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viernes, enero 19, 2018

Las emociones nos ayudan a cubrir nuestras necesidades

Todas las personas tenemos necesidades de diferentes tipos, como bien explicó Maslow con su pirámide. Algunas son necesidades básicas, como la alimentación y la protección; otras son de relación, como el afecto y el reconocimiento. Las emociones nos ayudan a cubrir nuestras necesidades, ya que nos ayudan a sobrevivir, a distinguir entre una situación peligrosa o una que nos produce bienestar. Además, incentivan o motivan que nos relacionemos y nos comuniquemos con los demás.
 
 
De esta manera, las emociones son nuestras compañeras de viaje inseparables. La cuestión es que, a veces, nos cansamos de que estén con nosotros día y noche. Por eso, tenemos que aprender a gestionarlas, para obtener una mejor convivencia interior.
Las emociones nos ayudan a cubrir nuestras necesidades para sobrevivir e incentivan que nos relacionemos con los demás.

Existimos y nos comunicamos gracias a las emociones

Las emociones son necesarias para la supervivencia; una de sus funciones principales es prepararnos fisiológicamente para la acción. Muchos animales presentan conductas emocionales que se caracterizan por ser muy efectivas, es decir, existen determinadas emociones que nos permiten emprender acciones inmediatas. Este es quizás el primer sentido en el que las emociones nos ayudan a cubrir nuestras necesidades.

Por ejemplo, cuando sentimos miedo porque vemos una serpiente, antes de poder pensar si es venenosa o no, nuestro cuerpo ya reacciona. En este caso, aumenta nuestro ritmo cardíaco para que llegue más sangre a los músculos y podamos moverlos para escapar físicamente del posible peligro. De esta manera, si necesitamos apartarnos rápidamente de una situación, no perdemos tiempo pensando y aumentaremos nuestras probabilidades de superviviencia.

Las emociones comunican información a los demás sobre cómo percibimos e interpretamos los estímulos, tanto internos como externos. Generalmente una buena parte de esta comunicación la hacemos mediante la comunicación no verbal. Este tipo de comunicación es más rápida, natural e intuitiva que el lenguaje verbal. De esta manera, aunque no sea nuestra intención, la comunicación de las emociones ejerce una influencia en los otros.

Las emociones nos sirven de guía, ya que nos dan información valiosa sobre cada situación. Nos ayudan a precisar si la experiencia nos conviene o no en función de si la sentimos de manera agradable o desagradable. De esta manera, dependiendo de nuestra sensación, querremos repetir una experiencia o evitarla. Por lo tanto, las emociones son como una brújula interna que nos ayuda a orientarnos y poner luz en aquello que es importante por lo tanto las emociones nos ayudan a cubrir nuestras necesidades. 

Las emociones nos ayudan a cubrir nuestras necesidades

Las emociones no son ni positivas ni negativas, simplemente algunas nos resultan agradables como la alegría y otras desagradables como la rabia y la impotencia. Todas las emociones tienen un propósito, son válidas y necesarias. Podríamos entenderlas como nuestras compañeras de viaje, como amigas que nos quieren ayudar y nos indican cuáles son nuestras necesidades. Por ejemplo:
  • Rabia: sentimos rabia delante de un situación injusta o en la que percibimos que nuestros derechos han sido violados. Necesitamos poner límites y protegernos.
  • Tristeza: sentimos tristeza cuando experimentamos la pérdida de una persona, objeto, trabajo, etc. En muchos casos, antes o después necesitamos el contacto de otra persona para obtener consuelo.
  • Miedo: sentimos miedo cuando nos enfrentamos con una situación peligrosa. Necesitamos sentirnos protegidos y seguros.
  • Alegría: sentimos alegría cuando hemos ganado algo, ya sea una experiencia agradable, un objetivo personal, un éxito laboral, bienes materiales, etc. Normalmente necesitamos compartirlo con otras personas.

Si no sintiéramos rabia, ¿nos protegeríamos? Si no sintiéramos tristeza, ¿podríamos asimilar las pérdidas? Si no sintiéramos miedo, ¿cómo nos daríamos cuenta de que estamos delante de un peligro? Si no sintiéramos alegría, ¿cómo sabríamos lo que nos produce bienestar y así poder repetirlo? Dejemos que las emociones cumplan su función y nos guíen!

4 estrategias para regular las emociones

Está bien que las emociones nos guíen, pero tenemos que encontrar la manera adecuada. No podemos dejarnos llevar sólo por impulsos, sin hacer caso a nuestros pensamientos. Sentir cualquier emoción es beneficioso, pero hasta cierto punto. No podemos dejar que la emoción nos inunde y no nos permita salir de ella. Por eso, necesitamos conocer cómo gestionarlas. Las siguientes estrategias nos ayudan a regularlas: 

“Las emociones exponen los problemas para que la razón los resuelva”.
-Greenberg, L. S.-

Identificar

Ser consciente de la emoción que estamos sintiendo nos ayuda a gestionarla. Saber diferenciar, por ejemplo, si estamos tristes o enfadados y poder distinguir cuál ha sido la situación concreta o el pensamiento que ha hecho que surgiera esta emoción, nos da más información para actuar en consecuencia. Además, ser conscientes de las propias emociones nos ayuda a reconocerlas en los otros y, por lo tanto, a tener más empatía. 

