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martes, febrero 20, 2018

La felicidad como construcción cerebral propia

No hay una definición clara de felicidad, confundir bienestar con el concepto anterior es muy frecuente. Una persona puede tener muchos motivos para estar bien, sin ser un enfermo deprimido o ansioso y no tiene la recursividad de alcanzar felicidad.

 
 
Los logros de objetivos personales, académicos, empresariales, familiares, económicos o de salud no llenan las expectativas de las personas. Ese “vacío” muchas veces es aprovechado por la sociedad de consumo señalando caminos equivocados. Incitando a la compra de una vivienda costosa para equilibrar el estatus, comprar para ser mas felices, una acción de un club para obtener prestigio, un título académico legal o ilegal para establecer diferencias.

Pero desde el punto filosófico, llenar los vacíos interiores conlleva a una serie de logros y de copar expectativas de vida y de futuro. Las personas con algunas discapacidades mentales o neurológicas, muestran una capacidad especial de conseguir felicidad, están contentos con su estado, ríen, gozan de las cosas sencillas y no tienen un concepto claro de pasado ni futuro que les dañe su proyecto actual de comportamiento. Los niños suelen ser mucho más felices que los adultos porque asumen la realidad continuamente.

Uno de los fines del Neuromanagement-aplicativo, es la realización consciente de eventos no solo de la vida diaria sino también de un proceso de futuro hacia la realización y la construcción del éxito y la felicidad.
 
¿Podemos construir felicidad o los demás nos hacen felices?

Pensamos que los demás son responsables de nosotros, a nivel social los logros y metas en la parte afectiva, el establecimiento de vínculos, construir y rodearnos de otras personas son parte del proceso de socialización del ser humano, pero de ahí a que ellos sean los constructores de felicidad nos puede confundir. Somos nosotros los felices o los infelices.

Entonces podríamos decir que la felicidad está ligada a nuestra memoria biográfica. Aquella que nos identifica a nosotros mismos, y con la memoria de futuro, de programar un plan de desarrollo personal para obtener bienestar y evitar el desasosiego de la incertidumbre.

Una buena compañía, una persona positiva o alegre, desde luego que conecta con nuestro cerebro y va permitir establecer un vínculo de felicidad.

¿Cómo se construye felicidad?

La felicidad la construye el cerebro mediante sustancias neurotransmisoras, actuando en nuestras neuronas que tienen una maquinaria establecida por la herencia. Pero también forjada por las transformaciones de las experiencias positivas o negativas del desarrollo—plasticidad cerebral, que va modificando la estructura del cerebro hasta obtener un desarrollo óptimo si la experiencia es positiva pero también uno desastroso si sucede todo lo contrario.

En el desempeño diario, vamos construyendo felicidad, desde que nos levantamos, un buen sueño es el inicio del cuento. Una actitud hacia lo que viene modifica nuestro estado interior, pensar y pensar cosas que no se pueden resolver—lenguaje interior deficiente, hace del día a día un obstáculo para una realización de felicidad. Los ambientes hostiles de la realidad saturados de aspectos negativos como un noticiero o una novela conflictiva, secuencia una serie de focos de infelicidad continua.
 
¿Existe una felicidad continua o es una serie de peldaños los que nos hacen felices?

Si comemos entretenidos, engordamos con mayor facilidad, pero ¿Quién te ha dicho que los gordos son infelices o los flacos son todo lo contrario? El disfrute de las cosas pequeñas en forma consciente, va aumentando neurotransmisores como Dopamina, Serotonina, Noradrenalina y disminuye la producción de sustancias de estrés como la Adrenalina.

Los pequeños planes, con una estrategia lúdica, hacen que los sitios de felicidad en el cerebro se mantengan continuamente en producción. Las empresas a largo plazo generan otro tipo de logro, pero por tener pocos elementos de progreso diario, van consumiendo energía y nos van debilitando los proyectos a corto plazo.

El ejercicio es un productor de sustancias que quita el dolor—endorfinas, pero tenemos que quitarnos las disculpas de incapacidad para realizarlo. Una persona en una silla de ruedas puede hacer ejercicio arrastrándola o utilizando las manos y la cabeza. La imaginación en los niños y ya perdida en los adultos, conecta ambos hemisferios cerebrales y reactivas zonas para conseguir placer.

En mi próxima columna te ayudaré a programar la felicidad y te contaré qué factores la producen… ¡No te la pierdas!

Por Dr. Rodrigo Isaza Bermúdez.

lunes, febrero 19, 2018

10 cosas fundamentales que hacen las personas exitosas

Existen múltiples maneras de gastar el tiempo. Sin embargo, son muy pocas las opciones que puedan considerar este como una inversión para obtener beneficios. En las siguientes líneas podrás conocer cómo las personas exitosas y emprendedoras invierten su tiempo. ¡No esperes más y comienza a recibir recompensas positivas por las cosas que haces! 


1. Crean relaciones de valor:

Los humanos quieras o no son animales sociales por naturaleza. El poder conocer personas y potenciar las relaciones ya establecidas son actividades que terminarán por ayudarnos a ser individuos más felices y a alcanzar la superación. Las personas exitosas tienen claro la importancia que denota el forjar lazos. Por ende, constantemente buscan ampliar su círculo social. Encontrar personas que nos abran las puertas a un crecimiento laboral y personal es el camino al éxito.
 
