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sábado, julio 13, 2013

Otro cuento...


Cuando le preguntaron qué clase de funeral le gustaría tener, el Maestro dijo:
Dejad mi cuerpo en un lugar desierto y no os molestéis en enterrarlo, para que la tierra y el cielo sean mi ataúd, la luna y las estrellas mis cirios fúnebres, y toda la creación mi corona de flores».
«Nosotros habíamos pensado incinerar tu cadáver... », dijeron los discípulos.
«Eso sería demasiado engorroso», dijo el Maestro. «Además, ¿por qué privar de un banquete fúnebre a los buitres y a los gusanos?»