Tolerar

Como hemos dicho, existen emociones que consideramos desagradables, como la tristeza, a las que normalmente intentamos apartar de nuestro repertorio emocional. Sin embargo, tenemos que aprender a tolerar la emoción. Las emociones vienen y van… como las olas del mar. Todo tiene su proceso. Si estamos tristes ahora, no quiere decir que lo vayamos a estar siempre, ni que nosotros mismos seamos personas tristes. Por lo tanto, no tenemos que esforzarnos para intentar suprimir una emoción. Tenemos que tolerar la emoción, es decir, sentirla, escucharla, sin bloquearla ni aumentarla. 

Autorregular

Todos somos capaces de autoregularnos. Como explica Greenberg (2000), el conocimiento de las emociones ofrece claridad personal y control. Si entendemos que una batalla directa contra nuestras emociones es inútil, podremos tener más control sobre ellas. Esto significa no solo dejar que la sensación desaparezca con el tiempo, sino intentar apartar los pensamientos negativos que hacen que la emoción se vuelva más intensa, distraernos para que disminuya su intensidad, controlar la impulsividad, demorar gratificaciones, etc. De esta manera, nos estaremos cuidando y estaremos facilitando que nuestro bienestar aumente. 

Expresar y comunicar

A parte de disponer de nuestros propios recursos, también podemos, es más, debemos expresar la emoción y comunicarla a las personas que nos rodean. Las emociones necesitan ser compartidas. Debemos confiar en los otros y buscar el cuidado de los que podrían aliviarnos, comunicar nuestros sentimientos y necesidades. 

“Bienaventurado el que sabe que compartir un dolor es dividirlo y compartir una alegría es multiplicarla”.
-Facundo Cabral-

En definitiva, las emociones nos ayudan a cubrir nuestras necesidades y nos guían para saber cómo deberíamos actuar. Son muy valiosas porque gracias a ellas podemos sobrevivir y comunicarnos. Primero sentimos las emociones y después decidimos qué hacemos con ellas, siendo así responsables de nuestros actos. Así, seamos coherentes con nuestras sensaciones y pensamientos. Además, hagámoslo de manera asertiva, es decir, respetando nuestras necesidades y las de los demás.

Maria Fabregat Giribet

jueves, enero 18, 2018

Detrás de los enfados frecuentes suele estar también la soberbia

Detrás de los enfados frecuentes se esconde muy a menudo la soberbia. Son perfiles que necesitan tener siempre la razón, que no toleran ser contrariados o corregidos y que además son víctimas constantes de su propia frustración. Así, es importante destacar que, tras la soberbia, se halla a su vez el narcisismo, conformando de este modo un tipo de personalidad muy desgastante.

 
 
A menudo suele decirse aquello de que el soberbio jamás reconocerá sus “pecados”. No lo hará porque tiene la nariz tan pegada a su espejo que ni siquiera logra verse a sí mismo. Sin embargo, nos hemos acostumbrado tanto a este tipo de presencias en nuestros entornos que casi sin darnos cuenta hemos acabado normalizando el narcisismo y la soberbia. Lo vemos en las élites políticas, lo vemos en nuestras empresas y lo vemos incluso en una parte de las nuevas generaciones. 

“Es más fácil escribir contra la soberbia que vencerla”.
-Francisco de Quevedo-

Todos estos perfiles, en apariencia tan distantes entre sí, muestran en realidad unas características comunes. No importa la edad que tengan, son personas “que lo saben todo”, esas a las que nadie puede enseñar o mostrar nada porque “cuentan ya con un gran rodaje vital”. Además, también se caracterizan por relegar las necesidades de los demás a un segundo plano y por tener a su vez la madurez emocional de un niño de 6 años.

De este modo, quienes traten a diario con ellos ya estarán familiarizados con sus enfados frecuentes. Tienen “la piel muy fina” y el orgullo muy alto, lo sabemos, de ahí que a la mínima “salten”, pierdan el control y muestren comportamientos tan comunes como dejar de hablarnos durante un tiempo o sencillamente caer en la descalificación por haberlos contrariado en algún pequeño e insignificante aspecto…

Los enfados frecuentes y lo que hay bajo este maquillaje

La soberbia no deja de ser un traje, un disfraz de puercoespín donde las púas actúan como barreras defensivas para no dejar que nadie intuya los miedos, las flaquezas de carácter y las debilidades. De este modo, si alguien me dice que debo ser más paciente y tomarme las cosas con calma, no dudaré en ponerme en guardia y alzar mis púas (han puesto en duda mi buen hacer). No importará tampoco que esa persona me haya hecho el comentario con buena fe: yo me lo tomaré como una afrenta.

La autoestima en este tipo de perfil es muy baja. Sin embargo, ese sentimiento de inferioridad se transforma a menudo en un resorte de agresividad, en una catapulta cargada de rabia, de despecho y amarga frustración. Asimismo, la necesidad de estar encima por nosotros en cualquier situación, circunstancia o contexto, da forma a su vez a esa “falacia de autoridad” donde nadie debe desacreditarlos, donde llevarles la contraria, incluso en el aspecto más nimio, es todo un insulto.