2. Las personas exitosas aprenden cosas nuevas:

Los nuevos aprendizajes son un gran beneficio. Incluso, cuando no se tiene la necesidad de adquirir un conocimiento específico. El mantener la mente ejercitada en aprender cosas interesantes contribuye a que nos convirtamos en personas más activas y ágiles. El avivar la curiosidad que todos llevamos por dentro nos despierta la creatividad.

Las personas exitosas buscan aprender cosas nuevas que puedan aplicar en sus vidas y que tarde o temprano les resulte en beneficios. Un claro ejemplo es el creador y fundador de la plataforma de redes sociales más usadas en internet: Facebook. Estamos hablando ni más ni menos que de Mark Zuckeberg. El cual, en su tiempo libre se dedica a aprender nuevos idiomas.
 
3. Hacen ejercicio físico constantemente:

El realizar ejercicios o actividades físicas, trae consigo una vida más sana. De igual manera, permiten desconectar la mente de todo tipo de preocupaciones y pensamientos negativos. Las personas exitosas saben que para poder disfrutar plenamente de sus logros deben contar con una excelente salud. Por lo tanto, su prioridad es mantener en todo momento una buena alimentación y una rutina de ejercitación diaria.
 
4. Pueden desconectarse del trabajo:

Es una realidad que el trabajo es importante en nuestras vidas. Este representa el ingreso económico que necesitamos para sobrevivir el día a día. Además, nos permite darnos esos pequeños lujos que nos hacen estar más tranquilos y felices. Sin embargo, para las personas exitosas el poder separar el trabajo de su tiempo libre es fundamental. Por ello, saben cuándo deben desconectarse y separarse del trabajo. De esta manera, evitan desgastarse y eliminan todo indicio de estrés y ansiedad.
 
5. Viven experiencias nuevas que los ayuda en su superación:

Mientras más experiencias vivamos mejor nos sentiremos con nosotros mismos. Es decir, cuanto más variados son nuestros días sin caer en la rutina de mejor ánimo estaremos. De hecho, tendremos una mejor impresión al envejecer. Puesto que al mirar atrás sobre nuestras acciones sabremos que hemos dejado huella a través de las vivencias.

Ese es el estilo de vida de las personas exitosas. Las mismas, buscan improvisar cada día. Además de vivir sin arrepentimientos, disfrutar el presente al máximo y buscar que cada amanecer sea distinto al resto. Finalmente, construyen un futuro sólido e idealizado.
 
6. Establecen un buen hábito de lectura:

Leer es una fuente inagotable de conocimiento. Además, ayuda a que nuestro cerebro esté prevenido de todo tipo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Las personas exitosas, mantienen este hábito casi todos los días. Otorgándoles un aporte cultural extra y una mayor comprensión sobre las cosas que los rodean.
 
7. Son emprendedoras:

Las personas exitosas son emprendedoras en todos aspectos de sus vidas. Desde negocios, pasando por la familia, pasatiempos hasta el planteamiento de futuros proyectos. El tener una actitud emprendedora amplía las posibilidades de éxito. Mantenerse activo y alimentándose de nuevas ideas es la clave. El emprendimiento es el detonante de superación a lo largo de la vida.
 
8. Viajan mucho:

Viajar es una actividad más que necesaria y que tiene que desarrollarse todo el tiempo en la medida que sea posible. Es una opción para poder conocer nuevas culturas, personas y experiencias. Las personas exitosas invierten mucho en sus viajes. Realizar actividades enriquecedoras fomenta la creatividad y les da chispa a sus planes de vida.
 
9. Ante todo disfrutan de la familia:

La familia está por encima de todo. Una familia unida nunca te va a fallar. Por lo que, muchas personas exitosas buscan apoyo en sus familiares y amigos. De esta manera, pueden sobrellevar todo tipo de dificultades. Desde la carga del trabajo hasta las responsabilidades a las que se ven expuestos. Sin olvidar esas actividades que solo pueden ser realizadas entre los seres amados. Vivencias que terminan siendo las más reconfortantes de nuestras vidas.
 
10. Descansan y duermen bien:

El descansar y cumplir con las horas de sueño necesarias para el descanso es fundamental. Puesto que permite que el cuerpo se pueda recuperar un 100%. El descanso es un aspecto que nunca debe descuidarse. Las personas exitosas procuran dormir al menos 8 horas al día.

Aunque, nuevos estudios descartan que esta cantidad de horas de sueño sean necesarias. Siendo para ellos un momento sagrado en el que pueden descansar plenamente. Unas merecidas vacaciones, después de cumplir un periodo complicado de trabajo es una recompensa más que merecida. Una vez repuestas todas esas energías perdidas, se podrá cumplir con cualquier actividad de una manera más eficiente.

Phrònesis

domingo, febrero 18, 2018

La importancia de recibir apoyo en nuestra vida

Muchos estudios señalan que el apoyo emocional es un factor de protección importante para enfrentar las mayores dificultades de la vida. La desolación se ha asociado con una amplia variedad de problemas de salud, incluida la hipertensión arterial, la disminución de la inmunidad, las enfermedades cardiovasculares y el deterioro cognitivo.
 
 
De hecho, los bajos niveles de apoyo social incluso se han relacionado con un mayor riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares, enfermedades infecciosas y cáncer. Somos seres gregarios. Los demás nos aportan una cantidad de elementos que nos permiten mantener el equilibrio físico y psicológico.

