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viernes, febrero 21, 2014

Vibrar alto

Todos tenemos distintos niveles de consciencia de abundancia y prosperidad. Cuando estamos vibrando muy bajo, sentimos que la vida nos cae encima, que las cuentas llegan sin poder hacer nada. La desesperación y la desesperanza pueden ser nuestros mejores aliados en esa condición de impotencia. En un nivel contrario, sentimos que podemos hacer algo, que somos los creadores y que está en nuestras manos hacer que las cosas funcionen.

Para pasar de un nivel bajo a uno más alto, es necesario poner mucha atención a lo que estamos pensando, sintiendo y haciendo la mayor parte del día. Cuando comenzamos a elevarnos, es natural que nuestra vibración tenga fluctuaciones intensas. Por un momento podemos sentirnos muy optimistas y poderosos y en otros momentos podemos volver a esa sensación de incapacidad, inseguridad e incertidumbre en relación a nuestras capacidades.

Pasar de un estado de baja vibración a una de alta vibración requiere de mucha paciencia y mucho amor por nosotros mismos. Es importante comprender que todo lo que deseamos desarrollar y dominar tiene un tiempo de maduración que no podemos omitir.

Tenemos toda la capacidad para sobreponernos a cualquier condición y tenemos también todos los medios para hacerlo, pero lo olvidamos debido a la programación popular centrada en la escasez. Comenzar a recordar lo que somos capaces de conseguir y materializar no resulta tan directo y expedito como quisiéramos. Es comprensible que exista inestabilidad en nuestra fortaleza mientras nos vamos acomodando a las nuevas vibraciones.

Louise Hay dice en uno de sus libros que cuando nos iniciamos en la aventura de elevar la abundancia y prosperidad sucederán cosas contrarias que parecerán oponerse a lo que estamos intentando conseguir. Por ejemplo, alguien puede perder su trabajo, extraviar una cantidad de dinero o cualquier otra eventualidad que signifique una aparente pérdida. Seguramente esto se puede graficar con el típico ejemplo de aprender a montar una bicicleta. La mayoría de las veces tenemos alguna caída o un percance que luego es recordado como una buena anécdota.

Pasado el periodo de práctica, sentirás que llegas a una estabilidad suficiente como para reconocer que te mueves como un pez en el agua. Ya no dices: “veré como me va”, “lo intentaré”, “espero que funcione”. Ahora tus palabras son muy distintas y dirás algo como esto: “sé que lo lograré”, “haré todo lo necesario para que suceda”, “haré que funcione”.

Una vez te encuentres allí, estás a un paso de conseguirlo. En esos momentos tu energía fluye de ti con la suficiente vitalidad como para poner al mundo a tu disposición para colaborar a tu beneficio, porque también será provechoso para él.

Si antes de elevarte te rodeabas de personas con baja vibración, ellas cambiarán o se alejaran de tu vida. No olvides que cada cual tiene su proceso, su tiempo y su momento para avanzar. Los puedes invitar a subir junto contigo, pero no los puedes presionar. Todos llegaremos, tarde o temprano a decir: “haré que suceda”.

Patricia González.