La soberbia es en estos casos un sofisticado sistema de compensación. Así, lo más interesante de estos perfiles es que por lo general este traje lleno de púas se suele forjar en la infancia como una forma de esconder las inseguridades. Más tarde, se convierte en un modo de reaccionar ante los problemas o las decepciones. Esto es así porque la personalidad soberbia instrumentaliza la arrogancia y la agresión como forma de marcar territorio, como canal para validarse.

Aunque con ello, lo que consiguen realmente es crear distancias y moverse en un círculo de relaciones superficiales.

¿Qué hacer ante los enfados frecuentes de esas personas que nos rodean?

Detrás de los enfados frecuentes hay un claro problema de gestión emocional, de autoestima y equilibrio psicológico. Nadie puede vivir bajo la costra de un enfado crónico, envuelto en su melena de león y rugiendo cada dos por tres. Por ello, si en nuestro entorno tenemos a una persona que de forma constante deriva en este tipo de dinámica, hay algo que debemos tener claro: el problema no lo tenemos nosotros, no somos los causantes de su malestar, el problema, en realidad, lo tienen ellos.

“Cualquier puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”.
-Aristóteles-

Cuando el enfado se convierte en su manera de ser, nada crecerá a su alrededor. Asimismo, si bajo esta piel está la soberbia y esa personalidad narcisista que todo lo desea controlar y que en todo desea hallar un beneficio, lo mejor que podemos hacer en estos casos es poner distancia y no perder energía confrontándolos.

Porque la soberbia no se cura discutiendo, se trata permitiendo que el soberbio se mire ante el espejo y se despoje de sus fauces de león y de su traje de puercoespín. Bajo todas esas pieles están sus fragilidades, sus recovecos de vacíos, sus laberintos de inseguridades e incluso, por qué no, hasta ese niño interior aún asustado que sigue respondiendo con rabia ante lo que no le agrada.

Los enfados frecuentes, lo creamos o no están a la orden del día en la vida de muchos adultos. Por tanto, vale la pena invertir tiempo, atención y buenas dosis de afecto en nuestros niños, en esos pequeños que ya desde edades muy tempranas se frustran con frecuencia y nos dicen aquello de “ahora me enfado y no respiro”.

Gestionemos bien estas situaciones, eduquemos de forma correcta.

Valeria Sabater

miércoles, enero 17, 2018

Ahora es el momento: cómo cuidar de uno mismo

A veces estamos tan ocupados que nos olvidamos de cuidar a la única persona que nos acompañará toda la vida: uno mismo. Puede que pensar en el bienestar propio y situarte como prioridad en tu lista de “deberes” diarios te suene egoísta…pero no lo es. De hecho, una de las inversiones más importantes que puedes hacer es invertir en ti, en tu salud, en tus necesidades y en tu bienestar. Además, es imprescindible saber cómo cuidar de uno mismo para que puedas cuidar de los demás. Porque si nos cuidamos correctamente, podemos darnos a los demás de forma más íntegra y completa.
Dedicar las horas del día a cuidar de los demás es una iniciativa que nace del cariño más genuino y profundo, sin embargo cuando esta situación es constante, pasa factura a nivel emocional. Además, si una persona dedica gran parte de su vida a cuidar de otros, ya sea a nivel práctico (hacer cosas por los demás) o sentimental (dar apoyo emocional), deja de cuidar de sí misma e incluso puede que se olvide de cómo hacerlo. Por ello, en este artículo hablaremos de cómo cuidar de uno mismo, ya que se trata de un habilidad fundamental para tener una buena salud psicológica y emocional. 

“No existe mayor satisfacción que mirar hacia atrás y darse cuenta de que uno ha crecido en autocontrol, criterio, generosidad y acciones desinteresadas”.
-Ella Wheeler Wilcox-

¿Por qué cuidar de uno mismo es una tarea que puede resultar muy difícil?

Porque los humanos muchísimas veces actúan, se mueven y deciden en función de lo que necesitan o dicen los demás, no atienden a sus necesidades y se olvidan de estas. Es decir, del mismo modo que si dejamos de hacer una actividad, perdemos práctica y soltura, e incluso nos olvidamos de lo mucho que nos gustaba, si dejamos de escucharnos y cuidarnos a nosotros mismos, nos olvidamos de cómo hacerlo. Esta situación se observa especialmente en personas que dedican muchos años a cuidar de sus hijos o de un familiar y en el momento que dejan de hacerlo se deprimen, experimentan ansiedad y no entienden qué les pasa o por qué se sienten así.

Las personas que no saben cómo cuidar de sí mismas acuden a terapia y explican que tienen la sensación de estar perdidas, se sienten sin rumbo, bloqueadas y sin capacidad de hacer algo diferente para salir de la situación en la que se encuentran. Lo que ocurre en todos estos casos es que a ha llegado el momento de “cuidar de uno mismo” y no saben cómo hacerlo. Se enfrentan a un tarea que les resulta casi imposible, extraña y no que saben por dónde comenzar. 