Los beneficios del apoyo social

El apoyo y la compañía de los demás es muy importante. Infortunadamente, muchas personas sienten que no tienen acceso a este valioso recurso, y otras muchas se consideran incapaces de acudir a los demás para pedir ayuda. De hecho, dicen los expertos, casi todos nos beneficiaríamos mucho del apoyo social y emocional. Y aunque pueda parecer contradictorio, tener un fuerte apoyo social en realidad puede hacer que seamos más capaces de lidiar con nuestros propios problemas, mejorando nuestra autoestima, autocuidado y sentido de autonomía y autoeficacia.

El consejo y atenta escucha que recibamos en un momento de crisis, puede influir mucho en la valoración que hagamos de aquellas situaciones a las que nos enfrentemos. Por otro lado, nuestra autoestima, autoeficacia y sensación de control interno se pueden ver acrecentados por la empatía y el apoyo psicológico que recibimos de las personas cercanas.

Por lo tanto, si nuestra red de apoyo social nos ayuda a regular nuestras respuestas emocionales y nos refuerza cuando intentamos actuar ante los conflictos, nos está impulsando a hacerles frente de una mejor manera.

Saber buscar una adecuada red de apoyo es muy importante. Hay quienes tienen muchas dificultades a la hora de brindar apoyo, así deseen hacerlo de manera sincera y desinteresada. Este tipo de personas puede ser, en sí misma, una fuente de confusión, ansiedad y estrés para quien requiere apoyo. Esto ocurre, por ejemplo, cuando las personas que intentan colaborarte se comportan de manera excesivamente protectora. Limitando el empleo de los diversos mecanismos de afrontamiento ante las situaciones complejas que se te presentan; o cuando quién te ofrece su ayuda, lo hace de mala gana o carece de empatía, actitud prudente o la paciencia necesaria para escucharte o ponerse en tu lugar. O en otras ocasiones, aquel individuo que es excesivamente crítico, te devalúa como interlocutor, exige beneficios a cambio de su apoyo, o intenta imponer su propia manera de pensar, sin respetar la condición por la que estás pasando.

Afortunadamente hay mucha gente a nuestro alrededor que puede brindarnos un apoyo oportuno y generarnos posibilidades para salir adelante en los momentos difíciles. En realidad, no necesitamos una gran red de amigos y familiares para beneficiarnos del apoyo social. Algunas personas encuentran gran camaradería entre un puñado de personas, ya sean compañeros de trabajo, vecinos o amigos de su iglesia o institución religiosa, por ejemplo. Infortunadamente, las habilidades sociales no siempre fluyen de manera natural y sencilla. Hay muchas personas que tienen problemas para establecer y mantener en el tiempo las conexiones sociales. Muchos otros pierden sus conexiones establecidas debido a cambios en la vida, como la jubilación, exilio, la reubicación o la muerte de un ser querido. En cualquier caso, es muy importante forjar nuevas conexiones para aprovechar los beneficios de una red de soporte saludable. Una red social contiene conceptos importantes como: la cuantía, las particularidades y las cualidades de las relaciones sociales, aunadas a cómo las percibimos.
Pero, ¿cómo establezco una adecuada red de apoyo social?
 
Amplía la búsqueda y tu campo de acción

Puede que no tengas a alguien en quien confiar, acerca de todos los temas que manejas, y eso está bien. Tal vez tengas un colega con quien puedes hablar de manera fluida acerca de los problemas en el trabajo. Un vecino que te escuche con atención cuando tengas dificultades con tu familia. Aprende a buscar diferentes relaciones para diferentes tipos de apoyo. Pero recuerda mirar a las personas en las que puedes confiar y con las que puedas contar, para evitar interacciones negativas y decepcionantes que luego te hagan sentir peor. Por otra parte, piensa en que esas relaciones que establezcas son de ida y retorno, es decir debes estar dispuesto también a escuchar, ser amable y compasivo con quien construyas dichas relaciones.
 
Mejora tus habilidades sociales

Si te sientes incómodo en situaciones sociales y simplemente no sabes qué decir, intenta hacer preguntas simples sobre la otra persona para poner en marcha la conversación. Si eres tímido, puede ser menos intimidante conocer a otras personas por actividades compartidas. Como un paseo en bicicleta o una clase de tejido de punto, en lugar de simplemente pasar el rato y hablar. Si te sientes particularmente ansioso en situaciones sociales, considera hablar con un terapeuta con experiencia en ansiedad social y recibe una buena capacitación en habilidades sociales y asertividad.
 
Sé proactivo

Con frecuencia la gente espera que otros se comuniquen con ellos, y luego se sienten rechazados cuando las personas no salen a su camino para hacerlo. Para aprovechar al máximo tus relaciones sociales, debes esforzarte. Dedica siempre tiempo para cultivar amigos y comunicarte con tus familiares. Acércate para echar una mano a quienes lo necesiten, ofrece tu apoyo cuando sientas que puedes ser útil o simplemente saluda. Si estás allí para los otros, es más probable que estén allí para ti. De hecho, cuando se trata de la longevidad, la investigación sugiere que proporcionar apoyo social a amigos y familiares puede ser incluso más importante que recibirlo.
 
