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sábado, mayo 18, 2013

Otro cuento...


La conversación del Maestro con el condenado a muerte trascendió y llegó a sus discípulos. (ver cuento anterior)
«El Maestro exagera. . . Seguro que el nombre de uno es algo más que un sonido», dijeron.
En respuesta, el Maestro les contó el caso de un vendedor callejero que llegó a hacerse millonario, sólo que, en lugar de firmar los cheques con su nombre, los firmaba con dos cruces, porque el tipo era analfabeto.
Un día, el banquero se sorprendió al ver que en un cheque había tres cruces. «Es la firma de mi mujer, que tiene ciertas pretensiones sociales», explicó el millonario. «La segunda cruz es mi primer apellido».