“Sólo hay una pequeña parte del universo de la que sabrás con certeza que puede ser mejorada, y esa parte eres tú”.
-Aldous Huxley-

¿Cómo cuidar de uno mismo? Aquí tienes 7 ideas prácticas

Piensa que, si tú estás bien, todas las dificultades que te rodeen serán más fáciles de superar. Además, tienes que aceptar que esta tarea depende de ti mismo. Es decir, si tienes pareja, amigos, familia o hijos, es estupendo si ellos se preocupan por tu bienestar (y en cierto modo “deberían” hacerlo), pero no has de esperar que las personas de tu entorno cuiden de ti, se trata de una labor que has de llevar a cabo por iniciativa propia. Por todo ello, aquí van 7 ideas prácticas. 

1. Organiza tu entorno, que este represente lo mejor de ti

Mantener tu casa, habitación, ambiente de trabajo y entorno físico con un orden representa un paso adelante en la tarea de cuidar de uno mismo. El sitio en donde te encuentres tiene que invitar a la estancia y no a la huida. El desorden, la luz escasa y la falta de calidez hacen que nos sintamos incómodos y ello, si lo tenemos cada día, incrementa el malestar psicológico general. 

2. Busca un momento de relajación cada día

Llevamos un estilo de vida en el que “nunca tenemos tiempo”. En parte, esto es cierto, pero el tiempo es un recurso que se “quita” de un sitio y se “pone” en otro. Con lo cual, para cuidar de uno mismo es importante buscar, aunque sea 10 minutos diarios de relax y desconexión, disfrutar de un café o un té, mirar las noticias o las redes sociales en tu móvil sin que nada ni nadie te moleste. Este momento de relajación puede ser por la mañana, por la tarde o por la noche, no importa en qué franja horaria esté, pero tiene que existir sí o sí.

3. Incluye la risa en tu rutina

Recurre a aquello que te haga reír: una serie, películas, un programa de radio o monólogos, da igual lo que sea… siempre y cuando te haga conectar con tu sentido del humor. El impacto que tiene buscar la risa cada día es muy positivo y se nota en el estado de ánimo. Sé proactivo y acércate a lo que te haga reír; búscalo, no esperes a que toque tu puerta.
4. Aléjate de personas y emociones negativas

Alejarse de aquello que hace daño es un paso imprescindible para cuidar de uno mismo. Si mantienes relaciones tóxicas o tienes en tu círculo más cercano a personas que te transmiten negatividad, tienes que marcar distancia y ponerles límites. Es bastante difícil cuidar de uno mismo si nos rodeamos de personas que se dediquen a tirar por la borda nuestros esfuerzos por alcanzar el bienestar. 

5. Cultiva tus relaciones personales, dedícales tiempo y haz que valgan la pena

Una vez que hayas marcado límites en las relaciones tóxicas y te hayas apartado de las emociones negativas (habiéndolas escuchado antes y no ignorándolas por sistema), puedes dedicarte a cultivar las relaciones que te hagan sentir bien. Dedícales tiempo, queda con amigos y amigas, ten una cita con tu pareja o ve a visitar un familiar que te apetezca ver. Invertir tiempo en estas relaciones hará que te sientas apoyado y cuidado emocionalmente. 

6. Realiza ejercicio físico y si no tienes tiempo… ¡busca el momento!

El ejercicio físico ha demostrado ser una de las mejores herramientas para ayudarnos a recuperar el equilibro psicológico y mejorar el estado de ánimo. Además de tener beneficios a nivel psicológico, el ejercicio mejorará tu autoestima, te sentirás y te verás mejor, constituyéndose así como una inyección de emociones positivas. Comprométete a cumplir con una rutina semanal de ejercicio, notarás los cambios inmediatamente.

7. Escucha a tus necesidades como persona

Antes que nada, conecta con tus necesidades, escucha lo que te apetece decir o hacer y sé fiel a ti mismo, esta será una de las mejoras maneras de cuidar de ti. Obviar tus necesidades y priorizar siempre el bienestar de los demás puede ser lo más fácil de hacer en el momento, pero a largo plazo te pasará factura. Se trata de que dediques tiempo a pensar en cómo te sientes, qué quieres, qué es importante para ti y como puedes satisfacer esos aspectos.

Finalmente, recuerda que cuidar de uno mismo puede ser una tarea difícil e incluso puede ser que como no la hayas hecho nunca no sepas por donde comenzar. No te desanimes, prácticamente todo lo que hacemos durante al menos 21 días se convierte en un hábito; por tanto, puedes ponerte como meta adquirir el hábito de cuidar de ti siguiendo las 7 ideas prácticas durante los próximos 21 días: ¡no te arrepentirás!

Julia Marquez Arrico

martes, enero 16, 2018

5 beneficios de las emociones negativas

Igual te estás preguntando cómo puede ser que las emociones negativas tengan beneficios. Por lo general, no todo es lo que parece y no siempre podemos establecer como buenas o malas las emociones, ya que dependen de múltiples factores.
 
 
Pongamos un ejemplo para entenderlo mejor. Habitualmente pensamos en el miedo como una emoción negativa. Sin embargo, es también un antiguo mecanismo de supervivencia para los seres humanos. De esta forma, somos más prudentes y evitamos o nos protegemos ante situaciones en las que podemos correr peligro. 

Los beneficios de las emociones negativas nos permiten crecer de una forma más completa.

¿Existen los beneficios de las emociones negativas?

Dice Clyde DeSouza que “es sorprendente cómo una vez que la mente está libre de la contaminación emocional, la lógica y la claridad emergen”. Por ello, es cierto que, si pensamos con objetividad, podemos encontrar beneficios en prácticamente todo cuanto somos y nos rodea, incluso aquello que consideramos negativo.