Saca un buen partido de la tecnología

Es agradable sentarse con un amigo para conversar cara a cara, pero no siempre es posible. Afortunadamente, la tecnología hace que sea más fácil que nunca estar conectado con tus seres queridos que se encuentran muy lejos. Escribe un correo electrónico, envía un mensaje de texto o crea una fecha para reunirte con ellos por medio de un video chat. Sin embargo, no confíes demasiado, ni te entregues del todo en dichas conexiones digitales. Dar y recibir “me gusta” de perfectos desconocidos que vas encontrando por ahí, no es ninguna garantía de que establezcas verdaderos amigos. Intenta revisar muy bien sus perfiles, aficiones y puntos de contacto con tus familiares y amigos no virtuales, y sé cuidadoso a la hora de ofrecer información valiosa de tu vida. Algunas investigaciones sugieren que las interacciones cara a cara son las más beneficiosas. Con esto que digo no estoy devaluando las interacciones virtuales. Se pueden encontrar verdaderas joyas dentro de la red, pero debes ir con prudencia y poco a poco.
 
Acércate a quienes tienen tus mismos intereses

¿Te gusta caminar, cantar, hacer joyas, jugar al tenis, involucrarte en temas literarios, deportivos, cine o política? Es más probable que te conectes con personas a las que les gusten las cosas que a ti te gustan. Únete a un club, inscríbete en una clase o asume un puesto de voluntario que te permitirá conocer a otras personas que comparten tus intereses. No te desanimes si no haces muchos amigos durante dichas actividades. Tu participación activa y perseverancia harán la gran diferencia y poco a poco encontrarás personas valiosas para compartir. Intenta disfrutar las experiencias mientras conoces a otras personas a lo largo del tiempo.
 
Busca sustento entre pares y únete a un grupo de apoyo

Si se trata de una situación estresante específica, como cuidar a un familiar o enfrentar una enfermedad crónica, es posible que no encuentres el apoyo que necesitas de su red actual. Considera unirte a un grupo de apoyo para conocer a otras personas que enfrentan desafíos similares. De estas circunstancias obtendrás muchos aprendizajes y consejos que te serán de utilidad. Además te sentirás acompañado durante tus propios procesos y podrás ser un punto de apoyo para muchos más.
 
Pide ayuda si sientes que estás desbordado

Si no tienes una red de soporte sólida y no estás seguro de dónde y cómo comenzar. Hay recursos a los que puedes recurrir como: lugares de culto, teléfonos de apoyo en la depresión o ideas suicidas, centros para adultos mayores y comunitarios, bibliotecas locales, grupos de refugiados e inmigrantes, centros de salud de vecindarios, servicios sociales gubernamentales y sucursales locales de organizaciones nacionales que brindan diferentes opciones, dependiendo de lo que estés pasando.
 
Busca ayuda profesional

Si te sientes estresado, perseguido, aislado, tienes ideas de muerte y no soportas la soledad, pero no tienes a nadie en quien confiar, los especialistas en salud mental están preparados para ayudarte de diferentes maneras. Además, pueden hacerte participar de grupos terapéuticos o equipos de pacientes que tengan algo en común contigo. Como expertos en comportamiento humano, los psicólogos y psiquiatras te darán herramientas que a mediano plazo te permitirán desarrollar estrategias para manejar la ansiedad y la depresión, llevar adecuadamente un duelo, controlar el estrés y mejorar tus habilidades sociales entre otras cosas.

Pedir ayuda a tiempo, y a las personas indicadas, facilita la vida, nos enriquece y nos da herramientas importantes para dar soporte a otros.

Por: Dra. Iris Luna

sábado, febrero 17, 2018

5 mitos sobre la ansiedad que debes conocer

Todavía se dan por válidos ciertos mitos sobre la ansiedad que no benefician en nada a quienes conviven con este demonio, con esta entidad que devora nuestra calma y equilibrio vital. Nadie elige su propio trastorno, su enfermedad o ese agujero negro del que tanto cuesta emerger si nuestro entorno no es favorecedor y se siguen manteniendo ideas erróneas e incluso dañinas.

 
 
En esta actualidad donde no dejan de salir movimientos sociales reclamando derechos o visibilizando realidades que hasta no hace mucho quedaban relegadas al rincón del silencio y la represión, ha surgido otro que no debe pasarnos desapercibido. Bajo el título “Yo no he elegido mi enfermedad” se intenta poner sobre la mesa la situación que viven muchas de esas personas que a día de hoy lidian con una depresión, un trastorno bipolar, estrés postraumático, trastornos de ansiedad, etc. Personas que de alguna manera son culpabilizadas y responsabilizadas, cuando no han elegido el sufrimiento que arrastran.
 
“La ansiedad es parte de la naturaleza humana, pero ella nos hace cautivos cuando la posibilidad entra en conflicto con la realidad y cuando el presente se obsesiona con el futuro”.
-Kierkegaard-

Hacerlo, visibilizarlo y dar voz a todo este movimiento es importante. Lo es en primer lugar porque gran parte de la población navega aún en las aguas del desconocimiento absoluto sobre lo que son los trastornos o las enfermedades mentales. Asimismo, tampoco podemos olvidar que al propio desconocimiento se le añade el estigma y el peso del prejuicio.

