar gran parte de su energía al procesamiento y transformación de lo ingerido. 
Si la comida no es particularmente “amigable” para tu cuerpo esa energía es enorme. Tanto así que te da sueño, te sientes pesado y te provoca no hacer nada durante un buen rato. 
Sin entrar en detalles sobre nutrición y alimentación, sí quiero transmitirte lo siguiente: si deseas optimizar tu energía y mantener consistentemente los niveles necesarios de vitalidad para lograr tus objetivos, es importante elegir conscientemente lo que comes.
Sin embargo, hay quienes poco les importa lo que ingieren. Lo que comes no es inocente; tiene un impacto sobre tu bioquímica y en última instancia sobre tu vitalidad.
12) Ejercítate.
El ejercicio favorece el fortalecer tus órganos y a mantener tus sistemas internos en óptimo funcionamiento. Si haces ejercicios adecuadamente, tras hacerlos, te sentirás con más energía. 
A veces me he sentido cansado y a punto de retrasar mi sesión. Pero una vez que termino, siento cómo vuelve la energía a mi cuerpo. Prueba qué ejercicios te sirven para despertar tu vitalidad y empléalos como un recurso para mantener tu energía y salud.
13) Descansa con calidad.
Para tener más energía, a veces lo que necesitas es parar un rato. Es lógico: al descansar te recuperas de la energía perdida.
Cuida que tu sueño sea reparador. Si no lo es, busca hacer cambios en tu ambiente que te ayuden a lograrlo. 
Puedes hacer más oscuro tu cuarto, comprar unas mejores almohadas o abrir las ventanas para mejorar la ventilación. 
Para un sueño reparador, es importante ayudar a que la mente “se duerma” al son de tu cuerpo. 
Procura no ver programas de alto impacto visual ni psicológico justo antes de dormirte.
Así como quizá, por la mañana, necesitas de unos minutos para “calentar motores”, asegúrate también un proceso para ir bajando las revoluciones mentales antes de dormir; hay que desconectar del día, lo que podías hacer hoy lo hiciste. 
De haber quedado algo pendiente, no lo puedes resolver hasta el día siguiente; suéltalo. Déjalo tranquilo y más bien, conéctate con aquello que puede inducirte emociones placenteras antes de caer en tu mundo onírico. Para esto, puedes hacerte estas preguntas cuando ya te encuentres acostado y con las luces apagadas:
¿Qué he disfrutado hoy?. ¿Ha contribuido este día a mis metas?. ¿Qué he aprendido hoy?. ¿Qué he dado hoy?. ¿De qué puedo estar agradecido?. Y dulces sueños…
14) Estimula tus sentidos.
Luz y colores… música… agua… olor a canela… brisa tocando tu piel. Estimular tus sentidos incrementa tu energía. Puede ser tan simple como prender una luz; o mejor aun, salir para permitir que el reflejo de la luz solar estimule tus ojos. 
Prueba escuchar una música que te inspire o tómate un vaso frío y refrescante de agua o jugo de frutas.
Inspira un aroma estimulante o permítele a tu piel ser estimulada con sensaciones que te ayuden a elevar el nivel de alerta. 
En definitiva, cosas tan sencillas para despertar tus sentidos como echarte agua fría en la cara, pueden hacer una gran  diferencia en un momento en el cual sientes que tu energía va en picada.
15) ¡Hidrátate!.
Unos 2 litros de líquido es lo recomendado al día, dependiendo de la persona. 
Deepak Chopra sugiere que cargues contigo en todo momento una botella de agua con el objetivo de tomar sorbos cada 20 a 30 minutos durante todo el día. 
Tu cuerpo está compuesto en un 70% de agua. No es sorpresa encontrar que depende de este preciado líquido para funcionar en excelentes condiciones. 
Cuando tu cerebro dispara la sensación de sed es tarde: tu cuerpo está en proceso de deshidratación. 
Y cuando esto sucede, tu energía cae. No esperes a la señal de sed para ingerir agua. 
Más bien desarrolla el hábito de ingerir este líquido continuamente durante el día. 
Irás más frecuentemente al baño, pero estarás limpiando tu organismo y manteniendo su nivel de energía.
16) Conéctate a la naturaleza.
Contempla la majestuosidad de la naturaleza, deja que proyecte una magia que penetra en ti, estimulando tus sentidos y llevándote a pensamientos con altas dosis de inspiración. 