Además, hay que contar con que vivimos en una sociedad que en muchas ocasiones se empeña en identificar la frustración o la ansiedad, por ejemplo, como algo malo. Por su parte, el amor representaría todo lo contrario. Reflexionando nos damos cuenta de que esta clasificación tiene algo de cierto, pero igualmente algo de equivocado, de manera que es una “realidad” subjetiva o matizable.

Pensemos que la emoción negativa, como sostiene la psicóloga y sexóloga Isabel Rovira, es necesaria. Según la experta, la plenitud y el equilibrio mental solo pueden ser alcanzados a través de la experimentación de todo el espectro emocional. Para alcanzar un desarrollo cada día más pleno, de alguna manera son necesarias estas emociones en nuestra paleta. Recordemos que de las experiencias adquiridas, tanto positivas como negativas, se obtienen enseñanzas que nos permiten crecer de una forma más completa. 

Los beneficios de las emociones negativas

Así que los beneficios de las emociones negativas existen, y son variados. No obstante, que haya ventajas no significa que se abuse. Es decir, aceptarlas, escucharlas y dejarlas respirar no es malo, de hecho es mucho mejor que encapsularlas, negarlas o reprimirlas. En cualquier caso, nuestro objetivo será impedir que tomen el control o contaminen el resto de pensamientos; hemos de tender hacia un equilibrio, donde generalmente se encuentra la plenitud real. 

Los beneficios de las emociones negativas nos permiten crecer y conocernos en plenitud.

Equilibrio emocional

Lo hemos señalado en este mismo texto. El equilibrio emocional y mental solo se obtiene experimentando todo tipo de emociones. Tan malo es vivir en una eterna positividad como hacerlo en la constante negatividad.

Así que, si queremos alcanzar equilibrio emocional que repercuta de forma positiva en nuestro bienestar, también hay que dejar aflorar emociones negativas. Eso sí, como es lógico, cada una tiene su momento concreto, por lo que es importante que seamos nosotros, de manera inteligente, quienes elijamos el cauce por el que queremos que transcurra. 

Es fuente de experiencia y estímulo para mejorar nuestras habilidades

También las emociones de valencia negativa, que no negativas, son potenciales fuentes de riqueza. Se debe a que las experiencias vividas nos ofrecen destrezas y conocimientos que pueden ser utilizados en el futuro de forma eficaz para afrontar situaciones adversas.

De la frustración y las situaciones que la generan se pueden extraer fantásticas lecciones sobre nosotros y sobre las personas que queremos. Hablamos de un autoconocimiento muy valioso para poder ser inteligentes emocionalmente, para elegir bien el cauce del que hablábamos antes. 

“Eso es lo que pasa con las lecciones, siempre se aprende de ellas, aun cuando no se quiera”.
-Cecelia Ahern-

Aprendemos a ser más inteligentes en la resolución de conflictos

También las experiencias negativas son excelentes para descubrir nuevas técnicas de resolución de conflictos. Saber, por ejemplo, que somos propensos a la ira y a controlar poco lo que decimos en situaciones de enfado, hará que, si somos inteligentes emocionalmente y esta emoción nos invade, nos tomemos un tiempo para distanciarnos de la situación antes de expresarnos respecto a ella. De esta forma, no haremos que la resolución del conflicto se complique.

Por otro lado, muchas veces este enfado, la emoción, es el que nos informa de que alguien nos está perjudicando. Ese alguien pueden ser los demás o nosotros mismos. En cualquier caso, nos avisa de que hay una situación que merece nuestra atención. 

“La voluntad es la intención favorecida por las emociones”.
-Raheel Farooq-

Motivador de pensamientos analíticos

Diversos estudios muestran el enfado como un excelente motivador y catalizador para el pensamiento analítico. Es decir, ayuda a discernir de forma más racional y objetiva, siempre que no se exceda y se convierta en ira, ya que así el efecto es diametralmente opuesto. 

Nos hace estar alerta

Lo comentamos al comienzo del artículo, pero es importante no olvidarlo. El miedo es una herramienta que nos permite estar alerta frente al peligro. Eso sí, ha de ser proporcional y racional, como es lógico.

No todo es lo que parece y esta ley también se cumple también en el terreno de las emociones, ¿verdad? Hoy día, muchos gurús ofrecen sus teorías sobre el positivismo. Sin embargo, no hemos de perder la perspectiva, pensemos que si esas emociones a las que llamamos negativas han seguido reproduciéndose con nosotros a lo largo de la historia es que de alguna manera favorecen nuestra supervivencia y haríamos bien en hacerles un sitio, sin cederles el control eso sí, y escucharlas.

Pedro González Núñez

lunes, enero 15, 2018

4 enseñanzas del Tao para manejar a las personas difíciles

Dentro de las enseñanzas del Tao se hallan también esos sabios consejos para tratar y manejar a las personas difíciles, a esas presencias que nos roban energía y que a menudo ponen cerco a nuestros caminos. Según los principios de Lao-Tse, en estos casos lo mejor es mantener la serenidad, vaciarse de emociones negativas y quitar poder a quien disfruta arrebatándonos la calma. 