Nada de esto ayuda a la persona que intenta saber lo que le ocurre; es más, en muchos casos supone un obstáculo para que busque ayuda por el “qué dirán”. De este modo, lo único que se logra es cronificar estados hasta que causan un grado de sufrimiento máximo, hasta que se vuelven totalmente invalidantes. Nada de esto es permisible ni aceptable. Por tanto, algo tan simple como conocer, aclarar términos y visibilizar este tipo de realidades da forma a entornos más favorables.

1. Mitos sobre la ansiedad: la ansiedad es únicamente un desequilibrio químico

A día de hoy, aún hay muchos profesionales de la salud que mantienen la idea de que la ansiedad responde en “exclusiva” a un simple desequilibrio químico de nuestro cerebro. Cabe decir que esta es una verdad a medias, o mejor dicho, un enfoque incompleto que no podemos dar por válido.

¿La razón? Sabemos que ofrecer a un paciente un tratamiento farmacológico donde regular la producción de serotonina confiere bienestar a la persona. Sin embargo, la medicación por sí misma no logra una recuperación completa ni duradera. En muchos casos la sintomatología solo remite mientras se mantiene la medicación.

La idea de que la ansiedad se resuelve solo con química no siempre es el acertado. Necesitamos de más estrategias que complementen el tratamiento.
 
2. Si mis padres han sufrido trastornos de ansiedad yo también los padeceré

Este es otro de los mitos sobre la ansiedad más comunes: atribuir la predisposición genética a todos nuestros problemas, enfermedades y trastornos. No es lo adecuado y es necesario matizar el titular: puede haber un aumento del riesgo, una pequeña probabilidad pero nunca una determinación absoluta. En cualquier caso, siempre se pueden adquirir a modo de precaución.

3. Si sufro ansiedad es porque estoy haciendo algo mal en mi vida

El trastorno de ansiedad generalizada es una de las enfermedades mentales más comunes. El impacto que tiene en la vida de la persona es inmenso, caótico y desgastante. Así, y en caso de que alguien del entorno de ese paciente le comente que esa realidad que sufre es responsabilidad suya por “hacer las cosas mal”, incrementará aún más el abatimiento, disminuirán las ganas de encontrar soluciones.

En primer lugar, recordemos que la ansiedad, por sí misma, es parte de la naturaleza humana. No obstante, en ocasiones ciertos eventos ambientales, el entorno, nuestro pasado, nuestra predisposición y la forma en la que afrontemos y procesemos nuestra realidad, determinará el mayor o menor riesgo de desarrollar este tipo de trastornos.
 
4. Soy una persona ansiosa, la ansiedad forma parte de mí y no lo puedo cambiar

Este es sin duda otro de los mitos sobre la ansiedad más recurrentes. Hay quien piensa que la ansiedad forma parte de su propia personalidad y por tanto no hay nada que hacer, no habrá terapia ni tratamiento que lo pueda remediar. Piensa que es así y punto. Identifica a la ansiedad como parte de su ser, como una emoción inmanente a su personalidad.

Cambiemos el enfoque y asumamos una visión más realista, lógica y optimista de la ansiedad y de cualquier otro tipo de trastorno. Todos podemos integrar nuevos estilos de pensamiento, gestionar mejor nuestras emociones, cambiar conductas, hábitos e incluso re-programar nuestro cerebro para conferirle calma, para mejorar su enfoque…

5. La relajación profunda, por si sola, puede resolver mi trastorno de ansiedad

Los trastornos de ansiedad no se resuelven como quien haya la solución a un enigma: se tratan. La palabra “tratamiento” tiene varios significados que es necesario tener en cuenta:
  • Es un trabajo activo por parte del psicólogo y sobre todo del paciente.
  • El tratamiento implica que la persona aprenda una serie de estrategias que aplicará siempre, no solo hasta que perciba mejoría. Debemos asentar ese estado de recuperación para que perdure.
  • A su vez, es vital entender que para tratar la ansiedad no se recurre a un solo enfoque. Porque tratamiento también significa búsqueda, significa combinación de diferentes estrategias: la relajación profunda, la psicoterapia, la modificación de conducta, la meditación, el deporte, la práctica de nuevas aficiones…

En resumen, la relajación profunda ayuda, pero deben utilizarse más recursos para lograr una recuperación total y permanente. Podríamos decir que pocas veces vamos a necesitar de más estrategias en ese viaje donde hallar lo que de verdad nos ayuda, lo que de verdad nos permitirá calmar la desesperación, apagar los miedos y manejar nuestras preocupaciones de un modo más válido.

Para concluir, los mitos sobre la ansiedad contribuyen a entorpecer la labor terapéutica y la normalización de una enfermedad que puede tratarse con éxito. No nos olvidemos que en la actualidad se considera ya a la ansiedad como una epidemia, y que presenta a su vez una mayor incidencia en la población más joven. Por tanto, es necesario implementar medidas de prevención, facilitar estrategias con las que entender que la mente no tiene por qué ir más rápido que la vida.

Valeria Sabater

viernes, febrero 16, 2018

Las 5 fases del duelo de Klüber-Ross

Dentro de los estudios del afrontamiento de la muerte, posiblemente uno de los más conocidos sean las 5 fases del duelo de Klüber-Ross. Esta teoría nos habla acerca de las 5 fases por las que las personas pasan a la hora de afrontar la muerte, ya sea propia o de un ser querido. Los estudios de Klüber-Ross se volvieron muy populares y muy malinterpretados, probablemente como resultado de una mala divulgación de los mismos.