Las olas rompiendo en la costa; las bandadas de pájaros surcando el atardecer; el rozar de la brisa fresca en tu piel; el aroma de las flores; el canto de los grillos; el hermoso color de las nubes en el atardecer…
¿Cuándo fue la última vez que realmente te conectaste con la naturaleza?. ¿A qué esperas para repetirlo?.
17) Tómate tu tiempo para estar solo.
En ocasiones necesitas recuperar tu centro, ¿verdad?. 
Me refiero a regalarte un momento para estar solo, asentando tu mente y emociones. Para reflexionar, dejarte sentir y reconectarte con lo que es más importante. O simplemente, para encontrar respuesta a preguntas acuciantes en la sabiduría del silencio. A realmente estar contigo, no con el televisor, ni tan siquiera con un libro. 
Sólo con tus pensamientos y tu sentir. Del silencio florece lo que quieres decir. De la calma brota lo que has de hacer. Al estar quieto haces posible el reencuentro con tu ser. 
Para. 
Guarda silencio. 
Céntrate. 
Déjate estar, permítete ser. 
Es en el silencio cuando mejor puedes escuchar tu intuición; es en ese espacio que puedes reencontrar tu centro, tu norte, tu esencia, tu profundidad, tu poder.
Por 3 minutos deja de leer y permítete estar en silencio. Simplemente… Respira. Siente. 
Y desde el silencio vuelve a surgir para actuar tu verdad.
18) Conéctate con la energía de otros.
Hay personas que son como un “desagüe”, mientras otras son como fuentes. 
Desagüe son quienes al entrar en contacto contigo te restan energía. Son personas demandantes, negativas, cínicas. ¿Conoces a alguien así?.
Fuente son quienes te aportan nuevas energías. Por lo general positivos y entusiastas quienes, además, muestran un genuino interés por ti. Cuando sales de estar en su compañía, te sientes como con las pilas recargadas. 
Las personas con quienes te rodeas impactan tu energía. 
Cuida de quién te acompañas y particularmente, cuando sientas la necesidad de elevar tu vitalidad, busca a las que son fuente. 
Claro está, ellas estarán ahí para ti en la medida en que tú también seas más fuente que desagüe…
19) Logra una meta, cierra un ciclo.
Cada vez que logro una de mis metas siento que mi energía aumenta. Es raro, pero el mero hecho de completarla parece disparar un chorro de endorfinas en el cerebro, incluso a veces me planteo metas ya completadas para recibir esa inyección de energía. 
¡Atención, completar metas puede llegar a ser adictivo ;)!.
20) Libérate de algo.
Tu energía puede ser consumida por personas, situaciones o metas no alineadas con tu visión de vida. Metas del tipo “yo debería”, asuntos o conversaciones pendientes, eso que aun no has resuelto pero lo cual continúa saltando a tu memoria. Situaciones que no son como quieres pero has estado tolerando, a costa de tu propio bienestar. Puede ser una memoria, un ciclo que permanece abierto, la idea para la cena de la próxima semana o lo que no te gusta de otro. Todo esto consume energía.
Imagina que tu mente tiene 100 unidades de atención. Estas unidades representan tu capacidad de asignar una parte de tu energía mental para procesar o tan sólo recordar. En la medida en que esas unidades se dispersan al tener muchas cosas en tu cabeza, tu energía mental disminuye. Imagina el siguiente inventario mental:
* 20 unidades de atención asignadas a cosas pendientes.
* 12 unidades retenidas en pensamientos sobre la conversación que aún no has tenido.
* 14 unidades enfocadas en lo que toleras de tu compañero y no llegais a un acuerdo.
* 18 unidades alimentando tu miedo ante el reto que estás por asumir, pensando en lo peor.
* 19 unidades ubicadas en procesos de pensamiento agotadores sobre cosas fuera de tu control.
* 3 unidades fijadas en el pensamiento acerca de cambiar la bombilla del pasillo…
¿Cuanto queda?. Apenas 14 unidades de atención para dedicarle al disfrute de tu vida y el logro de tus metas. 
Suelta. 
Libérate. 
Identifica qué te está restando a tu energía y no te está dando valor. Escríbelo. 
Decide. 
Actúa. 
Bota. 
Resuelve. 
Negocia. 
Olvida.
Acepta… 
Al hacerlo recuperarás energía y aumentarás tu capacidad de enfocarla en lo que te permita lograr mayor satisfacción y productividad.
Leo Alcalá