 
Si echamos un vistazo a las últimas publicaciones que hablan sobre cómo mejorar nuestro estilo de comunicación y sobre cómo alcanzar el éxito en el trabajo, hay un tema que se repite con frecuencia: la necesidad de aprender a manejar a las personas difíciles. Ahora bien, somos conscientes de que esa etiqueta le da nombre a un pequeño cajón desastre, y que por tanto conviene definir, antes de nada, qué entendemos por personalidades difíciles.

Dentro del mundo de la empresa y del coaching se tiene constancia de que para sobrevivir en nuestros contextos sociales, debemos convivir a la fuerza con unos perfiles de personalidad muy concretos. Nos referimos a las personas pasivo-agresivas y a las narcisistas. Son presencias que pululan en casi cualquier escenario, que hacen uso del abuso verbal, de la manipulación y que en ocasiones, su mera presencia ya nos enturbia.

En los últimos años, gran parte de las publicaciones que tienen como objetivo enseñarnos a manejar a este tipo de situaciones se nutren de las enseñanzas del Tao por varias razones. La primera por su buen manejo de las emociones, la segunda por la adecuada gestión de esos estados con los que podremos, en última instancia, afrontar el abuso del poder, poner límites y mejorar nuestros estilos de comunicación.

No importa que los textos de Lao-Tse tengan tantos siglos de antigüedad. Dicho legado sigue siéndonos muy útil.

1. Controlar a las personas difíciles sin necesidad de luchar con ellas 
 
“Controlar al enemigo sin luchar con él es la más alta habilidad”.
-Gichin Funakoshi-

Dentro de las enseñanzas del taoísmo se ensalza el símil de que vivir es como fluir por un río. Dejarnos llevar por su cauce sin resistencias es parte de esa armonía de la que todos deberíamos disfrutar.

Ahora bien, conceptos como la lucha, el enfrentamiento o la resistencia son la antítesis de esa idea, de ese concepto donde se nos anima simplemente a avanzar con ánimo y flexibilidad. Así, quien elija, por ejemplo, hacer uso de la discusión, de la afrenta constante con las personas difíciles lo único que conseguirá es mayor desánimo y una tremenda frustración.

Optar por la “no lucha” no significa claudicar o dejarnos avasallar. Significa, por encima de todo, no dar poder a quien no lo merece, elegir la sabiduría por encima de la violencia y optar por la calma antes de abrir las compuertas, de par en par, para que la ansiedad nos inunde.

2. Vacía tu taza de emociones negativas 

“El vacío es el mejor punto de partida … Así que abandona todas tus ideas preconcebidas y sé neutral. ¿Sabes por qué esta taza es tan útil? Porque está vacía”.
-Bruce Lee-

Las personas difíciles, a menudo, nos estropean el día con una sola palabra o un comentario. No importa lo irracional que sea su mensaje, lo inapropiado de sus acciones nos afecta sí o sí. Uno de los consejos que nos transmite las enseñanzas del Tao es que cuanto menos reactivos seamos más espacio nos quedará para hacer uso del juicio.

Intentemos por tanto controlar la angustia, las emociones negativas. Una vez la persona difícil haya llevado a cabo su maniobra contaremos hasta 10 y respiraremos hondo. Nadie tiene derecho a estropear nuestro día, así que nos vaciaremos de rabias, despechos y mal humor, uno a uno…

La mente debe quedar como una sala despejada, ahí donde el viento contaminado entra por un portal y desaparece al segundo por otro. 

3. Sé proactivo, no reactivo

Las personas difíciles a veces nos convierten en víctimas de sus artes malsanas. Poco a poco, acumulamos tanto odio, malestar y frustración que corremos el riesgo de reaccionar de la peor manera. No es lo adecuado. Tarde o temprano nos arrepentiremos de esa reacción y sobre todo de no haber puesto límites con anterioridad. 

“No seas esclavo de nada ni de nadie, logra la verdadera libertad “.
-Credo de Jeet Kune Do-

El Tao nos recomienda aprender a ser proactivos. ¿Qué significa esto exactamente? Quiere decir que debemos aprender a tomar el control de los acontecimientos en lugar de quedarnos mirando cómo suceden las cosas.

Uno consejo que nos propone las enseñanzas del Tao es que cada vez que veamos a una persona difícil, intentemos ponernos en su lugar haciendo uso de la siguiente frase :”no debe ser fácil”.
Esta frase nos puede ayudar a entender muchas cosas: “no debe ser fácil para mi compañero de trabajo caerle mal a todo el mundo, tener tan poca paciencia y tan poco control de sus emociones”. “No debe ser fácil para mi hermano estar sin trabajo, con una deuda y teniendo además ese carácter tan complicado”.

Entender la perspectiva ajena nos permitirá estar preparados para controlar mejor la situación. Hará que cuando nos dispongamos a prestar ayuda… esta sea más oportuna, a que cuando hagamos una crítica constructiva… esta sea más acertada y motivadora. 

4. La fuerza del bambú 

“Hay momentos en los que, cuando todo lo demás falla, no queda más opción que ser contudentes. Como el bambú que coge fuerza tras haber sido doblado”.
-El Tao del Liderazgo-

En ocasiones ocurre, nuestras circunstancias con las personas difíciles llegan a un límite y quedamos no solo arrinconados, sino que nos sentimos doblegados, incluso completamente humillados. En esos instantes, el Tao nos recomienda visualizar un bambú.