 
 
En 1969, la psicóloga Klüber-Ross realizó una serie de estudios en pacientes terminales. Su intención era encontrar los factores que se encontraban detrás del afrontamiento de la muerte. Tras una ardua investigación, se dio cuenta de que estos pacientes pasaban por una serie de etapas muy similares. Aquí es donde empezó a desarrollar la teoría de las fases del duelo y sus implicaciones.

En este artículo vamos a tratar de dar luz sobre la teoría de las fases del duelo de Klüber-Ross. En primer lugar, por eso vamos a exponer las diferentes fases y a explicar cada una de ellas. Y como conclusión haremos una pequeña reflexión acerca de las evidencias e implicaciones de la teoría de las fases del duelo.

Fases del duelo de Klüber-Ross

Las distintas fases del duelo nos van a mostrar la sucesión de actitudes que toma una persona que afronta la muerte. La aparición de estas etapas surgen de las tentativas de la mente para solucionar el problema; y según se va demostrando la incapacidad de las mismas, las emociones van variando hasta alcanzar la aceptación. A continuación vamos a explicar una las distintas fases del duelo de Klüber-Ross:
  • Negación. Esta implica la actitud de negar o ignorar la existencia de la proximidad de la muerte. Esta puede tener un carácter total (“No puede ser que me esté muriendo”) o parcial (“Tengo metástasis, pero no es nada importante”). La negación refleja una actitud defensiva del yo. Nuestra mente busca la manera de mantener nuestro bienestar a pesar de encontrarse en una situación de máxima impotencia.
  • Ira. El enfado es una emoción que surge para enfrentarse a un obstáculo. Es normal que, tras una noticia muy negativa, el cuerpo busque solucionarlo a través de la ira. El enfado puede tener distintas víctimas u objetivos, desde a uno mismo, los médicos o incluso a “figuras divinas”.
  • Negociación. Tras observar la incapacidad de la ira para solucionar este problema, aparece la negociación. La persona desesperada pide al destino o a figuras divinas que desaparezca la muerte. Es frecuente que la persona se vuelva “dócil” ante la esperanza de prolongar su vida por buena conducta; por ejemplo acatando al pie de la letra todas las prescripciones médicas.
  • Depresión. Cuando la enfermedad se recrudece o la realidad fatídica se impone, aparece la depresión. La persona cae en una fuerte desesperación por la fuerte sensación de impotencia. La tristeza profunda cumple la función de minimizar el gasto de recursos ante una situación irresoluble.
  • Aceptación. Dejada atrás y asimilada la sensación de impotencia que puede haber producido la pérdida, pasamos a un estado de ánimo menos intenso, más neutro (aunque sigan existiendo momentos y momentos). La persona en la fase de aceptación será capaz de asimilar lo que ha sucedido y de levantar la cabeza hacia el futuro, además de reinterpretar de manera positiva el significado de lo perdido sin culpar a nadie.

Evidencia e implicaciones de la teoría

La teoría de Klüber-Ross ha sufrido múltiples críticas. Una frecuente, y entendible leyendo la formulación original de la teoría, tiene que ver con la rigidez de la misma. En la formulación original, una persona que pasara por las diferentes fases solo podría quedarse en la que está o avanzar a la siguiente. La investigación actual, y quizás tu experiencia personal, nos dicen que esto no es cierto. Hay puntos en los que es frecuente que ocurran retrocesos o incluso personas que se salten alguna etapa o que pasen por todas en un orden distinto.

Ahora bien, no es menos cierto que todas ellas cumplen un papel importante a la hora de afrontar la muerte y que su disposición se adapta aceptablemente bien al recorrido de la mayoría de duelos. Por otro lado, quizás lo más correcto sería interpretar los diferentes estados como actitudes ante la pérdida, y no como etapas ante la misma. Es decir, maneras que tenemos de lidiar con la impotencia que nos genera la situación.

A pesar de que la teoría de Klüber-Ross es parcialmente incompleta, sin duda su formulación supuso un gran avance para comprender los procesos de duelo. Sus investigaciones han servido para entender en profundidad las emociones presentes ante la pérdida. Lo que ha derivado en un mejor tratamiento y ajuste de las personas que se encuentran en esta situación, empezando por la normalización de lo que sienten. Por otro lado, también su modelo ha permitido que los psicólogos seamos mucho más hábiles a la hora de tratar pérdidas anticipadas, como diagnósticos terminales.

Alejandro Sanfeliciano

jueves, febrero 15, 2018

¿Por qué algunas personas no se dejan ayudar?

Todos nos hemos encontrado o tropezado alguna vez con esas personas a las que es complicado echar una mano, ya que no se dejan ayudar. Lo más usual es que correspondan a uno de dos casos. O son el tipo de ese tipo de personas dispuestas a ayudar a todo el mundo, pero les cuesta recibir ayuda; o se trata de personas que están en un grave problema y aun así no aceptan la ayuda de nadie.

 
 
En ambos casos, la situación es muy frustrante para los demás. Quien se topa con personas así no se explica por qué no se dejan ayudar, pese a que lo necesitan. El asunto se vuelve a veces irritante y podría llegar a interpretarse como negligencia o falta de voluntad para solucionar los problemas.

