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miércoles, marzo 13, 2013

Sabiduría Divina en cada pensamiento, palabra y acción.


Permite que tu luz brille:
Una de las facultades más valoradas por Jesús es la sabiduría o juicio espiritual. Él siempre actuó y habló partiendo de Su luz interna, la luz que lo capacitó a juzgar espiritualmente y responder a las acciones y motivos de otros basándose en el discernimiento espiritual. Jesús nos dice: “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”. El ganglio asociado con la facultad de la sabiduría se encuentra en la boca del estómago y está ligado al plexo solar, el área detrás del corazón y el estómago, que a veces se le dice “el cerebro del cuerpo”.
 Pensamientos de reproche o faltos de amor tienen un impacto en el centro de la sabiduría, la boca del estómago, y como resultado provocan enfermedades tales como: úlceras, indigestión y otras enfermedades estomacales. Ciertos poderes están más íntimamente ligados al desarrollo del Cristo interno. Uno de ellos es el discernimiento o sabiduría, representado por Santiago el hijo de Zebedeo. Los tres discípulos que estuvieron con Jesús durante momentos particularmente significativos fueron: Pedro, representando la fe y los hermanos Santiago y Juan, representando la sabiduría y el amor. De manera que estas tres facultades deben ser expresadas en todo lo que hacemos. La sabiduría sin amor es fría, mas el amor sin sabiduría es impetuoso e ilusorio.
El propósito de desarrollar esta facultad yace en permitir que la luz de Dios brille por medio de tí, dirigiendo todos tus pensamientos, palabras, acciones y motivaciones.

 Estos son los pasos para desarrollar la sabiduría.
Soltar lo erróneo:
Despeja tu mente de ideas de carencia, limitación, miedo, intolerancia y dificultad. Dios en ti, sabe qué es lo que tienes que saber.   Este es el canal que se abre según vuelves a entrenar a tu mente para que se centre en el área de la intuición espiritual, la cual te provee inmediatamente todo aquello que necesites saber.
 Aprender:
A la naturaleza no le gusta que algo esté vacante. Debes reemplazar los conceptos viejos que soltaste con nuevas Verdades espirituales. Rechaza todo aquel pensamiento que no fomente tu naturaleza espiritual y, al mismo tiempo, aférrate a las verdades que te ayudan a cimentar un nuevo modo de pensar. Soltar no es suficiente; también debes llenar.
 Reconocer:
Reconocer es el proceso mediante el cual aceptas mentalmente que has aprendido. A medida que tu facultad de sabiduría crece, verás solamente el Cristo en las demás personas, y no sus faltas.
 Razonar:
La razón se convierte en un puente para el desarrollo de la facultad de la sabiduría porque te lleva a un plano de conocimiento mayor y más amplio donde estableces nuevos conceptos e ideas lógicas.
 Discernir:
Cuando ya no te encuentres buscando algo ferviente y externamente, entonces despiertas la luz de la sabiduría espiritual, la cual brilla en tí en todo momento.
 Demostrar sabiduría:
El discernimiento aquí se desarrolla tan completamente que te permite saber y juzgar correctamente en todo momento, no como lo hace el mundo, sino partiendo del Cristo interno. Este es el poder de la sabiduría y el juicio espiritual que Jesús demostró tan hermosamente.
 Estar consciente:
Al llegar a esta fase no posees sabiduría. Eres sabiduría. Gracias a un vínculo puro y perfecto con Dios, vives constantemente en la luz. No tienes que buscar las respuestas. Ni siquiera estás consciente de la sabiduría en sí, sino que simplemente sabes. Piensas y actúas partiendo del sabio Espíritu divino en ti.
 Recuerda, a medida que tratas de abrir el camino de la sabiduría, Dios derrama Su sabia luz en tí y sobre todo tu ser.