También ellos se doblan, también ellos reciben el impacto del viento fiero que desea controlarlos y tenerlos bajo su poder. Sin embargo, esto nunca ocurre, porque el bambú obtiene su fortaleza de su flexibilidad. El hecho de que se doblegue hace que tenga mayor fuerza para reaccionar.

También nosotros podemos hacerlo. Cuando sintamos que hemos llegado al límite es momento de alzarnos con mayor fuerza para generar un cambio. No haremos uso de la violencia, porque fuerza no es violencia, es capacidad de respuesta, es saber posicionarnos con valentía ante quien osa convertirnos en algo que no somos: personas débiles.

Para concluir, las enseñanzas del Tao contienen maravillosas ascuas de conocimiento que siguen encendiendo nuestra capacidad de aprendizaje, alumbrándonos con su templanza para manejar con mayor sabiduría las complejidades del mundo actual.

Aprendamos de ellas y apliquémoslas siempre que nos sea posible.

Valeria Sabater

domingo, enero 14, 2018

3 formas de pensar que contribuyen a desatar la ira

La ira es un pequeño monstruo que, si se deja crecer, es capaz de arrasarlo todo. Ninguno de nosotros ha escapado a algún momento de gran ofuscación. Casi todos sabemos lo que es decir o hacer algo motivados solamente por la rabia del momento. También sabemos que difícilmente acertamos en esas situaciones. 
 

 
Hay algunas personas para quienes la ira no es una emoción rara. Todo lo contrario. Con frecuencia están de mal humor y se irritan con facilidad. Pero no solo se irritan, también explotan y desfogan su rabia hacia los demás. Lo más grave es que piensan que esto es normal o que sencillamente forma parte de su temperamento.

“Aunque te aconsejes tarde, mira, oh joven imprudente, que ser con ira valiente no es dejar de ser cobarde”.
-Pedro Calderón De La Barca-

Los accesos frecuentes de ira son señal de que hay un malestar. Esa molestia constante existe por algo. Hay tensión, intolerancia o dificultad para gestionar las emociones. También a veces hay formas de pensar que nutren y justifican la ira. Sin darnos cuenta, se convierten en un hábito. Estas son tres de ellas.

1. Suponer que todo se soluciona encontrando un culpable

Muchas personas sucumben a la tentación de buscar el origen de sus problemas en algo externo. Esta forma de pensar es poco útil y casi siempre impide resolver las dificultades. Más bien contribuye a generar nuevos problemas y es uno de los factores que desencadena la ira en muchas circunstancias.

Cuando ocurre algo desagradable o se produce un error, muchos dejan que la ira tome el control, pensando que así las circunstancias o los demás se amedrentaran y así no tendrán que volver a enfrentarse a la misma situación. Le dan rienda suelta a su rabia. Sienten que es legítimo hacerlo y no tardan en tratar de ubicar algún punto para enfocar su malestar. Tienden a buscar un culpable.

El objetivo de esto no es en realidad resolver el problema o reparar la falta. El propósito oculto es el de encontrar un chivo expiatorio para poder desatar la ira. Esto se cura cuando entendemos dos cosas. Primero, que si se trata de encontrar responsables, lo mejor es comenzar por nosotros mismos. Segundo, que culpabilizar no resuelve nada. Lo que se debe buscar es la causa de todo, analizarla y solucionarla. 

2. Creer que desatar la ira es positivo

Son muchos los que piensan que dejarse llevar por la ira es un signo positivo. Lo identifican con la fortaleza de carácter o con una forma de demostrar seriedad y preocupación. A veces también les gusta hacer exhibiciones de poder. Imponerse sobre los demás y obtienen un placer narcisista de ello.

Se trata de una visión obtusa de la realidad, de manera que la ira descontrolada se convierte en una muestra de debilidad. Prueba que se carece de control sobre las propias emociones. Que no se tiene la fortaleza suficiente como para mantener la calma.

Así mismo, la ira lleva a generar distancias y heridas que a veces son muy difíciles de reparar. Ese imponerse al otro a través de la ira siempre trae consecuencias. Principalmente a mediano y largo plazo. El narcisismo se paga con soledad y con rechazo.

3. Pensar que la gente debe comportarse de una forma específica

Pensar que los demás deben ser de un modo u otro solo conduce a la intolerancia. Y la intolerancia, a su vez, es uno de los principales alimentos de la ira. Pero no solo eso. Cuando crees que conoces el esquema dentro del cual deben actuar los demás, te privas de grandes aprendizajes e inmejorables oportunidades de crecer.

No es raro ver a alguien enfadarse mucho cuando otra persona no actúa como él piensa que debería hacerlo. Como si pudiera haber alguien en posesión de la verdad frente a todo o tener el control absoluto. Quienes piensan así, a veces van más allá. Piensan que la ira está justificada cuando los otros no cumplen con sus expectativas, por eso se apoderan de un derecho que en realidad no les asiste, el de reclamarles o agredirles cuando no lo hacen.

Aceptar a los demás como son es una de las bases del respeto y de la sana convivencia, también es el precedente indispensable para que también te acepten y te respeten. Dejarse llevar por la cólera porque los demás no hacen lo que quieres o esperas solo indica que te cuesta ir más allá de tus propios intereses.