“El mayor espectáculo es un hombre esforzado luchando contra la adversidad; pero hay otro aún más grande: ver a otro hombre lanzarse en su ayuda”.
-Oliver Goldsmith-

La verdad es que casi nunca es así. Las razones por las cuales algunas personas no se dejan ayudar se engloban en un problema de fondo. Pese a que sufren y necesitan de los demás, les cuesta mucho apoyarse en alguien. Puede ser por algún bloqueo inconsciente o simplemente porque tienen dificultades para reconocer que necesitan cambiar.
 
Los que ayudan a todos, pero no se dejan ayudar

Es relativamente frecuente que quienes ayudan a todo el mundo, tengan problemas para pedir o aceptar la ayuda de los demás. Se trata de personas que han construido una identidad en la que es válido dar, pero no recibir. Creen que lo suyo es responder a las necesidades del otro, al tiempo que se apañan o ignoran las propias.

De una u otra manera no se dejan ayudar por los demás porque piensan que de este modo estarían traicionando su “misión” en la vida, siendo incoherentes con la imagen y la persona que quieren construir (una totalmente independiente). También pueden sentir que aceptar la ayuda de otros supone causarles una molestia. En otras palabras, generarles un problema. Esto les causa vergüenza.

También se da el caso de quienes no se dejan ayudar porque asumen que disfrutar de esta ayuda genera una deuda que el otro se podrá cobrar cuando y como quiera. No comprenden que para los demás puede ser una satisfacción prestarles ayuda y que esto no genera obligaciones de contraprestación. Por eso a veces es necesario hacérselo ver, con afecto.

Necesitar ayuda, pero no aceptarla

El otro caso se da con esas personas que no se dejan ayudar, pese a que atraviesan por situaciones muy difíciles. A la legua se nota que necesitan de los demás, pero si alguien intenta ayudarles a salir de su problema es rechazado. El ejemplo más típico es el de alguien que padece una adicción. Lo usual es que se nieguen, a veces airadamente, a aceptar que otro les eche una mano para salir de la situación en la que se encuentran.

En esos casos lo usual es que la persona ni siquiera admita que tiene un problema. Así, mucho menos va a dejar que la ayuden. Parte de su problema consiste precisamente en la negación del mismo. Ocurre con los adictos, pero también con personas que están sumidas en la depresión, la ansiedad o cualquier otro trastorno y no tienen conciencia del mismo o la tienen distorsionada.

Por extraño que parezca, en esos casos el síntoma mismo es una respuesta adaptativa que la persona ha construido para sobrellevar su vida. Es “adaptativo” en el sentido de que le permite interpretar la realidad de un modo que sea posible seguir adelante. Por ejemplo, alguien deprimido construye la fantasía de que está triste porque es más sensible que las demás personas y no como resultado de una enfermedad. Sin embargo, esa fantasía le permite explicar su vida y continuar con ella, aún a costa de mucho sufrimiento. 

¿Qué hacer con quienes no se dejan ayudar?

En el primer caso, el de aquellos que ayudan a todo el mundo, pero no se dejan ayudar, lo más aconsejable es contribuir a aclarar la situación. Hacerles ver, con afecto, que el interés en ayudarles nace de un aprecio genuino. Y que poder echarles una mano es fuente de satisfacción, no de sacrificio o un gran esfuerzo.

En el segundo caso, o sea el de quienes no se dejan ayudar aún necesitándolo, la situación es un poco más compleja. Lo que se requiere ahí es tener más paciencia y tacto. Estar ahí, interesarse por esa persona y tratar de aceptarla tal y como es resulta ser una excelente llave para que el otro nos abra las puertas y nos deje participar. Lo más importante es no ceder a la tentación de presionarles todo el tiempo para que cambien. A veces la preocupación por esa persona toma esa forma y entonces nuestra intervención, cargada de toda la buena intención del mundo, termina perjudicando al otro.

Hay que respetar los ritmos de cada persona. La mayoría de las veces necesitan tiempo para entender que necesitan ayuda. En los casos más graves, lo conveniente es que consultes con un profesional, para saber cómo ayudar y hacerlo de manera eficiente.

Edith Sánchez

miércoles, febrero 14, 2018

Cómo recuperarse de un abuso emocional

Recuperarse de un abuso emocional implica ante todo tener que procesar una experiencia traumática que ha socavado nuestra autoestima. Para ello, evitemos culpabilizarnos, porque el error nunca está en quien confía, en quien lo da todo por esa relación. El “delito” está en quien miente, en la persona narcisista e insana que funciona a través de la manipulación, el chantaje y el abuso psicológico.

 
 
Si incidimos en la importancia de no asumir toda la responsabilidad o la culpabilidad de lo que ha sucedido es por un hecho muy concreto. Cuando una persona logra por fin dejar una relación de este calibre, es muy común que tanto ella misma como algún miembro de su entorno piense aquello de “¿pero cómo es que no ha dejado antes a su pareja? ¿Cómo es posible que fuera tan ciega como para no ver todo lo que estaba sucediendo?”
 
“El camino es aquietar la mente e inducirla a que se mire a sí misma de manera realista. Una mente madura, equilibrada y que aprenda a perder. Una mente humilde, pero no atontada. Una mente abierta al mundo, vigorosa y con los pies en la tierra”.
-Walter Riso-

No es tan sencillo. El abuso emocional no es fácil de desenmascarar porque sus mecanismos suelen ser a veces muy sutiles, a la vez que sofisticados. A ello hay que añadirle otro ingrediente no menos importante: el amor. Porque no podemos olvidar que quien ama es cabezota, es confiado y está comprometido. De ahí que esos mecanismos no se vean a simple vista y si se perciben, si se notan, el cerebro aplica complejísimas estrategias para disuadir las dudas, para escampar una niebla densa que impide ver con claridad lo que está sucediendo.