La ira descontrolada es una emoción sumamente dañina. Afecta a quien la siente y a quien termina siendo objeto de ella. No conduce sino a la incomprensión, al maltrato y al deterioro de las relaciones. Si te identificas con esos mecanismos de pensamiento que favorecen la ira, es momento de que hagas un alto y los reconsideres.

Edith Sánchez

sábado, enero 13, 2018

La gratitud, una virtud de corazones llenos de amor

Dar las gracias es un acto procedente de corazones nobles, de aquellos que saben apreciar la sencillez y complejidad de la vida como las partes de un todo. De quienes valoran el tiempo y los actos de cada persona, pero también de sí mismos. 
 

La gratitud es uno de los bienes más preciados del ser humano. Un acto de bondad, generosidad y reconocimiento. Una forma de responder a la vida desde el amor que tiene grandes poderes regeneradores.

“La gratitud es la flor más bella que brota del alma”.
-Henry Ward Beecher- 

El don de la gratitud

La gratitud implica tomar el tiempo necesario para apreciar de manera consciente la complejidad de la vida. Una excelente forma de dejar de concentrarse en las situaciones negativas y fijar la atención en todo aquello que está bien, que apreciamos, valoramos y que incluso, simplemente lo tenemos a nuestro lado.

Es el don de quienes, a pesar de todo, son capaces de apreciar lo que reciben. No importa si tienen un día malo, si alguien les falló o si las circunstancias han ido en su contra, quienes practican la gratitud son capaces de ver la luz aún en las tormentas más oscuras. Tienen una buena percepción consciente y se alejan de todo tipo de victimismo.

Además, este tipo de personas saben dar las gracias por lo fundamental y trascendente. Diferencian así entre lo accesorio y lo necesario. Perciben que lo importante no son las cosas que poseemos sino el tiempo que gastamos y los actos que llevamos a cabo. Y de ellos, saben distinguir cuáles merecen la pena. 

Gratitud y amor

La gratitud es un aspecto esencial del amor. Lao-Tse la definía como “la memoria del corazón”. Una virtud crucial para ser felices que nos aleja de todo tipo de limitaciones y nos impulsa a crecer desde el interior.

Ahora bien, es cierto que existen dos formas de dar las gracias. Una es automática, un agradecimiento formal procedente de la normal social y que repartimos a diestro y siniestro -como cuando agradecemos la invitación a una cena o instamos a nuestro hijo a ser agradecido por recibir un regalo-. El típico “gracias” por cortesía.

La otra se corresponde con el agradecimiento que nace de la conciencia y el corazón. Ese “dar las gracias” sincero y auténtico que valora todo lo que conlleva el acto del otro y lo expresa. Una dinámica de encuentro, en esencia, entre dos personas, en la que lo más importante es el reconocimiento y la valoración de lo sucedido.

La gratitud hace posible que reconozcamos el valor de las cosas, de los demás y de nosotros mismos porque agradecer en definitiva es amar. Además, esta virtud nos permite establecer vínculos sanos y profundos.

Según una investigación llevada a cabo en la Universidad de Georgia, la gratitud es un ingrediente clave para mejorar la vida en pareja. Ted Futris, coautor del estudio afirma que sentirse apreciado y valorado por la pareja influye de forma directa en la percepción personal de la relación, el interés por ella y en la creencia de que será perdurable.

Como vemos, el poder de dar las gracias es incalculable. Al hacerlo valoramos a los demás, a las circunstancias y a todo lo que tenemos y al recibirlo, nos sentimos apreciados y reconocidos.

“Nada es más honorable que un corazón agradecido”.
-Séneca-

Dar las gracias: la clave para una vida feliz y sana

La gratitud cambia la forma de ver la vida y la consideración que tenemos de nosotros mismos. Gracias a esta virtud, situaciones difíciles que en otros momentos considerábamos insoportables se transforman. Poco a poco, se van aclarando y podemos ver las oportunidades para dar paso al cambio. De esta forma, nos sentimos mejor con nosotros mismos y con nuestras relaciones con el mundo.

La gratitud nos llena de alegría el corazón y nos permite tomar mejor nuestras decisiones, libres de apegos. Todo depende de hacia donde centremos nuestra atención. Si adoptamos una visión de pesimismo y escazez, todo nuestro mundo estará formado por carencias. Ahora bien, si elegimos observar la abundancia y todo el bien que nos rodea, nuestro mundo será otro muy diferente. En él gobernarán la generosidad, la alegría y la felicidad.

Es verdad que no podemos negar los sufrimientos y las dificultades de la vida, pero tampoco la abundancia que hay a nuestro alrededor. Se trata de aprender a ser consciente de ello y dejar de centrarnos en esa “mitad vacía”. Por ejemplo, podemos empezar por agradecer cada noche 10-20 cosas que nos hayan ocurrido a lo largo del día. No hace falta que sean espléndidas, basta con aquellas que nos hace estar vivos.

Dar las gracias es un regalo hacia los demás y hacia nosotros mismos, no lo olvidemos. Porque cuando la gratitud se convierte en una forma de vida, la felicidad se convierte en la norma… ¡Gracias!

Gema Sánchez Cuevas