Hasta que al final lo hacemos, al final uno es plenamente consciente de lo que está sucediendo porque tarde o temprano, cuando nos miramos al espejo, ya no nos reconocemos. La persona que se refleja en el cristal es poco más que una sombra de la que éramos antes…

Recuperarse de un abuso emocional, una tesitura que no todo el mundo consigue

El ciclo del abuso emocional funciona en muchas ocasiones como una adicción. Hay un flujo de castigo-recompensa en el que quedamos atrapados. A instantes nos regalan una atención desmesurada, el más increíble de los afectos, son detallistas y apasionados, pero al poco aparece la exigencia, la frialdad, la humillación y el reproche que causa herida.

El buen trato se engarza con el maltrato en una cadena sinfín donde nos instalamos como una pieza más de esa maquinaria que controla el abusador. Dejar esta dinámica, liberarnos de ella no es nada fácil. Aún más, tampoco creamos que al lograrlo, al dar por finalizada esa relación, hemos puesto punto final al sufrimiento.

Gran parte de las personas, hombres y mujeres, que dejan por fin una relación abusiva asumen inocentemente que con ese valiente paso todo ha terminado. Piensan que tras esa decisión, todo irá mejor, que tras tocar fondo ahora todo irá en rápido ascenso y que la recuperación será inmediata. Sin embargo, no es así.
 
Síntomas de que no has superado tu relación abusiva   
 
Sentimientos de culpabilidad. Focalizamos sobre nosotros cierta rabia por no haberlo visto antes, por haber perdido tanto tiempo en alguien que nos estaba haciendo daño.
  • La culpabilidad se entremezcla con la rabia. Acumulamos tanta frustración e ira que en ocasiones proyectamos este sentimiento sobre los demás en algún momento.
  • Nos volvemos desconfiados.
  • Podemos pasar épocas de gran hiperactividad, queremos hacer muchas cosas, involucrarnos en diversos proyectos, pero al poco nos sentimos agotados, faltos de energía.
  • Nuestra auto-imagen, el sentido del yo, así como nuestra autoestima siguen dañados, vulnerados.
  • Ya no experimentamos las emociones positivas con la misma intensidad que antes, ahora la alegría es menos alegre, la ilusión menos motivadora y lo sueños menos esperanzadores. Nos sentimos como anestesiados…

Claves para recuperarse de un abuso emocional

Tal y como señalábamos al inicio, para recuperar de un abuso emocional es bueno re-interpretar nuestra condición de víctimas, de manera que esta no ocupe todo nuestro autoconcepto. Dejemos a un lado esa sensación de culpabilidad, junto a esa indefensión que a la larga cronificará aún más el estado traumático. La identidad de víctima nos resta poder y socava aún más nuestro sentido del yo.

Veamos, por tanto, qué enfoques, qué estrategias debemos trabajar.
 
Céntrate, eres valiente y debes tomar posesión de tu propia vida

No eres una víctima, eres una persona valiente que debe recuperarse un pasado traumático. Para ello, debes centrarte en el momento presente y coger las riendas. Eres responsable de tu propia vida, y responsable significa “el que sabe responder ante las cosas”, por tanto, disuade de tu mente el sentimiento de culpabilidad y hazte cargo de la situación, de tu realidad.
 
Ante la angustia existencial, calma

Recuperarse de un abuso emocional implica como hemos dicho aprender a ser responsables de nosotros mismos en esa nueva etapa de nuestra vida. Ahora bien, al dar ese paso es común sentir angustia, miedo, desconcierto… Ante estos sentimientos, la respuesta es “calma”.

Ten calma, entiende que nadie te va a poner prisa para que te recuperes, comprende y asume que toda curación lleva su tiempo y por tanto, no hay más opción que seguir el propio ritmo, escucharnos y aceptar todas nuestras emociones. Poco a poco tomaremos pleno control de todo lo que nos envuelve.
 
Gestión positiva de tu realidad

Tras una relación abusiva es común acumular rabia, sentir desconfianza, tener una imagen de nosotros mismos algo negativa al sentirnos víctimas de algo que debimos detener lo antes posible. Para evitar quedar atrapados en estos estados, debemos aplicar un enfoque más positivo de lo que nos envuelve.
  • Si sientes rabia, canalízala, libérala.
  • Si te sientes solo, habla con otras personas, con grupos de apoyo que hayan pasado por lo mismo que tú.
  • Si percibes que no avanzas, que todo intento te devuelve a ese punto de inicio donde está la indefensión y la frustración, pide ayuda profesional.
Para recuperarse de un abuso emocional hay que hacer una gestión positiva de nuestra realidad, hay que aplicar un enfoque constructivo donde no falten los recursos, los apoyos, la apertura a nuestro entorno, el facilitarnos adecuadas terapias y miradas que nos permitan volver a un sentido del yo más luminoso.

Todos podemos salir del ciclo del abuso y… no siempre lo haremos indemnes, queda claro, pero podemos emerger fortalecidos al construir una imagen de nosotros mismos mucho más digna, resistente, valiosa.

Valeria Sabater